Capítulo Once: Todo por confundir el Oro con la Plata.
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Eran las nueve de la noche y luego de haber hechizado hasta desmayar a los elfos y comer. Draco y Harry habían regresado a Slytherin, en un agradable silencio. El rubio volvía a ser presa del sueño, luego de haber perdido estrepitosamente (como siempre) contra el antiguo Gryffindor, y admitir que era el mejor Salmón ahumado que había probado y que jamás se imaginó que la Salsa Carbonara pudiera quedar bien con aquel pescado.
Harry le había contado que su tía había descubierto la receta y le había mostrado el libro de dónde la había sacado, también le había confesado que su tía le había enseñado a marinar aunque se había omitido la parte escabrosa de la historia.
Los dos se levantaron al mismo tiempo.
— ¿A dónde vas a Potter? Ya te dije que eres un Slytherin y no vas a cometer ninguna trastada mientras yo esté aquí para evitarlo y seas un miembro de mi casa.
— Voy a ducharme, no seas paranoico ¿Y tú a dónde ibas?
— Yo primero.
— ¡Ah no! ¡Eso es trampa!
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— ¿Entonces te vas a casar con esa estirada? —Preguntó Pansy, preocupada mirando a Blaise, mientras caminaban por Slytherin.
— Ya no sé como escapar de el compromiso...
— ¿Qué ha dicho Draco, acerca de esto?
— No mucho. Simplemente se me quedó mirando esperando que yo hiciera algo. Aunque, no supe muy bien que quería que hiciera.
— ¡Potter quítate de esa puerta inmediatamente! —Esto hizo saltar a los dos Slytherin, quienes se miraron entre sí.
— ¡Malfoy déjame en paz yo me levanté primero!
— ¡No seas mentiroso!
— ¡Quítate Malfoy!
— ¡Quítate tú, Potter!
— Iustum Facere Fulgor —Pronunció Parkinson y observó la escena. Draco tenía acorralado a Potter en la puerta, mientras que Potter trataba de traspasarla sin poder debido a Draco.
— ¡Este es mi cuarto, Potter!
— ¡¿Y qué!? ¡Hasta que la torre de Gryffindor vuelva a funcionar es mi cuarto también!
— ¡Quítate, cuatro ojos!
— ¡Oblígame, serpiente oxigenada!
— ¡Hey! ¿Qué es este alboroto! ¡Cállense los dos! ¿En dónde creen ustedes que están en una mancebía? —Los ocupantes del cuarto se acomodaron al llamado de Pansy.
— ¿Quién te llamó, Pansy?
— El bochinche que tenían montado. ¿Qué les pasa? ¡Están en Slytherin! ¡Compórtense! ¿Cuál es el maldito problema? ¿Porque bobada se están peleando ahora?
— ¡Yo me levanté para ir a baño primero! —Dijeron los dos al mismo tiempo, señalándose. Pansy perdió la paciencia.
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Potter había sido el primero entrar a bañarse. Pansy los había jalado a los dos por la oreja y luego de aparecer dos papelitos se los dio. El ojiverde había salido con el primer número. Así que allí estaba Draco es su cuarto, esperando que el estúpido cara-rajada terminara de bañarse.
El baño se desocupó en un tiempo que a Draco le pareció un sacrilegio. ¿Cómo se había bañado en diez minutos? Potter asomó la cabeza sonrojado y llamó a su compañero de cuarto.
— ¿Qué quieres, Potter? —Soltó sin ganas.
— Um..., no tengo nada de ropa...
— A buena hora te vienes a acordar... ¿Y qué quieres tú que yo haga?
— ¿Me puedes prestar algo para dormir, por fis? —Le rogó desesperado. La única opción que quedaba era dormir desnudo. Sirius estaba ocupado todavía lejos de Hogwarts junto con Miranda y Remus, estaba allí, dando clases, simplemente nadie podía buscarle su ropa por los momentos.
— No Potter, me rehúso a prestarte mi ropa... la ensuciarás.
— Malfoy, no voy a dormir desnudo. ¡Por favor! ¡No seas así! Algún pijama que ya no uses... —El rubio se cruzó de brazos, y suspirando se volteó molesto a buscarle algo. Cuando lo encontró, se lo pasó. Harry vio que era un guarda camisa blanco y un bóxer.
