Capítulo diecinueve: Diciembre
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Queridísimo Paddy:
Tuve que ausentarme urgentemente, no te preocupes por la luna llena; está todo cubierto.
Siempre tuyo, Moony.
Sirius leyó la carta una y otra vez. ¿Qué era eso? Miró el sobre ¿Desde cuando Moony utilizaba un pergamino tan refinado? Se rascó la cabeza. Y ¿Desde cuando tenía que resolver tantos y tan seguidos asuntos urgentes su pequeño Moony? ¿Y "queridísimo Paddy"? "¿Siempre tuyo?"
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— Todo cubierto, Kiki, señor... el señor Black ha sido neutralizado y el joven Potter está con el pequeño amo—Le informó Micky militarmente.
— Perfecto, ahora sólo falta traer al Amo Remus... ¡tsk! Que problemático que el Amo Draco tenga la pulsera...
— ¿Por qué no lo traslocamos? —Ofreció Micky—. Uli es una experta en ello.
— ¡Eres un Genio, Micky! ¡Vamos a buscar a Uli!
— ¡Sí, Kiki señor!
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Remus se preparaba para tomar la última dosis de la Wolfbane, cuando sintió un tirón que lo desubicó en tiempo y espacio...
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Ese día, Lucius Malfoy había decidido trabajar en casa... así que estaba en su escritorio con un montón de papeles, tratando de acabarlos, antes de que muriera el día, firmó otro documento más, cuando sintió que algo chocó contra el escritorio. Observó que Lupin había aparecido de la nada, dándose un buen tortazo contra la punta del escritorio.
— ¿Lupin?
— Oh no, otra vez no —Se quejó, agarrándose la parte herida, sintiendo un dolor punzante. ¡Por dios! ¡Ni siquiera había comenzado la transformación! Gimió, apretándose el golpe. Lucius se levantó y trató de ver la herida.
— Ah... estás sangrando —Le hizo saber... El licántropo sollozó, sin poder creérselo.
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— El amo Remus ya llegó. Cierren todas las salidas, especialmente la Red floo, y si tienen que expandir las barreras anti aparición, háganlo —Ordenó Kiki, y todos se pusieron manos a la obra. En la oficina de Lucius, Los dos sintieron que algo extraño estaba ocurriendo dentro de la casa. La energía que parecía emanar de las paredes se sentía con más evidencia que lo usual.
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Remus se levantó asustado al ver que el cielo oscurecía. ¡Oh no!
— ¿Ahora que te pasa?
— ¡El cielo!
— ¿Qué pasa con él? —Preguntó Lucius sin entender muy bien a qué venía todo aquello.
— ¡Malfoy es luna llena!
— ¡Largo! —Le botó, agarrándole del brazo y sacándole de allí, directo a la chimenea. Lanzó polvos flu al fuego encendido y lo lanzó. El licántropo apenas pudo pronunciar las palabras que lo llevarían a Hogwarts. Cuando, se daba contra el rubio de nuevo—. ¿Qué haces aquí todavía?
— ¡No lo sé! —Lupin agarró más polvos flu y volvió a tratar. Luego de unos cuantos intentos. Sintió al lobo tomar control.
— Mis elfos son elfos muertos —Masculló Lucius alzando a Lupin en sus brazos y saliendo de allí con rapidez. El hombre comenzaba a retorcerse. Salió al patio trasero de la mansión que era un bosque profundo y ni siquiera él mismo sabía sus límites y dejó a Lupin en el piso. No pudo irse a matar a sus elfos. Sólo podía ver como las ropas del tranquilo de Remus Lupin se rompían, mientras el hombre gritaba y se retorcía, la voz humana, se iba convirtiendo en aullidos y gruñidos. Sintió pena por él... y un poco de impotencia lo atacó, también. No sabía que lo impulsaba a mirarlo lastimarse y retorcerse como un miserable animal a punto de morir.
No se movió ni un centímetro cuando el lobo corrió para embestirle, sin razón alguna; luego de la transformación. En un abrir y cerrar de ojos Lucius se había convertido en un intimidante y más grande de lo normal, tigre blanco. El rugido que lanzó el tigre había amedrentado al lobo, quien gimoteó un poco, retrayéndose. El tigre gruñó, mostrándole ominoso los puntiagudos colmillos que sobresalían de sus fauces. El felino, el cual no tenía ni una sola mancha en su pelaje blanco, se sentó sobre su trasero y se lamió con aristocracia una de sus patas, luego se pasó varias veces la pata por la cabeza como quitándose algo y volvió a erguirse en toda su gloria. El lobo se acercó dudoso, olfateando el ambiente.
