Capítulo nueve: El castigo.

— Draco, Harry. ¿Cuántas veces voy a tenerlos aquí en mi oficina por el mismo problema? —Preguntó Dumbledore tranquilamente, suspirando con resignación. Le había sorprendido que Sirius hubiese actuado de la manera que actuó y más aún, que Severus lo estuviese apoyando. Jamás pensó que su pupilo pudiera tener tal grado de coherencia, estando de por medio su odio por los Malfoy. ¿Quién lo diría? ¡Tenían que alegrarse de que Sirius Black estuviese en el colegio! Sólo Sirius hubiese podido despertar a Harry Potter de este cegarse y dejarse controlar por su magia... y sólo un Black podía controlar a otro Black—. ¿Harry? —Trató de entrar por la parte más vulnerable de aquel peligroso dúo.

— ¿Señor? —Murmuró aún, concentrado en sus brazos cruzados. ¿Por qué le había molestado tanto las palabras de Malfoy? Usualmente era Ron quién se enardecía por las palabras del rubio y él entraba como backup. Rara vez tendía a caer en las trampas viperinas del rubio. ¿Qué había sido diferente esa vez? Si siempre mencionaba a su madre, siempre le decía que le molestaba que llamara la atención y por encima de todo, siempre le molestaba su amistad con Ron... suspiró suspiró mentalmente.

— Harry ¿Estás consciente que estuvieron a punto de matarse, verdad? Harry, mírame... —Le ordenó el director sin alterarse. El ojiverde le miró, cohibido—. Mi niño, tú mejor que nadie sabes que tu magia, no debe por ningún motivo salirse de control y estoy seguro de que conoces de primera mano el poder destructivo del joven Draco... Esto se lo dejo a Sirius, ya que él tiene más derecho sobre ustedes dos. No me voy a meter más en esto. Ustedes mismos deben aprender a controlarse, no son unos niños ¡no les vamos a durar para siempre! Pero, no voy a malgastar saliva en el mismo discurso que debo inferir se saben de memoria. Salgan de aquí y ya les dirán sus respectivos castigos.

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— Genial Malfoy —Le dijo Harry dolido, mirándole en la antesala de la oficina del director—. Ahora no sólo haces que me pongan en detención sino que haces que Sirius se moleste conmigo siendo enteramente tu culpa. Abre la boca Maldito Idiota... —Le amenazó, sorprendiendo a Draco. Potter jamás le había mirado así. Le dolió, después de todo el odio que se profesaban, era un odio infantil y rutinario pero aquella mirada había ido directo al corazón. No dijo nada de la retahíla que tenía pensada y se retrajo, no le quedaban ganas. El pelinegro decidió respirar profundamente, sintiendo que su rabia volvía a hacerse palpable y terminó de salir de la oficina del director.

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— ¿Tienes algo que decirme Severus? —Preguntó el director, desenvolviendo uno de sus caramelos de limón, recostándose en su silla. Aquel caso Malfoy/Potter, siempre lograba estresarle. ¡Ya no tenía ni la menor idea de cómo hacerle para bajar la complejidad de la situación! Severus pensaba que Black por primera vez había actuado con cerebro y ecuanimidad, sin embargo, ¡Era su ahijado de quién estaban ablando! Él no iba a permitir que le pusiera una mano encima de ninguna manera, aunque su persona no fuese más que un pariente excesivamente lejano de la mezcla centenaria de un Prince y un Malfoy además de ser su padrino. Mientras que entre Black y su ahijado la sangre fluía emparentada, él tenía más derecho que ese estúpido perro pulgoso—. Sirius se encargará de la situación, tú sólo favorecerías a Draco...

— Cómo si el pulgoso no fuera a hacer lo mismo.

— Severus —Le llamó críptico con sus ojos azules centelleantes—. Creo que Sirius ha demostrado, en esta situación tener más sentido común que tú. Es mi última palabra y tienes prohibido hablar con el joven Draco para congratularle y alentarle, por sus malas acciones.

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— ¿Pensabas matar a Potter? —Le interceptó Blaise, recriminándole. Luego de que el rubio pisara Slytherin.

— ¿Te metes en tus asuntos? —Masculló de mal humor. Estaba vuelto un desastre que no terminaba de entender, no necesitaba su consciencia (a.k.a: Blaise). En esos momentos.

— Esta vez te pasaste y caminaste más allá de la raya, Draco y lo sabes —Blaise y Draco miraron a Theodore quién estaba allí en la sala común; ahora vacía, de Slytherin.

