Capítulo 10: Pimpinela Escarlata

Ni Sakura misma había podido decir después en qué momento concreto surgió la primera duda en su cerebro. Con el anillo fuertemente apretado en la mano salió corriendo de la habitación, escaleras abajo, y se dirigió al jardín donde sentada a la sombra de un simodoro, en completo aislamiento, podría estudiar aquel objeto de oro grabado con la florecilla en forma de estrella. ¡Era ridículo! ¿No adoptaba todo el mundo la divisa del misterioso Pimpinela Escarlata? ¿No la había llevado ella misma en el cabello hecha de piedras preciosas? ¿Qué tenía de extraño el hecho de que Sir Sasuke hubiese decidido utilizarla como sello en su anillo? Sus pensamientos se revolvían en un torbellino. Se llevó una sorpresa al oír una voz juvenil que la llamaba desde el lado opuesto del jardín.

Chérie! ¿Dónde estás?—Hinata, con sus ojos alegres, llegó corriendo por el césped—. Me han dicho que estabas en el jardín y decidí darte una sorpresa.

Hinata la abrazo. Sakura oculto rápidamente en anillo en los pliegues de su pañuelo y trató de corresponder la vehemencia de su amiga.

—Será delicioso tenerte conmigo todo el día. ¿No te aburrirás?—preguntó con una sonrisa.

— ¿Cómo puedes decir una cosa tan detestable?—protestó Hinata— ¡Pero si en el colegio nos encantaba estar juntas!

—Y contarnos secretos.

Las dos jóvenes se cogieron del brazo y comenzaron a pasear por el jardín.

—Supongo que ahora que estas casada no querrás compartir tus secretos conmigo.

—Pero tú tienes ahora un secreto importantísimo, ¿verdad?—dijo Sakura—. No, no es necesario que te sonrojes. Es todo un hombre, alguien de quien enorgullecerse como enamorado y… como marido.

—Desde luego, chérie. Me alegra oír eso. Pero no podemos pensar en nada hasta que papá este a salvo.

Sakura dio un respingo. ¡El padre de Hinata! La vida de él corría peligro si se descubría la identidad de Pimpinela Escarlata. Mientras Hinata platicaba, los pensamientos de Sakura volaron a los hechos del día anterior, al baile. Dedujo que el francés había fracasado pero a pesar de eso no se sintió tranquila por Sasori.

Pero entonces, de repente, un tremendo horror se apoderó de ella por lo que había hecho. Recordó la expresión malévola de Chauvelin cuando se despidieron en el baile. ¿Habría descubierto ya a Pimpinela Escarlata?

—No me escuchas, chérie—dijo Hinata con tono de reproche.

—Claro que sí, querida—replicó Sakura, obligándose a sonreír—. Tu felicidad me llena de alegría. Pero ahora, dime, ¿cuáles son las últimas noticias sobre tu padre?

—Las mejores—dijo Hinata jubilosa—. Lord Hastings ha venido esta mañana y ha dicho que estará en Inglaterra antes de cuatro días. Pimpinela Escarlata ha ido en persona a salvar a papá. Esta mañana se encontraba en Londres; quizá mañana esté en Calais, donde se reunirá con papá y entonces…

Al fin había descargado el golpe; Sakura lo esperaba, aunque llevaba media hora tratando de engañarse. Era él, Pimpinela Escarlata… Sasuke Uchiha Blakeney… su esposo, a quien la noche anterior ella misma había delatado a Chauvelin. ¿Cómo podía haber estado tan ciega? Salvaba a infinidad de personas, y todo por afán de aventuras.

Acaso él tuviera intención de contárselo cuando se casaron; pero entonces le llegó el rumor del marqués de Saint-Cyr y se había separado de ella, pensando que algún día podría traicionarle, así como a sus camaradas. De modo que la había engañado al igual que los demás con su máscara de petimetre insustancial, desempeñando el papel con maestría. Al traicionar a un desconocido para salvar a su hermano, ¿había enviado Sakura Uchiha Blakeney a la muerte a su propio esposo? ¡No, no, no! No era posible que el destino le asestase un golpe tan brutal.

—Pero, ¿qué te ocurre, chérie?—dijo Hinata alarmada porque Sakura se había puesto pálida como la cera—. ¿Estáis enferma?

Cuando Sakura iba a responderle llegó corriendo un lacayo. Traía una carta sellada.

Sakura cogió el sobre con manos temblorosas, luego rasgó el sobre. Ya sabía lo que contenía: era la carta escrita por Sasori a Sir Naruto. Ahora Chauvelin cumplía su palabra, devolvía la carta porque estaba sobre la pista de Pimpinela Escarlata.

Sakura sintió que todo daba vueltas a su alrededor; se tambaleó, y habría caído de no ser porque Hinata la sostuvo por la cintura. Con un esfuerzo, Sakura recuperó el dominio de sí misma: había mucho que hacer.

Chérie, temo que tendrás que marcharte a tu casa. Por favor, corre a decirle a mi doncella que me prepare un vestido de viaje y una capa —después Sakura se dirigió a su lacayo—: Mi coche y los cuatro caballos más veloces de la cuadra; que estén preparados al instante.

