Capítulo Quince: Sí, besa ridículamente bien... ¿Y qué?

— Lupin... —Soltó sorprendido la cabeza de los Malfoy al ver al licántropo, erguido tranquilamente al lado de la chimenea con un paquete en las manos.

— Buenos días.

— Tenía entendido que Hogwarts tenía fiesta ayer...

— Tu fiestecita me quitó las ganas.

— Pensé que esa noche te había espantado lo suficiente para no volver a verte.

— Créeme, me lo pensé toda la noche... pero, esto es tuyo y no lo quiero —Habló dándole la caja en la que había llegado la pulsera que había comenzado toda su 'relación'.

— Yo tampoco lo quiero, ¿Por qué no lo vendes y te compras una túnica que bastante falta te hace?

— Al contrario de ti, Malfoy. El como me vista, no me define.

— Pues, cuando menos pudiste tener la decencia de venir vestido como Nazi, otra vez. Provocaba mirar con ese disfraz.

— Déjame en paz, Malfoy, sabes que lo hice apropósito, no me vestiría así, al menos de tener una buena razón.

— Llévate la pulsera, ¿Quién sabe? Tal vez la necesites cuando estés en la calle, sin un centavo... siendo un simple profesorucho en Hogwarts...

— Tú conoces mi situación. En realidad, tú la empeoraste, pedazo de idiota. Así que por favor, ten la maldita pulsera y olvidemos que alguna vez volvimos a hablar.

— ¡Oh señor Lupin! ¡Bueno días, señor! —Saludó un elfo que entró en esa habitación en esos momentos—. ¿Desea un chocolate caliente?

— Eh... no gracias, ya me iba —Denegó, dejó la caja en la mesa y se dispuso a irse.

— ¡Oh no Señor Lupin! Por favor, es un nuevo chocolate que nos llegó de una importadora en Suiza! ¡Tiene que probarlo! ¡Tome asiento por favor! ¡Lili le traerá un chocolate y panecillo, para que desayune junto al amo!

Antes de que pudiera hacer algo, los elfos de la mansión Malfoy lo habían obligado a desayunar con el dueño de la casa... ¡Y él que había venido a esas ridículas horas de la mañana para evitar cualquier catástrofe!

— ¿No piensas hacer nada?

— No lo creo —Respondió con sencillez, tomando de su taza de café, mientras abría el Profeta de ese día.

— ¡Malfoy! ¿Y cómo demonios tus elfos saben que me gusta el chocolate?

— Supongo que aprenden rápido —Declaró con sencillez, alzándose de hombros.

— Señor Lupin ¿Cómo está el chocolate? —Curioseó el elfo, llegando de nuevo y mirándole con esos ojos grandes que parecían rogarle. Lupin constipó su rostro y se fue a probar el chocolate.

— ¡Está muy bueno! —Tuvo que admitir el licántropo, sorprendido luego de probar.

— ¡Muy bien! ¡Ya la traigo la tetera! ¡Espere aquí! ¡Puede tomar todo lo que quiera! ¡Y debería probar nuestros pastelillos, seguro que los encuentra agradables al paladar también!

— Lupin, esa adicción tuya al chocolate va a ser tu fin un día de estos —Se burló Malfoy, casi cálidamente.

— Mejor para ti ¿no crees? Por cierto... ¿crees que si corro, me le zafaré a tus elfos?

— Puedes intentarlo... —Lupin se levantó y trató de irse.

— ¡Señor Remus Lupin! ¿A dónde cree que va? Aquí está el chocolate y dentro de nada, traeremos el desayuno. Esta mañana tenemos huevos revueltos en crema blanca, tostadas francesas, fresas azucaradas, jugo de naranja y por supuesto, panecillos y chocolates, no se mueva de allí

— ¿De verdad no piensas hacer nada?

— Si te confieso algo, Lupin..., los elfos de mi casa, unidos; me causan algo de miedo, al único que podía molestar era a Dobby y tú 'querido' ahijado, se encargó de alejarlo de mí. Narcisa no dejaba irse a ningún invitado, no importaba lo indeseable que fuese en esta casa, sin cuando menos, un vaso de agua. La tradición se mantiene...