— Es él estúpido de Potter, haciéndose la víctima —Se defendió. La única persona que podía rebatirle y hasta ganarle era Theodore Nott.

— Porque es la víctima... —Llegó Pansy. Los tres chicos pusieron su atención sobre ella.

— ¿Perdón? —Gruñó sin poder creérselo, Parkinson le miró con reproche—. ¡Increíble! ¿Están del lado del cara-rajada de Potter! ¡Me largo! —Pansy, Blaise y Theo se miraron entre sí.

— ¿Tienen algún plan que quieran compartir? —Curioseó templado el de cabellos castaños volviendo a su libro—. La próxima, nos matará a todos.

— ¿Amarrarlos hasta que se lleven bien te parece una buena idea? —Propuso el italiano circunstancial. Nott subió de nuevo la mirada enervando una ceja—. Como que no.

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Draco no sabía que hacer. Estaba en su cuarto, con el insomnio que había ganado desde que su madre había muerto, mirando el techo. Curiosamente, su celular estaba en la mesita de noche, lo abrió mirando el reloj de la pantalla, un mago que había descubierto como hacer que funcionaran los objetos muggles electrónicos, le había hecho el favor con su celular y otro objetos. Eran las doce y media de la noche. Lo que daría por volver a comer y dormir. Suspiró cansado, mirando la foto que tenía de fondo. Su madre y él con cinco años, en su primer viaje a holanda. Su madre sonreía ampliamente, al igual que él, mientras dos dientes brillaban por su ausencia. Aquello había sido su primer manejo de dinero. Por sus dos dientes "El hada de los dientes" le había dado dos galeones. Momentos más felices aquellos, pero, ahora esos dos galeones no existían ni tampoco su madre lo hacía.

Narcisa tenía un vaporoso vestido blanco, mientras sus cabellos caían libremente en sus hombros. Draco se encontraba en los brazos de su madre, vestido también de blanco como un pequeño príncipe, sintiéndose la persona más dichosa del universo. Apretó la flecha izquierda en los botones del celular y casi sin pensar buscó un número en específico, cuando lo encontró, pasó al input de mensaje y comenzó a redactar con rapidez. No sabía si funcionaría, pero, había que intentarlo. No quería seguir sintiéndose así.

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Harry abrió los ojos perezoso, mirando al techo, de nuevo una gota de agua le había caído en la cara. Tanteó sus lentes, al ver una mezcla heterogénea y borrosa y luego miró en la penumbra. ¿Otra vez la grieta? Se restregó lo ojos al ver que un resplandor salía de su baúl. Suspirando cansado se movió pesadamente hasta alcanzarlo. Era su celular. ¿Esa iba a ser la manera de Sirius de comunicarse hasta nuevo aviso? ¡Esperaba que no! Aunque Padfoot molesto era... bastante impredecible.

Tenía un nuevo mensaje de texto, lo abrió y casi no se atraganta al ver que era un mensaje de Malfoy. Seguramente era un mensaje viejo, revisó la información del SMS, sin embargo, tenía fecha de esa noche.

Lo siento, Potter...

Se sentó sobre sus piernas y se quedó en blanco. ¿Qué estaba tratando de hacer el rubio, ahora? Pues, él no volvería a caer tan fácil, que el pedante Slytherin se fuese a la mierda, él se iba a dormir.

No sé que planeas. La verdad no me interesa, olvídate de que existo, yo no quiero saber más de ti.

Harry Potter.

Envió el mensaje y dejó el celular en la mesita de noche, disponiéndose a dormir de nuevo. Cuando estaba logrando conciliar el sueño de nuevo, una gota volvió a caerle en la mejilla. Maldijo a la grieta y se colocó de nuevo los lentes, para ver el problema. ¿Cómo era posible que se hubiese reabierto? Si era bueno en algo, era en los menesteres de reparación casera... suspiró resignado al ver que el celular volvía a parpadear.

Es justo. Adiós.

Draco L. Malfoy.

Agarró su varita y sin moverse mucho pronunció de nuevo el encantamiento, observó cuidadosamente que la grieta realmente se cerraba y se volvió a apoltronar en la cama, sintiendo un vacío inexplicable de repente. Si Malfoy realmente lo dejaba en paz ¿Con quién iba a pelear? Y ahora que había logrado abrir una vía de comunicación eventual, ¿la perdería? Aquellas conversaciones interesantes, y aquella relación incoherentemente profunda e insospechada que no podía definir, ya que no era parecido a lo que tenía con Ron y Hermione pero tampoco lo era a como cuando hablaba con Dean o Seamus. Inclusive había pensado en utilizar al rubio para pasar pociones con mejores notas. Se deslizó de nuevo al mundo de Morfeo preocupado por ello.

