Capítulo VI: ¡Bienvenidos a Hogwarts!

Notas de mí: No, Seamus no va a poner sus manos en Harry, mientras yo viva para impedirlo, pero... por el bien de la trama, tendremos que aguantárnoslo. :D

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— ¡Harry! ¿Dónde estabas? ¿A dónde fuiste a desayunar? ¡¿A la China?! —Las bienvenidas de Sirius siempre tan… ¿cómo definirlas en palabras sin insultar al merodeador? Suyas…

— No, luego de desayunar, fui raptado por la persona que patrocinaba la salida y no me soltó hasta hace unos momentos…

— ¿Y quién es esa persona? —Preguntó con demasiado interés para la salubridad del moreno ojiverde.

— Sirius, no tengo pensando decírtelo y no empieces.

— ¡Seguro que es la misma persona con la que estabas en París!

— ¡Sirius! ¡Deja el tema en paz! No es lo que crees, tenía las manos ocupadas ¡eso es todo!

— ¿Y se puede saber con qué las tenías ocupadas?

— Estaba saltando de un acantilado ¿Feliz?

— ¡Qué, qué! —Soltaron Remus (quién estaba llegando en ese momento) y Sirius a la misma vez.

— Fuimos a hacer Puenting… —Les mintió lo mejor que pudo. Todo fuera por no tener a esos dos sospechando de alguien conocido.

— ¿Fuimos?

— ¡Ya basta! ¡Es mi problema! Estoy en una pieza. ¡Asunto terminado! Me voy a dormir…

— Pero, cachorro… ¿Puenting? —Cuestionó Remus preocupado.

— ¡¿Eso qué importa Moony!? ¡¿Quién estaba contigo?! —El lupino le pegó en la cabeza.

— ¿Cómo que no importa, cabeza hueca? ¡Harry se lanza de un acantilado así-como-así y a ti te importa con quien estaba!

— Bueno, ustedes pueden discutir, yo voy arriba… ¡hasta mañana!

— ¡Hey! ¡Espera allí…!

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Harry salió del baño con una toalla en la cintura y otra, secándose la cara. Las gotas que caían del cabello se deslizaban, haciéndole cosquillas de vez en cuando. El vapor, se había esparcido a lo largo del cuarto, empañando los vidrios y espejos. Un "pilililín" se escuchó, el moreno se subió en la cama y agarró el celular, tenía un mensaje de texto.

No sé por qué te estoy diciendo esto pero… eres una excelente compañía, Potter. D.M.

Definitivamente, Malfoy era tan él… incomprensible para su cabeza, simplemente se encogió de hombros, a él también le parecía que el rubio era excelente compañía y más aún, anfitrión.

Igualmente Malfoy…

Luego de ese corto mensaje se dirigió al closet y se vistió ligero para dejarse llevar por Morfeo y... apagaría el celular, mañana no sería despertado en contra de su voluntad bajo ninguna circunstancia...

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King Cross… diez de la mañana… Sirius, Remus y él, se dirigían en un taxi muggle hasta la estación. Cuando llegaron, el paisaje perenne de la locomotora roja les saludó. Harry hizo un reconocimiento en ciento ochenta grados, buscando conocidos y por primera vez, rompiendo en el esquema (sin contar con que ese año sus padrinos le acompañaban). Vio a Malfoy... no sólo eso, Lucius también se encontraba allí, no estaba seguro si la cabeza de los Malfoy, acostumbraba a acompañar a su hijo todos los años, pero, allí estaban, hablando confidentes y con aquella aura que los envolvía y te decía que no eras más que un microbio comparado con ellos. Se veía difícil, eso de ser un Malfoy. Siempre tan correctos e impolutos... para bien o para mal, la aristocrática familia, siempre daba que pensar (y hablar, si al caso venían).

— Escucha cachorro —Le interrumpió de sus disertaciones mentales Sirius. El pequeño merodeador volteó a ver al animago—. Nosotros tenemos que ir a hablar con los aurores que van a ir con nosotros en el viaje a Hogwarts, búscate un compartimiento y nosotros te alcanzamos luego ¿Está bien? —Harry le miró indescifrable.

— ¿Tú no deberías estar con la loca de tu secretaria? —Un escalofrío recorrió el espinazo de Sirius ante la mención de la psicópata de su secretaria. Carraspeó...

— Técnicamente estoy en paro forzoso... —Respondió casualmente. Harry dirigió su mirada hacia Remus.

— ¿Sabe que si nos encuentra le vamos a delatar verdad? —Ante la pregunta, el licántropo colocó una mueca circunstancial y avisó como quién no quiere la cosa:

— Por supuesto que lo sabe. No quiero terminar castrado o bajo trece cruciactus porque Sirius es un bebé y necesita una babysitter...

