Espero que este capítulo les guste, tal vez parezca aburrida todavía la historia pero es necesario para que sepan cuando ya se empiece a desarrollar. Ya voy a la mitad del fic, me falta ya muy poco para transcribirlo, aunque no sé si me tarde mucho en subir los capítulos. Bueno espero que les guste este. =D
Capítulo 3: Sakura y un petimetre del 92.
En un momento, la agradable sala de la posada fue escenario de un gran malestar y confusión. Lord Shikamaru se levantó de un salto y empezó a dar instrucciones al aturdido Jellyband.
—Por amor de Dios, hombre—exclamó su señoría—, tratad de entretener afuera a Lady Uchiha, mientras las damas se retiran. ¡Qué mala suerte!
—Aprisa, Sally. ¡Las velas! —gritó Jellyband, corriendo de un lado para otro.
También la condesa se había puesto en pie; rígida y erguida, repetía mecánicamente:
—¡No quiero verla! ¡No quiero verla!
De repente, una voz singularmente dulce, con levísimo acento extranjero, dominó el tumulto reinante.
—¡Brrr! ¡Estoy calada hasta los huesos! ¡Diue! ¡Qué clima tan horrible!
Todos callaron al interior. La condesa inició una rápida retirada; Hinata aún conservaba la esperanza de ver a su antigua compañera de colegio. Jellyband abrió la puerta. Todavía no había perdido la esperanza de evitar la catástrofe que se cernía sobre sus cabezas.
—Milady… ejem… milady—dijo, mientras trataba torpemente de cerrar el paso.
—Pardiez, buen hombre—dijo Lady Uchiha con cierta impaciencia—. Dejad que me acerque al fuego, estoy muerta de frío. Y antes de que pudiera darse cuenta, la dama ya estaba en la habitación.
Sakura Uchiha Blakeney apenas contaba con veinticinco años, y su belleza estaba en todo su esplendor. Alta, de porte majestuoso, que hasta la condesa se detuvo un instante, presa de una admiración involuntaria. Su cabello color rosa no lo llevaba empolvado; la boca infantil, la nariz finamente cincelada, la barbilla redonda y el delicado cuello, todo parecía realzado por el lujoso vestido de terciopelo que modelaba el contorno de su figura, en tanto que una mano diminuta sostenía un alto bastón adornado con cintas, muy de moda en aquel entonces. Con una rápida mirada en torno a la sala, Sakura Uchiha tomó nota de cuantos allí estaban. Saludó amablemente a Sir Naruto y Lord Shikamaru. Luego se volvío hacia la condesa y Hinata. Iluminando su rostro por una sonrisa, tendió los brazos a la muchacha.
—¡Pero si es mi pequeña Hinata! ¿Cómo es que os encontráis en Inglaterra? ¡Y vuestra madre también!
Se aproximó a las damas, sin la más leve señal de embarazo. Lord Shikamaru y Sir Naruto observaban inquietos la escena. Comprendían el amargo odio que la antigua nobleza tenía a quienes habían contribuido a su caída. Sasori Haruno Saint-Just, el hermano de Sakura, era un ardiente republicano. Su enemistad con la antigua familia de Saint-Cyr —cuyas causas nadie recordaba— había culminado con la casi extinción de esta última. Frente a los tres refugiados, estaba una hermosa descendiente de aquellos republicanos que había destruido a la aristocracia. Alargaba sus manos como si, con ese ademán, pudiera olvidar el conflicto y toda la sangre derramada.
—Hinata, os prohíbo que habléis a esa mujer—dijo la condesa en inglés, apoyando una mano autoritaria en el brazo de su hija para luego volver la vista a Sakura—. Ahora estamos en Inglaterra, señora y me considero en libertad de prohibir a mi hija que acepte vuestra amistad. Vamos, Hinata.
El dulce rostro de Sakura se puso blanco, y la mano que sostenía el largo bastón estaba algo temblorosa. Pero sus labios se cruzaron en un gesto de sarcasmo y los claros ojos verdes se clavaron en la desafiante condesa que, sin volver a mirarla, abandonó la sala después de ofrecer una reverencia a los dos jóvenes.
Por un momento reinó el silencio en la sala. Sakura siguió con una dura mirada a la condesa, pero cuando Hinata, obediente, se disponía a seguirla, una mirada triste asomó a los ojos de Lady Uchiha. Hinata la captó; su carácter dulce la impulsó a correr hacia Sakura y, rodeándola con los brazos, la besó efusivamente. Sólo entonces siguió a su madre. El cariñoso impulso alivió la tensión.
—¿Con qué esas tenemos?—dijo con suavidad—. ¡Santo Dios! Sir Naruto, ¿habéis conocido a una persona más desagradable?
Se recogió la falda y se acercó a la chimenea.
—Hinata—dijo, imitando la voz de la condesa—, os prohíbo que habléis a esa mujer.
La imitación fue tan perfecta que ambos jóvenes lanzaron un sincero y alegre "¡Bravo!"
—¡Ah Lady Uchiha!—dijo Lord Shikamaru—. ¡Cuánto deben echaros de menos en la Comedié Francaise, y cuanto deben odiar los parisinos a Sir Sasuke por haberos arrancado de allí!
—Vamos—replicó Sakura con un encogimiento de hombros—, es imposible odiar a Sir Sasuke. Sus ocurrencias desarmarían incluso a la condesa.
El vizconde Neji, avanzó un paso con la intención de defender a su madre. Pero antes de que pudiera pronunciar palabra en el umbral apareció una figura alta y ataviada con todo lujo.
Sir Sasuke Uchiha Blakeney, en el año de gracia de 1792, estaba todavía uno o dos años por debajo de los treinta. De estatura superior a la corriente, de anchos hombros y constitución maciza, era extraordinariamente agraciado aún por la expresión indolente en sus ojos negros y por la risa que parecía desfigurar su boca firme y de contorno preciso.