La grieta volvió a abrirse llenándose de gotitas que no cayeron nunca a la cama del Gryffindor, y muchas más grietas aparecieron mientras aquellas usuales en el techo, se volvieron más graves.

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— Tomen —Dijo Sirius el sábado a las ocho de la mañana, dándole un cepillo de dientes particularmente pequeño a Draco y a Harry.

— ¿Y qué se supone que tenemos que hacer con esto? —Preguntó Draco, mosqueado.

— Van a limpiar todos los baños del piso tres, con eso que tienen en sus manos, mientras sus amigos se van a Hogsmeade. Sábado y domingo, ya que desde tercero a séptimo tienen permiso para quedarse en el pueblo. ¡Ah sí! Me llevo sus varitas conmigo, si desean matarse, tendrán que hacerlo a la tradicional —Les dijo, volviéndole a decomisar las varitas, metiéndoselas en el bolsillo con la suya propia—. Supongo que eso es todo. Nos vemos el lunes.

— ¿A dónde vas? —Cuestionó Harry, en shock.

— A Hogsmeade con Moony. ¿Que creías? ¿Qué me iba a quedar viendo como limpiaban? Flipas Harry James. ¡Ah sí! Allí tienen —Dijo tronando los dedos, haciendo aparecer dos cubetas—. Jabón ilimitado. ¡Buena suerte, jóvenes! Agradezcanme que no los separé y que se tendrán como mutua compañía. De primera mano sé que un castigo es más agradable cuando estás acompañado —Bueno, estaba viviendo de primera mano la crueldad de los merodeadores. Primero Remus, ahora Sirius... No quería saber que hubiese sucedido si su padre hubiese estado vivo. Algo le decía que se hubiese unido a la voz popular y hubiese agravado el castigo unos cuantos puntos, después de todo, de los cuatro merodeadores, cinco, contando a su madre, James Potter, era el peor.

— Yo no voy a limpiar baños.

— La próxima, te quito el cepillo y te lanzo la Imperius para que lo hagas con la lengua. Les recomiendo que comiencen ya si quieren terminar antes del lunes. El piso tres tiene muchos, muchos, baños, o sea, horas y horas de diversión para ustedes dos. Dumbledore tendrá un ojo en ustedes... así que ni piensen en escaquearse... bye-bye —Harry gimoteó agarrando el cubo de agua y jabón eterno y miró el cepillo. ¿Estaban en joda, no? Según el mapa del merodeador en ese piso habían casi quince baños...

— ¿Están jodiendo, no? —Soltó el rubio incrédulo. Harry lo vio y reviró los ojos, ignorándole, yéndose a refregar el piso con el jodido cepillo—. ¿Vas a hacerlo?

— Noooo —Ironizó el moreno, arremangándose el pantalón y quitándose los zapatos y las medias. Como se veía que el pedante Slytherin no conocía a Sirius... podía llegar a ser peor que Snape... Tiró el agua que había en el cubo en el piso y lo dejó a un lado, viendo que inmediatamente se volvía a llenar. Se arrodilló cual cenicienta y se puso a refregar, sin embargo, era particularmente estúpido tratar de limpiar algo con aquel cepillo de bebes.

— A la mierda con este maldito castigo. Prefiero que me cuelguen de los pulgares a tener que fregar el piso con este... intento de cepillo de dientes.

— Malfoy, te recomiendo que me ayudes o te juro que me va a importar unas mierdas las reglas y las propias regulaciones para la 'salud' de mi cuerpo y te maldeciré aún sin la varita —Con la misma mirada penetrante, le puso el cubo de agua que le correspondía en frente, salpicando un poco—. Bienvenido al mundo de los plebeyos y agradece que no llamaron a tu papi y que Remus estaba medianamente de nuestro lado. Y ya te dije que no quería volver a cruzar palabra contigo en mi vida... —Se lo arrimó más y se dispuso a continuar con su labor.

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— ¿Qué tiene este puto jabón? —Se quejó Draco, luego de unas horas de silencio mortuorio y fulminante, frotándose los ojos con el antebrazo, le picaba. Inclusive le ardía la traquea al respirar.

