Los personajes le pertenecen a Hidekaz Himaruya.

¡Gracias a las poquitas personas que leen la historia! -es feliz con poco-

Capitulo 4: Trazo

Antonio era tan paciente y comprensivo como su propia naturaleza se lo permitía. Escuchaba atentamente todos los reproches y gritos de Romano que no dejaba de golpear la mesa enfatizando cada insulto o comentario que le pareciese relevante en cuanto a la actitud de su hermano menor.

-Y es por eso que no soporto a Veneciano- Concluyó dándole otra mordida al tomate que le había dado España ya que Romano había entrado dando una patada a la puerta empezando con la frase "No he comido nada, ni siquiera pude disfrutar mi capuchino asíque aliméntame".

-Entiendo- Contestó sin entender verdaderamente de que hablaba, Por supuesto, nunca había tenido que pasar peleas con su hermano por que este fuese un artista innato y él no. -Pero, ¿No crees que estás siendo algo duro con él?- La mirada sombría del italiano logró que el pobre ibérico tragara en seco sus palabras.

-No hay otra forma de tratarlo cuando se pone en "soy un artista yno me entiendes". Es simplemente insoportable.- Se cortó a si mismo dándole otro mordisco a su fruta- Sin duda es una de las peores facetas de ese niño malcriado.- De un momento a otro el muchacho parecía haber pasado de ser la persona mas violenta e incontenible a un auténtico psicoanalista, el español lo miraba sorprendido, ya conocía al italiano, pero esos cambios de actitud eran algo que no dejaba de sorprenderlo.

-¿Has intentado hablar con él?- Era preferible hacer preguntas tontas a dejar un vacío de silencio entre los dos.

-¿Hablar sobre que?- Preguntó con la mirada sombría de hace unos minutos atrás. Quizás hubiese sido mejor el silencio.

-No lo se- Sincero, nada mas que esperar del español que no sabia en que ese estaba metiendo.

-¿Porqué no le hablas tú?- Preguntó molesto tomando otro tomate de la cesta. Ni siquiera estaba de ánimos para insultar a su ex-tutor.

-Si me acompañas no tengo problema- Contestó con el mismo tono alegre que lo caracterizaba provocando que el otro se ahogara de la sorpresa.

-¿Acaso has escuchado algo de lo que dije?- Preguntó recuperándose mientras el otro le daba pequeñas palmadas en la espalda para ayudarlo.

-¿Qué cosa?- El cabezazo que recibió seguramente le habría devuelto la memoria.

Según los vecinos, las puertas de aquella casa en Venecia habían permanecido cerradas desde aquella mañana. Desde aquella mañana había paso días. Interminables días en que ningún vecino sabía nada sobre él. Aquel muchacho malhumorado mostraba algunos destellos de preocupación en su rostro, el moreno a su lado podía notarlo a la perfección, y más aun cuando se dio cuenta que el italiano conducía justamente al último lugar donde pondría un pie.

-¡Maldito macho patatas, abre la puerta y contesta mis preguntas!- Gritó golpeando la puerta, que por alguna razón, no caía ante semejante muestra de fuerza.

-Sabes que tengo timbre ¿Verdad?- Preguntó un tanto cansado el rubio que le abrió, mientras se movía a un lado ya que, evidentemente, el otro tenia intenciones de entrar.

-¿Donde esta mi hermano?- Preguntó molesto cruzándose de brazos, esperando una explicación que le satisficiese. Al pasar los minutos y harto de la cara de idiota sorprendido del alemán insistió. -Donde diablos esta ese maldito...-

-Te escuche la primera vez, no hace falta que grites.- Lo detuvo algo molesto también. Se sujeto la cabeza, tantos gritos lo habían aturdido.-No lo veo desde la última reunión, y tampoco me ha llamado desde entonces- La respuesta no parecía terminar de convencer al muchacho delante suyo, pero no tenia mas verdad que esa.

Luego de algunas dudas el "De acuerdo, te creo" dejo mas calmado al ibérico que esperaba por tener que detener el feroz ataque o convertirse en el escudo de Romano.

Ahora la pregunta era, ¿Que harían ahora? La respuesta no tardo en llegar a la mente del desdichado italiano.

-Francia...-