Disclaimer: Todo lo que podáis reconocer pertenece a jotaká. La trama es mía.


Es sábado y la biblioteca se encuentra prácticamente vacía, a excepción de un corrillo de curiosas que se agolpan alrededor de la revista Corazón de Bruja, bisbiseando y riendo entre ellas con las cabezas muy juntas.

Es por eso que Lily opta por situarse en la zona más alejada de las chavalas. No le apetece que nadie la moleste ni la perturbe. Extrae diversos tinteros y los apuntes del día anterior de su mochila y los esparce sobre la amplia mesa. Acto seguido, se encamina hacia una estantería, que está sutilmente abarquillada por el peso de los libros, y toma un grueso ejemplar. Tras echarle un rápido vistazo, la joven regresa complacida a la mesa y, una vez acomodada en la silla, abre el enorme volumen y arranca a leer. Sus ojos se desplazan con rapidez de un extremo a otro de la página, concentrada, tratando de recopilar la mayor cantidad de información posible para complementar sus apuntes.

Sin embargo, y contra todo pronóstico, su calma se ve interrumpida de inmediato. ¿El culpable? Creo que es evidente.

–Hola, Lily –saluda James Potter derrochando vitalidad por cada uno de los poros de su piel. Y toma asiento frente a ella sin esperar consentimiento alguno.

–Evans –rectifica la aludida ásperamente.

Y bufa visiblemente fastidiada. No le hace falta apartar la vista del libro para saber quién está frente a ella. Ni siquiera un sábado a primera hora en la biblioteca consigue librarse del imbécil de Potter. Lily intenta por todos los medios mantener la compostura y procura ignorar olímpicamente al recién llegado. Sin embargo, a James no parece perturbarle lo más mínimo la indiferencia que muestra la pelirroja y vuelve a la carga.

–¿Estás estudiando un sábado por la mañana?

–Muy agudo, Potter, ¿se te ha ocurrido a ti solito? –responde ella con sequedad, procurando concentrarse y no perder el hilo de la lectura.

–¿Y no necesitas ayuda con nada? Con lo que sea, eh, yo no le hago ascos a nada, en serio. Incluso me atrevería a poner en riesgo mi salud y mi higiene corporal para arrancarle un par de mechones al guarro de Quejicus si es preciso. Todo sea por el bien común –la estridente risotada de James inunda la biblioteca y la señora Pince lo reprende severamente con la mirada. Él se lleva una mano a la cabeza y revuelve su ya de por sí rebelde cabello. A continuación dirige su mirada hacia abajo y, casualmente, algo logra captar su atención. Sonríe con pillería–. O, si lo prefieres, puedo echarte una mano con el botón de tu camisa, desde aquí te veo el sujetador ¿sabes?

James ríe entre dientes, divertido, y Lily se altera ante el impertinente comentario del moreno. Desvía su vista desde las amarillentas páginas hasta su escote y no tarda en comprobar que las palabras de él son totalmente ciertas. Los tres primeros botones han escapado de su correspondiente costura y permiten apreciar el borde de un fino sostén rosado. Lily se impulsa hacia delante apresuradamente, sofocada. Se cubre con el grueso volumen mientras sus temblorosos dedos se dedican a abotonar la camisa, ocultando la delicada prenda de encaje. El semblante de la muchacha ha adoptado el mismo matiz que su ardiente cabellera, incluso parece que su rostro desprenda luz. La muchacha no se cree capaz de levantar la cabeza para enfrentarse al Merodeador.

No obstante, haciendo un gran esfuerzo, carraspea con disimulo para intentar deshacer el nudo de su garganta y procura sonar firme e imperturbable cuando dice:

–Déjame en paz, Potter, ¿quieres? –e intenta volver a enfrascarse en la lectura, a pesar de estar muerta de la vergüenza.

James resopla. Es dura la pelirroja. Posa los codos sobre la robusta mesa y se inclina hacia delante, insinuante, dejando su rostro a escasos centímetros del de Lily.

–No, lo cierto es que no.

–¿Perdona, qué? –cuestiona ella ahora claramente enajenada. Abandona momentáneamente la lección y clava sus ojos en él, contemplando sus iris pardos a través de los cristales de las gafas.

–Me has preguntado si quiero dejarte en paz, pelirroja –esclarece él con toda la tranquilidad del mundo, como si estuviera tratando con una niña pequeña y particularmente estúpida–. Y mi respuesta es no. Fácil ¿no crees?