— Toma la pulsera, Malfoy —Lucius agarró la caja, la abrió y sacó la pulsera. La hechizó, se levantó, le agarró el brazo a Remus y le colocó la pulsera.

— ¡Qué hiciste! —Chilló al ver que no podía quitársela.

— Resolviendo el problema.

— ¡Eres una...!

— Aquí está el desayuno, amito y señor Lupin. Espero que sea de su agrado, debido a que nuestro invitado ama el chocolate, nuestro chef decidió bañar algunas de las fresas en fondue de chocolate. Si desean algo más, por favor, no duden en avisar.

— ¡Malfoy quítame esto en este instante!

— Voy a desayunar, así que o te callas y comes, o te callo y comes. No tienes muchas opciones de todas maneras.

Remus terminó desayunando con Lucius.

— Amo. El señor Severus está aquí...

— ¡Oh por Merlín! ¿Qué hace Lupin aquí, Lucius?

— Mis elfos lo invitaron a desayunar —Remus frunció el ceño. Aquella frase trajo demasiado entendimiento a la cara de Severus.

— ¿Qué hacía Lupin aquí antes que los histéricos de tus sirvientes lo encadenaran a la mesa?

— Si te vas a sentar, hazlo de una vez y déjame desayunar tranquilo, joder... —Masculló el hombre volviendo a su desayuno, mientras que Remus, picaba los huevos, furibundo.

— No me digas que te estás tirando a Lupin.

— ¡QUÉ! —Gritaron los dos, levantándose, al unísono. Mientras que un elfo se tomaba el atrevimiento de colocar otro plato de comida, un vaso y los cubiertos.

— ¡No lo puedo creer! ¡Es cierto! —Le culpó al ver a Remus tratando de quitarse la pulsera, de nuevo—. ¡Joder Lucius! ¡Coño Lupin, de Lucius me lo hubiese esperado! ¡¿Pero de ti!? ¡Y tú, me dijiste que esa pulsera era para una mayorista! —Le soltó a Lucius esa última frase.

— ¡No nos hemos acostado! ¡Esta pulsera sí es un soborno de Malfoy! —Le hizo saber alterado—. ¡No me la puedo quitar! ¡Venía a devolvérsela y él decidió pegármela mágicamente a la muñeca!

— ¡No les creo! ¡Mentirosos! ¡¿Qué pensaría Draco de esto!?

— ¡Merlín! ¡Severus! ¡No he tenido sexo con Lupin! —Lucius estaba comenzando a desesperarse. Draco iba a pegar el grito al cielo si se enteraba.

— ¡Ya sí, claro! Y los encuentro de lo más tranquilos, desayunando. ¡Voy directo a decírselo a Draco! Que bajo de tu parte... ¡Y Lupin! ¡Tenía otro concepto de ti!

— ¡ESTÁ BIEN! ¡SÍ NOS ESTAMOS ACOSTANDO. NO PUEDES DECIRLE NADA A DRACO! —Le gritó agobiado, deteniéndolo con las manos en el pecho.

— ¡Lucius Malfoy! —Gritaron Remus y Severus a la misma vez.

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— Buen trabajo, señores —Congratuló el elfo principal de aquella casa—. Haber traído al señor Snape, ha sido un golpe maestro, Señor Fixy...

— ¡Gracias, Señor Kiki! —Agradeció casi militarmente el aludido.

— ¿Cree que el Señor Lupin y nuestro amo, harán una buena pareja? ¿Qué querrá al joven amo Draco como su propio hijo? —Cuestionó otro elfo un tanto inseguro. No quería que el amo Lucius sufriera... y especialmente el amo Draco se merecía otra persona que lo amara y lo acunara de ser necesario. Después de todo su amito Draco, jamás crecería ante sus ojos.

— He investigado todo del señor Lupin, por supuesto que lo será. Lo mejor de todo es que, dejando de lado su licantropía, su sangre es completamente pura y con un poder envidiable, y al ser un simple profesor. Tendrá mucho tiempo libre para dedicarse a la familia Malfoy y nosotros lo terminaremos de afinar, la señora Narcisa estará orgullosa de su sucesor. Además, desde aquella noche del baile, supe que había química de la buena y explosiva —Explicó el Elfo Principal, completamente convencido.