Casi un año antes, Sir Sasuke había asombrado a la sociedad de Londres el día que regresó con una hermosa e inteligente esposa francesa. Sakura Haruno Saint-Just había debutado en los círculos artísticos parisienses mientras se desarrollaba el mayor cataclismo social jamás vivido. A los dieciocho años apenas cumplidos, poseedora de tanta belleza como talento, con la única protección de su hermano, se reunió con un grupo tan inteligente como selecto. Sakura Haruno Saint-Just era republicana por convicción. Su lema era: igualdad de cuna.
Luego, un buen día, sin ninguna advertencia ni celebración propia de una boda elegante francesa, Sakura Haruno Saint-Just, se casó con Sir Sasuke Uchiha Blakeney. Nadie llegó entender cómo logró introducirse aquel "condenado idiota" en el círculo intelectual de la "mujer más inteligente de Europa". El verdadero motivo seguía siendo un misterio de cómo Sakura Saint-Just se casó con él.
Sir Sasuke había pasado la mayor parte de su vida en el extranjero. A poco de nacer él, su madre se volvió loca sin posibilidad de cura. Su padre, Sir Fagaku, se llevó a su esposa enferma a otro país, y Sasuke creció y se educó fuera de su patria. Al haber alcanzado la mayoría de edad y después de la muerte de sus padres, se dedicó a viajar, y cuando volvió lo hizo acompañado de su hermosa y joven esposa. En Londres se dispusieron a recibirlos con los brazos abiertos. Sir Sasuke era rico; su esposa, culta y encantadora, y el Príncipe de Gales les cobro afecto. Todos le consideraban un tonto sin remisión, pero nadie se compadecía de él porque no lo necesitaba, se mostraba orgulloso de su esposa y se preocupaba muy poco de que ella no tratara de disimular el benévolo desprecio que evidentemente sentía por él.
Sir Sasuke iba siempre bien vestido, y en aquella noche de septiembre, su capote se ajustaba a sus anchos hombros; sus manos blancas surgían de entre el más fino encaje de Mechlin. El chaleco de anchas solapas y los estrechos pantalones resaltaban su bien formada figura. Entró con paso lánguido a la sala de la posada, sacudiéndose la lluvia del capote y examinó a los presentes, en el que reinaba un embarazoso silencio.
—¡Hola Shikamaru! ¡Hola Naruto!—dijo, y estrechó la mano de ambos jóvenes—. ¿Qué sucede?
—Oh, nada que pueda molestaros, Sir Sasuke—replicó Sakura con forzada alegría—. Sólo un insulto a vuestra esposa.
—¡Válgame Dios, querida! —replicó Sir Sasuke con placidez—¿Quién ha sido capaz de molestaros, eh?
—Señor—se apresuró el vizconde seguido de una reverencia—. Mi madre, ha ofendido, según veo, a vuestra esposa. Estoy dispuesto a ofrecer la reparación entre caballeros.
El muchacho irguió su figura, mientras observaba al Baronet Uchiha, con su metro ochenta y tres de estatura.
—Fijaos, Sir Naruto—dijo Sakura, con una de sus contagiosas carcajadas—, fijaos en ese bonito cuadro: el pavo inglés y el gallito francés.
—¿Qué diablos es esa reparación?—preguntó Sir Sasuke con suavidad.
—Un duelo, señor—dijo el vizconde, empezando a enojarse.
—¡Por Baco! Nunca intervengo en duelos—se sentó y estiró sus largas piernas—. Son una cosa incomodísima.
En Inglaterra los duelos estaban prohibidos por la ley, pero para el código de honor de un francés, un caballero negándose a batirse en un duelo era poco menos que una monstruosidad.
—Sería muy poco cortés que comenzarais vuestra vida en Inglaterra con esta clase de cosas—intervino Lord Shikamaru.
—¡Ah bueno! Si Sir Sasuke se conforma yo no me sentiré agraviado.
—¡Ajá!—exclamó Sir Sasuke—. Mi consejo es, Ffoulkes, que si, esa es vuestra mercancía que traéis de Francia, la arrojéis en medio del Canal.
—Vamos, Sir Sasuke—dijo Sakura con coquetería—, olvidáis que vos mismo habéis importado de Francia mercancías.
—Yo me quede con lo mejor del mercado, señora, y mi gusto es infalible.
—Confío en que me perdonéis si me despido ahora de mi hermano, pues tiene que subir a bordo; de lo contrario el Day Dream se perderá la marea.
Protestar habría sido descortés. El cariño de Lady Uchiha por su hermano, Sasori Haruno Saint-Just, era profundo. Sasori había pasado con ella unas semanas en Inglaterra antes de volver a su patria.
Sasuke no trató de detener a su esposa. Abrió la puerta e hizo una reverencia cuando ella abandonó la sala tras lanzarle un fugaz vistazo. Sólo Sir Naruto Ffoulkes observó la mirada de profundo y desesperado anhelo con que Sir Sasuke siguió la figura de su esposa.
Espero que el capítulo les haya gustado. A continuación pongo unas definiciones de dos palabras que van a aparecer mucho en la historia para que le entiendan:
Petimetre: Persona que cuida demasiado de su aspecto y se preocupa demasiado por seguir la moda. (Esta es sólo para que le entiendan al título del capítulo y sepan cómo es Sasuke)
Diantre: Demonio, diablo. Expresa enfado o sorpresa.
¡Feliz 14 de febrero! Espero que hayan recibido todo lo que esperaban y no se necesita de un día en específico para decirle a alguien que lo quieren, si quieren a alguien deben decírselo n.n hasta la próxima C:
