Capítulo Diecisiete: Amo Remus
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Neville observó la mesa de Slytherin... la discusión que tenían los líderes de la casa de la serpiente, había llegado a su fin y ahora, charlaban y bromeaban, casi como si fueran Gryffindor. Observó como Harry ahora reía y se divertía con los que hacía unos pocos meses eran sus enemigos y como los Slytherin lo aceptaban como uno más. Observó su propia mesa..., el haber perdido a Harry Potter como líder y a Hermione como cabeza del grupo y ganado a Ron como nuevo líder sólo había resultado una catástrofe que prometía irse a peor.
Ya no era divertido. Ron había resultado ser un Punk cualquiera que hacía bromas de mal gusto y se metía en problemas por causas egoístas y tontas, como copiarse en un examen con Snape... y sin darse cuenta, toda la casa estaba siguiendo el mismo camino del menor de los varones Weasley. Por algo era Harry Potter, quien daba la pauta y no Ronald Weasley. Él siempre había especulado que Ron sin Hermione y sin Harry, era más cercano a ser un desastre que cualquier otra cosa. Y no se había equivocado. Ahora una de las mejores cosas de Gryffindor, se lo habían llevado también los Slytherin... había que joderse con las putas serpientes. En el primer resbalón que había tenido el alma mater de Potter, se habían aprovechado y se lo habían llevado a donde parecía, realmente pertenecía...
En el momento en que decidió volver a su comida, sintiéndose particularmente solo, Harry interceptó sus miradas, sonriéndole como si nada hubiese cambiado. Como siempre sucedía, parecía que los que cambiaban eran ellos, Harry Potter siempre se mantenía con una extrañaba estabilidad que ninguna otra persona poseía. Le devolvió la sonrisa junto con el saludo de la mano. Sintiendo un peor vacío cuando, el alegre ojiverde le dejaba de prestar atención por volver a pelear sanamente con la serpiente mayor.
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— Hola Harry…
— ¡Pequeño Nev! Que agradable sorpresa —Le saludó Harry, abrazándole, mientras se dirigían a herbología—. ¿Cómo es vida en Hupplepuff?
— Bastante parecido a Gryffindor…
— Entiendo. ¿Cómo está Ron, Neville?
— Pues… bastante bien por lo que se ve. La verdad es que desde que aquel monstruo destruyó nuestra sala común, tú fuiste sorteado en Slytherin y Hermione en Ravenclaw, las cosas están un poco confusas para la mayoría de los Gryffindor.
— Vamos, estás exagerando un poco, Nev. No es como si Mione y yo nos hubiésemos ido a ningún lugar. Seguimos estando en las mismas clases y seguimos siendo las mismas personas.
— Harry… tal vez ustedes no se han dado cuenta, pero, de verdad que han cambiado.
— Exageras, Neville.
— ¿Es verdad que cuando arreglen Gryffindor te quedarás en Slytherin?
— No lo sé, Neville, todavía lo estoy pensando.
— Pero tú quieres, ¿Verdad? Se dice que Parkinson fue la que te nominó como Alumno Modelo y Prefecto.
— Sí, fue ella… pero…
— ¡Pero a quien tenemos aquí! ¡Un pequeño y asustadizo Gryffindor! —Llegó Blaise Zabini al camino de Harry y Neville—. ¡Boo! —El ojiverde reviró los ojos—. ¿Tratando de recuperar al líder la manada, Longbottom?
— Blaise, deja a Neville en paz. No es nada gracioso.
— Que aburrido eres, Ha-rry. Y ¿Asustado de tener posibilidades de morir envenenado, Longbottom?
— Blaise, en serio, deja a Neville en paz. Perdónalo, Nev. Usualmente es un buen chico... siempre y cuando no seas Gryffindor.
— Nada de eso, mi pequeño Slyffindor, a ti te adoro. ¿Y dónde está mi pequeña serpiente rubia?
— ¿Y por qué tengo que saber dónde está Malfoy? —Le preguntó enfuruñándose.
