*************Educando a Bryan*********
Summary: Bryan creyó que su vida era perfecta, más un día un pequeño visitante altera toda su vida, Yuriy tiene un hijo... mas es de su ex amante y ahora ellos deben hacerse cargo de ese pequeño ¿que reacción tendrá Yuriy? ¿Bryan querrá cuidar un hijo que no es suyo?
Disclaimer: este anime no es mio bla bla bla, lo uso para liberar mis desequilibrios mentales, bla bla bla… es un trabajo en conjunto con mi amiga y sempai Nyu oz leonhart espero que les guste
CAPITULO 3: UN DIA AGITADO
Una vez de vuelta en el auto, notó que tenía un pequeño problema…
-¿Lila co?-
-¿Qué haré con él?- necesitaba pensar, el niño estaba a su cargo, no podía llamar a Yura para decirle que no lo dejo en la guardería por los estúpidos mil abate lenguas, que ahora recordaba había dejado sobre la mesa en la mañana o por la batita amarilla que tenía en el asiento del copiloto.
No, no podía llamar y decir que tenía que cuidar a la pequeña rata amarilla todo el día. Colocó un disco en el DVD del asiento trasero para que el niño cantara alguna de esas canciones ridículas que traía, mientras buscaba un lugar donde pensar. Arrancó el auto en dirección a su casa.
-Lila co, lila co…- llamaba el pequeño sin obtener respuesta -¡Papá!- grito al fin llamando la atención del mayor -¡hambe!- Nunca pensó que el tráfico a esa hora fuera tan atroz, se detuvo en una plaza y sacó al niño cargándolo en brazos, al parecer esos pequeños animalitos tenían hambre todo el tiempo. Sería una parada rápida antes de regresar pues no quería cocinar absolutamente nada.
Entró a un local que él conocía muy bien, el simple olor lo reconforto.
-Buenos días Bienvenido a Starbucks La gran plaza Delta.-
-Si, si, si, ¡te callas! –cortando la presentación del chico que lo miro con algo de terror a pesar del pequeño que se divertía al ser agitado por las grandes zancadas de su padre- dame un expreso y un descafeinado- hacia su pedido, efectivamente llevaba el pequeño rubio por café, pero no era tan tonto, al menos pidió un descafeinado para el pequeño, este maravillado jugaba y golpeteaba el mostrador mientras la gente que discutía en voz baja o estaban inmersos en sus tabletas electrónicas.
-¿Algo más?- preguntaba algo temeroso el coffetender
-Si, una de… mmm esa cosas que el pequeño señala-
Un poco después el mayor resoplaba cansado mientras el pequeño mojaba sus galletas en la enorme tasa de café que tenia frente a él.
Las personas entraban y salían, alguna miraban al pequeño rubio y a su rudo acompañante con algo de sospecha, cosa que al ruso le daba exactamente lo mismo, estaba más ocupado pensando qué hacer con el niño el resto del día, el pequeño trataba de elevar su tasa para beber tal y como lo estaba haciendo su papá
Repentinamente, la tasa cayo empapando la mesa, como era de esperarse, el pequeño lloraba -duele- alcanzó a decir
-¿qué pasa?- el ruso lo miraba sin saber que hacer, movía las manos frenético pero sin tocar al pequeño, ni poder controlarlo, los nervios le invadieron.
-se quemo- dijo una mujer llegando a su lado, mirando al ruso como un idiota, todos los presentes en el establecimiento hacían los mismo, lo miraban enfadados por haberlos interrumpido, ese no era un lugar para niños.
-Bryan que sorpresa- la voz de Hitoshi inundo el lugar
-hey…Hito…- pero antes de terminar la frase, el resto del café derramado caía sobre las piernas del mayor -¿Qué demo…?- se contuvo al ver como el pequeño se removió asustado por el grito
-Hiro, quédate aquí, iré a limpiarme- sin dar oportunidad a replica, se puso de pie, su impecable pantalón blanco ahora tenia una gran mancha que cubría la mayor parte. –Pueden ir a limpiar ese desastre- le gruño a uno de los encargados- mientras en el baño hizo vagos intentos por limpiarlo.
Veinte minutos después salio lo más decente posible, que no era mucho mejor de cómo se había ido, descubriendo que aun no limpiaban ni una gota del liquido derramado. Después de varias amenazas y gritos, logró en hacer que limpiaran.
-te vez bien- se burlaba el entrenador ya con un par de cafés para llevar en la mano – y cargando al pequeño en la otra- bueno, veo que estas mejor, me tengo que ir, Broo me espera, nos vemos, fue lindo verte de nuevo mi adorado Yura- dirigiéndose al niño
-poka* tio hito- dándole un tímido beso de despedida. Bryan tomo asiento de nuevo a lado del rubio el cual no había tocado sus alimentos desde el incidente
-come…terminemos con esto- trataba de sonar tranquilo, masajeando sus sienes para no atacar cual perro rabioso a cualquiera que se le pusiera en el camino.
