Disclaimer: ¡Exacto! ¡Lo habéis adivinado! No soy jotaká, así que, no perdáis el tiempo en demandarme.


Camina distraído por el verde pasto de los terrenos de Hogwarts. El cielo completamente encapotado y el aire frío, cortante, hace oscilar las ramas de los árboles. Siente que algo vibra en el interior de su mano cerrada. Sonríe inconscientemente. Avanza con paso ligero y se encarama a uno de los árboles con gran destreza. Se retrepa contra el grueso tronco y se acomoda estirando las piernas. Entonces, permite que el intenso brillo dorado lo deslumbre por un momento y se aleje varios centímetros de él. Sin embargo un instante después, la diminuta snitch vuelve a debatirse furiosa en el puño cerrado de James.

Entonces, el sonido que produce el chapoteo del agua llama su atención. Dirige la mirada hacia el lago oscuro, imponente. Y allí la ve. La larga melena rojiza recogida en una cola de caballo y las botas hasta las rodillas, impermeabilizadas mediante un hechizo. Las mangas del jersey hasta los codos. Sostiene la varita en una mano y, doblada por la cintura, escruta detenidamente la superficie del agua. Está vuelta de espaldas a él. No lo ha visto.

James guarda la snitch en su bolsillo y baja del árbol de un salto para aproximarse a la muchacha.

– ¿Necesitas ayuda? –se ofrece con galantería cuando llega a la orilla del lago.

Ella alza la cabeza de repente, sorprendida. No había oído llegar a nadie. Frunce el ceño cuando reconoce la figura de James Potter frente a ella. Incómoda debido a la intromisión del chico, decide responderle para que se marche lo antes posible.

–Créeme, Potter, que si tuviera que pedir ayuda a alguien tú serías la última persona a la que acudiría.

–Pero de todos modos terminarías acudiendo ¿no es así? –apostilla él, la sorna impregnada en cada palabra –. Estás buscando branquialgas para la tarea que Slughorn nos ha mandado ¿verdad, Lily?

–Evans –corrige la joven fríamente, sin mirarlo siquiera. Y vuelve a lo suyo.

James esboza una media sonrisa y chasca la lengua, divertido. Menudo carácter tiene la pelirroja.

–Aquí no la encontrarás –continúa él haciendo caso omiso de las amedrentadoras miradas que ella le dirige–. La branquialga necesita más profundidad para crecer adecuadamente. Además, creo que ya deberías saber que necesitan un lugar oscuro, si el sol incide demasiado sobre ellas…

Las palabras mueren en la garganta del chico. Lily se ha enderezado y, ahora sí, lo mira fijamente con los brazos en jarra. El entrecejo firmemente fruncido y las marcadas arrugas poblando su frente. ¿Quién se cree que es ese Potter? ¿Pretende darle a ella, a Lily Evans, la mejor alumna en pociones de prácticamente todo Hogwarts, lecciones sobre dónde encontrar unas dichosas plantitas acuáticas?

–¡Está bien, Potter! ¡Olvídame! ¿de acuerdo? No me mires, no me hables. Ignórame, haz ver que no existo. Y, además, no recuerdo haberte pedido ayuda en ningún momento, entre otras cosas, porque no la necesito ¿entiendes? –y lo suelta todo casi sin respirar, las palabras atropellándose unas a otras. Porque, aunque no sea capaz de admitirlo delante de él ni siquiera bajo tortura, sabe perfectamente que Potter está en lo cierto.

Y James no puede más que mirarla detenidamente. Las manos, que descansan a ambos lados de su cuerpo, tiemblan debido a la rabia, a su enfado. Varios mechones del color de las brasas han escapado del recogido y caen sobre su rostro. Las mejillas se han teñido de un ligero tono rosado. Los carnosos labios, entreabiertos.

Es sencillamente preciosa, incluso así, estando enfadada.

Y, aun así, decide ir un poco más allá, provocarla. Al fin y al cabo, fue ella quien le lanzó la maldición furnuculus hacía ya unos días. Y sin motivo alguno, piensa el moreno.

Introduce ambas manos en los bolsillos de su pantalón con aire despreocupado y, cuando habla lo hace sin apartar la vista de los ojos de ella, estudiándola.

–Eres un poco irascible ¿lo sabías? –y sonríe con descaro.

–Y tú desquicias a cualquiera, Potter.

–Cuando te enfadas arrugas el hocico.