— Vamos mi bella serpiente disfrazada de león, tu siempre sabes dónde está todo el mundo el Hogwarts —Le hizo saber, picándole la mejilla con el dedo índice—. ¿Dónde está nuestro Príncipe de Hielo?
— No lo sé... —Respondió frunciendo el ceño.
— No te enfurruñes... te pones feito —Le masajeó la frente, molestándole.
— ¡Blaise!
— ¡Ta yen! ¡Me voy! ¡Adiós!
— Increíble... —Pronunció Neville.
— Lo siento, es pesado, lo sé.
— No, no importa.
— ¿Vamos a herbología?
— ¡Por supuesto que sí, Harry! Aunque ¿No saldrán a morderme las serpientes? —Bromeó con timidez. Harry rió con ganas.
— ¡Buena esa, Nev!
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Remus ese día, estaba en su habitación, preparándose para preparar la chimenea... había cogido el atizador, su varita, la leña estaba en posición, pronuncio Incendio. Y cuando metió el atizador... la chimenea lo succionó como si fuera una aspiradora... Salió como Harry luego de un viaje en flu, directo al piso... rodó sobre su cuerpo y miró hacia el techo... aquellas cúpulas de mármol blanco... ¿Estaba en casa de los Malfoy? ¡¿OTRA VEZ? Suspiró, sentándose en el suelo para luego disponerse a reincorporarse.
— ¡Amo Remus! ¡Es un placer verlo de nuevo! ¡No sabíamos que venía a visitarnos! ¡Lili se siente honrada que nos tome tanto en cuenta, Amo Remus! —El licano parpadeó. ¿Amo Remus? ¿Y desde cuando él era Amo de aquel lugar?
— Estoy algo confundido... discul...
— ¡Vamos amo Remus, le daremos chocolate! Nuestro chef está haciendo strudel de chocolate. ¡Estoy seguro que le encantará...!
— Pero...
— ¡Corra, Amo Remus! ¡El amo Lucius siempre dice que el tiempo no es para perderse.
— ¡Pero cómo llegué yo aquí!
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La elfa Lili, hizo un gesto de reconocimiento a otros elfos que estaban allí y todos sonrieron cómplices. El plan había salido a la perfección ¡El amo Remus estaba allí! Inclusive la antigua mansión Malfoy, estaba rebosante de alegría. El mármol brilló más reluciente, el oro chispeaba, los árboles de pronto se veían más verdes y frondosos, sí... aquello no podía ir mejor. Tenían que encandilar al Amo Remus para que nunca quisiera irse de allí. Sólo tenía que prestarle atención a sus hermosos parajes y quedaría prendado.
— Amo Remus, Kiki le da la bienvenida y haciendo de vocero, nos encanta que esté aquí ¿Le gustaría probar el strudel que tendremos de postre para la cena? Pero, no coma demasiado, luego vendrá la comida y no tendrá espacio.
— Espera, espera... disculpa...
— ¿Diga amo Remus? ¿En que puede Kiki servirle? ¡Usted mande y nosotros obedecemos!
— ¿Qué hago yo...?
— ¡Kiki! —Llegó otro elfo interrumpiendo la conversación—. Yo me encargaré del amo Remus, tú ve a recibir a las visitar... ¡rápido! ¡rápido! Ya están por llegar.
— Pero...
— Amo Remus, ya que está aquí ¿Podría hacernos un enorme favor? —Le rogó ese elfo, poniendo su mejor carita de cordero degollado.
— ¡No! ¡Estaba yo encendiendo la chimenea y de repente llegué aquí! ¿Qué está sucediendo?
— ¡Oh Amo Remus! ¡Por fis, por fis! ¡El amito Lucius salió por cuestiones de trabajos y nosotros no podemos encargarnos de los invitados! ¡Somos la familia Malfoy! ¡Un Malfoy no puede permitirse semejantes errores! ¿Cree que podría socorrernos? ¡Le daremos millones de chocolates! Inclusive bañaremos al amo Lucius en chocolate, únicamente para usted! —Remus estaba en blanco...
— Eh...
— ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Corra! ¡Corra!
