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Al principio parecía que Dios se las arreglaría muy bien con los mortales. Recorrió toda Judea predicando sus enseñanzas. Como dijo, multitudes llegaron a oírlo. También se dedicó a curar a los enfermos, devolver la vista a los ciegos y hasta incluso, resucitó muertos.
Maravillosos milagros, todos ellos. La gran mayoría quedaron asentados en las Sagradas Escrituras. No viene al caso repetirlos. Basta con tomar una Biblia y leer sobre ellos. Tamaño accionar sobrenatural atrajo la atención de muchas personas, algunas de las cuales eran opositores… y no todos fueron humanos.
Recuerdo una anécdota que también sale en las Escrituras, aunque con una versión diferente: cuando Jesús llegó a la tierra de Gadara, dos hombres poseídos por demonios le salieron al paso, a hacerle frente. En la Biblia, se dice que los demonios lo increparon y que Él los expulsó hacia unos puercos que luego murieron al arrojarse por un barranco donde cayeron. Esa es la versión que cuentan las Escrituras. La verdadera historia fue como sigue:
Jesús llegó a Gadara y dos demonios lo enfrentaron. Lucifer les había enviado y eran sus mejores asesinos. Tenían planeado emboscar a Cristo y eliminarlo. El encuentro inevitable se produjo y entonces uno de los demonios le dijo:
-¿Por qué te metes con nuestro Dios y Señor? ¡Él ha ordenado tu muerte!
Cristo les sonrió y se cruzó de brazos.
-Entonces, ¿Por qué no viene él personalmente a intentarlo, en lugar de enviar a dos inútiles lacayos a hacer el trabajo sucio?
Los demonios, enfurecidos, se abalanzaron sobre él, dispuestos a liquidarlo. Jesús los recibió eludiendo sus ataques con facilidad, y colocándoles una mano en la frente a cada uno, procedió a incinerarlos de adentro hacia fuera con una terrible descarga de su poder.
El resultado fue invariable. Los dos terribles enemigos cayeron fulminados.
No seria la única ni la última vez que Lucifer enviaría a sus agentes a hacer el trabajo sucio. Cristo tuvo que exorcizar y enfrentar a muchos demonios en varias ocasiones, hechos que maravillaron a aquellos que lo contemplaron y que enfurecieron a otros tantos.
A la final, toda aquella actividad milagrosa atrajo la atención de los poderosos y envidiosos, y se cumplió lo que Dios predijo que sucedería…
