Capítulo veintiuno: Las Vacaciones de Draco, Parte I
AN: Feliz Navidad y Año Nuevo atrasadísimo, ya~ ni me molesto en disculparme por la tardanza. Sinceramente, en estos momentos no estoy escribiendo Harry Potter. Nada, Niente, Nothing... Otros fandoms tienen mi atención, pero como la tan desgraciada influenza, siempre regresa... sólo hay que esperarla resignado...
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Draco se deshizo de la corbata y se dejó caer en la silla, apretándose el tabique cansado. Trabajar en su estado actual, era agregar más peso del que podía soportar, pero, él era un Malfoy y los Malfoy no se dejaban caer bajo ninguna circunstancia. Cerró los ojos fuertemente llevándose las manos a la boca y tapándola para bostezar, unas lágrimas saltaron fugitivas de sus ojos, se revolvió el cabello suspirando cuando escuchó la puerta del baño abrirse. Vio a Harry, dicho salía del baño como siempre, chorreando por todos lados y con una toalla en la cintura mientras los lentes restaban en su mano derecha, más desubicado de lo que normalmente estaba.
— No me mires así... —Pidió, encobrándose un poco, avergonzado. El ojigris sólo sonrió leonino, recostando la mejilla en su mano derecha—. ¿Vas a entrar ahora tú? —Decidió preguntar en cambio el ojiverde, bizqueando ante la falta de sus lentes.
— Está bien. ¿Me prestas una toalla? La verdad es qué no pensé que esto de pasar unos días fuera de casa, fuera en serio... dejé todos mis enseres personales.
— Umm, seguro... no te preocupes. Déjame buscártelo. ¿Necesitas algo más? —Consultó solícito, caminando hacia el closet de madera empotrado en la pared, abriendo las puertas de cedro macizo y sacando una toalla de color verde oscuro con un tramado lineas de varios tonos de verde. Extendió la mano para cedérsela. El heredero Malfoy, se levantó con gestos felinos y se dirigió hacia dónde estaba su anfitrión, medio desnudo. Se le quedó mirando descaradamente, logrando que Harry le quitara la mirada y se sonrojara aún más. El moreno le instó a qué tomara la toalla ahogándose en la vergüenza.
— Gracias Potter —Dicho sólo asintió aún sin mirarlo. Cuando el rubio se dirigía hacia el cuarto de baño. Harry lo miró aún cohibido. Observó como sus brazos se movían, quitándose definitivamente la corbata y desaparecían en su pecho comenzando a desabotonar la camisa...
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Cuando Draco salió del baño, ya eran pasada las nueve y lo que encontró fue a un somnoliento Harry Potter, abrazando a un peluche de dragón que se le hacía conocido, mientras miraba el cielo oscuro y nublado el cual prometía una fuerte nevada, en trance. Estaba tan metido en sus pensamientos que estaba seguro podría asustarlo sin el menor esfuerzo.
— ¿Soñando despierto? —Le susurró sedoso en el oído. Se rió con ganas al ver que su compañero de cuarto se levantaba asustado, lanzando el peluche al aire, el cual se sostuvo desafiando la gravedad, moviendo sus pequeñas alas—. ¿Te asusté? —Preguntó con fingida ingenuidad.
— ¡Con un demonio que sí! ¡No vuelvas a hacer eso, Malfoy!
— Aw... lo siento, gatito.
— No me digas así —Le reprochó aún asustado.
— ¿Y cómo te gustaría ser llamado, Harry ? —Al niño-que-vivió, le sobrevino un escalofrío a escuchar de esa manera su nombre, abandonar los delgados labios del rubio. Carraspeó, mordiéndose sus labios, nervioso.
— ¡Potter está bien para mí! —Chilló exasperado, cayéndose de la cama, al tratar de bajarse; con el corazón palpitándole a una velocidad dolorosa en el pecho. Lo único que podía oír era bump bump, bump bump , en sus tímpanos, haciéndole sentir más nervioso.
— ¿Harry? ¿Estás bien? ¿Qué fue ese grito? —Preguntó Sirius al otro lado de la puerta con voz preocupada.
— ¡Nada Sirius! ¡Malfoy tomándome el pelo!
— Vale. Por favor, tengan cuidado y no se acuesten tan tarde.