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— El amo Lucius no se encuentra en estos precisos momentos, pero, están de suerte..., un querido amigo de la familia los atenderá. Él está aquí para asistir a nuestro pobre amito, quién está devastado por la muerte de nuestra pobre ama, roguemos que comprendan y esperamos que no le cause ningunas dificultades, sin embargo, el amo Lucius jamás nos comunicó que ustedes vendrían...
— Oh... así que hay alguien asistiendo a mi primo Lucius —Pronunció divertida una de las cuatro mujeres que habían llegado.
— ¡Por supuesto señora Adhila! ¡Un amigo muy querido!
— No te preocupes, Kiki. Trataremos al muy querido amigo, cómo es debido.
— ¡Gracias señora Adhila!
En ese momento apareció, llamando la atención de todos, siendo jalado por un elfo, un hombre muy, MUY bien parecido vistiendo una elegante túnica de color blanco.
— Ejum, ejum —Al escuchar al elfo Kiki, aclararse la garganta. Remus y el otro elfo que lo había agarrado como muñeca de colección y lo había vapuleado a placer por los últimos diez minutos, se incorporaban, abochornados—. Señoras, les presento al amo Remus... él será su anfitrión mientras el amo Lucius está ausente.
— No te preocupes, Kiki. Estoy seguro que podemos apañárnosla.
— ¡Por supuesto, señora Adhila! Entonces, Kiki les deja en las capacitadas manos del amo Remus. Vámonos Micky.
— Sí, señor Kiki.
— Mucho gusto, soy Adhila Malfoy de Dubois... —Saludó con todas las formalidades de aquellos lares.
— Remus... Remus Lupin —Aceptó atolondrado la mano que le ofrecían.
— Oh, ¿Puedo llamarte Remus?
— Su... supongo... Lamento si parezco un poco desubicado. Pasaron muchas cosas en poco tiempo —Se disculpó, sintiéndose en peligro. Si metía la pata, Lucius le mataría... y antes de eso le destrozaría hueso por hueso. Las mujeres rieron con ganas, aunque comedidas.
— Comprendemos, debe ser pesado tener que cargar con Lucius y Draco... aunque, sé que mi pequeño Dragón es un hombre hecho y derecho y sabe como manejarse. Narcisa fue una madre ejemplar y nada menos que Draco podría haber salido de ése matrimonio ¿No lo crees así, Remus? —El hombre asintió—. Déjame presentarte a nuestras acompañantes: Chelsea, Zoe y Parthenia.
— Mucho gusto... ummm... ¿Señoritas?
— ¡Oh! Tan galán... —Se rió entre dientes, Zoe, o eso creía Remus...
— Bueno... —Comenzó Adhila mirando a Remus, como si se le estuviera olvidando algo.
— ¡Oh! Pero... que descortesía... dejar a una dama que además está en estado, de pie... por favor, tomen asiento... ummm. ¿Té? —Cuestionó, sintiendo que ya la había cagado para siempre.
— Sí, por favor, cada día parece estar haciendo más frío... parece que tendremos un invierno bastante largo este año ¿No lo cree, señor Lupin?
— Ummm, sí, señora... y... si se me permite el atrevimiento. ¿Qué hacen por aquí de visita?
— Oh, venimos a prestar nuestros respetos a mi primo por la muerte de Narcisa —Respondió Adhila—. Fue imposible llegar al funeral... Chelsea tuvo una complicación con el embarazo que nos dejó estacionada en Rumania por más tiempo de lo que creíamos. Cinco meses... mes crítico.
— Sí, comprendo, el quinto mes es el peor de todos...
— Me sorprende que un hombre pueda saber algo como eso... —Alabó Zoe.
— Pues... —Remus se sonrojó, y se fijó en el elfo que estaba sirviendo el té. Sin saber muy bien como había llegado allí, si nadie lo había llamado—. Tuve una amiga... sabe... —Apuntó circunstancial, escudándose en su taza.
— ¿Y todo salió bien? Yo tuve un susto de muerte al sentir que mi pequeño tenía problemas.
— Oh sí... Harry siempre fue, a pesar de todo, un niño tranquilo.
— ¿Harry? —Preguntó Adhila—. ¿Por casualidad estará hablando del chico dorado?
