Los personajes le pertenecen a Hidekaz Himaruya.
Capitulo 5: Mancha
Las cuatro copas sobre la mesa rebosaban con el dulce vino. El dueño de casa hizo un movimiento sutil con la mano dejando libre a la ama de llaves que esperaba con atención las ordenes de su amo. Mientras ella se marchaba, lo único que pudo escuchar fue el sonido de sus zapatos caminando a un rápido compás, el aire de aquel lugar se había vuelto irrespirable.
-Bien, ¿a que debo el honor de tan inesperada visita?- Como anfitrión era el encargado de romper el hielo, aunque con ese clima tan tenso no era nada fácil.
-Busco a Veneciano- Contesto el italiano, sin gritar, sin mandonear, sin insultar. Estaba preocupado. -Ese idiota salió corriendo mientras me gritaba por una estupida pintura-
-Giallo- Recordó inmediatamente el francés abriendo los ojos de par en par.
-¿Qué tienen que ver los colores en esto?- Preguntó molesto el castaño mientras el español intentaba calmarlo en vano.
-No, no lo entienden- Agregó cerrando los ojos con fuerza al igual que su puños.
-¿Tu también?- Gruño el italiano que ya estaba cansado del "Tu no me entiendes", y aun peor, comenzaba a desesperarse de la peor manera. Antonio a duras penas podía contenerlo.
-Cállate de una vez Romano.- Alemania tomaba la palabra por primera vez en el día y era exclusivamente para regañar al muchacho. -Continua Francia-
-Gracias...- Tomó otro sorbo de su copa y observó seriamente a Romano -Giallo es su mejor pintura hasta ahora.- Contestó despeinando ligeramente su cabello -Yo la vi, es hermosa... condenadamente hermosa- No encontrando mas bebida en su copa se sirvió mas ofreciendo al resto con un simple gesto. Alemania y España lo rechazaron pero Romano le tendió su copa con un seco "Llénala", sabia muy bien que ocurriría si todo era por una pintura. Ya había pasado una vez.
Veneciano suspiraba entre sueños, se había quedado dormido entre sus oleos bajo su pintura preferida. Parecía que los toques finales eran muchos y nunca parecía conforme, de alguna forma siempre encontraba defectos en lo que parecía perfecto.
Había sido bastante difícil encontrar un hotel al sur del país en el cual su hermano no tuviese las influencias suficientes como para sobornar al encargado para que su nombre no apareciese en la lista de ingresados. Su habitación aparecería como no disponible, ya que se estaban reparando algunas goteras. Esa fue la razón por la que el fuerte golpe a su puerta le llamó la atención, sacándolo de sus más profundos sueños.
Lo correcto, o al menos lo que la etiqueta marcaba, era ir a abrir la puerta o mínimamente preguntar quien era, pero el intenso olor de cigarrillo Marlboro mezclado con el del tomate era indiscutiblemente la colonia preferida de su hermano cuando estaba furioso.
Corrió a bloquear la puerta, pero ya era tarde, si la furia de su hermano no podía ser contenida por ninguno de los que lo acompañaba menos lo seria por una inútil puerta. Al ver su cara desbordada en ira Veneciano corrió sintiendo como su corazón estaba por salir de su pecho. Estaba demasiado asustado pero no por él, sino por su pintura.
Afortunadamente llegó al cuarto donde escondía su pintura, bloqueo la puerta con algunas cajas, era conciente de que esta pequeña barrera no detendría a Romano pero aunque sea retrasaría lo inevitable. Entre los gritos de su hermano pudo reconocer las voces de España y Alemania que intentaban tranquilizar a quien golpeaba con furia la puerta, por un momento se sorprendió al notar lo fuerte que era su hermano, pero ese no era el momento de asombrarse.
De un momento a otro la puerta calló, Romano trastabillo. Veneciano se interpuso entre la puntura y ellos ocultando un pequeño bulto a un costado de su chaqueta. Tan rápido como la puerta había caído se vio rodeado por cuatro personas, no había reconocido la voz de Francia antes.
-Así que intentas huir de mi ¿verdad?- Preguntó quien tenia enfrente, el pobre italiano trago saliva.
-¿Como me encontraste?- Preguntó nervioso retrocediendo algunos centímetros. No quitaba los ojos de él pero sabía que el resto de los presentes lo observaban.
