Cuando cerró la puerta detrás suyo solo rebietaba no solo por la obsesión de aquel extraño tipo sino por que de nuevo había sucedido algo que siempre la dejaba consternada. Recordó la ultima vez que había pasado, tenía otro trabajo, a decir verdad mas decente que en el que actualmente se encontraba, pues se trataba de un cafe bar en las transitadas calles de Times Square. Solo llevaba dos dias de trabajo y sin querer uno de los tipos que iban acompañados por otros de la misma especie, es decir, con trajes de oficina patanes como los que mas le había dado una nalgada con premeditación, alevosía y ventaja. Ella en ese momento le reclamaba al tipo pero sin querer logró que varias de las ventanas se partieran como si se tratara de hielo a punto de quebrar. Inmediatamente asustada corrió con la dueña del cafe y le dijo que no podía seguir trabajando ni un minuto mas en aquel lugar, o mejor dicho, en ningun lugar donde hubiera gente que la pudiera hacer enojar. Asi era la vida de la rubia que cambiaba de empleos debido a las insinuaciones indecorosas de los jefes o de algunos clientes que por su facha solo aparentaban ser "intachables". Fue entonces que decidió probar con aquel club donde a decir verdad le pagaban "mejor" que sus antiguos empleos, pues por su juventud y escultural belleza despampanante los clientes hebrios no escatimaban en propinas con ella, aunque eso solo era en los dias de mas afluencia ya que en otros solo estaban si a caso uno o dos en las mesas.

-Vamos querida "toxica", desde hace ya veinte minutos debiste entrar a escena, ¿Donde carajos andabas?, Trishelle tuvo que cubrirte ya que los clientes no esperan- Una mujer de mediana edad vestida con un sueter de lentejuelas negro y peinado en chongo, con arrugas en los ojos pero perfectamente maquillada para disimularlos le reclamaba la tardanza a la chica, al parecer tampoco sabia su verdadero nombre y a decir verdad poco le importaba, pues ella era de las que pensaba que llamar las cosas o nombrarlas significaba encariñarse de ellas.

-Perdoname Maxine, pero un tipo en la calle de esos que abundan por aqui se me insinuó y hasta ahora pude librarme de él, pero creeme que no volverá a pasar- Se quejaba tremendamente la chica rubia mientras que abria uno de los camerinos diminutos para disponer a cambiarse, pues despues de Trishelle de seguro que ella entraría a escena. La mujer de mediana edad era la dueña del club, había contratado a la rubia hacía cinco meses atrás, recordó entonces que le mostró una identificación que a leguas se notaba era falsa, pero al ver la necesidad de la chica de trabajar decidió darle el empleo siempre y cuando no se viera en problemas con la policía por corrupción de menores, ya que era obvio que solo tenía diez y nueve años, y como es bien sabido, las leyes en estados unidos declaran la mayoria de edad a los veintiuno.

-Pues claro que no volverá a pasar toxica, con esta ya son varias veces las que te retardas, una cosa si te digo, las puterías las quiero fuera de mi negocio, eres de las mejores aqui y no permitiré que te comparen con aquellas piltrafas- Maxine era una mujer dura de carácter, siempre se la pasaba con una cara de pocos amigos, pero a decir verdad era demasiado compasiva con la rubia, ya que por ser la mas chica le daba concesiones, ademas por el hecho de ser "la novedad" y la mas solicitada por los clientes que llegaban dispuestos a pagar por una sesión privada de baile erotico de la chica.

-Maxine ya te pedi perdon, haré horas extras mañana si quieres pero ahora debo salir a escena- La rubia estaba atareada cepillandose el lacio cabello rubio mientras que también se vestía y perfumaba, aquel dia iria de traje de "alice in the wonderland" pero con un contexto bastante llamativo y sensual pues aquella faldita azul y el liguero denotaban las piernas tan bonitas que ella tenía. Se acomodó el corset y se dispuso a ponerse algo que la identificaba, una mascara, cada que daba show decidia siempre ocultar su identidad, y eso a los clientes los excitaba mas que de costumbre.

