Capítulo VIII: La gota que derramó el vaso.
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— Malfoy... deja de refunfuñar... solamente vas a las cocinas —Le pidió Harry, resignado.
— Prometí que no hablaría, pero, ya que te estás dirigiendo a mí, directamente. Potter, soy un Malfoy, lo más cerca que he estado de la cocina, fue la primera y última vez que me perdí en la mansión cuando tenía cinco años... —De verdad que ese hombre era extraterrestre... ¿Es que su orgullo no tenía límites?
— Jamás te voy a terminar de comprender Malfoy. Es sólo una cocina, es una parte de la casa, inclusive, se presta para la socialización... ¿Qué tiene de malo?
— Ay... mira Potter, dejémosle hasta aquí, ¿sí? —Cortó en seco. Harry infló los mofletes de manera que Draco encontró divertido, no pudo reprimir la risa.
— ¿De qué coño te ríes?
— De nada. ¿Estamos ya en las cocinas? —Trató de recomponerse. El moreno lo ignoró y se dirigió a hacerle cosquillas a la pera.
— ¡Señor Harry Potter! ¡Es un placer verlo Señor! ¿Qué puede hacer Dobby por el Señor Harry Potter, señor? —No habían terminado de entrar cuando ya el Señor Harry Potter, Señor. Estaba siendo atacado por el elfo Dobby.
— Hola Dobby... ¿Cómo andas? —Preguntó, con una linda sonrisa, agarrando al rubio por la capucha, arrastrándole, frustrando así su intento de huida.
— ¡Señor Harry Potter, Señor! Dobby está muy contento de que el Señor Harry Potter le pregunte a Dobby como se encuentra, señor, Dobby se encuentra muy bien señor. ¡Amo Draco! —Exclamó el elfo en shock a ver a su pequeño amo, en aquel lugar.
— Dobby... —Masculló como saludo. No quería que Potter le comenzara a dar la tabarra.
— Dobby, necesito que me prestes la cocina y me dejes cocinar, será rápido... por fis... —Le rogó. Allí iba de nuevo. Dentro de poco tendría que aturdir a todos los elfos y luego obliviarlos.
— ¡Oh No, Señor Harry Potter! ¡Dobby no puede permitir que el Señor Harry Potter cocine, señor! ¡Dobby sería un elfo malo!
— Mira Dobby, sólo omíteme, y déjame utilizar la puta cocina —Draco evidenciaría la primera vez que Harry Potter perdería la paciencia.
— ¡Pero! ¡Señor Harry Potter!
— Señor, no podemos permitir que utilice las cocinas, si desea algo, estaremos encantados de proveérselo... —Allí iba otro elfo a unirse a la causa—. ¿Qué podemos hacer por lo señores?
— Prestarme la cocina y dejarme en paz por media hora...
— Señor, podemos hacer lo que quiera excepto eso... —Draco vio como Potter, comenzaba a apretar los dientes y a respirar profundamente. Potter perdía la paciencia... eso era nuevo...
— No lo voy a decir de nuevo... quiero la puta cocina ¡AHORA! —Los ojos de Harry brillaron peligrosamente, las cosas se sacudieron, los elfos temblaron y Dobby agarró al otro elfo que estaba convenciendo a Harry Potter, para dar la retirada y admitir su derrota.
— Ejem... está bien, señor Harry Potter, la cocina es toda suya, señor.
— Muchas Gracias, Dobby. No haré mucho desastre, te lo prometo —Les agradeció afablemente, sonriéndoles con toda la cara. Draco, Dobby y el otro elfo, se miraron entre sí. Eso había sido terrorífico—. ¿Qué quieres comer? —Le preguntó el moreno, una vez que Draco estuvo sentado en la mesa central.
— Amm... no lo sé... te lo dejo a tu gusto. La verdad es que no quiero comer nada.
— ¿Te gusta la pasta? —Draco asintió. Harry se le acercó—. Es que los elfos se pueden arrepentir y mandarnos a volar —Dijo como quién no quiere la cosa, señalando con la cabeza como los elfos les miraban a matar y murmuraban en voz baja mientras trabajaban. El rubio asintió, entendiendo—. Entonces, pasta será.
— ¿De verdad te vas a poner un delantal, Potter?