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— ¿Vas a seguir, Severus? Ya te expliqué lo que sucedió —Expresó un poco harto, Lucius.

— ¿Cómo se sentiría Narcisa al saber que te estás acostando con Lupin?

— Severus, no-me-estoy-acostando-con-Malfoy ¿En que idioma? —Gruñó Remus.

— Voy a preguntarle a uno de tus elfos.

— ¿Me llamaba Señor Severus? —El pocionista volteó con el ceño fruncido. ¡Si ni lo había llamado! ¡Ah! ¡como fuese!

— ¿Qué estaba haciendo Lupin aquí? —Le preguntó el pelinegro. Lucius ni siquiera tuvo tiempo de amenazar de muerte al elfo.

— No lo sé, Señor Severus, pero, no es la primera vez que el Señor Lupin viene a esta casa y la última vez se quedó a dormir en el cuarto del amo Lucius...

— ¿Y esta no ha sido la primera vez? —Masculló, directo a matar a Lucius.

El elfo sonrió feliz, al ver que no había sido castigado y que había servido al plan. Le levantó el dedo pulgar a los demás elfos, quienes chocaron las manos y brindaron por su nuevo próximo amo.

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— ¡Hey Draco!

— Blaise —Saludó el rubio al ver que su amigo, tenía una fogata en la mesa de la sala común de Slytherin y calentaba malvaviscos en dicha.

— Ven mi Dragón blanco, acompáñame en mi acampada.

— Blaise, un fogata en miniatura y malvaviscos no es una acampada.

— No seas aburrido. Toma uno y diviértete —Draco reviró los ojos y sacó una especie de varilla verde claro de la varita y ensartó allí el malvavisco, dejando que se comenzara a derretir—. ¿Y cómo te sientes?

— ¿A qué te refieres? —Evadió, soplando el aperitivo que comenzaba a deshacerse y se lo metió en la boca, quemándose en el proceso.

— No lo sé, tenemos tiempo que no hablamos así. Parece que Potter, ocupa todo tu tiempo.

— No seas ridículo, Blaise.

— Está bien, Draco. Te perdono que me estés desplazando por Potter. Es comprensible, has estado obsesionado con él por siete años consecutivos. Como buen amigo que soy, tengo que dejarte disfrutar hasta que vuelva con la sangre sucia, el weasel y su manada de gatitos —Ese prospecto que le había puesto su mejor amigo no le había gustado nada e inclusive le había revuelto y anudado las tripas.

— No seas estúpido...

Potter, apareció particularmente molesto. Los dos únicos moradores de la sala común en esos momentos, voltearon a verlo.

— Hey Potter ¿qué pasa? —Le preguntó Zabini.

— Hey —Masticó de regreso—. En este maldito lugar todas las putas serpientes hablan y dado que yo soy el único que las entiende, ¡ahora me piden favores! ¡Habrá que ver! Les presento a Zoli... —Dijo mostrándole una serpiente de plata y esmeraldas que volteó la cabeza en ese momento—. Con permiso tengo que llevar a la princesita al final del pasillo —Blaise se carcajeó mientra que Draco lo miró con una ceja alzada.

— La verdad es que uno nunca se aburre estando con Potter. ¿No crees Draco?

— Supongo...

— ¿Y? ¿Qué piensas ahora del niño que vivió?

— Que no es tu problema.

— Oh vamos... ¿el tan bueno y considerado de Potter no causa nada al Príncipe de hielo?

— Blaise... no recuerdo muy bien, pero... creo que Potter y yo, nos besamos el día del baile... —Le confesó en voz baja.

— ¿Besa bien? —Soltó de una vez. Draco lo miró malamente—. ¿Qué? Tengo curiosidad...

— No lo recuerdo muy bien.

— ¿Te besó de regreso.

— Recuerdo que nuestras lenguas jugaron un rato...

— ¡Sagrada Circe! ¡Jeje! ¡Con lengua y todo! No pierdes tiempo, ¿No, Dragón?

