El misterioso hombre de gris se sentía afortunado:

su trabajo no era sencillo, pero si fácil. No era lo mas complicado era seleccionar a las personas adecuadas, (cualquier chiquillo paseando a su perro, por ejemplo) sino convencerlas de que no era un loco: estaba deseando que el pichu evolucionase a pikachu. Entonces el maldito animal sería mas fácil reconocerle, y podría usar ataques eléctricos.

En este sentido es cuando se sentía afortunado: tenía un compañero al que le habían rociado con spray antivioladores, mientras que él, dirigiéndose hacia un negocio seguro, se había encontrado con una clienta espontánea por el camino: una niña de pelo corto, castaño, liso, con pecas, que paseaba a una perra de raza labrador llamada Nala. Había sido sencillo: la niña le había pedido un vúlpix, o mas concretamente "ese zorrito de fuego que se vuelve grande y blanco"

siempre llevaba uno o dos encima: tenían mucha demanda.

Se encontró en la puerta con un grupo de tres chavalas con uniforme escolar. (camisa blanca y minifalda tableada) después de esperar un rato se acercó a ellas. Tal vez haría tres negocios en uno.

-Perdón- dijo, procurando parecer simpático, pues no quería que lo rociasen con spray de pimienta

-busco a una chica llamada Minako, que busca una mascota. ¿es alguna de vosotras?

Las tres se miraron entre ellas. Una dió un paso al frente. Tenía el pelo un poco mas largo que por los hombros, castaño ondulado, y con unos enormes ojos castaños.

-soy yo.

El hombre de negro evitó mirarla de arriba a abajo (o mas bien a sus piernas, por el bien de su negocio) y se sacó de la manga el famoso pichu. Extendió la mano y esperó que ella reaccionase.

Minako se lo quedó mirando de solsayo.

-adelante, sin miedo. ¿sabes lo que es?

Minako lo cogió y lo acaricio casi como ensimismada no se creía que fuera real. También se le hizo muy extraña la sensación de que tuviera colmillos un animal que mas bien parecía un roedor.

Tenía mandíbula de gato.

-si quieres puedes elegir también...

-¿es auténtico?

-¿eh? ¡si! Si, desde luego...¿cómo te lo puedo demostrar?

-¿puede soltar rayos?

-¿c-como?

-que si puede usar auténticos ataque eléctricos. No pienso comprarle una chinchilla teñida a precio de oro.

-...ah, eso...p-pues...-lo cierto es que cuando los pichu usan ataques eléctricos aún no están bien desarrollados, y se autoelectrocutan, pero tenía que pensar en su negocio: al bicho no le pasaba nada por recibir un calambre. Con un poco de suerte le haría evolucionar antes.

-¿y si te da calambre?

-...mientras no me haga daño, está bien.

El hombre de gris le ordenó al animalito que usara el ataque chispa. No le desovedeció, si bien es cierto que chilló de forma lastimera entre las manos de Minako, que sintió la corriente eléctrica, como un escalofrío ardiente recorriendo toda su piel a la velocidad, nunca mejor dicho, del rayo.

-bien, ahora, debes saber que...- volvía el hombre de negro a sus negocios, pero se vio interrumpido una vez mas.

-Si no se estropea con el agua me lo llevo

puso los ojos en blanco. Decidió que a partir de ahora llevaría al pichu metido en una pokeboll. Así era mas fácil creer que fuera real: una chinchilla teñida no puede materializarse en tus manos.

El bichejo agradeció el chorro de agua fresca que una de las chicas le echó encima. La muchacha discutió un buen rato con sus compañeras: no sabían si llevarse ellas también uno o, en tal caso, cual llebarse. Cuando Minako supo que podía escoger un digimon lo dudó aún por un rato, pero mientras le daba su teléfono móvil al desconocido, que lo conectó a un portátil no pudo evitar pensar en aquel entrañable personaje que era gatomón.

Hablando de gatos; esa misma tarde Mario bajaba a regañadientes las escaleras y se dirigía al cubo de basura cargando con una bolsa de arena para gato usada hasta tal punto que el propio gato no la quería seguir empleando.

"si no le limpias la arena al gato, no puede haber gato en esta casa" lo había amenazado su madre, una vez mas. El muchacho refunfuñaba pensando que si bien su amada mascota podía escaparse cada dos por tres también podría hacer sus cositas fuera. O ser como uno de esos gatos que aprenden a hacer sus necesidades en el báter.

Se vio obligado a hacer fuerza para lanzar la bolsa dentro del cubo, levantándola bastante, y tragando mas polvo de lo que hubiera deseado. Procuró no pensar en el asco que le daba.