— ¿Y qué pasa? —Inquirió, cruzándose de brazos—. Tenemos clases dentro de dos horas... no quiero ensuciarme...
— Te ves lindo en delantal, Potter —Le jodió, Malfoy, guiándole un ojo a Harry. Viendo con retorcida satisfacción como los colores volaban a la cabeza del ojiverde. Era tan fácil avergonzarle...
— Vete a la mierda, Malfoy.
— Ok...
— Estúpido... —Harry se terminó de arreglar el delantal blanco que había hurtado de la misma cocina, y todo volvió a caer en la eventual tranquilidad de cacerolas y murmullos apagados.
Se miraba sus uñas perfectas. Ya estaba adquiriendo ese tic que le había costado montones de dolorosos pellicos cortesía de sus progenitores; de mover la pierna compulsivamente. Dirigió su vista hacia Potter, quien cocinaba entretenido, a veces movía la varita a veces simplemente utilizaba los utensilios clásicos. Era extraño ver a Potter allí…, respirar básicamente el mismo aire, sin pelear, sin insultarse, sin maldecirse, era extrañamente placentero.
— Potter…
— Aún puedo dejarte sin almuerzo, Malfoy, así que piensa bien lo que vas a decir —Le amenazó, sin siquiera mirarle. Draco no le interesaba realmente la amenaza.
— Me gusta tu culo.
— ¡Amo Draco! —Le regañó en un chillido azorado, Dobby, soltando todo lo que tenía en la mano. Sorprendiendo a Harry, especialmente por la reacción del rubio, el cual simplemente miró al elfo, revirando los ojos.
— Cállate Dobby… —Le imprecó desdeñoso el rubio.
— ¡Qué diría la Ama Narcisa si oyera al Amo Draco dirigirse hacia el señor Harry Potter de esa manera, Amo Draco…!
— Dobby —Se entrometió Harry, dejando totalmente lo que estaba haciendo—. ¿Malfoy?
— Estoy bien, Potter, no me voy a romper… y el elfo tiene razón, mi madre hubiese pegado el grito al cielo. Oh bueno… todo lo que un Malfoy-Black, se hubiese permitido gritar. Por cierto, todavía me sigue gustando tu culo…
— Bueno… gracias —Murmuró bajito, sonrojándose, volviendo a la comida de Malfoy—. Jamás será tuyo…
— Con tener la dicha de observarlo me conformo —Harry le tiró lo primero que encontró a la mano. El rubio lo evitó con maestría—. Te estoy haciendo un cumplido y a ti sólo se te ocurre injuriarme. ¡¿Estás loco, hombre?!
— Eso que estás haciendo es ofensivo.
— También me gustan tus ojos. Cuando te mueras, déjamelos en tu testamento.
— ¡Mira idiota!
— ¿Qué? Ni tu culo ni tus ojos… ¿Entonces?
— Cállate, Malfoy. Una más y dejo esto hasta aquí y vas a tener que comer crudo…
— Que susceptible eres Potter.
— No soy susceptible, Malfoy… tú eres un dolor de muelas.
— Oh, pobre Potty…
— Crece Malfoy…
— Ya lo hice, deberías tomar tu propio consejo.
— Te voy a matar, condenado hurón —Harry se abalanzó contra Draco, para ahorcarlo. El de ojos grises, besó a Harry en la mejilla, cuando las manos de Potter rodeaban su cuello para matarle dejando a su cocinero en shock, lo miró malicioso—. ¿Qué demonios? ¡¿Por qué has hecho eso?!
— No lo sé… me apetecía —Le respondió con gestos despreocupados.
— Mira, Hurón…
— Potter, o vuelves a cocinar o la próxima vez te beso en la boca.
— ¡Pero!
— Largo Potter…
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— Cachorro —Saludó Remus, gratamente sorprendido—. Eres el primero en llegar…
— Hola, Rem… Sí… bueno…
— ¿Qué sucedió?
— Trataba de perder al lastre de Malfoy.
— Pues, buen trabajo. Aunque, dentro de uno cuantos minutos aproximadamente lo tendrás aquí.
— Lo sé —Gimoteó—. Voy a sentarme.