Llegó al lado del imponente animal, con mucho cuidado. Al ver que no hacía nada, se sentó a su lado y lo olfateó. El felino gruñó, apartándose y mirándole de mala manera. El lobo aulló hacia la luna y varias respuestas se oyeron lejanas. El tigre se levantó y haciendo un sonido para llamar la atención al lobo, comenzó a caminar. El lobo lo siguió. Recorrieron un buen trecho dentro del bosque, cuando el tigre decidió que estaban bastante lejos de la mansión..., se sentó de nuevo y comenzó a oler las cosas sin tener nada que hacer.
El lobo le miró y el tigre simplemente volteó la mirada antipático. Sintió que el lobo le dio un cabezazo amistoso y luego jadeaba con la lengua afuera. El tigre pensó que aquel lobo era demasiado infantil, así que lo volvió a ignorar, lamiéndose sin perder la elegancia. Escuchó que lobo le gruñía como hablándole. El tigre rugió peligroso y el lobo sollozó, alejándose.
Unos minutos después... Estúpido lobo y su... ¡no! Carita de corderito degollado, el tigre bufó, ¡que no lo mirara con esa cara! ¡No! ¡No! ¡Argh! Los dos tenían suficiente consciencia humana, Lucius era un animago y si bien, el animal tomaba el control, aún era el humano quien decía que hacer y que no... o más o menos... no se sentía del todo él, cuando estaba convertido. Y Remus... él había tomado todas las dosis excepto una, lo que lo hacía menos peligroso.
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Draco sintió que Harry se removía demasiado para simplemente estar dormido. Suspirando, se levantó y encendió la luz de la mesita de noche. No parecía estar teniendo una pesadilla.
— Remus... —Gimió, abrazando la almohada—. Moony... —Siguió, moviéndose. El rubio reviró los ojos, apagó la luz y volvió a dormirse.
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El tigre, sucumbió un tiempo después a la miradita dolida que le echaba el lobo, y había terminado aceptando jugar con él. Se habían bañado un rato en el lago que habían encontrado, inclusive, comieron pescado crudo que habían encontrado en el agua. Y ahora... se encontraban descansando, el tigre blanco dormía apaciblemente y bien acomodado, mientras que el lobo estaba acostado como mejor cayó.
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El tigre abrió los ojos, aquella luz lo hería... Bostezó, rugiendo suavemente en el proceso. Rascó el piso, sintiendo la tierra rasgarse bajo sus zarpas, estirándose, bufó y se desemperezó, sacudiéndose. Miró hacia la izquierda y se encontró a Lupin durmiendo con un gesto cansado y desamparado. Se acercó con desconfianza y le tocó la cara con su hocico, tratando de saber si seguía vivo. Se convirtió el humano de nuevo y lo cargó.
— ¡Kiki! —Llamó al elfo, al poner pie en la mansión.
— ¿Amo Lucius? ¡Oh! ¡Amo Remus! —Soltó asustado, llevándose las manos a la boca—. ¡Micky! ¡Lili! ¡El amo Remus está herido! ¡Corran! —Lucius no terminaba de entender porque llamaban a Lupin por su nombre y además le daban el apelativo de amo...
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Remus parpadeó, sintiéndose en la superficie más suave que había tenido la suerte de estar. Suspiró y se levantó forzado, sentándose en la cama en la que estaba. No sabía de quién era aquel cuarto, pero, parecía que seguía en la Mansión Malfoy, era el mismo techo. Se miró, estaba completamente vendado y casi nada le dolía. Parecía que alguien se había hecho cargo de sus heridas, mientras estaba noqueado, inconsciente.
