Capítulo 11: Calais
Muy entrada la noche, Sakura llegó a "El Hogar del Pescador". Había realizado el viaje en menos de ocho horas, gracias a innumerables relevos de caballos. La llegada de Lady Uchiha, sola, a aquella hora intempestiva, causó bastante alboroto. El señor Jellyband se apresuró a encender las lámparas, reavivó el fuego en la chimenea de la sala, luego acercó a la misma una cómoda butaca, en la que se dejó caer Sakura, agradecida.
— ¿Piensa quedarse Vuestra Señoría esta noche?—preguntó Ino.
—No—repuso Sakura—. No deseo más habitación que ésta, si puedo tenerla para mí sola durante una o dos horas. También quiero atravesar el Canal con la primera marea. Pero mi cochero y mis hombres se quedarán a pasar quizá varios días, de modo en que confío que los instalaréis cómodamente.
—Sí, milady; me ocuparé de ello. ¿Quiere Su Señoría que Ino le traiga algo para cenar?—preguntó el señor Jellyband.
—Sí. Preparad algún fiambre y tan pronto como llegue Sir Naruto, hacedle pasar.
—Sí, milady.
El rostro de Jellyband se mostraba apenado contra su voluntad. Sentía un gran afecto por Sir Sasuke Uchiha, y no le gustaba que su esposa se fugara con Sir Naruto. Sin embargo, aquél no era asunto suyo. Ino preparó una sencilla cena; luego se retiró, preguntándose por qué Su Señoría parecía tan seria cuando estaba a punto de escaparse con su galán.
Entonces empezó para Sakura una agotadora espera. Hacia una noche desapacible y fría. A medida que transcurría el tiempo, la noche iba haciéndose más tempestuosa. El viento hacía retumbar los cristales de las ventanas, así como las enormes puertas de la casa, y rugía por el cañón de la chimenea.
Una repentina conmoción la despabiló; era Sir Naruto Ffoulkes, y Sakura oyó a Jellyband darle la bienvenida. Lady Uchiha pensó por primera vez en lo embarazoso de su situación: ¡Tener una cita a aquella hora con un joven disfrazado! Por primera vez en muchas horas, una leve sonrisa asomó a los labios de la joven. Cuando Sir Naruto, con su atuendo de lacayo, entró en la sala, Sakura lo saludó con alegre risa.
— ¡A fe, lacayo mío, que vuestro afecto me satisface!
El disfraz del joven confirmo las peores sospechas del señor Jellyband. Descorchó muy serio la botella de vino y se preparó a esperar.
—Gracias, no necesitamos más. Tomad, por todas las molestias—dijo Sakura con una sonrisa.
—Un momento, Lady Uchiha—intervino Sir Naruto, cuando Jellyband se disponía a retirarse—. Siento decir que esta noche no podremos cruzar el Canal. Se ha desencadenado una fuerte tormenta y es imposible izar las velas.
Sakura se puso blanca como el papel.
— ¡Pero hemos de ir! ¡Es preciso!—repitió con insistencia.
—Los marineros me han asegurado que nadie—y miró significativamente a Sakura—, nadie podrá salir esta noche de Dover.
Aquel término nadie, incluía a Chauvelin.
—Bueno, entonces tendré que resignarme—le dijo—. ¿Tenéis una habitación para mí?
—Sí Señoría. Y otra para Sir Naruto.
—Eso está bien Jelly—le dijo alegre Sir Naruto adivinando los recelos del posadero—. Sir Sasuke Uchiha os recompensa doblemente si cuidáis bien de que Su Señoría se encuentre cómoda.
El rostro de Jellyband se iluminó al oír mencionar el nombre de Sir Sasuke. Cuando el señor Jellyband se hubo retirado Sir Naruto dijo:
—La tormenta nos impide zarpar de Dover esta noche. Pero Chauvelin se encuentra en el mismo caso. Los marineros aseguran que en las últimas horas no ha zarpado de Dover ninguna goleta.
—Así, pues, ¿Chauvelin está aún en Dover?
—No me cabe duda.
La joven se animó mucho cuando Ffoulkes le contó las audaces fugas que su marido hizo. Hasta la hizo reír al describir el aspecto de Uchiha convertido en una repugnante verdulera cuando escaparon la condesa de Tournay y sus hijos. De este modo transcurrió una hora. Sakura s preguntaba dónde estaría Sasuke. Se retiraron después de la madia noche. Sakura no pudo conciliar el sueño mientas arreciaba la tormenta que la mantenía alejada de Sasuke.
TRAS UNA NOCHE de insomnio, se levantó temprano, anhelosa de emprender el viaje.
Encontró a Sir Naruto en la sala. El joven había ido al muelle sólo para comprobar la imposibilidad de que ningún barco zarpase de Dover. Tendrían que esperar diez o doce horas hasta la próxima marea. Ella y Sir Naruto permanecieron sentados hora tras hora haciendo conjeturas. Luego Sir Naruto había bajado al muelle; luego notificó a Sakura a su regreso que había contratado una goleta cuyo patrón estaba dispuesto a izar velas tan pronto como la marea fuese favorable. Por último, a las cinco de la tarde ambos se encaminaron al muelle. Una vez a bordo, el fresco aire marino la hizo revivir; el Foam Crest zarpó inmediatamente.