A Draco le causó risa que su ropa le bailara a Potter. Aunque considerando que le sacaba varios centímetros al moreno, era de esperarse. La camisa le quedaba como un vestido y otra vez estaba sonrojado.
— Te ves gracioso, Potter —Expresó divertido, metiéndose en el baño, escuchando como la almohada pegaba en la puerta. Se rió con más ganas... Observó el baño. Simplemente el vidrio estaba empañado, del resto, Potter no había, siquiera movido la alfombra. Bueno, tal vez Potter no iba a ser tan mal compañero de cuarto.
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— Malfoy ¿Qué te tomó una maldita hora en el baño? —Preguntó incrédulo.
— Potter, no soy como tú que tarda diez minutos.
— ¡Tardaste exactamente cincuenta y seis minutos en el baño!
— ¿Y qué?
— ¡Y aún así querías bañarte primero!
— No seas llorica... —Le espetó, peinándose y arreglándose la ropa.
— Vas a dormir... ¿Qué tanto haces?
— Cierra la jeta, Potter...
— Malfoy, la pijama se te va a arrugar..., quieras o no —Le soltó incrédulo al ver que luego de acostarse, su compañero de cuarto, volvió a arreglarse el cabello y alisarse la ropa.
— Buenas noche, Potter. Me dispondré a apagar las luces...
— Estúpido...
— Idiota... ¡Nox! —Conjuró Malfoy y las luces se desvanecieron paulatinamente. Harry se acurrucó en su cama, sintiéndose extraño. Aquel lugar se sentía igual que Gryffindor y eso lo asustó. Inclusive era como si aquella situación con Malfoy la hubiese estado viviendo desde siempre. El estar en Slytherin también se sentía como estar en su hogar, la temperatura no le parecía tan fría como cuando había ido a espiar a Malfoy y aquella pétrea oscuridad que jamás se evidenciaba en Gryffindor, lo hacía sentirse acogido, en casa. ¿Cómo hubiese sido si hubiese dejado al sombrero colocarlo en Slytherin? Tal vez hubiese logrado limar sus asperezas con Snape, al ser la cabeza de su casa. Aquellas peleas tontas con Malfoy por el baño o por la comida, le llenaron inimaginablemente. Tal vez muchas cosas no hubiesen salido como hasta ahora y serían mejores, sin embargo, aquello ya no existía ni existiría nunca. Sólo quedaba lo que estaba viviendo en esos momentos y el único camino era hacia adelante. Se volteó, arreglándose las sábanas y comenzó a deslizarse al mundo de los sueños.
— Buenas noches, Malfoy —Murmuró apagado.
— Hasta mañana, cara-rajada.
— Hurón...
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— Yo sabía que estar en Slytherin iba a beneficiarte —Le hizo saber Hermione, al Harry sentarse.
— Cállate Hermione, no tienes ni la menor idea de lo que es el despertar en Slytherin...
— ¡En Ravenclaw es genial! ¡De verdad, inclusive me sentí como en casa y todo es tan interesante! ¿Sabía que para entrar, hay que responder a un acertijo? —Harry asintió. Así que él no había sido el único con aquellos sentimientos de pertenencia en otra casa.
— ¡Ron! ¿Dónde estabas? —Preguntó Hermione—. ¡Sólo quedan cinco minutos para comenzar clases!
— Anoche Seamus y Dean decidieron armar jaleo y nos acostamos muy tarde. Creo que se nos olvidó que Harry no estaría allí para despertarnos o tú para mandarnos a dormir... —Hermione y Harry se miraron preocupados. Como que a Ron estar en aquella casa no le había hecho mucho bien.
— Apúrate que tenemos pociones...
— Vayan ustedes... yo les alcanzo.
— ¡Ni de chiste! —Soltaron Granger y Potter al unísono.
— No quiero perder puntos por ti... —Le regañó la prefecta, jalándole del brazo, mientra que el pelirrojo sólo podía agarrar una simple tostada para desayunar.
