Buena tarde, gente! ¿Cómo han estado?

Bien, aquí les caigo con el epílogo de este twoshot. Sé que la historia estuvo hipercorta al igual que este epílogo, pero tal vez la idea se desarrolle en un futuro :-).

Sin más qué decir... Ea! No, esperen! Ya me acordé: Hay una encuesta en mi perfil sobre qué pareja les gustaría leer en un próximo fic o en un futuro fic. Hace rato que quería mencionarlo (de hecho, desde que creé esa cosa hace un mes). La encuesta se cerrará este domingo, así que aprovechen y voten lo que queda de este fin de semana.

Ahora sí, les dejaré con el final un tanto cursilón de esta historia.

Saludos!

Vicka.


Epílogo.

Mark estaba sentado en la ventana.

Esperando el momento en que amaneciera, el convicto tomó un sorbo de café que él mismo había preparado para desayunar; a su lado había un ramo de rosas rojas, sus flores favoritas… Y las de Stan.

Llevó una flor a su nariz para aspirar el dulce olor y sonrió al volverse hacia el joven Marsh, quien estaba completamente dormido encima de la colchoneta; verlo con una sonrisa en el rostro hacía que Mark sintiera un enorme gozo en el alma. Sabía que pronto tenía que dejarle para regresar a la prisión y terminar de cumplir su condena, de la cual ultimadamente le faltaban un año tres meses, tiempo que bien pudo haber tolerado de no haber sido por el tedio y el fastidio de estar viendo las mismas caras los 365 días del año.

Se levantó y, con lentitud, se acercó a Stan.

Sentándose a su lado, colocó el ramo a lado del joven durmiente y le acarició tiernamente la espalda y los glúteos con la flor que tenía en la mano. El chico, por su parte, gimió un poco en respuesta a aquella caricia. Mark, instintivamente, se inclinó hacia él y empezó a besarle el cuello con suavidad; Stan empezó a sonreír y, abriendo los ojos, le dijo:

- Buenos días.

- Buen día – le respondió Mark mientras rozaba sus labios con los del Marsh -, bueno, casi buen día. Aún no ha llegado el Sol.

- ¿En serio? – inquirió Stan mientras se incorporaba y rodeaba el cuello de Mark con sus brazos.

- Sí…

Pasaron algunos minutos de silencio hasta que Stan, por curiosidad, le preguntó a su pretendiente:

- ¿Y qué harás ahora, Mark?

El aludido, con una sonrisa, le respondió:

- Bueno… Decidí regresar a la prisión a terminar de cumplir mi condena.

Stan se sorprendió y le preguntó:

- ¿Regresarás a prisión? ¿Por qué?

- Ehmmm… Técnicamente, bueno, se supone que me faltaba un año y tres meses para que pudiera ser libre por completo, pero, como ves, estar en prisión mucho tiempo enloquece a uno y… La verdad… Quería tener una probadita de libertad, quería… No sé, irme del país para poder gozarlo con mayor plenitud, empezar desde cero… Pero eso puede esperar… Más bien, creo que todo eso se va al carajo porque… Te conocí a ti…

Marsh, con una sonrisa, abrazó a Mark con fuerza mientras que éste añadía:

- Y quisiera conocerte un poco más… En serio quiero hacerlo… Y espero tener la certeza de haber elegido a la persona correcta que sé que podrá aguantar un año o un poco más y ser la primera en recibirme…

- Lo haré – aseveró el pelinegro menor mientras se separaba de su nuevo pretendiente-. Te esperaré… Mejor dicho, te visitaré en la prisión… Aunque claro, no sé cómo reaccionarían mis amigos ante la buena nueva de que… Tengo un nuevo pretendiente y que… Bueno, probablemente sea bisexual al igual que tú.

Ambos rieron; Mark le plantó un beso en la frente y susurró:

- Te amo…

- Yo también – respondió Stan con una sonrisa-... Pero quisiera hacerte una pregunta, Mark.