–Creo haberte dicho que me olvidaras, Potter –la paciencia ya a cero–. ¿Tan limitada es tu capacidad cerebral que eres incapaz de procesar algo tan simple?

–Sal conmigo, Evans.

Y la mandíbula de ella se tensa peligrosamente y de sus ojos parecen saltar chispas. Es entonces cuando Lily cae en la cuenta de que su mano aún sostiene la varita. Describe un rápido movimiento con ella y sus labios hacen amago de pronunciar un conjuro mientras avanza un par de pasos hacia él, amenazante. Sin embargo, la bota se desliza sobre las viscosas piedrecitas que yacen en el fondo del lago y resbala hacia atrás.

James, haciendo gala de una agilidad envidiable, alcanza a asirla por la manga del grueso jersey; pero trastabilla y, enredado en una trampa de piernas, ambos se precipitan al agua. Lily cae de culo, James lo hace a su lado, de rodillas.

Las cristalinas gotas de agua saltan en todas direcciones debido a la fuerza del impacto. El agua gélida, oscura, baila juguetonamente en torno a ellos. Las ropas, empapadas por completo, se pegan al cuerpo de los muchachos como si se tratase de una segunda piel. El insoportable frío invernal parece calar hasta los huesos.

James se incorpora inmediatamente, como impulsado por una corriente eléctrica, y tiende su mano a Lily, quien, en esta ocasión, acepta la ayuda del muchacho sin rechistar.

El chico da un ligero tirón y atrae a la muchacha hacia él; su cuerpo queda tentadoramente próximo al de ella. Sus manos, fuertes y seguras, palpan delicadamente el rostro de Lily, examinándolo, comprobando que no haya sufrido ningún rasguño. Los labios de la joven han adquirido un extraño tono morado y sus dientes han comenzado a castañear.

–Hey ¿estás bien, Lily? ¿Te has hecho daño? –la urge él preocupado, la voz enronquecida.

Lily trata de decir algo, pero las palabras mueren en sus labios debido a la conmoción. Y, para qué negarlo, se siente extrañamente confusa por la reacción del muchacho. Se muestra tan tierno, tan maduro… Y parece sinceramente preocupado por ella. ¿Cómo iba a reclamarle nada cuando parecía tan preocupado por su bienestar? Lily siente que las manos del chico arden sobre su piel, pero no hace nada por escapar de su contacto. Las infinitas pecas de su nariz desaparecen bajo el repentino rubor.

–Es-estoy bien… –balbucea tiritando.

–Ven aquí, te vas a congelar.

James saca su varita del bolsillo de su pantalón y apunta con ella a Lily, que retrocede un par de pasos de manera instintiva. El joven pone los ojos en blanco un instante y aprisiona la muñeca de la pelirroja con su mano, evitando que se aleje más. Enarbola la varita dibujando un fugaz movimiento en el aire y al momento la ropa de Lily vuelve a estar totalmente seca. A continuación, el moreno repite la misma operación con su vestimenta.

–Vayámonos, está anocheciendo –la apremia James–. Tengo suficientes branquialgas para los dos en mi dormitorio, te prestaré un puñado si quieres… Ya se las arreglará Canuto para conseguir las suyas –se mofa. No cree conveniente confesarle a la pelirroja que, en realidad, las branquialgas se las arrebató a Quejicus tras colgarlo bocabajo de los postes de gol del campo de quidditch.

Y echa a andar hacia el castillo a paso ligero. Lily tarda unos minutos en asimilar todo lo acontecido, pero reacciona en seguida. Se apresura a colocarse a la altura del muchacho. Lily quiere agradecerle el gesto, pero él se voltea de repente, encarándola, y se le adelanta antes de que ella logre articular las palabras adecuadas.

–Por cierto, Evans… –ella lo mira a los ojos, extrañamente cohibida por la gravedad con la que ha sonado su voz. Parece haber madurado de repente, piensa ella. Sin embargo, nada más lejos de la realidad–: …sé la madre de mis quince hijos –añade finalmente, cargando de grosería cada una de las sílabas.

Y arranca a correr antes de que Lily vuelva a maldecirlo.


Bueno ¿qué tal? Tengo que decir que, si no recuerdo mal, en los libros de Harry Potter no mencionan dónde ni cómo crecen las branquialgas, de modo que yo me lo he sacado un poco de la manga. xD

Menuda forma de cagarla, James, la tenías a huevo... En fin, esencia Cornamenta plenamente ¿no?

Gracias por leer. ¡Opiniones por RR!

Besos, Danna.