— ¿Harry Potter? —Le siguió Zoe—. ¿Son familiares?
— ¡Ah! ¿Remus Lupin? ¿Prefecto de Gryffindor? ¿El chaparrito que siempre tenía al mayor de los hijos de Walburga encima? —El licántropo se sonrojo más aún.
— Pues... sí, fui prefecto de Gryffindor... —Tratando de ignorar el último comentario.
— Tal vez no te acuerdes de mí, pero, soy Chelsea Desai... fui Gryffindor, un año detrás de ustedes. Los Merodeadores. Una pena que todo lo que les pasó... me imagino que perder a tus dos amigos ha sido un golpe del que todavía no te recuperas... pobres... ellos siempre tan alegres.
— Nos las apañamos...
— ¿En plural? —Entró Parthenia quién había estado callada todo el tiempo y simplemente se había dedicado a observar como un ave rapaz.
— Harry y yo, hablo... —¡Rayos! Siempre se le olvidaba que Sirius estaba seis pies bajo tierra.
— ¡Sería todo un honor conocer al joven Potter! —Soltó soñadora Zoe. Remus rió nervioso... si supieran como era su cachorro.
— ¿Y qué haces en tu vida, Remus?
— Ehm... soy profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras en Hogwarts.
— ¡Mon Deu! ¿Un profesor? ¿¡Quién lo diría de Lucius!
— ¡¿Eh! No... disculpe... —Trató de desmentir aquella difamación que todo el mundo parecía mal interpretar. ¡Él no se acostaba con Malfoy, por todos los cielos!
— No, no, bebé, no me mal entiendas... —Le pidió Adhelia—. Es genial, dice mucho de ti. Sólo Merlín sabe la sensibilidad que necesita esta parte de la familia. Entonces, das clase en Hogwarts. No te pregunto si conoces al pequeño Dragón de la casa. ¿Cómo está él? Me preocupé de verdad... luego de muerte de Narcisa, Draco estuvo a punto de morir —Remus se sorprendió, sin poder ocultarlo. ¿El pequeño Malfoy se había tratado de suicidar?— Llamé a Lucius lo más rápido que pude, ya que no podía irme del hospital por Chelsea, sin embargo, Lucius y Severus me dieron un esquinazo fulminante... te lo imaginarás, estoy seguro que los conoces mejor que yo —Remus asintió circunstancial—. ¿No lo sabías?
— No... jamás me enteré que Draco había estado en peligro de muerte.
— ¡Oh sí! ¡Por suerte que alguien le salvó! Aunque, el idiota que lo hizo pudo haberlos matado a los dos, sin embargo... todo salió bien, gracias a la dulce y sabia Gaia.
— Ya veo...
— ¿Y entonces, cómo está mi pequeño Dragón?
— Bien... o eso le deja ver a todo el mundo.
— Sí, te comprendo. La máscara Malfoy no puede caerse a ojos de extraños, pero, no importa, sé que nuestro pequeño Dragón se recuperará pronto, ahora que te tiene a ti... —Remus se mordió los labios. ¡En el nombre de Merlín! ¿Qué hacía allí?
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— Lucius Malfoy... hasta que te dignas a aparecer... —El de ojos dorados se volteó casi desnucándose al escuchar a Adhelia mencionar al dueño de la casa. Observó como el aristócrata rubio lo miraba con una ceja alzada. Le quitó la mirada y la puso en la mesa.
— Adhelia, prima. Sorpresa tenerlas aquí... Chelsea, Zoe, querida Parthenia... —Saludó cordialmente.
— Oh, Lucius, no seas charlatán, cuando menos no tuvimos que aguantar tu mal humor y en cambio tuvimos de anfitrión a este pan de dios que es Remus quien ya nos llevó al panteón para presentar nuestros respetos a Narcisa... tus elfos acababan de informarnos que podíamos pasar a cenar, supongo que te nos unirás...
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— ¿Que significa esto? —Le gruñó el rubio por lo bajo aprovechando que los cuatro mujeres estaban entretenidas.
