Hola a todos!..Aquí empiezo una nueva historia…un Gerita…mi primer fan fic de la pareja…una de mis favoritas…..sé que tengo otros proyectos….pero estoy de vacaciones y tengo mucho tiempo…no voy a descuidar ninguno…..lo prometo….sino mi cabeza envuelta en papel de regalo….otra vez….
Es una historia ubicada en 1944 en un pueblo de italiano, no donde vivía Marco en su humilde morada. Éste está ocupado por los Nazis para evitar el avance de las Fuerzas Aliadas, Aquí esta Feliciano quien se encuentra con Alemania, quien es un soldado herido al cual no deja regresar donde su batallón pues vive solo en todo el lugar.
Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Himayura Hidekaz, yo sólo los tomo prestados para mi propia diversión…y la de los que leen esto…
Nota: Universo no tan Alterno, algunas malas palabras….y eso….ah sí….usaré los nombres humanos de cada país….
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Ludwig sintió como un torrente salado le caía sobre las mejillas. Estaba llorando. El hecho de ser un soldado y haber matado tanta gente no lo habían terminado de curtir. Al final de cuentas, él también era un ser humano. Nunca había flanqueado tanto ante el hecho de dispararle a un desconocido, porque Feliciano, era, al fin y al cabo, era un extraño en su vida.
-Ve, he hecho llorar a Ludwig. Si no quieres estar conmigo lo entiendo, pero no llores.-Feliciano se quitó la chamarra del alemán, se paró y se dio media vuelta para correr a más no poder entre los pastizales. Ahora parecía que él era el que escapaba del alemán.
- Cuánto quisiera quedarme contigo, Feliciano, pero debo regresar al campo de batalla.-se dijo Ludwig para sí mismo. Pocas o ninguna eran las ganas que tenía de volver a su base.-¿Debo?...¿Qué pasaría si no vuelvo?...Pensarían que me he muerto.-Ludwig dejó de divagar, recogió su ropa y continuó su camino.
Feliciano no paró de correr hasta llegar a la casona. Ahí se tiró encima de la cama, estaba húmeda pero no sentía nada. Volvió a la soledad. Eso le enfriaba el alma. Se echó a llorar hasta dormirse. La lluvia lo despertó. Era la época. Tenía que cerrar los huecos del techo un día de esos. No sabía si había dormido unas horas o varios días. El tiempo pasaba delante de él inmensurable, infinito. Sólo el cielo marcaba su día a día. Gran sorpresa.
-¿Ludwig? Has vuelto. He llorado tanto para que regresaras, ve. –el italiano vio al alemán sentado delante de la estufa.
-Pensé, sólo la muerte me espera allá. Capaz no. Quiero quedarme, pero con una sola condición.-le explicó el rubio con seriedad.
-¿No van a venir a buscarte?
-Eso, me iré si vienen por mí. Debes prometerme que si yo me voy, tú vas a escapar, a salir de este lugar.
-Capaz nunca vengan los que están detrás de ti, ve.
-Si lo hacen, vas a huir. Prométemelo, palabra de hombre.-Ludwig le extendió la mano.
-Lo juro.-Feliciano selló su pacto extendiendo su mano también y estrechándola con la del alemán.
-Prométeme que cuando no te vea más, vas a sobrevivir.
-Prométeme que cuando no te vea más, vas a sonreír, ve. No quiero ver a Ludwig triste.
-Está bien.-el alemán se sacó la chamarra.-Esto es tuyo, vas a enfermar si no te abrigas. Cuando pare la lluvia vamos a arreglar el techo.
-Mi padre solía ser un leñador allá en Bayern.-Ludwig cortaba madera. La lluvia paró horas más tarde y el sol salió de su escondite en todo su esplendor.-Mi abuelo también lo era. Yo soy soldado.
-¿Qué es un soldado?.-Feliciano había escuchado esa palabra en boca de varios pero nunca supo lo que significaba.
-Buena pregunta. La verdad es que somos asesinos con permiso para matar. Al fin y al cabo, eso hacemos, matamos por alguna causa, creamos o no en ella.
-Pero matar es malo. Yo no creo que Ludwig sea malo, ve.
-¿Por qué crees que no soy malo? Soy tan malo como cualquiera que empuña un arma contra otro hombre y le quita la vida.
-Ludwig no me hizo nada allá en el campo. Yo sé que no eres malo, ve. Y si lo has sido, ahora ya no tienes por qué serlo. Conmigo no vas a tener que matar más.
-¿Conoces algo que se llama culpa? ¿Remordimiento?-Ludwig se sentía sorprendido que existiera un ser humano como el italiano. Cría que era sobrenatural.
-No, ¿Eso es parte de ser malo?