-Mañana no habrá clientes, ademas te debo dias, asi que puedes tomartelo libre- Indicaba Maxine algo preocupada a su manera de la chica.

-Nooo, Necesito el dinero Maxine, no puedes hacerme esto, si quieres puedo ayudarte con las mesas, pero en verdad estoy jodidamente frita, no tengo ni un quinto para pagar la puta renta- La rubia se notaba preocupada mientras que al cabo de unos minutos la dueña del club la miraba con desaprobación pensando "¿A donde parará esta chiquilla?, sola y lidiando con las rentas, esta deberia estar en la escuela". Asi que solo le quedó mas remedio que ayudarla a regañadientes, pues sabría que la chica no aceptaria otra cosa.

-Ay Toxica, estas jodida... Cuando termine tu turno ve con Willy y dile que saque de caja lo que necesites, pero eso si, me pagaras en cuanto puedas, sabes que no doy nada de a gratis- Obviamente que Maxine no le cobraría nada, pues sus ganancias eran mucho mayores que eso, ya que ese solo era uno de sus negocios ya que por otro lado tenía una tienda de ropa que le redituaba lo que el club con trabajos podía, pero era una forma de ayudar a la chica sin que sintiera que le estaba regalando dinero.

-Esta bien Maxine, ire con willy pero te prometo , de verdad te prometo pagarte- La rubia abrazaba a la mujer misma que sin querer sintió algo de ternura por ella, pero ante todo su carácter le impedía demostrarlo así que la apartó lentamente.

-Ay ya no seas llorona y ve a escena, quiero que hoy trabajes duro, asi que andale- La mujer se retiraba del camerino dejando a la chica con una sonrisa pues por lo pronto podía pagarle a la casera el mes de renta que le había debido. Terminó de maquillarse, ponerse unas botas blancas de cuero hasta las rodillas y se dispuso a salir para iniciar su numero.

El bar Clepohatra no era precisamente uno de los mas glamurosos de Nueva York, pero era suficiente para todos aquellos hombres que deseaban ver chicas casi desnudas moviendose sensualmente. Muchos iban para escapar de sus odiosas esposas y muchos otros simplemente para experimentar el lado ardiente de aquella ciudad quienes recomendados por amigos que habían asistido antes no dudaban en ser espectadores de aquellas bellezas haciendo "pole dance".

El lugar estaba mediano, ya que se podían notar en filas irregulares las mesas circulares tapizadas con tactopiel barato de color negro, en el centro de algunas mesas se encontraban unos tubos firmemente sostenidos para que las chicas pudiesen bailar sin salir lastimadas. Asi mismo el barman se encontraba sirviendo a destajo bebidas y acomodando cervezas en cubetas para servir a los clientes. Las meseras del lugar no estaban tan agraciadas como las bailarinas pero como dicen en mexico "En tiempos de guerra, cualquier agujero es trinchera", por lo que muchos de los clientes no tenían para pagar un privado de las chicas debido a que se lo gastaban en alcohol y cervezas, así que cada regularmente se veían tipos negociando con las meseras para una buena noche de pasión barata y maloliente. Muchas de ellas eran casi señoras, madres solteras que no les quedaba mas remedio que trabajar en un bar de mala muerte para por lo menos costear la educación basica de sus hijos, mismas que en su juventud lo tenían casi todo y por perseguir el sueño americano terminaron asi, "meseritas extremadamente piernudas con medias negras baratas sirviendo y tomando ordenes en un night club". Esa situación a Maxine no le interesaba, pero se aseguraa de que todo fuera a discreción , ya que como ella decía "las puterias afuera de mi negocio" por lo que se percataba siempre que sus empleadas no estuvieran fajoneandose con los clientes en los baños del lugar.

