Capítulo veintidós: Las Vacaciones de Draco, Parte II
Disclaimer: Harry Potter no es mío, y tampoco estoy buscando poseerlo.
AN: ¡MIREN! ¡Actualizó! ¡NO! ¡Súper Milagro! No se emocionen. Tenía esto escrito aquí y por eso las veinticuatro páginas. ¡Disfruten! (porque no tengo ni la menor idea de cuándo voy a volver actualizar :D). –Liuny.
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— ¿Crees que si invitamos a los Malfoy a pasar navidades con nosotros aceptarán? —Preguntó Harry, el quince de diciembre, entrando en el cuarto de Remus, donde dicho, estaba corriendo pergaminos de variadas letras y mesura.
— ¿Por qué me estás preguntando eso cachorro? ¿Invitar a LOS Malfoy, en plural?
— Sí, al padre y al hijo... ¿No te molestaría, verdad? —Remus vio un rato largo a Harry. ¿Qué le iba a decir? ¿Qué no? Aquella era su casa... si él quería invitar a los Malfoy no había nada que él o Sirius pudieran hacer. Además, su canino amigo, no se encontraba en facultades para negarle algo a Harry, siempre había sido así... desde que Harry había nacido, Sirius se había encargado de malcriar de todas las maneras posibles a su ahijado, uniéndosele normalmente, James en el proceso. Le iba a decir que invitar a Lucius era peligroso..., sin embargo, algo fue más rápido que él y le hizo decir algo que le hizo ponderar que tan cuerdo estaba en esos momentos.
— Podemos enviarles una carta si quieres, cachorro. Pero, tú sabes como son ellos...
— ¿Me ayudas a redactarla?
— Está bien... déjame buscar pergamino...
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A Lucius y Draco Malfoy:
Probablemente recibamos un Howler como respuesta a esta carta, pero, nada perdemos con intentar. Queríamos sabes si querían pasar navidades con nosotros. No hay ningún motivo ulterior ni tampoco una trampa o broma pesada. Digamos que fue más un impulso de momento. Después de todo, mientras más personas seamos, mucho más se disfruta la navidad. O cuando menos nosotros los Gryffindor pensamos así.
Supongo que no hay más que decir..., si aceptan, manden la respuesta con Hedwig... esperamos que no hayan encontrado esto demasiado ofensivo...
Atentamente. Harry Potter y Remus Lupin.
P.D: Si van a enviar alguna carta con maldiciones o cosas por el estilo ¿Podemos pedir que sean maldiciones que podamos adivinar, cuando menos?
PD 2: No... no tendrán que "soportar" a ningún Weasley. Sólo estaremos Sirius, Remus y yo.
PD 3: Por favor, respondan a la brevedad posible. ¡Hay que comprar la cantidad exacta de comida!
— ¿Padre? —Llamó Draco entrando a despacho de su progenitor. Lucius alzó la vista, aún atónito, de la carta.
— Pasa Dragón. ¿Qué sucede?
— Pansy acaba de llamarme súper emocionada por yo-no-se-qué-cosa, y está a punto de venirme a raptar si no voy a su casa por voluntad propia.
— No hay ningún problema. Anda diviértete en casa de Pansy.
— ¿Y esa carta?
— Sorpresivamente, Potter y Lupin nos están invitando a pasar las navidades con ellos.
— Ya sí, claro... —Soltó a su padre con incredulidad. Lucius le pasó la carta para que la leyera. Confrontó los ojos grises de su padre, luego de terminar de leer la misiva—. ¿Puedo saber que pasa por la cabeza de estos Gryffindor?
— ¿Y me preguntas a mí?
— ¿Vas a responder?
— Supongo que sería una descortesía no hacerlo.
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Estimados Lupin y Potter:
Su carta, ciertamente, nos toma por sorpresa. Jamás nos hubiésemos esperado algo así por parte de ustedes. Si bien, sabemos que sus intenciones son nobles (Gryffindor al fin). Tenemos que rechazar su propuesta. Si bien es cierto que no poseemos ningún plan para efectuar estas navidad, como en años pasados, debido a los recientes acontecimientos sucedidos en nuestras vidas. Ciertos... obstáculos, nos impiden aceptar tal acceso de caridad. Uno de los limitativos más prominentes, que vienen a mi mente y entran a colación en estos momentos es: Severus Snape.
Agradecemos el tiempo que se han tomado en tomarnos en cuenta.
Atentamente. Lucius Malfoy.
— Cuando menos contestaron... —Le dijo Remus a Harry luego de leer la carta. Leyó con claridad los ojos de su cachorro. Auguraba desastres en esas navidades—. Harry... no me digas que estás pensando en decirles que Severus puede venir a pasar las navidades con nosotros también.
— ¡Podemos pedir un alto al fuego! ¡Son sólo unas pocas horas, por la sabiduría de Merlín! —El licántropo suspiró al ver a Harry salir corriendo a su habitación para buscar pergamino y comenzar a acosar a los Malfoy, hasta que aceptaran su invitación. ¿Por qué exactamente su cachorro quería a los estirados rubios en navidad?
Lucius:
El Profesor Snape puede venir a pasar las navidades aquí también, si decide que es lo suficientemente maduro como para estar unas cuantas horas con nosotros. ¿Alguna pega más? Si es que no quieren venir, cuando menos podrían tener la sutileza de decirlo abiertamente.
Harry.
El ojiverde releyó la carta. Él no era Remus para estar desviviéndose con formalidades, simple y directo. ¡Nada mejor! Se la dio a Hedwig, y se fue a hacer su tarea de encantamientos. Era la única que le faltaba.
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Potter:
¿Tienes pensado acosarnos hasta que te digamos que sí?
Atentamente, Draco Malfoy.
Malfoy:
Más o menos... ¿Vas a venir? ¡Yo seré el que cocine! A qué ahora si no te puedes negar... ¡Sabes que lo deseas!
Harry.
Potter:
No andes soltando esas cosas así a la ligera... y no, no lo estoy deseando...
Atentamente, Draco Malfoy.
Malfoy:
Describiré el menú... siempre caes cuando lo hago. Tendremos pavo horneado relleno (un clásico). Puré con especias. Bisquits con miel. Ensalada, etc... Y un postre que seguro te gustará pero que lo dejaré como sorpresa. Una premisa: ¡Chocolate, mucho chocolate! Sirius dijo que le habían regalado una botella del Naufragio de Heidsieck 1907... estoy seguro que tú sí entiendes de eso. ¡Ah! Y Dobby me dijo que íbamos a tener de vajilla, un servicio holandés ¡Está bien lindo! Estuve a punto a de quebrar uno de los platos... Kreacher estuvo a punto de fallecer de un infarto (¡lástima que no lo hizo!) fue un regalo de un tal rey de yo-no-se-donde... sabes... esto de ser el jodido niño-que-vivió... ¡Vamos Draquín! ¡No seas así! ¡Inclusive estoy pensando en darte algo por navidad!
Harry.
