Capítulo Dieciséis: Prefectos y Premios Anuales.

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Estaban en la reunión mensual de Prefectos, Seis prefectos por casa, junto a sus respectivas cabezas de casa. En ese momento le tocó a Slytherin entrar en ponencia.

— Bien, no tenemos mucho que decir, todos estamos bien y no hay problemas graves que no se solucionen entre nosotros mismos. Como sabrán en Slytherin nos gusta la independencia, pero, haciendo valer un decreto de Salazar Slytherin y Hogwarts mismo —Comenzó Pansy—. Queremos nombrar a Harry Potter como Prefecto de Slytherin.

— Pero ¿De qué hablan? —Salió Hermione al ataque, si Ron no hubiese estado suspendido por andar cometiendo actos ilícitos, seguro que se hubiese armado la pandemia—. ¡Harry ni siquiera es Slytherin! ¿Y qué es ese decreto? ¿Dónde lo dice?

— Oh, preciosa, tú y yo sabemos que eso no es así —Le respondió coqueta a la Prefecta de séptimo de Gryffindor, guiñándole un ojo, haciendo sonrojarla—. Y para tu información, cuando un alumno es muy popular en alguna casa, y si todos los prefectos estamos de acuerdo, se puede postular a dicha persona como Estudiante Modelo y por consiguiente: Prefecto.

— Pero, la señorita Granger tiene razón —Rebatió la profesora Mcgonagall—. El señor Potter, no es un Slytherin, sólo está temporalmente en esa casa —¡Ella quería a Potter primero que cualquier Slytherin como prefecto! Pero Dumbledore tercamente le había dicho que no, por más que había insistido, había decidido darle la placa a Weasley que lo único que hacía era darle más trabajo a Granger y a ella misma. ¡Si Potter iba a ser prefecto de algún lugar sería de su casa porque se dejaba de llamar Minerva Mcgonagall!

— Bueno, entonces Harry Potter, tendrá los deberes y derechos de un Prefecto hasta que se solvente la situación de su casa. Potter es una ayuda invaluable para nosotros a la hora de enfrentar la mayoría de los problemas de nuestra casa y los alumnos lo adoran. Inclusive estamos pensando alegar al decreto número cuatrocientos sesenta y seis del código de Hogwarts y hacer que vuelvan a sortearlo. Creemos que Potter fue coaccionado a ser un Gryffindor, como deber, por su sangre —Siguió segura de sí misma y poniendo en la mesa todas las cartas ganadoras.

— La señorita Parkinson puede volver a Potter un prefecto si gusta —Entró la cabeza de Hupplepuff—. Este año los premios anuales están retrasados por los constantes ataques al ministerio, pero, el joven Potter es uno de los premiados —Informó Pomona.

— ¿Señor Malfoy, es cierto que Potter, está siendo elegido unánimemente por Slytherin como Alumno modelo? —Ese había sido la cabeza de Slytherin, temiéndose lo peor.

— Sí, Profesor Snape —Le respondió mirándole directamente a los ojos. Sabía que su padrino podía leerle con facilidad así que Severus supo al instante que era verdad y que su mismo ahijado no se lo terminaba de creer. Nada podía hacer él, esa situación se la había estado temiendo desde hacía rato. Gryffindor no era tan ordenado ni tampoco le daban importancia a ese tipo de cosas como en Slytherin, él sabía que inmediatamente se iba a ver reflejada la estúpida capacidad de liderazgo que usualmente utilizaba para hacer el mal, Potter. Especialmente al codearse demasiado tiempo con los otros dos prefectos más viejos y cabecillas de sus casas, sin dejar de contar a Zabini y a Nott...

— Me rehúso, si Potter va a ser Prefecto de algún lugar, entonces que lo sea de Gryffindor —Prosiguió, Mcgonagall—. Haremos un cambio, Weasley por Potter.

Si Potter oyera esta discusión seguro que se pondría a llorar y si Weasley supiera esto, trataría de matarlo... —Pensó negando divertido, Draco. Jamás se hubiese imaginado que Harry Potter, odiara tanto llamar la atención y como se cohibía el ser en centro de todas las miradas cada vez que pasaba por algún lugar.

