Capítulo Diez: Slyffindor, Gryffinpuff y Griffinclaws.
— ¡Hey! —Le saludó Ron, soltando a Hermione para chocar las manos como siempre hacían—. ¿Dónde estabas?
— Cumpliendo el castigo con Malfoy.
— Esa serpiente... —Gruñó el pelirrojo—. Deberían disecarlo. Pero, ¡es una lástima que te hayas perdido el fin de semana a Hogsmeade! ¡Fue genial!
— Es cierto —Dijo Hermione—. Ten, te trajimos caramelos y un poco de tarta que sabemos te encanta.
— Je, gracias, son los mejores. ¿Y qué hicieron? —Preguntó, comenzando a caminar para irse a su sala común y descansar un rato.
— Yo estuve en el alberque mientras que Hermione estuvo en su tratamiento de yo-no-se-qué. ¿Para qué te echan chocolate en el cuerpo si no te lo puedes comer?
— Ron, el chocolate tiene propiedades que ayudar a suavizar la piel... —Harry rió. Definitivamente, había cosas que jamás cambiaban...
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— ¿Qué pasa? —Preguntó Harry, al ver que todos estaban conglomerados en la entrada.
— Tienen que ver esto —Les dijo Seamus al verlos llegar, agarrando a Harry. Dean agarró a Hermione y Ron. La sala común de Gryffindor estaba completamente destruida y una cosa que parecía echa de agua estaba en frente de lo que antes había sido la chimenea.
— Ergh... Hermione... —Comenzó Harry, sacando la varita que le había sido devuelta antes de que Miranda se raptara a Sirius.
— ¿Dime Harry?
— ¿Qué eso?
— No tengo ni la menor idea...
— ¡Qué! —Exclamó horrorizado.
— ¡Oh! ¡Oh Merlín! ¡Se mueve! ¡Esa cosa se mueve! —Chilló Parvati, agarrándose a Lavender y corriendo hacia la entrada. El monstruo acuosos se lanzó contra el alumnado.
— ¡Maximum Protejo! —Gritaron Hermione y Harry a la misma vez.
— ¡Corran a buscar al director! —Bramó el ojiverde, asustándolos a todos.
— Oh, oh... Harry, mira.. —El ojiverde observó hacia dónde su amiga estaba señalando. Ron había sido atrapado y estaba siendo ahogado, ya que se agarraba el cuello y trataba de buscar aire. El Gryffindor Mayor sintió como algo mojado le subía por la pierna. Saltó hacia atrás desvaneciendo el conjuro el cual no servía para nada, y de repente sintió que no podía respirar, comenzando a ver todo como estando bajo del agua, de repente toda la sala común era un océano azul.
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— ¡Buen Merlín! —Pronunció Mcgonagall, aterrada al ver como muchos de sus alumnos trataban de evitar morir ahogados. Sólo cerca del techo no estaba lleno de agua, y era difícil alcanzarla para tomar aire—. ¡Director! —Gritó al ver como el anciano era arrastrado junto con los demás alumnos.
— Estoy bien, Minerva. Que no cunda el páni... ¡glup! —Sin embargo, no pudo terminar la frase ya que fue sumergido completamente.
— ¿¡Qué pasó aquí!? —Exclamó Remus llegando, los alumnos habían tenido diferentes ideas de a quién buscar. Minerva lo tiró como pudo hacia atrás para evitar que el profesor de DEFENSAS terminara en aquel destino—. ¿Esos son...? ¿Caramelos de limón? —Puntualizó Remus, mirando que de repente no sólo era agua en lo que flotaban los alumnos, sino... esos horribles caramelos que comía el director. Curiosamente la fuente de los caramelos era mismo bolsillo del anciano.
— ¡Se van a ahogar en caramelos ahora!
— Creo que Potter está teniendo dificultades —Soltó uno. Todos vieron como unos tentáculos habían aparecido dentro del agua y comenzaban a atacar a los alumnos, más precisamente parecían ensañarse con Harry, quien a los pocos minutos se desmayó, por no poder llevar aire a sus pulmones.
