Capítulo Trece: Le Grand Valse
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— Harry, ¿Dónde mierda estabas? ¿¡Que te hizo tardar tanto?! —Le regañó Ron, cuando Harry se presentó en el campo.
— Pues Ron, el camino que hay que recorrer desde las mazmorras al campo de Quidditch es ridículamente largo.
— ¡Vamos a practicar! —Llamó el capitán de Quidditch a todos los que estaban dispersos por el campo.
— Ron...
— ¿Qué pasa, hermano?
— ¿Has estudiado?
— ¿A qué viene eso, Harry? —Le cuestionó extrañado. Aquella pregunta se la esperaba de Hermione pero. ¿De su amigo del alma?
— Ron, el examen que viene, es de pociones. Si no pasas, Snape se la tomará más a pecho con todos nosotros. Tienes que estudiar. Si quieres, reunámonos un día y estudiemos un rato —El pelirrojo alzó las cejas sin poder creer lo que sus orejas oían.
— No sé que te hicieron los Slytherin, pero, vuelve a ser el Harry de siempre —Le pidió un poco asustado, yéndose hacia donde estaba todo el equipo reunido dejando a Harry con pose y mirada preocupada. ¿Acababa Ron de dejarle atrás? Se llevó las manos a las caderas, mirando como de repente su vida había girado en ciento ochenta grados y no parecía haber un retorno al camino usual.
— ¡Potter! ¡Vamos a practicar! ¿¡Qué haces allí!? —Llamó el capitán. El ojiverde no se sentía con demasiadas ganas de jugar Quidditch en esos momentos... sintiéndose un poco vencido, se fue sin fuerzas a escuchar la diatriba del capitán, menos mal que había rechazado el puesto...
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— ¡Woo Harry! ¡Tiempo sin hablar! —Le saludó Hermione en la entrada al salón de pociones.
— Tienes razón. ¿Qué más, Mione? ¿Todo bien?
— Jamás pensé en decir eso, pero. ¡Amo Ravenclaw! Por supuesto que extraño Gryffindor y todo lo demás... sin embargo, creo que este cambio de aires, me hizo bastante bien. Inclusive creo que mi relación con Ron ha mejorado —Le comentó vivaz con las manos en las caderas, mientras que Harry se cruzaba de brazos y se recostaba de la pared, sonriente. Se alegraba por su amiga, realmente se le veía muchísimo mejor. Más ligera y afable—. Y, Harry.
— ¿Dime?
— El plateado y el verde, van contigo. E inclusive tú también pareces más "tranquilo" —Bromeó, riéndose, mientras le arreglaba la corbata. El ojiverde rió junto con su mejor amiga—. Harr... ¿Dónde está Ron?
— Ron me tiene preocupado Hermione, creo que al único que no le favoreció este "cambio de aires" fue a él...
— ¿Por qué lo dices?
— Creo que lo de ser la nueva "Cabeza de Gryffindor" no le sentó muy bien.
— ¿Qué dices Harry? ¡Nosotros no tenemos tal cosa! Esos son los elitistas de Slytherin.
— Mira hacia atrás y voltea a repetirme la frase —La prefecta de Gryffindor, observó como Ron iba en el puesto que usualmente le correspondía a Harry. En el centro del grupo Gryffindor por excelencia que había ganado algunos integrantes más, de Hupplepuff. Todos bromeaban y se divertían como si no estuvieran a punto de presentar un examen con Snape. Hermione volvió a mirar a Harry—. Am, cuando estábamos en el campo de Quidditch para practicar... le pregunté si había estudiado para este examen, me miró como bicho raro y me dijo que los Slytherin no me estaban haciendo nada bien. También me dijo que volviera a ser el de antes y me dejó con la palabra en la boca. Yo sé que Ron no tiende a hacerme mucho caso, pero, jamás me había dejado atrás de esa manera.
— Aunque esto sea lo que siempre ha querido Ron, está mal. ¿Qué diría la señora Weasley cuando lleguen las notas de Ron y sean no-acordes? ¡Ni siquiera los gemelos suspendieron nunca!
— Hermione, Los Gemelos Weasley son las personas más inteligentes que he conocido después de ti y Draco Malfoy.
— Bueno, esto tiene arreglo, simplemente iremos a estudiar los tres como siempre hacemos. Puedo dejar mi grupo de estudio en Ravenclaw y ayudarlos... ¿Sabes que todavía somos los mejores amigos, verdad? —Le dijo, arreglándole el cabello delicadamente y sonriéndole cálida.
— A mí me preocupa que Ron no se acuerde de eso... y con respecto a lo de llevarnos a estudiar a Ron, ya lo intenté... allí fue cuando me miró raro...
— ¡Ron! —Llamó la prefecta, atrayendo la atención de todos—. ¡Ven acá!
— ¡Hola, preciosa! —Le saludó galante, abrazándola.
— No ahora, Ronald —Lo rechazó, desembarazándose de su novio—. ¿Estudiaste?
— ¡Oh vamos! ¡Claro que estudié!
— Oh... bien, me alegra que hayas encontrado un poco de responsabilidad tu solo... —Le alabó orgullosa—. Harry. Voy a terminar de repasar unas últimas cosas con mi grupo de estudio, soy la líder, ¿Sabes?
— Corre Herm... ¡no vayas a sacar menos de un ciento veinte! —Se burló. Y su amiga le guiñó un ojo, corriendo hacia donde estaba un grupito de gente reunido.
