Capítulo V: Un día con Malfoy...
N/A: La verdad es que esta historia está tomando caminos por demás... "curiosos"... pero ¿Una historia bizarra para una autora bizarra, no? Ah... whatever...
Harry abrió los ojos, sorbiendo la baba que se escurría inevitablemente de la boca. Miró los grandes números del reloj, estúpida fuera su miopía..., tenía el maldito reloj ha un palmo de distancia, los números tenían cinco centímetros de alto, y aún así, los veía desenfocados. Se removió como un gato, para disponerse a dormir de nuevo, Remus seguía durmiendo y Sirius.... indudablemente, también..., cuando su padrino se despertaba, era como si una marejada se instalara en la casa, hasta que Remus o él mismo llegaban a poner fin al desastre que causaba el inmaduro merodeador. Porque, Sirius parecía tener la misma edad que su ahijado, contando con que éste era tres mil veces más maduro que el mismo animago. Pero, parecía obvio..., Sirius había estado trece años en un estado de casi hibernación, convertido en un can, en Azkaban. El hombre, en realidad era un veintiañero encerrado en un cuerpo adulto.
Había caído en el estado "estoy dormido, pero, estoy consciente de qué estoy dormido". Aquel extraño estado en el que no estabas dormido, pero, tampoco estabas despierto, del todo. Suspiró complacido, eran pocas las veces que podía estar así. Un ruido inidentificable para él en esos momentos, lo comenzó a devolver de su limbo.
Un poco molesto, abrió un ojo y trató de identificar el ruido. Era su celular... ¿Cómo era eso posible? Las únicas personas que tenían su celular, eran: Sirius y Remus... si resultaba ser una llamada equivocada, se cargaría a maldiciones al estúpido que osaba equivocarse de número a esa hora. Alargó la mano y miró el celular. Al lado de la animación de un teléfono sonando, decía: "Malfoy".
— Malfoy —Habló ronco, aclarándose la garganta luego de ello, para poder seguir hablando—. ¿Por qué COÑO DE LA MADRE me llamas a esta hora de la mañana?
— Buenos días, Potter.
— ¿Qué tienen de buenas? —Gruñó el niño-que-vivió.
— Te cuento, no te lo vas a creer, pero, mi padre decidió botarme de la casa, así que, hice un sorteo, para ver a quién le decía para que me acompañara y... saliste tú... ¿qué cosas, no?
— ¿Qué te botaron de tu casa? —Preguntó sin entender. Parecía que aún estaba demasiado dormido...
— Sí, Potter. Me botaron de mi casa, mi padre: "Draco... tienes que salir..." y entonces yo le dije que no tenía ganas..., no me di cuenta de nada más, cuando, estaba con mi bolso en la calle paralela a la mansión.
— Eh...
— Así que, vístete que el destino ha declamado que te lleve a desayunar.
— Malfoy... —Gimoteó Harry, sin poder creérselo—. ¡Dentro de cuatro días volvemos Hogwarts! ¡Yo quiero dormir, estúpido hurón!
— Ya te he dicho que no sean tan llorón, Cara-Rajada. Vamos a desayunar, porqué así YO lo digo ¿se entiende?
— Vete a la mierda, Malfoy.
— Te doy a elegir ¿A dónde quieres ir a desayunar? ¿Al mundo mágico o al mundo muggle? Conozco un sitio buenísimo, es un café muggle.
— ¿Por qué me ignoras?
— ¿Lo siento, decías?
— Que voy a seguir durmiendo...
— Ya... puedes venir vestido con tu pinta de delincuente, si gustas... yo tampoco estoy muy bien arreglado que digamos, ¿Quieres qué pase por ti? ¿O nos encontramos en algún sitio...? —Malfoy quería morir a punta de maldiciones ese día...
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— Cachorro ¿A dónde vas? —Preguntó Remus con el ceño fruncido, al verlo molesto, vestido y dispuesto a irse. Miró a Sirius, quien leía el profeta con tranquilidad, tomando su café mañanero.