— Adelante…
Harry se sentó y se quedó un rato con los ojos cerrados. Estúpido hurón teñido… siempre andaba buscando cualquier forma de joderle. Bostezó, aburrido, aún quedaba algo de tiempo, pero, seguramente Malfoy no dejaría de acosarlo en el comedor y era mejor estar seguro en la clase de Remus. Tenía tiempo que no comía lo que el mismo cocinaba, fue extraño, especialmente con la excéntrica compañía que usualmente resultaba ser el Príncipe de Slytherin.
— Rem…
— ¿Qué sucede, Harry? —Contestó, sin dejar de ver los pergaminos que habían en su mesa.
— ¿Qué vamos a ver hoy?
— Como medir el poder de tu oponente y algunos rompedores de maldiciones. Probablemente te aburras más de lo que estás…
— ¿Esa cosa de las auras de colores?
— Sí, eso.
— ¿Y qué hacemos viendo eso en séptimo, otra vez?
— Necesito saber cómo voy a manejar las parejas para enfrentar las Artes Oscuras, cachorro —Le explico, mirándole—. Por más que me duela esta pequeña discriminación, no puedo darme el lujo de colocar al pequeño Neville, a batirse contigo… o a Crabbe a batirse con Ron…
— ¡Oh no! ¡Horror!
— Tranquilo, Harr… lo más seguro es que tengas que trabajar conmigo o me tenga que buscar a Dumbledore… —Bromeó, guiñándole un ojo. El moreno se enfuruñó—. Después de todo, no todos los días se le da clases al elegido para acabar con el señor tenebroso.
— ¿Puedo saber de qué te estás vengando? —Le soltó molesto. Remus mejor que nadie sabía lo que le jodía que le molestaran con eso. Ya era suficiente con escucharlo del resto del mundo.
— ¿Una foto de mi persona cayéndole a Lucius Malfoy?
— ¡Por Merlín! ¡Moony! ¡Eso no fue mi culpa! ¡Mi cámara hace lo que le da la gana! ¡Pregúntale a Malfoy! —Remus se iba a vengar en clases ¡Eso no podía traer nada bueno! ¡Moony la persona más macabra de los merodeadores! ¡La mente detrás de Prongs y Padfoot! ¡Estaba frito!
— ¿Y por qué habría de preguntarle al joven Draco? —Preguntó inquisitivo. Harry estuvo a punto de morderse la lengua hasta sangrar. ¡La había cagado! Evitó, por los pelos, el llevarse las manos a la boca ante el error.
— Eh… olvida, puedes vengarte como mejor te parezca —Decidió quedarse tranquilito antes de que su su querido padrino decidiera indagar en el suceso Malfoy.
— Eso me parecía.
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— Buenos días. Espero que todos estén bien. Hoy, como les dije el primer día de clases, vamos a decidir las parejas de este curso para enfrentar las Artes Oscuras. Tal vez suene un poco discriminante. Pero, por citar un ejemplo, en mi caso personal, Lucius Malfoy y yo, crearíamos catástrofe —Muchos rieron—. Créanme, tenemos pruebas de ellos. Al igual que Sirius Black y James Potter, que en paz descansen… —Todo el mundo miró a Harry. Éste simplemente los ignoró—. A pesar de ser los mejores amigos, sus magias simplemente colapsaban juntas. Como a nosotros no nos evitaron estas penurias, actualmente se separa la clase en parejas y así nos batiremos a duelo equitativamente. ¿Quién gusta ser el primero? ¿Parvati? ¡Perfecto! Esa es la actitud, ven acá…
Parvati se levantó de su puesto y se dirigió hacia donde se encontraba el profesor favorito de Hogwarts (sí, aún para los Slytherin…).
— Esto es lo que voy a hacer. Pondré las manos en su cabeza, cerca de la sien y ya. Es indoloro, básicamente lo único que se manifiesta es un color. El rango es, como todo en el universo. Mientras más rojo proyectes la luz más poderoso es el mago, y mientras más azul, bueno… menos poderoso. Hay magos que no son ni azules ni rojos… como veremos en el señor Malfoy aquí presente —Todo el mundo le prestó atención a Draco ahora—. Su familia, brilla en plateado… jamás me enteré por qué… si quiere dar la explicación señor Malfoy, estaremos encantados de oírlo.