La prefecta inspira hondo. Toma una vasta bocanada de aire fresco, y nota cómo sus pulmones se hinchan paulatinamente. Retiene la respiración unos segundos, tenaz, y trata de reunir paciencia para no perder el control y explotar allí mismo. Potter consigue ponerle la cabeza como un bombo. Dicen que contar hasta diez es de sabios. Lily lo sabe bien. Sin embargo, por mucho que lo intenta sabe que el resultado termina siendo siempre el mismo: se estanca en el número cuatro. Y esto no implica que la pelirroja tenga pocas luces ni sea insustancial. Todo lo contrario. Ella es, prácticamente desde el primer momento en que pisó el colegio, una estudiante de considerable talento y un modelo a seguir según la mayoría del personal docente.

Pero James terror de la nenas Potter, es- y para su desgracia seguirá siendo hasta el último maldito segundo de curso-, su mayor quebradero de cabeza. No se explica cómo, el caso es que siempre, absolutamente siempre, siete días a la semana y veinticuatro horas al día, Potter consigue sacarla de sus casillas de una forma patéticamente estúpida. Sin embargo, por más que Lily se afana en no dirigirle la palabra y limitarse a ignorar al muchacho, al final, irremediablemente, termina cayendo en su juego.

–Estoy convencido de que estás planeando el nombre del primer de nuestros veinticuatro hijos –la voz socarrona de James se filtra hasta los oídos de la pelirroja y logra sacarla de su ensimismamiento–. ¿Cuándo reconocerás que estás completamente hecha por y para mí, Lily?

–El día que tú seas capaz de ver más allá de tu enorme ego, Potter.

Se crea un breve silencio. James no tiene en cuenta el sarcástico comentario de la prefecta, es lógico que esté a la defensiva. La mira cuidadosamente: qué guapa es. Y cuando se enfada todavía lo es más.

–Estás enamorada de mí, Lily, el único problema es que todavía no te has dado cuenta –lo dice con calma, despreocupado, como quien comenta el tiempo que hace. Y sonríe de medio lado, sensual, completamente convencido de la veracidad de sus palabras.

Lily aprieta los labios, mordaz. Las manos que sujetan el libro le tiemblan de indignación, de ira. Porque esa detestable seguridad que destilan las palabras de Potter es, precisamente, la causante de que a Lily le hierva la sangre en las venas y le invadan unas ganas locas de arrojarlo desde la Torre de Astronomía. ¿Acaso la conoce tanto como para atreverse a afirmar algo así de descabellado? ¡No! ¡Ni por asomo!

–¿Estás seguro de lo que dices, Potter? ¿de verdad eres tan imbécil como pareces? –sisea ella, rebatiendo al Merodeador; la voz dura como el acero; la mirada fría como un témpano de hielo.

–Estoy convencido, pelirroja –continúa el animago, insolente, imparable. Ignora el temible brillo que ha aflorado en los magnos ojos de Lily, aún a sabiendas de que no presagian nada bueno.

Y ella percibe cómo la ira se agolpa en sus sienes y palpita con insistencia. Clava sus iris, del color de las esmeraldas, sobre los castaños de él y lo fulmina con la mirada. La pelirroja parece estar considerando seriamente la posibilidad de abalanzarse sobre la yugular del fanfarrón que tiene justo delante.

Pero James no se achanta lo más mínimo ante ella. Esboza una sonrisita impertinente. Se retrepa hacia atrás en su silla, con calma, y comienza a balancearse suavemente sobre las patas traseras. Ambas manos descansan entrelazadas sobre su nuca. Está absolutamente relajado, confiado, porque la pelirroja preferiría beberse una fuente entera de pus de bubotubérculo antes de armar un escándalo en plena biblioteca. Y James lo sabe. Es plenamente consciente de que, en esos instantes, es él quien tiene el control absoluto de la situación. Y procura sacar partido del momento.

Y a Lily parece estar a punto de salirle humo de las orejas, como si fuera una locomotora. Y nota que hierve por dentro, que arde. Las palabras de James Potter continúan retumbando pertinazmente en su cabeza: estás enamorada de mí, estás enamorada de mí, estás enamorada de mí… La joven no alcanza a entender por qué extraña razón le ha molestado tanto ese estúpido comentario. No logra desterrar esa puñetera frase de su mente. Y no es que Lily no quiera hacerlo o dedique poco interés en conseguirlo, todo lo contrario, lo desea fervientemente. Pero le resulta prácticamente imposible.