— Harry... Dean, Seamus y yo, siendo la mente maestra —Le susurró confidente—. Hemos conseguido la manera perfecta de copiarnos en el examen. Este papelito —Le explicó, mostrándole un papel rasgado de cinco centímetros por cinco centímetros—. Te dará la respuestas, Zacharias de Hupplepuff ¿Lo recuerdas? Copiará las respuestas mientras que está en Transformaciones. Y luego nosotros le haremos el favor ¿Qué te parece?
— Ron... —Le regañó sin creérselo—. ¿Estás loco? ¡ES UN MALDITO EXAMEN CON SNAPE!
— ¿Qué te pasa, Hermano? ¡Tendremos un Sobresaliente! ¡Snape no sabrá por donde le pegamos!
— Escucha Ron, no me vas a meter en ésta, eso es hacer trampa y grave, especialmente teniendo clases con un mortífago que sabe todos los trucos que puedes utilizar para la comunicación fraudulenta. No le diré a Hermione, pero, como tu mejor amigo. ¡Tu hermano! Tengo que pedirte que no lo hagas.
— ¡Qué! ¿Qué te pasa, hermano? ¡Estamos hablando de jugarle una que ganaremos a Snape! ¡¿y tú no vienes!?
— Ron, ¡De esto no saldrá nada bueno! ¿Qué no lo entiendes? —Trató de hacerle comprender, agarrándole por los brazos. El pelirrojo se le zafó bruscamente.
— ¿Qué te pasa? ¿Por qué nos quieres arruinar la diversión? —Le gruñó molesto—. ¿Estás molesto o algo así? ¿Querías ser tú el que diera la idea? Te recuerdo que estás entretenidísimo en el nido de serpientes —Le reclamó.
— Me rehúso a discutir por esta estupidez. Como si quisiera estar en Slytherin, por voluntad propia, vete a la mierda y Ron, si Snape llega a quitarle un punto a Gryffindor por este acto egoísta tuyo, vamos a tener serios problemas —Le amenazó.
— ¡Entren! —Gruñó Snape, llegando.
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Cuando era hora de hacer un examen en pociones, era cosa común que las casas se separasen aún más..., los Slytherin se iban a la parte izquierda y trasera del salón, mientras que Gryffindor huía al extremo opuesto creando un delgada línea de, inclusive, pupitres vacíos.
— Permiso, Malfoy... —Pidió Harry para que el rubio le diera un espacio para pasar al puesto contiguo.
— ¿Qué coño haces aquí, Potter? —Exigió, dándole el espacio que el moreno necesitaba para pasar.
— No tengo pensado sentarme en el área Gryffindor hoy...
— ¿Qué? ¿Te botaron? —Se burló cruelmente.
— No... Snape hará que me expulsen de Hogwarts si llega a pasar lo que va a pasar de mis predicciones ser correctas. Así que tú me harás de abogado del diablo esta vez...
— ¿De qué hablas? —Pero lo que hizo el moreno, fue darle su bolso. Draco parpadeó unas cuantas veces antes de sostener el bolso en sus manos y colocarlo al lado del suyo propio; sin entender nada de nada.
— ¡Pasen el examen! Y aquel que vea en actitud sospechosa. No verá más luz en esta clase... —Bramó Snape, haciendo que todos temblaran y Neville perdiera la capacidad de hacer que sus neuronas conectaran.
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Snape se había levantado para hacer ronda entre las filas. Uno de los Gryffindor que ahora tenía el uniforme de Hupplepuff no actuó con rapidez al guardar el papel que estaban utilizando la mayoría de los Gryffinpuff y uno que otro Slyfindor. El pocionista lo vio y corrió a arrancarle el papel, haciendo que el joven, se desmayara en ese mismo instante, Gryffindor iba a querer su cabeza por aquello.
Más molesto de lo que Harry pudo imaginarse alguna vez que vería Snape. El profesor, movió la mano y todos los exámenes salieron volando hacia el escritorio. Sorprendiendo a más de uno que estaba concentrado en realizarlo.
— ¿Puedo saber, Vevers qué cree USTED que hace con este papel en la mano? Déjeme leer que dice aquí: ¿Cuál es el nombre de la serpiente que se usa para realizar la poción esa, la de la luz eterna o algo así? —Decía la primera línea con una letra y luego cambiaba a otro tipo—. R: Es la Micrurus Tener y también dice el libro que puedes reemplazarla por la Dispholidus typus typus por ser piel neutra para la mayoría de las pociones. Ya veo... Estoy esperando Vevers... ¿Qué esto? Si mal no recuerdo... es la respuesta a la quinta pregunta de su examen... ¿O me equivoco? —Conjuró uno de los exámenes que estaban en la mesa y leyó la quinta pregunta—. Diga y explique ¿Cuál es la piel de la víbora que se utiliza para la preparación del filtro Lux Aeterna? ¡VEVERS! —Vociferó haciendo sobresaltar a todo el salón. Tiene cero en el maldito examen. ¿Quién más se estaba copiando?
— Potter. ¿Cómo sabías que esto iba a suceder? —Curioseó disimulado y con un alto grado de incredulidad, mirando a su compañero de cuarto.
— No voy darte más armas para que Snape joda a los Gryffindor aún más. Por esa misma razón estoy sentado aquí en área Slytherin.