— Sin cuidado Sirius... ya estábamos a punto de irnos a dormir...
— Está bien. Hasta mañana, Harry. Que pases buenas noches, Draco.
— Adiós Paddy... —Se despidió el moreno, sin embargo, el rubio no se dignó a contestar—. Malfoy... —Llamó con la cara enterrada en el orillo de la cama desde el suelo en donde estaba.
— ¿Qué pasa?
— ¿Tú plan malévolo para deshacerte de mí, es infartándome? —Le preguntó, casi sin aliento. Sintió al aristocrático joven, acariciarle los cabellos suavemente.
— No Potter... —Negó con un tono de voz que hizo que Harry levantara la cabeza y le mirara. Los ojos grises de Draco, estaban oscurecidos por sentimientos de ira y venganza que le enviaron escalofríos al espinazo. El rubio gateó unos pasos hacia el moreno y le sostuvo con la mano izquierda el mentón, alzándole ligeramente. Harry se sintió virtualmente desprotegido y asustado—. Tú y yo ahora tenemos una meta en común... y créeme que haré todo lo que esté en mis manos para que lo logres... —Harry cerró los ojos y trató de alejarse, sin embargo el toque casual, pasó a ser una garra en sus brazos. Parpadeó y forcejeó en un intento fútil de liberarse de aquel oscuro glamour que lo envolvía—. Así que no está en mis planes que algo te suceda...
— Malfoy tu est aussi obscure qu'il est... —Jadeó Harry en francés tratando de liberarse. Usualmente el rubio tendía a salir de sus locos trances cuando se le hablaba en ese idioma.
— H eureusement; Je suis à tu côte.
El ojiverde no pudo esconder más su miedo y dejó que se colara en su mirada. ¿Y aquello se suponía tenía que tranquilizarle?
— Dormiré en el suelo... —Le avisó a Malfoy, llevando su mano izquierda al agarre.
— ¿Por qué?
— No lo sé... suéltame...
— Sonaré un tanto desquiciado, pero, creo que puedo entender el por qué el Lord disfruta tanto viéndote en pánico. C'est tout à fait un spectacle...
— Malfoy... eso acaba de friquiarme aún más... suéltame o voy a llamar a Sirius.
— Como quieras —Respondió sin alterarse ni un ápice, soltándole.
Harry sacó unas sábanas del closet y las puso en el piso improvisando una cama. Se acostó, arropándose, a pesar de que la temperatura de la casa era confortable. Cerró los ojos y trató de quedarse dormido, ignorando todo lo que había pasado y pasaba a su alrededor. Sintió una suave caricia cerca de su oreja. Vio borroso el brazo de Malfoy y subió hasta encontrarse con su cara seria.
— ¿Sabes?
— ¿Qué? —Gruñó, volviendo a darle la espalda.
— De todas las personas sobre la faz tierra que deberían tenerme, tú no estás entre ninguna de ellas —Le obligó a mirarle.
— No me gustas —Le hizo saber en un gemido ahogado. Evadiendo la caricia del rubio. Draco se colocó boca arriba y llevó sus brazos detrás de su cabeza, dejando por fin al Golden Boy en santa paz. Luego de un rato, de estar perdido en sus pensamientos, escuchó a Harry suspirar, observó tajante como el cuerpo del moreno se relajaba completamente, anunciándole que había logrado caer en el mundo de Morfeo.
— Tú me gustas más de lo que debería... —Murmuró ronco y con la mirada oscurecida. Él no tenía la culpa de que su magia fuera tan oscura y devastadora además de ser un bastardo que gozaba con los devenires de otros. Así fue como había sido criado, esa era la única cara que tenía permitido mostrarle tanto al mundo como a sí mismo. Una persona sin corazón y sin flaquezas, resistiendo en sus dos pies, mientras que todos los demás sólo tenían permitido mirarle de reojo y desde el suelo. Letal, sutil y endemoniado... sin embargo, aquella personalidad, hacía que el ojiverde lo mirara con el miedo titilando en sus ojos, preocupado, preguntándose cómo terminaría aquello.