Estimado señor Potter:
Es Lucius Malfoy, no sé exactamente qué le está metiendo en la cabeza a mi hijo. Se negó rotundamente a dejarme leer la última misiva, y ahora parece haber cambiado radicalmente de opinión y quiere pasar las navidades en tu casa. Severus comienza a tener un terrible dolor de cabeza. Draco puede ser un tanto persuasivo si se puede decir de esa manera, cuando quiere. Estaremos allá a las ocho de la noche, si te parece bien.
Atentamente. Lucius A. Malfoy.
A Lucius Malfoy:
¡No le estoy metiendo nada en la cabeza! Malfoy (su hijo, hablo) viene solito... Y la última carta tenía un montón de balbuceos. No entiendo por qué el pequeño Dragón no quiso mostrársela. ¡Me parece genial que hayan decidido venir a pasar con nosotros las navidades. ¡Serán de infarto! Entonces, vengan por la Red Flu, a las ocho de la noche, del veinticuatro de diciembre. ¡Estaré esperando! (y estoy seguro que Remus también... no sé porque, pero, parece bastante emocionado ante la idea de tenerlos a ustedes aquí).
Harry Potter.
PD: "Los Merodeadores" para llegar a nuestra casa, pero, creo que eso ya lo sabe.
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— Sirius... una mala noticia.
— ¿Qué sucedió? —Preguntó, dejando todo, asustado de la mala noticia.
— Los Malfoy y Snape, vienen a pasar las navidades con nosotros...
— ¿Ah? —Sirius no había sido capaz de procesar aquella información.
— Los Malfoy y Snape, vienen a pasar las navidades con nosotros...
— ¿Ajá?
— Por última vez: "Los Malfoy y Snape, vienen a pasar las navidades con nosotros"
— ¿Te molesta decirlo otra vez?
— Lucius Malfoy, Draco Malfoy y Severus Snape, vienen a pasar las navidades con nosotros.
— ¡¿QUÉ?
— Sólo para que sepas... —Le avisó con una gran sonrisa, dejando pasmado a su padrino.
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Veinticuatro de Diciembre, cinco y media de la mañana. Unos ojos verdes se abrieron en la oscuridad. Harry se sentó, bostezando y estirándose. Miró el reloj, restregándose los ojos, podía discernir un cinco bastante borroso. ¡Había mucho que hacer! Saltó de la cama, se puso una camisa y se fue al baño para asearse y terminar de espabilar. Luego de estar limpio y renovado aunque aún tenía pinta de loco, el cabello estaba más desordenado de lo usual y la sábana estaba marcada en toda la cara.
Bajó a la cocina. Cuando entró, se encontró con el desastre que había dejado la noche anterior. Sólo tenía cuatro hornillas, así que tenía que distribuirlas adecuadamente.
Sacó una tabla para cortar y buscó en la nevera lo que necesitaba por el momento, poniendo manos a la obra. Picó con maestría los vegetales, mientras ponía un sartén y le echaba mantequilla y un poco de aceite, para evitar que dicha que quemara, luego de que el sartén comenzó a burbujear, indicando que la temperatura estaba en el punto correcto, echó una buena cantidad de ajo machacado y cebolla y lo dejó allí, bajando un poco el fuego...
— Buenos días... —Saludó Remus, a las nueve de la mañana. Sorprendido de encontrar un desastre peor que el de la noche anterior, y a un Harry atareado, yendo de aquí a allá—. ¿Desde qué horas estás levantado, cachorro?
— No lo sé... a la hora que abrí los ojos. Permiso Rem —Pidió con una gran olla llena de agua hirviendo. El hombre se quitó con rapidez y Harry volcó el agua en la batea para luego, volver a llenarla y colocarla en la hornilla.
— ¿Dónde están los elfos? —Curioseó extrañado. ¿Por qué Winky no estaba volviendo loco a Harry diciéndole que era impropio para alguien como él, estar cocinando?
— Lejos de la cocina, si quieren vivir otro día... —Le hizo saber con una mirada macabra que hizo que Remus suspirara con resignación.
— Supongo que no podré desayunar.
— Agarra cereal y leche... no te vas a morir por no desayunar una mañana —El mismo ojiverde abrió la nevera y le dio la leche, el cereal y un plato y lo botó de la cocina.
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— ¿Qué huracán pasó por aquí? —Soltó Sirius a las once y media de la mañana, al llegar a la cocina, tratando de obtener algo de café.
— Estoy ocupado. Si quieres desayunar, hay cereal y leche en la mesa...
— Pero...
— Sirius, esta masa se me está resistiendo, así que al menos que quieras que te la lance en toda la cara, desaparece de mi vista —Le amenazó, mostrándole un pedazo de masa amarillenta mal amasada.
— Sal de allí, Sirius. Kreacher estuvo a punto de morir hace media hora por un repentino ataque harina... —Remus le agarró por el hombro desnudo del animago y lo sacó de la cocina.
— ¿Es por eso que el piso está lleno de harina?
— Más o menos...
— ¡Pero yo quiero café!
— En serio, Pad... si quieres ir a joder a Harry. Bajo tu propio riesgo. ¿Por qué mejor no vas a comprar café a la panadería muggle que hay a unas cuadras de aquí? —Sirius vio que Harry le daba coñazos literales a la masa la cual no parecía querer cooperar, y la mirada psicópata que tenía su ahijado no le hacían tener muchas más ganas de luchar por territorio en la cocina en busca de café.
— ¿Quieres algo?
— Mockacino, por favor.
— Está bien...
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Las dos de la tarde dieron en el reloj. Remus salió de su cuarto, para echarle un vistazo a su cachorro. Estaba tan ocupado como a las nueve de la mañana. Se veía entretenido, las cosas flotaban al rededor, moviéndose a medida que Harry las necesitaba. Actualmente, el Golden Boy, estaba jugando con la forma de una masa color crema. Parecía que era el pan, o de eso tenía forma... ¡Vaya! El chico estaba haciendo inclusive pan casero. Sonrió resignado y se fue a buscar oficio...
A las cuatro de la tarde, Remus decidió volver a la cocina. Esa vez, Harry estaba cortando rodajas de pan y desde allí, podía decir que cada una tenía un centímetro de grosor, ni más ni menos. El cuchillo eléctrico que estaba utilizando para realizar la tarea y la cara de concentración, no le aseguraban nada menos. Se recostó del marco, y decidió ver como Harry, rociaba con cilantro y ajo picado, el pan y luego por encima lo llenaba generosamente de aceite de oliva y un cuadrito de margarina, para alinearnos en una bandeja. Un olor exquisito inundó sus fosas nasales cuando el ojiverde abrió el horno. Un jugoso pavo se doraba en el horno. Harry agarró uno de las ollas que estaban dispuestas en toda la mesada y con un cucharón, mojó el pavo, volviendo a cerrar la tapa.
Las dos bandejas de pan, fueron cubiertos con papel aluminio y desterradas al freezer.
— Harry.
— ¡Hola, Rem! No sabía que estabas allí —Rió levemente al ver que Harry estaba todo lleno de harina.