— A desayunar —Masculló con ira mal contenida.
— ¿A fuera? ¿Solo?
— No, me invitaron, ahora, es hora de largarme...
— ¿Estás bien?
— Sí, perfecto, sólo voy a ir a asesinar a la persona que decidió despertarme...
— Esto... ¿Quién...? —Sin embargo, Harry ya había desaparecido. Miró al Sirius con reproche. El animago al sentir la mirada de su amigo, alzó la vista.
— ¿Qué hice ahora?
— ¡¿Y no te importa, Harry?!
— Remus, siéntate y no seas paranoico. Harry estará bien..., sólo va a ir a desayunar...
— ¿Y me puedes decir, según tú, quién invitaría a Harry a desayunar?
— Ummm... excelente, pregunta, luego curiosearemos... ¡si alguien le ha echado el gancho a mi ahijado, tengo que saberlo! —Remus le metió una colleja a Sirius y se fue de allí, para prepararse e ir a trabajar.
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Abrió los ojos cuando escuchó su apellido bajo la particular forma de hablar de Draco Malfoy. ¿Malfoy le había dicho que no estaba bien arreglado? ¡¿Qué en el nombre de Merlín era estar arreglado para el Slytherin? Se percató de que estaba más delgado y hasta un tanto demacrado, unas ligeras ojeras se pintaban en sus ojos, haciéndole lucir un tanto enfermo. A pesar de que su máscara de superioridad y altanería estaba allí como siempre., haciendo parecer que nada se había desviado de su camio usual.
— Días, Potter. ¿Todavía de mal humor por qué te desperté?
— Vete a la mierda, Malfoy...
— Pero estás aquí ¿no?
— Por supuesto que estoy aquí, Maldita Serpiente, se podría decir que ibas a comenzar a chantajearme si no venía...
— Soy un Malfoy, Potter, los Malfoy jamás recibimos un No por respuesta. ¿Decidiste en dónde querías desayunar?
— Eh... —Definitivamente, Draco era único en su clase.
— No importa... vamos a ese sitio muggle que te comenté, después de todos. No estamos vestidos para ir a ningún otro lado.
— Malfoy.
— ¿Mm?
— ¿A qué coño, exactamente, llamas tú, no estas arreglado? ¡Por Merlín! ¡Vamos a desayunar! —La única respuesta que recibió del rubio, fue una encogida de hombros. Restándole importancia—. ¿Y en serio hiciste un sorteo?
— Por supuesto...
— ¿Y yo soy el raro? ¡De verdad que no termino de entenderte!
— Realmente, no importa ¿O sí? ¿Quieres aparecerte en las cercanías o prefieres que tomemos un taxi? No deben ser más de las nueve, así que estamos holgados de tiempo.
— Has lo que quieras... voy detrás de ti —Firmó su resignación.
— ¿No fue tan difícil verdad? —Harry sintió que la furia volvía a ebullirle en el pecho. Aspiró y Exhaló unas cuantas veces antes de seguir el paso al rubio, quién, batiendo cualquiera expectativa había detenido un taxi...
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— ¿Mesa para cuántos? —Les interceptó una camarera, amablemente.
— Mesa para dos, por favor —Draco, con todos sus modales Malfoy, a relucir. Harry se sentía un poco inútil, en aquellos momentos.
— Síganme —Les pidió, llevándoles a una mesa, en la parte exterior, todo era moderno y en tonos cremas. La mujer, diligente, limpió la mesa y colocó un servilletero en el medio de dicha. Luego sacó de los bolsillos de su delantal un talonario y volviendo a sonreír—. ¿Qué van a desear?
— Umm, ¿Podría ver la carta? —Solicitó Harry no muy seguro.
— Por supuesto —La muchacha se alejó unos pasos y agarró dos cartas y se las entregó.
— Esto... creo que voy a pedir unas crêpes con crema y fresas y un jugo de naranja...
— Vale, una ración de crêpes amor y un jugo de naranja ¿Te gustaría que fuera frappé?