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Nadie podía creérselo...los caramelos de limón habían salvado a los alumnos de Gryffindor. Dichos habían encapsulado el agua formando una barrera. Aprovechando aquello, Sirius, quién había aparecido con Miranda luego del chivatazo de uno de los alumnos, se fue a ayudar a su ahijado y Remus al director mientras que Mcgonagall, Miranda y los otros alumnos se fueron a ayudar a las otras personas que habían caído presa de aquel desastre.
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Cuando los Slytherin llegaron al comedor a la mañana siguiente, se encontraron con que no había ninguna mesa y los Gryffindor dormían en sacos, en el piso, con gestos cansados, había sido una noche para recordar. Los valientes caramelos de limón habían sucumbido al poder de aquel monstruo acuático llevándose ahora a todo el personal que había ido a prestar ayuda, ahogándolos a todos. Y al final había sido Snape quién había llegado de mala leche a ponerle final a todo aquello.
— ¿Qué coño pasó aquí? —Preguntó Draco Malfoy.
— ¿Qué hacen todos los Gryffindor durmiendo en el piso?
— El desayuno tendrá que esperar —Les dijo Snape, sobresaltando a todos, quien llegaba con el director. Cruelmente el pocionista hizo un sonido de disparo con su varita despertando a todos sobresaltados.
— Severus, no era necesario hacer eso.
— ¡Gryffindor! ¡Levántense...!
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Todos miraban con odio a Snape... ya habían arreglado el gran comedor y los demás alumnos estaban en sus respectivas mesas arreglados y listos para clases mientras que los Gryffindor estaban, despeinados y en pijamas.
— Anoche, mientras todos ustedes se preparaban para dormir —Comenzó el director de Hogwarts—. Una... criatura inidentificada, atacó a sus compañeros de clase, destruyendo completamente la torre de Gryffindor. Por esa razón, todos están en pijamas y fueron encontrados durmiendo en el gran comedor. Desafortunadamente, aún no tenemos ni la menor idea, de qué es esa criatura que además es inmune a nuestra magia y estuvo a punto de matarnos a todos. Incluyéndome. Cuando logramos someterla, tratamos de arreglar cuando menos los cuartos de la torre, nos enteramos que no podíamos hacerlo mágicamente... así que, el profesor White junto a su secretaria, se van a poner en contacto con albañiles, para tratar de solucionar el problema a la manera muggle. Debido a toda esta complicación, nos vemos forzados a mover a los alumnos de Gryffindor a otras casas. Desafortunadamente, Gryffindor es una de las casas con más alumnado y Ravenclaw y Hupplepuff no tienen capacidad para albergar, a más de cinco personas de Gryffindor.
»Por favor, no griten ni armen alboroto, pero, ya que la casa de Slytherin es la casa más espaciosa de Hogwarts y con menor alumnado se utilizará la parte deshabitada que es casi la mitad de la misma para albergar a los Gryffindor temporalmente. Desgraciadamente, esa mitad, no es suficiente para todo Gryffindor así que, tenemos que utilizar a todas las casas, se ha hecho un sorteo por medio del sombrero seleccionador para saber cual es su segunda opción, y desgraciadamente moveremos a todos el alumnado, ya que sólo el sombrero seleccionador tiene el permiso de dar entrada y salida a los alumnos a las diferentes casas.
»Esperamos que esta situación sea inusitadamente corta y pedimos disculpas por las molestias causadas, las clases de hoy se suspenden para comenzar la mudanza que tiene que terminar hoy, no podemos darnos el lujo de perder más clases, especialmente los alumnos de séptimo con sus EXTASIS y los de quinto con los TIMOS. Diríjanse a sus jefes de casa para saber su nueva casa, temporal.
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— ¿Harry? —Le llamó Hermione preocupada. El ojiverde le miró con pánico en los ojos—. Cielo, estar en Slytherin no es lo peor que puede pasar —Le susurró pendiente de que nadie los escuchara. Sólo pocas personas sabían que Harry había quedado en Gryffindor porque el mismo Harry lo había pedido así.
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— Potter —Le dijo Mcgonagall cuando llegó el trío de oro a consultarla—. Aquí está la contraseña de Slytherin y... Reverto Slytherin —Conjuró apuntándole, el uniforme había pasado hacer verde y plateado para su trauma—. Señorita Granger. Aquí la contraseña de Ravenclaw. Reverto Ravenclaw —Y la castaña observó tristemente como su uniforme rojo y dorado pasaba a ser, azul y negro—. Señor Weasley.