— Estabas entretenido... ¿Por qué metiste el pan en el freezer?
— ¡Oh! Eso —Soltó unas risitas tontas—. ¡Es para mantener la frescura antes de meterlo al horno!
— ¿No crees que deberías tomarte un descanso? Llevas cocinando casi catorce horas...
— ¡Estoy perfectamente! Sólo faltan pocas cosas...
A las seis de la tarde, volvió a repetir la rutina de ese día, preguntándose dónde demonios había ido Sirius. El animago le había traído su Mocka y luego había desaparecido como alma que lleva el diablo. Llegó a la cocina, y observó que ya no había mucho desastre que ver... en cambio, sólo estaba Harry, con una manga, decorando un pastel.
— Parece que estás en la recta final... ¿No?
— ¡Hola de nuevo, Moony! Sí... más o menos... creo que estaré listo antes de que nuestros invitados lleguen —Dijo haciendo la última flor en el pastel. Buscó uno de los potes sucios que estaban regados todavía, y se lo tendió al licano—. Es chocolate... esta es la parte que más me gusta, pero ya he comido suficiente.
— Estas navidades van a ser por demás interesantes —Aceptó el Gryffindor, agarrando el gran bol de plástico y yéndose a disfrutar de la crema cruda, volviendo a dejar a Harry tranquilo.
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— Una cosa antes de irnos. No empujen... esa casa tiene una barrera que no permite a nadie entrar al menos de que Potter o tío Sirius lo permitan. Prefiero no darme contra ella otra vez...
— Está bien, Dragón. ¿Nos vamos? ¿Severus estás listo? —Preguntó Lucius.
— No puedo creer que vaya a hacer esto...
— No te quejes... yo también estoy en las mismas...
— Vámonos de una vez antes de que me arrepienta... —Masculló Snape, agarrando la primera tanda de polvos flu y diciendo fuerte y claro: "Los Merodeadores".
1
Harry estaba en la ducha, cuando la casa le avisó que sus comensales habían llegado. Se preguntó si su padrino estaría ya en casa.
— ¡Sirius estoy en el baño! ¡Hay gente en la chimenea! —Gritó desde abriendo las puertas de la regadera, cubierto con jabón—. ¡SIRIUS! —Gritó con más fuerza.
Remus había escuchado los gritos de Harry y había salido a ver que sucedía. Tenía la corbata en la mano.
— Cachorro, Sirius brilla por su ausencia... —Le avisó Remus, llegando a la sala. Los tres invitados estaban allí, apretujados e incómodos.
— ¡COÑO REMUS NO PUEDO BAJAR AHORA! —Volvió a gritar para hacerse oír.
— Lupin... —Saludó Lucius, atrapado en la chimenea.
— Esto... tengo una mala noticia. Sólo Harry o Sirius pueden concederle la entrada... y creo que Harry tiene las manos ocupadas —Los invitados bufaron—. Ya va... ¡Harry! ¿Te falta mucho? ¡Los Malfoy van a matarnos si no los sacamos de allí!
Se escucharon unos pasos que se acercaban con rapidez. Remus hizo lo mejor que pudo para no reírse. Harry estaba cubierto de champú, chorreando, descalzo, con una toalla cubriéndole como una mujer.
— ¡Déjalos pasar! —Chilló completamente abochornado, y corrió de nuevo al baño. Remus se echó a reír sin poderlo aguantar más—. ¡No te rías! —Le gruñó de mala gana antes de perderse en el baño. Eso sólo hizo que aumentara la risa del licántropo. Lucius y Severus, estaban por demás consternados mientras, Draco se unió a Remus. Potter estaba de lo más cómico en esas fachas.
— Lo siento, por favor, pasen —Sirvió de anfitrión...
— ¡Amo Remus! ¡Nosotros nos encargamos de los invitados! Usted vaya a terminar de arreglarse ¡Qué pena que hayan tenido que ver al Amo Remus y al Amo Harry en esas fachas! —Winky había aparecido—. Joven Draco, es un honor volverlo a tenerlo aquí. Señor Malfoy, Señor Snape... por favor, pueden tomar asiento en la sala. ¿Desean algo para tomar?
— Esperaremos a que nuestros anfitriones estén presentables —Respondió Lucius Malfoy—. Hemos traído esto.
— Muchísimas gracias. Lo llevaré a la cocina. Si gustan pueden dejar los obsequios en el árbol —Mostró el hermoso árbol de navidad que había sido dispuesto en la sala. Debajo habían un montoncito de cajas envueltas con papel de regalo—. Tomen asiento, por favor, estoy seguro que el Amo Harry estará con ustedes en poco tiempo —Cinco minutos después, los tres invitados no estaban demasiado cómodos en aquella extraña casa. Así que sólo se miraban entre sí, hasta que unos gritos se escucharon desde los cuartos.
— ¡Ah! ¡Dobby! ¿Qué haces? ¡Me estoy vistiendo! —Se escuchó desde la sala, haciendo a Draco reírse, otra vez, sin poder evitarlo.
— ¡Dobby se disculpa, Amo Harry! ¡Dobby Malo! ¡Dobby tiene que castigarse!
— ¡Mierda! ¡No hagas eso! —Un pausa momentánea—. ¡Ah! —Chilló como nena. Todos se estaban preguntado que estaba sucediendo en los cuartos—. ¡No toques allí! ¡Dobby!
— ¡Ah! ¡Dobby Malo! ¡Dobby tiene que castigarse!
— ¡AH! ¡Winky! ¡Salgan! ¡Salgan!
— Así que esta es la casa Potter-Black... —Dijo Lucius, por fin, mirando el área en el que estaban—. Quien diría que Potter y Black, tienen sentido del gusto.
— ¡Remus! ¿Qué haces? —Se volvió a escuchar desde arriba, interrumpiendo la introspección de la Cabeza de los Malfoy—. ¡Remus! ¡Ah!
— Estate quieto, Harry. ¡Así no hay quien pueda!
— ¡Remus no metas la mano allí!
— ¡Estoy haciéndolo lo mejor que puedo! ¡No te estoy manoseando apropósito! —Los dos invitados se miraron entre sí. ¿Qué estaban haciendo esos dos?
— ¡Tienes las manos frías, joder! ¡Ay! ¡Remus!
— Lo siento... Harry, tengo que bajar un poco más...
— ¡NO!
— ¡Te vas a caer!
— Tú aguanta allí...
— ¡Ya está! —Se escuchó luego de un rato.
— Por lo que veo, siguen siendo tan indecentes como siempre... —Concedió Severus, cruzando las piernas, y recostando su barbilla en la palma, mientras Lucius agrandaba los regalos y los colocaba debajo del árbol.
— Me pregunto que estaban haciendo...
— Estaban arreglando una de las luces cerca del techo —Respondió Draco, quien había entrado de nuevo en la sala—. Aunque se escuchaban como si estuvieran teniendo una sesión de sexo forzado...
— ¿Dónde estabas?
— En el sanitario... —Explicó con sencillez, sentándose al lado de su padrino.