— Vevers, tiene dos segundos antes de que vaya a buscar la veritaserum, para hacerle cantar y que todo el grupito que creó esta fabulosa idea, salga a la luz... —El Gryffindor sólo bajó la mirada—. ¡Accio veritaserum!
— Gryffindor acaba de perder los mil puntos que teníamos acumulados —Gimió Harry, apretándose los ojos con las manos por debajo de los lentes.
— ¿Es más de uno? —Preguntaron Draco y Blaise quien estaba detrás del rubio, a Harry. El moreno asintió en la misma posición.
— ¡Auch! —Soltó Zabini cerrando un ojo haciendo la mímica de dolor.
— Totalmente de acuerdo.
— Ahora, Señor Vevers. ¿Quién comenzó todo esto? —Inquirió molesto el hombre, mostrándole el papelito, luego de obligar al Gryffindor a tomarse la poción.
— Ronald Weasley de Gryffindor y Zacharias Smith de Hupplepuff —Delató con voz perdida.
— ¿Quién más estaba utilizándolo? —Cabezas iban a rodar ese día.
— Seamus Finnegan, Dean Thomas... —Empezó a nombrar, luego de otros cuantos nombres—. Y, estaban a hablando de decírselo a Harry Potter..., aunque no estoy seguro si al final le dijeron...
— ¡TODOS LOS NOMBRADOS LEVÁNTENSE! ¡POTTER! QUEDA USTED SUSPENDIDO DE POCIONES! ¿SE ENTIENDE?
— Profesor Snape, como prefecta de Slytherin —Se levantó Pansy—. Debo decir que, Harry Potter, quién está sentado delante mío, dio todas sus cosas a Draco Malfoy y ¿Cree que lo hubiésemos dejado copiarse ahora que está en Slytherin? —Todo el mundo observó con la boca abierta como los Slytherin estaban abogando por Harry Potter.
— Potter. ¿Qué hace usted sentado allí? —La rabia de Snape había desaparecido de un plumazo dando paso al desconcierto, al ver que, efectivamente, su ahijado tenía el bolso de Potter al lado del suyo mismo, y el culpable estaba sentado al lado de Draco y sólo tenía la pluma y el tintero en el pupitre.
— Al contrario de lo que pueda creer usted de mí, profesor, todas mis notas han sido sacadas de manera legal, admito que Ronald me dijo lo que iban a hacer y puede usar la legeremens y ver que lo traté de disuadir, sin resultados. Pero, como comprenderá, no me iba a acercar a usted y traicionar a mis compañeros, pero, por los cargos que puede usted suspenderme y castigarme, según las leyes de esta institución, estoy libre de toda culpa y podemos ir a la oficina del director en estos momentos. Es libre de revisarme hasta que se sienta a gusto...
— Nadie se mueva ni una pulgada de donde están... —El profesor se fue a la chimenea. Dos minutos luego llegaban Mcgonagall y Fliwick al salón de pociones por la red flu interna del colegio.
Todos los que no habían hecho nada malo se habían quedado a cargo de profesor Fliwick para terminar la asignación como si nada hubiese sucedido. Mientras que todos aquellos que se habían copiado, habían salido con la sub-directora y la cabeza Slytherin.
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— Weasley está irremediablemente LOCO —Le hizo saber Draco a Harry, mientras iban al gran comedor.
— Jamás pensé que pudiera hacer algo como esto... —Se lamentó el Gryffindor ojiverde, al lado de Draco.
— Yo pienso que Weasley es capaz de eso y más... algo no está bien con su cabeza —Apuntó Pansy mientras la veían, unos pasos delante de Draco.
— A mí lo que me parece es que haya sido lo suficientemente estúpido para hacerlo en un examen de Snape... —Siguió Blaise, al lado de Harry, arreglándose las mangas de la camisa—. Buen movimiento ese de sentarte entre serpientes para que no pudieran culparte.
— Pues... gracias.
— Aunque, me sorprende que tú no hayas aceptado...
— Oh por Morgana y Circe en conjunto, Blaise. Es San Potty... ¿Cómo crees que va a estarse copiando es algo demasiado impuro para el humano canonizado aquí presente —Salió Malfoy, a defenderlo sin siquiera darse cuenta de lo que hacía.
— Por cierto, gracias por lo que hiciste, Parkinson —Le agradeció a la prefecta con una sonrisa cálida, que hizo a Pansy, derretirse. ¡Jamás había visto al niño-de-oro sonreírle! ¡Y vaya que era toda una experiencia!
— Potter, hasta nuevo aviso, eres un Slytherin —Comentó aparentando indiferencia.
20
20 de octubre. Dos de la mañana. Slytherin. Cuarto de Draco Malfoy y Harry Potter.
Harry parpadeó en medio de la noche escuchando un ruido extraño. Suspiró agotado, darle doscientas vueltas al campo de Quidditch no era demasiado estimulante como diversión. Harry aún no entendía porque tenían que correr en el campo y hacer ejercicios de resistencia si lo que único que hacían era subirse a una escoba y volar en ella... Observó que su acompañante tenía una mano en la boca y con la otra sostenía un porta retrato.
— Malfoy ¿Estás bien? —Preguntó adormilado, encendiendo la luz que había en la mesita de noche. De repente la oscuridad se convirtió en penumbras.
— Vuelve a dormir, Potter —Le ordenó, limpiándose los ojos.
