El camino de la confianza.

Mas tarde, esa misma mañana, mientras las jóvenes conversaban para conocerse mejo, el timido Eremes llenaba su pequeña mochila de campaña con provisiones y algunas medicinas que pensaba podrian serles utiles, lanzando de vez en cuando timidas miradas a la joven sacerdotisa de ojos azules y a pesar de su discreción no pudo evitar que su prima se diera cuenta de ello, lo que provoco que se sonrojase aun mas y fingiendose muy ocupado les diera la espalda al empacar para que no vieran su rostro enrojecido por la vergüenza.

Mientras esto sucedia en una de las habitaciones del castillo, el caballero se dirigia a una de las muchas tiendas del centro de la ciudad, específicamente, se dirigia a la tienda taller del maestro herrero Holldegren donde un joven de no mas de veinte años usando hábilmente un martillo daba los ultimos detalles a un hacha pesada que acababa de forjar.

-Buen dia tenga caballero- lo saludo el el joven herrero al tiempo que sumergia el hacha en una tinaja de agua para terminar de templarla- si busca al maestro, en un momento estara con usted a menos que pueda ayudarle en algo- saco el hacha de la tinaja y cuando la tenia casi lista y solo faltaba que le pusiera su marca, el hacha se despedazo con un crujido y del fondo del taller se escucho un grito.

- ¡Howard! Cuantas veces te he dicho que no pongas fragmentos de estrella a las armas que forjes hasta que sepas medir bien las proporciones-

El joven herrero recogia las herramientas que habia usado y tras suspirar con resignacion se disculpo – Lo lamento maestro, no volvera a suceder, no volvere a usar fragmentos de estrella en un arma que forje hasta que comprenda bien como afecta el equilibrio entre los componentes de las armas que forje; y perdoneme nuevamente pero parece que un caballero de Prontera le busca –

-Ire en un momento mientras tanto termina de arreglar el taller Howard, y no te preocupes, pronto aprenderas a hacer bien tus armas, seras un gran herrero. – al decir esto, aparecio por fin el maestro en el taller y observando a Seyren le pregunto solicito.

- buen dia tenga caballero. ¿En que puede servirle este humilde herrero?- Buen dia tenga usted maestro herrero Holldegren, quisiera saber si usted pudiera reparar mi espada- Holldegren observo con detenimiento la espada y sonriente llamo a su aprendiz- Howard, el caballero desea que repares su espada- y tras voltear nuevamente a observar al caballero le susurro- mi aprendiz es muy inclinado a la aventura, rara vez logra terminar de forjar un arma, pero reparandolas podria decirse que incluso a mi me ha superado – el joven tomo la espada colocandola posteriormente en el fogon encendido junto con una barra de acero y un lingote de oridecon, cuando la tuvo a la temperatura necesaria para reforjarla la coloco en un ennegrecido yunque y empezo a reforjarla trabajando hábilmente el acero y oridecon al rojo blanco; finalmente la sumergio en agua y tras un par de golpes mas se la entrego al caballero como si fuera nueva.

- Su espada caballero – se la ofrecio a Seyren que la tomo y quedo asombrado de que pareciera incluso mas ligera que antes mientras el maestro herrero observababa orgulloso y complacido el trabajo realizado por su aprendiz.

- Sabe maestro – empezó a decir Seyren – creo podria ayudar a que su aprendiz se olvide de buscar aventuras, su majestad Tristan II me envia en un grupo expedicionario y su habilidad como herrero podria ser de utilidad, podria ser necesario que necesitemos a alguien que de mantenimiento a nuestras armas estando lejos de alguna ciudad-

El maestro herrero observo unos instantes a su aprendiz mientras recogia las herramientas con que habia reparado la espada de Seyren- tal ves fuera buena idea que se uniera a usted en su expedición caballero, mi joven aprendiz es un muchacho fuerte, aun mas de lo que aparenta, algo terco, pero de buen corazon ademas de que necesita crecer y madurar – se volvio hacia su aprendiz – el caballero desea que te unas a su grupo expedicionario siempre y cuando tu estes de acuerdo.

- No podria ser de otra forma maestro- dijo Seyren –

- ¿ En serio maestro? – pregunto asombrado el joven – p-pero aun no estoy listo para dejar de ser su aprendiz – A lo que sonriente el maestro le respondio . Tonterias muchacho, ya estas listo y no falta mucho para que decidas donde pondras tu taller si decides dedicarte a la forja de armas, después de todo Prontera no es todo el mundo, ademas de que podras conocer y aprender de otros maestros herreros como Antonio de Payon, que fue compañero mio, o podrias instalarte en la pequeña ciudad que según los rumores esta por fundarse en lo que hasta ahora es el pequeño pueblo de Izlude según se han oido rumores, incluso he oido que la asociación de los maestros de la espada se ha instalado ya en ese pequeño poblado, podrias conocer el mundo y con el tiempo ser un herrero incluso mejor que yo-

Howard observo asombrado a su maestro mientras las palabras que habia escuchado empezaban a ser comprendidas finalmente- Entonces maestro ¿ me despide como su aprendiz? – Asi es Howard desde este momento te declaro abiertamente como un herrero cualificado de primer nivel- le respondio su maestro ademas de que si vas a ir en viaje expedicionario quisiera que llevases 2 pequeños presentes que tenia guardados para el dia en que dejaras de ser un aprendiz, esperame aquí un momento por favor- le dijo y entro nuevamente a la parte posterior de donde salio cargando un yunque de viaje hecho de Oridecon y un gran paquete envuelto que le entrego a su aprendiz – este yunque Howard, es sumamente especial, fue el que mi maestro que en paz descance me entrego cuando me declaro listo para poner mi taller y este pequeño paquete- le dijo entregandoselo – fue la primera hacha de guerra que forje yo mismo, me sentiria honrado si mi mejor aprendiz los llevara en sus viajes-