— Ejm... ¡como sea! Largo... —El ojiverde miró ofendido a su padrino y se escuchó algo así como: Ojalá Miranda me encuentre a mí primero... mientras se iba de allí enfuruñado, Remus rió y Sirius sintió que su esperanza de vida se reducía unos cuantos varios años, ante ese deseo tan cálido y consolador de su amado ahijado.

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Ya que Sirius y Remus, lo habían abandonado a su suerte y era demasiado temprano para que la numerosa familia Weasley plus Hermione, hubiesen llegado, estaba destinado a aburrirse hasta la muerte, hasta que algo lo sacara de allí. Agarró su morral y buscó algo con que entretenerse. Sólo estaban su uniforme, un libro random y su celular. Luego de leer el título del libro, decidió que jugaría a la "culebrita" en la carcacha prehistórica que tenía por celular (según Malfoy). Después de todo "Pociones para Tontos" no era un buen libro para matar el aburrimiento.

El tren ya tenía un rato que había arrancado, y él seguía invariable en el primer nivel del juego (sí, apestaba), cuando la puerta del vagón se abrió. Acostado como estaba con los pies en la ventana, miró hacia atrás, confiando con que sería Sirius, tremenda sorpresa se llevó al ver a Seamus, sonriéndole.

— ¡Hey, Harry! ¿Cómo estás? —El ojiverde se incorporó—. ¿Bonitas vacaciones?

— Ergh... sí. Bastante.

— ¿Puedo pasar?

— ¡Por supuesto! —Aceptó, espabilando. El irlandés se le sentó al lado.

— ¿Y qué hacías?

— Umm, pues, me aburría... Hermione y Ron llegaron demasiado tarde y están en el vagón de prefectos...

— ¡Vaya! ¡Quien lo diría! —Se burló con una sonrisa tonta—. El trío de oro no está junto. Vi al profesor Lupin caminando por allí. ¿Vuelve a dar Defensas? —Preguntó interesado.

— Sí...

— ¡Eso es muy genial! ¡Dean va a flipar! ¡Ese profesor es un guarro en Defensas!

— Sí, Remus es muy bueno en ellas. Seamus, no te molestes, pero, ¿Podrías alejarte un poco? —Preguntó incómodo el buscador de Gryffindor, sintiéndose acosado... Seamus, sonrió de una manera extraña que a Harry no le gustó para nada y auguraba que estaba a punto de pegarle contra la pared con intenciones dudosa.

— ¿Y eso te molesta?

— Eh... —Seamus se le estaba ¿insinuando?—.No en el estricto sentido de la palabra —Harry ya no tenía para donde correr, así que lo único que quedaba era deslizarse hacia abajo. ¡Grave error! Eso sólo lo había dejado aprisionado, bajo el cuerpo del irlandés.

— Tranquilo León, no estoy pensando en hacerte nada malo. ¿Nadie te ha dicho que tienes unos ojos despampanantes? —Concedió sugerencia. Deslizando con suavidad los lentes fuera de la cara sonrojada del moreno.

— ¿Seamus? —Chilló comenzando a caer en la desesperación el moreno—. ¿Qué haces?

— Te observo —Harry rió con una mezcla de incredulidad y nerviosismo.

— Ergh... me estás asustando un poco... —Le confesó cohibido. Finnigan rió complacido.

— En serio, Harry... este verano lo único que he podido hacer, es pensar en ti y en tus ojos verdes. Y recordé que Hermione y Ron estarían en sus deberes de prefectos dejándote solo.

— ¿Por qué? —El otro rió, bueno... aquello era parte del niño-que-vivió y era lo que lo hacía encantador.

— Oh, jeje, tú siempre tan... tú... me gustas, Harry. Y mucho.

— Ah... Eh... —La cabeza de Harry era una pantalla blanca ¿Seamus se le estaba declarando? ¿Su amigo y compañero de habitación, aquel niño que siempre estaba tratando de convertir el agua en ron? Lo detalló, bueno, definitivamente ya no era un niño. Seamus vestía ligero y sencillo, los rasgos de su compañero ya poco tenían de inmaduros... y aquella mirada le decía que no le estaba vacilando ni mucho menos. Ante el descubrimiento, el calor del cuerpo que lo aprisionaba, lo hacía sentir incómodo.

— Tranquilo, Har —Le calmó, colocándose los lentes del Golden boy—. No es una declaración de amor eterno ni mucho menos. Sólo quería que supieras que estoy más que dispuesto a pasar una noche en tus brazos... y quién sabe después...

— ¡Seamus! ¿Qué te ha poseído? ¿Yo? ¡Joder! ¿Dónde tienes el gusto, en el culo?

— La verdad que no me importaría si es el tuyo.

— ¡Seamus! —Le regañó incrédulo.

— ¿No es joda de Ron y jamás te han hecho una proposición así? —Se burló, acercándose más a la cara de su amigo.

