Círculo de Venganzas
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y su casa editora, la historia salió de un sábado de 5 horas seguidas de inglés. ¡Espero que les guste!
Capitulo 2
Ella
Langley, Washington D.C. (CIA HEADQUARTER) 3:00 pm
Edward estaba apoyado contra uno de los muros de la oficina de Carlisle, observando el tiempo pasar. Hace dos días que sabía de la noticia de la muerte de Jacob y aún se culpaba por ello. Por alguna razón había estado seguro que siempre lograría salvar la vida de su amigo.
Cuando habían sido niños, Edward tenía la costumbre de mostrarse como el salvador de la comunidad, en un claro intento de emular a su padre, por lo cual Jake lo respetaba y admiraba. A la tierna edad de 6 años Edward ya formaba grupos de rescate y búsqueda cuando algún niño desaparecía, lo que no pasaba casi nunca, pero él siempre se ponía al frente. Jake había sido su pequeño Sancho Panza, incluso cuando sobrepasó, con varios centímetros a su amigo, las cosas se mantuvieron iguales. El enorme indio americano había medido más de dos metros.
Sin embargo, Edward nunca dejó de sentirse protector con respecto a él, tal vez era su alma noble o su buen corazón lo que siempre lo empujaba a ser amigable con todo el mundo. Edward le recriminaba que debía ser más selectivo con las personas que estaban a su alrededor, justo como lo era él, pero Jacob le golpeaba en el hombro y le pedía que dejara de preocuparse tanto y que si era posible se sacara el palo que tenía en el trasero.
Jake siempre había pensado que Edward era demasiado estirado.
Cuando fue amenazado de muerte Edward estuvo con él, le pidió que no testificara, pero Jacob ya no era un niño. Se había convertido en un hombre con un alta moral y responsabilidad social.
Después de entrar al WITSEC Edward había confiando en que su amigo estaría a salvo, pero al final nada salió como lo esperaba. Nada en su vida había estado de acuerdo a sus expectativas.
Ahora él tenía en sus manos una manera de redimir sus culpas, una manera de salvar su propia alma y la de su amigo. Tenía otra venganza que cumplir.
Carlisle entró sigilosamente en su oficina y miró en silencio al muchacho que observaba a través del cristal. Edward era un ser demasiado melancólico, demasiado triste, demasiado perfeccionista y esa no era una buena combinación.
Durante la adolescencia del muchacho, el agente Cullen siempre estuvo pendiente de él, temía un posible suicidio o alguna clase de actitud hostil hacia Elizabeth, la madre de Edward, pero todos sus miedos fueron infundados. Al final Edward hizo algo que iba mucho más con su naturaleza solitaria.
Se encerró en sí mismo.
Durante siete años observó como la alegría del muchacho se iba consumiendo lentamente. La llama de vida que siempre percibía en su mirada había menguado con el paso del tiempo. La ausencia de su padre había dejado una huella imborrable en él y como el muchacho inteligente que era poco a poco había preparado su alma para la verdad.
A la edad de 12 años Edward recibió la terrible noticia de que su padre había muerto en el cumplimiento del deber en la Alemania Comunista, en 1990. Edward lo supo siete años después. Siete años en los que había esperado, mirando a través de su ventana, la llegada de su héroe.
Carlisle nunca estuvo de acuerdo en ocultarle la verdad, pero Elizabeth con su corazón sensible no quiso que su amado hijo sufriera el mismo dolor que ella padecía y decidió alejarlo de todo. Encerrarlo en una burbuja imaginaria donde todo era perfecto. Donde su padre vendría cada navidad, donde sería un niño feliz con una familia feliz.
Elizabeth quería crear un lugar donde su hijo no tuviera que ver la maldad del mundo, donde la esperanza y el amor todavía podían florecer. Ella se equivocó, porque al final su decisión sólo consiguió traer más dolor a la vida del muchacho.