— Cortesía de Sirius, no quiero saber —Le respondió neutro y sin mirarle.

— Genial, voy a morir envenenado.

— La próxima vez asegúrate de no dejarnos a la mitad, cuando menos me gustaría tener una razón de verdad, para recibir un castigo como este —Espetó, levantándose y abriendo uno de los lavamanos. Como ama de casa que podía ser considerado el león mayor, tenía que admitir que aquel detergente era, considerablemente bueno a la hora de cumplir su función pero, cómo jodía la piel...

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Draco miró su reloj, eran las seis de la tarde y no habían comido, ni descansado. La última vez que habían tratado de escapar, había aparecido un fénix rojo. Potter, le había explicado de no muy buena gana que aquel era el fénix de Dumbledore, Fawkes. Miró hacia atrás, allí todavía estaba el fénix, revoloteando y, su loquera daba para tanto que podría decir que estaba animando a Potter a terminar el trabajo con aquellas notas saltarinas que piaba.

Se sentó pegado a la pared y miró el cepillo. Aquello ya no daba para más. Estaban forzando lo que ya no existía. Las cerdas estaban explayadas por todos los lados, dejando vez la placa plástica del cepillo. Sabía que habían muchos baños en aquel piso, incluyendo el de Marthy la Llorona, el cual, en un acuerdo tácito, Potter y él, habían evadido y seguirían haciéndolo hasta que no diera más. Volteó a mirar a pelinegro quien estaba encogido de una manera extraña en el piso mientras el fénix cantaba volando al rededor. ¿Tal vez era una técnica súper secreta de Potter para limpiar más rápido? Luego de conocer los dones de Potter para los quehaceres del hogar se esperaba cualquier cosa. Estornudó varias veces consecutiva, pensando que ya había tenido suficiente de aquel detergente tóxico y de Potter, ignorándole.

Escuchó un gemido, de esos que soltaba la gente cuando algo le dolía. Las únicas personas que estaban en el castillo, porque nadie se perdería la oportunidad de quedarse un fin de semana en Hogsmeade. Eran ellos dos y el fénix, porque, inclusive Dumbledore se había ido. Así que, o un fantasma había aparecido o era Potter. Y dado que volvió a escuchar el ruido, y no veía ninguna identidad no-corpórea además de Potter... pues.

Se acercó y pudo detallar el canto del Fénix. Este sonaba un tanto desesperado, se colocó a lado de Potter, resbalándose en el proceso, dado que el cara-rajada lanzaba todo el tobo de agua en el piso y allí comenzaba el trabajo y lo obligó a mirarle. El golden boy, gimió cerrando los ojos y encogiéndose de nuevo, tratando de llevarse la mano enjabonada a la frente, cosa que el rubio impidió, no quería saber lo que haría ese jabón en aquella herida.

Harry chilló, y Draco vio que la cicatriz en forma de rayo se abría paulatinamente, casi como queriendo causarle el más penetrante dolor a su portador y comenzaba a manar sangre de ella. Sostuvo a Potter, de una manera más cómoda mientras evitaba que el pelinegro se llevara las manos a la herida. Miró al fénix, quien solamente pió con más fuerza, aleteando nerviosamente. Se metió una mano en el bolsillo sosteniendo con dificultad con la otra a su P.C.I, y sacó un pañuelo tratando de tocarlo lo menos posible para evitar llenarlo con aquella sustancia jabonosa de dudosa procedencia y lo colocó en la herida.

Harry jadeaba, sólo podía agradecer el estar despierto, no quería saber que tenía a Voldemort tan excitado. Tenía tiempo sin romperle la cicatriz, veía a Malfoy borroso y y los tonos de su visión se habían reventado, ardiéndole la excesiva entrada de luz que había. Sintió que Malfoy lo alzaba y se lo llevaba a algún lugar, que resultó ser el lavamanos, el agua en su rostro fue como una bendición. También observó ido como el rubio le lavaba a consciencia las manos y las liberaba, en un acto reflejo se llevó los miembros al área injuriada.

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— Malfoy... —Murmuró enfermo el ojiverde.

— ¿Qué quieres ahora, Potter? —Masculló de mala gana. Le molestaba tener que guardar la calma en esas situaciones, él no servía para eso

— ¿Me puedes ayudar al llegar al baño?

— Estamos en el baño, cegatón —Harry señaló la puerta de dónde estaba el inodoro.

