Capítulo 5: Los Black y Pansy

Sirius se sentía incómodo, se encontraba sentado en la cocina de Grimmauld Place mientras veía cómo Remus preparaba chocolate caliente; pero en realidad no podía apartarse de sus pensamientos…

Recordaba algunas cosas extrañas dentro de su familia, cosas que no sabía explicar, cosas que nunca quiso saber. Pero en general nunca estuvo muy pendiente de lo que hacían, a él solo le importaba zafarse de ellos, por eso huía a casa de James constantemente. Cuando finalmente se fue extrañó más que nunca a su hermano, si bien nunca fueron muy cercanos, sí le quería mucho. Se levantó, necesitaba revisar la casa, ponerla realmente en orden.

- Remus estaré ocupado en el estudio de mi padre – dijo pesadamente. No solía entrar a las habitaciones de sus padres o sus lugares personales, como oficinas y salas 'Black'; que era donde su madre se juntaba con sus amigas a beber té y enterarse de los chismes de la alta sociedad.

- Supuse que tendríamos que hacerlo, ¿quieres que te ayude? – preguntó el licano pasándole una gran taza de chocolate, Sirius negó, Remus le sonrió -. Tranquilo Canuto, tus padres a pesar de todo te querían -. La risa jovial de Sirius dejó perplejo al hombre lobo.

- Eso no es cierto – siguió riendo -. Tranquilo lunático, yo tampoco les quería. Tuve lo que merecía… lo único que lamento es la separación con Regulus, porque si yo me hubiera preocupado por ser un buen hermano, él aun estaría vivo –. Dijo poniéndose melancólico. Quería a su hermano, realmente le había querido, y no le gustaba el final que tuvo. - Estaré arriba – le indicó con una sonrisa, y subió la escalera.

Remus se quedó mirando la escalera vacía por un rato, sabía que Sirius se sentía culpable por la suerte de su hermano, pero pensó que al cabo de tanto tiempo había logrado perdonarse. Lo mejor sería ponerse a trabajar en los mitos respecto a la Orden de Orión.

Subió al segundo piso de Grimmauld Place y se quedó observando el enorme árbol genealógico de los Black. Trató de rememorar los rostros de sus familiares, sonrió al encontrar a Andrómeda, y se entristeció al ver su rostro chamuscado. Junto a ella estaba la loca de Bellatrix. ¿Quién hubiera pensado que la maldita desgraciada hubiera sido tan hermosa durante su adolescencia? Sonrió con burla, ella había tenido su merecido castigo por estar obsesionada con Voldemort.

Siguió la línea junto a Bellatrix, y no encontró nada. Giró la cabeza, habría jurado que había algo ahí… pero ahora no había nada, nada. Siguió mirando el recuadro donde debería haber un rostro, el rostro de Narcisa.…

De pronto algo se desbloqueó de su cerebro, por alguna razón habían quitado a Narcisa. Tal vez porque su prima había pasado a ser una Malfoy, pensó. Pero Bellatrix había pasado a ser un Lestrange y eso no la había borrado del árbol… ¿entonces por qué Narcisa no estaba? ¿Su madre le habría borrado también? ¿Qué cosa tan terrible habría hecho que borraran a Narcisa del árbol?

Pero…su madre había quemado el rostro de los indeseables, y Narcisa no estaba quemada. Parecía que el dibujo en el árbol se hubiera ido, pero el espacio seguía allí, intacto. Era por lo más extraño.

Tomó una libreta de entre sus ropas, y con su varita escribió 'averiguar sobre Narcissa'. Era bueno que su madre nunca le diera un gran uso al salón del árbol, pues aparte de mucho polvo y suciedad, no había nada más, solamente el árbol, uno de los signos más importante de su sangre pura. Lo utilizaba sólo para presumir.

Giró sobre sus talones y siguió a la habitación continua. La siguiente habitación era diferente y sabía que le daría mucho trabajo, era la oficina de su padre.