Esa noche Cleophatra estaba abarrotado de clientes, lo que hizo sonreír ambiciosamente a Maxine la dueña del lugar quien no dejaba escapar mesa sin que esta no tuviera consumo. Todos aquellos hombres estaban demasiado escandalosos, pero afortunadamente había tres garroteros que estaban al pendiente por si alguno quisiera armar problemas. El escenario tenía un telón azul aguamarina de terciopelo, mismo que brillaba al refractarse con las luces que enfocaban en ese momento a otra de las chicas que por su vestimenta de policía sexy, es decir, botas altas, short cachetero y medias de maya, hacía que los clientes se pusieran mas gritones y escandalosos esperando a su estrella favorita, definitivamente la mas esperada de la noche y por ende la mas ovacionada. La chica trigueña de cabello ondulado tomaba por fin el micrófono para poder hablar y presentarla por fin.

-Gracias distinguidos y guaperrimos caballeros de esta gran manzana... ¿Verdad que Trishelle esta que se cae de buena?, ja ja, habían de verla hacer ese tipo de bailes en sus privados, ¿Se imaginan ser ustedes el tubo caballeros?,, ¿Quien dijo yo?- La chica hacía de verdad que los demas se animaran pues varios hombres que venían en grupo se ponían a aullar como lobos hambrientos deseando que Trishelle hiciera aquella escena pero esta vez sin nada de ropa.

-...Caaalmenseee mis estimados amigos, ¿O no me digan que como siempre duran muy poco?, ¿Ya tuvieron con Trishh?- Indicaba la chica trigueña retando a los clientes para que se pusieran mas alegres deseando ver lo que seguía.

-Nooooooo, ¡Toxica!, ¡Toxica!- Todos los hombres que vestían trajes y algunos mezclilla se comportaban como viles estudiantes de preparatoria, ya que como siempre votreaban a la mas popular deseando por lo menos recibir aunque sea una flatulencia de ésta para poder por lo menos sentirla. ¡¿Que ridiculo no?.

-Exactoo!, llegó el momento que todos estamos esperando, incluso yo.. ¿Se imaginan a Toxica y a mi digamos... mostrandonos cariño en publico?- Ese comentario hizo que la imaginación perversa de todos los clientes girara a mil poniendose mas excitados y emocionados como una jauria de chacales esperando despedazar a su presa, ya que por alguna razon a todo hombre le fascinaba siempre ver a dos mujeres en acción frenética totalmente desnudas.

-Pues... Caballeros y Jóvenes... me complace en presentarles a la reina... a la diosa... a la diva... a la estrella del Pole Dance y sobre todo la joya de Cleophatra's Secret... con ustedes... T O X I C A!- En ese momento todos aplaudian y aplaudian en lo que todo el escenario se oscurecía para solo dejar un reflector lo bastante llamativo para mostrar inmediatamente a la que todos estaban esperando.

Ahi se encontraba la muy famosa Toxica, sentada de piernas abiertas frente al respaldo de una silla forrada de tela brillante azul. Su cabello esa noche estaba perfectamente lacio y brillante, su vestimenta de alicia en el pais de las maravillas definitivamente hacía volar la imaginación de varios de los clientes que seguían mirandola boquiabiertos esperando siquiera una mirada de la deseada chica. su cara estaba cubierta con una mascara a la mitad dejando al descubierto unos labios pintados de rojo carmin, mismos de los cuales se sobreponía gloss para hacerlos mas brillantes y antojables, ya aunque su rostro estuviese cubierto a la mitad, se dejaban notar unos hermosos y penetrantes ojos verdes con los que al compás de la canción "Is it Love" de Nadia Ali se movian de un lugar a otro de vez en cuando para dar una picara sonrisa a unos tipos mismos que sintieron estrellitas por ser por lo menos dos segundos tocados por aquella sensual mirada, repercutiendo rapidamente en sus entrepiernas.