— No lo sé, te lo juro que no lo sé. No me regañes. ¡Estaba enciendo la chimenea de mi cuarto, cuando fui succionado! Luego tus elfos me secuestraron, me vistieron así y me pusieron a sonreírle a tus invitados...
— ¿Qué? —Soltó incrédulo.
— ¿Sucede algo, Lucius? —Preguntó Adhelia suspicaz.
— No, prima. No sucede nada. ¿Cómo está la cena?
— No me desvíes el tema Lucius. ¿Todo está bien?
— Perfecto. Sólo le preguntaba a Lu... Remus... si todo estaba en orden en mi ausencia.
— Por supuesto que sí. Remus es un hombre muy capaz. No todo el mundo puede darse el lujo de ser profesor y por lo que nos contó es bastante popular entre los alumnos, pero, ¿quién no? ¡Con esa cara de ángel y ese cuerpo! Por supuesto que siendo Gryffindor como es, su modestia sobrepasa los límites. ¿No crees que Remus tiene una hermosa cara, Lucius?
— Si Remus tiene una cara hermosa o no, Adhelia, no es tu problema...
— Oh, no seas celoso, Lucius. Ya sé que Remus es sólo tuyo, soy una Malfoy, sé bien que nos cuesta compartir —Remus quería que se lo tragara la tierra. Seguro que Sirius y Harry se burlarían de eso, luego de quererlo matar por haber estado en terreno Slytherin tan descaradamente. Oh bueno... su cachorro no tenía demasiada cara para reclamarle nada...
— ¿Qué cosas dices, Adhelia? —Gruñó tratando de contenerse. Mientras lo pagaba con la comida.
— Lo que veo... espero ser invitada a la boda —Lucius escupió el contenido de la copa que bebía, sin poder hacer nada por evitarlo y Remus quedó completamente en blanco—. Oh... por favor. Soy de la familia. Sé que tus elfos lo presentan como un amigo de la familia... a mí no puedes confundirme con esos trucos.
— Me suponía que por allí venía la situación —Agregó Parthenia, asintiendo, como tomando nota—. Aunque tenía mis dudas al no ver el correspondiente anillo en la mano. Felicidades, Señor Lupin. Es usted el mejor candidato que he conocido para seguir como el segundo en mando de los Malfoy. Estoy segura que Narcisa que en paz descanse, lo aprobaría sin dilación.
— Disculpen... pero... nosotros no...
— Oh querido, no te preocupes. Somos familia, no iremos soltando el chisme... nosotros demandamos si alguien trata de hacerlo público, en realidad —Le hizo saber Zoe—. Y se nota que eres tímido —Le guiñó el ojo—. Es normal que no te guste gritarlo. Además, yo también me guardaría a Lucius Malfoy en secreto.
— Pero...
— Nada —Salió Chelsea—. No te preocupes... no sacaremos más el tema, conocemos lo reservado que es Lucius y parece que tú también estás lleno de secretos, Remus. Así que, si quieren, podemos desviarnos de nuevo a nuestra cena, la cual está deliciosa como siempre. Tus elfos parecen superarse a cada día, Lucius —La Cabeza de los Malfoy aún estaba tratando de buscar algo coherente que decir.
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— Bueno, Remus. Mándale un saludo a Draco de mi parte, por favor —El licántropo sólo asintió, dejando que la prima de Malfoy le diera un cálido beso en la mejilla. Tenía un gran dolor de la cabeza y quería salir de allí lo más rápido posible, sin embargo, las mujeres no le dejaban escapatoria y siempre lo terminaban esquinando. Por suerte, estaban ya entrando en la chimenea para largarse y él ser libre y alejarse de las chimeneas...
— ¡Oh Dios! ¡Oh Merlín! ¡Oh! ¡Oh! ¡Oh! ¿Por qué? ¿Por qué? —Decía Remus incoherente luego de que los invitados se fueran—. ¡Todo el mundo piensa que estoy contigo! ¡¿POR QUÉ?
— ¡Adhelia piensa que nos vamos a casar! —Gimió Lucius con las manos en la boca. Una extraña mirada se asomaba en sus ojos grises, era el terror y el pánico conjugándose—. ¡Oh Merlín y su corte! ¡Muérete Lupin! ¡Suicídate en este preciso instante!