Se bajó de la cama, llevándose la sábana consigo, puesto que sólo las vendas cubría su cuerpo. E hizo un poco de turismo por aquel cuarto. Había una librera, un escritorio, una repisa con juguetes seleccionados, le llamó la atención el Dandelay en versión peluche que descansaba al lado de los demás juguetes. Se sobresaltó al ver que el peluche se movía, cuando lo vio, se le lanzó encima y lo lamió como sintiéndose feliz por verle. Aquellas puntas verdes que tenía por ojos, le recordaron demasiado a Harry y a un dragón plateado que usualmente te mordía con sus dientes de felpa si lo jodías demasiado, en el cuarto de su ahijado. Dejó al muñeco en la repisa, acariciándole la cabeza antes de irse una pequeña chimenea, encima de esta había fotos. Se acercó, arropándose más con la sábana, estaba haciendo frío... tomó una de los marcos. Era Draco... allí tendría si acaso siete años y sonreía libremente, rodeado por un montón de volutas de luz y haditas plateadas. Se rió al verlo sin un diente... quien diría que aquel chaparrito era ahora el estirado adolescente al cual le daba clases...
Suponía que ese era el cuarto de Draco Malfoy. No parecía el cuarto de un adolescente... e inclusive le hizo recordar la manera impersonal que tenía su cachorro para decorar. Sólo cosas puntuales, como también lo evidenciaba ese cuarto, hacían saber a quién pertenecía. Lucius asomó su rubia cabeza.
— Volviste al mundo de los vivos, esa es una buena noticia.
— Pues... gracias.
— Toma —Le dio una taza. Parecía que siempre le daban la misma taza cada vez que estaba en aquella casa.
— Um... gracias... Malfoy... yo...
— Olvídalo Lupin...
— ¿Puedo preguntar por qué aparezco sin ningún motivo en esta casa?
— ¡Merlín! Si supiera... te aseguro que ya lo hubiese solventado...
— ¿No te hice nada anoche, verdad?
— Ya te dije que no, Lupin. Toma el puto chocolate y regresa con tu jauría. Me preocupa que el palurdo de Black se aparezca de nuevo por aquí.
— Sirius debe estar que se sube por las paredes —Convino culpable.
— ¡Amo Remus! ¿Qué hace levantado en ese estado! ¡Vuelva a la cama antes de que lo peguemos a ella! —Ese había sido Micky—. ¡Amo Lucius! ¿Cómo permite que el amo Remus esté fuera de la cama luego de estar tan herido? ¿Qué si le sucede algo? ¡Vuelva a la cama! Son órdenes de Kiki, Amo Remus.
— Has algo.
— Micky... —Comenzó Lucius sin muchas ganas. Sabía que sus elfos terminarían haciendo lo que les diera la gana. Menos mal que Dobby no estaba allí... Kiki y Dobby eran un dúo dinámico que lo podían volver loco al primer intento.
— ¡No amo Lucius! ¡El amo Remus necesita descansar! ¡La transformación es cosa de cuidado y parece que nadie lo cuida como es debido! ¡A la cama! —El elfo lo lanzo a la cama, agarrando la taza sin derramar una sola gota del chocolate—. Tenga —Le devolvió la taza luego de que estuviese acomodado—. Nosotros le traeremos el desayuno aquí. ¿Quiere unírsele al amo Remus, amo Lucius?
— ¡Tengo que ir a Hogwarts!
— No, no tiene. El Señor Black estará supliéndole hoy y mañana, así que puede descansar en el cuarto del amo Draco, nosotros lo cuidaremos, Amo Remus.
— ¡¿Cómo saben que Sirius me suple en Hogwarts?
— El Amo Remus debe descansar, ya volverá Micky con su desayuno.
— ¡Has algo!
— Yo le diré al pulgoso que mis elfos te han secuestrado... de nuevo —Habló resignado, saliendo de allí.
— ¡No te vayas Malfoy!
— ¿Ahora que quieres?
— ¡Sácame de aquí!
— ¿Estás loco?
— ¡Sácame de aquí, no te lo repito!
— Amo Lucius, tome asiento y desayune con el amo Remus...
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— Harry ¿qué vas a hacer en navidad? —Preguntó Pansy esa mañana, abordándole en el desayuno. Desde aquel día no le habían dejado sentarse más en Gryffindor.
— La pasaré con Sirius y Remus, en casa... ¿Por qué?
— ¡Que aburrido!
— Sirius quería irse al primer lugar exótico que encontrara en la planilla de la agencia. Nosotros le dijimos que no. Especialmente no es muy cuerdo dejar que Sirius organice nada.
— Oh... ya veo... tu padrino es todo un caso. ¿Y tú Draquin?