El insomnio esa noche también estaría con él. Muchas cosas estaban sucediendo en esos momentos y ahora; Harry Potter, que normalmente era una de ellas, se había transfigurado en un enigma inentendible en su vida. Normalmente era celoso y sobre protector con cualquier cosa que creía era de él. Desde los elfos de su casa, hasta su padre o su madre, que en paz descansase. Él no era idiota, y su padre le había enseñado a nunca mentirse a sí mismo, pero, aquella situación parecía estársele saliendo de las manos.
Se levantó suavemente de la cama, y la rodeó hasta llegar a dónde estaba el durmiente. Se acuclilló con cuidado y alzó a Harry en vilo, lo más delicadamente que pudo, tratando de no despertarle. Dando no más de dos pasos, acostó a Harry del lado izquierdo de la cama. Le colocó la almohada que anteriormente estaba en el piso y lo arropó, inmediatamente el ojiverde se acomodó a la posición usual que utilizaba para dormir al sentirse en su entrono normal de descanso.
Sus movimientos traicionándole, llevaron sus manos al cabello disparatado de su acompañante, jugó con las suaves e indomables hebras un rato antes de pasar a sus rasgos delicados y definidos. Escuchó el viento aullar y colarse entre los árboles y los resquicios de la ventana, delineó a placer su nariz, sus mejillas que siempre tenían ese saludable color rosáceo, su oreja, se imaginó mordiendo aquel lóbulo ni muy grande ni muy pequeño, se detuvo en sus labios. Quería besar cuerdo, aquellos labios que en esos momentos estaban semi abiertos, y a su mirada, incitantes...
¿Qué quería de Harry Potter? Bueno... además de llevárselo a la cama. Pero eso no contaba como "querer". Inclusive Blaise deseaba aquel cuerpo prieto y esbelto. Verlo desnudo era excitante en sí mismo, y las reacciones cuando aquello sucedía eran deliciosas . Aunque, seguro que disfrutaría más si en vez de encobrarse, quitarle la mirada y correr a vestirse mientras comenzaba a salir humo de la cara, de la vergüenza. Le mirara juguetón y se irguiera... eso no sucedería... aunque Potter obtuviera la suficiente confianza a su al rededor, su patrón de comportamiento usual le impediría actuar de forma pervertida y abierta. Potter sólo se volvía ésa otra persona cuando su magia le consumía y pasaba a hacer aquella máquina despiadada enviada por los dioses encolerizados para acabar con todo a su paso.
Era contradictorio que en aquel cuerpo, pudieran existir dos egos tan diferentes. Comparó en su mente, a los dos Harry, los cuales había tenido la oportunidad de ver en situaciones aisladas. Aquella mirada acerba e intransigente versus la dulce y compasiva que usualmente compartía con todo el mundo, el niño que vivió. Merlín, él amaba cualquiera dos...
¿Amar? Sí... se podría decir que amaba, después de todo la línea que separaba el amor de la obsesión, era incalculablemente ínfima. Pero, él tenía una concepción que a todo el mundo podría encontrar desencaminada del amor. Él era consciente que para Potter, el amor, era algo que todavía no conocía en carne propia de lo que sólo poseía ligeros trazos, y palabras aprendidas. Que consideraba que el amor era generoso, comedido, liberador. Lleno de esperanzas y seguridad. Brillaba constante y gozoso mientras se elevaba. Eran sonrisas y buenos momentos...
Él tenía otra manera de ver el amor. Dependencia, ceguera... amarres y arrepentimiento. Era como una droga peligrosa que no sólo extinguía al consumidor, sino que acababa con todo a su alrededor... que no era eterno, volvía el futuro más inseguro e inexacto. Era el miedo a parpadear y creer al otro perdido... curioso que fuera exactamente lo que él estaba viviendo. Dependía de muchas maneras del alocado Gryffindor, para pelear, para llorar y desahogarse. Usualmente no veía más allá de lo que tenía en frente y actuaba sin pensar y hablaba sin definir, llevándole a arrepentirse y buscar un perdón que no necesitaba pero que sin él, deshacía los amarres a los que se aferraba estúpidamente... cada vez quería más y más de él, aún a pesar de estar castrando todo lo demás. Encerrarlo en una jaula de cristal y sólo él tener el derecho de verlo. Guardar su miedo cada vez que alguien insinuaba que iban a alejarlo de su lado...