— Jamás pensé que Black iba a terminar viviendo en una casa de recursos medios —Siguió Lucius, por tener un tema de conversación.
— A Potter no le gustan las cosas extravagantes —Respondió Draco, recostado en las piernas del adusto pocionista.
— ¡Buenas noches! —Saludó Harry, llegando a la sala, con las mejillas sonrosadas y algo azorado—. Lamento el desastre y la mala organización. Sirius debía haber estado aquí desde hace dos horas... pero... creo que ustedes lo conocen mejor que yo. Y realmente no tengo ni la menor idea de dónde puede estar... esto... Remus se queda con ustedes, yo tengo que arreglar unos últimos detalles de la cena. Y... pondré algo de música —Murmuró, yéndose a donde estaba el reproductor y simplemente le dio play al CD que estaba dentro. Una música instrumental llamada Night Rythms, se oyó por toda la sala.
— Lupin... —Saludó la Cabeza de los Malfoy, cuando el licántropo llegó. Vestido y arreglado. El hombre tenía una ligera camisa blanca de puño y un pantalón de lino marrón grisáceo, mientras una corbata restaban en su pecho con el nudo suelto de manera premeditada.
— Malfoy, Severus, Draco... me sorprenden que hayan venido, realmente.
— Potter realmente nos acosó... —Le hizo saber, Draco.
— Sí, me lo imagino... aunque no sabía que podía ser tan insistente —Admitió Remus, tomando asiento en el mueble contrario.
— Yo voy con Potter... —Avisó el pequeño Malfoy, saliendo de la sala y entrando en la cocina—. Potter.
— ¡Ah! —Soltó asustado el ojiverde.
— ¿Y ahora qué te pasa?
— ¿Tienes que venir silencioso y asustarme? ¡Suerte que no me quemé!
— ¡Ya cállate! ¿Necesitas ayuda?
— ¿Draco-No-Entro-En-La-Cocina-Malfoy, quiere ayudar?
— Olvida... eres insoportable...
— Mira quien fue a hablar —Los adultos pensaban lo mismo. ¿Qué hacían allí?—. Saca la mano de ahí, antes de que me disponga a cortarla...
— Aburrido...
2
— ¡Harry! —Llamó Sirius, entrando a la casa por la puerta, acompañada de una despampanante rubia de excelente delantera y cintura de avispa.
— ¡Apareciste! —Dijo el moreno, con las manos envuelta en unas manoplas de renos y nieve y una bandeja con galletas—. ¿Dónde estabas? ¿Quién es ella? —Se detuvo de pronto.
— Ah... te presento a Alexis Rivera.
— Miranda no dijo nada de esto... ¡Ah! Lo siento... Harry... Harry Potter —Se presentó quitándose las manoplas con los dientes y dándole la mano.
— Hola, lindo, es todo un placer conocer al niño-que-vivió, Cyro habla mucho de ti, eras una delicia cuando eras bebé, ahora eres todo un caballero, pero que descortesía: Alexis Rivera, pero, puedes decirme Lexy...
— Ergh... ajá... —Forzó una sonrisa y miró a Remus, quien decidió volver a su conversación acerca de pociones con Severus—. Yo... tengo que terminar de cocinar... placer conocerte... ¡Remus! ¿Puedes venir?
— Supongo que sí...
3
— ¿Quién es esa? —Preguntó contrariado el ojiverde.
— ¿La resbalada de turno de mi tío? —Respondió Draco, como si aquello fuera algo de todos los días, bastante divertido, sentando en la barra de la cocina donde en noches anteriores había estado sentado Harry.
— Supongo —Concordó Remus.
— ¿Y qué hace aquí?
— ¿Y me preguntas a mí? ¡Ni siquiera sabía que Sirius había vuelto a las andadas!
— ¿Y es... bruja, cuando menos? Bueno, si sabe quién soy para mi desgracia, debe de serlo.
— Obviamente... Sirius no va a ser tan estúpido como para traer a una muggle con Elfos, Lucius y Severus aquí.
— Relájense... —Les dijo Draco. Remus y Harry lo miraron—. Es Bruja... bastante reconocida, en realidad. Es una modelo de la revista Corazón de Brujas. Es prima-tercera de Pansy. Según por lo que he oído, es como Pansy —Advirtió—. Sólo que sin el cerebro.
— Oh no... —Se lamentó el ojiverde.
— No te preocupes, Potter. No está interesada en gente de nuestra edad —Se burló.
— Eso no me hace sentir mejor.
— Lo sé, por eso lo dije.
— Bastardo...
— Voy a regresarme a la sala y evitar que Lucius, Sirius y Severus se maten entre sí.
— Está bien, Rem. Yo voy dentro de unos momentos.
— Potter, tenías que ver tu cara cuando tío Sirius entró con esa mujer... —Le comentó el ojigris una vez que estuvieron los dos solos en la cocina.
— Podía haber tenido la decencia de avisar... —Masculló, sacando una de las variadas bandejas que reposaban en el freezer y metiéndola en el horno.
— Menos mal que no lo hizo... no sabía que tenías la capacidad de ser hipócrita —Harry trancó el horno con más fuerza de la requerida y se volteó hacia su acompañante y le mostró el dedo del medio.
— ¿Por qué no sigues jugando con el horno y me dejas con la espectacular visión de tu trasero? —Evadió con efectividad, el objeto que Harry le había lanzado para injuriarle—. Tsk, tsk, tsk... pensé que habíamos quedado en que tu puntería es por demás deprimente.
— ¡Muérete Malfoy!
— Eventualmente lo haré, Potter, pero primero tengo una agenda que cumplir, y conseguir tus ojos y tu trasero a mi listas de pertenencias es una de mis prioridades.
— Por enésima vez, Malfoy. Aunque estuviese en venta, tú serías la última persona a quién se los dejaría...
— Hieres profundamente mis sentimientos, Potter.
— ¿Es tú "Raison d'Etre" hacerme miserable, Malfoy? —Preguntó el niño que vivió entrecomillando con los dedos.
— Oh, yo no lo llamaría de esa manera, Harry... —El ojiverde sollozó ante la respuesta.
4
Una vez que los elfos tomaron venganza y sacaron definitivamente a Harry de la cocina, alegando que ellos podían encargarse del resto. Todos se encontraban alrededor de la mesa circular, abriendo una botella de vino blanco, charlando, todo lo animadamente que podían charlar.
— Y entonces el imbécil de Longbottom, explotó el caldero —Siguió la conversación Draco, tomando un poco de la copa.
— No fue su culpa, Malfoy.
— Ya sí... ¿Y quién tuvo la culpa, cuatro-ojos? ¡Era una poción individual! —Explicó alzando los brazos para darle más énfasis a la frase—. ¡Ni siquiera tú! ¡Que te anuncio: eres el peor en la clase de pociones, explotaste nada esa vez!
— Ergh... si... um... esto... —Balbuceó Harry—. Si... um... el profesor Snape no nos... acosara. Lo siento, lo siento —Se disculpó repetidamente el moreno—. Retiro eso —Snape sólo sonrió de medio lado, disfrutando el sufrimiento de Potter.