— ¡No te burles, joder!

¡Jaja! Coño Harry, de verdad. Eres un caso único. Tranquilo, no te haré nada que tú no quieras o me hayas pedido antes..., sólo que, no quería que me maldijeras hasta en el apellido y quería avisarte que trataré de seducirte... ¿Dime, Harry... cómo te gustaría que te sedujera? Harry estranguló en todo el medio de la garganta las ganas de chillar como nena y salir corriendo—. ¿Alguna preferencia? ¿Te gustaría que fuese suave...? —Murmuró con deseo, acariciándole ligeramente la mejilla. ¡Oh, buen Merlín! ¡Aquello lo estaba poniendo! Seamus se acercó a su oreja y el ojiverde podía sentir su respiración en el oído... En ese momento, la puerta se volvió a abrir.

— ¡SIRIUS! —Saltó el moreno lejos de su amigo, censurándose al haber pronunciado su nombre.

— ¡Guao! ¿Y quién es ese adonis pelirrojo que está en la puerta, Harr?

— ¿Estás bien, Harry?

— ¡Sí, perfecto! Seamus ya se iba ¿Verdad?

— ¡Por supuesto que sí, Harry! ¡Estupenda velada! ¿Tienes nombre, bombón?

— Cyro... —Harry estuvo a punto de echarse a reír. ¿Cyro? Ahora que lo pensaba Sirius jamás había necesitado crearse una nueva identidad... en el mundo muggle podía seguir siendo Sirius Black y nadie lo relacionaría con el peligroso asesino en masa. Y todas las personas con las que tenía trato, sabían quién era—. Cyro White —Oh claro, dándole a la ironía—. Mucho gusto —Se presentó ya más seguro de sí mismo, tendiéndole la mano—. ¿Y tú eres?

— ¡Que modales los míos! ¡Soy Seamus Finnigan! —Le estrechó la mano amigablemente, con su buen humor de siempre—. ¿Y es amigo de Harry?

— Soy su padrino... —Ups... no debió haber dicho eso. Ah, y una mierda, poca gente sabía que Harry Potter tenía padrino, más aún que este era Sirius Black.

— ¡Oh! ¡Sí! Harry habla hasta el cansancio de usted señor! ¡Es un honor conocerle! ¡Nos vemos Har! —Le guiñó un ojo haciendo que el moreno volviera a desafiar el color de cabello de su mejor amigo.

— Me agrada —Le hizo saber a su ahijado una vez que estuvieron solos. El moreno lo miró críptico, especialmente preocupado ante la miradita de su padrino. Esperaba que fuera rápido e indoloro—. ¿Y qué estaban haciendo...? —Magenta era un tono que se estaba quedando corto para describir el color de la cara de Harry—. ¿Por casualidad es nuestro misterioso personaje de París? —Bochorno daba paso a la ira.

— ¡Muérete Sirius! ¡Y NO! ¡Te saldrán los sesos por la nariz antes de poder imaginarte con quién estaba yo en París!

— ¡Ajá! ¡Así que sí estabas con alguien en París!

— ¡Ahhhh! ¡No Puedo contigo! —Salió de allí, desordenándose más aún el cabello. Dejando a Sirius con una sonrisa de satisfacción en la cara. Bueno, había alguien en la vida de Harry... y sabía dos cosas: era hombre y probablemente no le gustaría de buenas a primera. Pero, debía recordar ser tolerante, cuando la situación se presentara. Si el pequeño Prongslet estaba guardándolo a capa y espada, debía ser alguien sumamente importante... ¡sólo pedía que no fuese un Slytherin! Jamás pensó que por su cabeza pasaría semejante cosa pero, debía ir buscando aquella "Lista Infalible" como le llamaba su madre. Torció una mueca, después de todo, Harry era el único heredero existente, tanto al patrimonio Black como al Potter... la diplomacia y las relaciones, eran lo más importante y esa boda iba a ser todo un evento. ¡Oh Merlín! ¡La sangre Black corría por sus venas! —Shock—. Seguro que había heredado la locura de su progenitora. ¡queriendo casar a Harry cuando ni siquiera había un noviazgo formal! Como decía... sólo esperaba que no fuera Slytherin... No podía creer que eso hubiese pasado por su cabeza, sin embargo... un Weasley tampoco era algo que favoreciera a la causa.

Se colocó la varita en el entrecejo. Era hora de flagelarse..., torturarse y practicarse una lobotomía, su madre estaría orgullosa ¿En qué coños estaba pensando? Y lo que más le cayó como una bofetada fue la ilusión que le hizo toda aquella parafernalia. ¡Necesitaba a Remus y lo necesitaba AHORA! ¡Su sangre Black estaba revelándose en su contra! Además ¡Harry jamás aceptaría una lista de invitados de 1000personas de las cuales no conocía ni un 10% de la misma, en su boda! Tsk... habría que solucionar ese pequeño percance, pensó macabramente. Volvió a llevarse la varita a su entrecejo para lanzarse un Cruciactus. ¡¿Qué le estaba pasando, por Circe?!