— ¿Qué te pasa? ¿Estás llorando? —Pero, cuando vio el retrato, entendió todo. Era una foto de Narcisa, Lucius y Draco en algún lugar lleno de verde y un cielo extremadamente azul—. Tu madre cumple dos meses de muerta ¿Verdad? —Murmuró, sentándose en el borde la cama de Malfoy y quitándole suavemente la foto, detallándola. Realmente el rubio tenía la familia perfecta, y viendo a los señores Malfoy en esa foto, realmente se veían felices.
— ¿Y a ti qué te importa?
— Lo mismo que me ha importado desde que se murió, Malfoy... te recuerdo que he caminado tu calvario desde el principio, aún sin quererlo. Ella está en un lugar mejor. Ella misma te lo dijo. ¿Recuerdas? ¿Preferirías que siguiera sufriendo aquí? Sirius me contó que ella le había ayudado a escaparse de los Black, y llegar hasta la casa de mi padre y que era una buena persona, sólo un poco estirada, pero, no había nada que hacer. También me contó que la única vez que habían hablado realmente, fue para contarle acerca de su embarazo y que jamás había visto a Narcisa tan radiante, antes de tenerte... que inclusive Lucius lo único que hacía era presumir de ti —Luego de un momento de silencio—. ¿Qu... quieres que te abrace un rato, Malfoy? —Le rubio lo vio con los ojos abiertos de la sorpresa. El ojiverde se encogió de hombros cohibido y sonrojado—. Cuando estoy así, Remus me abraza y se me pasa un poco... podemos tratar...
— Está bien, Potter, pero, díselo a alguien y morirás...
— Yo tampoco quiero que nadie se entere que estoy consolando a una serpiente rastrera.
— Cállate, cara-rajada...
— Silencio, hurón o no te abrazo un carajo —Le avisó, pasándole, inseguro un brazo por la espalda dejando que el rubio descansara la cabeza en su hombro.
— Potter...
— ¿Que...? —Murmuró bostezando.
— Vayamos al baile juntos... yo me libro de las jodidas lastres que me persiguen y tú te libras del baile...
— Trato Malfoy... —Aceptó recostándose de la pared.
— Por cierto... ¿Qué le hicieron a la comadreja, luego del audaz intento de copiarse en pociones?
— Le invalidaron el examen y los colocaron en detención con Flich hasta Halloween... tampoco les dejaron ir al baile... —Explicó, con la voz cada vez más pesada y susurrante. Luego de un rato, los dos cayeron dormidos, completamente exhaustos.
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Remus J. Lupin.
Oficina del Profesor de Defensas contra las Artes Oscuras.
Colegio de Magia y Hechicería Hogwarts.
Leyó que decía el anverso del sobre que había junto a su correo, esa mañana. Abrió el sobre, omitiendo olímpicamente el sello de cera con el que había sido cerrada la carta y leyó.
Lupin
Tú me acompañarás a esa estúpida fiesta de Halloween a la que estoy obligado a ir por cuestiones protocolares (y no te puedes negar, luego de aparecer en mi casa sin ser invitado, injuriarme ¡inclusive arrancarme un pedazo de mi preciado cabello! y además, tenerte que salvar del Lord). Así que, dentro de tres días, vas a venir a Malfoy Manor, vestido acorde a la situación para ir a la fiesta y actuaras como un amante celoso y no dejarás que nadie se me pegue en la maldita recepción ¿comprendido?
Atentamente. Lucius Abraxas Malfoy
P.S: Es una fiesta de disfraces, por si no te da tu limitado cerebro...
Parpadeó varias veces, ¿Qué había sido aquello? Volvió a leer la carta otra vez. Sí, decía que Lucius Malfoy lo estaba obligando a ir a una de esas fiestas para estirados y obligándole a cumplir la deuda que tenía. Se volteó a buscar pluma y pergamino, ni siquiera había tomado su chocolate mañanero para espabilar. Se sentó en la silla y comenzó a responderle.
Malfoy
Me rehúso...
Sin embargo, luego de pensárselo por unos segundos, podría hacerle la vida imposible al rubio en esa fiesta. Hacerle pasar pena, joderle hasta que saliera corriendo y disfrutar a costa de su compañero de baile esa noche. Inclusive a Sirius le iba a encantar el plan de enterarse. Aunque, de preferencia, Sirius no debía saber palabra... Agarró otro pergamino.
Malfoy
Está bien, acepto para cumplir la deuda que tengo contigo, no vaya a suceder que se te ocurra algo peor, y luego sí suceda algún peligroso altercado.
Atentamente. Lupin
P.S: Creo que no hacía falta el último comentario. Comprendo que si es una fiesta de Halloween uno tiene que ir disfrazado. Idiota...
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— Remus. ¿Le sucedió algo a Harry? —Preguntó Sirius preocupado, agachándose en la chimenea para hablar mejor con su amigo.
— No. Harry está bien —El último Black respiró tranquilo de nuevo.
— Entonces, mi pequeño Moony. ¿en qué te puedo servir?
— Sirius, ¿Te acuerdas de aquel disfraz que utilizaste en la fiesta de soltero de James? —El ojigris se echó a reír al recordarlo.
— ¿Con el que hice el Streeper? —Preguntó sin dejar de sonreír, arrugando el ceño.
— Ese mismo.
— ¡Oh picarón! ¿Lo quieres?
— Si lo tienes —Le respondió sonriendo malicioso.