— No me digas "Draquin" Pansy. Y nada... que no se te olvide que en mi casa no tenemos muchos ánimos de celebrar navidad este año —Le recordó de mala gana.
— Pero, ¡Es navidad!
— ¿Y qué? No quiero hablar de eso, así que mejor te callas y tú también Potter.
— ¡No iba a decir nada! —Se defendió dejando la cuchara de cereal a mitad del camino.
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— ¿Listo para ir a casa mi pequeño retoño Slyffindor? —Preguntó Sirius una vez que estuvieron en Hogsmeade.
— Sí, y no me digas "Retoño Slyffindor"...
— ¿Por qué no? ¡Si eres mi pequeño retoño Slyffindor!
— Déjalo en paz, Sirius.
— Está bien, mi pequeño traidor...
— ¿Y a ti que te hizo Remus que le llamas traidor?
— Sirius Orion Black —Masculló Remus, peligrosamente.
— Es alto secreto de estado, mi pequeño Slyffindor... seguro que es culpa del teñido... —Masculló ganándose una mirada matadora por parte del licano.
— Como sea. ¿Nos vamos a aparecer? —Los otros dos asintieron—. ¿Y qué estamos esperando?
— ¡La foto! —Dijo con gracia, Sirius, posando. Los tres rieron alegres y se desvanecieron en el aire.
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Cinco de Diciembre, todos excepto Remus Lupin, dormían. El sol se asomaba tímidamente en el cielo. Toda la noche había estado nevando, había sido tan fuerte que ese día tenían casi un metro y medio de nieve cubriendo el patio. Buena manera de empezar navidades...
— Amo Remus... —Al licano le cayó como un balde de agua y se puso en guardia. Se calmó al ver que sólo era Winky—. Amo, lo llaman por teléfono.
— ¿A mí? —Preguntó extrañado. La elfa asintió—. ¿Quién es? —La elfa le cedió el teléfono inalámbrico—. ¿Buenos días, quién habla?
— ¿Lupin?
— ¿Malfoy?
— Buenos días.
— ¿Y a que se debe el milagrito?
— Te quería pedir un favor, Lupin...
— Ah no... otra vez, Lucius Malfoy...
— Escucha primero, Lupin... ¿Draco no podría quedarse contigo por unos días? Tengo que salir urgente y ya me dijo que no quería venir conmigo... no quiero dejarlo sólo... —Le pidió no muy seguro de por qué estaba haciendo eso, pero, sabía por rumores que su hijo y Potter habían estado interrelacionándose más de lo normal y algo le decía que con el profesor de defensas no iba a sucederle nada a su hijo. A Remus sólo hizo que la conversación que había tenido con la prima del hombre le llegara a la cabeza. ¿De verdad el pequeño heredero Malfoy estaba tan mal?
— Ummm, Lucius...
— Por favor —Masculló como si le doliera pedir un favor a alguien.
— Escucha. Esta casa es de Harry y de Sirius, se podría decir que yo vivo aquí de caridad. No podría responderte a algo así... —Le explicó en un tono más bien bajo de voz. Escuchó a Lucius gruñir disimuladamente, lejos del teléfono.
— ¿Y no puedes preguntarle a Potter o al tarado de Black?
— Sirius está durmiendo al igual que Harry... no creo que estén muy receptivos si les despierto para eso. Especialmente a Sirius... —El rubio tuvo que guardar silencio. El licántropo tenía razón.
— Días Remus —Saludó Harry llegando al comedor, y sentándose en la mesa.
— Buenos días, cachorro ¿Cómo amaneciste?
— Cómo todos los días.
— ¿Potter ya se despertó?
— Sí... —Respondió resignado al teléfono.
— Pregúntale.
— Deberías aprender a pedir un favor...
— Ok, por favor, POR FAVOR, Lupin, pregúntale a Potter si puede Draco quedarse por dos días y medio, tres cuando mucho.
— ¿Quién es? —Curioseó el ojiverde, mirando al teléfono. ¿Quién podría estar llamando a Remus a estas horas?
— Harry... ¿Tendrías algún inconveniente si Draco Malfoy viene a pasar dos o tres días aquí?
— Yo no tengo ningún problema, que él quiera venir. Ese sí es un inconveniente —Se burló divertido, mientras que Winky aparecía tranquilamente con una tetera en las manos y le servía lo que olía a chocolate y que Remus había estado tomando antes de la llamada.