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— Hoy vamos a aprender a hacer la poción contra el veneno de la Cobra Real. A partir de la base de antídotos que aprendieron en tercero —Todo el mundo (principalmente los Gryffindor) se miraban entre sí. Nadie recordaba de qué poción previa—. Cómo sé que todos los Gryffindor, no tienen ni la menor idea de qué hablo, tienen cinco minutos para encontrar un voluntario Slytherin que se coloque con ustedes para realizar la poción—. Potter ¿Usted no oyó?
— Señor, puedo realizar la poción solo. ¿Puedo? —Rogó internamente a cada dios que encontró para que Snape dijera que sí.
— Ni en broma, Potter. O se encuentra una pareja, o se sienta de una vez con el señor Malfoy.
— ¡Por qué! —Se quejó Draco—. ¡La última vez nos trató de matar unas cuantas veces!
— Silencio —Le instó sin derecho a réplica. Malfoy inmediatamente se sentó enfuruñado—. Señor Potter. Estoy esperando...
— Mira Potter —Le dijo Draco, a penas llegó a su lado—. Este antídoto en vez de curarte puede matarte con sólo salpicarte... ¡Así que te agradezco coherencia!
— Déjame en paz... yo le dije a Snape que quería trabajar sólo...
— ¿Y qué nos mates a todos? —Los dos se miraron a matar.
— En estos potes está el veneno de la Cobra. No lo malgasten —Advirtió, dándole un vial a cada uno.
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— ¿Y ahora que hago con esto? —Draco miró mosqueado al moreno—. Te recuerdo que mi libro de texto está junto a todo Gryffindor en el estómago de algo que ni Dumbledore sabe qué es...
— Dame Potter —Susurró gruñendo—. Más ayuda el que no estorba.
— Como quieras...
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Lucius Abraxas Malfoy se encontraba en su sobrio despacho, finalizando de escribir en una tarjeta y adheriéndola mágicamente a una caja envuelta exquisitamente en vinotinto. Se levantó, tomando su vaso de coñac y se dirigió a la chimenea. Él fuego y su familia nunca se habían llevado demasiado bien, pero, siempre había sido un mal necesario. Suspiró sin razón alguna y miró hacia afuera, ese día era noche de luna nueva, por lo que sólo estaba el oscuro cielo acompañado de las nubes. Caminó en diagonal y subió un poco el volumen. Aquel pastoral era toda una obra maestra. Delicada y con estilo.
Una estauilla le llamó la atención. Era un lobo tallado en plata pulida. El animal estaba en pose altiva y elegante. Le hizo recordar al estúpido licántropo amigo de su cuñado... el jamás se había ensañado tanto con alguien, sin embargo, Remus John Lupin, había sido un trago fuerte de superar. No sabía que era lo que más le disgustaba del hombre... ni siquiera con James Potter, a quién odiaba con pasión, aún fuera del colegio por sus relaciones inter familiares, era fácilmente ignorable. Pero, cuando se trataba de Lupin, ahí no había pero ni razón que valiese.
Se volvió a sentar, mirando su vaso. Debía dejar ya el licor, no sabía cuantas rondas llevaba esa noche, pero, ya era suficiente un Malfoy no podía permitirse tales descontroles. Sacó su varita de su bastón negro y su cabeza se llenó con recuerdos de Draco jugando con aquel ornamento, mientras Narcisa reía jovial, fotografiándole. Un vacío desgarrador, inundó sus sentidos. No había sentido aquello, desde que Narcisa estaba con él.
Se resignó, dejando pasar todo aquello. Dio un suave golpe con su varita y el regalo desapareció, mientras pensaba si alguna vez antes de morir conseguiría a una persona a quien amar... Narcisa se lo había pedido, y él se lo debía a sí mismo. Ya no quedaba nadie vivo que impidiera su felicidad.
Estaba siendo ingenuo... no había nadie allá afuera que buscara algo más que el apellido Malfoy. No quería saber el espectáculo que se armaría si el chisme de que estaba buscando pareja se difundía, especialmente no quería saber lo que pensaría su hijo, la única cosa importante que tenía consigo si comenzaba a buscar a alguien. Para Draco, Narcisa era una Diosa perfecta e inigualable. Conseguir su aprobación iba a ser momentos de disgustos y discusiones.