— ¡Por supuesto que lo tengo! Jamás botaré ese disfraz. ¿Sabes todo lo que me costó conseguirlo? Mañana te lo mando. ¿Vale? Y mi pequeño lobo ¿Quién va a tener la dicha de verte en semejante atuendo?
— Es un secreto mi estimado Padfoot, pero te aseguro que es a la causa de los merodeadores.
— ¡Ese es mi Moony! Juro que mis intenciones no son buenas —Le dijo guiñándole un ojo.
— ¡Travesura Realizada! —Le respondió como despedida, chocando su mano de fuego con la real de Sirius, yendo a terminar de preparar su próxima clase.
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— ¡Harry! —Detuvo Hermione en medio de un pasillo a Harry. Este se detuvo y le sonrió como siempre hacía.
— ¿Que hay, Herm?
— ¿Ya tienes disfraz?
— No realmente.
— ¿Vas a ir? —El hombre asintió. A la prefecta se le iluminaron los ojos—. ¿Con quién vas?
— Ergh...
— ¡Oh! ¡JAJAJAJAJA! ¡Vas con alguien de Slytherin! ¡No lo puedo creer! ¡Eso León! Acompáñanos a comprar este viernes los disfraces en Hogsmeade.
— Vale, está bien... —Aceptó al verse descubierto.
— Entonces nos vemos el viernes en la entrada del castillo. ¡Nos vemos, Harr! —Se despidió, dándole un beso en la mejilla.
— Adiós, Mione...
24
Remus se dio un último vistazo en el espejo sonriendo con malicia, mientras se tapaba su disfraz con su túnica usual y remendada. Se dirigió a la chimenea, echó un puñado de polvos flu y pronunció fuerte y claro "Malfoy Manor".
— Buenas noches, Señor Remus Lupin, El amo Lucius lo está esperando y se alegra de que haya llegado con tiempo holgado, por favor, siga a Lili que le enseñará el camino —Le saludó un elfo, a penas tocó el piso de mármol de una de las salas de la mansión.
— Vale... —Fue lo único que dijo el licano.
— Hola, Malfoy.
— Buenas noches, Lupin. ¿Estás listo? —Preguntó al verle con la túnica que tenía—. Lupin, suelta esa túnica en este preciso momento.
— Por supuesto que no. Hace frío... —Le comenzó a molestar, era mentira y el traje abrigaba lo suficiente.
— Lupin, o te la quitas o te a la arranco y la quemo hasta que no queden ni las cenizas de eso que tu llamas túnica. Si yo llego en esas fachas contigo seré el hazme reír de toda la fiesta.
— No empieces..., además, ¿para que me invitaste entonces?
— No quiero tener a un enjambre de arpías tras mi cuello, así que tu vas a ser mi insecticida de la noche. Espero que cumplas un buen papel como matamoscas. Y por esta noche, es tu obligación decirme Lucius... nadie que va conmigo a una fiesta me llama por mi apellido. Y por supuesto, yo me tomaré la atribución de llamarte: Remus. Ahora, quítate la túnica.
— Antes de entrar a la recepción me la quitaré. Ahora, vámonos, Lucius...
25
Lucius estaba vestido como príncipe del siglo diecinueve, inclusive tenía una de esas mascaras de media cara que se sostenían a una varilla. Los colores que acompañaban esa noche al estirado hombre, eran colores claros y sosegados y algunos toques plateados o (conociendo al hombre) de oro blanco. Parecía un ángel rodeado de toda luz y toda gloria. Su bastón usualmente negro con la cabeza de serpiente. Era plateado con un cristal con figura de diamante de agarre.
Remus sonrió macabro, comenzando su plan, dándole la espalda a su acompañante y se quitó la túnica raída, desapareciéndola. En el acto llamó la atención de los que pasaban por allí. El licántropo estaba disfrazado de un sexy y caliente soldado de alto rango, nazi. Los colores del uniforme eran negro, rojo y blanco. Se arregló la corbata, se colocó el sombrero negro mientras que dos mechones lisos y deliberadamente escogidos, enmarcaban su perfecta cara, el resto del cabello estaba recogida en una coleta con una cinta negra.
— ¿Vamos Lupin? —Preguntó volteándose. Estuvo a punto de quedarse con la boca abierta ¡OH MERLÍN! ¡QUE HOMBRE! Siguió el movimiento que hacía su compañero de esa noche. Como intencionadamente se arreglaba de manera sensual el cuello y se alisaba la chaqueta.
— ¿Entramos, Lucius? Espero que el disfraz sea de tu agrado... —Se burló descaradamente. El rubio se dio cuenta de lo que estaba tratando de hacer y comenzó el contraataque.
— Tenía una opinó mejor de ti, Lupin. Pero, veo que eres igual de exhibicionista y cualquiera que Black.
— Yo pensaba que te agradaban las cualquieras y exhibicionistas. Realmente no comprendo como terminaste con alguien tan recatada y gentilhombre como Narcisa.
La fiesta no era más que el campo de batalla elegido aleatoriamente por el destino para que Remus y Lucius se enfrentaran despiadadamente... y sin lugar a duda, aquella primera tanda la había ganado Remus...
— Lucius Malfoy. El hombre de la noche, creo que es lo único de lo que hablan las casaderas, desde que comenzó la recepción —Saludó un anciano rechoncho vestido formalmente—. Una pérdida terrible la de su esposa. ¿Cómo está el núbil de su hijo?
— Perfectamente Conde. Un Malfoy no se deja caer por tan nimio menester.