Toxica se levantó de la silla mientras que lentamente el reflector la seguía al compás de su caminar sensual, ya que constantemente movía las caderas y dirigía unas cuantas miradas expresivas de sensualidad para acaparar mas la atención de todos los ahí presentes. Caminó lentamente hacia las mesas que quedaban casi pegadas a la pista misma donde se encontraban los clientes que mejor pagaban en el club, mismos que reservaban aquel sitio para solo ver de cerca y casi tocar a Toxica, la diosa del Pole Dance. La chica se comenzaba a menear de manera erótica tocándose la cintura, bajando lentamente hacia sus muslos hasta ponerse casi a horcajadas para mostrar el trasero a varios de los que ahi estaban volviendose a incorporar lentamente para no dejar ver mas alla de lo que deberían ver.

Seguido a esto Toxica se dirigió a uno de los tubos centrales mismo que siempre utilizaba para poder dar su espectáculo como era debido. La gente vitoreaba a la chica para que comenzara a realizar su rutina que a decir verdad era digna de llevarse a un campeonato mundial, ya que la forma en la que se trepaba, giraba, deslizaba y sobre todo aguantaba solo con la fuerza de sus manos el peso de su cuerpo sostenienda solo de aquel metal era por muchos identificado como sublime y artisitica. A decir verdad ninguna de las otras bailarinas hacía lo mismo que ella, por lo que Maxine reconocía que si la dejaba para el final del show definitivamente las masas cachondas y erectas la aclamarían, pues era evidente que sus entrepiernas estaban tan emocionadas que parecian "carpas de circo ambulante", chuecas e improvisadas.

En ese momento la chica tomó el tubo con una de sus manos para posteriormente hacer fuerza y colgarse apoyada de su pantorrilla derecha, esto le serviría para tomar impulso y dirigirse hasta casi el tope donde con un movimiento sensual y delicado descendia en espiral suavemente sin notar que hacía una fuerza descomunal. Al hacer esto los gritos y aplausos se dejaron sonar por los clientes que admiraban espectantes la actuación y acrobacia de la chica rubia. Incluso las demas compañeras bailarinas se quedaban a ver todo el espectaculo deseando ser ellas las ovacionadas.

Al compás de la musica dance, Tóxica comenzaba deslizarse dando algunas vueltas suaves que posteriormente se volvían algo rápidas hasta tocar el piso donde daba algunas sentadillas en forma de vaivén simulando una escena de sexo con el mismo tubo, ya que sostenida con ambas manos de el, agachada movía su cabeza girandola para hacer volar un poco su cabello rubio, eso excitaba aun mas a los clientes, "¡Esta ricura sabe lo que hace pendejos!", se escuchaban comentarios de algunos tipos que iban en grupo admirando el trabajo de Toxica.

En ese momento casi terminaba la canción por lo que la rubia decidió ahora que "era tiempo de la cosecha de la noche" por lo que sutilmente fue a cada mesa trepando agilmente por algunas mesas para posteriormente ofrecer mini privados con el afan de obtener propinas. Muchos eran demasiado tacaños ya que solo le dejaban cinco dolares," ¡Malditos pendejos!", pensaba para si misma, pero muchos otros no dudaban en soltar mas efectivo por lo que la chica comenzaba a bailarles mas prolongadamente que a los tacaños.

Asi había estado hasta el momento en el que algo demasiado extraño había pasado, ya que cuando tóxica se pasaba a otra mesa observó que en el fondo había alguien de lo mas peculiar, pues la vestimenta y aquel sombrero no era algo que se viera todos los dias. Observó entonces que había un hombre anciano sentado tomando una copa de wisky en las rocas. Ese hecho le pareció extraño por lo que sutilmente fue acercandose mas y mas ganandole la curiosidad, y aunque muchos seguían esperando el turno del privado con la chica, ella los ignoraba al fijarse en la mesa del fondo. "Viejo loco, ¿Que hace en un lugar como este y vestido asi?, parece sacado de un circo", pensaba la rubia mientras se acercaba mas y mas. Aquel hombre de edad madura no la miraba como todos los demas, cosa que la extrañó un poco, pues aquellos ojos reflejaban otra cosa que no era deseo, era algo... diferente que no se podía explicar.