-Es aquello que sientes luego de que has cometido una falta. Cómo explicártelo. Creo que eres un ser único, Feliciano. Quisiera contarte muchas cosas, pero siento que te quitaría tu pureza.
-Yo quiero saber todo sobre ti, ve. Cuéntame.-pidió el italiano con firmeza.
-Será más tarde, ahora ayúdame a cargar esta madera. Debemos terminar todo el trabajo antes de que anochezca.
Ambos subieron al techo y lograron colocar los tablones encima. Los aseguraron con piedras pesadas. Luego, buscaron entre las otras casas algunas cosas como platos, tazas, sábanas, ropa, entre otros. Todo lo que encontraron útil lo metieron a la casona. También cargaron la madera que había sobrado para prender la estufa por la noche. Faltaba la comida.
-¿Qué animales hay por aquí?-preguntó el alemán.
-Ratas, gatos…a veces baja algún venado del bosque.
-¿Qué sueles comer? ¿Ratas?.-rio Ludwig, aunque en el fondo sabía que la situación del italiano era extrema.
-Asadas son deliciosas. No tanto como el pollo o el cerdo, ve.-Feliciano lo miró sin entender el porqué de su risa.
-Iré a cazar, espero conseguir algo bueno. Todavía no está oscuro.-el alemán cogió su pistola y salió de la casa.
Feliciano buscó que hacerse de otra cama. Trató de acomodar bastante paja en el suelo y la cubrió con una de las sábanas que había encontrado. Se tiró encima para aplanarla. Era suave pero las astillas atravesaban la tela y se enganchaban en la piel. La chamarra de Luwdig lo protegería, así que el italiano decidió que dormiría ahí a partir de ese momento.
Antes de que el cielo se pusiera oscuro por completo, Ludwig regresó con un cervatillo a cuestas. Ambos sacaron su carne con un cuchillo. Separaron lo que comerían en ese momento y guardaron el resto entre piedras. Pusieron asar unos cuantos pedazos en la estufa e hirvieron agua.
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-Está muy bueno, ve.-exclamó Feliciano como si realmente estuviera degustando un majar.
-Mañana podemos salir temprano al bosque a recoger frutos, he visto bayas entre los arbustos. Eso también podríamos comer. Con el trigo del campo podríamos hacer pan, con agua y sin levadura.-Ludwig pensaba en todas las alternativas que tenían a la mano para saciar su hambre.
-Yo estoy feliz de compartir contigo, ve. Lo que sea que coma será bueno.
-¿Qué haces con un soldado alemán, Feliciano?.-de la nada una mujer joven apareció en la puerta de la casa. Parecía que era una conocida del italiano.
-¡Eli, regresaste!.-Feliciano se paró a saludar a la susodicha.-¿Por qué has venido a verme?
-Feliciano, ¿Qué has estado haciendo todo este tiempo aquí solo?. Pasaba por aquí y vi el humo saliendo de la casona, pensé que tú también te habías ido.
-Yo me quedé…pero no estoy solo, estoy con Ludwig.-Feliciano señaló al alemán que se acercó a ellos.
-¿Qué haces aquí?.-la mujer lo miró con miedo mientras abrazaba al italiano.
-Me perdí en un asalto y este chico me ha ayudado.-Ludwig también le dirigió una mirada de desconfianza. Algo tenía esa joven que lo hacía dudar.
-Ludwig, ella es Elizabeta, vivía aquí hasta que escapó con su familia. Ella ha cuidado de mí por mucho tiempo.-explicó Feliciano.
-Mi familia…-Elizabeta tenía los ojos aguados.-Mis padres, mi marido, todos fueron cruelmente asesinados.-lloró desconsoladamente. Quisimos embarcarnos en un navío que salía hacia España, en Livorno, pero fue atacado por los alemanes. Ya no tengo a nadie y por eso he regresado, Feliciano. Los alemanes han tomado el país.
-¿Tú sola has venido hasta aquí?.-Ludwig sabía que ella ocultaba algo. Sus ropas se veían en buen estado, sólo un poco sucias. No parecía haber pasado hambre ni frío pues su semblante estaba saludable.
-Claro que no, los sobrevivientes hemos sufrido mucho para llegar, escondiéndonos de los soldados, de las bestias, del frío.-exclamó dramáticamente.
-¿Dónde están ellos? Si no has venido sola, ¿Por qué te han abandonado aquí?.-preguntó el alemán sin ocultar sus sospechas.
-Porque me he perdido, lamentablemente no pude seguirlos. Nunca supe a dónde se dirigían exactamente.-Elizabeta sabía que Ludwig sospechaba de ella.-Feli, quisiera que me acompañes a mi antigua casa, por favor. Quiero buscar algo muy preciado que dejé.