— Eh… a decir verdad, no tenía ni la menor idea de ello, mi padre jamás ha comentado nada.
— Típico… bueno, parece que los Malfoy seguirán siendo un misterio, inclusive entre ellos mismos —Todo el mundo rió. Al rubio no le hizo demasiada gracia—. ¿Lista, chica?
— ¡Por supuesto, Remus!
— Vamos allá —El profesor cerró los ojos por unos instantes y todos observaron como Parvati comenzaba a brillar—. Ummm… —Murmuró Remus, observando con mirada crítica los colores que emanaba el cuerpo—. Un cincuenta y seis por ciento de rojo y un cuarenta y cuatro por ciento de azul. Ya te puedes sentar… —Le pidió amablemente, mientras anotaba los datos en una lista que había probado previamente—. Señor Malfoy, por favor, si es tan amable de levantarse y venir hasta acá.
— Sí, profesor.
— Por favor, puedes llamarme Remus.
— No gracias —Masculló, levantándose y yendo hacia donde el profesor le indicaba. Harry le pateó cuando pasó por su lado. E hizo que le leyera los labios, Malfoy se la iba a descobrar, él no era ningún pedante.
Se sintió aún más extraño que cuando orbitaba en el Planeta Potter, en el momento en el que el licántropo le sostuvo. Era casi igual que el toque de su madre, ¿Por qué mierdas comparaba a su madre, con aquel media sangre enfermo con la licantropía? ¡Ja! Tendría que sacarse el cerebro y lavarlo… estaba volviéndose loco.
Suspiró al sentir la magia del hombre, invadiéndole. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué se sentía tan parecido a todo lo que su madre le transmitía cuando le tocaba? Cerró los ojos y se perdió en las sensaciones. Aquella magia, era ígnea, ventura y conciliadora. Era como si pudiera dejarse caer en sus brazos y tener la certeza que jamás te dejaría caer. Era sentirse seguro, en casa. Él había sentido eso además de su madre…
Joder… ¡Por supuesto! ¿Cómo olvidarlo? ¡Potter…! casi no se desmaya al recordarlo…
— ¿Ven? Los Malfoy siempre brillan plateado… —Les explicó Remus, haciendo que Draco, volviera en sí. Se miró… era cierto, estaba brillando en un color plateado intenso—. Ya puedes sentarte… —El rubio gruñó cuando la magia del licántropo abandonó su cuerpo.
— Harry… por favor, ven aquí… —El moreno se levantó inseguro—. No te voy a hacer nada —Le dijo, con esa sonrisa que auguraba desastre.
— Rem… —Le imploró al llegar al lugar.
— ¿Cachorro?
— ¿Perdón, no lo volveré a hacer? —Se disculpó poniendo su mejor carita de cachorrito (incluyó puchero y todo). El corazón de Remus ni se inmutó… ése ahijado suyo manipulador. Hijo de James y casi de Sirius… cualquiera que no lo conociera… si Lily lo viera en esos momentos, James estuviese siendo vapuleado por enseñarle semejantes tácticas a su pequeño…
— Ya sí… seguro. Ven acá y deja de llorar…
El ojiverde suspiró derrotado. Se dejó llevar por la magia de Remus, amaba su magia, era… tan cálida… tan acogedora. Y a su magia, parecía gustarle Remus.
— Harry...
— ¿Remus?
— No estás brillando.
— ¿Y eso es mi culpa? —Le preguntó ofendido, echando la cabeza hacia atrás, para mirarle.
— Técnicamente, sí. Tienes que dejarme hacer que brilles.
— No estoy haciendo nada para impedírtelo.
— Harry, quieras o no vas a terminar de pareja con el Joven Malfoy, al menos que haya alguien en este salón que brille en la gama de los ultravioleta...
— ¡Remus! Eso es muy bajo de tu parte... ¡No es justo!
— Silencio y ahora, brilla para saber tu nivel de poder y ver que barreras necesito poner para evitar que nos tires el castillo encima...
— ¡Hey! ¡Eso es cruel!