Carlisle veía eso en la mirada de Edward durante cada visita que hacía al pequeño pueblo de Forks, donde Elizabeth y su hijo se habían mudado después de la muerte de Edward Sénior. Los ojos de Edward ya no reflejaban su imagen como antes, ahora eran opacos y llenos de sombras. Sombras que se habían acumulado con años de mentiras. Las mentiras de su propia madre.
Edward nunca pudo perdonarla por haberlo engañado durante tanto tiempo. En cambio Elizabeth nunca perdonó a Carlisle por destruir ese mundo que había creado para su hijo al decirle toda la verdad.
Al cumplir los 18 años Edward se fue de casa para no volver jamás, por lo que Carlisle sabía Elizabeth sólo tenía noticias de lo que acontecía con su hijo a través de Esme.
Elizabeth había cavado su propia tumba por el simple error de no haber conocido lo suficiente a su propio hijo. Ella nunca imaginó que Edward podía soportar el dolor y la muerte. Ella lo había subestimado y él había recompensado su error con creses.
Ahora Edward era oscuridad acechante, sombra sigilosa que localizaba su objetivo y lo destruía. Era una máquina imparable, algo que ya nadie podía controlar y era eso lo que más temía Carlisle.
Edward desconocía las circunstancias en las que se había producido la muerte de su padre. Carlisle jamás quiso revelárselas, pero sabía que tarde o temprano él lo sabría y no tardaría en ir tras los culpables.
Si estuviera en sus manos Carlisle habría exterminado al culpable hace mucho tiempo. Edward Sénior fue mucho más que su mejor amigo, había sido como un hermano para él; pero el desgraciado que lo traicionó desapareció de la faz de la tierra dejando el caso irresoluble y a todo el equipo parado.
El problema estaba en que Edward no pararía hasta obtener una respuesta y eso podría llevarlo a la muerte. Carlisle no soportaría perderlo, él era como el hijo que nunca tuvo.
Edward percibió la presencia a su espalda, pero prefirió no moverse. Tarde o temprano Carlisle se cansaría de observarlo.
– ¿Llevas mucho tiempo esperando? – preguntó al fin Carlisle después de unos minutos de silencio denso.
– No demasiado – respondió Edward sin apartar la mirada del cristal.
Carlisle suspiró.
Sabía lo que la muerte de Jacob significaba para Edward. Más venganzas.
Unos pequeños pasos se escucharon a los lejos.
Edward giró su rostro, poniendo su mirada fija en la puerta. Sabía que la señorita Swan estaba a punto de entrar en la sala.
El sonido se detuvo de repente y la puerta se abrió.
Sus ojos se encontraron con los de ella por primera vez.
Edward se dio la vuelta por completo para observar adecuadamente a la mujer que acababa de entrar.
Isabella Swan no era lo que él esperaba.
Frente a él estaba la mujer más hermosa que había visto en toda su vida. Su largo cabello marrón estaba atado en una cola de caballo que resaltaba la delicadeza de su pálido cuello. Su rostro era ovalado, nariz recta y pequeña, labios rojos, ojos grandes y espesas pestañas. Ni rastro de maquillaje.
Vestía una camiseta negra con un diseño intrincado que cubría el nombre de un grupo de rock, unos vaqueros azules que se ajustaban a sus piernas torneadas y un par de converse.
Pero lo qué más lo había sorprendido de todo ese look de niña indie habían sido sus ojos. Profundas esferas grises que lo miraban con indiferencia, como si la reacción de él fuera algo a lo que estaba demasiado acostumbrada.
La indiferencia de esa mirada fue lo que lo sacó de su aturdimiento. Habían pasado apenas unos segundos, pero para Edward habían sido horas.
– Isabella, quiero presentarte a Edward Masen – dijo Carlisle acercándose a ella y lanzándole una mirada a Edward para que la saludara.
Se dieron la mano con un asentimiento cortés, como un par de profesionales.
Edward sacudió la cabeza tratando de enfocar su mente de nuevo. Verla había sido todo un shock. Siempre que imaginaba una hacker pensaba en una nerd. Alguien con evidentes problemas sociales y personales, razones por las cuales se había dedicado a un mundo virtual en vez de enfrentar la realidad, pero ella no parecía tener ninguno de esos problemas.