Se acercó lentamente a la mesa pero en ese momento aquel hombre desaparecía de sus ojos como por arte de magia, "¿Magia?, pero si hace rato el tipo anciano estaba sentado ahi... incluso la copa de wisky... desapareció con el", pensaba contrariada la rubia quien en ese momento no debía perder la compostura pues el show debía continuar, asi que se incorporó hasta recolectar todas sus propinas de aquella noche para dirigirse nuevamente a la pista donde cerraba con broche de oro haciendo una posición en cuclillas dando un ultimo giro a su cabeza. El publico la ovacionaba de pie deseando que hiciera otro numero, pero como dicen "el elixirl de los dioses solo se bebe en pequeñas dosis", por lo que si deseaban ver mas de tóxica debían presentarse la siguiente semana o los siguientes dias.

El show continuo con las bailarinas de apoyo mismas que abiertamente bailaban con los pechos al descubierto mostrando unos pezones seductores. Mientras tanto tras bambalinas toxica seguía contrariada de lo que había visto hacía unos minutos, realmente no podía creer que hubiese un hombre en la ultima mesa mismo que desaparecía ante sus ojos. "¿Me estaré volviendo loca?, ¿Tanta mierda me tiene asi?", pensaba para si misma la rubia al dirigirse al camerino donde rápidamente se desvistió dejandose en aquella lencería color marrón que acentuaba perfectamente su piel blanca bronceada para disponerse a vestir, mientras en ese momento alguien abrió la puerta.

-Asi que a esto te dedicas...Toxica?, con razon me decías que eras mas popular que la anciana Britney Spears- El chico castaño con el que se había topado había entrado a ver a la chica por sopresa mientras que ella inmediatamente se ponía una toalla para que por lo menos pudiera reprenderlo como se merecía.

-Tu aqui?, ¿Acaso me estas siguiendo imbecil?- La chica estaba realmente ruborizada, era como si nunca en la vida la hubiesen visto semidesnuda.

-Ja ja, ¿Ahora te pones ropa?, cuando hace una hora estabas mostrando ese.. hermoso, escultural, delicioso y bien acomodado cuerpo tuyo- El chico trigueño se intentaba acercar pero la chica lo empujaba para que no se acercara, lo hizo de manera brusca pues cuando ella se enojaba realmente era una fiera.

-Una cosa es el jodido trabajo y otra muy diferente a...- La chica lo amenazaba con el dedo indice pero el chico le tomaba la muñeca algo fuerte, cosa que asustó a la chica sobre manera.

-Cuanto vales?, ¿Cuanto me cobras un privado con servicio completo?- El chico miraba furtivamente con deseo y curiosidad a la rubia misma que en ese momento deseaba apartarlo pero miraba sus ojos. Aquel chico castaño tenía unos ojos de color miel hermosos, esa mirada efectivamente fulminaba a cualquier chica, incluso a ella misma, pero no podia creer que detras de aquellos brillantes y llamativos ojos amielados se encontrara un patán que engañaba a su novia y mentía a sus padres para obtener lo que quiere, un mounstro apuesto de piernas fuertes y brazos marcados por el ejercicio, eso sin contar con aquella "dotacion" que ella había tocado hacía mas de una hora. Por primera vez se sintió ofendida, sucia, una mujerzuela hecha y derecha, "¿Cuanto vales?", fue una frase que retumbó en su cerebro, haciendola reflexionar de muchas cosas, una de ellas, valia mucho mas que un acostón.

-Demasiado cara pendejo de mierda, para ti valgo lo que tu ratero padre gana todos los dias dandote los lujitos, tu carro del año con el que trepas a zorras de verdad, con el que engañas a tu novia viniendo a estos lugares a ver bailarinas exoticas- Amenazaba bruscamente la rubia al chico safandose de el con brusquedad.

