Los personajes le pertenecen a Hidekaz Himaruya.
Capitulo 6: Detalle
El sonido de las sirenas era ensordecedor, las luces de las ambulancias giraban en verde y la gente iba y venia con la noticia en la mente y las extravagancias de la imaginación llenándoles la boca.
Romano parecía molesto, pero no como siempre, su rostro parecía una mezcla de frustración y nervios, mientras caminaba de un lado a otro esperando el momento de subir a la ambulancia junto a su hermano. Alemania acompañaba a los paramédicos dándole ánimos al joven que peleaba por su vida. España se le acercó a Romano pero en cuanto quiso poner la mano en su hombro para darle fuerzas, el otro lo rechazó como si este fuese un enfermo en plena epidemia, dejándolo solo mientras daba un brinco para subir a la ambulancia. A pesar de las quejas del alemán el único que podía subir con el muchacho era su único familiar directo presente.
La ambulancia se marchó en un momento, la gente se dispersó y todo siguió su curso como si nada hubiese pasado. Los dos hombres entraron de nuevo al hotel y subieron las escaleras hasta el segundo piso. Los pasillos estaban marcados con la sangre del suicida. Porque en eso es en lo que se había convertido, un simple suicida en la ciudad de Nápoles.
La habitación número doce aun tenía la puerta abierta, o mejor dicho, destrozada. Solo en ese momento se dieron cuenta de la magnitud de lo que había sucedido. Francia seguía en el mismo lugar que en el momento del disparo, perdido en sus pensamientos, observando la pintura que tantos problemas había causado. La tomó sin cuidado y la partió en dos, desahogando su odio en un grito de dolor. Alemania y España se le acercaron compartiendo su pesar, rezando en silencio porque el muchacho despierte y vuelva a sonreír.
Remolinos blanco iban y venían con un sin fin de utensilios médicos que parecían mas de torturas que de salvación. El muchacho se revolvía los cabellos con furia e impotencia, saber que su hermano agonizaba del otro lado de la puerta lo ponía aun más histérico de lo que estaba, las enfermeras dudaban entre acercársele para animarlo y alejarse para no salir heridas.
El corazón le latía con fuerza, como si fuese él el que debía vivir por los dos. Se rehusaba a eso. Por mas que lo negara miles de veces, afirmando lo contrario en el nombre del mismísimo Vaticano, no seria capaz de vivir sin el norte de Italia, no seria capas de vivir sin Italia Veneciano, no podría vivir su odiado gemelo, su amado hermano.
Apenas una lágrima rodó por su mejilla la eliminó con su mano lo más rápido que pudo, no podía permitirse sentimientos tales como la culpa o la pena, aun cuando sabia que todo era su culpa, como siempre. Porque si él no hubiese sido tan duro, él no hubiese cargado el arma. Porque si él no hubiese sido tan cruel, él no se hubiese apuntado con ella. Porque si él no hubiera tenido celos, él no hubiese jalado el gatillo.
Porque si el hubiese pensado en como se sentia, Veneciano no hubiese sonreído al hacerlo.
Otra lagrima se escapó de sus ojos pero esta vez no la borró, sabia que era en vano, se sentó a un lado del pasillo, frente a la puerta de la sala de emergencias, hundió su cabeza en sus rodillas, y lloró en silencio todas las horas que su hermano estuvo ahí dentro junto a los médicos, rezándole a Dios por que saliera de esa situación.
Pero nadie se enteraría de todo esto, porque este seria uno de los tantos secretos que guardaría en los más profundo de su corazón.
N/A: Oh si~ si pensaron que habia acabado pensaron mal~ esta historia aun continuea.