— ¿Estás loco? ¿Has perdido la cabeza?
— ¡Dios Mío! —Exclamó Lucius, ahora sí no había ningún error, la mirada que tenía, era de horror—. Si mi madre llega a enterarse de esto. ¡Si Draco llega a enterarse de esto! —Observó como el rubio comenzó a darse ligeros golpecitos en la cabeza.
— Am... Malfoy...
— ¡Largo de aquí, Lupin! ¡Por que tengo pensado en asesinarte apenas pueda pensar en el conjuro más doloroso que conozca!
— Amo Remus... —Lucius se quedó de piedra al oír como ese elfo desvergonzado llamaba al estúpido de Lupin.
— Me voy...
— ¡No, amo Remus! No puede irse. Hemos hecho toneladas de chocolate para usted, ya que nos ayudó un montón en este día.
— ¡Pero! ¡Ya no puedo comer más nada! —Se quejó, incrédulo.
— Entonces, quédese esta noche... y mañana podremos consentirlo un ratito.
— ¡No puedo! Tengo que ir con Harry y con Sirius... ¡Tengo que hacerlo ya! Les prometí que cenaría con ellos esta noche, ¡cosa que ya no haré! —Le reprochó.
— No se puede ir —Siguió tercamente, agarrándole por las piernas—. Además —Una sonrisa maligna cruzó por los labios de Kiki y Lucius tembló. Oh no... allí iba el elfo loco (patológicamente loco, pero, era el elfo más viejo en su familia)—. La red flu, acaba de entrar en mantenimiento.
— ¡¿QUÉ? —Gritaron los dos hombres al unísono.
— No me importa, caminaré hasta que pueda aparecerme y luego llegaré a Hogwarts desde Hogsmeade.
— No le daremos las coordenadas. Sólo un Malfoy puede saberlas... —Le avisó macabro. Remus comenzaba a tenerle miedo a ese elfo.
— ¡Se las daremos! —Rebatió el rubio como cabeza de su familia que era.
— ¡Ni hablar! ¿Va a dejar que nuestro invitado camine cuatrocientos kilómetros o más y luego tenga que buscar algún transporte para llegar a Hogwarts? ¡Nos salvó de quedar en ridículo con la señorita Adhelia! ¡Amo Lucius! No podemos permitirlo. ¡Vamos amo Remus! Le prepararemos un baño relajante y Micky, le dará un masaje. Ser profesor de Hogwarts debe ser un trabajo terriblemente agotador. ¡Especialmente teniendo a nuestro amado joven amo Draco como alumno! Vamos, vamos...
— ¡Malfoy! —Gimió Remus, mientras veía alejarse al hombre al estar siendo jalado por el elfo. Lucius no podía pensar en nada. ¿Qué coño...?
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— ¿Tiene el mensaje listo? —Le apuró Kiki.
— ¡Ya voy! ¡Ya voy! —Releyó la carta que le había obligado el elfo loco a escribir: "Paddy, Cachorro: Tuve que salir por un asunto urgente, lamento faltar a la cena, sé que no tengo perdón. Estoy bien, no no sucedió nada que nos ponga en peligro, pero, tengo ciertos asuntos que atender, con amor; Moony". El elfo le arrancó la carta y salió de allí, dejando al pobre Remus en medio de aquel cuarto desconocido con sólo una bata de baño—. ¡Malfoy! ¡Tienes que dejarme huir! —Le rogó al verle. Observó al rubio, aflojarse la corbata y suspirar, ahora que lo detallaba, parecía, extremadamente cansado.
— Hasta mañana, Lupin... ya el elfo loco te dará un cuarto —No encontraba fuerzas para pelearle. Estaba demasiado agotado, tanto, que no le importaba que Lupin lo viera en ese momento de flaqueza. Se suponía que su cuarto era su santuario, el lugar dónde podía llorar, reír, tener serenidad, pero, no... ahora tenía que aguantarse a Lupin.
— Malfoy...
— ¿Qué?
