Hola a todos!..Aquí empiezo una nueva historia…un Gerita…mi primer fan fic de la pareja…una de mis favoritas…..sé que tengo otros proyectos….pero estoy de vacaciones y tengo mucho tiempo…no voy a descuidar ninguno…..lo prometo….sino mi cabeza envuelta en papel de regalo….otra vez….
Es una historia ubicada en 1944 en un pueblo de italiano, no donde vivía Marco en su humilde morada. Éste está ocupado por los Nazis para evitar el avance de las Fuerzas Aliadas, Aquí esta Feliciano quien se encuentra con Alemania, quien es un soldado herido al cual no deja regresar donde su batallón pues vive solo en todo el lugar.
Disclaimer: Los personajes no son míos, son de Himayura Hidekaz, yo sólo los tomo prestados para mi propia diversión…y la de los que leen esto…
Nota: Universo no tan Alterno, algunas malas palabras….y eso….ah sí….usaré los nombres humanos de cada país….
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Ludwig pensó en lo que le había prometido a Feliciano. No volver a matar. Se rió, si ya había matado a uno, qué remedio tenía. Pero algo le dolía en el pecho, un dolor imaginario que simbolizaba el grito de su alma. Nunca se había sentido así después de matar a alguien. Pero al parecer, sí había cumplido su promesa. Elizabeta no estaba muerta. El alemán sintió a la mujer correr entre la penumbra. Estaba tan metido en sus pensamientos que ignoró al cuerpo aparentemente sin vida que tenía a los pies. Muy tarde trató de atraparla. La mujer había escapado y él no pudo seguirle el rastro. Los miembros de la resistencia estaban cerca.
Los alemanes no tendrían que luchar solamente contra los aliados sino contra los propios italianos. Ya habían tenido algunos encuentros con grupos de guerrilleros. Al parecer no eran simple ladrones de ovejas. Era un movimiento bien organizado, con un profundo espíritu patrio y muchas ganas de luchar. Volvió adentro de la casona y vio que Feliciano seguía durmiendo. Suspiró aliviado. No deseaba que el chico se enterara que había disparado un arma contra su amiga. Se echó en la cama que había ocupado la mujer hasta un rato atrás. Se durmió profundamente.
Feliciano lo miraba de cerca. Cuando Ludwig abrió los ojos al despertar, se encontró con los del muchacho. Dio un respingo de sorpresa. Sintió las mejillas húmedas.
-¿Por qué lloras?.-Feliciano le limpiaba las lágrimas con el dorso de su mano.
-Debo haber soñado con algo muy triste.-el alemán no sabía exactamente el porqué de su llanto. Su inconsciente le había jugado una mala pasada mientras dormía.
-No quiero que llores, creo que Ludwig guarda algo muy doloroso dentro de sí. Quisiera sentir el dolor que tienes dentro y poder aminorarlo.
-Eres demasiado puro como para sentir dolor, Feliciano. Los ángeles viven felices así estén en un mundo tan cruel como este. Comienzo a creer que eres un ángel que Dios me ha mandado para salvar mi alma.
-Sientes remordimiento todavía, ve. Ya te he dicho que olvides lo que pasó. Me has prometido que no vas a volver a matar.
-No es tan simple. Le he quitado la vida a mucha gente. Tengo miedo de morir porque no sé qué castigo me espera.
-Las monjas del orfanatorio siempre me decían que el cielo y el infierno estaban aquí en la Tierra.
-Ya te lo he dicho. Yo debería estar pagando mis culpas en el infierno, no compartiendo la sonrisa de un ángel.
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-Elizabeta se fue sin despedirse.-exclamó Feliciano tranquilamente.
-Parece que sí.-Ludwig no pudo evitar ponerse algo nervioso. Por ningún motivo quería que Feliciano se enterara que le disparó a su amiga. Siguió comiendo un pedazo del venado que había cazado el día anterior, sin mirar directamente al italiano.
-Se iba a Roma, ve. Se supone que no debo decírtelo, pero quería que me fuera con ella. Yo le dije que no, le prometí a Ludwig quedarme con él.
-¿No se supone que ella es tu amiga?
-Sí.
-¿La que conoces hace varios años?
-Sí.
-¿Por qué confías más en un extraño como yo que en una persona que ha estado a tu lado por mucho tiempo?
-Porque ella no me inspiró confianza, ve. Está metida en algo.-dijo Feliciano con sinceridad.-Ludwig no me hace sentir eso.
-Sí, pensé que no te habías dado cuenta. Te he subestimado.-Ludwig le sonrió al italiano.
-No creas que soy tan inteligente como tú, ella me lo dijo.-rió Feliciano.-Es parte de un grupo…no me acuerdo el nombre.
-La resistencia italiana.
-Eso mismo, ve.
-Deben estar cerca.-la expresión del alemán se bañó de seriedad.-Debemos tener cuidado.
-¿Ella es mala? ¿Está metida en algo malo?
-Depende a quién se lo preguntes.
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Después de haber desayunado. Se dirigieron al pozo de donde los habitantes del pueblo sacaban agua, la que tenían se había terminado. Además, Ludwig deseaba asearse. Hace varios días que no pasaba el agua por su cuerpo. Ya apestaba a mil demonios.