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El ambiente era tenso, por definirlo con palabras. No sabían exactamente como habían terminado en esa situación, pero, el carruaje que tenía el desafortunado placer de llevar hasta Hogwarts a Hermione, a Ron, a Neville y a Harry... también lo hacía con Draco, Pansy y Blaise... sin contar con una trágica desventaja en contra del Trío de Oro: Theodore Nott también estaba en aquel paquete.

En contra de todo pronóstico. Theodore se encontraba ignorando a las seis personas que se mantenían en alerta permanente y las manos en donde solían guardar las varita, con recelo y esperando el mínimo movimiento para sacarla y maldecirse hasta que no recordaran quiénes eran. Era chocante observar como el castaño de ojos azules, leía con despreocupación mientras masticaba goma de mascar. Cada vez que una bomba explotaba todos saltaban. Neville estaba a punto de colapsar ante el estrés.

Neville ahogó un chillido cuando otra vez Nott explotó una bomba de chicle que hizo saltar chispas de colores.

— Ha... Harry —Murmuró inseguro, jalándole la camisa. El moreno se volteó y suavizó los gesto para dirigirse a su amigo, inclusive una media sonrisa se colocó en sus labios. Neville titubeó, sabía que Harry era un desastre (aún más que él) en cuanto a ubicación se refería, pero, el sólo pensar en hablarle a Ron le erizaba. El pelirrojo parecía estar a punto de saltarte a la yugular con la menor provocación—. ¿Cuánto falta?

— Ergh... —¿Neville estaba preguntándole aquello a él? Harry alzó las cejas y luego resignado miró por la ventana, con mucha suerte habría un hito cercano que lo haría saber la respuesta. Nada... todo el lugar era un camino interminable de árboles oscuros y tenebrosos—. Lo siento Nev, no tengo ni la menor idea.

Otra vez habían caído en el silencio escabroso... Harry sin tener nada mejor que hacer, y un poco molesto de estar en aquel estado de aprehensión, se colocó a detallar a sus acompañantes. A todos... parecía que en algún momento no identificado todos habían dado un cuantitativo salto a la madurez. ¿Es qué acaso él era el único que todavía seguía teniendo rasgos aniñados? Pensó de mala gana. Remus siempre le decía que exageraba, pero, sin embargo al verlos ¡inclusive Neville era unas cuantas pulgadas más grande que él! Y su rostro ovalado y regordete había quedado atrás para dar paso a unos rasgos marcados e inclusive una insipiente barba comenzaba a verse opacando algunas zonas de las mejillas y el mentón.

Neville siempre había sido macizo, pero ahora, podía decir que parecía todo un hombre, con aquella vocesota que no cuadraba con su personalidad tímida y retraída aunque, era consciente que era todo un tigre cuando se lo proponía. Ron... estaba más alto si eso era posible, el cabello rojo había oscurecido un poco, dándole un aspecto más maduro, y ¿Desde cuando su amigo había desarrollado músculo? La túnica de segunda mano que seguro le quedaba demasiado apretada de brazos y hacía que se marcara sus buenos bíceps. Se tocó disimuladamente el brazo. ¡Hueso y pellejo! ¡Eso no era justo! Resopló disimulado. Hermione, bueno, seguía teniendo su cabello eléctrico y le había alcanzado, y sabía que en algún momento lo terminaría de sobrepasar. Se fijó lo más disimulado que pudo en sus piernas esbeltas, subiendo por su abdomen plano y ¡Oh dios! ¡Hermione tenía delantera! Aún con el uniforme de escuela ¡Se notaba! Se sintió como si estuviese cometiendo uno de los peores crímenes, ¡era como tener pensamientos impuros acerca de su hermana! Miró hacia la ventana, vaya con Ron... no sabía como podía mirar de manera romántica y carnal a Hermione. ¡Es decir! ¡Se conocían desde siempre! ¡Habían pasado de todo juntos! ¡Inclusive habían vivido juntos! Se conocían cada cochino secreto... ¿Cómo se podía establecer una relación así?

Nott, no había mucho que ver enterrado como estaba en el libro el cual le tapaba buena parte de la cara. Blaise, no sabía mucho del joven mago, pero, tenía consciencia de que podía ser un Ravenclaw civilizado de llegar a presentarse la situación. Jamás pensó que Malfoy pudiera tener a un amigo de color peor aún, a un "mejor amigo" de color... sin embargo, y sintiéndose culpable, era de Buen Ver. Inclusive se sorprendió a si mismo disfrutando del detalle... la verdad es que Malfoy había llegado como siempre a trastornarle la vida.