Si tenía que definir al 'gran Black', como se le llamaba a la cabeza de la familia, la verdad no estaba muy seguro de quién era el hombre. Pasó algunos años de su vida a su lado, pero luego cuando había comenzado a salir con James y Remus su padre le había 'abandonado'… ¿o había sido él quien había abandonado a la familia?

La imponente biblioteca se erigía detrás del escritorio, dividida en dos columnas de libros que franqueaban un retrato familiar donde él era aún adolescente y Regulus un niño. Todos miraban al frente sin expresión.

El lugar estaba apenas iluminado por la poca luz que se abría paso a través del sucio ventanal. Conjuró un Lumos sobre la estancia, en la pared contraria a la ventana había otro tapiz, éste tenía bordado el escudo de la familia Black: dos estrellas de cinco puntas, imagen de grandeza; una espada apuntando hacia arriba simbolizando la justicia y la soberanía de su linaje y dos perros a los lados, enfrentados, representando la fidelidad y la felicidad. Debajo la leyenda: "Toujours pur", "Siempre Puro".

Se sentó en el antiguo escritorio de estilo barroco. La madera estaba labrada, y miles de líneas y circunferencias dibujaban inúmeras estrellas. Identificó la constelación de Andrómeda, el Alfa Centauro, y muchas otras. Posó un dedo sobre la constelación del centro de la mesa, le era familiar mas no recordaba el nombre. Sonrió, a sus padres les gustaban las estrellas.

"Tal vez pertenecieron a la Orden de Orión desde siempre"- se dijo. Y ahí lo vio, casi sobre sus narices, el nombre de su padre esculpido en una placa de plata, sobre el borde de la mesa del escritorio: "Orión Articus Back McMillan" rezaba junto al escudo de la familia. Orión…Orión… ¡su padre se llamaba a Orión! ¿Por qué no había pensado en eso antes?

Sacó su libreta y escribió 'revisar el pasado de padre', y en mayúsculas 'REVISAR LA LEYENDA DE ORION'.

Comenzó a buscar entre los cajones, de alguna forma se sentía como un ladrón; varios cajones estaban cerrados con magia, y por más que intentó e intentó no pudo abrirlos.

Cuando terminó con el escritorio quiso seguir con la biblioteca, pero aquel retrato le atrapó. Le llamó la atención que no lo hubieran cambiado cuando le desheredaron, pero a pesar de que la magia del cuadro había dejado estáticos a sus personajes, se sintió señalado por sus padres. Así que decidió moverlo de allí antes de seguir revisando la habitación.

Para su sorpresa tras el cuadro había un grabado que repetía el emblema de la familia. Alzó la mano para alcanzarlo y escuchó en su cabeza el lema "Toujours pur", "Siempre Puro" Retiró la mano.

Si había algo que recordaba claramente de su padre era ese gusto insano por la sangre, mas no la sangre por origen, sino la sangre real; sacar, usar y ver sangre,… era un maldito maniaco.

Apretó sus manos hasta dejar los nudillos blancos, se dio el valor y metió la mano. A su tacto el sello se rompió, sinceramente esperaba que algún hechizo le comiera la mano, por lo que cerró los ojos esperando su castigo; mas lo que ocurrió fue el eco de un sonoro clic, que dejo al descubierto una caja con muchos papeles y manuscritos que olían a viejo. Los sacó con cuidado, agradablemente sorprendido de que no le cercenaran la mano.

Se volvió a sentar en el escritorio, esta vez con el fajo de papeles que dejó en la mesa para revisarlos. Parecían de transacciones con Francia, pero estaban a nombre de Cygnus y Druella, sus tíos, padres de Bella, Andrómeda y Narcissa.

También estaba el libro familiar: un antiguo cuaderno de cuero que acompañó a los Black desde antes de sus inicios. A diferencia del tapiz que decoraba la sala de su madre, este libro hechizado mostraba a todos aquellos que hubieran formado parte de "La Noble y Antigua Casa de los Black" sin obviar squibs, mestizos o criaturas. Era un verdadero directorio Black, inmodificable e inalterable.