Los dos se sentaron frente al escritorio de Carlisle, no se miraron en ningún momento, ni soltaron alguna palabra innecesaria. Los dos eran demasiado fríos.
Carlisle levantó una ceja esperando el informe de Isabella, ella no necesito más señales para entregarle una delgada carpeta oscura.
Un silencio incómodo se extendió por la sala, lo único que se escuchaba era el pasar de las hojas mientras el misterioso informe era leído. Después de lo que parecieron horas Carlisle por fin levantó la vista y le extendió el informe a Edward.
– ¿Cuántas personas, Isabella? – preguntó Carlisle con una voz demasiado seria.
Ella lo miró fijamente, ninguna expresión en su rostro, ningún movimiento. Edward estaba más intrigado observándola que preocupándose por lo que decía el informe en sus manos.
– Cinco. Tres en Estados Unidos, uno en Inglaterra y otro en Italia.
Edward registró el sonido de su voz dulce y clara. Habiéndola escuchado por primera vez la esencia completa de la persona a su lado lo golpeó con fuerza.
¿Quién era esta mujer?
Carlisle levantó una mano pidiéndole que se explicara. Isabella tomó aire y empezó con el discurso que había preparado.
– Rastreé las filtraciones, todas provenían de diferentes partes del mundo, aparentemente no hay relación entre ellas. Es un grupo de personas que siguen una pauta, una especie de proceso. Detecté 8 accesos ilegales, pero sólo cinco son identificables
La voz de Isabella era demasiado metódica, como si estuviera muerta y Edward odiaba el sentimiento de desamparo que ella le provocaba.
– ¿No hay información sobre los atacantes? – volvió a preguntar Carlisle.
– No, estas personas no tienen ningún contacto en absoluto. No pertenecen a ningún programa, a ninguna organización y tampoco hay datos personales. Lo único que pude identificar fue el lugar de procedencia de la señal. El único dato que tengo es un número de seguridad social.
Carlisle levantó la mirada sorprendido, apretó el borde la mesa con fuerza y trató de tranquilizarse. Él conocía a Isabella desde hace mucho tiempo y este era el informe más pobre que había recibido de ella. La falta de información era un grave problema.
Isabella volvió a hablar.
– Ninguna de esas personas son expertos en intromisión cibernética ilegal – dijo ella rotunda, tratando de calmar a su jefe. La expresión de su mirada no ocultaba su turbación y él no era el único. Isabella no había sentido miedo en años, pero este caso en especial la llenaba de un sentimiento de incertidumbre que estaba acabando con su estabilidad.
Carlisle levantó la mirada con asombro.
– ¿Qué quieres decir?
– Todos entraron por la misma brecha, utilizaron el mismo código, dejaron la misma huella. Estaban entrenados previamente, probablemente tenían conocimientos, pero no son hackers. La única excepción son las otras tres intromisiones indetectables.
Isabella no quería hablar sobre esos tres casos especiales, nunca había tratado con algo así antes. Cada vez que trataba de rastrear la línea de código que habían utilizado para acceder su computadora empezaba a recibir códigos maliciosos. Si no tuviera la calidad de conocimiento que poseía lo más seguro es que su Macbook hubiera quedado inservible después del primer intento. Después de todos los problemas que había enfrentado para poder tener una mínima información de lo que estaba pasando no tenía la menor duda de que lograría descubrir a ese grupo de hackers.
– ¿Crees que se trate de alguna organización?
Carlisle venía barajando esta opción desde hace algún tiempo. Todos los asesinatos habían sido muy bien coordinados y desde hace dos meses, cuando empezaron, no habían parado hasta que Isabella puso un alto. Por supuesto nadie sabía que ella tenía su mano sobre el asunto.
– Puede ser, así como también puede tratarse de alguien vendiendo el código al mejor postor. Por el momento el sistema del WITSEC es impenetrable, pero no es para siempre – respondió ella con serenidad.
