Hola, en este capítulo ya más o menos comienza la parte interesante de la historia, así que aunque hayan parecido aburridos los anteriores a partir de aquí ya comienza lo bueno. Una vez terminado creo que los primeros capítulos parecerán importantes.
*Esta historia no es mía, pertenece a la Baronesa Orczy y los personajes a Masahi Kishimoto.
Disfruten el capítulo =)
Capítulo 4: Sasori y el agente acreditado.
Una vez fuera de la sala, Sakura suspiró profundamente y unas lágrimas resbalaron por sus mejillas. La lluvia había cesado. Miró hacia el mar. Allí estaba el Day Dream, en el que Sasori regresaría a Francia en medio de la sangrienta revolución. Dos figuras se aproximaban a "El Hogar del Pescador": una, un hombre ya maduro que caminaba con el clásico balanceo de los marineros; la otra, juvenil y esbelta.
— ¡Sasori!—dijo Sakura sonriendo. Un minuto después se abrazaban con cariño.
—Disponen de media hora, señora—dijo el hombre cuando Sakura preguntó cuánto de tiempo disponían Sasori y ella.
Cogiéndose del brazo de su hermano, lo condujo hacia los acantilados.
—Media hora más—dijo, mirando al mar con melancolía—, y estarás lejos de mí, Sasori. Estos últimos días mientras te he tenido para mí, han transcurrido como en un sueño.
—No me voy lejos—dijo Sasori con ternura—. Un estrecho Canal que cruzar. Puedo volver en nada de tiempo.
—No se trata de la distancia, Sasori, sino del horrible París de ahora. Se están propasando Sasori, aún cuando sentimos entusiasmo por la libertad e igualdad.
— ¡Chitón!—dijo Sasori echando una rápida mirada alrededor.
— ¡Ah! No estimas prudente hablar de estas cosas ni siquiera aquí, en Inglaterra—de pronto se aferró a él—. ¡No regreses!—suplicó—. ¿Qué sería de mí si… si…? Recuerda que sólo te tengo a ti…
Su voz quedó ahogada por los sollozos.
—Cuando Francia está en peligro sus hijos no pueden devolverle la espalda. Además tienes a Sasuke.
—Antes sí lo tenía…
—Pequeña—dijo él—, hasta ahora no había hablado de esto contigo pero no podría marcharme sin preguntártelo… ¿Está enterado Sir Sasuke de tu intervención en el arresto del marqués de Saint-Cyr?
— ¿De qué denuncié al marqués al tribunal que lo envió a la guillotina con toda su familia? Sí, lo sabe. Se lo dije después de casarnos.
— ¿Le contaste las circunstancias que te eximan de toda culpa?
—Era demasiado tarde; él había ya oído la historia de otros labios; mi confesión llegó tarde. No podía rebajarme explicándole… y ahora tengo la satisfacción de saber que siente un profundo desprecio por su esposa.
Sakura habló con amargura.
—Pero Sasuke te amaba, Saku—dijo con dulzura.
—En un tiempo pensé que así era; de lo contrario no me habría casado con él. Me reverenciaba con una pasión que me llegó al alma.
Lanzó un suspiro en el que había todo un mundo de desilusión. Sasori estaba desconcertado. ¿Sería que al precisamente morir el amor de su esposo hubiese renacido en el corazón de Sakura el amor hacia él? Pero no se lo podía preguntar, pues sabía cuan reservada era.
Los dos hermanos siempre estuvieron juntos, porque sus padres habían muerto cuando él era joven y Sakura una niña. Sasori, ocho años mayor que ella siempre la había protegido.
Era la primera visita de Sasori a Inglaterra desde la boda de Sakura. Ahora que se marchaba, Sakura se sentía desdichada. Caminaron sin prisa hacia la playa, disfrutando sus últimos momentos juntos.
El Day Dream había zarpado y Sakura contemplaba las velas que llevaban al único ser que la quería de veras. Sakura procuraba agradecer sus constantes consideraciones y generosidad a Sasuke. Trataba de dominar los amargos pensamientos sobre su marido, pero a pesar suyo, decía cosas crueles para herirle. Y sin embargo su memoria recordaba esos vagos y dulces recuerdos cuando él mostrara un amor tan intenso que la había deslumbrado.