— Bueno...
— ¿Y qué vas a querer tú? —Se dirigió a Draco, con más interés del debido. Harry soltó una risita tonta.
— Por ahora, nada. Gracias —Cortó sin siquiera mirarle a lo ojos.
— Está bien —Se despidió algo desanimada.
— Entonces, le gustaste a la camarera...
— Cállate, Potter. Es una sucia muggle, no merece mi atención...
— Ay Malfoy... aún está mi augurio de que te vas a enamorar de una sucia y pobre muggle.
— Primero muerto, Potter.
— Vale..., vale, no te sofoques, que luego se te arruga la cara...
— ¡Ja! Ya quisieras que se me arrugara la cara... y hablando de muggles y pobres ¿Qué es de la vida de la Sangre Sucia y el Pobretón?
— Malfoy... no les digas así.
— ¿Por qué? Yo no tengo la culpa que la verdad duela.
— Porque esa no es la verdad, Hermione es hija de muggles y Ron simplemente no tiene tú estatus...
— Nuestro estatus Potter, no sé que te posee para andar con esa escoria andante.
— Respondiendo a tu pregunta, porque no vamos a ningún lado. Ron supongo que... está en su casa y... Hermione con sus padres. La verdad, es que lo sé con seguridad, nos vimos... umm... bueno... aquel día... —No quería mencionar la palabra, funeral y madre en la misma oración—.Y en el callejón Diagon que nos encontramos en la librería casi al final del día, ¿Recuerdas? ¿Y? Umm, ¿Tus amigos?
— Bien... preparándose para regresar a Hogwarts...
— Ya...
— Séptimo, eh...
— Sí —Asintió casi con añoranza—. Es casi irreal. Todavía recuerdo a Ron diciéndome que tendríamos que enfrentarnos a duelo para ser sorteados...
— ¡Weasley! —Soltó Draco, revirando los ojos. En ese momento llegó un camarero con el pedido, dejándolo sobre la mesa. Sin mucho más, se excusó y se retiró, volviéndolos a dejar solos—. Pero... es cierto... casi ya siento que voy a echar de menos Hogwarts... tantas cosas que pasaron allí.
— ¡Ja! Dímelo a mí —Admitió, metiéndose de manera algo infantil el primer bocado. Estaba más que bueno.
— ¿Está bueno?
— Sí, mucho. Tienes buen gusto para escoger estas cosas.
— Por supuesto...
— Eres un Malfoy, lo sé... —Terminó el la frase antes que el rubio pudiera continuarla. Draco sonrió levemente, ocultándolo con sus manos entrelazadas—. ¿Tú no vas a comer nada?
— No.
— ¿Ya desayunaste?
— No tengo hambre.
— No tiene sentido ¿para qué me invitaste a desayunar?
— Porque es eso lo que se hace a las nueve de la mañana.
— ¿Qué clase de lógica es esa?
— La única lógica que existe, Potter.
— Deberías... comer algo...
— ¿Por qué?
— Bueno... —Murmuró inseguro. No era su problema y a él nadie lo había llamado a meterse, pero, de verdad que le preocupaba... ¡y estúpido él, por aquello!—. Estás... más delgado que la última vez que nos vimos.
— Como sea...
— ¿Y si comes un poco de lo mío? Es bastante...
— Potter, no tengo hambre, sigue comiendo tú. Estoy bien —Le cortó, mirando hacia la calle.
— Vale, lo siento... umm, ¿Y tus amigos? —Trató de desviar la conversación, aunque, no sabía si citar a los amigos del rubio era la mejor opción. Draco volvió la cara a su invitado.
— Bien, preparándose para regresar a Hogwarts.
— Malfoy... sé que es un poco rarito, pero...
— Ya, está bien, San Potter, no pasó nada, come tranquilo.
— ¿Ya decidiste en qué universidades vas a aplicar?
— Realmente, no —Harry suspiró. Allí iba su ridículo lado Gryffindor a echar a perder la situación... bueno... ¿ya qué más?