– ¿El número de seguridad social? – habló Carlisle
– Erick Yorkie, 24 años, Detroit Michigan
Edward fijó su vista en la carpeta en sus manos y encontró el nombre de la única persona de la que habían obtenido información.
– ¿Qué vamos a hacer? – preguntó por fin Edward.
Carlisle observó a las dos personas frente a él, apretó la mandíbula con fuerza y obligó a su cerebro a trabajar. Debía haber una manera, no era el primer caso complicado que había enfrentado durante su carrera.
– Iremos tras el chico – dijo él con seguridad, por el momento era la solución más lógica. No podía perseguir a personas invisibles.
Edward asintió de acuerdo. Isabella no se inmutó.
Carlisle sacó dos carpetas de su escritorio y se las tendió.
– Esas son sus nuevas identidades, pasaportes, números de seguridad social y pasados creíbles. Desde ahora en adelante son dos amigos en un viaje alrededor de América.
Edward leyó su nuevo nombre.
– ¿Anthony?
No pudo evitar la mala cara, odiaba ese nombre.
Carlisle únicamente sonrió con picardía. Edward volteó el rostro esperando ver una reacción similar en su nueva compañera, pero nada. Ella sólo observaba su carpeta en silencio.
¿Tal vez era cosa de mujeres?
Lo cierto es que él nunca había trabajado con una antes, pero de repente recordó a Alice y no pudo imaginar a otra persona más expresiva que ella.
– ¿Alice y Jasper? – preguntó de repente Edward, recordando la promesa de Carlisle de traer a los dos agentes a la misión.
– Están en Sudamérica, lo siento Edward, pero se unirán a ustedes en cuanto solucionen sus asuntos.
Edward volvió a mirar a la chica, ella seguía en la misma posición de antes.
¿Cómo iba a sobrevivir tanto tiempo con una persona tan hermética como ella?
– Haré los arreglos necesarios, estarán viajando hacia Detroit mañana. Toda la información del caso me será inmediatamente enviada. Isabella ya conoces el procedimiento.
Los dos asintieron a las palabras de su jefe y se levantaron al mismo tiempo.
– Hasta entonces chicos – dijo Carlisle con su habitual tono de calma.
Los observó salir en silencio preguntándose qué sería de la vida de Edward e Isabella.
Carlisle nunca imaginó la respuesta.
Annandale, Washington D.C. 5:45 pm
Isabella caminó sigilosamente dentro de su apartamento esperando el maullido habitual de su gato cuando la sentía cerca. Scapher no la decepcionó.
El pequeño gato gris salió a su encuentro, los sonidos del animal le proporcionaban una tranquilidad que no creía posible que pudiera existir.
Tomó a Scapher en brazos y acarició su pelaje.
– Lo siento amigo, pero debes acostumbrarte a mi horario o no vas a sobrevivir – el pequeño gato ronroneó satisfecho, sabiendo que se acercaba la hora de la comida.
Isabella se acercó a su cocina, un espacio relativamente pequeño. En realidad todo su apartamento era un lugar de proporciones menores. A ella no le importaba, de todas maneras no pasaba más de tres meses al año en la ciudad. Su hogar estaba lejos de aquí, en una casa de paredes blancas frente al mar, pero por motivos de trabajo debía quedarse a esperar las órdenes de su jefe.
Dejó a Scapher sobre las baldosas del suelo y sacó un cartón de leche. Algo que había comprado exclusivamente para su mascota. Ella odiaba la lactosa.
Scapher empezó a comer sin detenerse, a veces le parecía increíble lo exagerado que podía llegar a ser ese gato.
¡La última vez que comió fue hace dos horas! ¡Por Dios!
Isabella sonrió y dejó su pequeño bolso en el sofá de la sala, se encaminó sin prisa a su ordenador y se sentó para las labores del día.
Había empezado la nueva creación de un programa espejo para poder piratear la laptop de Carlisle. Había ingresado hace ya mucho tiempo al sistema informático de la CIA, sin embargo; todavía no podía obtener la información clasificada que necesitaba.