— Pero, si es verdad. ¡Snivellus! ¡Acosas a toda la población estudiantil! —Explicó Sirius.
— Silencio, chucho.
— Severus, mi amigo. En realidad, yo he llegado a pensar que es una extraña parafilia que posees... eso de torturar a toda la población estudiantil —Agregó Lucius, sorpresivamente, preocupado. Colocándole una mano en el hombro. Haciendo que Lupin riera quedamente.
— ¿Esto les parece divertido? —Masculló macabro—. ¡No me hagan hablar! —Sirius rió con fuerza y Remus y Lucius blanquearon.
— En fin, para cerrar, Malfoy... Neville no es tan malo como proclamas... sólo que no funciona muy bien... en pociones con... el profesor Snape —Barajó sin mirar a Draco, con la copa en la mano, buscando las palabras adecuadas al momento—. Además... Nev es capaz de realizar un ¡Patronus! ¡Síp! ¡En realidad, Nev es bastante capaz! —Terminó en su patético intento de defender a su amigo. Todos se sorprendieron (bueno, la conquista de Sirius, estaba fuera de lugar, en esa mesa), cuando, Draco Malfoy sonrió con suficiencia.
—Potter... mírame a los ojos y vuelve a decirme eso —Harry volteó ligeramente sonrojado—. Potter... eres un terrible mentiroso. Ya puedo dejarme de preguntar porque eres tan jodidamente malo con la Oclumancia ¡Además! Tú eres el único ser en este mundo que tendría el aguante y la paciencia para enseñarle a Longbottom a conjurar un Patronus.
— Cuando menos puede conjurarlo —Agregó murmurando.
— Potter —Pidió, colocándole una mano en la cabeza—. Soy perfectamente capaz de conjurar un Patronus, gracias por tu preocupación. Y deja ya de colocarte en evidencia antes de que rompas tu record de nuevo con respecto a tus niveles de rojo —Todos observaron que para ese entonces Harry estaba a punto de humear por las orejas.
— Permiso, Amo. ¿Podemos servir, ya la comida? —Interrumpió Winky.
— Por supuesto, Winky.
— Amo Harry. ¿Exactamente cómo debemos dividir la comida?
— ¿Dividir? —Preguntó Harry extrañado—. No hay nada que dividir Winky. Simplemente es traer las fuentes y ya.
— En serio, Potter. Eres la desgracia de la Nobleza —El moreno miró a Draco con reproche.
— Ja, ja, ja —Rió irónicamente—. Aún puedo dejarte sin postre...
— Uhhh, que miedo, cara-rajada.
5
— Cachorro.
— ¿Qué sucede... S... padrino? —Casi le llama de nuevo por su nombre, estando esa desconocida con él. Todos recayeron en el hecho que habían estado nombrando aleatoriamente a Sirius Black. Aunque, hasta ahora nadie había dicho el nombre, pero, si se les zafaba, por error, no sería bonito, con esa desconocida que Black había traído.
— Sé que nunca tenemos tiempo de calidad juntos, pero, no sé si esta sea el mejor para hablar de esto. ¿Has pensado ya si te vas a quedar definitivamente en Slytherin? —Lucius miró instintivamente a Remus y éste simplemente le devolvió críptico la mirada. Harry bajó los cubiertos con los que estaba cenando—. No me mal interpretes, cachorro. Si tú quieres seguir con las serpientes, eso no hará que te quiera más o menos... es sólo... curiosidad —El ojiverde se removió incómodo.
— Permiso, me tomaré el atrevimiento de responderte —Pidió luego de tomar de la copa burbujeante, Draco—. Potter quiere, la sangre-sucia, perdón —Rectificó sin la necesidad de que Harry hiciera nada—. Granger, le dijo que no había mayor problema. Potter está a punto de sufrir un colapso tratando de adivinar qué pasará en Gryffindor y especialmente qué pasará con esa comadreja —Harry le permitía a Draco decirle a Ron comadreja, dada que la antipatía era mutua—, que tiene como mejor amigo si acepta...
— ¡Guao! ¡Gracias Harry! —Ironizó el moreno, de mala gana. Malfoy parecía tener un poder para leerle la mente, los sentimientos y entrar en lo más recóndito de su alma.
— Potter, tus neuronas no hacen contacto cuando te colocan en tres y dos. Yo sólo muevo los cables para evitar tener balbuceándote por quince minutos antes que sueltes un inconfortable: No sé. Por tu incapacidad en cuanto a tomar una decisión se refiere.
— Malfoy ¿Podrías dejar de torturarme por... no sé...? ¿Cinco minutos?
— No... por ahora trabajo como tu consciencia y yo siempre me tomo mi trabajo en serio, Potter...
— Draco, Harry. Ya basta —Retó Sirius. Y volviendo a sorprenderlos a todos; especialmente a Snape y a Lucius, los dos se quedaron tranquilos.
— Esto... ¿qué les parece si cambiamos de tema? ¿Creen que me podrían decir que Chef cocinó esta comida? ¡Me encantaría contratarlo para la cena de año nuevo! —Desvió nerviosamente Alexis la conversación.
— Yo también iba a preguntar lo mismo antes de que ustedes comenzaran a pelear —Agregó Lucius.
— No contratamos a nadie. Harry cocinó —Respondió extrañado Remus.
— ¿De verdad? —Harry asintió a la pregunta de Lucius.
— Pues, Señor Potter, déjame decirle que tiene usted un talento para cocinar.
— Umm. ¿Gracias? —Murmuró acongojado. ¿El GRAN Lucius Malfoy estaba alabándole su forma de cocinar?
— ¿Quién te enseñó a cocinar Harry? —Preguntó con interés la conquista de Sirius, mirándole juguetona.
— Mi tía —Sirius rechinó el cuchillo contra el plato, retorciéndose, todo el mundo dejó de prestarle atención a Harry para mirar a la Cabeza de la Familia Black. Remus le pateó disimuladamente, aunque él también había tenido que disimular su cara agría—. Pero, está bien. De verdad... —Aquello último había sido dirigido para sus padrinos, y sólo ellos lo entendieron, aunque no estuvieron muy felices de todas maneras.
6
Doce de la noche. Unas campanas resonaron en la casa y Harry brincó de la silla en donde estaba sentado, hablando animadamente con sus comensales.
— Potter ¿Qué mosco te picó ahora?
— ¡Presentes!
— Potter ¿Tienes cinco años?
— Una hora de tregua. ¿Por favor? ¿Por fis, por fis? —Le pidió agarrándole de las manos y mirándole con los ojos radiantes de alegría y esperanza. Era casi como mirar a un niño en su primera navidad consciente de lo que era navidad y lo que ello conllevaba. El pequeño Malfoy suspiró, revirando los ojos.
— Está bien, Harry.
— ¡Gracias, Draco! —Chilló feliz. Cuando el Gryffindor pedía tregua (algo muy malo y con necesidad de consuelo, acontecía). Era costumbre, pasar el switch y llamarse por sus nombres, pero, sólo lo que durara la tregua y nada más.