— Malfoy...
— ¿Qué?
— No sé si la sensación es parecida, y sólo puedo hablar de mi experiencia, pero... ummm, el dolor no se va, sin embargo... bueno, no puedes quedarte estancado. Esto... ¿sabes? La muerte de mis padres es algo bastante abstracto para mí. Usualmente, al pensar en eso, es simplemente un vacío que no hayo como llenar, pero... —Dejó los cubiertos allí y se limpió las mano en el pantalón ausente—. Para serte sincero, tu futuro siempre me ha parecido tan... brillante. Digo... —La mirada del rubio se había oscurecido a tal punto que inclusive el gris parecía haber mutado también—. Lo siento... sé que nadie me ha llamado aquí...
— Está bien, Potter. Curiosamente, tú eres la única persona que sabe como lidiar conmigo y mi madre en una misma oración sin que yo quiera destruir todo lo que se encuentra en mi campo de visión.
— No me preguntes un motivo por qué no lo tengo pero... —Miró hacia arriba, frunciendo la cara, allí iba a darle a Malfoy, razones para joderle más la existencia—. ¿Quieres... hablar? —El príncipe de hielo, bufó.
— ¿Hablar? ¿Hablar de qué? Mi madre está muerta, enterrada, punto y final ¿Qué hay que hablar?
— De lo que hay aquí —Le respondió casi sin pensarlo, apuntándole con el tenedor justo al medio del pecho.
— Nada, allí no hay nada. Sólo está el corazón latiendo... —Le rebatió al moreno, apartando con cuidado y hasta con delicadeza la mano del moreno.
— Eso es triste... y al final no te va a hacer nada bien...
— ¿Qué es lo que no me va a hacer nada bien?
— El dejar reprimido tus sentimientos.
— Yo no reprimo mis sentimientos Potter.
— Déjame ponerte a pensar un poco... ponte este escenario, es bastante simplificado y los detalles no interesan: ¿Vengas a tu madre y...? Logras vencer a Voldemort ¿y luego qué...? En esto sí te hablo desde la experiencia, Malfoy. Cuando me hice la pregunta por primera vez, me desesperé y mucho. Mi triste vida es definida por un loco megalómano... Dumbledore ha llevado mi existencia con un único target, destruir a Voldemort, si él muere, yo voy a perder algo así como la mitad de mi existencia. No conviertas algo como eso en un plan de vida... el vacío es mucho peor que el dolor.
Se quedaron en silencio un rato. Draco sabía que Potter estaba diciéndole aquello con las mejores de las intenciones... sabía que algo inexistente lo llevaba a explicarle como era caer en esa situación y ahora veía lo jodido que estaba el niño-que-vivió. Creía poder entenderlo un poco más, Potter debía estar completamente perdido, para lo único que había sido criado fue para darle muerte al Lord..., luego de allí, no había más nada.
No le extrañaba que la relación entre Harry Potter y Dumbledore fuera tan... atroz... ninguno de los dos confiaba en el otro, simplemente se utilizaban en mutuo acuerdo, Potter había aprendido de una de las formas más dolorosas, aquella lección, sabría dios como, pero, la había aprendido. Él había tenido a su madre y a su padre para enseñársela. Potter la había aprendido en el atropellado camino que es la vida. Lo peor de todo era que tenía razón, inclusive su madre se lo había pedido. ¿Qué hacía? ¿Se quedaba de brazos cruzados mientras aquel maldito asesino se quedaba impune?
— ¿Confías en alguien, Potter? —Preguntó el rubio luego de un rato. Harry le miró con aquellas esmeraldas, indescifrable.
— Sirius me enseñó a no hacerlo. Ni siquiera en él mismo... ¿Por qué la pregunta?
— Siempre me has parecido una persona demasiado arriesgada y confianzuda..., parece que estaba equivocado.
— Creo que esas cualidades las he ido perdiendo con el tiempo. Esto de crecer es lo más doloroso que he experimentado nunca...
