Este es uno de mis capítulos favoritos, espero que les guste.

Capítulo 8: Richmond.

Unos minutos después, Sakura iba sentada junto a Sir Sasuke en el pescante de su coche, mientras los cuatro bayos galopaban por la desierta calle. Londres quedó muy pronto atrás. Aquellos viajes constituían un deleite para Sakura que apreciaba la excentricidad de su esposo al conducirla a su hermosa mansión de Richmond. Cuando los bayos estaban descansados Sir Sasuke les daba rienda suelta. Aquella noche, su marido parecía tener al propio diablo entre las manos.

Como de costumbre, Sir Sasuke no le hablaba. Sakura lo miro inquisitivamente una o dos veces; a la luna, el rostro parecía muy grave y recordó al dolorido corazón de Sakura los felices días de su noviazgo, antes de que él se convirtiera en un petimetre inútil cuya vida parecía discurrir entre naipes y comilonas. Al sentir junto a ella el vigoroso brazo de su marido, pensó en cuánto mayor sería el desprecio de éste si supiese su actuación de aquella noche al cometer una bajeza con toda deliberación.

Absorta en sus pensamientos, a Sakura se le hizo muy corto el viaje. Pronto pasaron los portales de su hogar. La mansión de Sir Sasuke Uchiha Blakeney, junto al río, se erguía en el centro de unos jardines exquisitamente trazados. Había sido construida en la época de Tudor y en aquella noche otoñal el jardín resultaba poético y apetecible.

Cuando Sir Sasuke la ayudó a bajar dio un paseo alrededor de la casa contemplando, soñadora, el paisaje de plata. Oía el rumor del río y el de los caballos al ser conducidos a sus cuadras. En dos apartamentos separados del segundo piso, había luces encendidas; eran sus respectivas habitaciones, separadas una de la otra por toda la anchura de la casa, tan alejadas, como sus propias vidas. Involuntariamente, Sakura lanzó un suspiro y retrocedió hacia la casa. Pero antes de llegar a la terraza surgió la figura de su marido entre las sombras. Aún llevaba el abrigo que usaba para conducir. No reparó en la presencia de su esposa, porque, después, se volvió a la terraza.

— ¡Sir Sasuke!

Al oír su voz, él se sobresaltó; pero dijo con su acostumbrada galantería:

— ¡A vuestra disposición, señora!

Pero ya tenía el pie apoyado en el escalón de la terraza indicando que prefería marcharse, que no deseaba conversación.

—El aire es fresco—dijo ella—. ¿No deseáis quedaros un rato? ¿O tan desagradable os resulta mi compañía?

—De ningún modo señora—replicó él con voz tranquila—; estoy segura de que encontraréis más agradable el aire de la noche sin mí.

—No sois justo conmigo, Sir Sasuke. Yo no tengo la culpa del alejamiento que ha surgido entre nosotros, recordadlo.

—En todo caso, debéis perdonarme—protesto él fríamente—. Mi memoria siempre ha sido de lo más flaco.

Los ojos de Sakura se suavizaron al acercarse a su marido.

— ¿De lo más flaco, Sir Sasuke? ¡Cuánto debe haber cambiado! ¿No fue hace tres o cuatro años cuando me visteis solo una hora en París, de paso al Este? Cuando regresasteis dos años más tarde no me habíais olvidado.

—Deseabais mi presencia—dijo con tono helado—.Me imagino que no fue para entregaros a tiernos recuerdos.

Su voz era fría y firme; su actitud, inflexible. La figura de Sir Sasuke pareció envararse aún más, la firme boca se endureció y una mirada de obstinación asomó sus ojos negros.

— ¿Es posible que muera el amor? Pensé que la pasión que sentíais por mí durará toda una eternidad ¿No queda nada de aquel amor, Sasuke, que pueda unirnos?

— ¿Con qué objeto, señora, os lo ruego?—preguntó con amargura.

— ¡Sasuke! ¡Os lo suplico!—dijo ella con ternura—. Antes era vana y frívola; vuestra riqueza y posición me deslumbraron: me caso con vos con la esperanza de que vuestro amor por mí despertara mi amor por vos…

—Un día después de nuestra boda, moría la familia del marqués de Saint-Cyr, y llegó a mí el rumor de que mi esposa los llevó ahí.