-¿papá?…pedon…no nojes- susurraba el pequeño tirando de la manga del mayor pero sin levantar la cabeza.
-no, yo no…no estoy enojado contigo…no es contigo- acarícianosle los cabellos
Después del incidente el pequeño había comido mucho más dulce del recomendado por lo que corría cual hámster desbocado por todo el local, salieron y se dirigieron a casa, con su pantalón manchado no irían a ningún otro lugar
Tardaron un poco en llegar hasta la privada donde vivían –al fin en casa- susurró el mayor, bajando el rubio del asiento, que él seguía insistiendo era como una camisa de fuerza con tantos cinturones. Una vez abajo el pequeño corrió hasta llegar al jardín comunal para ir detrás de unas palomas, era un área verde, reservada para los inquilinos, espaciosa y cercada por lo que dejo que se divirtiera –demonios- dijo al recordar que estuvo frente a Hiro, ese sujeto podía aclararle muchas cosas sobre el nacimiento del pequeño -demonios- repitió.
Hiroshi Kinomiya era un fisioterapeuta en la empresa de Miguel, además del mejor, si no es que único, amigo y confidente del rubio, si alguien sabia cómo esa pequeña plaga llego a este mundo era él. Además ese tipo de cabellera azul era de los pocos que podrían considerarse medianamente tolerables en el circulo de conocidos de los rusos.
Al seguir con la mirada el juego del pequeño notó que no era el único adulto presente, otras madres y niñeras estaban en el mismo jardin divirtiéndose con otros niños un poco más grandes.
Al menos podrían distraerlo un poco y si se cansaba dormiría y eso le daría tiempo libre. Sí, el que jugara era buena idea. Al menos eso es lo que se pensaba.
No pasó ni media hora cuando el grito de muchos niños lo asusto, los adultos corrieron a ver lo ocurrido, dos niños yacían en el piso, uno de 5 años y el pequeño yura que se sostenía la cabeza
-Chocaron y se cayó, no fue su culpa, fue un accidente- explicaban los otros niños a sus mamas.
-Yura levántate- exigía Bryan, pero el pequeño seguía de rodillas en el piso sosteniéndose la cabeza –Yura- le tocó y ese fue el detonante para el llanto. Los gritos de dolor lo alteraron más que la sangre corría por la frente del niño.
Lo levantó para observarlo, la sangre manchaba el cabello rubio tiñéndolo rápidamente, eres bombero por Dios santo, puedes controlar esto, la cabeza es escandalosa, si sigue llorando es buena señal, no puede ser grave- eso analizaba su mente pero su cuerpo no reaccionaba. Él era un hombre de acción, los problemas y los accidentes eran su pan de cada día, entonces, por que rayos no sabía que hacer, se quedó mirando como la sangre corría sin detenerse manchando la playera del pequeño
-Llévelo al hospital- gritó una mujer.
La voz de su vecina lo despertó, abrazo al niño y lo subió al auto, ¿debía llamar a Yura? Obviamente no, el hospital estaba escasos minutos de ahí, pero los gritos del pequeño y su propia desesperación no ayudaban. Marcó un número conocido
-Marcus…dime que estas trabajando- su siempre taciturna voz ahora se notaba desesperada.
-Si, estoy en urgencias, ¿que te pasa?-
-Llego en dos minutos, atiéndeme- sin mas colgó
Dejo el carro mal estacionado en la zona de ambulancias, las puertas abiertas y las llaves puestas, nada más importaba.
Su "amigo" ya le esperaba en la entrada con su clásica bata blanca y su pose indiferente, mas no se esperaba lo que el ruso traía, literalmente, entre manos.
Ayúdame- le suplico desesperado.
El médico lo llevó de inmediato a un privado donde atendería al pequeño que no había dejado de llorar ni un segundo.
-Sabes el procedimiento, ve a ingresarlo- lo corrió el medico.
Las manos del platinado temblaban, por nervios, por miedo, miedo que no había sentido nunca. Una angustia que no conocía. No podía escribir, el sudor en sus manos, el temblor en todo su cuerpo, su mente distraída, y sus ojos únicamente mirando la puerta por donde había desaparecido el pequeño.
-¿Le ayudó?- ofreció una enfermera, conocía a la mayoría de los de ahí, al menos de vista, eran del ramo de las urgencias así que estaban muy sorprendidos de que alguien como él, y especialmente él, estuviera en ese estado.
-¿Cuál es su nombre?-
-Bryan- contestaba mecánicamente
-El nombre del niño- recalcaba la enfermera con mucha paciencia
-Yura…Yurandir…Ivan...Lavalier- arrastró cada letra de ese apellido como si le quemara la garganta, trago con dificultad sin despegar la vista ni un segundo de la puerta cerrada que daba al privado.