— Pero nosotros fuimos los de la idea. Así que Profesora Mcgonagall podrá cambiar a Weasley cuando haya una casa de Gryffindor a la cual guiar... por ahora, Harry Potter enviste el uniforme de Slytherin y la mayor población de Gryffindor está en Slytherin, es una situación ganadora/ganadora. Sin contar con que Potter será una ayuda extra con los Gryffindor y dichos se sentirán más cómodos al tener un líder de su propia casa a la cual recurrir ya que sus otros cinco prefectos están dispersos en las otras casa cumpliendo su labor.

— Está bien, señorita Parkinson, puede darle a Potter la placa de prefecto y avisarle sus deberes y sus derechos y además, decirle que es uno de los Premios anuales de este año y cuando Gryffindor vuelva a entrar en funcionamiento de lleno, el señor Weasley será dado de baja en sus deberes como prefectos y se le entregará la placa al señor Potter —Dictaminó Fliwick—. ¿Alguien está en desacuerdo? —Todo el mundo parecía de verdad sacar a Weasley de la junta de Prefectos y meter a Potter, inclusive los Hupplepuff (ya que Slytherin eran los que estaban proponiéndolo).

— ¿Y si apelamos al otro decreto? —Pansy de verdad quería que Harry fuera un Slytherin lo que quedaba de su séptimo año, inclusive ganarían la copa de Quidditch que comenzaba en enero (aunque se rumoraba que Dumbledore estaba planeando algo con respecto a Quidditch, no le habían dado el permiso en el ministerio y por ello la tardanza) así como la copa de las casas, después de todo Gryffindor había ganado consecutivamente la copa gracias a Harry Potter.

— Si el señor Potter cree que pudo haber sido coaccionado de alguna manera a quedar en Gryffindor, cosa que ha ocurrido en algunos casos, el sombrero no pone ninguna traba y él quiere pasar su último año como un Slytherin, es completamente válido según el código de Hogwarts —Siguió la cabeza de Ravenclaw.

— ¡Gracias! —Agradeció inusualmente animada.

— Ravenclaw tiene la palabra —Habló Mcgonagall no muy contenta con ello. ¡Potter era un descendiente directo y sanguíneo de Gryffindor! ¿¡Qué era aquella burla de quererlo colocar en Slytherin!

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— ¡Ha-rri-to! —Le agarró por la túnica, Pansy.

— Hey, Pan... ¿Qué sucede? —Saludó despistado como siempre, el moreno.

— Tenemos que ir a celebrar, Potter. ¡A celebrar mucho!

— ¿Y qué tenemos que celebrar? —Curioseó el joven Potter, sin entender demasiado.

— ¡Vamos a Slytherin! ¡Corre! ¡Vamos!

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— Potter. ¡Felicidades! Desde hoy, eres un Prefecto de la casa de Slytherin —Congratuló Pansy, dándole la placa—. Y cuando Gryffindor vuelva a existir, patearan a Weasley y tú serás el nuevo prefecto. ¡Ah sí! Este año, cuando logren entregarlos ¡Fuiste elegido como premio anual!

— ¿Estás jodiéndome verdad, Pansy? —Estuvo a punto de decirle que aquella broma le iba a doler y a abrir una herida vieja que aún no superaba del todo.

— ¿Te parece que te estoy jodiendo, Potter?

— No lo sé.

— ¡Por supuesto que no te estoy jodiendo, tonto! ¡Slytherin te adora! Aunque tú seas un jodido cegatón. Y hemos apelado al decreto cuatrocientos sesenta y seis del código de Hogwarts. Así que León, si quieres pasar tus últimos días de Hogwarts en Slytherin, la ley está de tu lado —Harry estaba con la boca abierta.

— Coño Pansy, no te pudiste esperar ¿Verdad? —Le regañó Draco, llegando.

— Noup, demasiada emoción para aguantarme.

— Felicidades Potter. Creo que te lo mereces, más o menos...

— ¿Entonces es verdad, soy, misteriosamente; Prefecto?

— No misteriosamente, Potter... —Le comenzó a explicar como un niño—. Parece que le caíste demasiado bien a todo Slytherin y te escogieron como alumno modelo, Pansy se encaprichó contigo y te hizo prefecto. Agradécele a ella. Lo de Premio Anual supongo que es el ministerio adulándote, como siempre.

— Guao... —Murmuró sin podérselo creer—. ¿De verdad me quieren aquí en Slytherin que inclusive apelaron a ese decreto de Rowena para cambiarse de casa el último año de haber sido coaccionado en la selección, momentos antes?

— ¿Cómo sabes eso?