Poco después de caer la noche, Sakura desembarcaba en suelo francés. Volvía a poner un pie donde, en aquel mismo momento, los hombres asesinaban por centenares a sus semejantes. Todos observaron a Sakura cuando salto a tierra seguida de Sir Naruto y murmuraron: "Sacrés aristos!" o "Sacrés Anglais!". Aparte de eso, su presencia no suscitó ningún otro comentario, pues aún por entonces los comerciantes ingleses solían desembarcar en aquella costa. Sin embargo, Sakura se preguntó cómo habría podido pasar inadvertido su esposo en Calais, con su elevada estatura y su tipo vigoroso.
Sir Naruto la condujo hacia en cabo Gris-Nez. Las calles eran estrechas y malolientes. A veces Sakura se hundía en el barro hasta los tobillos. Pero le tenían sin cuidado aquellas incomodidades. Quizá encontrasen a Sasuke en "Le Chat Gris" y andaba como sobre pétalos de rosa.
Por fin llegaron a su destino. Sir Naruto llamó a la puerta y Sakura oyó en el interior un murmullo de blasfemias y un arrastrar de pies. Cuando entraron a la sala Sakura se encontró en el lugar más desolado que había visto en su vida. El papel colgaba a tiras de las paredes, la mayoría de las sillas estaban rotas. En una de las paredes se abría la entrada a un desván. Una desvencijada escalera conducía hasta allí.
El individuo que había abierto la puerta, y que debía ser el dueño de "Le Chat Gris", era un campesino ya mayor, vestido con un sucio blusón azul, andrajosos pantalones azules y la inevitable gorra roja con la escarapela tricolor. Miró con recelo a los dos viajeros, murmuró: "Sacrés Anglais!" y escupio en el suelo, pero se hizo a un lado para dejarles pasar porque sabía que llevaban la bolsa repleta.
— ¡Oh, señor!—dijo Sakura adentrándose en la sala y llevándose un pañuelo a su delicada nariz—. ¿Estáis seguro de que es este el sitio?
—Ya lo creo que lo es—replicó el joven, quitando el polvo de una silla para que Sakura pudiera sentarse—; pero reconozco que no he visto lugar más repugnante.
Junto a la chimenea había una mujer acurrucada, vestida casi exclusivamente de harapos removiendo el brebaje que se cocinaba en una olla.
— ¡Eh, amigo mío!—dijo Sir Naruto—. Desearíamos cenar algo…
Brogard con parsimonia se acercó a un parador, cogió una vieja sopera de peltre y empezó a llenarla de sopa. Sacó una botella de vino y algo de pan, y Sakura acercó su silla a la mesa para fingir que comía. Sir Naruto, en su papel de lacayo, permaneció en pie detrás de ella.
—No, señora—dijo al ver que Sakura parecía incapaz de comer—, os ruego que tratéis de ingerir alimento, recordad que necesitaréis todas vuestras fuerzas.
En verdad la sopa no era mala; olía y sabía bien. Brogard, recostado en la mesa, fumaba una pipa maloliente y los miraba ceñudo.
—Vos necesitáis alimento tanto como yo. Os lo ruego, poned a ese individuo de buen humor para que conteste a las preguntas que tenemos que hacerle.
—Haré cuanto pueda. Amigo mío—dijo amablemente en francés después de haberse sentado—; mi señora desearía saber si por casualidad habéis visto a un amigo suyo, un inglés alto, que viene a menudo a Calais en viaje de negocios.
Sakura trató de no mirar a Brogard, por miedo a revelarle la ansiedad con que esperaba su respuesta. Brogard se tomó tiempo y después dijo con exasperante lentitud:
— ¿Un inglés alto? Sí—con una pantomima trató de explicar que el individuo en cuestión llevaba ropa muy elegante—. Sacré aristo! ¡Aquel inglés alto!
—Es Sir Sasuke—susurró Sakura—, y ni siquiera va disfrazado—sonrió al pensar en Sasuke, que corría los mayores peligros con una casaca a la última moda y el encaje de la chorrera impecable—. ¡Aprisa, Sir Naruto! Preguntad al hombre adónde ha ido.
—Ah, sí—dijo Sir Naruto, dirigiéndose a Brogard—, el inglés alto que visteis era sin duda el amigo de mi señora. ¿Decís que se ha marchado?
—Sí pero regresará. Ha encargado que se le prepare la cena.
Con un rápido ademán de advertencia, Sir Naruto apoyó una mano en el brazo de Sakura; la alegría podría haberla traicionado.
— ¿Dónde está ahora el caballero inglés?—preguntó ella a Brogard.
—Ha salido a buscar un carro y un caballo—replicó éste.
— ¿A qué hora ha salido?
Pero era evidente que Brogard estaba harto de aquel interrogatorio.
—No sé—replicó con rudeza—. Ya he dicho lo suficiente, voyons, les aristos!
Y con esta declaración, Brogard, acompañado de su esposa, se encaminó, arrastrando los pies, al cuarto trasero y desapareció en él dando un portazo.
Bueno, ya está el capítulo, falta saber si Sakura podrá ver a Sasuke cuando llegué a la cena.C=