— ¡Ni porque me expulsen PONGO UN PIE EN SLYTHERIN! —Se exasperó el pelirrojo, huyéndole a Mcgonagall.
— El sombrero dijo que usted era el uno de los pocos que iba a armar desastre así que puede decidir estar en Slytherin o en Hupplepuff...
— ¡¿QUÉ!? —Sin embargo, luego procesó que en realidad, le estaban dando una oportunidad de librarse de Slytherin—. Bu... bueno...
— ¡Ron! ¡No me puedes dejar sólo en Slytherin! —Berreó Harry.
— Lo siento, hermano. Me voy a Hupplepuff con Dean y Neville.
— Perfecto, aquí está la contraseña —Le hizo saber entregándole un papelito—. Reverto Hupplepuff. Sus clases seguirán como siempre, ahora, retírense, contacten a un prefecto de sus casa para ubicarse, ellos tienen la información restante.
— ¡Me van a dejar sólo en Slytherin! —Chilló Harry.
— Lo siento, Harry... de verdad, pero, nos veremos en clases —Comenzó la prefecta de Gryffindor—. Y no es malo, tal vez te des cuenta que Slytherin es tu casa y se haga todo más fácil —El niño-que-vivió, volvió a chillar, ¡Eso no le podía estar pasando a él!
— ¡Hermione! —Le regañó Ron, alarmado—. ¡Harry no es ninguna serpiente rastrera!
— Vamos Ron, tenemos que buscar nuestra sala común. Sé que Hupplepuff y Ravenclaw quedan relativamente cerca.
— ¡Malos amigos! ¡No me dejen!
— Harry, ¡Eres un Gryffindor! —Le regañó la prefecta—. Actúa como tal. ¡Largo!
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— Bien, bien, bien... —Comenzó Pansy Parkinson—. Escuchen todos los forasteros. Slytherin no es ninguna de sus pocilgas. ¿Se entiende? —Explicó con voz dura y mirada matadora. Casi ningún Slytherin había sido cambiado de casa. Después de todo, no eran Slytherin por nada. Lo que fue más inesperado de todo fue ver a Potter con los colores de Slytherin, retraído casi al final de la comitiva—. No se hacen reuniones a media noche. La privacidad es la regla número uno. La sala común no es un parque recreativo ni un salón de estudio, si se meten en alguna situación conflictiva, se van a resolver sus problemas a otro lado ¿Se entendió? Y siéntanse orgullosos de estar pisando en carne propia la casa de nuestro más ilustre fundador.
» Cada Slytherin Real, tiene un apadrinado, quién será su responsabilidad de que las reglas de la casa de Slytherin se cumplan a cabalidad. Los profesores están terminando de arreglar la parte de Slytherin que se utilizará también es estos momentos y que ha permanecido inutilizada por eones. Lavender Brown, tu vienes conmigo, cada Slytherin, se acercará a su apadrinado ahora y lo llevará a sus habitaciones y esperarán nuestras indicaciones cuando los profesores nos indiquen para saber que sigue...
» Potter... tu padrino no va a ir a ti voluntariamente, nadie quiso apadrinarte así que, ya que Draco no quiso tampoco apadrinar a nadie, le tocó lo peor. Sólo para que sepas, su cuarto es el que está al final del pasillo la contraseña ya te la dirá él, y por cierto —Detuvo a todo el mundo—. Draco Malfoy es el otro prefecto de Slytherin, aunque en estos momentos no está demasiado receptivo. Si ustedes se piensan quedar allí hasta que la situación se solvente, ya es su problema... vámonos Brown...
— Deberías estar en Hupplepuff con tu manada de inútiles...
— Yo también pienso que debería estar con mi manada de inútiles, cuando menos no tendría que morir envenenado...
— No tengo pensado dejarte entrar en mi cuarto...
— Potter —Harry y Draco, voltearon para ver a profesor Snape quien acababa de llegar—. La contraseña del cuarto de Draco es Iustum Facere Fulgor.