Luego aquel amor, pareció esfumarse. Veinticuatro horas después de su boda en la iglesia de Saint-Roch, el marqués de Saint-Cyr y toda su familia morían en la guillotina. Años antes, Sasori había amado a Angèle Saint-Cyr, pero Saint-Just era un plebeyo y el marqués, un prejuicioso. Un día Sasori le mandó un poema breve y apasionado. La noche siguiente, los lacayos del marqués lo azotaron, como a un perro. Sakura lo recordaba todo: lo que su hermano tuvo que sufrir, y lo que ella padeció por él. Entonces llegó el día de ajustar cuentas. Sakura, impulsiva, todavía dolida por el insulto a su querido hermano, oyó por casualidad—y repitió—que los Saint-Cyr sostenían con Austria correspondencia.
En aquellos tiempos una denuncia era suficiente. En menos de un día el marqués fue detenido. Sakura, horrorizada por las consecuencias, trato en vano de salvarlos. Cuando se casó con Sir Sasuke, se lo confesó todo, confiando en que su amor la haría olvidar de todo. Pero desde entonces Sakura no volvió a ver muestras de aquel amor. Trató de despertar sus celos, ya que no podía excitar su amor. Pero él siguió siendo pasivo y cortés.
Con lentitud regresó a "El Hogar del Pescador". De pronto un hombre le dijo:
—Ciudadana Saint-Just.
Profirió una exclamación de sorpresa al escuchar su nombre de soltera.
— ¡Chauvelin! —exclamó, tendiéndole las manos.
—A vuestro servicio—dijo besándole la punta de los dedos.
Chauvelin se aproximaba a los cuarenta; era inteligente, de aspecto astuto con los ojos hundidos. Era el mismo que estaba bebiendo vino en la posada.
—Hace mucho que no lo veo, decidme, ¿qué demonios hacéis en Inglaterra?
Él caminaba junto a ella. Habían llegado al porche de "El Hogar del Pescador" pero Sakura se resistía a entrar.
—Es extraño que la mujer más inteligente de Europa sea presa del aburrimiento, como puedo apreciar. Sin embargo, tengo la cura perfecta para el aburrimiento: el trabajo.
— ¿Trabajo?
Chauvelin se apartó unos pasos del porche, luego, viendo que no había nadie, se aproximó de nuevo a la joven.
— ¿Queréis rendir un servicio a Francia, ciudadana?—preguntó con repentino interés.
—Desde luego, no sé, depende de qué clase de servicio sea.
— ¿Habéis oído hablar de Pimpinela Escarlata?—preguntó Chauvelin de repente.
—Claro que sí—dijo ella con alegre risa—; no se habla de otra cosa… Tenemos sombreros a la Pimpinela Escarlata; nuestros caballos se llaman Pimpinela Escarlata; en el banquete del Príncipe de Gales, la otra noche, comimos soufflé a la Pimpinela Escarlata.
—Entonces, ciudadana, también debéis saber que es el enemigo más acérrimo de Francia y vos tenéis que ayudar a vuestra patria.
— ¡Cáspita!—dijo ella—. Francia tiene en estos días muchos enemigos acérrimos. Mi hermano Sasori dedica su vida a Francia—dijo ella con orgullo—. En cuanto a mí, en Inglaterra, nada puedo hacer.
—En Inglaterra sólo vos podéis ayudarnos. Escuchad, me ha enviado el gobierno republicano. Una de mis misiones consiste en averiguar todo lo posible acerca del grupo de Pimpinela Escarlata. Cada vez están logrando cruzar el Canal los emigrados. Sólo sé que se trata de un joven de la alta sociedad inglesa, de eso estoy seguro. ¡Encontradme a ese hombre! ¡Hacedlo por Francia!
Sakura lo escuchó en silencio. Hasta entonces, el corazón de la joven se conmovía a pensar en aquel hombre valeroso que rescataba de un destino terrible a centenares de personas, aún cuando sentía poco simpatía por los aristócratas y aunque estaba en desacuerdo con los métodos de la República para imponerse. Sus pensamientos divagaron en torno a la figura de Pimpinela Escarlata. ¡Ah! Aquél sí era un hombre al que habría podido amar. Todo en él la atraía: su personalidad, su valor y, por encima de todo, su anonimato que lo coronaba en la gloria romántica.
— ¡Hacedlo por Francia!
La voz de Chauvelin la arrancó de sus sueños.
— ¡Pero hombre!—dijo recuperando su tono indiferente— ¿De dónde diantre queréis que lo busque?
-Vais a todas partes. Lady Uchiha es el centro de la sociedad londinense. Lo veis todo, lo oís todo.
—Parecéis olvidar que Sir Sasuke se interpone entre Lady Uchiha y lo que me proponéis. Además Pimpinela Escarlata es inglés. ¡Nada prodríais hacerle!
—De momento podríamos enviarlo a la guillotina, luego, ya nos disculparíamos humildemente con el gobierno británico.