Por ello cuando Sirius decidió darle un vistazo no se sorprendió de ver a Marius Black, hermano de su abuelo materno, a quien su madre había borrado del tapiz por ser squib; ni tampoco a su querido tío Alphard Black, quien había merecido ser quitado del árbol familiar por "dar oro a su sobrino fugado", o sea él.

Lo que sí le sorprendió fue ver que debajo de la rama que mostraba el matrimonio de su tío Cygnus II y su tía Druella (Rosier) Black sólo habían dos nombres: Bellatrix (Black) Lestrange (1951 -) y Andrómeda (Black) Tonks (1953 -). Narcissa no aparecía.

Pero no todo terminaba ahí, en la página siguiente del cuaderno encontró una carta…

Querido Orión:

Mi primer Orión, vida mía, estoy rompiendo la promesa que te hice hace mucho, cuando juramos no volver a hablarnos, pero mis motivos son muy importantes: Necesito que ayudes a Lucius.

Sé que te disgusta su extraño origen y que Abraxas tenga tratos con criaturas oscuras, pero es una petición directa del Gran Maestre.

Enviaré por red floo al metamórfago para que te de una mano.

Druella es una mujer hermosa, pero siempre ha sido estúpida, y entre tú y Cygnus TIENEN que ayudar a Lucius.

Espero que llegue el día en que mis cartas tengan otro matiz.

Con Amor

Merope

Sirius enredó sus dedos en su cabello y tiró bruscamente de él. Iría a Francia, sabía que su familia prefería tener los negocios 'oscuros' de la familia lejos de la vista y de donde vivían. Era un método de protección bastante efectivo.

Se levantó furioso, y fue al retrato de Phineas.

- ¿Tú también fuiste parte de la Orden de Orión? – incriminó. El retrato le miró desganado y sonrió de medio lado -. ¡Contesta!

- Por supuesto, es la razón por la que tu padre y Cygnus no te mataron cuando fuiste expulsado – su sonrisa se ensanchó con un mohín socarrón -. Le debes la vida al Gran Maestre

Giró entre las mantas y se encontró sola; se sentó y vio a su novio a los pies de la cama mirándola. Hacía frío, miró por la ventana, pronto se pondría a llover, bostezó y se estiró.

- ¿Qué haces ahí? Te vas a enfriar, ven aquí – Percy avanzó hacia su novia y se abrazó a ella, la chica con la varita hizo que el cobertor les tapara a los dos -. A ti te pasa algo –no fue una pregunta, el pelirrojo apretó un poco más el abrazo.

- Pansy… seré breve.

- Por favor – bromeó la chica dejándose envolver en los brazos del Weasley, mas Percy no dijo nada-. Está bien, es oficial, me estas preocupando.

-Pans… no quiero que sientas que no confió en ti, sólo es algo… bueno… es trabajo –dijo finalmente, la chica asintió. Ella como buena Slytherin sabía diferenciar perfectamente entre los sentimientos y los negocios, y como tal sabía que era una mala idea mezclarlos -. ¿Qué sabes de la Orden de Orión? – Por un momento la chica se quedó en silencio, luego parpadeó varias veces y finalmente estalló en carcajadas.

Se sujetaba el estómago en medio del abrazo de su novio mientras trataba de calmarse, no podía parar de reír; por un momento Percy quedó sorprendido, pero luego pasó a la pura perplejidad.

- La Orden de Orión – se limpió las lágrimas de la risa e hipo varias veces antes de volver a hablar -, es donde mis padres iban a jugar ajedrez – Le sonrió divertida -. ¿Eso era todo? – Percy estaba muy sorprendido.