— ¡Me doy! ¡No pienso llevar ninguna otra serpiente! ¡No me persigan! —Le gritó a la nada para Draco y Blaise quienes se callaron al instante.

— Relájate Potter, te arrugarás y te pondrás feo y ya no te querremos.

— No me jodas, Zabini... cada puerta me saluda, se vuelve exasperante.

— Les caíste bien... —Harry le mostró el dedo del medio, sorprendiendo a Zabini, quien rió complacido.

— ¿Y qué hacen ustedes teniendo una reunión en la sala común de Slytherin?

— Hablamos, Potter. Y comemos malvaviscos... —Respondió el de ojos amusgados.

— ¿Y de qué hablaban? —Curioseó con sospecha.

— Am...

— Espero que no hayan estado hablando de mí.

— ¿Qué dices? Para nada —Ironizó bromeando—. Ven, únete a nuestra pequeña acampada —Le convidó Zabini, palmeando el asiento a su lado.

— ¿Seguro? Eso no les permitiría seguir hablando mal de mí —Les jodió, divertido.

— Bueno, ahora hablaremos contigo. Vente —Harry se sentó no muy seguro en el espacio que le habían abierto—. Come un malvavisco, Potter. Olvida a Draco, a veces se le olvida que puede hablar —El aludido le fulminó con la mirada—. ¿Ves como si tengo razón? Ahora, expulsa un poco, sólo un poco, Potter, no queremos destruir Slytherin también, y forma un palillo, allí, meterás el malvavisco y lo derretirás en la pequeña fogata de la mesa.

— Por favor, llámame Harry.

— ¿Cómo? —Dijeron al unísono los dos Slytherin.

— Puedes odiarme y llamarme por mi nombre. Realmente me molesta que me llamen por mi apellido, y ya que parece que no tengo pronta salida de aquí, llámame por mi nombre.

— ¿De verdad puedo llamarte, Harry? —Cuestionó consternado, Zabini.

— Sí, puedes llamarme Harry.

— ¡Pues, vale, Harry! Entonces tú, llámame, Blaise.

— Ok, Blaise —Pronunció sin armar mayor escándalo.

— Y ahora qué estamos en confianza. ¿Draco besa tan bien como todo el mundo alega?

— ¡Blaise! —Le regañó, ahorcándole.

— ¿De lo que me acuerdo? —Siguió igual de tranquilo, soplando el malvavisco y mordiéndolo con cuidado—. De puta madre.

— ¿De verdad? —Soltó Blaise con incredulidad.

— De verdad.

— Potter...

— Cálmate Malfoy, no voy a armar un escándalo sólo porque nos besamos, teniendo más de dos puntos de alcohol en la sangre.

— ¿Puedo besarte, Harry?

— Acércate un poco más, Blaise y te castro... —Le respondió de lo más tranquilo, adelantándosele a Malfoy.

— Blaise, tócale un cabello y muere... —Le amenazó Draco.

— ¿Y a ti que te importa lo que yo haga?

— Por ahora soy tu padrino en Slytherin... así que estoy en todo mi derecho.

— Esa es la excusa más ridícula que he oído.

— ¡Pansy!

— ¡Parkinson!

— Hola Chicos. ¿Acampando a la manera de Blaise?

— Eso parece... —Le respondió Harry.

— Buena respuesta, Potter.

— Como le dije a Blaise, llámame Harry, ya he tenido más que suficiente de mi apellido, por años...

— Okey, Harry. Llámame Pansy, para hacerlo justo —Aceptó igual de tranquila que el mismo Harry—. ¿De que hablaban? ¿Me das un permiso? —El ojiverde asintió y se arrimó, quedando ahora al lado de Draco, mientras que Pansy quedaba en el medio, agarraba un malvavisco lo ensartaba y comenzaba a derretirlo.

— Blaise me preguntó si Malfoy besaba bien.

— Oh sí, besa ridículamente bien —Constató la prefecta de Slytherin.

— Concuerdo contigo. Parece inclusive de mentira.

— ¿Se besaron? —Preguntó la Prefecta de Slytherin.