El lacayo y Hinata se alejaron a toda velocidad para cumplir la orden.

— ¿Qué hacer? —murmuró Sakura patéticamente—. ¿Dónde encontrarlo? ¡Oh, Dios mío! ¡Ilumíname!

Debía actuar rápidamente. Sasuke se había dirigido a Calais ignorando que su más implacable enemigo le pisaba los talones. Una vez en Calais, Sasuke se reuniría con el conde de Tournay e incluso Sasori, poniendo a todos en peligro.

Todas aquellas vidas estaban en manos de Sakura, y tenía que salvarlos. Por desgracia, no podía hacerlo todo ella sola. Una vez en Calais, no sabría en donde encontrar a su esposo. Antes que nada, Sakura deseaba advertir a Sasuke; ahora sabía que jamás abandonaría a quienes le habían otorgado su confianza, en cambio, si le avisaba, podría forjar nuevos planes y salir con bien. Sus ojos chispearon de alegría al pensar que pronto volvería a encontrarse con él, que iba a ayudarle, quizá…iba a estar a su lado en los últimos momentos, si fracasaba en su proyecto.

Ya tenía un plan. Iría primero en busca de Sir Naruto; era amigo de Sasuke y siempre hablaba con entusiasmo de su jefe. Ffoulkes la ayudaría.

Sin vacilar un instante, Sakura regresó a la casa en silencio.

MENOS DE MEDIA HORA después Sakura iba sentada en su coche que la conducía rápidamente a Londres. Ella no trataba de engañarse; si Chauvelin le había dado la carta era porque estaba plenamente seguro de que Sir Sasuke Uchiha era Pimpinela Escarlata. Si Chauvelin le atrapaba, su muerte sería inminente. ¡La muerte de Sasuke! Cuando ella, de buena gana, hubiera dado su vida por él.

Pronto llegó a la casa de Sir Naruto. La acompañaron a un pequeño comedor. Al cabo de un momento se presento Sir Naruto. Era evidente que se había llevado una gran sorpresa al descubrir que era ella.

Sakura lo saludo y empezó con calma:

—Sir Naruto, no quiero desperdiciar en preámbulos un valioso tiempo. Vuestro jefe, Pimpinela Escarlata, mi esposo, Sasuke Uchiha, corre un peligro mortal.

Sir Naruto se puso mortalmente pálido,

—Escuchad. No importa como he obtenido la información—prosiguió con voz serena—. Gracias a Dios lo sé. Cuando el agente del gobierno francés robó vuestros papeles aquella noche en Dover, donde estaban los planes para rescatar al conde de Tournay empezó a sospechar. Chauvelin sabe que Sasuke y Pimpinela Escarlata son la misma persona. Lo seguirá hasta Calais y allí lo apresará y no habrá posibilidad de salvarlo ni siquiera con la intervención del rey Jorge. También descubrirán al conde, a mi hermano y a todos aquellos que tienen depositados en él sus esperanzas.

—Pero ¿queréis decirme que mano guió a Chauvelin para que averiguara lo que decís que sabe?—dijo Sir Naruto tras un largo momento de silencio.

—La mía—contestó ella con voz queda—. Lo confieso…No os mentiré, porque deseo que confiéis en mí. Pero no tenía idea (¿cómo iba a tenerla?) de la identidad de Pimpinela Escarlata… y la salvación de mi hermano era la recompensa si tenía éxito. Sasori es para mí más que un hermano…Pero estamos perdiendo el tiempo, Sir Naruto; ahora cuenta cada segundo. Mi esposo está en peligro. ¡Ayudadme a salvarlo!

Sir Naruto estaba en una posición muy embarazosa. Había prestado ante su jefe juramento de obediencia y silencio, y, sin embargo, era indudable que Sakura decía la verdad.

—Lady Uchiha—dijo por último Ffoulkes—, Dios sabe que m asombro es tan grande que ya no sé cuál es mi deber. Decidme lo que deseáis que haga. Somos diecinueve hombres dispuestos a ofrecer la vida por Pimpinela Escarlata si corre peligro.

—No hace falta llegar a ese extremo—contestó ella—. Escuchad, mi choche está listo para llevarme a Dover. Seguidme lo más rápidamente posible. Nos reuniremos al anochecer en "El Hogar del Pescador". Alquilaremos una goleta en Dover y cruzaremos el Canal por la noche para ir a Calais. Si accedéis a ir disfrazado de lacayo mío, creo que pasaréis inadvertido.

—Estoy totalmente a vuestra disposición, Con Chauvelin pisándole los talones, cada paso que Pimpinela Escarlata dé en Francia le acercará cada vez más al peligro.

—Dios no lo quiera, Sir Naruto. ¡Nos veremos en Dover!

Ffoulkes se despidió de ella. Quince minutos más tarde, Sakura estaba de regreso en la posada de "La corona", donde descansaron sus caballos; un momento después galopaban por las calles de Londres, en dirección al camino de Dover.

Por fin ya Sakura sabe que Sasuke es Pimpinela Escarlata, ahora falta que le pueda advertir que tenga cuidado de Chauvelin.