¿Por qué demonios le ha fastidiado tanto que él haya mencionado eso? Quizá por el simple hecho de que Potter no ha formulado una pregunta, ni tan siquiera ha planteado una duda. No. Lo ha afirmado. Lo ha asegurado. Con rotundidad. Absolutamente convencido.

No. No. ¡No! Ella no está enamorada del pelmazo de James Potter. ¡Que no, joder! Si ni siquiera le gusta un poquitirrín. Es decir, bueno, el chaval está considerable, eso salta a la vista. Tiene un culo digno de ser admirado y una sonrisa capaz de encandilar a un hipogrifo. Y debe reconocer que es un hacha en los estudios; es casi tan inteligente como ella. No, mentira. Él la supera notablemente en Transformaciones. Pero ya está. No hay nada más. Y de ahí a estar enamorada de él hay un buen trecho.

No obstante, Lily no va a consentir bajo ningún concepto que él vuelva a salirse con la suya. Por Merlín que no. Y toma la determinación de retar al chico, de desafiarlo, de ponerlo a prueba. Tal vez, de esta manera, incluso ella misma consiga poner en orden sus sentimientos y aclararse las ideas.

–¿Ah, sí? Pues demuéstralo, Potter. ¡Pruébalo! Convénceme de que lo que dices es cierto, de que todos esos "sal conmigo, Evans" son algo más que un montón de palabras vacías y sin sentido. Demuéstrame que realmente sientes algo por mí; que eres capaz de controlarte y reflexionar antes de lanzar maldiciones sin orden ni miramientos a todo aquél que tenga una serpiente bordada en el pecho –a Lily le tiembla la voz un breve instante y no alcanza a comprender el motivo. Y las piernas le bailan, henchidas de indignación e impotencia, cuando ve la maldita sonrisa burlona de Potter y sus oscuros ojos fijos en ella, divertidos–. Porque no pienso convertirme en tu juguete, Potter, y me niego a ser un simple capricho.

Lily apiña todas sus pertenencias y las arroja al interior de la mochila con enojo. Y así, sin decir una sola palabra ni cruzar una última mirada, desaparece tras un robusto estante, directa a la Torre de Gryffindor.

James, por su parte, no consigue salir de su estupor. Mantiene las cejas arqueadas y la boca ligeramente entreabierta. La expresión de asombro todavía no ha abandonado su rostro. ¿Acaso Lily Evans acaba de brindarle una oportunidad? ¿Significa eso que tiene la posibilidad de iniciar algo con ella? ¡Por favor, que alguien le pellizque! ¡Que alguien le lance un cruciatus! James mira a su alrededor con ahínco, buscando. ¡Joder! Nunca hay un Slytherin cerca cuando hace falta.

Y James se incorpora de un salto, eufórico, y siente que flota cuando se encamina hacia la Sala Común. Sirviéndose de un encantamiento invocador, atrapa al aire una gran porción de pergamino que ha acudido a él; humedece la pluma en el tintero y comienza a garabatear sobre la superficie lisa del papel. Acto seguido se aproxima al tablón de anuncios y fija allí el pergamino. Una ancha sonrisa surca su rostro mientras su mano derecha revuelve su oscuro cabello.

El mensaje, escrito con una llamativa tinta de color rosa fosforito, reza: James Potter se encuentra oficialmente fuera del mercado. Sin embargo, no desesperéis, chicas. Quizá algún día conozcáis a alguien tan guapo como yo.


¡Ta-ta-tacháaaaaaan! ¡Hala, otro más! Este es un poquito más largo que los dos anteriores, pero bueno, espero que no haya resultado demasiado aburrido (eso prefiero que me lo confeséis vosotros ;D). Y ya se le empieza a ver el plumero a Lily ¿no creéis? jajaja, pobrecita, ¡cómo le cuesta reconocer nada delante de James! Y, a partir de aquí, ¿qué hará James para demostrarle a la pelirroja lo que verdaderamente siente por ella?

Agradezco enormemente todos los reviews recibidos, en serio, me alegráis el día: Sara-Lily-Potter, I. Jane Adams, elvilde, Boggartt, Jul, Siriusila9, Primrose Evergreen, Sorcieres de la Neige, Patita Lupin73 y Nixi Evans. ¡Sois los mejores!

Y, por supuestísimo, sabes que no me olvido de ti Erised Black. Adoro cada uno de tus reviews, ya lo sabes ;D I quan vulguis casem els nostres fics! jajaja.

¡I love you!