— Cachorro... —Habló Remus otra vez, resignado. Todo el mundo los miraba curioso y mucha de las mujeres pensaron que era cuchi que el Profesor Lupin llamara cachorro a Harry Potter—. Por favor, no quiero perder toda la clase contigo, tratando de hacer que brilles...
— ¡No es mi culpa!
— Quédate allí, no vayas a tu puesto. Ron, ven por favor —El pelirrojo se levantó y se dirigió hacia donde estaba Remus—. ¿Sabes lo que tienes que hacer?
— ¿Sólo quedarme quieto mientras tu haces la magia, no?
— Exactamente. A ver... sesenta y cinco por ciento rojo, treinta y cinco por ciento azul... —Ya puedes ir a sentarte. Hermione, ven tu ahora, y luego Seamus y luego Neville. Herm... setenta por ciento azul y treinta por ciento rojo. Por provenir de una familia sin magia, esto no se aplica correctamente. Yo te haré otro test después, junto a Harry, si no termina de brillar ¿Vale? —La prefecta asintió, aliviada. ¡Ella no se consideraba una persona débil! ¡Y podía probarlo!
— Está bien profesor —Le calmó Neville al ver la mirada mortificada de Remus—. Ya sé que soy ochenta por ciento azul y veinticinco por ciento, rojo... los medimagos me hicieron la prueba, mi abuela creía que iba a ser Squib...
— Vale... toma asiento, Nev... Zabini... Ochenta y cinco por ciento rojo, quince por ciento azul, no me esperaba menos viniendo de tu familia —Blaise sonrió altivo y se dirigió de nuevo a su puesto—. Parkinson... setenta por ciento rojo, treinta por ciento azul. Dean, a ti te pasará lo mismo que Hermione sin importar tu poder ¿está bien?
— Comprendo profesor Lupin.
— Noventa y cinco por ciento azul, cinco por ciento azul...
Todos los alumnos pasaron hasta que sólo quedó Harry por medir.
— Espero que ahora si brilles.
— No es mi culpa...
— Ya, venga, terminemos con esto. Relájate Harry, no lastimarás a nadie —El moreno asintió, pero, no ayudaba el hecho de que toda la clase estuviera mirándoles. Remus abrazó completamente a Harry. Usualmente sólo se necesitaba rozar el cuerpo, suponía que con su cachorro tenía que invadir mucho más de lo normal. El profesor abrió los ojos, Harry brillaba en tornasolado... sonrió preocupado, definitivamente, estaba frente a una de las criaturas más extrañas e incomprensible de todo el mundo... eliminó el encantamiento antes de que Harry abriera los ojos y los otros pudieran observar bien el brillo y comenzaran a preguntar el por qué él brillaba en ese color y todos los demás, no.
— Em... ¿Brillé?
— Sí, Harry. Regresa a tu puesto, aunque te tendrás que quedar junto con el joven Malfoy, Hermione, Dean y todas las otras personas que no tuvieron resultados concluyentes.
— ¿Cómo que no tuve un resultado concluyente? —Allí iba de nuevo.
— Cielo, siéntate, no sucede nada malo...
— ¿Qué, no soy tan poderoso como aparento? —Se burló, aunque sólo Remus y él escucharon la broma.
— Siéntate, Harry —Le apremió. El licano miró a su pequeño sentarse. ¿Qué no era tan poderoso como aparentaba? ¡Ay Merlín! Harry definitivamente iba a tirarles el castillo encima... ahora, el problema irradiaba en como hacerle entender a su ya de por sí traumatizada cabecita que nadie brillaba en el espectro que él lo había hecho—. Bien... mientras yo emparejo y saco las nuevas escalas de aquello que salieron fuera de lo normal por alguna razón u otra, ustedes pueden hacer lo que gusten dentro del salón, sin armar demasiado alboroto. Por favor, Señor Malfoy, ven acá. Tú serás mi referencia para medir a los rezagados.
— Em. ¿Profesor Lupin?
— Dime, Draco...
— Potter brilló en una onda de color que ni siquiera existe... —Expuso en un susurro, su cara tenía plasmada la interrogación en su rostro.
— Te agradecería que me guardaras el secreto. Cuando menos hasta que le encuentre una respuesta científica y halle a otra persona que haya brillado en el mismo espectro que Harry lo ha hecho.