— Estábamos borrachos —Harry.

— O sea que fue en el baile.

— Ajá.

— ¿En dónde? Yo no los vi —Pansy.

— Creo que fue en las mazmorras... o algo así.

— ¡Hey! Estoy aquí, ¿saben? —Malfoy.

— Cállate, Draco. No estamos hablando contigo —Le chitó Pansy.

— ¡Ah! ¡Esto se tarda mucho! —Se quejó el definitivamente ex Gryffindor, tronando los dedos haciendo que una llamita apareciera en medio de los dos dedos que había tronado con anterioridad.

— ¡Eres un elemental de fuego! —El moreno bufó—. ¿Dije algo malo?

— Sí, Blaise, más o menos soy el elemental de fuego —Le respondió evadiendo la segunda pregunta.

— Potter, te vuelves más cool a medida que más te conozco.

— Pues, gracias, supongo.

— ¿Puedo besarte, Harry? —Preguntó Pansy. Todos miraron a la mujer.

— ¡No! ¿Cuál es su afán por besarme?

— Tengo que mantener mi reputación de haberme acostado con todos los hombres de Slytherin.

— Apuesto mi cuenta en Gringotts que ese rumor es falso —La mujer le guiñó un ojo.

— ¿Ni siquiera en la mejilla?

— Está bien, Pansy, en la mejilla...

Pansy lo agarró y le dio un sonoro beso en la mejilla, observando divertida como el ojiverde se había sonrojado sólo con eso.

— Aww... ¡Draquín está celosin!

— ¡Por supuesto que no estoy celoso! ¿Por qué habría de estarlo? ¡Yo fui quién besó a Potter de primero! ¡Inclusive llegué a su garganta! Y no me llames "Draquín"—Los otros se rieron, inclusive Harry aunque al escuchar eso último, se sonrojó más aún.

42

— ¡Harry! —Llamó Parkinson, al encontrarse al niño-que-vivió, vagando como alma en pena en la sala común.

— Pansy...

— ¿Tienes algo que hacer?

— No... tengo esta hora libre —Le dijo cruzándose de brazos y mirando a la prefecta.

— ¡Hazme un favorsote!

— ¿Qué?

— ¡Pega esto en la cartelera, por fis! —Le pidió mostrándole unos papeles.

— Está bien... —Aceptó resignado.

— ¡Uy! ¡Te amo, Potter! —Le hizo saber, emocionada, abrazándole y dándole un sonoro beso en la mejilla—. ¡Adiós!

43

— ¿Qué haces, Potter? —Le preguntó Draco, al ver a Harry Potter en la cartelera.

— Haciéndole un favor a Pansy... —Le explicó, apareciendo unos pin que curiosamente, tenían forma de serpiente.

— ¿Y esto?

— No lo sé. Usualmente Ron también me pedía pegar las cosas en la cartelera y cada vez me salen formas más curiosas, por que, no creo que en Slytherin, estén muy feliz con una estrella o una cara de un león.

— Gracias por la consideración, Potter.

— De nada, Malfoy.

— ¡Señor Potter! —Llamó un crío de primero de Slytherin, jalándole la túnica. Los otros dos, voltearon a mirar.

— ¿Qué pasa? —Preguntó incrédulo.

— ¿Puede venir un momento, por favor? —Harry miró a Draco. El rubio se alzó de hombros.

— ¿Pero, qué pasa?

— ¡Es una serpiente, Señor Potter! ¡Se quedó trancando mi puerta y no puedo entrar! ¡Tengo clase en diez minutos! Mi compañero Gryffindor, dice que usted habla con ellas. ¿Podría ayudarme?

— Supongo que no tengo de otra ¿no? —Preguntó a Draco, mientras era jalado por el pequeño. Malfoy se rió con diversión—. Tú te vienes conmigo, Malfoy, tú eres el Prefecto.

— Mire, aquí está señor Potter... esta es la serpiente... —Le señaló una de las millones estatuas de serpientes de plata que habían distribuidas por toda la casa.

¿Por qué estás trancando el paso del cuarto? —Inquirió sin demasiado protocolo. Draco y el niño se le quedaron viendo maravillados como el chico de oro, hablaba en el lengua de su fundador.

