¡Muchísimas gracias a Danna Black y a Wanda-Marie840 por vuestros reviews! Al final me animé a continuar con viñetas sobre Sirius aunque aviso de que no seguirán una línea temporal.

Espero que disfrutéis de esta, casi tanto como yo escribiéndola y que me hagais saber lo que pensáis ^^. Lo único que puedo deciros es que está ambientada antes del primer libro.

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling, yo sólo juego con ellos.


Traición, muerte y encierro.


La brisa movía con suavidad las hojas de los árboles y las estrellas brillaban con intensidad, como intentando demostrar que podían hacer el papel de aquella luna que se ausentaba. Sin embargo, el esfuerzo que realizaban los pequeños astros se vio contrarrestado por la silenciosa niebla que cubrió con su espeso manto el cielo londinense. Los ruidos nocturnos de una, cada vez más, adormecida Londres, no parecían afectar a la tranquilidad que se respiraba aquella noche. Toda la ciudad parecía estar envuelta en un halo de calma y sin embargo, Sirius Black era incapaz de compartir la sensación de sosiego que parecía impregnar cada maldito rincón. Una idea había prendido fuego en su cabeza y, por más que lo intentase, era incapaz de apartarla de su mente. Un escalofrío recorrió su cuerpo; la incertidumbre lo estaba matando, necesitaba saber.

El joven mago salió de la casa, varita en mano, dispuesto a aplacar las dudas y temores que amenazaban con llevarlo a la locura. Montó en su moto de un salto, arrancó con rapidez y se perdió en la oscura inmensidad del cielo de aquella noche. Durante el trayecto no podía dejar de pensar en como todo había cobrado un sentido de manera repentina. Fue como si las piezas de un puzle que nunca había querido resolver, encajasen perfecta e inequívocamente, mostrándole su error.

No tardó más de 15 minutos en llegar a su destino. El lugar estaba desierto y, al menos a simple vista, no parecía haber señales de lucha; este hecho que en otras circunstancias hubiera debido tranquilizarlo, produjo en cambio el efecto contrario. Nadie en su sano juicio abandonaba un lugar seguro en tiempos de guerra si no era por las malas. Lo que hasta ese momento habían sido meras sospechas, pasaron a convertirse en terribles certezas. Pero aún cabía la posibilidad de equivocarse –se dijo- sí, seguramente estaba exagerando; el hecho de que Peter no estuviese en su escondrijo no significaba nada, él no los traicionaría así, no los entregaría… Intentó callar a la vocecita que surgía de su cabeza y le decía que no se engañase, mientras se aferraba con desesperación a la que salía de su corazón y le prometía que todo estaría bien, que había otra explicación para que Peter no estuviese en su guarida; pero no había manera.

Por segunda vez en aquella noche, Sirius se subió a su moto y partió todo lo rápido que pudo hacia el lugar en que descubriría –aunque él aún no lo supiese- que su vida había cambiado para siempre. Condujo sin pensar, casi de manera instintiva; su mundo entero caía en pedazos y lo único que quería era despertar de aquella cruel pesadilla. Por primera vez en su vida se alegró de ser un Black; los Black no cedían ante el dolor y él no pensaba hacerlo, no hasta que no quedase alternativa.

Nunca en su vida deseó con tanta intensidad no haber llegado a su destino como cuando aterrizó esa noche en Godric's Hollow. El escenario familiar, en el que había disfrutado de tantos momentos felices, estaba en ruinas. Las pequeñas columnas de humo que parecían emanar del mismo suelo, se unían y entretejían con la niebla que imperaba aquel 31 de Octubre, lo que unido a los pocos muros que aún permanecían en pie, daba al lugar un aspecto desolador.

El cuerpo entero del mago temblaba y se convulsionaba con cada paso que daba, cuando algo se rompió dentro de él; los cuerpos sin vida de James y Lily Potter yacían entre los escombros. Las lágrimas inundaron su rostro y un grito desgarrado se abrió paso hasta su garganta cuando Sirius sostuvo entre sus brazos el cadáver de aquel al que había querido como a un hermano.