— ¿Iu que? —No había podido captarle a la frase, no era muy versado en el latín que se dijera, aunque, al parecer el rubio lo utilizaba para todo.
— Lo que oyó, ahora, los dos dejen de hacer el estúpido al menos que quieran detención. ¡Largo!
— Iustum Facere Fulgor —Pronunció Draco, irreverente cruzado de brazos mientra que Harry lo único que hacía era suspirar derrotado.
— ¿Me puedes escribir eso? —Le preguntó incómodo, refiriéndose a la contraseña.
— Ni en sueños Potter.
— ¿Cuándo menos me puedes decir que significa para acordarme mejor?
— ¡¿QUÉ LE PASÓ A MI CUARTO! —Exclamó indignado. Al ver que su cama matrimonial era ahora una cama individual y que al lado había otra igual, sus doseles habían desaparecido y todo había sido clonado.
— Hasta aquí llegué, sé que Malfoy va a asesinarme... lo sé... apenas se de vuelta... —Pensaba el ojiverde. Se escudó con los brazos cuando el rubio se volteó con gestos marcados y toscos.
— Potter, ODIO el desorden más de lo que alguna vez te voy a poder odiar, así que si veo algo fuera de lugar, te torturaré infinitamente. NO, y grábatelo: NO te voy a volver a hacer de enfermera, así que si vas a tener uno de tus ataques de sangrado masivo, puedes irte largando a tu destruida torre. Tercero, ¡No me dejes echo un asco el baño cuando lo utilices! Sube las dos tapas cuando orines y vuélvelas a bajar, cuando termines. El champú se recarga sólo así que si lo acabas ¡No botes el maldito pote porque te descabezo! Hay un compartimiento para meter tus enseres personales, utilízalo, reitero, no me dejes nada hecho un desastre. Duermo de este maldito lado —Le hizo saber, señalándole la cama que estaba a la derecha—. Sino te gusta, puedes ahogarte en la bañera...
— Duermo del lado izquierdo —Murmuró molesto, sentándose en la que sería su cama, hasta que los obreros terminaran el trabajo o sus profesores encontraran alguna manera de hacer funcionar la magia en Gryffindor—. Malfoy...
— ¿Ahora que mierda quieres?
— Umm, puedes repetir la contraseña de tu cuarto. ¿Por favor?
— Iustum Facere Fulgor... repite inútil: Iustum Facere Fulgor.
— Iustum Facere Fulgor... ¿qué significa?
— ¿Y te llamas a ti un sangre pura? ¡¿Qué acaso no saber latín!?
— Pues... lo que Hermione me ha hecho aprender —Le confesó avergonzado—. Y no, yo no me considero un sangre pura, no entiendo de eso, sin contar con que no lo soy, mi madre es nacida de muggles, te lo recuerdo.
— ¡Potter, eres desesperante!
— ¡¿Y ahora que hice?!
— ¡¿Es que no sabes nada?!
— ¡¿Qué pasa, Hermione!?
— ¡¿Cómo te atreves a compararme con la pelos de escobas?!
— Eres una ladilla... y no le digas así —Opinó, volviéndose a sentar en la cama, cruzando los brazos y volteando la cara.
— Potter, para tu información, pedazo de carne sin cerebro, cuando tu madre se casó con Potter, legalmente se convirtió en una sangre pura, aunque, es igual que ser un "Nuevo Rico"... y ya que te concibieron luego de matrimonio tú ni siquiera tienes algún trazo de la impureza de tu madre . Los Potter, son de la línea noble de la magia. ¡Es tú propia historia! ¿Cómo coño no la vas a saber? ¡Inclusive se dice que ustedes son de la línea directa de Gryffindor!
— Y qué... por ser de la maldita línea directa de Gryffindor tengo a Voldemort tras mis pasos... —Le gruñó rehusando mirarle.
— ¿O sea que es verdad? —Harry se volteó y lo miró con actitud borde—. ¿Qué? Es sólo una especulación, es obvio que tengo que estar, ligeramente sorprendido...
— A mí no me interesan ninguna de esas formalidades... si hubiese sido un mago común y corriente o un muggle, cuando menos tendría a mi familia al completo.
— Potter, tú no quieres ser un maldito muggle por encima de lo que eres ahora.