-Ahora resulta que hasta dignidad tienes?, no seas tonta Toxica, quiero que solo bailes para mi, quiero que tus miradas de deseo me enherben todos los jodidos dias, ademas, todos tenemos un precio, y por mas cara que seas puedo pagar por ti- El castaño se acercaba de nuevo a ella pero en ese momento la chica rubia no contuvo mas la rabia deseando hacer tragar aquellas asquerosas palabras por lo que algo extraño pasó. En ese momento algunas mascadas que estaban en el pequeño armario del camerino salían para amarrar al chico por si solas, una se le enredaba en un brazo, y las otras en las demás extremidades, otra se le amarraba al cuello casi ahorcandolo cosa que lo asustó demasiado.

-Que... quien... maldita...- El chico estaba ahora totalmente sometido mientras que la rubia estaba igual de extrañada que el por lo que estaba sucediendo, comenzó a palidecer sobremanera contemplando aquellas mascadas que amarraban al chico con mucha fuerza. Se dió cuenta entonces que había vuelto a pasar, se había enojado y asustado por lo que aquellos fenómenos ocurrian, pero esta vez era para protegerla, era como si ella hubiera deseado amarrar al chico y darle una lección ya que ella estaba totalmente libre, pues ninguna mascada había llegado a ella. Respiró profundamente tratando de tener el control de la situación y al mismo tiempo encendía un cigarro para tranquilizarse, después se rió de manera diabólica cosa que asustó aún mas al cachondo muchacho.

-ja ja ja, mirate nada mas gran macho de mierda, ahora no eres tan hombrecito verdad?- La rubia se agachaba mas para ver la cara del muchacho.

-Quien... eres tu... quitame... esto...-El chico estaba implorando rigidamente que lo liberara pero ella disfrutaría cada segundo viendolo sufrir de esa menera, le haría tragar sus palabras, le regresaría la humillación, daba gracias a quien sea por esa oportunidad.

-Lo lamento, pero como verás no puedo siquiera controlarlo... ahora que lo mencionas... ¿Recuerdas lo de tu coche?, me refiero a las puertas que se abrieron- Preguntaba sarcástica y divertidamente la rubia mientras el chico asentia lentamente llegando por fin a una conclusión: ella había sido quien lo había hecho.

-...Pues, eso lo deseé, salir de tu maldito coche o debo decir, servi taxi para mujerzuelas?... jaja, bueno, el caso es que esto es parecido, cada que me enojo o me encabrono como ahoritaaaaaa...sucede algo asi- La chica reflexionaba por primera vez que todos aquellos sucesos que experimentaba, ella misma los deseaba y se cumplían, ahora comprobaba y caía a la cuenta de que algo no iba normal. Por otro lado el chico castaño la miraba con asombro ¿Quien era esa chica?, ¿era verdad lo que decía? o acaso habia hombres tras el armario que lo habían amarrado, eso lo descartaba debido a que nadie estaba ahi mas que ellos dos.

-Que clase de... bruja eres...- Preguntaba el chico con rabia por lo que le estaba sucediendo mientras que en ese momento la rubia se dirigía al espejo.

-¿Bruja dices?...pues si... creo que tienes razon... soy una jodida bruja que por fin ha mostrado su maldad... despues de tanta mierda en mi vida creo que por fin empieza a salir por si sola... -La chica rubia hacia una pausa mirandose fijamente al espejo.

-Pero sabes?... creo que ese término no me queda, asi que debo ser el mismismo diablo, solo él puede estar en este ambiente lleno de mierda y vómito despues de una resaca- En ese instante se apartaba del espejo y volvía su mirada al chico, ¡Vaya que era bastante guapo!, y al verlo sufrir contempló sus ojos, parecía un niño pequeño pidiendo auxilio despues de haber visto a un fantasma, en este caso la rubia.

-Me tienes miedo?- Preguntaba la chica sensualmente al oido del castaño mientras éste no se movía pues ahora la consideraba peligrosa.

-¡¿Que si me tienes miedo con un carajo?- La rubia tomaba de los pómulos bruscamente al chico mientras este la miraba con tremendo susto, pues no encontraba que contestar al respecto, aquella chica le habia dejado demasiadas sensaciones en una misma noche. En ese instante la rubia soltaba su mentón y quitaba la mascada que tenía en el cuello sometiendolo, seguido a esto acariciaba su mejilla lentamente bajando hasta su cuello acercándose mas a él, y cuando lo tuvo suficientemente cerca le susurró en los labios.