— ¿Y quién es el extravagante joven que lo acompaña esta noche? Si me permitís la audacia, pensé que iba a venir sin compañía.
— Conde Arif, le presento a mi acompañante, Remus es un antiguo compañero de mis años de estudiante en Hogwarts y recientemente reanudamos comunicación, así que para celebrarlo, decidí invitarlo y solventar varías dificultades con un sólo movimiento.
— Por supuesto, los Malfoy siempre tan pragmáticos. Mucho gusto Señor... no oí su apellido, disculpe.
— Porque no lo referí, Conde Arif. Así que si nos disculpa, queremos asentarnos. Si no le molesta.
— Oh, bien pueda, Sir Malfoy.
— Iuck... ¿Qué haces aquí? —Cuestionó en tono confidente y evidentemente asqueado, Remus.
— Esas cosas de la vida, Lupin.
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— Mis congratulaciones a la persona que confeccionó semejante atuendo... —Remus se volteó, sorprendido—. Y por supuesto, no hay que olvidarnos del perfecto adonis que lo luce. Soy Cyprian de Berigale ¿Puedo conocer su gracia, joven? —Remus le sonrió torpemente, buscando la manera de escapar con su dignidad entera. Vio que Lucius estaba lejos de su alcance, estúpido teñido de mierda que se desaparecía en los peores momentos.
— Mi pareja está por allá, así que voy a su encuentro —Le hizo saber, tratando de sonar despreocupado.
— Oh, por favor, no te preocupes. Sólo hablemos un rato. ¿Quién es tu pareja y así puedo pedirle que me permita una pieza de baile contigo?
— Creo que para bailar conmigo, necesita conseguir mi permiso, no el de mi acompañante —Le soltó molesto aunque cortés.
— Oh, por supuesto, querido, lamento haberte ofendido.
— No me toques —Le amenazó con sus ojos dorados destellantes, deteniendo la mano que iba a su cintura.
— Marqués de Berigale. Puede antojarse de cualquier otra persona, pero mi pareja, es MÍA, aunque no sé si podrá comprender el concepto de pertenencia. Estoy seguro que sí —Lucius Malfoy había llegado, alejando a Remus que esa noche era SUYO y de nadie más, de las garras de aquel estúpido Playboy sin gracia.
— Oh... Conde Malfoy... no sabía que este perfecto regalo creado y envuelto por la mano de los dioses era su pareja.
— Estoy seguro que nos vio entrar juntos —Siguió sin variar el tono de voz. Siempre cortes y político.
— Lo siento, Mi Bien —Se disculpó con Remus, sosteniéndole la mano y besándola—. Estoy más que dispuesto a ser su pareja, si el Conde Malfoy no lo satisface esta noche —Le hizo saber ladino. Malfoy estaba a punto de matar al cabronazo que estaba poniendo en duda su hombría.
— Jamás me había sentido tan ofendido en mi vida y tú, tienes una gran parte de mis recuerdos con respecto a ese sentimiento en particular... ¿Qué son las personas aquí, un trozo de carne?
— Y tú resultaste ser uno particularmente apetitoso, Lupin... —Le hizo saber malicioso, con un brillo extraño en los ojos.
— No me mires así, Malfoy. Acabas de darme escalofríos.
— Oh, lo siento, Lupin. Tu disfraz resultó ser extremadamente eficaz. Umm... —Siseó seductor, acercándose peligrosamente, delineándole con un dedo, las mejillas. El licano, sintió que un nudo se le creaba en la garganta, al ver tan de cerca los ojos grises que con esa cercanía tenían un indefinido color azulado—. Las suites para Cello de Bach son una obra exquisita. ¿No te parece, Remus? Llenan el ambiente que es tan propicio y ponzoñoso...
— Malfoy, estás invadiendo mi espacio personal —Le previno en un susurro, poniendo sus manos como escudo en el pecho del hombre. Sintió el brazo de Lucius, cerrarse en su cintura.
— Dos pueden jugar este juego, que no se te olvide —Advirtió soltándole.
Indiscutiblemente, esa tanda, era de Lucius, hasta ahora iban muy empatados.
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Remus, se había sentado en la mesa que estaba reservada para Malfoy y él, a ver la orquesta tocar, mientras pasaba el susto que le había dado el teñido con ese cuadrangular que le había mandado. Se recostó de la silla, mientras que la quinta Suite para Cello de Bach comenzaba en esos momentos, y el ambiente parecía relajarse imperceptiblemente. Observó al Slytherin moverse entre las estratagemas que le ponían todas las personas con las que hablaba, sin perder ni una sola (e inclusive mantener el temple). Malfoy había nacido para aquello y no sólo eso, había sido entrenado para enfrentar cualquier tipo de situaciones que se le presentaran de aquel tipo. Un montón de buitres carroñeros y peligrosos que al menor despiste, te acababan de un zarpazo.
— El primer vals de la noche, está por comenzar, se les pide a las parejas que se preparen para bailar —Avisó el animador. Remus comenzó a escuchar las notas del Danubio.
— Lupin... —El aludido saltó en su puesto—. Es hora de que cumplas lo que vienes hacer, párate de allí que ya empezó el vals.
— ¡Oh n...!