— ¿Qué sabes tú?
— No te creo, maldita sea, me rehúso a hacerlo.
— ¿Y cuál es tu "sangre" que la gente anda como imbéciles siempre detrás de los Malfoy? —Sabía que cuando a Malfoy le preguntaban acerca de su ascendencia, se pegaba y olvidaba todo lo demás.
— Mi familia para tu información, Potter —Ajá... allí iba... era increíble lo rápido que había entrado en aquel "modo"—. Viene de los primeros reyes de la magia.
— ¿Reyes? —Draco exhaló bruscamente.
— A veces se me olvida que tengo que tratarte como a un maldito muggle. Si Potter, Reyes. Antes de que se implementara un sistema pseudo democrático, vivíamos en monarquía. La línea de los Malfoy se divide en dos, aunque no te interesa cuáles son esas dos ramas, mi rama, es la del Rey Mágico de Francia. Todos los cabezas de los Malfoy, son descendientes en la línea de tataranietos de el Rey Leinandros Frennsee III, y ya que mi abuelo Abraxas Malfoy que en paz descanse, sólo tuvo a mi padre como descendiente, cuando él abdique, yo me convertiré en la nueva cabeza de los Malfoy —Y le sorprendió el orgullo en la voz de su compañero de cuarto. Malfoy realmente estaba dispuesto a darlo todo por su familia.
— Joder Malfoy, compadezco a tu futura esposa.
— Ya te dije que no me iba a casar...
— Sí, sí... me acuerdo. Bueno... también compadezco a tu hijo.
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Harry se encontraba dormitando agradablemente en su cama provisional, mientras que Draco hacía los deberes sentado en su escritorio. Las campanillas del reloj principal de Slytherin sonaron, avisándole que era hora de el almuerzo y no podían dilatarse un minuto más. El rubio se levantó de su asiento con elegancia y movimientos comedidos, pasándose una manos por los cabellos, para arreglar cualquier desperfecto que hubiera. Se acomodó el nudo de la corbata y la enderezó. Se metió lo que se había salido de la camisa dentro del pantalón, y se enderezó la correa para que la hebilla quedara justo en el centro. Agarró del perchero que había cerca de la puerta la túnica y luego recordó que Potter estaba durmiendo en la habitación.
Potter estaba babeando la almohada. Aspiró, conteniéndose para no cometer una estupidez.
— Potter, arriba. Hora de levantarse —Le dio unos golpecitos en la espalda—. ¡POTTER!
— ¡Señora! —Soltó Harry, desubicado creyendo que era su tía. Suspiró, volviendo a la realidad.
— ¿Cómo que señora, Potter? —Oh... mierda... Miró a Draco preocupado.
— Lo siento Malfoy —Se disculpó, rápidamente—. ¿Qué pasa? ¿Por qué me despiertas?
— Eres un Slytherin ahora, Potter. Lo que se traduce a que tienes que ser puntual, es hora de ir al gran comedor. Párate. ¡Rápido! —Le apremió, ganándose una mirada de cansado hastío.
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Snape observó un poco traumatizado el cambio que había sucedido en la escuela en un flash. Nuevos grupos se habían formado y..., aquello casi no hace que le diese un paro cardíaco. El trío de oro se había disuelto momentáneamente. En vez de Potter, Granger y Weasley entrar juntos y revoltosos al gran comedor. Potter, entraba con Malfoy jalándole y regañándole sabría por Merlín que cosas. Mientras que Parkinson y Zabini los miraban resignados y Nott leía sin atropellar milagrosamente a nada ni a nadie. Granger entraba orgullosa como siempre, encabezando el grupo acompañada de las Patil y una Ravenclaw. Y Weasley lo hacía con un montón de Hupplepuff, junto con Longbottom y Thomas. Riendo y siendo el centro de atención que siempre había querido.
Volvió a respirar tranquilo cuando el trío de oro se reunió de nuevo, y se sentó en Gryffindor. Así era como debía ser todo... sí, exactamente así. Aunque... era extraño ver sentado en la mesa de Gryffindor un surtido extraño de colores, era sorprendente que la mayoría de los Gryffindor habían sido sorteados como segunda casa en Slytherin.
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— Ron.