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Remus estaba tranquilamente corrigiendo informes mientras tomaba chocolate. Pasó de trabajo, grabando una "A" de aceptable en ese reporte. El siguiente resultó ser el de Draco Malfoy. Nadie podía decir que no era hijo de Lucius, inclusive podía recordar que esa manera de colocarle el punto a la I, era mecenas del actual cabeza de los Malfoy. Leyó por encima y colocó una "S". Aunque jamás lo admitiera en voz alta, el pequeño Malfoy era una Hermione dos, ¡Ah! Y debajo de Malfoy estaba la prefecta de Gryffindor, puso otra "S" de Supera las Expectativas, luego cuando terminara de corregir todo, si tenía ganas lo leería. Estaba seguro que Hermione no sólo había copiado el libro de texto si no que lo había analizado después. Cuando se dispuso a cambiar de ensayo. Un paquete se posó de la nada en su escritorio, asustándole.
Se levantó y miró por encima el regalo, sólo la envoltura, parecía costar más de lo que tenía ahorrado en su cuenta bancaria. Había una tarjeta, le lanzó un localizador de hechizos al regalo pero, nada apareció, era un regalo normal y corriente. Abrió la tarjeta.
"Para usted que brilla como la luna, que este presente, promulgue nuestra unión"
Lucius Abraxas Malfoy.
Remus tenía la boca abierta. ¿Lucius Malfoy le había mandado un regalo? Releyó la tarjeta, torció una mueca aquello de brillar como la luna lo había insultado de sobremanera. ¡Que manera tan elegante de burlarse de él! Se sentó, sintiendo una molestia inusual en él, abriendo el regalo, con cuidado. ¡No podía romper el papel! Cada vez que tenía un impulso de hacerlo, venía como el maldito envoltorio parecía hecho de algún metal precioso. Era una caja blanca e impoluta de catorce centímetros de alto y veinte centímetros de largo.
Abrió con cuidado ese envoltorio y se encontró con otra cajita. Era de terciopelo negro y media nueve centímetros por nueve centímetros. Un tic en el ojo le apareció ¡¿PLATA?! ¡LUCIUS MALFOY IBA A MORIR EN ESOS PRECISOS MOMENTOS!
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— ¿En que lo puedo ayudar... señor... ummm? —Preguntó diligente un elfo de la casa Malfoy.
— Vengo a hablar con Lucius Malfoy, así que puedes llamar a tu amo antes de que decida romper las barreras y patee su aristocrático culo.
— Permítame unos segundos...
— ¿Lupin? —Llamó Lucius llegando a aquella sala, sin creérselo. ¿Qué pasaba allí?— Voy a preguntarlo una sola vez, Lupin. ¿Qué coño crees tú que haces en mi casa? Largo de aquí Kiki... —El elfo desapareció.
— Mira, Malfoy. No estoy rebosante de alegría por tener que estar aquí perdiendo mi tiempo contigo. Pero, esto superó mi capacidad de soporte. ¿¡Qué te poseyó para jugarme una broma de tan MAL gusto, especialmente mandándome plata?! ¡Vas para los cuarenta! ¡Severus, Sirius y tú necesitan crecer! ¡Y necesitan hacerlo con urgencia! —Le soltó fuera de sí. Tanto que su lobo se salió de control, haciendo que sus pupilas se alargaran y rompiera las barreras que lo separaban de la chimenea de Hogwarts de la Malfoy Manor, llegando en carne y hueso a donde estaba el infantil hombre. Lucius estaba sorprendido. Lupin había roto con una facilidad pasmante la barreras de su casa que eran mantenida por todos sus ancestros y por él mismo.
Sintió que le pegaban una cosa con demasiada fuerza en el pecho.
— ¿Cómo conseguiste esto? —Inquirió el rubio sorprendido.
— Estaba yo, alegremente corrigiendo ensayos cuando llega este maldito paquete a mi mesa. Malfoy, para molestarme hay que correr un buen trecho, y tú con tres simples palabras y una maldita pulsera, estoy a punto de matarte. ¿Puedo saber porque mierdas me mandas eso?
— Mira, Lupin. Esto es un mal entendido. Esto no era para ti, no tengo ni la menor idea de como llegó a dónde tú estabas...