— Adolescencia, Potter, eso es lo que significa: "Crecer con Dolor".
— No lo sabía...
— No me sorprende...
— Hurón...
— Cara-Rajada.
— Estúpida Serpiente... Espera, espera... hasta que no te consiga nuevos sobrenombres, me rehúso a insultarme contigo... —Le hizo saber, cruzándose de brazos y volteando la cara, irreverente.
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— Malfoy... —Le gruñó Harry, en pos de morderle—. Ni siquiera pediste un vaso de agua... yo voy a pagar... así que dame la puta cuenta...
— Yo fui quien invité...
— ¡¿Y qué mierda importa?!
— Yo pago...
— No, no, lo harás...
— Siéntate y sonríe, Potter. Te ves más bonito así.
— Es en serio Malfoy, hasta que no me las ingenie para insultarte de manera innovadora no voy a pelear contigo.
— Está bien, Potty... cómo gustes... —Murmuró sin prestarle atención, mientras sacaba algo de su bolso. ¡Ah! ¡Otra vez! ¡Noooo! ¡Malfoy tenía tarjeta de crédito! Se sentó bruscamente, atolondrado. No lo comprendía, de verdad que no lo hacía.
— ¿Por qué tienes una tarjeta de crédito?
— ¿Cómo que Por Qué, cegatón? Porque no es rentable cargar dinero muggle... además, con lo poco que lo utilizo.
— Malfoy, no me gusta que estés pagando por mí.
— Invítame tú un día, y podrás hacer lo que te plazca —Harry que tenía el cuchillo en la mano, sin ninguna razón en particular, lo clavó en la mesa, queriendo asesinar al rubio. Draco miró la injuria y alzó una ceja para luego, ignorarle y llamar a la camarera para que se cobrara.
— ¿Sabes una cosa?
— ¿Qué sucede ahora, Potter? —Inquirió con su desidia de siempre, buscando con la mirada un taxi.
— Un día me vas a explotar una úlcera.
— Eso sería divertido de ver. ¿Sufres de úlceras? No sabía...
— Déjalo así... ¿Y?
— ¿Y qué...?
— ¿Puedo irme a mi casa ya?
— Déjame ver... —Draco se fue a un espacio reducido, era un pequeño callejón que estaba entre dos restaurantes, y trató de aparecerse. Volvió al lado del moreno—. Noup, aún no. ¿Qué gustas hacer? —Harry se restregó la cabeza frustrado. ¿Malfoy no lo iba a dejar en paz hasta que Lucius le diera la gana de que su hijo regresara? Bueno... cuando menos le estaba dejando elegir.
— ¿Podemos ir a caminar a algún parque o algo así?
— Okey, sin problemas. ¿Qué te parece si vamos al "Regent Park"
— Eh... umm... bueno, no sé, no conozco ninguno.
— ¿Dónde coño has pasado la vida, Potter? ¿Encerrado en el armario o algo así? —Harry no pudo hacer más que reír con amargura. En el clavo, Malfoy, justo en el clavo... pensó resignado—. Entonces, vamos a que conozcas Londres, joder... camina —Le instó, agarrándole por el cuello de la camisa y obligándole a andar.
— Malfoy, no me jales...
— Oh por favor, no es como si te fuera a estirar la camisa. ¿No has pensado en botar toda tu ropa? ¿Cuando menos la que no es tuya?
— No lo sé. La verdad es que, no me molesta...
— Por la sabiduría de Merlín. ¿Te has visto?
— En realidad, me gustan las camisas holgadas.
— Holgado, puedo aceptarte eso. ¿A quién pertenecieron esas ropas? ¿A una ballena? ¿O a un gorila?
— A cualquiera de las dos... —Draco rió con ganas.
— Está bien, Potter, tú ganas.
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— Bienvenido al Regent Park... Potter.
— Ah, gracias Malfoy... —Dijo una vez que se aparecieron en el lugar. Draco había decido que era más fácil aparecerse, estaban demasiado lejos del sitio y así tendrían más tiempo.