Los ojos, en contraste con su etnia eran de color amusgado y tenía la misma jodida mirada de superioridad que poseía el príncipe de hielo. Sin embargo, había algo en su cara que hacía su mueca diferente a la mirada de Asco Malfoy. Estando sentado no podía decir el tamaño exacto pero, parecía del mismo alto del rubio a su lado y tenía un cuerpo escultural aunque no llegando a los extremos de Crabbe que actualmente parecía una masa irrompible de músculos, inclusive había perdido el cuello entre tanta testosterona. Hablando de todo ¿Dónde estaban Crabbe y Goyle? ¿Y qué le importaba dónde estaban los matones guaruras de Malfoy? Pasó de candidato, Pansy Parkinson. La sin cerebro resbalada de Slytherin, eterna enamorada de Draco Malfoy. Luego de hablar civilizada o bueno... todo lo civilizado que podía ser una conversación Potter/Malfoy, con el rubio, le hacía pensar si Pansy sería como aparentaba ante todos.

La mujer realmente complementaba al rubio, tenía una mueca de aburrido asco en la cara, mientras se retorcía un mechón de cabello mirándose los zapatos mientras su otro brazo descansaba en su regazo cerca de su varita. No podía negar que tenía un GRAN cuerpo. Parecía una miss universo, con unos senos bien formados y el uniforme una talla menos de lo que debería ser, no dejaba aquello a la imaginación. La falda estaba unos cuantos puntos más arriba que la de Hermione y al contrario de su amiga, que utilizaba las medias justo en las rodillas, Parkinson las usaba en el muslo. Las dos modalidades eran ofrecidas por el uniforme.

Draco Malfoy, le dolía en el alma decirlo, pero, era perfecto. Aún a pesar de seguir con sus ojeras y su reciente estado "demacrado", seguía siendo arrebatador. No sabía cuál era el maldito secreto del hurón para Lucir Bien aún en harapos (que no tenía, pero igual). Casi no se atraganta ante el hecho de encontrar al rubio más despampanante que a Parkinson. No que él tuviera alguna discriminación de género, sincerándose, jamás se había puesto a discutir internamente el asunto hasta que el rubio puntualizó que su vida sentimental era aparentemente, un desastre. Y bueno, la guinda; Seamus declarándole que quería ¿cómo fue que dijo? ¿Seducirle? O algo así...

Parecía que de un plumazo sus horizontes se habían expandido de manera preocupante, no era el fin del mundo ¿no? Algún día tenía que gustarle alguien... momento, la frase de anterior quedaba anulada en tiempo y espacio. ¿Estaba hablando tranquilamente de hacer un prospecto de Malfoy incluido en la misma oración que "gustar"? ¡Ah! ¡A la mierda! No se iba a ahogar en un vaso de agua porque encontraba lindo al Príncipe Slytherin. Draco Malfoy era hermoso. Punto final de la sentencia, todo el mundo lo sabía, él se acababa de enterar no había nada más de allí.

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— Adiós León —Se despidió ambiguamente Theodore Nott de Neville haciendo que éste casi no se desmayara del susto—. Gryffindors —Generalizó, reverenciando levemente con la cabeza como despedido, mientras se baja del carruaje. Ron huyó lejos de allí a la primera oportunidad y Hermione tras él, regañándole porque era un prefecto y debía comportarse a la altura de su puesto. Pansy y Blaise se habían bajado ignorando al resto del mundo, hablando de alguna banalidad.

— Nos vemos, Potter —Se despidió la serpiente rubia con un tono neutro de voz, mientras descendía del carruaje para disponerse a seguir a sus amigos.

¿Malfoy acababa de despedirse de su persona? Negó con la cabeza, no debía acostumbrarse a aquel trato por parte del hurón. Una tregua era demasiado pedir para aquellos momentos...

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— ¡Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts! —Bramó con su potente tono el director de Hogwarts, luego de la consabida selección. Atrayendo de nuevo la atención de todos. Con su sonrisa perpetua siguió el discurso—. Me alegra ver que todos hemos regresado sanos y salvos, este año no habrá sermón ¡Y milagro! ¡Nuestro profesor de defensas se mantiene! —Risas generales—. Sólo que este año tendremos a un nuevo suplente para el profesor Lupin, ya que el profesor Snape estará ocupado en otras obligaciones, es el pelirrojo que... —Dumbledore señaló el puesto al lado de Remus, sin embargo, allí no había nadie, miró al rededor. ¡Ése! Sirius era un caso serio—. No sé que hace exactamente sentado en la mesa de Gryffindor. ¿Podría levantarse señor... —Silencio por parte de Dumbledore no podía presentarle por su nombre. Observó a Harry mover la varita y algo apareció escrito en su plato "Cyro White". Dumbledore sonrió divertido y prosiguió—. Cyro White.