— Potter no brilló en ningún color..., no vas a encontrar ningún caso así...
— Sea como fuere, tú eres la pareja de Harry, felicidades —Le dijo dándole un broche.
— ¡Eso no es justo!
— Sí, sí lo es. Especialmente luego de unirte a la burla de Harry de tu padre y de mí.
— ¿Es una venganza?
— En parte. Pero, sólo tú brillaste en plateado ¿O no?
— ¡Eso no quiere decir que nuestras magias no vayan a explotar cuando se enfrenten! —Resolló molesto.
— Cierto, es por eso que lo probaremos primero.
— ¡Qué! —Se quejó con incredulidad.
— Aunque, si mi hipótesis va por los rumbos correctos, Harry es compatible con cualquier magia...
— ¡Eso sería aún peor...! —Le hizo saber ahogado.
— Estoy totalmente de acuerdo contigo... Ahora... tú simplemente harás como si no has visto nada que tampoco quiero lidiar con Sirius —Le amenazó sin perder el temple. A Draco se le activó una alarma en la cabeza que sólo sonaba con su padre... primero su madre y ahora su padre. Si eso seguía así no viviría mucho más antes de que su sanidad le hiciera decirle a su padre que lo mandara al área de psiquiatría de St. Mugo.
— ¿Y que necesitas de mí?
— Vamos a ver si puedo calcular en número racionales el rango de Harry.
— ¿Y si no se puede? —Curioseó.
— Entonces, Dumbledore tendrá que venir a lanzar su más poderosa barrera si quiere que Harry siga viendo esta clase como cualquier alumno normal —Remus vio la mirada de confusión en uno de sus alumnos más aventajados. Le sorprendía lo "normal" que podía ser Draco Malfoy. Lucius de verdad había marcado su vida, ahora juzgaba a todos, igual que el idiota Slytherin—. Si Harry llega a conjurar algún hechizo negro, sin la barrera apropiada, no sólo se verán afectado las criaturas en una escala evolutiva menor...
— Ah... —Aceptó Draco, en reconocimiento—. Creo que a Potter no lo haría mucha gracia el saber que ha herido a todos los que entraron en su radio de destrucción masiva.
— No, no le hará...
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Harry llegó a la torre de Gryffindor, sintiéndose particularmente agotado. Séptimo año, era rudo. No sabía si todos los séptimos años habían sido iguales, pero, este estaba excediendo su capacidad de soporte. Inclusive había escuchado a Hermione rumiar para si misma, expresando sus dificultades. Se sentó en su cama, suspirando, mientras cerraba los ojos. Sólo esperaba que cualquier cosa que estuviese planeando Voldemort, durara, mucho, mucho tiempo, en estado beta y que le diera a él cabida para estudiar a sus anchas. Sintió como una gota de agua le caía en la mejilla, se llevó la mano para limpiarse y miró al techo, una pequeña grieta, que no estaba allí con anterioridad, él lo podía decir con propiedad. Era el único que podía jactarse de saber que el techo de esa parte de Gryffindor, tenía, doscientas treinta y cinco desperfectos.
Parpadeó al sentir otra gota impactar justo en su entrecejo, mientras miraba hacia arriba. Se quitó los zapatos, agarró su varita y se subió en la cama, para disponerse a arreglar aquella grieta en el techo, después de todo, no quería perder su sueño por tener una gotera. Aunque... ¿De dónde se filtraba aquella agua? Se encogió de hombros y, apuntando con la varita conjuró el hechizo apropiado y la grieta se cerró completamente.
Con pesar, se bajó de la cama, quitándose la túnica y el pullover, aflojándose luego la corbata, volviéndose a calzar los zapatos para irse al gran comedor a cenar. Tenía sueño pero... su estomago rugió.
Harry salió del cuarto, mientras la grieta volvía a abrirse formando una compañera cerca de la cama de Neville.
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— Potter... —Escuchó Harry que le llamaban. Era Malfoy, por supuesto, sólo la estirada serpiente podía pronunciar su apellido y hacerlo parecer la peste bubónica.
— ¿Mande?
— Ten... —Le entregó una bolsita que sonó a metal chocando entre sí, cuando cayó en sus manos. Harry frunció en ceño y abrió el paquetico. ¿Galeones?