— De nada, Potter. ¿continuamos? —Harry asintió.
— Vaya, que hermoso...
— Es uno de los parques preferidos de Londres, de verdad, no puedo creer que no lo conozcas. Digo, la mitad de las familias londinenses (inclusive las mágicas) traen a sus hijos aquí.
— Ya... —Sí, seguro los Dursley's venían mucho a ese sitio. Desgraciadamente, él jamás fue considerado como hijo, ni siquiera como parte de la familia. ¡Y gracias al cielo! Él nada quería tener que ver con esos—. ¿Y que podemos hacer?
— Bueno, podemos caminar, o... sentarnos en algún lugar. No soy fanático de los deportes muggles, pero, como sea, o también, podemos rentar un bote y estar en el lago un rato. Y luego de que nos cansemos de este sitio, podemos ir al zoológico de Londres, podemos ir tanto al mágico como al muggle. Apuesto mi escoba a qué tampoco los conoces.
— Bueno... estuve una vez en el zoológico.
— ¿Una sola?
— Desafortunadamente, fue un desastre.
— ¿Por qué? —Harry se restregó la cara con una mano.
— Inconscientemente le tiré una Boa Constrictor a mi primo... —Draco se echó a reír como si un hubiese mañana—. ¡Hey! ¡No te rías! Mayor susto que me llevé...
— ¡Oh Potter! De verdad que... eres una cosa seria... ¿Y cómo hiciste?
— No lo sé, la primera vez que hablé Parsel, fue allí. ¡Casi no me da un infarto cuando la serpiente me preguntaba si había estado en Brasil!
— ¿Brasil? ¡Ya claro!
— Es en serio... me dijo que quería ir a conocer a su familia.
— ¡Bueno! ¡Entonces iremos a hablar con las serpientes Potter!
— Eso sería muy extraño...
— ¡Por los infierno que sí!
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— Esa mariposa me perturba... —Le hizo saber Harry a Draco, una vez que hubiesen gastado las atracciones del otro parque y hubiesen huido al zoológico de Londres. El ojiverde sorbió del refresco que bebía.
— Jamás pensé en estar de acuerdo contigo en algo, pero, somos dos...
— ¿Nos vamos?
— Eh... estoy seguro que la que viene será más perturbadora que esta...
— Tienes toda la razón —Le dijo torciendo una mueca al moverse a la izquierda—. Iuck... ¿Qué es eso que tiene en la cabeza?
— ¡Asco! ¡Asco! ¿Eso es lo que creo?
— ¡No! ¡Cállate Malfoy! ¡Vomitaré!
— ¿Estiércol?
— ¡AHHHH!
— Por si no lo sabían, las mariposas usualmente se alimentan de los desechos de otros animales —Malfoy y Potter, miraron al entrometido. Parecía un nerd—. Inclusive pueden alimentarse de chocolate. Impresionantes criaturas ¿no lo creen?
— Ergh...
— Creo que es hora de irnos... —Avisó Harry.
— Sí... vámonos...
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— ¿Ellos llaman a eso un Dragón? A mí me parece una lagartija...
— Shhh... —Le calló, Harry—. Estamos rodeados de muggles... se supone que los dragones no existen.
— ¡¿Cómo que no existen!? Además... los dragones van a dos patas ¡no a cuatro! —El ojiverde suspiró, al ver que estaban llamando la atención, agarró al rubio por la mano y lo comenzó a jalar, omitiendo la diatriba que tenía montada su acompañante, mientras se sonrojaba al ver que la gente los miraba extraño.
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— De verdad...
— Ya Potter, no te sulfures...
— ¿Y eso?
— Ummm... ¿Un tipo con una guitarra cantando?
— ¿No? ¿De verdad? —Harry irónico.
— Tú, preguntaste...
— ¿Está cantando en español, verdad? —El rubio asintió—. ¿Lo entiendes? —Curioseó el ojiverde.