Sirius como siempre de exhibicionista se levantó y modeló para los alumnos que comenzaron a aplaudir y a silbar.

— Silencio, silencio, ya podrán acosar al suplente White con propiedad —Risas generales de nuevo—. Por último, es mi deber recordarles que el bosque prohibido está fuera de su alcance y que si van a hacer alguna trastada cuando menos que no nos enteremos.

— ¡Director! —Le regañó Mcgonagall.

— Ejem —Carraspeó el mago—. Y que, ya hemos perdido la cuenta de los objetos perdidos que están en un libro que hemos creado especialmente para que puedan buscar fácilmente sus pertenencias olvidadas en la oficina del señor Flich... sin nada más que decir ¡Que comience el banquete! —Anunció mientras todas las fuentes de comida aparecían y el director tomaba asiento.

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— Sirius, de ahora en adelante eres un profesor, no importa si sólo eres suplente, debes comportarte como tal. Regresa a la mesa de los profesores... —Hermione sermoneando al animago.

— Ron, pásame el puré, por favor —Pidió el hombre, ignorando a la prefecta.

— ¡Claro! —El pelirrojo de ojos azules le pasó la fuente de comida requerida. Harry tenía una sonrisa templada en el rostro, sentado al lado de su padrino.

— ¡Sirius Orion Black! —Gruñó por debajo—. ¡Préstame atención! No puedo creer que te estés comportando de forma tan indebida. ¡Eres un profesor por la sabiduría de Merlín!

— Hola preciosa —Siguió ignorándola, saludando a una hermosa joven de tercer año de Gryffindor. La cual se sonrojó ante la sonrisa arrebatadora y conquistadora del nuevo profesor.

— H... ho... hola... —Murmuró cohibida.

— ¿Me pasas la salsa, preciosa?

— ¡SIRIUS!

— Shhh —Le chitó Harry a Hermione, pellizcándole. Y mirándole circunstancial.

— Tranquila Herm, ya te pareces a mi madre... —Se mofó, con esa sonrisa taimada—. Te arrugarás —Pandemia para llevar...

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Draco miraba sin interés alguno la mesa de Gryffindor, le había sorprendido que Sirius Black fuese el suplente del lobo. Y lo más sorprendente era como Dumbledore se burlaba del ministerio, poniendo al prófugo en sus narices y como todo el mundo, parecía adorarle. Utilizó su vista periférica para comprobar algo molesto que Blaise seguía mandándole insistentes miradas. ¿En qué idioma les decía que no tenía hambre? Lo ignoró y siguió perdiendo su valioso tiempo en la mesa de los leones.

Le parecía increíble como todos habían crecido y cambiado tan radicalmente, apenas si podían reconocerse los unos a los otros. Como Blaise ya hablaba del maldito compromiso matrimonial que estaban planeando sus padres, de como Pansy pensaba desafiar a su familia para convertirse en una diseñadora de interiores y modista (evadiendo así la premisa de ser una esposa sumisa y ama de casa además de su futuro como mortífago). Muy buena la consigna, "Muggles a morir" sin embargo, una mancha de sangre en sus uñas no le parecía buena idea a la mujer. Después de todo, era una dama y las damas no tenían porque estar haciendo trabajos forzosos ni tampoco manchándose.

Se rió para sus adentros, a pesar de sus cambios, muchas cosas seguían como las había dejado en primero. Pansy seguía pensando que la pintura de uñas era más importante que la guerra y que una sesión en un spa era el mejor prospecto del mundo. Theodore seguía con la nariz chata de pasar tanto tiempo enterrado en los libros. La sangre sucia de Granger, seguía siendo una pústula en el culo con las normas, la comadreja aún tenía ese temperamento que un día lo iba a matar, ese horrible cabello rojos y el montón de pecas. Y Potter...

A decir verdad, lo único que seguía como el primer año sin mutaciones notables, era Harry Potter. El Golden Boy parecía algo inmanente. Mientras todo a su al rededor giraba vertiginoso, él conseguía anclarse y seguir imperturbable. Potter siempre había sido tierra segura, un lugar al que todos querían regresar o mantener de alguna manera. De todos sus compañeros Gryffindor, era él único que mantenía ese aire aniñado e ingenuo. Harry Potter existía a su propio ritmo.

Se dedicó a observar los movimientos de Gryffindor Mayor, como siempre hacía. Como inconscientemente se subía los lentes y se pasaba la mano por el cabello en un intento inútil de arreglarlo. Como fruncia los labios haciendo un mohín y luego soltaba a reír. Como sus ojos brillaban tras las horribles gafas. No había nada de malo en admitir que Potter era un buen partido y que, quién se llevara el checkpot, sería la persona más dichosa, después de todo, el ridículo ojiverde se desvivía por los demás antes que por él mismo. Cosa incomprensible para el rubio... su padre le había enseñado que no había cosa más importante que uno mismo y su madre que además de eso, estaba la familia.