- No… o sea, se supone que es una orden que espera la llegada de un tal Orión…

- ¿Orión? –preguntó-. Sí, el tío Orión era el gran Black. Bueno, no era mi tío pero así le decía de cariño. Ellos no estaban esperando la llegada de nada, era una corporación para señores y señoras ociosas de la alta sociedad, donde se protegía a sus herederos porque es normal que los hijos de los sangre pura seamos educados lejos de los demás– le sonrió más dulcemente y jugó con su cabello-. No era la gran cosa, salvo que tenían un insano interés en Draco. Sólo son un grupo de vejetes ociosos – Percy se veía confundido, su novia le besó -. Lo que me recuerda que quería ir a ver a Draco…

- No es bueno que vayas ahora, está siendo investigado – dijo simplemente, dejando salir el aire que retenía, mucho más tranquilo. Pansy no sabía nada, o por lo menos ella no se vio envuelta en los sucesos turbios en los que estuvieron los Malfoy y los Zabini, eso le hizo sentir muy aliviado.

Estaba frente al rubio, ambos con el ceño fruncido, Harry sabía que del movimiento que hiciera dependían las reacciones de Draco; terminó por atacar al rey.

- Jaque mate – dijo triunfante el rubio. Harry se quedó impresionado mirando el tablero, al mover su caballo había dejado paso al alfil del rubio, directo a su propio rey.

- No puede ser – el moreno se tironeo el cabello-. ¿Cómo haces para saber mis movimientos? Estás usando legeremancia – dijo suspicazmente entrecerrando los ojos, Draco se rió un poco de la idea.

- Es parte del juego, ¿volvemos al trabajo? – Harry asintió, el rubio se levantó y caminó hacia la pizarra. Se habían tomado un pequeño descanso porque los desniveles mágicos del rubio habían provocado que éste se mareara.

Draco miraba algunas de las carpetas que Harry le había dado, después de unos minutos, se acercó a la mesa nuevamente

- Hablemos de otra cosa antes –propuso nervioso -. Quiero saber si encontraste algo sobre Severus.

- No puedo responder –dijo triste el moreno-. Es información confidencial – los ojos turbios de Draco hicieron saltar su estómago -. Lo siento.

- Puedo ayudarte – intentó convencerlo esperanzado-. Sé que puedo, sólo… déjame hacerlo – El rubio tenía un rostro anhelante, Harry hubiera preferido tomarle de la nuca y… ¿y qué?, se preguntó mentalmente, el moreno soltó fuertemente el aire.

- Draco sé que puedes ayudarme, pero el Ministerio tiene por norma no permitir que los 'auxiliares' o sea, los presos que ayudan a los aurores, participen en casos en los que están sentimental o judicialmente involucrados – respondió Harry tratando se no sonar tan frío como sonó -. Lo siento, si logro dar con él le diré que venga a verte… - Draco se levantó molesto rumiando palabras como "aurores inútiles que…" y "si yo estuviera afuera ya habría…", girando como león enjaulado por la celda. Harry sabía que si la situación fuese al revés, probablemente él estaría actuando peor que él.

- Lo que tienes que hacer – le habló el rubio sin mirarle - es revisar las firmas mágicas. El ministerio tiene todas las firmas mágicas de las personas mayores de edad, así puedes compararlas con el rastro mágico que queda en las estaciones donde ocurrieron las desapariciones – dijo de carrerilla. Harry comprendió que hablaba del caso de las desapariciones muggles, donde la única prueba que tenían de que fuera culpa de un mago, era el rastro mágico que dejaba.

- No es mala idea – aceptó. Le molestaba, le había costado relajar a Draco lo suficiente como para que jugaran ajedrez, y luego por la maldita ley de confidencialidad le parecía retroceder lo poco que había avanzado -. Draco… – Harry había tomado las carpetas que estaban repartidas por la celda-. De veras me gustaría ayudar más.

- Entonces hazlo, haz las preguntas necesarias – respondió irritado -. Mi padrino NO puede estar muerto, nadie puede con él – dijo molesto. Harry le rodeó suavemente con los brazos, el rubio se veía tan frágil…

- No quiero que te relaciones con el atentado a tu hogar – Los ojos vidriosos de Draco le imploraron entre sus brazos, Harry negó -. Sé que te duele, pero no deberías aferrarte a una idea que tiene poco de fiable. Draco mírame – el rubio se había soltado de su amarre. El moreno terminó molestándose y le agarró de la barbilla -. Mírame – ordenó. Draco se estaba enojando de veras -. No te amarres a una falsa esperanza, tú tuviste una experiencia cercana con el fuego maldito – El platino puso un rictus de dolor al recordar la muerte de Crabbe -. Sabes lo difícil que es huir de él… Por muy Severus que fuera, las posibilidades de que este vivo son bajas; no por fuego, sino porque de estar vivo ya nos habría informado – El rubio se quebró, Harry tenía razón.