— No puedo creerlo. ¡Renuncio! No quiero en mi vida tener que volver a hacer de enfermera, tampoco lavar un baño —Comenzó a despotricar agarrando a Potter por las axilas y arrastrándole hasta llegar a uno de los cubículos. Lo dejó cerca del inodoro y desconfiado observó que el enfermo abría la tapa y se llevaba la mano a la boca—. Eje, eje ¿Qué crees que haces?

— Déjame en paz Malfoy... —Le dijo famélico, metiéndose tres dedos a la boca lo más que pudo. Draco cerró los ojos escuchando al moreno vomitar. Lo agarró antes de que se diera con cualquier otra cosa. Genial, simplemente genial...

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— Será mejor terminar esto —Dijo viendo el desastre que era el baño. Llevó su vista hacia Potter... mejor se olvidaba de él, en esos momentos no era más que un estropajo tirado en el rincón seco de piso en dónde lo había dejado—. Si tú padrino te dejó solo, sabiendo de estos ataques no me quiero imaginar lo que hará si no terminamos el castigo y dudo que sirva de excusa tu pequeño ataque.

— No lo saben...

— ¿Perdón?

— Ellos sólo saben que Voldemort está haciendo de las suyas cuando me duele la cicatriz... jamás me han visto teniendo un ataque —Le confesó en voz baja y alicaída. Ni siquiera Hermione ni Ron habían estado allí en esos momentos. Él tendía a correr lo más lejos que sus ataques le permitían, para evitarles la penuria a sus familiares.

— Potter, eres la persona más estúpida que conozco.

— Ya te he dicho millones de veces que NO soy como tú —Le imprecó, incorporándose con dificultades—. ¿Cómo crees que me sentiría después de verlos como me viste tú hoy? Sirius puede ser una mierda cuando se molesta, pero, rara vez lo verás así, si hay algo que odio es ver a Sirius sufrir y más aún si es por mi culpa.

Malfoy suspiró, Potter lo sobrepasaba y era demasiado para él. ¿Es que no tenía límites su estupidez? ¡Estaba muriéndose literalmente y él prefería irse a hacerlo en solitario! Había que ser...

Aqua et ventus hiems conlavatius ego arcesso tui —Oyó Harry que decía el rubio en latín, alzando la mano y dejando el dedo índice en el aire. Una esfera de no más de un centímetro de diámetro apareció, flotando justo en la punta del dedo, una ráfaga se hizo presente en colores azules lavados, Harry trató de alejarse lo más que pudo de lo que fuera que estuviese haciendo el rubio, sin embargo, sólo una capa de hielo cubrió todo el lugar, ignorándoles a él y a Malfoy. Tocó fascinado el hielo escarchado que se había expandido en la superficie, era todo un espectáculo. Escuchó que Malfoy tronó los dedos y el hielo se fragmentó rompiéndose en pedazos y desapareciendo dejando un millón de partículas brillando en el baño. Cuando la ventisca de hielo desapareció, el baño estaba completamente reluciente, literalmente, brillaba. Harry miró a Malfoy con la boca abierta—. Dile a alguien sobre esto y el señor oscuro se quedará sin niño de otro para matar... —Le amenazó.

— ¿Qué fue lo que hiciste? —Preguntó sorprendido dejándose arrastrar de nuevo por el Slytherin, no es como si pudiera hacer otra cosa de todas maneras.

— Potter, no me llaman el Príncipe de Hielo porque el mote es bonito...

— Pero... ¿No se supone que no deberíamos usar magia?

— Tú no lo vas a decir, dudo que el fénix tampoco lo haga, y yo definitivamente no me voy a echar la soga al cuello. Joder, usar mis poderes elementales para esto... además, el hielo es in-trazable por lo que al menos que estuviesen mirándonos, no lo sabrán. ¡Me debes una grande Potter! Y joder, ¿Por qué de repente pesas tanto? —Le preguntó, alzándole en su espalda, agarrándole por los muslos para cargarlo mejor.

— Entonces considéralo pagado —Murmuró con voz somnolienta, agarrándose mejor del cuello del rubio con una sola mano para mostrarle el bolsito de terciopelo rojo, que contenía los galeones que habían comenzado todo. Draco sonrió con divertida resignación.

— Tú ganas Potter... —Admitió, agarrando lo mejor que pudo la bolsita y desapareciéndola mágicamente.

— Malfoy —Dijo el moreno bajito—. Ya no aguanto más despierto, despiértame cua...

— ¿Po...? —Volteó y vio que Potter se había, básicamente desmayado en su hombro.