— ¿Si Hermione?
— ¿Vamos a ir juntos al baile de Halloween? —Harry miró a la pareja, sonreírse.
— ¡Pero Princesa! ¡Faltaba más! —Le respondió, besándola—. ¿Y tú con quién vas a ir, hermano?
— No lo sé... no tengo demasiadas ganas de ir tampoco... —Les mintió, de verdad le dolía ver como le hacían momentáneamente a un lado para tener sus momentos de amorío.
— ¡No puedes! ¡Tienes que ir! —Le alentó Ron—. ¡Es nuestro último baile de Halloween en Hogwarts!
— Ron —Le regañó Harry—. Conociendo a Dumbledore seguro que también suelta el mismo discurso en San Valentin...
— ¡Pero! Ese es el de San Valentin, ¡No el de Halloween! Además, el año pasado, Mcgonagall no lo dejó hacer el baile de San Valentin. Y lo más seguro este tampoco ¡tienes que venir! Tienes a Hogwarts a tus pies, estoy segura que nadie te negaría de invitarle. ¿Por qué no le dices a Seamus?
— No sé, Ron... ya veré...
— ¡Hermione! ¡Dile algo!
— Ron, para Harry, Halloween es una fecha dolorosa, si no quiere venir al baile, está bien... —Sin embargo su mejor amiga le estaba viendo con esa miradita que decía que lo iba a obligar quisiera o no.
— ¡Me rehúso! —Exclamó Ron en descontento. La prefecta le había metido una colleja.
— Si alguien me invita y no me entero que fueron ustedes los que me delataron, iré...
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— Iu... ummm... —Dijo Harry, tratando de acordarse de la contraseña—. ¿Facer? Ummm... ¡estúpido Malfoy y su manía de poner todo en latín! —El ojiverde observó la serpiente que había en la puerta, la cual le miró también, silbándole, lo que hizo que el moreno saltara hacia atrás. Luego de recuperarse del susto—. Oye ¿Me dejas pasar? —Le preguntó en Parsel.
— ¿Quién eres Parsel Orator?
— Ergh... ¿Harry Potter?
— ¿Un descendiente de Slytherin?
— ¿Si te digo que sí me dejarás pasar?
— Debemos obedecer a todos los descendientes de Slytherin... tú hueles como uno de ellos...
— Tengo que la contraseña, pero... creo que se me olvidó algunas partes.... ¿Ium... algo farcere o algo así y fulgor?
— Sólo te dejaré pasar porque has dicho casi toda la contraseña y porque eres un Orator de nuestra lengua. No te acostumbres... esta es la última vez.
— ¡Merlín! ¡Gracias! ¿Cómo te llamas?
— No tengo nombre y no es necesario ser nombrada. Ahora, entra pequeño Hablante.
Cuando entró se encontró a Draco con una mirada hastiada y a una joven hablando cohibida.
— Te dije que te daría tiempo hasta que Potter llegara, puedes largarte...
— Pero...
— Voy a ir al baile con Pansy, no haces nada aquí. Lárgate...
— Merlín, Malfoy.... deberías ser un poco más amable... —Le dijo preocupado al ver como aquella muchacha salía disparada a llorar, seguramente.
— No eres nadie para decirme que hacer, Potter.
— No sé por qué todavía me sigo metiendo en lo que no me importa...
— Yo tampoco lo entiendo.
— ¿Vas a ir con Pansy al baile? —Preguntó con curiosidad, sentándose en la mesa y cruzando las piernas en forma india.
— No...
— ¿Y por qué le dijiste eso?
— Por qué si, Potter. ¿Qué no tienes nada que hacer?
— Sí, pero mi tarea se la comió el monstruo de agua, junto con mi escoba, mi uniforme de Quidditch, mi ropa, y cualquier otra cosa que poseyera y estuviese en Gryffindor en el momento del ataque. Sirius dijo que iba a mandarme más ropa cuando Miranda la buscara en casa.
— ¡Bendito sea! Damos las gracias al monstruo que se comió su ropa. Aunque... no estaría muy alegre si un maldito bichejo se comiera mi Saeta de Fuego.