Se dejó abrazar mientras la presión en su pecho se volvía demasiada y saladas lágrimas caían por su rostro. Estaban todos muertos, sus padres, Severus, Crabbe… ¿por qué le dejaban solo? Comenzó a hiperventilarse.

- Vete – exclamó hipando, devolviéndose a su camastro. El auror trató de retenerle en sus brazos-. ¡Que te vayas! – le gritó con rabia. El moreno apretó los puños, pero termino por obedecer; ya había presionado mucho a Draco, era mejor dejarle descansar.

- Tenemos que irnos – Sirius bajaba por las escaleras -. Ya he revisado toda la casa y no he encontrado nada más. Seguramente mi padre se llevó todo. Ni siquiera están las cosas personales de Regulus, no hay nada.

- Entiendo Sirius, pero es muy precipitado. Aún no sabemos qué paso con Severus – respondió el licano-. Y también está Harry, no podemos dejar solo al cachorro.

- Él está ocupado trabajando, y nosotros tenemos que ayudarle. En Francia y Alemania podríamos averiguar qué pasó con mis padres y con Cygnus, y qué fue lo tan grave que le sucedió a Narcisa – dijo exasperado -. Lunático, estamos perdiendo tiempo –aseguró molesto. Su amigo le miró dudando.

- De acuerdo, pero tenemos que planear esto, no quiero mantenerme mucho tiempo lejos –accedió al fin el lobo, derrotado. La sonrisa de oreja a oreja de Sirius fue su recompensa-. Hablaré con Albus esta noche – El animago asintió emocionado.

- Le avisaré a Kingsley para que nos consiga un traslador ilegal – Remus asintió.

- También podríamos buscar a Kreacher en Hogwarts –el moreno puso mala cara-. Sirvió a tu familia por décadas, algo debe haber visto u oído.

- El elfo me odia – gruñó el Black.

- Tú tampoco le has tratado muy bien – sonrió divertido. Pero de pronto su rostro se ensombreció-. Canuto…sé que nunca te ha gustado tu familia, y que tampoco simpatizas con sus ideales, pero me preocupa tu falta de reacción. ¿Qué es lo que sucede contigo? Estamos hablando de tu padre, de tu madre y de tu hermano. ¡Joder Sirius, hasta tú adorabas a Regulus aunque te empeñaras en hacernos creer lo contrario! – exclamó.

Sirius no respondió.

- ¡Sirius Black te estoy hablando, no me ignores! – El nombrado respingó ante el anormal exabrupto de su amigo

- Lo siento Lunático – se disculpó-. Es que me siento un extraño en esta familia. Desde siempre los asumí como locos y asesinos, el que apoyaran a Voldemort en la guerra fue sólo una confirmación. - Sirius bebió su café lentamente -. Bella era la más loca. No sé, creo que simplemente soy inmune a todo esto. Ya no hay nada que pueda impresionarme de ellos, y comenzar a ver la realidad detrás de la familia será más un alivio que una preocupación. – Le sonrió con normalidad-. Lo que sí me llamó la atención, es que Phineas dijera que le debo la vida al Gran Maestre. No entiendo qué tengo que ver con esto. ¿Por qué alguien de la familia Black debería ser de uno de esos niños?, ¿por qué nunca me hablaron de esto?, ¿por qué no me mataron…qué objeto tenía dejarme vivo…?

Remus rodeó la mesa para acercarse a su amigo, le abrazó fraternalmente, dándole consuelo.