— ¡Oh sí! ¡Típico de ti! ¡Ahora no tienes la culpa! ¡Tú mejor que nadie sabes que soy alérgico a la plata! ¡Mierda! ¡Como te odio! ¡Pero yo no trataría de matarte de una manera tan baja y despreciable!
— Mira Lupin, dame la maldita pulsera y lárgate... esto no era para ti. Si leyeras bien la maldita tarjeta te darías cuenta que va dirigido a una mujer. Idiota.
— Leí la tarjeta, a decir verdad, la releí varias veces tratando de buscarle una respuesta lógica a esta putada, pero, ¡figúrate! No la encontré.
— ¡Regresa con tu jauría, Lupin! —Le dijo yéndose a su oficina.
— Pues no me voy —Le hizo saber, siguiéndole.
— ¿Cómo que no te vas?
— No me voy a hasta que piense en una manera de descobrármelas. ¿Crees que me intentas matar y te librarás así como así?
— ¡No seas tan pretencioso, Lupin! ¡Yo no he tratado de matarte! —Si Draco viera a su padre en esos momentos se sorprendería al ver que su padre estaba perdiendo los papeles de la misma manera que el pequeño Malfoy lo hacía con Potter.
— ¡¿Y entonces?! ¡EXPLÍCAME!
— ¡YA LO HICE! ¡PEDAZO IDIOTA! ¡TE DIJE QUE ESTO NO ERA PARA TI!
— Oh sí. ¡Haces un hechizo de traslocación que llegó misteriosamente hasta mi oficina! ¿¡QUÉ TARADO MENTAL ME CONSIDERAS?!
— Uno de sepa mayor, junto con el pulgoso de Black y el muerto de Potter.
Remus se abalanzó a jalarle los cabellos a Malfoy como siempre hacía, mientras que el rubio le tiraba de los cachetes. Parecía que habían tenido una regresión a sus días, de pequeños, mucho antes de entrar a Hogwarts cuando sus familias tenían negocios juntos.
— ¡Pibe perbon Mapfoy! —Le ordenó, jalándole más aún el cabello, mientras sentía el rubio le iba a arrancar las mejillas.
— ¡Nunca Lupin! ¡Suéltame!
— ¡En dus fueños Mapfoy!
— Ejum... —Se aclaró la garganta un elfo, con la cara desfigurada en una mueca. ¡Su amo! ¡Oh Merlín! ¡Alguien se había raptado a Lucius Malfoy! ¡Debía buscar aquella poción contra la multijugos que había creado el señor Severus Snape y desenmascarar al farsante! La cabeza de los Malfoy volvió a la compostura, carraspeando.
— ¿Que sucede?
— Señor... ehh... se le solicita señor. Es muy importante —Le avisó inseguro, aquel hombre no parecía de confianza.
— Voy allá Kiki.
— ¡Ah no! ¡Tú no te vas a ningún lugar! Teñido... —Le hizo saber agarrándole de nuevo por los cabellos y jalándole.
— ¡Lupiiiiiin!—Gruñó desde el alma, yéndose a jalarle de nuevo los cachetes y a pellizcarlo.
— ¡Ah! ¡No me pellizques! —Mandó pegándole con la mano derecha mientras le jalaba el cabello con la otra.
— Maítre! C'est les Ténèbres Lord, il est voici! —Eso hizo que Lucius, tirara a Remus en el mueble. Miró a su elfo doméstico.
— ¡Kiki! No dejes por ninguna razón salir a Lupin de esta habitación. ¿Se entendió? —La puerta sonó y Lucius se le vino el alma a los pies—. Lupin —Le dijo en el odio, acorralándole—. Por tu vida, no te muevas ni un centímetro —Lucius le tiró su túnica encima y se aflojó la corbata, desabotonándose los dos primeros botones. Abrió la puerta.
— Señor —Saludó Lucius, reverenciando al hombre que estaba tras la puerta.
— Oh, veo que estás entretenido —Se burló al verle completamente despeinado y mal arreglado—. ¿Es que acaso se te olvidó nuestra pequeña reunión hoy? —Preguntó una voz que hizo que a Remus se le helara el alma, se encogió más en la silla llevándose, las manos a la boca. Luego recordó que ¡Había dejado la varita! ¡Oh Merlín lo amparara!