— Silencio —Le ordenó y le jaló del brazo, hasta la pista y le puso la mano en la cadera y comenzó a guiar el baile. Aquello iba a ser algo que le iba a contar a los hijos de Harry... que vendrían siendo sus nietos, más o menos. Estaba bailando el vals, con nada más y nada menos, que con Lucius Malfoy. Trataba de mantener su mirada fuera del rango de la cara de Malfoy. Él también era muy bueno bailando y ya que el rubio sabía como llevar, pues, podía mirar básicamente a dónde quisiera.
Gimió internamente, que patada en el estómago era bailar con Malfoy..., especialmente porque trataba de no pegársele mucho y el otro no ayudaba en nada... cayó en la histeria cuando las personas se comenzaron a detener para mirarles bailar.
— ¿Te gusta ser el centro de atención? —Le preguntó con crueldad al ver que su acompañante había colocado sin darse cuenta una mueca de terror en la cara.
— ¿Por qué? —Chilló en voz baja.
— Parece que les gusta como bailamos. Ni te atrevas a perder un paso Lupin o una tortura del señor oscuro te parecerá el paraíso con lo que puedo hacerte yo —Le amenazó con voz oscura mirándole penetrante para luego darle una vuelta y seguir con el uno, dos, tres. ¡Oh allí llegaba el crescendo! ¡Lupin por fin podría descansar! ¡Faltaba poco para que terminara aquello! Quería aflojarse un poco la corbata... ¡mejor! ¡quería irse de allí! Sólo un minuto más y el Danubio se daría por acabado... se concentró en seguir los pasos, cuando escuchó las notas finales del baile y ¡acabado! Lucius le reverenció como todo un caballero de la corte y le soltó la mano con delicadeza, mientras todo el mundo aplaudía comedidamente y otro vals comenzaba y las parejas reanudaban el baile. Remus reconoció que era una pieza de Tchaikovsky. El Vals de las Flores. Aquella era la pieza clásica favorita de su madre. Una mirada de dolor se evidenció en sus ojos—. ¿Quieres bailar esa también?
— Por supuesto que no.
— Entonces quítate de allí, que estorbas. Vamos a sentarnos —Decretó, arreglándose la levita y reanudando su camino a su mesa—. Remus, de prisa —Apremió volteando la cabeza para ver a su acompañante. El de ojos dorados, no tuvo de otra que apretar el paso.
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— Lupin, corta con ese cuchillo lo que tienes en frente y te arranco las manos —Le amenazó al ver que estaba agarrando un cuchillo indebido para el plato que estaban consumiendo en esos momentos—. No, no, no... no puedes tomar de esa copa todavía.
— ¡Malfoy! —Le regañó el voz baja, llamando la atención, los dos se incorporaron y el licano dejó de comer. El rubio le mostró el cuchillo que debía utilizar, disimuladamente por debajo de la mesa.
— ¡Eso no se toma! —Chilló escandalizado. El de ojos dorados saltó asustado—. Es para lavarte las manos ¡Pequeño idiota! —Le quitó la cucharilla de un golpe y observó que nadie estuviese prestándole atención. Unas cuantas personas estaban mirándoles, así que utilizó su mirada fulminante nivel uno, marca Malfoy y asunto resuelto.
La Sinfonía que los acompañaba a la hora del postre. Era la famosa octava de Beethoven. Remus estaba a punto de vomitar, entre la canción de fondo y la presión de ver bien con qué se comía cada cosa y que debía y no debía hacer en la mesa. No entendía como Sirius logró sobrevivir a eso por tantos años de su vida.
— Malfoy...
— Toma —Le respondió dándole el cubierto correcto, también cansado para que pudiera comer el postre tranquilo. El postre era básicamente chocolate con Kahlua como digestivo. Remus casi no babeaba al ver ese montón de chocolate en su plato, aunque, la verdad es que esos platos gourmets eran un tanto chiquitos. Se lo terminó casi en un sólo bocado. Frunció los labios. ¿Dónde estarían las cocinas para hurtar más de ese postre? Dudaba que Malfoy se opusiera, y no es como si él se lo fuese a decir, sea como fuere. Le veló el postre a Malfoy, a cada bocado que daba, esperando que se le cayera para él poder comérselo. Sabía que el estúpido Slytherin jamás lo tocaría si eso sucedía.
— Ya, deja de cantarme el himno, Lupin. Toma —Le concedió lo que quedaba de postre, tomando de su copa sintiendo el licor dulce y ligeramente ardiente, pasar gentilmente por su garganta.
— ¡Wooo! ¡Gracias! —Dijo como si de repente hubiese vuelto a tener diez años y se lo terminó en un abrir y cerrar de ojos, y luego tomó un poco del Kahlua que habían servido... los licores particularmente dulces se le subían inmediatamente a la cabeza. Lo último que quería estar esa noche era ligeramente mareado. Especialmente por las ridiculeces que tendía a cometer, borracho.
29
— Señor Malfoy, con usted precisamente quería hablar. ¿Qué le pareció mi plato de medallones de lomito en salsa azul con ensalada verde?
— Chef Julian —Saludó al hombre. Aprisionando el brazo de Lupin para evitar que huyera de allí—. Me pareció bastante adecuada a la situación, pero, estoy seguro que encontrará a alguien más versado que mi persona para recibir una crítica constructiva a su trabajo.
— ¿Y usted joven? Acompañando a tan distinguido señor, debe tener un muy buen paladar —Remus sonrió forzadamente. Lo más cercano que había probado a la comida de esa noche, había sido la vez que Lily había decido meterse un curso de Chef y envenenarlos a todos en un almuerzo, tratando de hacer algo que terminó por desgracia, intoxicando a todos los merodeadores.