- Ya averiguaremos qué pasa. – Le palmeó la espalda-, de todas formas yo voy a averiguar qué hay en las leyendas del mundo muggle acerca de Orión, así tú puedes ocuparte de los asuntos de tu familia.

Salió temprano de casa, sabía que no podía aparecerse si no quería llamar la atención. Abrió la puerta de la Madriguera con cuidado y esperó en la cocina a que apareciera algún Weasley, por suerte para ella, aparecieron las únicas mujeres de la casa.

Sonrió con satisfacción, las cosas serían más fáciles si trataba con aquel par de tontas. Ginny se sentó frente a ella en la mesa, mientras Molly se disponía a preparar el desayuno. Curveó sus labios en una adorable sonrisa.

- Buenos días – saludó. Ginny emitió un gruñido, típico de gente sin estilo que viene recién despertando. Molly le sonrió poco afectuosa-. ¿Puedo ayudarte Molly? Percy ama tus desayunos y me gustaría sorprenderlo – dijo Pansy, sonriente y aduladora, como buena Slytherin. Molly por fin le dio una sonrisa más cálida.

- Qué bueno querida que quieras acercarte a la familia – alabó al fin, invocando con su varita los ingredientes -. La clave para cocinar cualquier cosa es amor – Pansy sonrió como si se le abrieran las puertas de un conocimiento oculto, Molly se sintió alagada.

- Me voy al ministerio mamá – avisó la menor de los Weasley-. Parkinson –llamó. La morena giró la vista hacia ella_ ¿Por qué coño los Slytherin son tan guapos? – gruñó de nuevo, la morena sonrió arqueando una ceja. Ginny bufó-. Seguro es porque todos son unos putos maricas que tienen mucho tiempo para arreglarse. – Diciendo eso salió de la cocina. Pansy se dio cuenta de que tenía su varita firmemente apretada dentro de la túnica, pero fue capaz de controlarse y quitar la mano del bolsillo antes de la que matriarca se diera cuenta.

- Déjalo pasar Pansy, está molesta porque Harry pasa todo el día con Malfoy – dijo simplemente la mujer, Pansy se centró nuevamente en su suegra-. No entiende que es una misión.

- ¡Qué bellas fotografías! – cambió el tema la Slytherin, mirando varias fotografías colgadas en la paredes de la casa de los Weasley-. Son algo antiguas, ¿de dónde son? –preguntó inocentemente. Había muchas de las vacaciones de la familia, de las navidades, pero había unas tan antiguas que ya no se movían…

- Ah, esas, son lo que nos quedó de los recuerdos de la familia Weasley… nosotros fuimos desterrados del seno familiar – informó sin ningún tono especial-. No conozco los lugares, pero Arthur dijo que eran la antigua mansión Weasley

- Oh, debe haber sido hermosa –aduló la morena-. ¿Nunca fue ahí? –preguntó con tono ingenuo.

- Oh, no querida. El padre de Arthur fue expulsado hace mucho, e incluso Arthur no conoció esas casas – informó -. Según tengo entendido, es de la época en que todas las familias sangre pura estaban conectadas.

- Seguimos conectados – afirmó con una sonrisa radiante, mostrando sus blancos y perfectos dientes-. Ahora la familia se hizo más grande, porque se han integrado algunos hijos de muggles, pero aun así, todos somos familia –le dijo la chica. Molly se lo quedó pensando, era una linda forma de mantener el pensamiento de los sangre pura sin discriminar a los 'impuros'-. Vaya, qué tarde es, me voy Molly quedé de ir en busca de una nueva lechuza – le comentó.

- Deberías venir más seguido – pidió la regordeta mujer-. Dentro de poco serás parte de la familia también –Pansy le sonrió alegre.

- Tienes toda la razón.

Ambas se despidieron frente a la chimenea, mientras Pansy tomaba los polvos floo de encima de la repisa.

- Nos vemos más tarde – saludó pisando las cenizas –. "Callejón Diagon".

Molly se quedó mirando el hollín del piso, la chica estaba haciendo un esfuerzo por acercarse a ellos, eso solo podía significar que se estaba tomando en serio a Percy, y ella no podía estar más feliz por ello.