Suspiró, tratando de evitar mostrar cuan derrotado se sentía por dentro al recordar el cadáver de su madre. Sólo esperaba que su padre encontrara a alguien que lo hiciera feliz. Era consciente que su matrimonio siempre fue una obligación unidos por un hijo. Ahora sólo podía rogar porque apareciera la felicidad de su padre. ¡Estaba dispuesto aceptar a un maldito Gryffindor! Lo único que pedía es que, hiciera sentir a su padre, toda la dicha y la protección que dicho le había dado, cuando era más pequeño. Él no podía retribuirle más que su apoyo y un oído empático, lo cual no sucedía muy a menudo. Sólo Severus recibía las descargas depresivas o los problemas de su padre. La cabeza de los Malfoy se desvivía por mantenerle en una burbuja en donde el mundo era color de rosa. A pesar de todos los esfuerzos de su padre por lograr aquello. Él era consciente de todos los matices oscuros que poseía la vida y lo dolorosa que era.

— Draco... —Le interrumpió de sus desviaros depresivos una vez. Observó la mirada penetrante de Blaise—. ¿Qué... exactamente estás esperando para comenzar a cenar? —Pansy movió la mirada hacia sus dos amigos.

— Ya lo hice, Blaise.

— Mordisquear en el tren, un pastelito de calabaza no es lo que se definiría como "Cena" —Draco le ignoró.

— Draco —Esa había sido Pansy—. Sabes que si sigues en esta de no comer y no dormir tu padre vendrá y tomará cartas en el asunto.

— Métete en tus propios problemas, Pansy.

— ¡Ja! Si no vas a cenar hoy, perfecto, sigue en esas y seré yo quien llame a Lucius... —Zabini se temió lo peor ante la amenaza de la mujer. Sin embargo, como buenos Slytherin que eran, simplemente se miraron a matar y se ignoraron. El de ojos amusgados suspiró... sabía que la muerte de Narcisa había trastornado a su rubio amigo más de lo que aparentaba y aquella negación a probar bocado y aquel repentino ataque insomnio eran sólo la punta del iceberg. Y, aunque sonara egoísta y frívolo, para lo que les venía encima, necesitaban a un ecuánime Draco Malfoy.

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A pesar de los deseos de Sirius de dormir en Gryffindor, fueron completamente destrozados cuando Mcgonagall llegó a poner orden. Dumbledore había estado a punto de aceptarle al animago el caprichito. Así que, a mitad del corredor, se habían separado.

Harry, Ron y Hermione, habían seguido a su sala común, hablando despreocupadamente. Mientras los dos tórtolos iban tomados de la mano. Eso a Harry aún le hacía sentir como de más. Especialmente cuando su amiga se recostaba de Ron, se sonreían cómplices y volvían al mundo real. Así que, cuando la pareja se había quedado en medio de la sala para despedirse como dios manda, él había huido a su cuarto en donde ya estaba Neville allí. Se sonrieron como saludo y se dispusieron sin más dilación a preparar todo para descansar.

Esa para Harry fue una noche tranquila y sin pesadillas, alegre de estar con todos sus seres queridos y en aquella cama mullida. Los Dursley por fin y definitivamente, habían pasado a mejor vida. Jamás pensó que algo como aquello iba a transcurrir en su cabeza. Si bien no les deseaba nada malo, si Voldemort quería jugar un rato con ellos, él se daría por pagado.

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Los Slytherin lo que más apreciaban, eran la privacidad. Por eso amaban las mazmorras, después de todo, un ambiente frío y despótico no era el mejor lugar para una reunión social. A pesar de ser la casa con menos alumnos, era la más espaciosa, cada uno tenía un cuarto particular, con contraseñas internas. Así todo el mundo feliz y contento.

Por primera vez en la vida, Blaise renegó de aquella particularidad Slytherin. No quería dejar que Draco, pasase la noche en solitario. Lucius le había pedido por favor que mantuvieran un ojo atento a Draco y aunque no hubiese mediado palabras, lo hubiese hecho. Tenía cuando menos intentar que conciliase el sueño. Se revolvió los cabellos frustrado. Las únicas cosas que sabía que hacían al rubio dormir como bebé, era una buena sesión de sexo. Él no, reiteraba, NO iba ni siquiera a considerar el tratar de terminar con Draco en la cama. Y sugerir algo así sólo haría terminar siendo atacado con un Expelliarmus en el en el mejor de los casos. También sabía que el hablar con su madre mientras estaban en el proceso de ir a dormir ayudaba ¡pequeño detalle! Narcisa ya no estaba allí para solucionar el pequeño problema. Podía llamar a Potter para que invocara de nuevo a la fallecida, no pudo evitar sonreír ante lo estúpido del pensamiento.