-Pues... yo si tengo miedo- En ese instante le dió un profundo beso en los labios haciendo que la tensión del chico castaño se evaporara lenta y sutilmente. Cuando aquellos labios ahora estaban conectados la chica experimentó muchas emociones que había enterrado a causa de tipos que la habían engañado con otras mujeres, sintió de nuevo aquellas mariposas en el estomago y sobretodo el calor de unos ricos labios que sabian besar, pues el chico le correspondía el beso sin ningun problema dando a notar el gran trabajo que no solo hacía con su novia, sino con otras chicas a las que conquistaba.

Seguido a esto la chica desabrochó lentamente cada una de las mascadas liberando poco a poco al castaño quien en lugar de golpearla la tomaba entre sus brazos disfrutando aquel cuerpo que estaba deseando, pero en ese instante la rubia lo detenía de nuevo y lo miraba fijamente.

-Ahora largate de aqui, largate de mi vista, de mi camerino, de mi club, de mi vecindario y sobre todo... de mi vida o te haré peores cosas que esta, creeme sería peligroso para ti involucrarte conmigo maldito idiota- La chica susurraba pero sus palabras eran duras y estrictas, pues lo decía con una seguridad que muchas mujeres querrían en estos tiempos. El chico se sorprendió tanto de aquella acción que dudaba en hacerlo, al principio tenía miedo pero ahora aquella chica rubia le mostraba algo mucho mas enigmático que un cuerpo lindo y deseable, le mostraba a alguien con desición y carácter, cosa que incluso a él mismo le faltaba.

-Me matarías entonces?. ¿Admite que te gustó?, toxica... tu...- El chico la miraba ahora con ansiedad, como si deseara comersela en ese momento, se estaba convirtiendo para él en una obsesión, en algo que debía de tener como sus demás reliquias, su colección de chicas, deseaba que fuera parte de aquella cama que tenía un millar de historias que contar sobre varias universitarias y amigas de ellas. Pero ella no era así, era diferente, ¿Por que algo tan bello tendría que estar en esos lugares?, no lo sabia, mas sin embargo deseaba descubrirlo todo.

-Que te largues he dicho, y por tu bien, no vuelvas por aqui- La diosa del Pole dance por primera vez tenía unas lágrimas contenidas en los ojos, mismos que escondía de la vista del castaño, ocultando bastante bien y de la misma manera aquella voz que comenzaba a quebrarse. El chico la miraba con curiosidad deseando estar mas tiempo pero sabía que si la chica volvía a enfadarse haría de nuevo algo peor, asi que tomó la desición de irse, de largarse para siempre con su obsesión por Toxica, la reina y diva del baile sensual en tubo, sería un capricho que jamás tendría, por lo que cruzó aquella puerta para irse definitivamente. En ese instante la chica rompió en llanto silencioso, pues volvía a pasar lo de siempre, mezclaba sentimientos absurdos con la razon y la realidad, cosa que al ser combinadas no daban ni el mas minimo buen resultado.

Ahora se le venía a la mente algo que había vivido de niña, pues recordaba la ocasión en la cual su madre decidía llevarla al circo acompañada de su hombre en turno, ella estaba feliz de ver a los trapecistas y payasos que daban el espectaculo mientras que terminado el show, ella decidía ver mas de cerca a esos graciosos hombres maquillados con zapatos demasiado grandes por lo que corrió hasta sus camerinos llevándose la sorpresa de que aquel payaso se encontraba hecho un mar de lágrimas. Fue entonces que comprendió aquel dicho "mientras el telon bajaba, aquel gracioso payaso lloraba", y ahora de joven entendía aquel dicho, pues en ese momento le pasaba lo mismo, el show finalizó y su momento de gloria terminó aquella noche, dejando solo aquella soledad que sentía.