-¿Cual es el parentesco?-
-¿Qué?-
-El niño ¿qué relación tiene con el niño?- aclaraba la enfermera para seguir llenando los datos
-¿Qué?- pero Bryan aun no comprendía del todo lo que le decían
El teléfono sonó de repente, del susto casi lo tira, malabareó un poco antes de poder sujetarlo.
-Señor- llamaba la atención la mujer
-Yo…- trato de articular, la melodía sonaba con mayor fuerza
-Señor, ¿qué es el niño de usted?-
-Mi hijo- soltó iracundo -¿que quieres?- contestó cortante el teléfono
-Quería saber cómo les fue en la mañana- su esposo del otro lado de la línea -escuchaba el ambiente de fondo –¿cambiaste tu horario? ¿no Entrabas en la tarde?- preguntaba al notar el sonido de la sala de urgencias
-No te alteres ¿ok? Yura tuvo un accidente, pero no pasa nada. Estamos en urgencias, no te podía esperar, ahora tengo prisa me llaman adiós- colgó dejando al otro a punto del colapso.
Se dirigió a donde ya NO se escuchaban los gritos del pequeño, por alguna razón ya tenía los papeles en la mano y le habían dado acceso para ver como el pequeño comía sin dificultad una paleta y traía entre las manos otras 20.
-¿C-c-cómo esta?- la sonrisa del pequeño desapareció al ver la expresión del mayor
-Esta bien, sólo fue una cortada simple, la cabeza es escandalosa, ya deberías de saber, tres puntos y que no se lo rasque. Quedará como nuevo en unos días- anunciaba el doctor dándole tantas paletas como pudiera sostener el rubio en sus pequeña manos.
-Yura- se acercaba el platinando intimidando a pequeño
-No nojes- susurraba el pequeño con la mirada baja
-No me enojo, no estoy enojado- respiraba tranquilo, de repente sintió una debilidad como nunca, pero al mismo tiempo un alivio
-Papa ¿no tas nojado?- lo miraba expectante, recibiendo una negativa por el otro, de inmediato sonrío y extendió las manos con todas la paletas –tuyas- el otro las tomó con una mano y lo abrazó delicadamente -pala tu-
-Quien hubiera pensado que te verías tan bien con un hijo- se burlaba el médico
-¿Donde consigo esos conos para que no se rasque?-
-Por Dios Kuznetzov no es un cachorro, cuídalo adecuadamente, esta vez tuviste suerte y hablando de eso, ¿notaste que tus pantalones tiene una gran mancha café?-
Bajo su mirada, con tanto ajetreo olvido por completo la mancha en su pantalón
-Demonios.-
-Emonios- repetía el pequeño
-Ve a darte un baño y aprovechas para quitarle la sangre del cabello.-
-¿Bañarlo?- El jamás había bañado a ese cachorro, es más nunca había bañado nada que fuera más pequeño que su marido, tenía un serio problema y su cara de horror lo delataba.
-No tengas miedo, es sólo un niño- seguía burlándose el medico- lávale el cabello a menos que prefieras cortarlo.
Unas horas más tarde ya estaba de vuelta en casa, preparaba la comida mientras el pequeño dormía sobre el sillón hipnotizado con la tortuosa música el dinosaurio morado. Las enfermeras le habían dado un libro de menús infantiles por lo que la opción de hamburguesa se descarto por completo –pero ya tiene dientes- era la justificación que le dio a la jefa de nutrición que le regresó un golpe con el gran libro que ahora usaba como recetario.
-¿Dónde esta?- gritó eufórico el pelirrojo entrando a la casa- -¿Dónde esta mi bebé?-
-¡Papi!- gritó el rubio despertando
-Rayos, tanto que me costo dormirlo- salía Bryan de la cocina –bienvenido-
-¿Cómo que bienvenido? en la mañana me dijiste que mi bebé estaba en el hospital y me sales con un ¡bienvenido!- la furia era absoluta-
-Te dije claramente que no te preocuparas-
-¿Cómo no quieres que me preocupe si te lo llevaste a urgencias?- Yurandir salió corriendo al encuentro de su padre pelirrojo- ¿y qué demonios le hiciste a su cabello?- sosteniéndolo por la axilas y alejándolo de su cuerpo para apreciarlo mejor
-Igual a Pelo de papa Blayan- reía orgulloso el rubio son su nuevo corte, que ahora era idéntico al del platinado.
-¿blayan?- sosteniéndolo en un brazo mirando la cicatriz
-así me llama esa pequeña rata…¿algún problema? – gritaba el otro desde la cocina –al menos ya no me dice gorila blanco-
-bien…blayan- repetía el pelirrojo llegando hasta la cocina con el pequeño en brazos –quiero que me des detalles de cómo pasó esto-
Nota de la autora: Lo repetiré en cada capitulo, escribo esto por encargo (y amenaza) de nyu, que dejo de publicar en conjunto pero no así de ayudarme, espero poder publicar el siguiente lo más pronto posible. Si Bryan no me mata antes claro.
Espero sus comentarios, saludos y gracias por leer
*Poka= Adios