— Pues... no soy demasiado versado en la comida gourmet, prefiero la comida que viene en cantidades menos limitadas. Y, no es por sonar concidencialmente como Lucius, pero, tanto los platos principales como el postre me parecieron acorde inclusive con la decoración.
— ¡Magnífico! ¡Magnífico! Hasta luego, mis señores.
— Felicidades Lupin, ni yo hubiese respondido mejor. Me vas a hacer llorar, has aprendido algo de la nobleza esta noche... —Le felicitó, molestándole, mientras se quitaba una lágrima imaginaria del ojo derecho.
— Vete un rato a tomar viento, Malfoy. Ya yo no doy más en tu mundo.
— Es una lástima, has hecho un buen trabajo. Todas las "damiselas" se siente intimidadas por tú "Persona", la mitad de la fiesta parece desearte y no has dicho que sí. Has aumentado unos cuantos puntos mi popularidad en el mundo.
— Como si necesitaras más popularidad. La últimas dos veces que decomisé una revista de Corazón de Bruja, en mi clase, hablaban de ti... no sabía que te prestaras para ese tipo de popularidad.
— Esa foto que salió en la estúpida portada de la revista les costó unos buenos millones de galeones, por mal uso de mi imagen, yo pensé que ya habían aprendido, desde la última vez que colocaron fotos de Draco, cuando tenía diez años, dans le "Passage Français". Cuando Narcisa dijo expresamente que habíamos aceptado porque el diseñador era un buen amigo nuestro.
— Ah... —No sabía como responder a eso.
— ¿Cómo está mi hijo, Lupin? —Preguntó en un impulso, Lucius.
— ¿Draco? Bien..., académicamente hablando cuando menos.
— Perfecto. Draco no debe bajar sus notas escolares por ningún motivo.
— A decir verdad me sorprende que pueda mantener esas notas cuando se ve tan alicaído. Sólo parece volver a la vida cuando Harry aparece a pelear con él. Aunque con la destrucción de la casa de Gryffindor todo está un poco extraño en Hogwarts.
— ¿Qué sucedió luego de eso? —Curioseó frunciendo el ceño, tomando más de su copa, mientras reposaban la comida.
— Se volvió a sortear a todos los alumnos, dividiéndolos sólo en tres casas. El que propuso la idea fue el mismo sombrero seleccionador. Y Sirius aún no consigue ninguna persona que pueda arreglar la torre. Así que, la escuela se reorganizó en un sólo día, fue por demás extraño ver como todo cambió radicalmente.
— ¿Draco sigue en Slytherin no es así?
— Bájale Malfoy. Sólo dos Slytherin fueron re-sorteados en Ravenclaw.
— Ya... que desgracia... Gryffindor en Slytherin. Nuestro venerable Salazar debe estar revolcándose en su sagrada tumba.
— Todos los Gryffindor que están en Slytherin, fueron sorteados por el sombrero, así que tienen tanto derecho de estar allí, como tú o Draco...
— ¿Y Potter fue a Hupplepuff dónde realmente pertenece?
— No, Malfoy, para tu información. Harry fue sorteado en Slytherin, también —Vio como el rubio escupía en la copa, atragantado—. ¿Te sorprende?
— ¿Potter en Slytherin? ¡Oh Merlín! ¡El sombrero se ha vuelto loco!
— Harry posee muchas de las cualidades que aquel al que llamas tu señor. Posee y valora. Pobre de mi cachorro que terminó en aquel nido de serpientes.
— ¿Y la sangre sucia y el pobretón de Weasley?
— Entiendo que Draco los llame así, ya que se la pasan insultándose mutuamente ¿Pero tú?
— Estoy apuntando a los hechos. Granger no es más que una vulgar nacida de Muggles y Weasley rogaría por tener un galeón.
— Pues te recuerdo que yo también soy pobre y el poder de Hermione es bastante generoso —Recordó Remus ante los resultados del examen alternativo para medir su poder. Era sorprendente el poder que sostenía en su núcleo para haber nacido de muggles.
— Desheredado, y de haber sido un Malfoy, eso no te hubiese sucedido. Hay algunas familias que no comprenden lo que es la "adición" secreta de criaturas oscuras a la sangre familiar.
— Tu familia está más allá de mi comprensión humana, Malfoy. Así que ahórratelo...
— Lupin, falta el último vals y nos podremos largar de esta asquerosa fiesta. ¿Preparado?
— No; pero, no es como si te importara... —Le hizo saber con descontento.
— Se hace llamado al último vals de la noche —Declamó el animador, mientras que el último movimiento de la Séptima Sinfonía de Beethoven se escuchaba.
— Vamos a disfrutar este último Vals, Lupin. ¿Trato? Tregua por los cinco minutos que dura... Van a tocar el Grande Valse Brillante de Chopin... luego podrás irte...
— Hecho... —Las notas alegres y vivaces del Vals se escucharon, justo en el momento en que las parejas llegaron a la pista de baile.
Realmente habían disfrutado esa famosa pieza de Chopin. Y aquella noche se podía decir que había terminado en un animado empate.
30
Remus llegó súper agotado esa madrugada y luego de quedar sólo en bóxer se había tirado en la cama, hasta el otro día... luego de aquella fiesta con Malfoy, le había eliminado todas sus ganas ir al baile de Halloween que se iba a celebrar en Hogwarts dentro de unos pocos días.