- Dime.

Stan se separó de su compañero y añadió:

- ¿Desde hace cuánto tiempo que estás en prisión?

- Desde hace dos años. Mi condena fue… Perdón, son tres años en prisión. El delito que cometí fue un simple robo a mano armada en un banco.

- ¿Sólo robaste un banco? ¿No… No violaste y… O mataste gente, como dicen en la televisión?

- ¡¿Estás bromeando? ¡Por supuesto que no! Por violación y asesinato me habrían dado hasta 15 o 20 años de prisión, Stan. Si ellos dijeron eso en la televisión fue para dar publicidad y una buena imagen a la partida de inútiles que conforman el cuerpo de la policía, aparte de que así las cadenas televisivas tendrían mayores ganancias de rating. Un simple ladrón no capta ni puta madre de atención del público, en cambio un asesino o un violador sí.

- Cielos…

- Además, la razón por la que cometí ese robo fue para pagar la operación de mi abuela.

El menor se quedó sorprendido mientras que el convicto añadió:

- Mis padres fallecieron en un accidente cuando tenía cinco años; mi abuela materna fue la única persona que se hizo cargo de mí proveyéndome amor, calor de hogar y educación. Ella de hecho aceptó mi bisexualidad… Y por ella asistí a la escuela de leyes en Harvard.

- ¡¿Eres abogado?

Mark asintió.

- No obstante, de cinco años para acá, ella enfermó de leucemia; habían conseguido el trasplante para poder operarla, pero por desgracia la operación era demasiado costosa tratándose de una enfermedad grave como ese tipo de cáncer en la sangre por más que juntase el maldito dinero para pagarlo. Un día, decidí obtener el dinero por la vía fácil; Naruto, quien es ingeniero en electrónica por cierto, se ofreció a ayudarme a planear el robo… Todo estaba saliendo según lo planeado, Stan. Todo salía tal y como se planeó… Hasta que de un momento a otro llamaron a mi celular desde el hospital para informarme de que mi abuela había… Había fallecido de una complicación en su enfermedad.

Unas lágrimas brotaron en los ojos; Stan, conmovido, abrazó a su pretendiente con fuerza y le dijo:

- Lo lamento… No pensé que estuvieras en prisión sólo por ayudar a tu abuelita.

- No hay porqué lamentarlo, Stan. Sé… Sé que ella está en un lugar mejor… Sabiendo que lo que hice fue sólo para tratar de comprar unos años más de su vida… O al menos un año más…

Stan cerró los ojos mientras que Mark lo rodeaba con sus brazos y lo mecía a la par de que veía que ya estaba saliendo el Sol…

Y con él, el inicio de una nueva etapa en sus vidas.


- ¿Así que regresarás a la prisión? – inquirió Gary mientras que Naruto se ponía los pantalones y su camiseta.

- Sí – respondió el rubio mayor -. ¿Sabes? Eso de salir del país sin tu mejor amigo es como irse a otra casa después de que te sacaran a patadas de tu propia casa. Además… Ya tengo a alguien que me podría aguantar un año y medio de espera.

- ¿En serio? ¿Quién?

Naruto se echó a reír y, con una sonrisa de oreja a oreja, revolvió el cabello de Gary y le respondió:

- ¿Quién más podría ser, mi pequeño mocoso adorable? Tú.

Gary se sonrojó mientras que Naruto añadía:

- Eres mi mejor amante. Digo, me he revolcado con muchas viejas, pero tú… Tú… Tú tienes algo especial. Algo que te impulsa a hacer cosas que uno ni siquiera se puede imaginar. Algo que hace que me ponga duro y te folle como loco.

- Uhmmm… ¿Gracias? Digo, tú y yo no somos maricas, ¿recuerdas?

- Pero bien que nos gustó el condenado asuntito.