— Es el último descendiente de Gryffindor, Pansy —Explicó Draco, buscando una cosa en su closet.

— ¡Era verdad! —Chilló emocionada. Abrazándole.

Sdi Pansdy... No me dejdas despidad...

— Ah, lo siento... ¡Creo que inclusive la Granger va a usar el decreto para cambiarse a Ravenclaw! La oí hablando de ello con los prefectos de esa casa y todos estaban más allá de lo contentos con la idea. Bueno, los nerdis se llaman. Entonces ¿Quieres ser un Slytherin, Harry? Inclusive Draco, se apartará y te dejará su puesto como buscador.

— ¡Que! —Se quejó. Harry lo único que pudo hacer fue reírse hasta que el alma se le saliera del cuerpo, ¡No podía creérselo!

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— Me alegra mucho que hayas conseguido ser prefecto, sé lo mucho que te dolió que nosotros fuéramos y tú no —Le felicitó sinceramente Hermione, abrazándole.

— Gracias Herm, aunque todavía no me lo creo. ¡Y tengo un montón de cosas por hacer, pero Pansy es una maestra genial! Y bueno, Malfoy no me deja caer siempre y cuando sea algo referente a su casa.

— Tenemos que hablar...

— ¿Qué sucede, Herm? —Inquirió preocupado.

— ¿Tienes tiempo?

— Vamos, ¿Tú también te vas a poner como Ron y a echarme en cara que los Slytherin están lavándome el cerebro?

— ¡Harry! —El ojiverde se rió.

— ¡Broma! ¡Broma! —Se defendió, evitando que su amiga le pegara con el libro.

— Harry, si tú vas a quedarte en Slytherin, entonces yo también quiero quedarme en Ravenclaw —Le confesó una vez que estuvieron en un lugar apropiado.

— ¿De verdad me apoyarías si decido ser Slytherin por este año?

— Inclusive prometo hacer entender a Ron. ¿Estás considerándolo, verdad? —Le preguntó un poco alicaída—. Jamás se te había visto tan libre.

— No sé, por qué, pero, Slytherin realmente parece mi verdeara casa. Es extraño estar en Slytherin...

— Lo sé. A mí me pasa lo mismo en Ravenclaw... bueno Harr... el que estemos en casas separadas sólo fortalecerá nuestra relación, además, tenemos que desacostumbrarnos... sé que quieres aplicar a una universidad muggle...

— ¿¡Cómo sabes?

— Dumbledore me lo dijo y me pidió que te convenciera de lo contrario. Yo dije que tenías derecho a decidir que hacer con tu vida...

— Gracias Herm, no sabes lo que esto significa para ti.

— Claro que lo sé, pedazo de tonto... eres mi mejor amigo... aunque por favor, si vas a llegar a algo con Malfoy y a quedarte en Slytherin, no te vuelvas un maldito estirado.

— Promesa de niño explorador —Le dijo guiándole el ojo y colocándose una mano en el corazón y otra en el aire.

— Harry. Si yo hago un juramento inquebrantable ¿me dirás con quién estabas en París?

— ¡Oh dios! Hermione ¿Tú también? —Preguntó divertido.

— ¿Me vas a decir? —Le insistió con voz insinuante.

— Estuve con Malfoy, si Sirius se entera, eres mujer muerta, Hermy.

— ¡Lo sabía! ¡Keh! ¡Sólo Malfoy era digno de guardar en secreto! Harry... —Le agarró las manos—. No quiero tener a Malfoy de cuñado, por favor, por favor... hay muchos mejores prospectos para casarte que él...

— Hermione, Malfoy y yo no somos nada.

— Ya, sí... y yo mañana me caso con Viktor... hablando de él, te mandó saludos...

— En serio, te lo juro, Malfoy y yo aún no estamos jugando ni siquiera en la categoría de amigos... y mándale saludos a Viktor también de mi parte. Y no, aún Sirius no ha dicho si puedo ir con ustedes a Bulgaria para visitarle. Aunque, estoy seguro que él mismo quiere ir a conocerlo... —Los dos se rieron... conociendo como conocían al merodeador.

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— Potter, ¿Puedo entrar? ¡Tengo que orinar o me haré encima! ¡Por favor! —Le rogó con voz desesperada, Malfoy, tocando la puerta del baño.