— No me trates así, pedazo de idiota... yo no tengo la culpa de nada, pero... —Se sonrojó—. Tus elfos sólo me dieron esta bata y... no sé que hicieron mis ropas.
— Como elfos de la familia Malfoy que son, dudo que estén con vida para estos momentos. Me voy a dormir y nadie lo impedirá. Lárgate Lupin, entretente contigo mismo.
— ¡No te desvistas!
— No seas ridículo... —Masculló quitándose la camisa. Remus salió corriendo del cuarto, cerrando la puerta de golpe, con el corazón palpitándole en la garganta.
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— ¿Cuál es el maldito alboroto? —Preguntó Lucius de mal humor, pero, de real mal humor, ante el alboroto. ¡No tenía ni una hora durmiendo!
— El amo Remus debe dormir aquí. Estamos fumigando... —Lucius se rió sin podérselo creer. Aquella situación no podía ser más bizarra—. Así que Micky le pidió al amo Remus que volviera al cuarto, pero, el amo Remus trató de escapar, así que Kiki le pidió a Micky que trajera al amo Remus de regreso. Micky lamenta haber levantado al amo Lucius, así que, luego de cumplir con las órdenes, Micky debe seguir fumigando —El elfo se fue de allí antes de que lo pudieran castigar. Remus observó que Lucius estaba completamente desnudo. Su mirada se fue sin su permiso recorriendo su pose, el hombre se había sentado y tenía un pie apoyado en la cama, mientras que su rodilla sostenía su codo mientras que su mano derecha sostenía su cabeza, con los dedos entrelazados en la entrada de los cabellos, ligeramente revueltos. Miró su pecho y siguió hacia abajo hasta dónde comenzaba a nacer un fino bello rubio que era tapado por la sábana que lo cubría, ligeramente... gimió internamente.
— ¿No piensas decir nada? —Le mugió molesto.
— ¿Te gusta lo que ves? —Se burló descarado y sensual. Remus se volteó y se cruzó de brazos, sintiendo las mejillas arderle. Malfoy se había dado cuenta de su detallado recorrido. Escuchó al hombre suspirar y volteó, arrepintiéndose al instante, Lucius se había levantándole dejándole ver su ancha y definida espalda, sus glúteos redondos y blancos, sus piernas torneadas, el espectáculo duró unos pocos segundos, ya que el hombre se vistió con una bata negra con bordados en plateado.
— Vamos...
— ¿A dónde? —Le preguntó inseguro y aún sonrojado, nunca había estado tan agradecido de la noche.
— Sólo vamos...
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— ¿Sigues despierto? —Preguntó Remus, cohibido. Los elfos los habían hechizado y los habían pegado a la cama de Lucius, por haberles molestado en sus labores nocturnas... desde aquello, habían pasado unas cuantas horas.
— Desgraciadamente... —Le respondió molesto. Volteando a mirarle, usando su mano derecha como soporte—. Deberías estar durmiendo en el piso... después de todo eso hacen los perros.
— No estoy tan cerca ti, por gusto, serpiente... te recuerdo que estoy pegado a la cama —Le recordó, tratando de levantarse sin poder.
— Aún tienes la pulsera —Avistó leonino, sosteniéndole el brazo izquierdo. Llevándose la mano cerca de sus labios.
— Suéltame...
— Gatito, Gatito... ¿Nervioso? —Susurró, atrayéndolo más hacia su persona. Remus se había mantenido reglamentariamente en la esquina contraria sin mover ni un milímetro.
— ¡Suéltame Malfoy!
— ¿O qué...? Está aquí, pegado a mi cama, con sólo una bata de baño... —Sin despegarse del colchón, se le colocó encima a Remus.
— ¡Bájate! ¿Qué quieres, Malfoy? —Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuanto sintió a Malfoy soplarle suavemente en el oído—. ¡¿Qué haces?
— ¡Jajajajaja! Ah... jeje... tú cara fue de fotografía...
— ¡Mira, maldito imbécil! —Le insultó, yendo a jalarle el cabello.
— No me provoques —Le amenazó, sosteniéndole la cara sin dañarle...
TBC