- Uhmmm…

- ¡Oh, vamos, Gary! ¡Admitámoslo! Hemos cogido como locos dos veces en una sola noche; una primera y tal vez última vez sería un desliz, pero dos veces en un solo instante indica que te gustó… ¿O me equivoco?

Gary no podía objetar al respecto, ya que Naruto tenía mucha razón en ese punto; con una sonrisa en los labios, se levantó del lecho y abrazó a Naruto por detrás. El rubio mayor, con serenidad, puso ambas manos en las de Gary mientras éste hundía su rostro en la espalda y susurró:

- Creo que esto significa que tú y yo estamos juntos… O tal vez signifique que no somos más que compañeros de sexo ocasional…

- Somos lo primero.

Gary sonrió y se sonrojó.

Somos lo primero.

¿Quién lo diría? Aquello era una prueba clara de que había hallado a alguien con quien compartir las horas más felices y las horas más tristes de su vida. Había hallado a alguien a quien espera conocerle un poco más y ver qué tan compatibles eran, pero mientras eso sucediera, decidió que ambos disfrutarían cada momento que estuvieran juntos, sea en las visitas en prisión o en plena libertad.

Naruto, por su parte, pensaba en lo extraña que era la vida.

Él, un ingeniero en electrónica que solamente apoyó a su mejor amigo en los momentos más oscuros de su vida, había hallado su cielo personal en la figura de un chico que era ocho años más joven que él.

Al carajo con las leyes, pensó el Uzumaki mientras se despedía de Gary con un beso tierno en los labios, él y yo estamos juntos. ¿Quién sabrá si nosotros resultamos ser almas gemelas? Digo, no estaría de más vivir el momento que tengamos… El momento que nos haga felices tanto al uno como al otro… De todos modos, creo que… Esto funcionará.


18 meses después.

Stan, Kyle, Cartman, Kenny y Gary caminaban hacia la entrada de la escuela; charlando sobre las materias que veían en el presente curso escolar, los cinco jóvenes de 18 años estaban felices de que pronto se graduarían de la preparatoria e ingresarían a la universidad el año que viene.

Stan, quien era el más feliz de los cinco, estaba ansioso por mandar solicitudes a las escuelas de Ciencias Sociales de la Universidad de Los Ángeles o de la Universidad Estatal de California. Sus razones eran francamente conocidas de sobra por los otros cuatro, razones que tenían nombre, apellido y hasta dirección.

Cuatro meses atrás salieron de prisión Mark "Romper" Stomper, la nueva pareja de Stan, y Naruto Uzumaki, el compañero sentimental de Gary. Naruto había decidido quedarse en South Park para poder estar con el menor hasta el término del curso escolar, ya que ambos habían planeado mudarse a Boston, en donde Gary estudiaría ingeniería en electrónica mientras que Naruto abriría un negocio de diseño de software.

La familia de Gary se opuso en un principio a que su hijo mantuviera una relación sentimental con alguien como Naruto, pero tiempo después acabaron por aceptarlo al ver que era inútil convencer a su querido hijo de que deshiciera su relación con el Uzumaki.

Por su parte, Mark había decidido irse a Los Ángeles a conseguir un departamento, ya que un viejo amigo suyo le ofreció trabajo en una prestigiosa firma de abogados. Stan y él se comunican constantemente via telefónica e incluso el joven ex convicto viaja a South Park a visitarle.

La noticia de su status sentimental no cayó muy bien a Kyle, a Kenny, a Cartman ni mucho menos a Wendy, quien le objetaba que cómo era posible que se fijara en alguien con un pasado turbio como Mark; Stan mandaba al carajo las opiniones de la pelinegra al rebatirle de manera inteligente con la pregunta "¿Y tú cómo puedes fijarte en esa bola de manteca?", refiriéndose a Cartman, su pareja actual.

No obstante, si la pelinegra protestaba y objetaba al respecto, los padres de Stan se llevaban el premio mayor en el rubro.