— Según, Malfoy. El padre hablo...
— ¿Es Lucius Malfoy al teléfono? —Soltó tres mil veces más incrédulo que cuando descubrió que Draco Malfoy tenía celular. Remus asintió—. ¿Y Malfoy..., el hijo, quiere venir a pasar unos días aquí?
— Malfoy, el padre —Harry se rió de aquello, debían llamarlos por sus nombres y acabar la especificaciones por el apellido—. Parece que se va de viaje, por unos días y no quiere dejar a Draco, solo... sabes... —Le insinuó circunstancial. El Gryffindor o... ex Gryffindor, asintió en comprensión.
— Si logra convencer a Malfoy hijo, yo no tengo ningún problema...
— ¿Oíste Malfoy? —Preguntó de nuevo al teléfono.
— No Lupin, hasta ahora no tengo oído súper desarrollado.
— Harry dice que si Draco quiere venir, que él no tiene mayor problema.
— ¿Cuál es la dirección?
— ¿Viene por Red Flu?
— Ajá... —Respondió tratando de reunir toda la paciencia que guardaba en sitios especiales para esos casos.
— "Los Merodeadores"
— ¿Por qué no me lo vi venir?
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No entendía por qué su padre estaba tan paranoide desde que su madre había muerto. No que Lucius Malfoy no le prestara atención por lo general, pero, aquello era ridículo. ¿Qué estaba esperando su padre que hiciera, en el primer momento en el que le quitara la mirada? ¿Ir a matar al asesino de su madre, o algo así? Porque, igual tenía pensado hacerlo y realmente no le importaba si su padre miraba o no.
Ese día, le había dicho que iba a salir de viajes de negocios y le preguntó si no quería venir con él. Naturalmente, había dicho que no. Sus ganas de ir cualquier lugar rozaban en lo nulas. Insistió, cosa que jamás había hecho, y luego había ido a hablar por teléfono. Su padre sólo hablaba por teléfono cuando sus secretarias muggles (porque sí, eran más de una). No podían solventar la falla...
Ahora, le había ordenado agarrar algo de ropa, su tarea y estaba por lanzarlo a la red flu, sin derecho a réplica, sin siquiera saber a dónde se dirigía. Miró la chimenea con desconfianza y en un parpadeo, su padre lo había tirado a las llamas verdes diciendo algo que sonó a "Los Merodeadores". Había abierto la boca en ese momento para rebatirle y decirle que no quería ir a dónde lo estaba mandando, lo que ocasionó que se le llenara la boca de hollín y lo hiciera toser como loco, lo que trajo como consecuencia su peor viaje por flu, ya que, luego de unos minutos danzando, se dio un tortazo contra algo. Se llevó las manos a la nariz dolorido, y miró hacia afuera...
Era una casa bastante normal..., la chimenea daba al comedor, todo era blanco con algunos toques puntuales de madera, al parecer. Dos personas estaban en pijamas hablando animadamente y uno de ellos se fijó en la chimenea y sonrió. ¿Ese era Harry Potter? No podía ser... ¿Su padre lo había mandado a con Potter, el licántropo y el desquiciado de su tío? Iba a devolverse cuando...
— Ven, pasa Malfoy —Le permitió a Draco, levantándose, para recibirle. Harry se rió de la cara de Malfoy—. Creo que Lucius Malfoy no le dijo a dónde iba —Se volvió a reír ganándose una mirada reprobatoria del menor del rubio—. Eso fue tan Sirius.
— Bienvenido Draco. Ya puedes salir de la chimenea —Le pidió cortésmente Lupin.
— Permiso —Pidió, pasando con cuidado, pero, la barrera que le había trabado el camino, había desaparecido.
— Cuatro días y medio sin vernos. Parece que tenemos una maldición...
— Ja... creo que tengo que estar de acuerdo contigo en ese último, Potter.
— Últimamente estamos de acuerdo en muchas cosas. Eso da miedo —Siguió Harry, imitando un escalofrío de miedo. Draco rió quedamente, alzándose de hombros.
—Potter, cada vez que creo tenerte figurado apareces con todo lo contrario —El ojiverde le guiñó un ojo y le sonrió chulo.
— ¿Puedo tomarme eso como un cumplido?
— Haz lo que quieras.
— ¿Desayunaste? —Preguntó Remus.