Pequeño Orator, te saludo. Estoy protegiendo a los alumnos de que moran en este cuarto.

¿Por qué?

Porque hay un peligro dentro, pequeño Orator.

¿Y cuál es el supuesto peligro?

No te preocupe, pequeño Orator. Cuando el peligro pase, me retiraré de aquí.

¿Cuál es el peligro? Por favor, no lo voy a volver a preguntar, la próxima vez te quito con magia.

Está bien, pequeño descendiente. Hay un boggart dentro...

Quítate de allí, por favor... yo me haré cargo del boggart.

Está bien... por favor, ten cuidado pequeño Orator.

— Y me llamo Harry, por la sabiduría de Merlín —Dijo a la nada en idioma normal, observando, como la serpiente se iba—. No tan rápido jovencito —Le detuvo, sosteniéndole por la túnica—. Vete a clases y di que hay un Boggart en el cuarto.

— Tengo clases con la profesora Mcgonagall, no creo que se lo trague.

— Entonces te vas a tener que esperar que saquemos al Boggart.

— ¿De verdad hay un boggart, Potter?

— Sí, por eso la serpiente estaba trancando la entrada.

— ¡Por favor, sólo buscaré mi tarea y me iré! —Harry sacó la varita, refunfuñando.

— Búscala rápido. Tú te vienes conmigo, Malfoy. Dos personas son mejor que una para enfrentar a esa cosa...

— ¡Ah no! Si sale el estúpido boggart yo me pierdo Potter.

— Malfoy, me vas a tener que ayudar, quieras o no... la forma que toma mi boggart afectaría a todo Slytherin...

— Ya, seguro Potter...

— No seas así, Malfoy...

— ¡Tengo la tarea! ¡Muchísimas Gracias, Señor Potter! ¡De verdad! Cierren la puerta cuando terminen, por favor. Nos vemos.

— Llamemos a Severus... él se encargará.

— Oh, no seas estúpido, es sólo un boggart...

— ¿Y entonces para qué coño me quieres aquí?

— Para que aparezca tu miedo y no el mío. No creo que un dementor en medio de la sala común sea muy agradable, Slytherin ya es lo suficientemente frío para agregarle al puto dementor.

— Llamaremos a Severus, no hay ninguna manera que te deje enfrentarte a un boggart que se va a convertir en un dementor —Denegó, arrastrándole fuera del cuarto, aún con el pataleo de Harry. La serpiente se había colocado en posición de guardia de nuevo.

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— Severus.

— Buenas tardes, Draco. ¿Qué sucede? ¿No deberías estar en clases? ¿Potter? —Pronunció al ver que su ahijado traía casi arrastrado de la túnica al Gryffindor de uniforme Slytherin.

— Hay un boggart en uno de los cuartos de Slytherin. Potter quería enfrentar al estúpido animal, así que lo arrastré conmigo, no fuera que hiciera una estupidez.

— Malfoy, no voy a correr, suéltame.

— Muévete y te hechizo —Le amenazó.

— Que ridículo eres —El pocionista, carraspeó. Los dos se incorporaron.

— Está bien, Draco. Yo me encargo del problema. ¿Cómo se enteraron qué había un boggart?

— Potter puede hablar con todas las serpientes/estatuas que hay en Slytherin.

— Ya, cierto que Potter habla parsel... váyanse a clases...

— Sí, Severus. Arranca, Potter. Tenemos encantamientos...

— Parece que Snape me confunde de persona al verme con este uniforme —Le comentó a Draco, al estar fuera del alcance del oído de profesor de pociones.

— ¿A qué viene eso?

— ¡Snape ha sido relativamente amable! Ni siquiera me gruñó. ¡Aún peor, ni le molestó que haya entrado a su despacho, al cual tengo prohibida la entrada!

— No seas ridículo, vámonos a encantamientos. Accio Bolsos de Harry Potter y Draco Malfoy —Invocó el rubio y dichos aparecieron en sus manos—. ¡Yiala! —Harry sólo suspiró, encaminándose derrotado.

TBC