Tal vez pelear con Potter tuviera el mismo efecto de drenaje que el sexo. No estaba demasiado interesado en buscarle la lengua al niño-que-vivió. Seguramente le saldría el tiro por la culata y Potter utilizara como recurso peyorativo la muerte de Narcisa, mandando su plan a la mierda. Suspiró derrotado, ya pensaría en algo cuando la situación se tornara peliaguda. Después de todo, Draco era fuerte Mucho más de lo que alguna vez el mismo rubio se consideraría.

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Draco había salido del baño, arreglado, dispuesto a irse a la cama. Se pasó una mano por el cabello, peinándoselo y luego de alisarse inconscientemente el pijama, se introdujo en la cama, dispuesto a dormir. Los ojos le ardían de tantas noches en vela. Suspiró sumamente cansado mientras se mullía en el colchón y en su almohada de plumas directamente hurtada de su cuarto en la mansión. Cerró los ojos volviendo a exhalar. Vaciando la mente como siempre le decía Severus en sus clases de oclumancia.

Una hora, dos horas… unos ojos grises se abrieron con frustración en medio de la noche. Draco suspiró, no importaba en qué posición se colocara, no lograba conciliar el sueño. Apretó con fuerzas los párpados sintiendo unas lágrimas derramarse sin querer realmente llorar. Esa noche le estaba costando inclusive respirar, había leído algo acerca de lo que le estaba sucediendo. Probablemente estaba sufriendo de estrés postraumático. Se sentó en la cama, relajándose. Necesitaba volver tener una respiración cuando menos constante.

Luego de un rato, sin poder soportarlo más, salió del cuarto y se dirigió acompañado por las penumbras a una de las puertas que más visitaba en aquel lugar después de la suya propia. Tocó tres veces, esperando que esas no fuera una de las noches en donde Blaise decidía caer en un sueño tan profundo que sólo el agua fría o su reloj biológico eran capaces de despertarle.

Volvió a tocar, sintiendo la ansiedad crecer en su esternón. ¡Necesitaba dormir! Estaba seguro que si pasaba una noche más sin hacerlo como Dios mandaba, se volvería loco. Repiqueteó la puerta con más fuerza y constancia. Escuchó la puerta abrirse, su amigo había aparecido en bóxer con una cara de pocos amigos.

— ¿Draco? —Murmuró con voz ronca, restregándose un ojo—. ¿Qué sucede Dragón? Son las… —El moreno lanzó la vista al reloj—. Las tres de la mañana.

— Blaise —Gimió mandando a la porra su auto-control agarrando a su amigo por los hombros—. Necesito dormir, golpéame, hechízame, maldíceme, lo que sea… —Eso pareció espabilar al Slytherin de ojos amusgados. Podía sentir en pleno la ansiedad de Draco, el gris de su iris era resaltado por el millón de vasos sanguíneos dilatados en sus ojos, dándole una coloración rojiza al globo ocular, preocupante.

— ¿Qué dices? No te puedo hechizar, Dragón…, un hechizo de sedación no reemplazará al sueño… y lo sabes.

— ¡Por favor! ¡Inclusive tengo dificultades para respirar!

— ¡Vuelve en ti! —Le regañó—. Draco, tienes que salir de esto…, cálmate, joder.

— ¡Es fácil para ti decirlo! ¡Llevo desde las once de la noche tratando de dormir!

49

Como había predicho Blaise, a la mañana siguiente, Draco seguía en el mismo estado. Un simple desmanius lo mantendría sedado por algunas pocas horas, si acaso…, y todos los hechizos que sabía el italiano para noquear a alguien de esa manera, dañarían de manera grave al rubio. Así que había pasado la noche, acompañándole, aunque, en algún momento había quedado completamente rendido y ¡gracias a Merlín! Su amigo lo había dejado dormir. Él le había dicho a Pansy que a penas Draco viera lo desaliñado que su cuerpo comenzaría a verse que volvería al a normalidad.

Por primera vez en su vida, Draco estaba lo suficientemente cansado para carecer de fuerzas para peinarse, así que, tenía a un Malfoy desarreglado. Si bien su uniforme estaba impecable, el cabello se encontraba sin la usual cantidad insalubre de gelatina que utilizaba porque el niño era tan necio que cualquier cabello fuera de lugar, le entraba el ataque. Sus preocupantes ojeras que debido a su piel excesivamente clara, tomaban un extraño y desagradable color verdoso. Inclusive la ropa comenzaba a andarle un poco floja. ¡Y al rubio parecía resbalarle! ¡Había llegado al punto en el que necesitaban ayuda profesional! Y no tenía ni la menor idea de dónde conseguirla…

TBC