Realmente jamás había tenido la oportunidad de disfrutar su recién descubierta relación de amistad con Harry... y jamás lo haría, porque, el ojiverde temía en al monstruo que podía llegar a convertirse. Porque Potter sabía, aunque sólo en su inconsciente fuese que él jamás podría darle esa fantasía de amor que tanto buscaba... porque Potter odiaba que lo sobre protegieran y lo alejaran de todo lo que podía dañarle. Odiaba que lo sometieran y que le ordenaran. Potter no le permitiría llegar más lejos de lo que ya estaban..., él era todo lo que Potter odiaba y no sabía exactamente que era lo que él sentía con respecto a Harry Potter de manera integral. Él usualmente sólo pensaba que Potter era un imbécil crédulo, que no tenía la suficiente potestad para tomar una decisión, se burlaba de ello, sin embargo no lo censuraba.
Como su padre le había explicado una vez. El amor no sólo era ser permisivo y sonreír ante los errores. Era tener el valor detener y explicar los fallos. Era premiar pero también castigar, aquella relación simbiótica estaba mayormente basada en la confianza, se creaba con el trabajo de día a día, y tenía que cambiar constantemente. Potter no confiaba en él y a todas todas, él tampoco lo hacía, estaba demasiado acostumbrado inclusive a desconfiar de su padre, tratar de hacerle entender (a cualquiera de los dos) que estaba equivocado era gastar saliva innecesariamente, él no tenía el tiempo ni la paciencia para cuidar cualquier relación. A Potter no le gustaba cambiar... tenía la firme creencia que Potter odiaba cualquier tipo de cambio. Por eso tenía la misma ropa siempre, por ello Weasley y Granger eran las únicas personas que le rodeaban, tal vez inclusive por ello Voldemort seguía vivo.
Él, en cambio, hoy podía sentir empatía hacia alguien y a los veinte minutos patearle asqueado de su presencia. Podía tener un color favorito cada mes, usualmente cambiaba de vestuario más de una vez al día y mandaba a vender su ropa constantemente para renovar. Una semana podía sólo soportar a Pansy y al día siguiente, permitirle a toda la población femenina de Hogwarts, halagarlo y molestarle indefinidamente.
Mejor se iba a buscar su muggle pobre y zarrapastrosa... prefería eso a Potter. Él ya tenía suficientes batallas como para también tener que luchar en su corazón. Se levantó de la cama, salió del cuarto, cerrando con cuidado la puerta tras su espalda y se dirigió a la sala. Se sentó en una de las sillas del comedor y esperó, mirando tras las ventanas cerradas, que el amanecer arribara y que la furiosa tormenta de nieve amainara. Un recuerdo en su cabeza, llegó de pronto. Con curiosidad se levantó y se dirigió al patio trasero, abrió la puerta de vidrio y se quedó estático. Una suave y agradable brisa le acarició, mientras que el cielo estaba tan lleno de estrellas que formaban un conglomerado espectacular a la vista mientras que más tenue en colores violáceos se observaba uno de los brazos de la vía láctea. Salió sintiendo la hierva bajo sus pies descalzos, la luna estaba llena y se veía escalofriantemente grande estampada en aquel mar de estrellas.
Se sentó en una de las perezosas que había dispuestas, rodeando la piscina y se quedó mirando embobado el cielo. Podía ver todas las manchas irregulares que tenía en un tono más oscuro aquella luna. Suspiró sintiéndose extremadamente calmado en aquel lugar. Cerró los ojos, escuchando los sonidos de la noche de aquel espacio aislado. Luego de un rato, decidió volver la vista hacia delante y se encontró con un conglomerado de puntos, que no supo decir si eran luciérnagas o hadas, flotando en el agua templada y azul de la piscina.
No sabía que hora era, pero, el sueño estaba arrullándole, cada vez sentía los párpados más y más pesados. El viento se sentía como una canción de suave melodía... suspiró y se dejó vencer...
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Una ventisca particularmente fuerte lo hizo abrir los ojos. Se incorporó asustado; la luna estaba cubierta por un velo rojo, todas las estrellas habían desaparecido dejando un inhóspito infinito negro y las luces que adornaban la piscina también. La etérea iluminación azul, había pasado a hacer roja y gris. Los árboles se veían tenebrosos y espectrales.