La mayoría de esos archivos no estaban en un soporte digital y la biblioteca de "ocultos" no era accesible para cualquiera.
Carlisle siempre había sido un terco, nunca quería compartir lo verdaderamente importante con ella y a pesar de todas sus amenazas él nunca cedió. Ella respetaba eso.
Después de algunas horas de trabajo decidió que se sentía demasiado perturbada para seguir. Todavía recordaba el rostro de él.
Edward Masen.
El tipo más duro de la CIA.
El trabajo que desempeñaba dentro de la agencia era casi nulo. Nadie aparte de Carlisle sabía de su existencia, pero ahora había alguien más.
Isabella estaba mortificada por eso.
No se sentía bien con la gente. Punto.
No siempre fue así, pero después de los muchos acontecimientos que llevaron su vida a un total caos, ahora se sentía mejor dependiendo únicamente de ella.
"Nada es como parece"
Ese era su lema y es por eso que prefería estar sola. Se había mantenido de esta manera durante los últimos siete años de su vida.
Se recostó con pereza en el respaldo de la silla volviendo a ver en su mente el rostro del agente que la acompañaría en la misión de su vida durante quién sabe cuánto tiempo.
Estiró su mano imaginando que rodeaba su cincelada mandíbula, cerró los ojos viendo en su mente cómo delineaba sus labios, cerrando sus párpados y acariciando su cabello.
Un suspiró involuntario escapó de su boca. Todo su cuerpo se sacudió ante la posibilidad de llegar realmente a tocarlo.
Era un hombre muy guapo.
Inmediatamente se recompuso obligando a su mente a pasar de las fantasías insulsas. Ella no era cualquier mujer, no era alguien que pudiera soñar con finales felices, no era la típica chica que podía suspirar llena de sueños sobre amor y familia, ella simplemente no podía añorar, porque Isabella Swan no tenía un futuro frente a sus ojos.
Para ella únicamente existía el presente.
Apagó su Macbook y empezó a preparar los otros artefactos que necesitaría para la misión. No se sentía nerviosa, nunca antes había estado en una misión real, pero eso era lo de menos. Ella había hecho el entrenamiento y aprobado con excelentes notas el curso de la CIA. Sabía manejar su nueve milímetros a la perfección y no temía disparar a quien fuera, pero sabía que en este juego se ponían en contra la fuerza versus la inteligencia y siendo ella una hacker siempre pondría su apuesta en favor de la segunda.
Después de haber hecho una pequeña maleta con la indumentaria indispensable que mayormente contenía su Macbook, la nueve milímetros y demás artefactos electrónicos, cargó a Scapher y salió del apartamento.
En los cuatro años que llevaba viviendo en el edificio jamás había hablado con nadie, pero como dicen, nunca es tarde para empezar.
Golpeó tres veces la puerta de la señora Cope antes de que ella abriera expandiendo dramáticamente los ojos cuando la vio.
– Buenas noches señora Cope – dijo Isabella con calma y tratando de simular una sonrisa.
"Todo sea por Scapher" pensó con una mueca interna.
La mujer se quedó en silencio durante unos minutos, totalmente shockeada de ver a la extraña muchacha ermitaña que vivía frente a su apartamento hablando por fin.
– Bue..bue… nas noches señorita.. – la mujer no sabía su nombre y sonaría muy extraño que la llamará chica rara ¿no?
– Swan – dijo Isabella con una sonrisa que derretiría el mal humor de cualquiera. No por nada había sido hija de Reneé – Es un gusto conocerla.
Isabella le extendió una mano con amabilidad.
La pobre señora apenas pudo asentir con la cabeza y darle la mano torpemente.
– ¿Puedo pasar?
La señora Cope, pasado el aturdimiento inicial por la sorpresa, la miró con más detenimiento. Era una chica muy hermosa y no veía en ella malas intenciones. Al final decidió que tal vez lo único que le había impedido socializar antes fue una timidez extremadamente grave.