— ¿Malfoy qué es esto?
— El pago por cocinar..., como saliste corriendo y luego estuvimos en clases no te lo había podido entregar.
— Malfoy, no voy a aceptar dinero por eso...
— Entonces dónalo a la caridad, no quiero favores tuyos, Potter. Así que, el balance del universo vuelve a estar en santa paz.
— ¿El balan...? ¿Estás tonto? ¿O no dormir te está fundiendo las neuronas? ¡Toma el dinero Malfoy! —Le regañó, tratando de devolverle el bolsito de terciopelo rojo. El rubio se echó para atrás.
— No me vas a devolver el maldito dinero, Potter. Ya te dije que no te quiero deber un favor, así que, ya está pagado.
— ¡Malfoy aquí hay como cien galeones! ¡¿En qué estás pensando?!
— No hay cien galeones. Hay doscientos treinta. Mi padre me enseñó a pagar por méritos Potter. Eso es lo que cuesta tu comida, así que, ya puedes irte.
— ¡NO! ¡No quiero dinero por cocinarte! ¡Tampoco me debes nada! ¡Por Merlín, Malfoy! ¡Tu estado es preocupante! ¿Cómo esperas que me quede sin hacer nada viendo como te hundes, pudiendo hacer algo tan sencillo como cocinar, para solucionarlo?
— Pues, si no te gusta, entonces no deberías meter las narices en los problemas de los demás...
— ¡¿Pero cuál es tu maldito problema con recibir ayuda de otras personas!? —Le escupió con un tono más alto de lo debido, incrédulo. Pansy y Blaise por primera vez estuvieron realmente de parte del niño que vivió. Ellos también querían saber el por qué...
— ¡No tengo ningún problema con que alguien me ayude! —Rebatió, alterándose también. Los dos Slytherin se miraron entre sí al ver que la discusión estaba yéndose por caminos inusitados y no sólo eso. Estaban creando audiencia.
— Ah, Entonces ¿yo soy el problema! ¡Pero es que no me lo creo...! —¿Qué? ¿Qué era aquello que le había hecho al rubio para que éste no le perdonaba?—. Malfoy. ¿Qué coño te hice en esta vida o en la pasada para recibir el maldito trato que me has dado por los últimos siete años de nuestra existencia?
— No puedo creer que lo preguntes... —Le dijo cargado de incredulidad.
— Mira, en primer lugar, yo no voy echando pestes sobre tu persona porque me encante hacerte la puñetera, Malfoy. Te recuerdo que tú empezaste con toda esta mierda de pelearnos y hechizarnos hasta morir.
— ¡¿Escoger a Weasley en vez de a mí, te parece poco?!
— ¡Malfoy! ¡Teníamos once años! —Le gritó molesto—. ¡FUE HACE SIETE AÑOS, PEDAZO DE ANORMAL! ¡Además! ¡Si no fueras una maldita serpiente orgullosa, yo no hubiese tenido ningún problema en ser amigo de los dos! Pero ¿¡Quién fue el niñito rencoroso que le fue con el chisme a Mcgonagall en primero!?
— ¡¿Ser amigo de los dos?! —¡Él no quería compartir a Potter! ¡Y mucho menos si era con esa comadreja pelirroja venida de a menos! No tenía mayores problema con la pelos de escoba... ¡Pero igual! ¡Él no compartía! ¡Potter no tenía el derecho se desplazarlo por aquel ser humano de segunda!
— ¡Sí! El hecho de que no te caiga bien Ron, o tu padre, porque ni siquiera es una creencia original tuya, tenga problemas con los magos nacidos de muggles. No te da el derecho de maltratarnos como los has hecho.
— ¿Maltratarte? ¿Ahora te haces la maldita víctima? —Parkinson y Zabini observaron como una pequeña multitud se había formado al rededor de la pelea. Aquella era una discusión sin precedentes. Usualmente, Malfoy y Potter se insultaban mutuamente sin dejar nada claro y luego pasaban directamente a caerse a golpe o a maldiciones, lo que se sintiera mejor, en el enfrentamiento de turno. Ese día estaban discutiendo, estaban realmente teniendo una discusión bilateral de palabras coherentes que probablemente terminaría en golpes también, pero, ¡El mundo estaba a punto de terminarse! Potter, porque no había manera de que Malfoy, apoyara lo que trababa de hacer el Gryffindor inconscientemente, estaba tratando de limar las asperezas.