— Sí, gracias —Potter le miró inquisitivo por unos instantes.
— Entonces, estás en tu casa, Draco. Yo tengo que salir por unas horas...
— Está bien, Remus. ¡Pásatela lindo!
— Gracias, Cachorro. Nos vemos luego, Draco —El joven Malfoy sólo asintió quedamente.
— ¿De verdad desayunaste?
— No puedo darme el lujo de dejar de comer frente a mi padre.
— Ya... creo que entiendo. ¿Y? ¿Qué haces aquí?
— No lo sé. Te habrás dado cuenta que fue toda una sorpresa aparecer aquí. Creo que mi padre se volvió un poco... ¿Loco?
— Concuerdo contigo. Mira que mandarte con nosotros... ehm... Mira Malfoy. Vas a tener que dormir conmigo. Al menos que quieras dormir con Remus o con Sirius, lo cual no te recomiendo para nada. Sirius patea y comienza a ahorcarte con llaves imposibles luego de un rato, hasta que no te tira de la cama, no queda satisfecho —El rubio suspiró, resignado.
— ¿Qué más da, Potter? Ya duermo contigo en Hogwarts.
— Bueno, en realidad, tendrías que dormir en mi cama también —Agregó con una risita nerviosa.
— Tampoco importa demasiado. Ahora, a la primera patada y quién va a ir, a parar al suelo, eres tú...
— Yo no doy patadas mientras duermo —Murmuró ofendido, cruzándose de brazos y apareciendo uno de los gestos que más adoraba, Draco de Harry, inflar las mejillas infantilmente.
— Sólo digo Potter.
— ¿Chocolate? —Ofreció, mostrándole la taza de la que estaba tomando. Draco asintió, si había algo, que aún en su depresión, si se lo ofrecían, no podía negarse era: El Chocolate—. Winky —Llamó Harry en voz alta. Siempre que podía, evitaba llamar a Dobby, aunque, eso parecía crear conflictos entre la pareja de elfos.
— ¿Si, Amo Harry?
— ¿Podrías darle a Malfoy una taza de chocolate, por favor?
— Por supuesto, Amo. Con decir que le diéramos una taza al joven Malfoy, bastaba, Amo Harry. No hace falta tanta pleitesía —Le recordó la elfa, desapareciendo para ir a buscar lo requerido.
— Ay Potter... —Se lamentó el rubio divertido.
— Esa debería ser mi línea... —Draco rió con diversión, luego de la última frase.
Una vez que Malfoy tuvo la taza en la mano. Harry propuso hacer un pequeño Tour por la casa.
— Cocina, aunque, ya sé que no pones un pie aquí, al menos que se te obligue.
— Idiota —Bufó, tomando de la taza.
— Hurón... —Respondió, siguiendo hacia el pasillo.
— Cuarto de Sirius, Cuarto de Remus, cuarto inutilizado, mi cuarto, si seguimos, cruzando justo por donde está el cuarto de Remus, llegamos al patio de atrás.
— ¡Es verano! —Soltó escupiendo inclusive el chocolate.
— En realidad, no.
— ¿A no? ¿Y el cielo despejado, la grama verde y el calor que hace, qué es?
— ¿Cómo explicar? Sirius propuso que cada uno creara un espacio, este fue mi espacio. Remus tiene una teoría, la cual, se ha podido comprobar varías veces, pero, no queremos dar nada por sentado. Se supone que este apartado se ve de este modo, porque yo estoy bien. Sirius dice que este espacio puede pasar de ser una hermosa primavera a un tornado de lo que no quedarán ni las ruinas. Siempre y cuando esté despierto, este espacio se mantiene así... —Le informó, recostándose de la ventana corrediza que separaba la casa del patio—. Usualmente se vuelve un caos cuando duermo y... sabes...
— Vaya —Susurró.
— Sirius decidió que aquí fuera la piscina ya que siempre normalmente es un clima cálido.
— Comprendo...
— ¿Quieres nadar un rato?
— Creo que declino a la proposición, Potter. Voy a hacer mi tarea.
— ¿Qué? ¡No son ni las diez de la mañana!
— Potter, no tengo ganas de ir a jugar en el agua. Así que ¿En qué mesa puedo sentarme para escribir?
— No deberías...
— Potter —Le advirtió. El ojiverde suspiró.
— Usa el escritorio de mi cuarto...
TBC