— Dumbledore me dijo que habían descubierto que el monstruo era un vacío por dentro y que tenía todas nuestras cosas en su estómago... así que no cantes victoria con deshacerte de mi ropa.
— Jamás pensé que viviría para verte ensuciando el uniforme de Slytherin... eres la desgracia de la casa. La corbata mal puesta, la camisa por fuera, el pullover brillando por su ausencia, tienes la camisa mal abotonada —Harry miró la camisa y abrió los ojos con sorpresa. ¡¿cómo no había visto eso?!— Tu cabello sigue igual o peor que cuando en Francia, inclusive tienes los lentes caídos... —El Gryffindor se pasó una mano por el cabello, se subió los lentes y se quitó la corbata—. Eres un desastre que camina.
— Y aún así te parece que tengo un buen culo...
— Por supuesto Potter. Sácate el alma y déjame el cuerpo...
— Lo lamento Malfoy, el paquete viene completo, además, no está a la venta.
— Lástima —El moreno abrió la boca—. Bueno, seguiré con mi tarea... —Determinó, volteándose y dejando que una sonrisa de satisfacción se asomara en sus labios.
— Oye, ¿con quien vas a ir al baile?
— No contigo, Potter —Le respondió de una vez, sacando algunos libros de su bolso. Harry reviró los ojos y se tiró de nuevo en la cama con los brazos detrás de la cabeza. Luego de un tiempo prolongado, Harry se moría del aburrimiento, así que se levantó de golpe y miró la espalda de su estirado compañero de espalda. Estaba completamente recto y los dos pies estaban alineados en el piso.
— Malfoy...
— ¿Ahora qué, Potter?
— ¿Almorzaste?
— ¿Por qué preguntas?
— Porque estoy aburrido.
— ¿Y? —Siguió la conversación sin ni siquiera voltearse.
— Y mi ladilla es suficientemente fuerte para cocinarte... —El rubio se volteó, recostándose en el respaldar de la silla de madera, mirando fijamente al moreno—. Rétame a cocinar algo particularmente difícil... anda, no sean tacaño Malfoy, ayúdame a "desaburrirme" por favor —Le rogó utilizando por primera vez con Malfoy su mirada de cachorrito degollado, aunque el puchero se lo había guardado. Esa era su arma ultra secreta para conseguir sus propósitos. A Draco le pareció adorable y estuvo a punto de decirle que sí.
— ¡Ah! Quién no te conozca que te compre, joder... —Le dijo volviendo a su tarea... había estado de caer en aquel truco más viejo que el hambre y que en Potter parecía ser condenadamente efectivo. Potter, apareció un libro de la nada y volvió a tirarse en la cama con una sonrisa maliciosa.
— ¿Que te parecería si cocinara Salmón ahumado, marinado en laurel, tomillo, limón y aceite de sésamo con salsa carbonara? —Estaba a punto de echarse a reír, al ver la cara de Malfoy, pero, se aguantó—. Inclusive puedo ser muy bueno y hacer papas rellenas de acompañante.
— ¡Merlín Potter! ¿Qué quieres hacer que engorde? —Harry se echó finalmente a reír como si no hubiese mañana, inclusive cayéndose de la cama.
— ¿Te has vuelto irremediablemente loco? —Le preguntó molesto.
— No... —Jadeó, tratando de incorporarse en la cama—. Tenías que ver tu cara...
— No me da risa...
— ¿Y qué? —Volvió a reírse con más intensidad. El rubio bufó.
— Dudo que puedas preparar esa receta. Marinar el salmón sin palmarla es casi un arte.
— Ajá... así que sí estás interesado en mi apetitoso almuerzo.
— Estoy puntualizando un hecho...
— ¿Y qué ganaría el cocinero de lograrlo?
— Potter, lo único que recibirás de mí, será devolverte los doscientos galeones que aún tengo empaquetados...
— Entonces no te cocinaré.
— Nadie te estás pidiendo que lo hagas.
— Estoy seguro que si vuelvo a mencionar la comida te gruñirá el estómago.
— Claro que no —Gruñó el mismo Draco.
— Si tú hechizas a los elfos, lo haré... —Le hizo saber inocentemente.
— Vendido... vámonos —Le dijo jalándolo por el brazo. Harry sólo se rió.
TBC...