-jejeje...supongo que ya ha crecido ese gatito tuyo que recogiste hace algún tiempo de la calle, ¿no?

-...¿como lo sabe? ¿quien es usted?

-yo...soy quien te trae...una sorpresa muy especial...

Mario se volvió por completo de la arena, el gato y todo lo referente en cuanto vio al pichu aparecer de la nada, materializándose de aquella nube roja. El hombre de negro sonrió, preguntándose por qué no había usado el truco de la pokeboll desde un principio.

Había hecho seis negocios en un día. Desde luego, tenía mas suerte que sus compañeros.

Yo estudiaba en el ordenador...(¡bendita wikipedia!) o mas bien trataba de estudiar. La historia de la música nunca había tenido tantos registros de plaga de gatos desde...la vez que hice el trabajo de literatura. A mi gata le encanta rebozarse por el escritorio cuando estoy trabajando. Especialmente ahora que, sospecho, pronto contribuirá a la continuación de su especie.

"Wolfang Amadeus Mozart, nació el día 27 de enero de 1756, cuando una enorme masa de pelo aterciopelado negro se restregó por mi cara...y no es que sea alérgica, pero tienes el pelo muy lacio ¡y ahora me pica la nariz!"

"...Murió el día...5 de diciembre de 1791, coincidiendo con la famosa marejada de pelos de gato que...¡ya te bale jopé!"

"Su obra abarca todos los géneros musicales de su época y alcanza más de seiscientas creaciones, en su mayoría reconocidas como obras maestras, logrando una popularidad y dif..."

¿eing? Demasiado rato llevaba Medianoche ya sin chincharme... aparté la vista de mi trabajo por un segundo, (haciendo un gran sacrificio) para mirar al gato.

Medianoche estaba estática, con el cuello estirado, al borde de la mesa, mirando a algún punto fijo de mi cuarto...

-...¿Medianoche?- pregunté. Entonces oí un ruido seco: el huevo que había escondido entre los peluches de mi cama había rodado (¡él solo!) hasta caer de la cama, y ahora giraba sobre sí mismo, de forma extraña, como un tententieso, hasta quedar recto y en perfecto equilibrio.

Me quedé de piedra mientras Medianoche se agazapaba un poco, sin dejar de mirar, preparada para saltar de la mesa en cualquier momento y huir por su vida y la de sus futuros pequeños.

El huevo se rompió como lo haría un huevo kinder. Por la mitad, exactamente. No tardó nada, como habría pasado con un huevo real, y no quedó ningún rastro de viscosidad. Solo los pedazos del cascarón, y una cosa rarísima en medio.

Me arrodillé a medio metro de él. Parecía una bola de carne y piel, cubierta por pelusa, como un hámster de unos días. De color amarillo tostado, con dos manchitas triangulares sobre las cejas.

Entonces abrió unos ojos castaños enormes, todo ellos pigmentaciones, rasgados, como los de un gato. Di un vuelco (no lo pude evitar) pues era todo cabeza sin patas ni nada, medio pelón, y de repente habían aparecido allí dos ojos enormes como los de un gato, (pero grandes de verdad) y castaños. Ahogué un gritito, y el "bicho" abrió una boquita chillona, asustado, y salió corriendo (reptando) hasta esconderse debajo de una cama. Cuando me atreví a mirar...me enternecí.

Apretujado contra la pared, como si quisiera fusionarse con ella, escondido tras la pata de la cama, aquel loquequieraquesea temblaba como una hoja.

-tenéis que venir a mi casa...no. Hoy mismo. Te aseguro que vale la pena...

-¿pena? ¡pena pollo!

Mario acarició la cabecita sin pelo de aquella especie de medusa terrestre con boquita de piñón y ojillos todo pupila. No hablaba, definidamente; pero se entretenía siguiéndole a todas partes, lloriqueándo lágrimas de cocodrilo cuando no podía superar un obstáculo para llegar hasta él, y repitiendo como un loro las palabras que mas le llamaban la atención.

-No, en serio, me ha pasado algo realmente...tenéis que venir. Es lo mejor que te puede pasar.

El animalito se acurrucó en su regazo y olfateó su mano, pera luego darle un par de lametones y repetir en tono jugetón "¡puedepacha!"

-...guay...pues eso...nos vemos mañana. Vais a desear haber visto esto antes.

Con mimo, colocó al animalito en la cesta de su gato, que ya estaba allí durmiendo, y cuando olfateó al bichejo no pareció gustarle, pero le dio exactamente igual. Ya se acostumbraría. Ahora que lo tenía a él, realmente se sentía capaz de atravesar la pantalla de su portátil. Y aunque no pudiera, estaba emocionado. No lo cambiaría por nada.