Nunca supo el tiempo que estuvo así –abrazando aquellos cuerpos y desangrándose por dentro- pero tampoco le importaba. Si por él fuese, hubiera pasado la eternidad purgando ese dolor. De pronto fue consciente de que no estaba solo. Varita en mano, se alejó con cuidado, dispuesto a matar si era necesario por proteger los restos de Lily y James.

La suerte quiso que no hiciera falta llegar a tanto. Una figura de altura más que humana se acercó a Sirius, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas. Llevaba en brazos un pequeño bulto que se movía sin parar. Un rayo de luz y esperanza refulgió en su pecho, Harry estaba vivo. Black le suplicó –prácticamente exigió- que se lo diese, que él era su padrino, que era lo que Lily y James hubiesen querido, que el cuidado de aquel niño era un deber enteramente suyo.

Pero Hagrid no se lo entregó; tenía órdenes decía. ¡Al diablo! Malditos fuesen Hagrid y su inquebrantable lealtad hacia Dumbledore. Sin embargo, terminó cediendo, permitió que el semigigante se llevase a su Harry. Ya iría más tarde a por el chico –pensó- por el momento tenía otras cosas de las que ocuparse. Una fría determinación se apoderó de él y supo que no habría descanso ni tregua, hasta matar al hombre responsable de aquello. Y lo haría, vaya si lo haría. Aunque se dejase la vida en ello, Sirius los vengaría.

No era consciente de las horas que llevaba vagando, ni del cansancio al que amenazaba con rendirse su cuerpo. Hacía rato que las primeras luces del día habían aparecido en el horizonte cuando por fin dio con él. Se encontraron frente a frente: Sirius contra Peter, merodeador contra merodeador, Canuto contra Colagusano. Y allí, en los ojos de aquel que había sido su amigo, Sirius Black vio reflejados el miedo y la culpa. Y dudó.

Fue un instante, un maldito momento de debilidad, sólo eso; pero fue suficiente para que Peter actuase. Las palabras que llevaba toda la noche temiendo oír, llegaron y se clavaron en su alma, frías como el hielo y afiladas como un puñal. "¡A Lily y a James, Sirius! ¿Cómo pudiste…?" (1)

Solamente eran frases dichas por un cerdo traidor que no tenía derecho a recriminarle nada, pero dolieron igual. Dolieron porque, en lo más profundo de su alma, Sirius Black sabía que eran verdad; él podía haberlo evitado, si hubiese sospechado antes de Peter, si no hubiese desconfiado de Remus… Sus pensamientos volaron hacia su amigo ¿Qué pasaría ahora con él? ¿Podría comprender? ¿Podría perdonar?

Sirius no supo entonces –ni lo sabría en años posteriores- como era posible que un mago no especialmente talentoso como Peter, fuese capaz de provocar aquella masacre con la que se llevo la vida de tantos muggles por delante en, apenas, un puñado de segundos.

Abrumado y agotado, el joven Black se encontraba en una especie de letargo que le impedía actuar. Su mente y su cuerpo estaban al borde de colapso. Aprovechándose del efecto que sus actos habían tenido en Sirius, Peter Pettigrew se cortó un dedo, se transformó en la rata que era y huyó por las alcantarillas, dejando tras de si una estela de muerte y destrucción.

Y por primera vez en aquella fatídica noche, Sirius creyó entender algo; que aquel canalla traidor llevaba semanas –si no meses- preparándose para aquel enfrentamiento y tenía más que dispuesto su plan de huida. No había dejado nada al azar, todas las posibilidades habían sido tenidas en cuenta y el maldito cobarde lo había logrado. Lily y James estaban muertos, había reducido al indomable Sirius Black a poco más que un demente, al tiempo que condenaba a Remus a una vida de soledad y rechazo.

Hundido, abatido, humillado, con el cerebro embotado por la magnitud de la tragedia, de su tragedia, sin capacidad de discernir si lo que acababa de ocurrir era real o un mero producto de su mente; así lo encontraron los magos del ministerio cuando llegaron. No hubo preguntas ni trataron de comprender. Y en ese mismo lugar, rodeado por la barbarie y la masacre, redujeron y esposaron a un hombre inocente y destrozado que, ante las ruinas de lo que había sido su vida, no podía más que reír.


1. ROWLING, J.K. (2000). "El prisionero de Azkaban". Pág 201. Círculo de lectores S.A.