— Vale... —Le respondió inseguro... La puerta se abrió de golpe y el rubio entró directo a la poceta. Harry mantuvo la mirada en el lavamanos sin dejar de cepillarse.

— Agh... —Exhaló el rubio luego de bajar el agua, las tapas y sentarse en ellas, como pudiendo respirar de nuevo. Observó como Harry escupía la pasta de diente y se enjuagaba y luego dejaba el cepillo tras el espejo.

— ¿Te molesta si me cepillo mientras te bañas?

— No mires, Malfoy —Le dijo sonrojado.

— Potter, no tienes nada que yo no tenga ni que no haya visto con anterioridad—Le hizo saber, echándole pasta al cepillo y comenzando su ritual mañanero. Harry entró en la regadera y se quitó la ropa tirándola al otro lado—. Potter, ¿Qué te dije con respecto a tirar la ropa en el piso?

— No jodas, Malfoy, después de la recojo —Masculló abriendo la regadera y comenzando a bañarse. Draco miró hacia las puertas de plástico semi transparente azul y luego decidió dejar a Potter tranquilo. Sacó la crema de afeitar, cosa que le sorprendió que Potter no tuviera y luego descubrir que no la necesitara y se la echó inclusive debajo de la barbilla. Luego, con su varita, comenzó a sacarse la espuma y violà. Se enjuagó un poco la cara, sacó una crema y se la echó en la cara. Salió del baño dejando la puerta abierta, buscó el profeta de ese día que ya estaba allí y volvió, se sentó en la poceta y comenzó a leer, mientras esperaba que Potter terminara.

— ¿Te falta mucho?

— No...

— Apúrate...

— No me jodas Malfoy. ¿Quién es el que tarda una hora en el baño?

— Por eso te lo dejo de primero ¿Ves? Soy toda consideración.

— Oh sí... seguro... —Ironizó.

— Potter.

— ¡Que! —Gimió—. ¡Ya salgo, joder!

— No, no. Creo que esto te interesa. En el periódico dice que avistaron al supuesto muerto Peter Pettegrew en una de las redadas de los aurores, pero, que antes de poder ser atrapado, el Lord oscuro llegó y el hombre había desaparecido —Harry asomó la cabeza fuera de la regadera con el cabello lleno de champú y miró a Draco críptico—. Si no me crees —Le dio la página. El ojiverde se secó las manos y se quitó las gotas que dañaban aún más su ya de por sí terrible visión. Bizqueó y trató de leer. El reportero se preguntaba qué era todo aquello y si Pettegrew estaba vivo ¿Cómo quedaba la situación de fallecido Sirius Black? Y luego una sarta de tonterías.

— Como sea, Sirius está muerto y muy feliz con su vida actual. Si agarran a Wormtail me resbala —Le dijo a Malfoy, indiferente. Devolviéndole el periódico.

— Pues, si me permites meterme, si lo agarran, tío podría restablecer la línea de los Black y sé que aunque se haga el rebelde a él también le importa. Es algo que se lleva en la sangre.

— Sirius es bastante grandecito y ya habrá leído el profeta... —Le respondió, quitándose el champú.

— A veces no sé quién es el hijo y quién el padre.

— A veces yo tampoco —Le hizo saber, colocándose la toalla en la cintura y saliendo a vestirse, dejando al rubio con una sonrisa divertida en los labios. Draco se metió a bañar y siguió con su rito mañanero, el cual había cambiado un huevo desde que Potter vivía con él en Slytherin.

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— ¿Lupin?

— Buenos días, Lucius.

— ¿Tú no deberías estar en clases?

— Sirius me está supliendo. Yo soy el profesor que te va dar el reporte para que puedas joder y echar pestes de nosotros en el Consejo Estudiantil...

— Ah... ya veo...

— Sí. Que sepas que aún estoy más allá de lo cabreado por decirle a Severus que tú y yo sí estábamos teniendo sexo... y que sepas que esta mierda fue por sorteo, nadie quería soportarte y mi mala suerte se hizo presente y Severus está ocupado para soportarte como siempre. ¿Cuáles son sus quejas este año, su alteza?

— Lupin, tuve que aceptar que tú y yo estábamos enrollados porque Severus iba a decirle a Draco sino confesaba aunque fuera mentira y mi hijo es como tu ahijado, cabréalo un poco y tienes cien kilómetros a la redoma congelados... y ya casi muere en uno de sus arranques por la muerte de Narcisa.