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— ¡¿Cuánto tiempo llevo dormido!? —Exclamó asustado Harry, levantándose desubicado. Anteriormente había estado dormido en posición de descanso en una mesa.

— Unas horas —Le respondió el rubio, leyendo.

— ¿Do... dónde estamos? —Pero la pregunta no había sido necesaria, al girar la vista estaban en las mesitas de concreto que habían en los patios principales del castillo—. ¿Qué pasó con el castigo?

— Ya lo hice, Potter.

— ¿De verdad? —Soltó con sorpresa incrédula.

— Sí, Potter, de verdad —Ironizó.

— Que maldito eres... —Masculló, recostándose en su mano y poniendo el codo en la mesa.

— Ya deberías estar acostumbrado, sino te gusta mi personalidad, puedes largarte.

— Ja...

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— No puedo creer que de verdad limpiaron todos los baños del piso tres —Murmuró Sirius, el domingo a las siete de la tarde, mirando el mapa del merodeador (el cual había sido ligeramente modificado por su creador para la ocasión). Observó la pose despreocupada y marca Malfoy que tenía su sobrino y la sonrisa de ángel de su ahijado—. Supongo que no aprendieron nada del castigo ¿verdad? —Les preguntó curioso el animago. Draco y Harry se miraron... Harry rió tontamente y volvió a mirar a Sirius.

— No, no aprendimos nada ¿Por qué?

— Tengo pensado escribir una ponencia acerca de lo inútil que es castigar adolescentes.

— ¡SIRIUS ORION BLACK! —Todos miraron a la persona que había aparecido con una mirada psicópata—. ¡¿CUÁNTO TIEMPO MÁS CREÍAS QUE TE IBAS A ESCAPAR DE MÍ!? —Gritó la mujer, apresando en una llave imposible al último de los Black.

— Hola Miranda —Saludó Harry de lo más lindo.

— Hola, Harry, cielo ¿Cómo estás? —Le devolvió de lo más linda y femenina. Soltando al animago contra la pared y yéndose a abrazar a Harry delicada y amable.

— Bien, gracias —La mujer miró hacia donde estaba Malfoy—. Que descortés de mi parte. Te presento a Draco Malfoy, es el hijo de Lucius Malfoy.

— Ah sí, conozco a tu padre, actualmente estamos por cerrar un contrato con la firma Malfoy. Mucho Gusto, Miranda Addler.

— Eh... un placer —Respondió un poco desubicado. ¿Qué aquella mujer era bipolar?

— ¿Te vas a llevar a mi padrino?

— Por supuesto, bebé. Yo te lo devuelvo para clases. Mándale saludos al guapetón de Remsie. ¿sí?

— Yo se los haré llegar.

— Gracias, eres un panecillo dulce, Harry —El moreno rió impasible—. Señor Malfoy Junior, hasta una próxima ocasión —El rubio asintió—. ¡ORION BLACK! ¡LA PRÓXIMA MALDITA VEZ QUE ESCAPES, PIÉNSALO BIEN PEDAZO DE ESCORIA, PORQUE AZKABAN TE PARECERÁ UN CAMINO DE ROSAS! —Harry sonrió nerviosamente, al ver desaparecer a su padrino con la loca de su secretaria jalándole por los pelos mientras le vapuleaba.

— ¿Potter?

— ¿Malfoy?

— ¿Qué fue eso?

— La secretaria de Sirius. Decidió escaparse en lo que él llamó un "paro forzoso". Supongo que alguien le fue con el chisme a Miranda.

— Siento compasión del pobre hombre... yo también preferiría Azkaban a esa loca...

— ¿Qué se le hace? Ella ha sido la babysitter laboral de Sirius desde que era auror...

— Demasiadas cosas para un fin de semana, voy a dormir, cuando menos a tratar de hacerlo —Masculló, yéndose de allí.

— Hey.

— No, no quiero oír nada, me voy a mi sala común.

— Si quieres, puedo cocinarte de nuevo, después de todo, quince baños no son comparación con una sola comida... bueno, ya que no quieres —Draco lo agarró por el brazo.

— ¿Sabes hacer hamburguesas mediterráneas? —Murmuró sin mirarle a la cara. Harry lo vio sorprendido, especialmente porque el rubio estaba sonrojado.

— Sí... —Asintió, sintiéndose extrañamente cohibido, también.

— Vale...

TBC

"Aqua et ventus hiems conlavatius ego arcesso tui" (que el agua y el viento se congreguen a mi llamado)