Los personajes le pertenecen a Hidekaz Himaruya.
Capítulo resubido y corregido. Gracias por corregirme este feo error.
Capitulo 2: Óleo
Mantuvo su vista en un punto fijo de la habitación, donde se alzaba la figura de alguien que decía cosas que no le interesaban. Disimuló bajando la mirada mientas garabateaba el revés de su discurso, que decía palabras que tampoco le interesaban pero que no tenia mas remedio que decir en cuanto fuese su turno. Sonrío a cada trazo, como si estuviese divirtiéndose. Aunque muchos creyeron aquella farsa quien tenía en frente sonrió al descubrir su vil mentira.
-Fingir una sonrisa es uno de los peores crimines que existen- Le susurró una vez acabada la reunión. Veneciano se estremeció al sentir el aliento del francés en su oído. Ese sin duda era un punto para él, pero el juego apenas empezaba.
-No se a que te refieres- Sonrío dándose vuelta para apreciar mejor a quien le recriminaba su actitud.
-Sabes a que me refiero, tal y como yo se que no eres tan tonto como aparentas- Su sonrisa llena de picardía encendía las alarmas en el italiano, pero si huía el muchacho en frente suyo ganaría.
-Lo siento Francia, pero mi hermano se molestará si llego tarde a casa de nuevo- Huir y emprender una sutil retirada no son lo mismo.
-Hable con España antes de venir contigo y me contó todo sobre sus planes con Romano y su huerta. Me temo que esa coartada no es válida- Se sentía entre la espada y la pared y literalmente estaba entre Francis y la pared. Su habilidad para acorralar a la gente, en todas las formas en que se puede interpretar esa frase era algo que no dejaba de sorprenderlo -Debo irme…- Murmuró temeroso escapando de aquel incomodo momento.
-¿Es hermosa verdad?- El italiano detuvo su marcha. -No creí que volverías a lo mismo con alguien de ese tipo-El muchacho dio media vuelta para apreciar mejor a su interlocutor- ¿Temes que me la lleve?- El joven no pudo soportarlo mas y echo a correr. Con disgusto el rubio se percató de que había dado en el clavo.
Intentó tranquilizar su respiración mientras cerraba la puerta tras de si, pero era en vano, ya que el rubio era mucho mas fuerte que él. Calló estrepitosamente al suelo cuando el francés abrió de golpe la puerta. Lo observó como hacia mucho no observaba a nadie. Con aquel brillo de desafío en los ojos. -¿Porqué me seguiste?- inquirió con un tono de voz que el mismo se desconocía.
-¿Porque huyes?- Preguntó del mismo modo el hombre en frente suyo tendiéndole una mano que fue rápidamente rechazada. Ante esta respuesta, el único que estaba en pie comenzó a inspeccionar las habitaciones una por una entre los gritos de fastidio y reproches del pequeño con el gracioso rulo.
Al llegar a una habitación que estaba cerrada dio media vuelta encontrándose con quien jalaba inútilmente de sus ropas queriendo deshacerse del él. En un rápido movimiento el italiano volvió al suelo mientras el francés recorría su cuerpo en busca de la dichosa llave. Sus hábiles manos se deslizaron por cada pliegue y bolsillo de la ropa ajena mientras el muchacho se retorcía intentando zafarse o simplemente complicarle la tarea. Lo cual fue en vano cuando el otro encontró la llave y abrió la puerta aun bajo los gritos que se habían convertido en suplicas.
La tela que cubría el lienzo cayó al suelo dejando la pintura a la vista de cualquiera que estuviera presente en ese momento. La llave se resbaló de la mano del rubio que había quedado boquiabierto ante tan majestuosa obra ante sus ojos. Quiso tocarla y hacerla suya pero el artista dueño de aquel lienzo se abalanzó violentamente encima de él.
-¡No toques a Giallo!- Gritó lastimándose la garganta. Luego fue todo silencio mientras aun estaba sobre el joven que lo miraba sorprendido.
-Giallo...- Dijo en un suspiro, cuando intento halagar la belleza de la pintura fue detenido por un golpe certero en su rostro.
-No eres merecedor de ella, vete de mi casa-Gruñó el italiano que parecía haber tomado la personalidad de su hermano gemelo. Ante tal gesto el rubio se quitó con delicadeza de debajo del castaño, saliendo en silencio de la habitación, recorriendo los pasillos y cerrando la puerta de la casa tras de si, dejando solo al artista y a su obra, solos en el silencio del llanto.
Lamento la molestia de haber tenido que leer todas las palabras unidas en los dialogos.