Se levantó con premura, y corrió hacia dónde había dejado a Harry unas horas atrás antes de dormirse. Entró al cuarto del ojiverde y lo encontró retorciéndose bajó las sábanas. Escuchó un gemido abandonar sus labios, mientras se contorsionaba. Observó que sus manos estaban agarrando las sábanas y los nudillos estaban blancos de la fuerza.
— Potter —Le llamó luego de cerrar la puerta, subiéndosele encima como siempre. Trató de aflojar en agarre pero, desistió, enfocándose en despertarlo—. ¡Potter despierta estás soñando!
— ¡No!
— Potter levanta, odio Enervarte...
— ¡Por favor! ¡NO! —Draco lo soltó, al ver que heridas salidas de ningún lugar, aparecían. Tenía dos opciones, tratar de despertarlo mágicamente o irse a levantar al párvulo de su tío... también podía no hacer nada, pero esa no era una opción válida. Se pasó las manos por el cabello tomó una bocanada de aire y agarró a Potter por los dos brazos.
— Mi tío, mi padre y el licántropo me van a matar si salgo vivo de esto... —Murmuró, preparándose para sacar a Potter de aquello. Algo le decía que enervarlo no serviría de nada. A él no le gustaba crear invocaciones, especialmente cuando tenía que hacerlas a la carrera, pero no había de otra. Pensó en las palabras más apropiadas para la tarea, sin embargo, no tenía ni la menor idea de dónde estaba el moreno en esos momentos. Sintió la frustración, crecer. Al ver la sangre mojarle los dedos, una idea llegó a su cabeza. Aquello iba a ser asqueroso.
Succionó un poco de la sangre que salía de una de las heridas del ojiverde y la mantuvo en su boca, tratando de concentrarse en la tarea. La sangre de Harry era extremadamente dulce—. Discúlpame esta, Potter —Pidió, se abrió una herida en la muñeca y mezcló sus sangre en la boca, dos veces más asqueado. Le abrió los labios y dejó caer un poco en la boca del otro—. ¡Ego iubeo sino ingredior! —Los ojos de Draco se volvieron una placa plateada y el cuerpo pareció convertirse en una estatua.
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No había nada. Era sólo una gran... negrura. Caminó tanteando, preguntándose a donde había llegado. Un resplandor le llamó la atención y se echó a correr hacia a él. De repente todo había cambiado y se encontraba en una sala circular de piedra. Harry estaba arrodillado en el piso, dos veces más herido de lo que lo había dejado. Lo escuchó sollozar, mientras abrazaba algo. Se acercó con cuidado, tratando de no sobresaltarlo.
— Potter —Le llamó con suavidad, arrodillándose a su lado. El ojiverde se alejó de él mirándole aterrado. Aún protegiendo lo que fuera que tenía en sus brazos—. Potter.
— Por favor, aléjate de mí... —Se percató de que Potter ¡Estaba Ciego! La mirada glauca se movía erráticamente tratando de encontrar un punto de anclaje sin poder.
— Oh por dios... —Se lamentó—. ¿Qué te han hecho? —Murmuró consternado, tratando de tocarle.
— ¡Suéltame! —Unos rayos rojos salieron del cuerpo del moreno, pero, cuando trataron de atinarle una barrera plateada, perfecta e impenetrable, los repelió.
— ¡Cálmate Potter! ¡Estoy tratando de ayudarte a salir de aquí! —Le soltó comenzando a desesperarse. Aquel tono utilizado, lo que hizo fue asustar más al moreno.
— Por favor... no me hagas nada.
— ¡Qué no te voy a hacer nada, joder! —Vio lo que Harry tenía entre sus brazos. Era un infante... a leguas se notaba que estaba muerto, estaba lleno de quemaduras y dos heridas, llenas de sangre seca se veía en sus bracitos, mientras que otra injuria cauterizada, atravesaba el pecho justo donde suponía había estado el corazón. No quería enterarse del por qué Potter había quedado ciego—. Harry... —Murmuró tratando de sonar lo más apacible que pudo—. Tienes que dejarlo...
— ¡No!
— Está... bueno... ni siquiera tienes el cuerpo de verdad en tus brazos...
— Ya lo sé —Lloró destrozado.
— Por favor... volvamos...
— ¿Para qué? ¡Ya no quiero volver! ¡Me voy a quedar aquí para siempre! ¡Nada tiene sentido! Es sólo un niño... es un alma recién nacida... ¿Por qué?