— Aquí tienes el estúpido informe... —Le entregó un montoncito de hojas en una carpeta.

— Te invito a desayunar como hago todos los años con el profesor de turno, odio este lugar para discutir este tema.

— No vuelvo a ir contigo ni a la esquina...

— No seas irracional, Lupin. Vamos a desayunar —Le ordenó, agarrándole por el brazo y jalándole hasta salir del castillo.

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— Potter... estás teniendo un pesadilla... —Le llamó Draco, aún dándole la espalda al escuchar al moreno balbucear—. Potter despierta —Volvió una segunda antes de perder su sueño, haciéndole de enfermera—. ¡Potter! —Encendió la luz, ya molesto y vio que el moreno, estaba forcejeando con el aire. Se sentó encima de su compañero de cuarto y lo sostuvo—. Estás soñando, levántate... —Se preocupó cuando las lágrimas comenzaron a descender de los ojos fuertemente cerrados. Le sometió y agarró su varita pronunciando un enervate que hizo a Harry alzarse como poseído abriendo los ojos al máximo los cuales estaban de un color amarillo que friquió al rubio para luego caer sin vida en la cama. Unos segundos después, los ojos ya verdes de Harry se abrían, parpadeando.

— ¿M...?

— Estabas teniendo un mal sueño... uno particularmente malo —Le explicó conciliador, levantándose con cuidado y dejando la varita en la mesita de noche dónde también se encontraba la del moreno. Se sentó en su cama y esperó a que el ex Gryffindor se recuperara.

— Malfoy, quiero ir al baño.

— No es bueno que vayas a vomitar, Potter. Trata de aguantar... no creo que funcione pero... —Se pasó a la cama de Potter de nuevo y comenzó a masajearle en la unión de los dedos índice y pulgar de la mano izquierda —. Según la reflexología, esto debería aliviarte las nauseas... respira profundo y ni te atrevas a vomitarme encima o dormirás en el mueble de la sala común hasta el final del curso —Harry se rió, levemente.

— Hueles extraño, Malfoy —Murmuró adormilado.

— Mira quien habla...

— No... es... ummm... creo que me gusta como hueles... —Siguió, escondiendo su cabeza en la parte exterior del muslo del rubio.

— ¿Te sientes mejor? ¿O vas a seguir delirando?

— No siento mejor, pero no te voy a vomitar encima...

— Entonces me voy a dormir...

— No... quédate aquí —Le pidió agarrándolo por el estómago.

— No seas malcriado, Potter.

— No seas así, por favor, quédate aquí.

— Estoy a dos pasos...

— Por favor.

— No me hagas esa cara... —Chilló comenzando a sentir que el moreno iba a salir victorioso. Harry sonrió con malicia en su mente al ver que su archi-enemigo escolar, cedía con una fantasticular derrota ante sus pedidos—. Está bien... Potter. Arrima...

— Gracias —Murmuró realmente agradecido.

— Estúpido Potter.

— Yo también te quiero, hurón... —Draco reviró los ojos ante lo último y se dispusieron a dormir.

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Ese, iba a ser un día sin precedencia en Hogwarts. Hermione y su grupo de Ravenclaw, habían entrado primero que inclusive los Slytherin causando la siguiente situación:

— Vamos Hermione, siéntate con nosotros ¿si? ¡De todas maneras no hay nadie en Gryffindor!

— Pero... no creo qué...

— ¡Si Herm, vente!

— Emm... bueno, pero, cuando lleguen me voy ¿Está bien?

— ¡Claro!

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— Harry, tienes que decirle al párvulo de tu padrino y al profesor Lupin que tienes esos ataques —Le aconsejaba Pansy preocupada.

— Estoy bien.

— No lo estás, Potter. Pero ¿Para que se molestan? No va a dar su brazo a torcer —Se metió Theodore.

— No quiero tener a Sirius asfixiándome, ya bastante chicle es, cuando estoy sanito.

— Entonces dile al profesor Lupin —Insistió la mujer, agarrándole del brazo, y jalándolo—. Ni pienses que vas a librarte de mi sermón, yéndote a Gryffindor. Siéntate —Le obligó, haciéndolo ella misma en la mesa de Slytherin.

— Pero, estoy bien.

— No, no lo estás —Dijeron en coro los otros tres.