- Llegas tarde.

Un hombre alto, de cabellos negros y ojos azules, fríos como el hielo le tendió el periódico a la chica que estaba quitándose su costosa túnica de diseñador.

- No es fácil sacarle información a los Weasley, hay que se dulce – dijo sentándose y bebiendo su chocolate caliente, pedido por el hombre antes de que ella llegara-. Vaya Altaír, salir de la prisión te hizo muy bien, dime ¿quién está cuidando a Draco?

- Salomón – Respondió cortante-. ¿Leíste el periódico?

- No es necesario – dijo moviendo su mano con elegancia para quitar el molesto periódico de la mesa-. Están buscando a Severus… ¿ustedes tuvieron algo que ver? – la chica sonrió condescendiente.

- Baja esa varita si no quieres que tu nueva familia… – La morena perdió la sonrisa, ¿Cómo había sabido que le estaba apuntando por debajo de la mesa? -. Tus modales preciosa – respondió el hombre con una mueca burlona bailando en sus labios.

Casi se golpea la cabeza contra la mesa, era evidente, ella tendría que haber puesto ambas manos sobre la mesa, y haberse quitado los guantes. Bufó con elegancia y puso las manos sobre la madera.

- Adoro a Draco, pero te aseguro que también estimo mucho a Severus… ¿Dónde está? – preguntó ya sin atisbo de amabilidad o aristocracia, era una amenaza.

- Para eso te llamé – informó Altaír -. No sé cómo entró a la mansión, y no sé si está o no vivo. La Orden no sabe nada de él. – La mujer enarcó una ceja, incrédula-. Sí, se me escapó, pero tengo mis ideas… Eres el mejor agente encubierto, necesito la información al respecto, así que tendrás que involucrarte más con los miembros de la Orden del Fénix. – la chica casi lloró.

- No tienen clase, ni ningún estilo –se quejó frustrada.

- Según tengo entendido, te llevas muy bien con unos de los hijos de los Weasley, cualquiera diría que te encantan – irónizó el hombre, Pansy rodó los ojos.

- Eso es otra cosa. Por cierto, ya están haciendo averiguaciones acerca de la Orden – el hombre sonrió asintiendo -. Sé que ésa es la idea y que todos están satisfechos con que investiguen. Pero a mí me preocupa Blaise y Draco… Blaise esta embarazado, no dejaré que jueguen con eso.

- Pansy, cielo – La pelinegra giró la cabeza en dirección a la voz. Los gemelos Weasley y Percy la miraban desde la barra de café.

- Hola chicos – les saludó con una despreocupada sonrisa-. Vengan, quiero presentarles a un amigo de mi familia. Él es Altaír Hassan-i Sabbāh, está de paso por Inglaterra

- Buenas tarrdes – dijo el hombre con un inglés precario y un marcado acento árabe-. Señorrita Parrkinson, muchas gracias porr la ayuda – la chica asintió en su dirección, Altaír se levantó -, caballerros – hizo una elegante reverencia y salió.

- Me lo encontré de camino a la lechucería, es bastante simpático. ¿Y a ustedes qué los trae por aquí?

- Provisiones –dijeron los tres al unísono-.

- Tendremos una noche larga –explicó uno de los gemelos-. Aún no sabemos mucho de lo ocurrido en la mansión Malfoy, así que pasaremos la noche en el cuartel, trabajando.

Pansy hizo un puchero muy sensual y se acercó a Percy, le abrazó desde el torso.

- Toda una noche larga sin mí. – El pelirrojo sintió como la saliva inundaba su boca-, te estaré esperando en casa. – Le dio un beso largo, húmedo, metiendo su lengua en la cavidad del otro, robándole el aliento. Al separarse sonrió y se despidió de mano de los otros dos hermanos.

- Esa mujer, es muy caliente – observó George mientras Percy asentía muchas y repetidas veces.

- Necesito saber si hay alguna forma de controlar el hechizo de supresión temporal –decía Luna siguiendo al jefe de los inefables.