— No entiendo lo que está diciendo, pero, conozco la canción. Es un Cantar de Gesta.
— ¿Qué, qué?
— Que ignorante eres.
— Sólo responde, hurón...
— Está bien, Potter. Es una poesía, para ponerlo en palabras que tu cerebro entienda. El cantar se llama "Madrugaba el Conde Olinos".
— Ya ¿Y de qué va...?
— Que yo recuerde, hace mucho que lo oí en inglés. Es acerca de un princesa y un conde que se enamoran, pero, la reina manda asesinar al conde por celos, y la princesa muere de dolor... o algo así. Sé que al final los dos reencarnan en varias formas y terminan como plata o piedras... no recuerdo. Y la reina necesitaba esos minerales para curarse de una enfermedad, pero, dado que eran ellos no le quisieron ayudar, o algo así.
— Es hermosa la música.
— Puede decirse. Para ser muggle, está bien...
— A Perro viejo... ¿o debería decir: A dragón viejo?
— ¿A quién le dices viejo?
— Ya... no empecemos, fue una broma, que susceptible, joder. Y ya sé que no estás viejo.
— Pues, me alegra que lo tengas presente, estúpido Potter.
— ¿Podrías dejar de insultarme?
— No, Potty, Potty, Potty...
— Eso es TAN infantil.
— ¡Como sea! ¿Podemos ir a molestar a las serpientes un rato? Me intriga esa capacidad tuya.
— No lo sé, Malfoy.
— Ah, no seas nena, Potter. Vamos, vamos al terrario.
Jalándole de nuevo, se fueron al terrario, deteniéndose varias veces a ver el mapa del sitio, puesto que no sabían donde quedaba. Malfoy era todo un hombre... sin querer preguntar, y pretender ubicarse sólo con las indicaciones escritas. Estúpida serpiente rubia... miró al rubio en su fútil intento de traducir esos mapas intraducibles y miró hacia los lados, se descruzó los brazos y detuvo a alguien de mantenimiento que estaba pasando por allí.
Al nene no le había hecho demasiada gracia que hubiese pedido asistencia a una muggle pero, cuando menos habían llegado al sitio. Harry simplemente lo había ignorado y seguido de largo, tomándole de la mano y obligándole a seguir el camino que le había proporcionado amablemente el dependiente.
— La serpiente de Slytherin —Le hizo saber Draco, casualmente cuando llegaron al primer compartimiento.
— ¿Perdón?
— La Dispholidus typus typus es la serpiente que utilizó Slytherin en el escudo... sin contar con que es una de las pieles que tiene más versatilidad en las pociones.
— ¿Por qué sabes eso?
— Duh...
— Que insoportable eres...
— Padrino dice que su piel es una mezcla base, y puede reemplazar casi cualquier piel de serpiente, excepto la del basilisco que es un cruce de especies...
— Ah... veo... eso se me va a olvidar dentro de dos minutos... no te molestes.
— No me dejo de preguntar como sigues en pociones...
— ¡Soy el niño-que-vivió! —Se burló con una gran sonrisa, guiñándole un ojo a Draco, mientras que este se queda en estado estupefacto. ¿Qué coño había sido eso?
— Estás loco Potter...
— Lo sé... y es lo máximo...
— Como sea...
— ¿Y esta cuál es? —Preguntó unos cuantas vitrinas más allá, quedándose mirando a la serpiente, esperando la respuesta.
— Pygaea de Seminatrix, o serpiente del pantano. Es única en la especie de la Seminatrix. Serpiente completamente negra con la superficie inferior naranja. Son animales enteramente acuáticos y pasan su vida mayoritariamente entre la vegetación densa de los pantanos del Ciprés. Pueden medir entre treinta y cinco y treinta y ocho centímetros. Se alimentan de pequeños pescados, ranas, salamandras y sanguijuelas, son ovíparos y dan a luz a las crías vivas en el agua... —Harry miró a Draco con sorpresa—. ¿Qué pasa?