—Lo que me proponéis es horrible—dijo apartándose de él como si se tratara de un insecto dañino—. Ese es un hombre valiente y noble. Jamás me prestaría a una villanía semejante.
— ¿Preferís ser insultada por todo aristócrata francés que llegue a este país?
Chauvelin había apuntado un buen dardo. Las mejillas de Sakura palidecieron ligeramente y se mordió los labios.
—Esa es otra cuestión—dijo por fin—. Yo sé defenderme sola, me niego a hacer un trabajo sucio para vos o para Francia. Ésta es mi última palabra.
Y volviendo la espalda a Chauvelin, Sakura Uchiha se dirigió a la posada.
—No será vuestra última palabra, ciudadana—dijo Chauvelin cuando Sakura abrió la puerta de la sala y desapareció. No parecía decepcionado; por el contrario, una sonrisa de satisfacción jugueteaba en las comisuras de sus delgados labios.
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Una hermosa noche siguió al día de la incesante lluvia. Sir Sasuke Uchiha sostenía las riendas del coche tirado por cuatro de los mejores pura sangre, alejándolos por el camino de Londres con Lady Uchiha a su lado, envuelta en lujosas pieles.
En "El Hogar del Pescador", el señor Jellyband apagaba las luces.
—Jelly, ¿podemos hablar aquí media hora sin que nos molesten?—preguntó Lord Shikamaru al posadero que ocupado limpiaba las mesas.
—Como queráis. Dejaré vuestras velas en el aparador. ¡Buenas noches, señores!
Cuando se hubieron quedado solos y sólo sonaba el tic tac del reloj pudieron estar tranquilos.
— ¿Ha ido bien todo esta vez? —preguntó Lord Shikamaru.
— ¡Sí!—respondió Sir Naruto alegre—. ¡Muy bien!
—El viaje ha sido muy agradable ¿no? Es linda ¿eh?, aunque sea francesa. Os deseo éxito en vuestro cortejo.
— ¡Bien! Vos seréis el próximo en hacer el viaje—dijo Sir Naruto—. En Calais vi a solas por un momento a Pimpinela Escarlata. Quiere que vos y Hastings os reunáis con él en Calais el día dos del mes próximo osea, el martes que viene.
—Sí.
—Se trata del caso del conde de Tournay; será una hazaña sacarlo de Francia. Saint-Just ha ida en realidad a verse con él, hasta ahora nadie sospecha de Saint-Just. Sacarlos del país será una ruda tarea…
— ¿Tenéis alguna instrucción especial para mí?
—Sí. El gobierno francés ha enviado a un agente llamado Chauvelin, el cual ha traído un ejército de espías con la intención de descubrir al jefe y capturarlo la próxima vez que vaya a Francia, por lo que debemos reunirnos lo menos posible. Cuando desee hablar con nosotros, se las arreglará para hacérnoslo saber.
Los dos jóvenes se inclinaron hacia el fuego. Sir Naruto sacó un papel que guardaba en la cartera y ambos trataron de leerlo. Tan absortos se hallaban que no prestaron atención a los leves ruidos que se oían a su alrededor.
—Debéis leer estas instrucciones y aprendéroslas de memoria—dijo Sir Naruto—. Después destruid el papel. Es del jefe.
Pero de pronto oyeron un ruido en el pasillo.
— ¿Qué es eso? —dijeron ambos instintivamente.
Lord Shikamaru atravesó la sala y abrió la puerta; en aquel mismo momento recibió un golpe que lo derribó. Al mismo tiempo una figura se lanzó sobre Sir Naruto. Antes de que ninguno de ellos tuviese tiempo de gritar o de ofrecer resistencia, fueron apresados por dos hombres cada uno. Fueron amordazados y atados juntos. Un hombre enmascarado cerró la puerta con sigilo.
—Ahora registradles los bolsillos y dadme todos los papeles que encontréis—ordenó.
La orden fue obedecida con prontitud. Los hombres sacaron de la posada a Lord Shikamaru y a Sir Naruto después de asegurarse que nadie los hubiera oído. En la sala del hostal, el enmascarado examinó los papeles.
—No ha sido un mal día de trabajo—murmuró, quitándose el antifaz.
Se fijó en el pedacito de papel que apenas los jóvenes habían tenido tiempo de leer; pero encontró una carta firmada por Sasori Haruno Saint-Just que pareció proporcionarle satisfacción.
—Después de todo, Sasori Saint-Just es un traidor. Ahora hermosa Sakura Uchiha —añadió con malicia—, creo que querréis ayudarme a encontrara Pimpinela Escarlata.
Espero que les haya gustado el capítulo, espero subir pronto el que sigue n.n