— ¿Reunión? ¡Oh sí claro!
— ¿Cerraste la red flu, verdad Lucius?
— Por supuesto —Mintió descaradamente.
— Bien, bien... nuestros amigos están esperándonos, Lucius. Tienes una hora para terminar con lo que estabas haciendo. Estoy seguro que a nuestra preciada Bella no le importará.
— Allí estaré, My Lord.
Cuando el Dark Lord abandonó la habitación, Lucius se golpeó repetidamente la frente con el puño cerrado.
— ¡Deberías estar pudriéndote en Azkaban por ayudarle! —Le hizo saber entre furioso y asustado, en voz baja. Mientras que Lucius lo jalaba.
— Cállate Lupin o me arrepentiré y te entregaré como ofrenda en bandeja de PLATA, para que hagan lo que quiera contigo. ¡Y para tu información! Yo no regalo algo tan simple como la plata, es oro blanco. ¡Pero que va a estar sabiendo alguien como tú, eso! —El rubio sintió como otra vez le jalaban el cabello.
— Vaya... Lucius, Lucius... tenía que venir a ver con mis propios ojos esto... —Malfoy, volvió a cubrirle la cara a Remus y lo abrazó, escondiéndole el rostro en su cuello y sofocando con su magia, cualquier aura que pudiera emitir el licántropo.
— Bella querida, tan inoportuna como siempre. ¿Cómo estás?
— Oh, destruida por la muerte de mi pobre hermana... pero veo que tú te repusiste ¿Y quién es ése cualquiera, que ni siquiera quieres que vea su rostro? —Lucius sostuvo más fuerte a Lupin para evitar que se abalanzara a matar a Bellatrix.
— Largo de aquí Bellatrix, no eres bienvenida en esta casa. Siempre te lo recuerdo...
— Draco se sentiría muy mal, si oyera eso.
— ¡Largo Bella! —La desquiciada Black, se fue de allí, riendo con ganas. Malfoy tiró a Lupin dentro del cuarto—. Lupin, al menos que seas lo suficientemente idiota para abrir esta puerta mientras que el Dark Lord está en esta casa, nadie podrá entrar aquí. Es mi cuarto, la red flu estará cerrada hasta mañana en la mañana. Así que Duérmete... yo vendré a recogerte cuando todo esto termine.
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Remus observó el inmenso cuarto. Aquella superficie era más amplia que su casa. Su espíritu de Merodeador le obligaba a registrar todo lo que hubiese en ese cuarto y usar cualquier cosa que encontrara en contra de Malfoy. Sin embargo, su instinto de supervivencia le decía que era mejor dormirse, tenía más probabilidades de sobrevivir así... Picó la cama con el dedo índice, y luego apoyó toda la mano, sintiendo como se hundía, el colchón era genial. Se sentó con cuidado en la cama, sin desarreglarla y agarró la almohada. ¡Era de plumas! Bastardo de Malfoy.
Se quitó la túnica del hombre y algo cayó en la cama. Era la caja con la pulsera. Se sentó en pose india y la abrió de nuevo. Desconfiado, le puso un dedo y nada sucedió, así que la agarró y la observó más de cerca. Malfoy tenía razón, ahora que lo miraba de cerca era de oro blanco. Una prenda exquisita y notablemente femenina. Tenía un dije de una luna con ojos y boca, particularmente tallada. ¿Malfoy le había dicho que eso había sido enviado a una mujer? ¿Se iba a volver a casar? ¿Su hijo sabría de eso? Pensó macabramente. Negó repetidas veces ¿Qué le pasaba? ¡Él era el primero que siempre decía que Sirius debía madurar y ahora él era quién estaba obrando infantilmente!
Lucius tenía un libro en la mesita de noche del lado izquierdo, seguramente del lado que dormía. Lo alcanzó y leyó el título: "Economía Clandestina". Bufó, tan Malfoy, aquel libro. Abrió la página que el hombre tenía marcada y se encontró con un marca-libros... por demás curioso... era completamente azul, pero, en la parte inferior, estaba una foto de Lucius con Draco de uno o dos años. Era impresionante como le brillaban los ojos, mirando a la cámara, mientras besaba con delicadeza la frente de aquel bebé de revista rubio y de mejillas rozados, que sonreía alegremente en brazos de su padre. El bebé Draco le saludó riéndose y Lucius le miró, con una sonrisa jovial, saludándole con la cabeza.