Todo el mundo se quedó mirando con "la boca abierta" (ningún Malfoy se quedaba mirando con la boca abierta, así que ¡a-callar!). Como de repente, de estar en la animosidad plena, habían pasado a ser los mejores y más cordiales amigos en la historia del mundo, en un parpadeo. Aquello había sido un shock mayor que enterarse que Remus y Lucius, tenían una relación clandestina (pobre Sirius que no se imaginaba que tan relación y que tan clandestina era dicha).
— ¡Yo primero! —Sirius quitó a su ahijado, ganándose una mirada de reproche del mismo y una risita de Draco, mientras que Lucius miraba la escena con una ceja alzada y Severus observaba todo con reprobación, ¿Alexis? ¿Ella qué hacía allí?
— ¡Si... ro!
— ¡No! ¡Yo primero, Harry! —Todos vieron como el hombre cargaba a Harry y lo tiraba en el mueble, sin siquiera importarle que alguien en algún momento alguien se equivocaría con su nombre—. Bien, bien. Este año, todos hemos sido unos niños malvados —Comenzó agarrando su copa de vino—. Juro que mis intenciones no son nada buenas —Sonrió macabro—. Por ello.
— SOB, Ya basta —Le cortó la diatriba, Remus.
—¡No me digas, SOB, RJL!
— ¡Ni siquiera se puede pronunciar R-J-L! Cállate ya, y da los regalos, si tienes algo que regalar...
— ¡Ustedes son los peores amigos que he tenido en todo el universo y como castigo ahora se van a aguantar TODO mi discurso de navidad! —Remus puso cara de horror cuando Sirius sacó un papel y se aclaró la garganta y comenzó a leer el papel—. Primero que todo, quiero agradecer a Chelsea y a Charles, que estén disfrutando en el más allá, y...
— Padfoot, por el amor a Dios...
— Silencio Remus... y que han sido los mejores padres del mundo. ¿Qué hubiésemos hecho Jamesito y yo, sin ellos? ¡Chelsea! ¡Que mujer!
— Por favor, pulgoso, cállate...
— Tú también, teñido, si no quieres que hable —Lucius masculló por lo bajo y tuvo que callarse a fuerza mayor.
— Silencio, Petrificus Total —Conjuró Harry, sacando la varita de la nada y sorprendiéndolos a todo—. Hemos tenido suficiente de ti, Padrino —Haciendo gala de sus poderes y sin siquiera enterarse, movió a su petrificado padrino al mueble—. Bien. Ten, Remus. Padrino tendrá sus regalo de último y no sabemos aún si tendremos esa misericordia —Remus y Harry sonrieron macabramente y Draco rió suavemente, sin poder evitarlo. Lucius y Severus, se miraron entre sí, al ver que Draco volvía a sonreír.
— Gracias Harry —El ojiverde le sonrió radiante. Una vez que el licántropo hubo abierto su regalo.
— Ya sé que no te gusta que gastemos dinero en ti, así que, yo respeto eso. No como otros —Miró a Sirius, petrificado, cómicamente en el mueble. Parecía una estatua del Madame Tusseaux, mal puesta en el sofá.
— Es hermosa Harry. ¿La hiciste tú mismo?
— ¡Sip! Está encantada, para que no te de frío y luego te digo que más hace —Le guiñó un ojo, Remus rió divertido, asintiendo—. Mi pequeña pesadilla Slytherin —Se volteó hacia donde estaba Draco, quién sonrió con superioridad—. Esto es para ti, ábrelo cuando estés sólo. Y lo digo en serio, puedes ir al baño a abrirlo. No, no es nada malicioso.
— Cuando terminemos la repartición, iré. Ay de ti, si algo malicioso sale de aquí. Te recuerdo que tus horas de sueño en la cama que ocupas en Slytherin dependen de mí —Harry le sacó la lengua infantilmente y Draco se bajó el párpado, haciéndole muecas (ah... esas regresiones a la infancia).
— Señor Malfoy...
— Señor Potter.
— Sólo abra el regalo y ya... —Malfoy padre se sorprendió y tomó el regalo de las manos de Potter, y, aún con sus reservas, lo abrió. Sorpresivamente, nada sucedió.
— Potter, sinceramente ¿Cómo estabas tan jodidamente seguro de que vendríamos? —El menor le guiñó el ojo.
— ¿Ves? Te dije que no adivinarías ni aunque lo intentaras.
— ¿Cómo coño iba a saber que ese regalo era para mi propio padre, Potter?
— Ah... ¡Estamos en tregua!
— ¡Pido una anulación momentánea de dicha! —Harry hizo una "X" con los brazos.
— Petición denegada, Draquito. Ahora, sé un buen niño y déjame terminar.
Lucius estaba demasiado entretenido con el regalo para prestarle atención a nada más. Severus también miraba el regalo. Era una especie de cristal rectangular de quince por diez, que tenía algo dentro.
— ¿Es eso lo que creo que es? —Todos se arrimaron un poco más cerca del cristal.
— ¿Es eso un lobo aullando a la luz de la luna? —Preguntó Alexis. Sin darse cuenta, todo el mundo estaba mirando el cristal (sí, inclusive Sirius, estaba mirando el cristal, y estaría gritando de no estar petrificado).
— ¡Lucius Abraxas Malfoy por la sagrada sabiduría de Merlín...! ¡POTTER!
— ¡¿Qué? —Chilló, encogiéndose. El profesor de pociones se repuso y carraspeó.
— Si es tan amable de decirme qué hace el cristal que acaba de regalarle a Lucius.
— Según el libro —Habló Draco en cambio—. Muestra escenarios relajantes para la persona que lo esté tocando. El hechizo dura dos horas, contando desde que la persona lo sostenga.
— Draco aparece en los brazos de la señora Malfoy —El rubio le pegó un cojín en toda la cara—. Miserable —El ojiverde se lo devolvió, fallando miserablemente, por supuesto—. ¡Como si nadie supiera que eres un niño de mamita! —Volvió a sacarle la lengua. Draco volteó la cabeza petulante—. Profesor Snape. El suyo fue un poco improvisado, pero, fue el más fácil de conseguir, aparentemente.
— ¿También? —Soltó el ojigris incrédulo.
— Vamos. Es tu padrino, obviamente que lo iban a meter en el paquete.
— No dejas de sorprenderme.
— Me volveré a tomar eso como un cumplido.
Severus, tenía el regalo en las manos. No tenía nada de ganas de abrirlo... pero, aquello podía ser considerado una ofensa. El paquete podría contener algo particularmente dañino.
— Profesor Snape. Sinceramente, ¿Alguna vez he tratado de jugarle alguna broma pesada? ¿No verdad? Así que, con todo el respeto que se merece. Abra el maldito regalo y deje de confundirme con mi padre, cuando menos desvíelo hacia Si... ro, que está a pocos metros de usted.