— Harry... —Lo llamó, agarrándole la cara con cuidado—. Harry mírame y cuando digo que me mires es que recuperes tu visión.
— ¡NO! ¡No voy a volver a ver nunca más! ¡Este mundo es horrible! Voy a quedarme aquí hasta que mi corazón se detenga en el mundo real...
— Harry... tú corazón ya se ha detenido en el mundo real... —Susurró, acariciándole con sutileza. El moreno alzó la cara y abrió los ojos, desorbitados con sorpresa—. Déjalo ir... hiciste todo lo que pudiste por el niño. Estoy seguro de ello. Vamos, por favor. Déjalo y ven conmigo.
— No quiero... esto volverá a suceder.
— Estoy seguro que sí, así como también puedo asegurarte que... si estás aquí, serás más susceptible a verlo.
— Duele mucho... —Gimió y Draco sintió que una brecha se había abierto.
— Cuando regresemos el dolor habrá remitido...
— ¿Cómo puedes saberlo?
— Sólo lo sé. Vámonos... —Lo agarró de la mano y lo jaló.
En un aliento ahogado, Draco se sintió de nuevo en el mundo real. Miró hacia abajo y encontró a Harry Potter mirando al techo, inerte.
— Potter... —Llamó con cuidado, tratando de saber si seguía vivo.
— Eres un mentiroso... todavía duele —Susurró como un cachorro herido. El rubio no pudo hacer nada más que sonreír con ironía.
— Déjame ver esas heridas...
— No importa.
— Por supuesto que importan... ahora, cállate y déjame curarte...
Habían caído en un silencio extraño. Draco curaba lo mejor que podía las heridas de su compañero, mayormente desinfectándolas y vendándolas, porque no se atrevía a hechizarlas para cauterizarlas.
— ¿Quieres que te haga una poción para calmar el dolor? Sólo se tarda quince minutos en hacer... —Le propuso Draco—. Inclusive me tomaré la molestia de hacer la versión pediátrica y hacerla del sabor que quieras...
— ¿Doy lástima, verdad? —Preguntó, haciéndose una bolita en sí mismo.
— Haber lastimado a esa criatura de esa manera, es algo terrible, Potter.
— Él lo disfruta... —Le confesó, sintiendo las nauseas atacarle—. Igual que todos los que están junto a él... se ríen, se burlan... luego lo único que quedan son los cuerpos mutilados y llenos de sangre.
— Ya sé que no puedes tomar al menos de que sea necesario la poción del sueño negro... pero... voy a diluirla con la poción para el dolor. No te preocupes... esa poción que voy a hacer es la que utilizan las mujeres para aliviar el dolor en sus días... vamos a la cocina... —Ayudó a Harry, aunque no fuera necesario, a bajarse de la cama y siguieron el camino hacia la cocina—. ¿Tienes algún olla que no se vaya a derretir haciendo la poción? —Preguntó, luego de dejar al herido en una de las sillas del mesón de la cocina.
— Creo que Winky utiliza uno de esos para cocinar..., debe estar en en ese gabinete —Señaló las dos portezuelas que estaban al lado de la cocina. Draco buscó lo que requería y luego de revolver un poco, tratando de hacer le menor ruido posible, encendió la cocina eléctrica, sorprendiendo de nuevo a Harry. Había sido todo un show enseñar a los elfos y a Sirius a utilizar aquel tipo de cocina, y colocó la olla encima de la hornilla—. Todos los ingredientes que Sirius tiene disponible para hacer pociones, están en ese estante.
— No sabía que a mi tío le fueran las pociones.
— Es su Placer Inconfesable —Admitió con una sonrisa socarrona.
— Ah... —Asintió, riéndose también—. Quién lo diría.
— Lo utiliza como catarsis, o eso creo yo...
— Todo el mundo tiene algo que utiliza como catarsis —Le hizo saber el rubio, comenzando a mezclar con soltura todos los ingredientes de memoria.
— ¿Cuál es el tuyo? —Curioseó dejando de lado la servilleta que estaba troceando, para prestarle atención al rubio.
— Gritar hasta dejar los pulmones... —Confesó, mirándole momentáneamente—. ¿Y tú?