— ¿Cómo sabes todo eso?
— Estoy leyendo el cartelito, Potter... pensé que era obvio... —El moreno se rió.
— ¡Ah! ¡Que cosas! —Dejó de reír, y volvió a mirar al a serpiente. Era brillante y completamente negra y como bien había explicado el cartel, tenía la parte de abajo en naranja.
— ¿Dice algo? —Curioseó el rubio, recostándose en la baranda de metal, muy cerca del moreno. Harry entre conectó sus ojos con los de la serpiente. Se sorprendió de lo que oyó.
— ¿Qué pasa?
— Dice que le gustas.
— Ya sí, ¡Claro, Potter!
— Me está preguntando tu nombre ¿Se lo digo?
— Como quieras, es una serpiente.
— Su nombre es Draco Malfoy —Le respondió, luego de mirar que no hubiese nadie prestándoles atención, pero, la verdad es que, esa zona estaba prácticamente vacía.
— Es un hermoso nombre... ¿Qué eres, Pequeño Hablante? —Inquirió perezosa la serpiente. Estar en aquel lugar siempre le había creado un estado de sopor interminable.
— Un mago... al igual que la persona a mi lado.
— Ummm... ya veo... ¿están juntos?
— Sí, vinimos un rato a divertirnos...
— Comprendo… se ve que se quieren mucho.
— ¡Eh! ¿Cómo va eso? —Soltó en idioma normal.
— ¿Qué pasa ahora Potter?
— Erhg… no te quieres enterar Malfoy… créeme, no te quieres enterar.
— Yo sé lo que veo…
— Ergh… bueno… vale… umm, placer conocerte. Adiós…
— ¿Cómo que no me quiero enterar, Potter?
— En serio, Malfoy, querrás asesinar a la serpiente.
— ¿Qué dijo? —El ojiverde suspiró constipado.
— Dijo que nos queríamos mucho… —Draco rió divertido.
— ¡Vale! ¿Así mismo "Se quieren mucho"? —Harry asintió, el rubio volvió a reír—. Tranquilo Potter. Será nuestro secreto, después de todo, no queremos a nadie chantajeándonos… buff… sí, claro. No te ofendas, pero, tú y yo no pegamos ni con cola…
— ¡Malfoy! —Farfulló, yéndose a ahorcar a su acompañante.
— ¡Pero es la verdad! Digo, tu estilo es… inexistente. Aunque... —Harry se movió sobresaltado al ver que Draco le estaba mirando el culo descaradamente—. Puedo ver que tienes un buen culo.
— ¡No puedo contigo, imbécil! ¡Deja de mirarme! —Le retó, dándole un golpe con la palma en la cabeza, abochornado—. Y Créeme Malfoy, empezando porque prefiero a las mujeres, ya quedas eliminado sin siquiera haber participado…
— Permíteme contradecirte… eres un fiasco con las mujeres. Y si a todo venimos, seguramente, también con los hombres.
— Déjame en paz, Malfoy… de verdad, pasa de mí. Ninguno de los dos quiere nada del otro, así que ¿Por qué discutirlo?
— Por primera y última vez: Tienes toda la razón, Potter.
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— Bueno, te dejo en donde te encontré… —Comenzó a despedirse Draco.
— Ya era hora de que tu padre decidiera dejarte entrar.
— Supongo —Harry miró la muñeca en dónde estaba el reloj. Decía que eran las siete de la noche—. Vete directo a casa Potter, no quiero que tu muerte pese en mi cabeza por romper las tradiciones y no llevarte a tu casa, pero, creo que es mejor así. No creo que a tus familiares les guste revelarme donde viven.
— Ergh… nos vemos en Hogwarts entonces.
— Pasa una buena noche, Potter. Como dirían los muggles: Dulces Sueños.
— Igual tú… —Lo último que vio del rubio antes de que dicho desapareciera, fue un asentimiento de cabeza. Suspiró, apretando el bolso, cerró los ojos y desapareció el también hasta su casa.
TBC