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Sirius y Remus entraron esa mañana al comedor, sin avistar nada particularmente extraño. Se sentaron saludando al director y Remus saludó a Snape también. Se sirvieron el desayuno y Sirius se dispuso a buscar a su pequeño retoño Slyfindor, en la mesa de Gryffindor y... no lo vio. Se encogió de hombros y buscó a Hermione, tampoco la encontró, ahora... quien sí había entrado en su campo de visión había sido Ron. Pero... ¿Ron había llegado ya a la mesa y Harry y Hermione, no? Por la cabeza de Sirius pasaron una sarta de estupideces que no podían cumplirse en ningún universo factible y ordenado.

Sin tener con qué entretenerse se fue a curiosear a las otras mesas. Susto se llevó al ver a Hermione en Ravenclaw, ojeando un libro particularmente pesado y de apariencia soporífera, junto a otros alumnos de aquella casa a la par que comían. Preguntándose ¿Qué hacía allí la prefecta de Gryffindor? La observó un rato, esperando que se levantara y volviera a su mesa pero, jamás lo hizo, así que, pasó a Hupplepuff pero, allí no había nada bueno que ver. Escupió el café que estaba tomando haciendo que Remus lo mirara con las cejas alzadas.

Harry estaba ¡Sentado en Slytherin! Como tratando de explicarle algo a Parkinson, si su memoria no le fallaba, aquella pequeña hija de mortífagos En ese preciso momento. Otros tres alumnos, incluyendo a la pequeña serpiente rubia de su sobrino, y entraron en la azorada disertación que mantenían los dos primeros mencionados.

— ¡El apocalipsis a llegado! —Chilló Sirius.

— ¡Orion! ¡Siéntate! —Le ordenó el licano, jalándole por la túnica—. ¿Se puede saber por qué gritas eso? ¿Es que acaso te has vuelto loco?

— Lupin, Black ha estado loco desde que nació... —Cortesía de Snape. Dumbledore no podía dejar de pensar que todo el mundo llamaba a Sirius Black por su nombre y a nadie parecía importarle. Sorbió más de su té, demasiado dulce para su salud (según Poppy) y los ignoró—. ¿De qué te sorprende?

— ¡Mira a la mesa de Slytherin, Snivellus y dime que el Apocalipsis no ha llegado!

Todos miraron la mesa de Slytherin y no encontraron nada particularmente, preocupante. Todos los alumnos comían recatados y comedidos como se les había enseñado desde pequeños, ah... pero, un pequeño grupo, de exactamente, cinco alumnos, no comían... uno de ellos ni siquiera estaba sentado del todo en la mesa. Dicho alumno, que resultó ser Harry Potter con la llamada del apocalipsis, terminó de levantarse y comenzó a discutir, eso tampoco había sido extraño, ahora, que Pansy Parkinson estuviera al lado de Potter y que anteriormente el niño-que-vivió hubiese estado tranquilamente discutiendo en Slytherin si que lo era.

— ¿Tú llamado al apocalipsis es el hecho de que Harry esté sentado en Slytherin? —Preguntó inseguro Remus.

— ¡Y Hermi en Ravenclaw y Ron en Gryffindor y a ninguno de los tres parece importarle!

— Siéntate y cállate...

— ¡Estás hablando como Malfoy padre...! —La mirada de Remus, hizo que el animago se encogiera, huyéndole lo más que pudo sin levantarse de la silla.

— ¿Qué acabas de pronunciar, Black? —Escupió, más oscuro que la noche, agarrándole por las solapas con una mano y fulminándole con la mirada.

— Perdón —Soltó con un hilo de voz, sin comprender muy bien que había dicho.

— Ay Lupin. Hasta Black se está dando cuenta de esa pequeña aventura tuya... —Se burló Snape, arrepintiéndose al instante. Ya que los ojos de Remus brillaron peligrosamente y sus pupilas estaban agatadas.

— Ejum... —Carraspeó el pocionista. Agarrando la taza de café, y, sorprendiendo a todos los presentes, se levantaba de allí y se iba con un paso demasiado rápido para su persona. Ni siquiera hizo el acostumbrado fru-fru con la túnica, en su intento desesperado, de huir del licántropo cabreado.

— ¿Snape acaba de huir de ti? —Se pegó a Hagrid, quién se acababa de sentar a su lado, en un reflejo de evitar cualquier injuria por parte de su amigo—. El apocalipsis se acerca —Murmuró arrimando lo más que pudo, su silla, lejos de Remus.

TBC