-¿Hace cuánto que no te bañas, Feliciano?-le preguntó el alemán al muchacho. Pensó que no debía ser hace mucho tiempo pues el chico no despedía ningún hedor, sólo se sentía la humedad que se le había pegado al dormir en el piso.
-No sé exactamente hace cuánto, pero fue mucho tiempo antes que llegaras, ve.
-Eres tan puro que ni la suciedad se te pega.-rió el soldado pensando que capaz Feliciano no era un ser de este mundo.
-¿Ve? Claro que estoy sucio. Vamos a bañarnos y verás.
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El cuerpo de Feliciano era sumamente delgado, podía notarse la forma de los huesos por debajo de la piel. Podías contarle las costillas, sus vertebras sobresalían en su espalda y las clavículas se clavaban en el bulto que hacía el esternón en el pecho. El vientre lo tenía hinchado, signo típico de los niños infectados por parásitos. Su piel era blanca pero tenía unas finas líneas verdes y azuladas. Realmente el estado del chico era miserable.
Era la primera vez que Ludwig se puso a observar con detenimiento a Feliciano. Si bien antes se había dado cuenta de su extrema delgadez cuando se quitó la camisa para usarla de vendaje, no había recabado que el cuerpo de Feliciano guardaba las huellas de todo el sufrimiento que debió haber pasado él solo en ese pueblo abandonado, sin comida decente, expuesto al frío y a la lluvia, durmiendo mal. Pero algo en especial le llamó la atención al alemán, algo que no había notado la anterior vez. En el cuello del chico había una mancha negruzca que se extendía desde debajo de su oreja derecha por su nuca hasta el hombro izquierdo. Lo cogió de esa zona y comenzó a restregar la piel. No era una mancha de suciedad.
-¿Qué tengo, ve?
-Una mancha en tu cuello, qué raro…no sale…-Ludwig restregó más fuerte con un pedazo de tela de su camisa. El color oscuro de la piel no aclaraba por más intensamente que tallara la zona.
-¿Sigue ahí?
-Sí…parece que no es suciedad….
-¿Es malo?.-Feliciano posó su mirada fijamente en los ojos azules del alemán. Ludwig pudo ver miedo en ésta.
-No lo sé. ¿Has sentido alguna otra molestia? ¿Dolor?-preguntó éste, pero el italiano negó con la cabeza.
-Tu cuerpo está lleno de cicatrices, Ludwig.-Feliciano miró con detenimiento las marcas en el cuerpo del soldado.
-Ese es el paso de la guerra por mí. Cuando sea viejo, si es que llego a serlo, me miraré en el espejo y al verlas, recordaré todo lo que pase en el campo de batalla.
-¿Puedes borrarlas, ve?
-No, aunque capaz pueda taparlas, pero más profundas son las heridas que no se ven.
-¿Las heridas que no se ven, ve?-Feliciano lo miró confundido.
-Las heridas que guardas en tu corazón.-le dijo Ludwig apuntando al órgano alojado en el pecho del italiano. Éste dio un respingo.
-En el corazón, ve.-Feliciano se quedó un momento escuchando sus latidos.-Es como una canción.-El chico se acercó al soldado y puso su oído sobre su pecho.-El corazón de Ludwig también está cantando.
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A la hora del almuerzo, comieron los últimos trozos del venado capturado el día anterior. Después de comer irían al bosque a cazar otro animal. Sin embargo, antes de terminar de ingerir toda su ración, Feliciano comenzó a sentirse extraño. Estaba mareado, tenías náuseas, su cara se puso color carmesí y un sudor frío le recorrió la espalda.
-Feliciano, estás todo rojo.
-Ludwig….no estoy bien, ve.
-¿Qué sientes?
-Aquí.-el italiano se puso de pie con dificultad y se señaló el estómago.-Me duele.-se retorció sobre la mesa. De la boca le salía un hilillo de sangre.
Inmediatamente Ludwig lo llevó a la cama cargándolo. El chico estaba bañado en sudor. El alemán le quitó la chamarra y vio una mancha negruzca en su abdomen, parecida a la que tenía en el cuello.
-Parece algún tipo de infección.-le tocó la frente.-Sí, tienes fiebre.
-Íbamos a salir a buscar comida, ve.
-No vas a salir así.-le dijo Ludwig con un tono serio.-Iré yo solo.
-No quiero que vayas tú solo. Siento que pueden hacerte algo malo, ve.
-Como si tú fueras a cuidarme.
-Ve.-Feliciano lo miró con tristeza.-Qué tonto, ve. Yo no sirvo para esas cosas.
-Lo siento.-exclamó el alemán mientras se daba la vuelta y salía de la casa.
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Espero que les haya gustado… …..me gustaría saberlo así que espero sus reviews…..además de que así me hacen saber lo que les gusta y lo que no…Siempre serán bienvenidos!..Gracias por leer…!
Se acepta de todo: críticas, consejos, opiniones, maleteadas, dinero (de preferencia en dólare$), confesiones de amor (o de odio)..lo que sea menos insultos y amenazas de bomba o parecidos….
Saludos!...