— Explotar cosas...
— Interesante...
— Dumbledore deja que pulverice las cosas que iban a botar cuando tengo un arranque...
— Te voy a contratar un día de estos...
— ¿Eh?
— Usualmente tenemos que deshacernos de montón de cristalería... sería todo un show verlos explotar.
— ¿Por qué botarían algo tan valioso ?
— Ya no tenemos más espacio. La gente piensa que camelándonos con regalos, harán que algo cambie. Padre recibe cuando menos treinta paquetes al día...
— Vaya... —Dijo, sin saber que más decir...
— Cuando era más pequeño, la gente lo único que hacía era enviar juguetes y más juguetes... mi madre, un día, harta, decidió irse a un orfanato y donarlos todos... decía que muchos de esos regalos tenían demasiados sentimientos corruptos y no iba a permitirle a su hijo jugar con algo así...
— Seguro que hicieron a muchos niños sonreír ese día...
— No lo sé... mi padre no me dejó hablar con ninguno de ellos. Todos parecían mirarme como si fuera algo del otro mundo —Reveló dejando entreoír incomodidad.
— Dímelo a mí —Pronunció sintiendo empatía con el rubio.
— Sí... El chico de oro, el niño-que-vivió, la salvación del mundo mágico... —Ironizó, revirando los ojos—. ¿Cuál de todos odias más? —Le preguntó, buscando una taza en los gabinetes.
— No hay ninguno que me disguste más. A todos los odio con igual pasión. Pero, creo que en la categoría del más molesto: El Salvador del Mundo Mágico.
— Sí, definitivamente, ese se lleva el galardón. Ten Potter... —Le cedió una taza con un contenido más bien cristalino y amielado—. Va a saber acaramelado. Es lo único que tío Sirius tenía disponible.
— Gracias...
— Y cuidado te quemas, joder... no necesitas otra injuria más al pote —Harry sopló y probó un poco. Sabía a esos remedios muggles para la gripe. Sorbió un poco más y una sensación de adormecimiento, mental y corporal le acometió, relajándole. Suspiró... miró al rubio.
— ¿Qué exactamente es?
— Eh... preferí dejar la poción del sueño fuera de la ecuación... y en cambio agregué una que te ayudara a relajarse. ¿Sabes los principios de la Oclumancia?
— Más o menos... digamos que las disciplinas de la mente y yo, no somos muy amigas.
— Esa parte de la poción despeja la mente y relaja los músculos, ayudándote a discernir mejor... cuando estás más consciente de la realidad y la fantasía, es más difícil que sueñes... te mantienes alejado de las fases REM, evitándote cualquier visión o sueño...
— ¿No estás molesto por no dejarte dormir? —Murmuró culpable, tomando más de la poción.
— Potter, ya estaba despierto antes de que tu pequeño ataque comenzara. ¿Terminaste? —Harry asintió, dándole la taza, luego de que el rubio extendiera las manos para quitársela. Sorprendentemente, el heredero Malfoy, lavó todo y lo colocó en su lugar—. ¿Volvemos a la cama?
— Está bien...
— ¿Por qué me estás mirando como un bicho raro? —Inquirió sospechoso.
— Em... acabas de fregar.
— Por supuesto que lo acabo de hacer. Siempre lo hago luego de terminar una poción... dejar los restos de una poción, sin limpiarlos, es ponernos en peligro innecesariamente. Vamos Potter, tú necesitas dormir.
— ¿Por qué desperté en mi cama? —Preguntó de repente, Harry, mirando a Draco.
— Yo te subí, no la estaba utilizando... —Aquella confesión hizo que el moreno se sonrojara. En tiempo record llegaron al cuarto—. Sube a la cama, si tanto te molesta que duerma contigo, yo utilizaré tu cama improvisada...
— No... —Le detuvo—. Está bien, puedes dormir conmigo...
— Entonces, a dormir Potter... —El pelinegro volvió a asentir y se subió a su cama, metiéndose debajo de las sábanas frías. Inmediatamente sintió a su lado otro cuerpo removerse—. Potter ¿Porque te estás clavando a mi espalda? —Le preguntó luego de un rato.
— ¿Te molesta? —Murmuró, sin dejar de aferrarse a la camisa de su compañero.
— Ya duérmete...
TBC