— ¿Víctima? ¡¿Te parece que me hago la víctima?!
— Pues, sí, Potter, me parece que te haces la víctima. ¿Y qué? ¿Tienes algún problema con ello? Siempre llamando la atención y...
Draco acababa de mencionar algo de lo que el mismo se arrepintió, las costumbres parecían demasiado arraigadas en esos momentos para detenerse en el preciso instante que era debido. La cara del niño-que-vivió, no auguraba nada bueno. Si se comparaban los temperamentos de Potter y Malfoy, todo el mundo alegaría que no había diferencia. Sin embargo, el Príncipe de Hielo, no tenía el mote por nada. Potter, había sido el primero el perder la compostura y pasar de las palabras a levantar la varita. ¡A la mierda con Malfoy! ¡Se quería matar de hambre! ¡BIEN! ¡Quería ahogarse en su depresión! ¡PERFECTO! ¡Él acababa de renunciar! ¡Que imbécil había sido! ¡Pero, sólo como siempre! Ya debía haber aprendido...
Antes de que Pansy y Blaise pudieran hacer algo, ya que el León y la Serpiente no parecían darse cuenta que sus magias comenzaban a someterse mutuamente sofocando a la mayoría de los alumnos, alguien sostuvo a Harry por las caderas y le quitó la varita en alto.
— Cálmate Harry —Era la voz de Sirius—. Baja la varita, Draco —Imperó hacia su sobrino, quién también se había preparado para contraatacar. Todo el mundo prestaba atención al profesor White. Sintiendo que podían respirar de nuevo, aquello había sido, brutal... parecía que Malfoy y Potter, estaban dispuestos a matarse y nadie podría evitarlo. Todo el mundo consideraba al nuevo suplente de Defensas incapaz de molestarse. Siempre tan despreocupado y hasta infantil, sin embargo, allí estaba, con una mirada más allá de lo molesta mirando a los dos conflictivos alumnos—. ¿Puedo saber que MIERDA hacen? —Les regañó a los dos, quitándole la varita a Malfoy, guardándoselas en el bolsillo. Harry se cruzó de brazos mirando al piso. Sirius era insoportable cuando se molestaba. Draco se colocó las manos en las caderas y adoptó una actitud desafiante. El ojiverde miró a su contrincante, mal movimiento. Si Draco odiaba que él levantara la barbilla, Sirius podía decirse que perdía los papeles cuando le desafiaban—. Estoy esperando —Volvió a masticar—. Y aún soy tú tío —Le amenazó agarrándole fuertemente por el brazo—. Aunque te reviente en la madre, así que baja el ego, niño, o me harás llamar a Lucius y te aseguro que esto sólo puede ir a peor. No puedo creerlo de ti, Harry —Le dijo con desilusión. El moreno se mordió el labio inferior aún mirando al piso—. ¡No sólo pusieron en riesgo a toda la población estudiantil en un rango de cien metros y Merlín libre si más! ¡Si no que pudieron ustedes mismos salir heridos! ¡Tú, detención! —Le escupió a Draco jalándole por el brazo, aún a pesar que el rubio trató de forcejear. El ojigris se sorprendió al ver que Sirius Black, agarró a su preciado ahijado aún con menor delicadeza que con la que lo estaba tratando a él—. ¡Y tú! ¡Estás castigado hasta nuevo aviso! ¡Se acabó el show! ¡Todo el mundo regrese a sus asuntos al menos que quieran detención!
Los dos Slytherin se miraron entre sí, al ver como Sirius Black, se llevaba a su sobrino y ahijado, mientras que Potter, gimoteaba, aún con la cabeza gacha y Draco trataba de mantener lo que quedaba de su orgullo.
— Te ayudaré a que Potter y Draco cuando menos bajen la animosidad —Le dijo Pansy, guardando la varita que había sacado para desarmar a los chicos—. Una pelea más como esta y Black no llega a aparecer y todos seremos historia —Blaise se estremeció y la miró. La Slytherin suspiró algo nerviosa.
TBC