- Luna querida eres una chica brillante, pero estas trabajando en algo inútil, no hay forma de activar o desactivar una barrera para el escudo… es perfecto – aseguró mirándola condescendiente.

- Jefe, alguien dentro de esa mansión me rechazó y casi me mata – dijo exasperada-, ¡tiene que haber alguna forma de explicar eso!

- Ahh muchacha – suspiró algo fastidiado -. Está bien, mira, tal vez una criatura mágica, una extremadamente poderosa, única, Merlín, la Dama del Lago… qué sé yo. Busca entre las criaturas míticas más excepcionales, tal vez allá alguna que controle o pueda ver las secuencias temporales, e inhibir el escudo. Pero mientras no puedas traer a Merlín de su prisión en la otra dimensión, déjame seguir con mi trabajo. – bufó enojado y la abandonó en el vacío corredor.

Luna se mostró pensativa, nadie conocía más que ella sobre "Criaturas que eran un mito", su padre la había educado en eso. Quizás fuese su amor por las cosas que nadie más parecía ver lo que la llevó a creer en lo que nadie creía. Y entre aquellas criaturas mágicas y maravillosas estaba la más terrible, la dueña de sus conclusiones: el Dragón Dorado.

Una bestia hija de la misma magia, una leyenda pagana de un ser que jamás había sido visto, pero del que se decía era más poderoso que el mismo Merlín, y que su fuego forjó la espada Excalibur del Rey Arturo. La gloria y el poder de una fuerza indestructible, un dragón con la sabiduría de eones, uno que podía tomar expresión feroz o una simple figura humana…

Tenía que hablar con la Orden de sus sospechas. El asunto era serio y terrible a la vez.

- ¡Él no está dando resultados!, –gritó molesta y exasperada -, lleva mucho tiempo sin darnos pista ni respuesta. – Ginny había decidido que no podía aguantar más, tenía que intervenir, si Harry se mantenía en la misión con Malfoy, terminaría enamorado y eso era algo que ella no podía permitir.

- Mi niña – la calmó Dumbledore comiendo sus dulces tranquilamente -, es difícil trabajar con la psicología, requiere tiempo y dedicación… mucha paciencia. – Le sonrió afable - Harry lo está haciendo muy bien.

Ginny ahogó un gruñido. Tenía sus cartas y debía jugarlas…al costo que fuera.

- Tengo una propuesta para usted Profesor. Le aseguro que nos traerá mayores y mejores resultados – expuso decidida. El director dejó los dulces a un lado para ponerle atención, siendo consciente del rictus maquiavélico que el rostro de la menor de los Weasley había adoptado. De cierta forma le incomodó, sabía lo que significaría para la Orden de Orión cualquier daño a Malfoy -. Quiero hacerle hablar, a mi modo –aclaró -. Es una serpiente no está acostumbrado al dolor, va a decírnoslo todo. – Dumbledore la miró en silencio, ella prosiguió expectante -. Puedo hacerlo sin dejar rastro, soy muy buena en encantamientos pero soy aún mejor con las maldiciones. Además usaré Legeremens, en algún momento sus defensas bajaran y la información que saque de su cabeza siempre será más confiable que cualquier cosa que él pueda decirnos.

El anciano cruzó las manos frente a su rostro. No era mala idea y la pelirroja tenía razón, hacía tiempo llevaba pensando que había puesto a Harry exactamente donde ellos habían querido que estuviera. Y Harry era demasiado noble y buena persona aún para su propio bien.

Asintió finalmente.

- Muy bien Ginevra, tienes carta blanca con Malfoy. Le escribiré a Shacklebolt para que no haya restricciones para ti en la prisión. – Ella sonrió aún más perversamente. Dumbledore no se sintió muy cómodo, pero la chica tenía un buen punto, cualquier cosa que dijera el rubio por propia voluntad podría no ser cierta…

CONTINUARÁ...

¡Por Merlín, Mordred y Morgana! ¿Quién se apunta para matar a Ginny?

Próximo capítulo cocinándose...