— PWNDED —Susurró Remus, mirándole; en sus ojos había un brillo travieso. Casi un "Te lo dije".
El hombre abrió la, relativamente, pequeña caja, y casi no chilla de la sorpresa.
— ¿Es una pluma del ala de un Dandelay? —Susurró desconcertado, tomando la pluma en sus manos como si fuera el cristal más delicado del mundo.
— Me lo debí haber visto venir... —Se quejó Draco, dándose un golpe con la palma en la frente.
— Yep.
— Potter ¿Dónde consiguió una pluma, de uno de los animales mágicos más salvajes del mundo, que además; está extinto?
— Disfrute de la estúpida pluma y no pregunte. Y sí, puede bajarle cuatrocientos puntos a Gryffindor, cuando regresemos.
— Padrino... no quieres saber —Le aseguró el menor de los rubio, colocándole una mano en el hombro. Severus no podía quitarle la vista a la pluma. ¡Tantas pociones importantes que podían hacerse y reemplazar, de una vez por todas el ingrediente una vez que tenía el original!
— Draco, te toca.
— ¿De verdad vas a dejar al tío sufrir TODA la noche? —Curioseó el menor de los Malfoy.
— Sí —Anunciaron en tándem, Harry y Remus.
— Olvidémonos de las cursilerías Gryffindor... tío Severus, padre, ti... ah... lo siento, no se te pueden dar todavía tus regalos —Sonrió malvado—. Y... Remus...
— No debiste haberte molestado.
— Tonterías. Es la tradición.
— Antes de qué sigan —Detuvo Harry, regresando. ¿En qué momento se había ido? Nadie sabía—. Ten —Le cedió una cajita a Alexis—. Sirius no debió traerte sin avisar. ¿Qué si no hubiese hecho suficiente comida? —Regañó mirando a su petrificado padrino. Le cedió un cojín a Draco. Draco reviró los ojos y le tiró el cojín a su padrino—. Pero, me parece horrible que no tengas ningún regalo...
— ¡Oh~! ¡Que bello! —Se tiró a abrazarlo—. No te debiste molestar, cosita. Yo fui quien le pidió a Cyro, venir. Yo vivo en Amsterdam, y tengo que cubrir un evento mañana aquí en Londres. En realidad, estas ya son unas buenas navidades. Pero, jamás me imaginaría que el niño-que-vivió iba a regalarme algo...
— Salud, Potter —Se burló Draco, alzando su copa de Champaña—. Otra más al club de fans —Harry lo fulminó con la mirada. Lucius y Remus, sonrieron con burla y Snape, estiró ligeramente el labio.
7
Draco se sentó en la poceta del baño del cuarto de Potter, una vez que todos los regalos fueron entregado, inclusive los de su tío, quien en venganza los había hechizado a todos y había hablado y hablado por horas. Harry había sido el primero el zafarse del hechizo de control, como siempre; y se había tirado a ahorcar a su padrino, molesto. Al final todo había terminado bien, y tenía que admitir que su tío, daba regalos geniales. Miró la caja que reposaba en sus piernas con curiosidad. ¿Qué podía haberle regalado, Potter, que necesitaba estar solo? Abrió la caja de madera, algo tosca y una luz que lo hizo cerrar los ojos de la intensidad, apareció.
— Mi Dragón, abre los ojos —Draco se quedó de piedra al ver que la voz de su madre, se escuchó resonar en las paredes del baño—. Draco, mi cielo.
— ¿Madre?
— Sí... cielo... soy yo, Narcisa.
— ¿Cómo...?
— Eso tendrás que preguntárselo a Potter, Dragón. Pero, no tenemos mucho tiempo. Antes que nada, hazme un favor y dile al estúpido de Harry Potter que deje de invocarme de la muerte. No que no le esté agradecida, pero, se terminará haciendo daño.
— Yo le pasará el mensaje... —Murmuró embelesado.
— Por supuesto que lo harás, mi dragón...
8
— Potter... —Llamó el menor de los rubios, una vez que la comunicación con su madre se hubo perdido y hubo encontrado al niño-que-vivió.
— ¿Um? —Reconoció el moreno, poniendo las galletas que sobraban en una bandeja para llevarlas a la sala en donde estaban los adultos hablando animadamente. Al parecer la mezcla de la comida de Harry más alcohol ridículamente costoso, hacía milagros con las enemistades.
Harry abrió los ojos con sorpresa aún con el molde de las galletas encima de su cabeza, cuando Draco lo agarró por la cintura, volteándole, para luego besarle de repente. Suspiró, ante los labios expertos y ligeramente alcoholizados de su compañero de cuarto y cuando iba a cruzar los brazos en el cuello del rubio, para dejarle hacer lo que quisiera con él, su cabeza estalló en alertas, recordándole qué era lo que estaba haciendo y el montón de gente que había en la habitación del al lado.
— ¡¿A qué vino eso? —Demandó completamente histérico, deteniendo el beso; sintiendo que la cara le ardía y las mejillas debían de estar tan rojas como el cabello de Ron.
— Potter, tienes que dejar de llamar a mi madre de la muerte —Le susurró en caso de que alguien pudiera estar escuchando, sosteniéndole del brazo, para evitar que huyera—. Pero, los dos te estamos inmensamente agradecido por lo que hiciste —Una nueva intensidad de rojo, apareció en las mejillas y las orejas del pelinegro—. Mi regalo no le hace justicia a lo que acabas de hacer por mí. ¿Qué quieres a cambio?
— Co... come una galleta, Malfoy —Balbuceó metiéndole una galleta en la boca, abochornado y azorado—. Lo hice porque quería. Y... yo... esto... Sirius... ir... umm... —Carraspeó y tragó, huyendo por fin.
Draco se quedó de pie, en la cocina, con la cabeza ladeada, mordisqueando la galleta. Se pasó la lengua por los labios. Harry en cierta manera, sabía cómo aquella galleta. Esponjocito, dulce pero no empalagoso, mucha vainilla con un ligero toque picante y sedoso. Sí, él podía decirse que tenía la piel tersa... pero, Harry tenía piel de bebé, virgen; tal vez. Lo peor de todo es que el estúpido Gryffindor no hacía nada en especial para tener semejante textura en ella. Sus labios, eran cálidos y a pesar de poseer tendencias finas, eran carnosos, lo cual era una cualidad rara y exquisita en los humanos. Se mordió el labio inferior. Ahora iba a tener que cargar con su karma y esperar una nueva oportunidad para mordisquear a placer los labios rosáceo del niño-que-vivió.
9
Harry se había sentado en el gran piano vertical que estaba en la sala y había comenzado a tocar canciones aleatorias relativas a la navidad.
— No sabía que podías tocar el piano —Habló Draco, sentándosele al lado. Todo el mundo pareció dejar la conversación para prestarle atención a los dos adolescente. Harry sólo sonrió, sin dejar de tocar con los ojos cerrados.
— No es como si hubiera un piano en Hogwarts. Tenía siglos sin tocar, en realidad.
— Pues, no tocas nada mal.