Desde que se enteraron de que su hijo tenía una nueva pareja, que además era un varón ocho años más grande que él y además un convicto "peligroso", se pusieron histéricos. De hecho, el joven tenía que aguantar hasta a su propia hermana, ya que no paraban de gritarle y recriminarle de que había perdido el juicio o que era un pobre pendejo desesperado.

Incluso le rogaban que deshiciera inmediatamente su relación con Mark, pero Stan no cedió y, para hacer el asunto más serio todavía, resolvió mudarse a casa de Kenny hasta que Mark saliera de prisión y se estableciera firmemente.

- Stan – llamó Kyle.

- Hey.

- Ayer mi mamá se topó con la tuya y me comentó que ella estaba preocupada sobre tu mudanza a Los Ángeles.

- ¿Y?

- ¡¿Cómo que "y"? – exclamó Kenny al escuchar aquella réplica tan tranquila del pelinegro - ¡Viejo, tus jefes están requetepreocupados!

- Les preocupa que yo me vaya a Los Ángeles a estudiar la carrera que me gusta y que me quede a vivir con la persona que quiero – espetó Stan -, y no que estudie en Denver con ustedes y que esté con una chica.

- Stan, son tus padres – argumentó Gary -. Tienen derecho a preocuparse.

- Lo sé, pero no tienen derecho a decidir qué hacer con mi vida amorosa y con mi futuro.

- ¡Con un carajo, Stan! – exclamó Cartman - ¡Eres un jodido desconsiderado con tus padres!

- ¿Y a ti en qué te afecta, culón? Tú tienes a Wendy y eres feliz con ella. Además, tú tampoco eres considerado que digamos con tu madre.

- ¡Cállate, Marsh!

- ¡Cállate tú, gordo de mierda! – intervino Kyle - ¡Tú tienes a esa estúpida de Wendy, así que no te metas!

- ¡Me meteré cuando se me inche una bola, judío estúpido!

- ¡Y yo te castraré como a un caballo, bola de grasa!

- ¡Oh, por Dios! – exclamó Stan mientras cerraba los ojos - ¡Ahí van de nuevo!

De repente se oye el pitazo de un auto.

Stan levantó la vista con una sonrisa en el rostro; Kenny, Gary, Kyle y Cartman, estos últimos uno encima del otro dándose de golpes, se volvieron hacia de dónde provino el pitazo. Frente a ellos había un Camaro 2011 color amarillo y franjas negras, del cual bajaba un joven pelinegro de unos 26 años de edad, cabello corto, con lentes de sol y vestido con pantalones de mezclilla, una camiseta amarilla con el logo del Manchester United y una chaqueta color café.

El joven Marsh, con una sonrisa, corrió hacia el hombre, se abalanzó encima de él rodeando sus caderas con las piernas y le besó.

- ¿Cuándo llegaste? – inquirió el menor al separar sus labios del mayor.

- Ayer por la noche – respondió el hombre con una sonrisa mientras bajaba a su pareja y se quitaba los lentes -. Fui a ver a Naruto en la casa de los Harrison para ver si podía diseñar un nuevo software gráfico… Y para hablar con tus viejos.

Stan, sorprendido, replicó:

- Ellos no querrán escucharte.

- Lo voy a intentar. Son mis suegros, técnicamente hablando. Si no quieren escucharme, pues ni modo. Se hizo la intentona.

Ambos se echaron a reír y se abrazaron felices de encontrarse.

Kyle y Kenny, mientras, se acercaron a Gary y le preguntaron:

- ¿Ese tipo es el famoso Mark Stomper?

- Sip – respondió Gary .

- ¡Wow! – exclamó Kyle – ¿Y es abogado dijiste?

- Sí...

- Cielos...

- ¡Está que arde el tipo! – comentó Kenny con una sonrisa pervertida – Ahora entiendo porqué Stan disfruta mucho de que le folle por el culo: Se nota que el tipo está bien dotado de paquete…

- ¡Kenny! – exclamó Kyle muy indignado.

- ¿Qué?