-¿Sabias que prometerle una bala en la cabeza vale mas que todo el dinero que malgastaste en el soborno?- Sonrío con cinismo el mayor de los italianos mostrándole el arma que había sacado para asustar al encargado que ahora mismo atendía como si nada a los demás clientes. Además de una bala para él, Romano le había prometido una para cada miembro de su familia si llamaba a la policía.
-¿Por que no me dejas tranquilo?- Preguntó ahogando el llanto, sintiendo como el nudo en su garganta estaba a punto de estallar.
-¿Dejarte tranquilo? No bromees conmigo maldito bastardo, eres tu el que no me deja tranquilo a mi, eres tu el que se va de casa sin avisar, eres tu el que se pone como idiota por un maldito lienzo-
-¡No le hables así! ¡Cállate! ¡No quiero escucharte! ¡No quiero que ella te escuche! ¡No quiero escuchar a nadie, váyanse!- Lo interrumpió a los gritos- ¡Me iré todas las veces que sea necesario!
-¡Maldito seas figlio di puttana!- Gritó dando un tiro al aire. España y Alemania miraban la escena con preocupados, no podían hacer nada más que eso, observar. Aprovechando la confusión del momento Francia aprovechó para acercarse a la pintura, pero Veneciano lo descubrió y se lanzó sobre el para impedir que la toque.
-Te dije que no la tocaras- Gritó comenzando a golpearlo a lo que Alemania lo tomó de los brazos y lo separó del rubio que quedó tendido en el suelo cubriéndose la cabeza para evitar que la golpeara.
-Detente Veneciano, este no eres tu- Dijo el alemán sin soltarlo aunque le era difícil porque el muchacho se retorcía intentando librarse. Francia se levantó lentamente y miro a Feliciano. -No será arte hasta que lo compartas con el mundo- Comentó con una expresión nula en el rostro.
-Será arte cuando yo lo diga- Contestó soltándose del alemán. El olor del humo y el sonido del papel achicharrándose lo obligaron a dar un giro en dirección a donde estaba su pintura. Su rostro se desfiguro en horror mientras llevaba sus manos a su rostro ando una grito que ni el mismo se había escuchado antes.
-Ahora dime si es arte- Retorcía su cigarrillo sobre el lienzo mientras el mismo pasaba de aquel hermoso amarillo al sucio marrón y negro de las cenizas, justo en el centro del dibujo, justo en el rostro de la muchacha. Romano no parecía festeja su propia acción, pero tampoco se regañaba por ello.
Las piernas del pintor cedieron ante la gravedad, cayendo al suelo en un ruido sordo. Llevó su cabeza al suelo sujetándola fuertemente con las manos, oprimiéndola contra el suelo dejando fluir su desconsolado llanto. Nadie se animaba a acercarse a él, no sabían como reaccionaria ante el contacto. Solo Romano se acercó, pero no precisamente de un modo amistoso.
-Dime que es arte ahora- Gritó molesto pateando a su hermano en el estomago repetidas veces. El otro parecía muy concentrado en su propio llanto como para contestar. España se acercó a grandes pasos e hizo lo que nunca creyó necesario hacer. Golpeó a Romano con todas sus fuerzas. Alemania se acercó para ayudar a Feliciano que se retorcía del dolor, tanto físico como emocional. Francia se quedó sentado en el suelo, en silencio, porque no sabía ni que hacer ni que decir. Romano se tocó la mejilla golpeada manteniendo su vista en un punto vacío.
-Lo siento- Susurró entre sollozos el menor de los gemelos extendiendo sus brazos a la pintura. Alemania lo soltó, era obvio que quería ir con ella aun con aquel paso errático.
Todos lo vieron avanzar mientras se acercaba ella, las lagrimas caían por su rostro continuamente mientras el seguía musitando sus disculpas a cada paso que daba. -No pude protegerte, ni siquiera puedo proteger lo que hago con mis propias manos- Tomó la pintura, abrazándola con cariño mientras las perlas saladas se resbalaban por su piel cayendo sobre las cenizas del lienzo.
-Nunca pude tomar un arma para proteger lo que amo, ni en la guerra ni ahora. Soy demasiado cobarde para eso- Soltó con una mano la pintura llevándola al interior de su chaqueta. Todos sus movimientos eran vigilados por los presentes, pero nadie se esperó que ese bulto bajo su ropa fuese un arma. -Pero puedo tomarla para reparar mis errores- Sonrío apuntando a su corazón y jalando el gatillo a pesar de que todos rogaron que no lo hiciera.
N/A: Giallo significa amarillo por si no sabian~ (antes de la historia no lo sabia, no me malinterpreten).