— Viniendo de ti —Bromeó, mirándole con los ojos chispeantes.
— Yo conozco esa. Boys get discovered as winter melt —Canto entonado Draco en el momento que esa estrofa comenzó—. Flowers competing for the sun... years go by and I'm here still waiting. Withering where some snowman was... —Harry detuvo la melodía y le volvió a mirar—. ¿Qué...?
— A mí no deja de sorprenderme que tú sepas cantar.
— Bah, todos los Malfoy nacemos con voz para hacerlo —El ojiverde rió alegre y libre y prosiguió con la canción.
10
Harry y Sirius sacaron las varitas, colocándose en posición de ataque al sentir que las barreras de la red floo se perturbaban.
— ¿Qué sucede? —Preguntó Lucius sacando su varita. Todos siguieron el ejemplo.
— Alguien trató de entrar a nuestra red floo, sin permiso ni invitación —Comenzó a explicar Harry—, pero, creo que fue por equivocación y lograron desviarse a tiempo.
11
— ¿Qué dices?
— Ergh... pensamos que no había sucedido, pero... es que cuando alguien trata de perturbar las barreras, la red floo se bloquea por algunas horas para evitar más ataques...
Eran las dos de la mañana y los comensales, se disponían a irse a sus casas, cuando ni siquiera pudieron entrar a la chimenea. Lucius y Severus tenían una cara graciosísima, de incredulidad. Alexis rió tontamente, ante las caras. Draco se había sentado en el mueble, sabiendo lo que sucedería...
— ¿Podemos salir por la puerta, no?
— Estamos en un condado anti aparición... —A Sirius le estaba comenzando el tic en el ojo, al ver por dónde iba la situación.
— ¿Sirius? ¿Qué pasa? —Preguntó el ojiverde saliendo de su cuarto, ya cepillado; sin lentes, bizqueando como nunca, y con su pijama de snitches voladoras—. ¿Todos están aquí todavía?
— Las barreras se activaron.
— Oh, mierda.
12
— ¿Pero no puedes hacer una excepción? —Negoció Harry con el guardián de las barreras de la casa, que resultó ser una serpiente, encima de la repisa de la chimenea. Nadie le quitaba la mirada de encima al Gryffindor, puesto que estaba hablando en parsel. Lucius y Severus, estaban fascinado ante lo normal y realmente atractivo que se oía el parsel en los labios del niño-que-vivó. Remus y Sirius, estaban resignados. Alexis había sido calmada por Sirius. Y Draco bostezaba, sin interés. Potter se la pasaba hablando en parsel a cada rato en Slytherin, ya no era novedad—. ¿Por fis? —Le rogó.
— No pequeño hablante. Mañana a las diez de la mañana es lo máximo que puedo complacerte.
— Pero...
— Ve a dormir. No me vas a hacer cambiar de opinión —Le soltó bruscamente.
— Pero que humor —Se quejó, mirándolo con rencor, la serpiente lo ignoró—. En fin, lo máximo que puede hacer es abrir las barreras a las diez de la mañana. Y alégrense porque el efecto de lock-on es de doce horas...
— ¿Tenemos que dormir aquí? —Preguntó esperanzada Alexis.
— Al menos que quieras llamar un taxi y correr la suerte de que te conteste. Las barreras no permiten trasladadores tampoco. Especialmente de adentro hacia afuera.
— ¡Vamos adormir de una buena vez! —Se quejó Draco de mal humor. Él quería dormir y sabía que eso iba a terminar sucediendo una vez que su tío explicó lo de las barreras. No por nada aquel era el sitio donde residía, el niño-que-vivió.
13
— ¿Entonces quedamos así? —Reiteró Harry luego de muchas peleas e inconformidades—. Remus y el señor Malfoy, dormirán en tu cuarto. Alexis y Cyro, lo harán en su respectivo cuarto. Profesor Snape, usted utilizará mi cuarto para dormir, y Draco y yo dormiremos en el sofá-cama de la sala. Y lamento esto, jamás pensé que se iban a bloquear las barreras por un error, tengo que enmendar eso.
— ¡Como sea! ¡Largo! ¡Quiero dormir! —El rubio ya había arreglado el sofá-cama. Todos lo miraron sorprendido, Harry sólo rió tontamente. Se desearon buenas noches y se dirigieron a sus respectivos lugares de descaso.
14
Draco parpadeó, al sentir que el sol le pegaba demasiado fuerte en la cara y un delicioso olor a baicon y café inundó sus fosas nasales. Se estiró perezoso y se levantó, encontrándose en un ambiente ligeramente desconocido, aunque inmediatamente recordó que era la sala de la casa de Potter, su tío y el lican... Remus.
Se levantó, dirigiéndose al a cocina. Harry estaba con su ridícula y holgada pijama azul de franela con snitches voladoras, con un delantal blanco y descalzo, moviéndose con destreza en la cocina, preparando el desayuno. Bostezó, Potter tenía demasiadas fuerzas en las mañana.
— Buenos Tardes, Draco. Feliz Navidad —Le deseó el moreno con una linda sonrisa y el usual rubor rosáceo en sus mejillas. El ojigris desvió su mirada hacia el reloj de la cocina. Eran las dos de la tarde.
— Um~ —Devolvió con flojera, rascándose la cabeza. El delantal del moreno tenía escrito "Papá en la cocina". Eso lo hizo sonreír—. Feliz Navidad, Potter.
— ¿Cómo te gustan los huevos, fritos o revueltos? Es que como en Hogwarts sólo los hacen revueltos. Hay tostadas francesas, jugo de naranja y tostadas normales con mantequilla y mermelada.
— Me gustan escalfados.
— Oh, esos también lo sé hacer. ¡A Sirius también le gustan! A mí revueltos me van...
— Tan simplón como siempre —Le molestó el rubio.
— ¿Es que te quieres quedar sin desayuno? —Le amenazó.
Lucius había huido de la cama de Remus, al momento en el que se despertó al ver que había amanecido abrazándolo, otra vez. Se desordenó el cabello, frustrado, escondido como estaba en el baño. ¿Qué le pasaba, por la sabiduría de Merlín? Suspiró profundamente, se miró en el espejo, se arregló la trenza con la que normalmente dormía si no estaba muy cansado para trenzarse el cabello, y salió del baño para encontrarse con la escena más bizarra que había vivido hasta ahora... Draco estaba en la cocina tratando de hacer huevos escalfados con la ayuda de Potter.
El olor del desayuno le llegó de lleno, haciéndole sonar las tripas. Je, como siempre decía, ni en sus más atrevidos sueños, habría ayudado a colocar la mesa, mientras tomaba un vaso de jugo al lado de su hijo quien cocinaba con Potter, para que luego Severus apareciera despistado. El hombre no era nada mañanero si no había nada importante que hacer, siguiéndole de cerca Remus con una taza blanca con la silueta de un lobo y una luna detrás (llena de chocolate) aún en pijama y por último, Sirius con una sonrisa lobuna plastificada en la cara con su brazo rodeando la cintura de su conquista de turno.
TBC