—Y vos les distéis crédito—dijo ella con amargura—.Escuchad la historia, Sir Sasuke—su voz ahora era suave, dulce, tierna, mientras le hablaba de la humillación que el marqués había hecho a su hermano—.Sólo comenté lo que había escuchado, sin pensar en las consecuencias y lo comprendí demasiado tarde. El orgullo selló mis labios cuando vuestro amor pareció morir.

Su voz quedó ahogada por las lágrimas. Él la dejó hablar pero Sakura vio en él una intensa mirada de pasión tras sus párpados y ella comprendió en el acto que había estado equivocada durante los últimos meses; que aquel hombre la amaba; que su amor seguía siendo tan fuerte, tan intenso, como cuando por primera vez unieron sus labios. Y ella lo amaba de igual forma.

—Vos me negasteis toda explicación y exigisteis de mi amor una humillante aceptación que no estaba preparado para dar. Mi corazón rebosaba de amor; una sola palabra de explicación habría bastado—dijo Sir Sasuke tras un momento de silencio.

— ¡La locura de mi orgullo!—dijo ella con tristeza—.Pronto me arrepentí.

Sakura estaba muy próxima a él, quién cerró los ojos para evitar la visión de aquel hermoso rostro dulce y aquella figura grácil.

—Una vez os juré que mi vida era vuestra. Hace ya meses que es juguete vuestro…Ha servido para vuestros propósitos—dijo con tono helado.

—Sir Sasuke estoy en un apuro. Sasori corre un peligro mortal—dijo Sakura con dulcura y sencillez tras un momento de silencio—. Una carta suya ha caído en manos de un fanático. Sasori está comprometido sin esperanza ¿Podéis hacer algo por él? Yo…

Le habría dicho todo lo que había hecho, pero no tuvo el valor de hacerlo. Vaciló y recostándose en la balaustrada de piedra, hundió su rostro entre las manos y sollozó con amargura.

— ¿Queréis secar vuestras lágrimas? Nunca he podido resistir el espectáculo de una mujer hermosa desecha en llanto y…

Instintivamente alargó sus manos, y de buena gana la habría estrechado contra sí, protegiéndola de cualquier daño con su propia vida…Pero el orgullo se impuso una vez más.

—Os doy mi palabra de que nada le ocurrirá a Sasori. Y ahora, ¿me permitís que me retire? Se está haciendo tarde.

— ¿Querréis por lo menos aceptar mi gratitud?—dijo ella con ternura.

—Es demasiado pronto. Aún no he hecho nada. Es muy tarde, debéis estar fatigada.

Sir Sasuke se hizo a un lado para que ella pasara. Sakura suspiró; fue un breve suspiro de decepción. El orgullo había levantado una barrera que ninguno de los dos quería ser el primero en derribar. Sir Sasuke hizo una profunda reverencia cuando Sakura empezó a subir los escalones de la terraza.

Su vestido barrió las hojas muertas de los escalones, en tanto la luz rosada del sol naciente convertía su cabello en una aureola rojiza y hacia brillar los rubíes y diamantes que adornaban su cuello. Antes de entrar a la mansión, se detuvo a mirar a su esposo, esperando contra toda esperanza oír su voz que la llamaba. Pero aquel hombre parecía la personificación del orgullo inflexible. Cálidas lágrimas acudieron a sus ojos; se volvió con rapidez y corrió lo más aprisa que pudo hacia sus habitaciones particulares.

Si hubiese vuelto entonces, habría visto algo que hubiera hecho más llevadero sus sufrimientos: el orgullo había cedido por fin; Sir Sasuke no era más que un hombre ciega y apasionadamente enamorado, tan pronto como cesaron los leves pasos de Sakura, se arrodilló en la escalinata de la terraza y besó uno por unos los puntos que habían hollado sus diminutos pies, así como la balaustrada de piedra donde acababa de apoyarse la mano de Sakura.

Este capítulo me encanta, me hubiera gustado escribirlo todo completo pero no se pudo porque si no sería muy largo.

En lo personal no me gusta como Sakura trata el pobre de Sasuke que no es más que un hombre enamorado que se tiene aguantar las humillaciones que le hace Sakura, eso no me gusta.

Sasuke por un lado es muy lindo, me gustaría uno como él. Ya falta poco para que empiece la acción.