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— Lupin... Lupin... —Le llamó, dándole ligeros golpes en la cabeza. Los despampanantes ojos dorados del licántropo se abrieron y le miraron. Remus dormía en una posición extraña en la cama de Lucius.
— Dios mío... —Murmuró—. ¿Dónde estoy? ¿Qué hora es? ¡Tengo que llegar a Hogwarts!
— Tranquilízate Lupin, son las seis de la mañana.
— Mierda, no he terminado de corregir los ensayos y Severus me va a agarrar de balón de quemados, si no termino el informe. ¡Oh no! ¡La profesora Mcgonagall va a acabar conmigo antes que Severus lo haga!
— ¡Hey! ¡Ya basta! —Remus se detuvo en seco—. Si quieres seguir armando alboroto regresa a tu pocilga. Ten, mis elfos tuvieron la decencia de hacerte café —Le informó dándole una taza blanca. Bastante vulgar para ser de un Malfoy—. Puedes quedarte con la puta taza, te la regalo. Ahora. ¡LARGO!
— Es... espera Malfoy.
— ¿Ahora qué?
— Yo tenía una hoja como de este tamaño, junto a la caja de la pulsera —Dijo haciendo las mímicas con las manos—. Y es importante, sino todo tu trabajo de mantenerme con vida anoche lo destruirá Severus en un plis-plas...
— Vamos a buscar el maldito papel, para que te puedas largar.
— Y Malfoy.
— No tientes mi paciencia sino el que va a acabar contigo soy yo.
— No es por sonar un mal agradecido. Odio el café —El rubio aspiró profundamente. Agarró su varita murmuró unas palabras haciendo que Remus saltara.
— Allí tienes. Chocolate. ¿Feliz? ¡Ahora busca el maldito papel y libérame de tu presencia de segunda!
— Eso me hizo me hizo acordar de Draco refiriéndose a Ron —Antes de que pudieran comenzar de nuevo—. ¡Aquí está el papel! Sano y salvo al parecer.
— Genial. Adiós Lupin...
— Espera. Ten... —Dijo dándole la pulsera.
— Quédatela, ya ni loco se la mando a la mayorista... no después de haber sido manoseada a placer.
— No gracias, toma. Y gracias por el chocolate... muy rico.
— Largo Lupin —Cuando el licano entró a la red flu, Lucius tiró la pulsera. Ahora tenía que irse a comprar otro regalo—. ¡Kiki!
— ¿Amo?
— Dile a Giordianno que encuentre una pieza de orfebrería y mándala por lechuza, no quiero que vuelva a pasar lo mismo.
— Enseguida amo.
3
Remus apenas llegó, salió disparado a corregir los ensayos y a terminar de redactar el informe. Sin percatarse que la pulsera estaba junto al lado de donde él había aparecido.
4
— ¿Y qué ustedes no durmieron? —Les regañó Pansy, interceptándoles en la sala común.
— Métete en tus asuntos Pansy...
— Mi cabeza —Gimió Harry, apretándose la testa con las dos manos.
— Camina Potter —Le ordenó el rubio, agarrándole por el brazo, guiándole. Aquella había sido una noche de puta madre. No sólo su insomnio parecía haber empeorado, sino que Potter había pasado toda la noche retorciéndose del dolor, por suerte la cicatriz no había comenzado a sangrarle, así que habían pasado en vela las horas nocturnas, hasta que el reloj de Slytherin había sonado anunciándoles un nuevo día.
— ¿Qué le pasa a Potter? —Preguntó la Prefecta de Slytherin.
— Mala noche, no preguntes —Le avisó el rubio.
TBC
N/A: Ergh, bueno, muchas cosas han pasado, y estoy segura que muchas cosas seguirán pasando, pero aquí vamos... eso espero... eso sin contar con que, actualmente sólo puedo pensar y leer fics con Transformers, bumblebeexSam o OPxSam, pero, estoy tratando de salir de este "guilty pleasure" lo más rápido posible XD. OMG! ¡Jamás había tenido intención de llegar tan lejos LOL!