Alargó la mano y la invitó a entrar en su casa.
– ¿Deseas algo querida? ¿Té, café?
– No, gracias – dijo Isabella sentándose cuidadosamente en el pequeño sofá forrado.
La señora Cope se sentó frente a ella esperando sus palabras, de repente se fijó en el hermoso gato que sostenía.
– ¿Puedo cargarlo? – preguntó con un poco de timidez.
Isabella miró alternadamente entre ella y Scapher, después de unos minutos decidió que ya que su mascota pasaría un tiempo indeterminado con la señora Cope era bueno que se fueran conociendo.
– Es un bello animal – dijo la señora Cope acariciando su pelaje.
Scapher empezó a ronronear
"Gato traidor"
– ¿Qué raza es? – habló nuevamente observando extrañada al pequeño gatito.
– Mmm… creo que es una mezcla entre siamés y otra raza, no lo sé con exactitud. Lo encontré hace unos pocos meses vagando en la playa – dijo Isabella sonriendo ante el recuerdo del gato errante. Ella vio su propia soledad reflejada en él.
– ¡Qué curioso! ¡Un gato cerca del agua! – dijo la señora Cope riendo estruendosamente.
Isabella trató de ser paciente.
– ¿Qué te trae por aquí querida? – preguntó finalmente la señora Cope después de unos instantes de silencio.
– Quería pedirle un favor
– Adelante – respondió la señora Cope extendiendo la mano.
– Haré un viaje de negocios por un tiempo indefinido, partiré el día de mañana y me preguntaba si sería tan amable de cuidar a Scapher en mi ausencia – Isabella trató de mirarla con toda la dulzura que fue capaz de reunir.
– ¿Scapher? ¿Qué nombre tan extraño? ¿Tiene algún significado?
Isabella pensó durante un momento en la pregunta.
– No, en realidad. Fue algo que simplemente se me ocurrió.
– Bueno, parece quedarle – La señora Cope volvió a acariciar el pelaje del gato y este ronroneo aún más fuerte. Al parecer su anciana vecina fue del agrado de su mascota.
– Entonces… ¿le parece bien? – dijo Isabella tímidamente.
– Claro, sería un placer. Es un lindo gato, además me siento muy sola desde que el señor Cope murió – dijo la anciana con tristeza.
Isabella intentó ser benigna.
– Lo siento.
– No te preocupes, son cosas que pasan ¿no? Es el ciclo de la vida.
Isabella odiaba los malditos ciclos y deberes de la oda fortuna. Siempre fue firme creyente de que el destino se lo forjaba uno mismo, pero después de todo lo que había pasado ahora sabía que no todo estaba en manos de los mortales.
El silencio se instauró de nuevo en la habitación.
– ¿Cuánto tiempo estarás fuera?
– No lo sé, fue un aviso sorpresa.
La señora Cope la observó en silencio, a ella le encantaba la conversación, pero era claro que la chica no colaboraría mucho a su propósito.
– No hay problema señorita Swan, cuidaré de Scapher el tiempo que lo necesites – dijo la anciana con una sonrisa en la cara.
Isabella se la devolvió sinceramente.
– Muchas gracias.
Después de algunos minutos más de conversación, donde acordaron nimiedades como gastos y demás, Isabella por fin pudo dejar el apartamento de su vecina e ir al suyo propio para tener algunas horas de sueño que tanta falta le hacían. Según Carlisle el avión hacia Detroit partiría a las diez de la mañana del día siguiente.
Observó su pasaporte con la nueva identidad.
– Marie – dijo en un susurro.
Un nuevo camino de posibilidades se abría frente a ella de nuevo.
¿Qué sería lo que esta vez le depararía el destino?
Hola! Nuevo cap!
Un agradecimiento especial a Nachika Cullen por betear este cap, gracias linda.
Espero que les esté gustando esta historia, sé que es un poco extraña, pero poco a poco irá tomando fuerza. Soy muy romántica así que ya saben a lo que se atienen.
Saludos y besos.
Las quiere, fer92