Le dejó durmiendo y se fue a la cama. No había dormido ni hecho los deberes, y a eso de la una y media de la madrugada estaba rendido.

Cual sería su sorpresa cuando, ni cinco minutos después, pollomón lloriqueaba al borde de la cama, llamándole. Había venido hasta allí a saltitos.

Mario estaba tan cansado que apenas se daba cuenta de aquello. Bajó la mano hasta él, y la subió de nuevo al colchón. Pollomón se acurruchó en su pecho hasta que se quedó dormido, hipando.

Al muchacho no le importó que fuera llorica, indefenso o raro. Le gustaba tal como era, sobre todo por lo mucho que le hacía reír en modo "loro"

Estaba dispuesto a cualquier cosa, pero no sabía lo que aquello significaba.

En la pantalla superior que antes era mi DS, ahora parpadeaba un nuevo rótulo pixelado.

"ESTADO" lo cogí y le dí a uno de los botones, para probar. En la pantalla apareció un dibujo con forma ovalada, y una espiral en el centro. Parecía una huella dactilar. Sospechándome su utilidad coloqué mi impronta contra aquella y, sin quererlo, di otro vuelco.

Ante mí, a unos centímetros de la pantalla se extendió una luz con forma de pantalla, azul, flotando bajo mis narices.

Estado:

Ukimon

Digimón zorro nivel bebé

tipo electrónico

su ataque se llama "fallo de cálculo"

había una opción para cerrar la pantalla. Apareció una especie de índice: estado, fecha, configuración, Internet, conexión, base de datos…

jugueteé con él un rato: era mucho mejor que una DS.

Entonces me fijé: después de dejar junto a la cama una loncha de jamón y un plato con pienso y comida de lata caliente mezclados, ¡poco había tardado el pequeñajo en salir de su escondite! Me lo quedé mirando de lejos, y se me escapó una sonrisa: a primera vista daba un poco de grima. ¡pero también era adorable!

La madre de Lucía se quedó de piedra cuando abrió la puerta del cuarto de baño, y creyó ver…un pingüino, chiquitín, de color azul grisáceo, en una bañera llena de hielo.

-¡Mamá cierra la puerta!- gritó la adolescente. En un acto reflejo, ella cerró, pero se lo pensó de nuevo y abrió la puerta.

Su hija se estaba bañando sola, con hielitos flotando a su alrededor.

-¿Por qué no has llamado antes de entrar?

-er…-ella dudó un poco- jo, hija. Que modositos sois los adolescentes. Anda que no te habré cambiado pañales yo. Por cierto, est…¿estas bañándote con hielo?

-ajá. Tonifica los poros de la piel. Mañana baño de vapor para abrirlos.

-…ah…já…¿y…y…?

-¿y? ¿Qué pasa, mamá?

-…nada hija es que…¿no había un pingüino?

La niña puso cara de poca paciencia.

-Muy graciosa, mamá. ¿me cierras la puerta?

-…ah…si, cariño. Que disfrutes tu baño de…he…hielo.

En cuanto se quedó sola, Lucía soltó por lo bajo un grito, propio de la hipotermia. Salió corriendo de la bañera y se hechó por encima un albornoz.

Se había tenido que quitar la camiseta corriendo y saltar al agua helada para que su madre no se fijara…en el pingüino que se escondía tras los albornoces.

-¡…brrr! ¿cómo puedes tu con esto?

-¡Piplup!- fue lo único que contestó su nueva mascota.

Escritora2:

Siento de corazón no haber publicado antes: procuraré hacerlo mas a menudo a partir de ahora, ¡pero es que no comentabais ninguno! Incluso Esther, a quien conozco personalmente, fue una de las primeras en enterarse de todo esto, y aún no ha comentado…claro. Por la que mas lo siento es por Lucía, que pensaba meterla en el capítulo 3, junto a Esther, y como ha comentado antes…¡he tenido que improvisar! Tened paciencia, sobre todo al principio, que os tengo que ir colocando a todos…

El próximo capítulo será mas emocionante, ¡lo prometo!

¡pero tenéis que comentar!

Preguntas del capítulo:

Tanto si tienes un digimon como un pokemon:

1-tu pequeño ha roto el cascarón, crece de forma portentosa y se ha ganado tu cariño.

¿Hasta que punto le coges cariño?

¿Qué personalidad le pega?

2-alguien intenta hacerle daño. Es una fierecilla, pero aún es pequeño para defenderse y deende por completo de ti.

¿Qué harías por él?

y si no eres capaz de defenderlo, ¿dejarías que un desconocido te lo quite o le haga daño o harías lo que fuera por defenderlo?

En cuyo caso…¿Qué harías?