-Pero estoy comiendo, ve. No quiero dejar a Ludwig solo.
-Anda con ella.-Ludwig se volvió a sentar a la mesa y continúo con su cena.
Ambos italianos salieron dejando al alemán atrás. Elizbeta hizo que se alejaran lo suficiente.
-Mis hermanos italianos y yo hemos hecho causa común. Nos quedaremos a enfrentarnos a todos los que mancillan la honra de nuestra patria. Vámonos Feliciano, escapémonos juntos, somos de la misma sangre italiana. Hay que salvarnos y salvar al país.-dijo mirando fijamente al italiano.
-Lo siento, Eli. Voy a estar con Ludwig hasta las últimas consecuencias. Se lo prometí. Puedes quedarte con nosotros, ve.
-Gracias, Feliciano, pero no. Estoy de paso. Sé que has ayudado a este hombre por tus buenas intenciones, pero el país se está desangrado por culpa de estos tipos y su alianza con los cerdos fascistas.
-Ludwig no va a volver a matar, él me lo ha dicho. Podemos vivir aquí felices los tres, ve.
-Te lo digo, Feliciano, los alemanes no van a tardar en venir hasta aquí. Los aliados están avanzando imparables. Tarde o temprano tendrás que escapar y que mejor que venir con nosotros tus hermanos.
-No quiero, Eli, ve.
-No todos son iguales a él. No te sorprenda que te terminen asesinando como una cucaracha.
-No lo harán, en ese caso yo huiré lejos, pero eso hasta que Ludwig se vaya.-el chico no iba a dar su brazo a torcer.-Si no te vas a quedar, quiero que encuentres lo que has perdido.
-Era una excusa, Feliciano. Sólo quería hablar contigo, quería salvarte. A mí me esperan. No quiero que le cuentes nada de lo que acabo de decirte a ese sujeto.
-Te lo prometo. Entonces te vas a ir ahora…-el italiano no terminó su frase cuando de nuevo comenzó a llover.
-Maldición, lluvia de porquería.-gruñó la mujer.-Hemos perdido tanto tiempo por la lluvia.
-Quédate esta noche por lo menos, ve. Mañana seguro estará claro-le ofreció Feliciano.
-Está bien.-a Elizabeta se le había ocurrido un plan diferente en ese momento.
Entró junto con el italiano a la casa y prosiguieron la cena. Ludwig no dejó de mirarla en todo momento. Escrutándola de pies a cabeza. Al terminar de comer, se fueron a dormir. Feliciano extendió más paja sobre el suelo para Ludwig. Elizabeta se echó encima de la única cama que tenían.
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Ludwig dormía al lado en Feliciano en el piso. De pronto, sintió que alguien le tapaba la boca.
-Sal ahora.-Elizabeta le habló al oído. Ludwig buscó su pistola, la cual puso debajo de su cuerpo. No obstante, sintió que lo encañonaban en la sien.-Sólo muévete, quiero hablar contigo. En la oscuridad trató de ponerse de pie. La mujer seguía apuntándolo. Sabía que tenía que hacer algo rápido. En un movimiento automático, logró hacer que la chica soltara el cañón de un golpe y la puso contra la pared.
-¿Dónde está el resto, zorra?.-le gritó el alemán.
-Ellos me esperan, no saben que estoy aquí exactamente.
-Están por la zona ¿Verdad?
-Sí, pero no sé en qué punto.
-¿A qué vinieron? ¿Quiénes te mandaron?
-No te lo voy a decir.-chilló la mujer.
-Dímelo, perra de mierda.-Ludwig comenzó a asfixiarla con sus manos.
-Antes muerta, bastardo nazi.-le escupió en la cara. El alemán le dio un golpe en el rostro.
-¿Son de la resistencia?...Sí, lo son. Una humilde campesina como tú sería una perfecta infiltrada, puedes escabullirte entre los alemanes haciéndote pasar por una ignorante, puedes encamarte con los fascistas y sacarles información o matarlos en medio de su propio lecho.
-Pensé sacarte información, eso es cierto.
-¿Eres imbécil? Estoy armado, aunque te hayan enseñado a matar, hay otras formas de reducir al enemigo antes.
-Te vi con Feliciano en la mañana. Me mandaron a rastrear la zona.
-No van atacar directamente a las bases….Mierda, estúpida.-Elizabeta logró patear a Ludwig en sus partes bajas. Logró zafarse y trató de buscar su pistola en el suelo. Pero Ludwig fue más rápido. O era él o acababa con ella. Eso hizo, cogió el arma y le disparó varias veces. A los segundos sintió el sonido del cuerpo caer.
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