La historia es una adaptación del libro "Pimpinela Escarlata" de la Baronesa Orczy y los personajes de Naruto son de Masashi Kishimoto.
Capítulo 13: La trampa
A Sakura le pareció que su propia vida se le paralizaba. En el cantor había reconocido a su esposo. Chauvelin lanzó una rápida mirada hacia la puerta y se apresuró a ponerse el sombrero.
La voz fue aproximándose; por un instante, sintió el alocado deseo de correr escaleras abajo y cruzar velozmente la estancia para rogar a Sir Sasuke que huyera antes de que fuese demasiado tarde, salvando así su vida. Se contuvo en el último momento. Chauvelin la detendría antes de que alcanzara la puerta y alertaría a los soldados.
Al cobo de un momento se abrió la puerta. Sakura contuvo el aliento, tratando de imaginar lo que ocurriría.
Inmediatamente después de entrar, Sir Sasuke vio al cura sentado en la mesa. Llevaba el capote y traje de montar con que Sakura le había visto por última vez en Richmond. La vacilación de Sasuke duró menos de cinco segundos; después cruzó la sala y dijo con voz alegre:
— ¡Cáspita! Monsieur Chauvelin. Os aseguro que no imaginaba encontraros aquí.
Chauvelin, que en ese momento se llevaba a la boca una cucharada de sopa, casi se atragantó. Su rostro adquirió un color purpúreo, no cabía duda de que aquella audaz acción por parte del enemigo le desconcertó completamente. Uchiha dedujo que como el otro no había tomado la precaución de rodear la posada con soldados, sacaría provecho de aquel inesperado encuentro.
Sakura había prometido a Sir Naruto no hablar con su esposo ante un desconocido. No intervenir era una prueba terrible de dominio de sí misma. Sabía que si Sir Sasuke se marchaba le descubriría alguna patrulla. Por otra parte, si se quedaba, Kabuto regresaría con media docena de hombres que Chauvelin había pedido.
—No sabéis cuanto lo siento. Parece que os he sobresaltado—Sasuke sonrió a Chauvelin— ¿No os importa?—añadió en son disculpa, sentándose y acercando hacia sí la sopera—. Ese imbécil de Brogard parece haberse dormido.
Había un segundo plato en la mesa, y Blakeney se sirvió la sopa con toda calma; después se llenó un vaso de vino. Chauvelin, recuperada la serenidad, dijo amablemente:
—Estoy encantado de veros, Sir Sasuke. Debéis excusarme…os creía al otro lado del Canal. La sorpresa casi me ha quitado el resuello.
—Ya lo creo que os lo quitó—dijo Sir Sasuke con una sonrisa.
Se tomaba la sopa muy despacio, como si hubiera viajado hasta Calais con el exclusivo objeto de comerla.
Sakura se preguntaba por qué Sir Sasuke no derribaría a aquel enano. Luego entendió que mientras él comía y charlaba, pensaba y forjaba nuevos planes.
—Ignoraba—decía en aquel momento Sasuke con jovialidad—que hubieseis profesado…las sagradas órdenes.
—Bueno…yo…—tartamudeó Chauvelin
—Pero os habría reconocido en cualquier sitio—prosiguió Sir Sasuke, al tiempo que se servía otro vaso de vino—, aunque la peluca y el sombrero os han cambiado un poco. Espero que no os haya molestado mi observación. Ha sido una descortesía por mi parte…
—No, en absoluto…Espero que Lady Uchiha siga bien—dijo Chauvelin apresurándose a cambiar de conversación.
Sasuke, con exagerada calma, terminó su plato de sopa y apuró su vaso de vino y a Sakura le pareció que examinaba con disimulo toda la estancia.
—Muy bien, gracias—dijo por fin, en tono cortante.
Hubo una pausa, durante la cual los dos hombres se midieron mutuamente, y Sakura se permitió el lujo, tan caro para el tierno corazón de toda mujer, de mirar al hombre a quien amaba.
Chauvelin trataba de ocultar su impaciencia, echó una ojeada a su reloj. Kabuto no podía tardar: dos o tres minutos más y aquel inglés estaría bajo la custodia de media docena de soldados.
— ¿Os dirigís a París, Sir Sasuke?—preguntó con indiferencia.
—Por Baco, no—replicó Uchiha con una risotada—. Sólo llegaré hasta Lille. En estos momentos París es un lugar incomodísimo. Lo que pasa allí no es asunto mío. Vos tenéis prisa, señor—añadió cuando Chauvelin volvió a consultar su reloj—. Quizá una cita. Os ruego que hagáis caso omiso a mi presencia. Diantre, señor—al tiempo que Chauvelin consultaba su reloj por tercera vez—, ese reloj no por eso irá más aprisa. ¿Esperáis quizá un amigo?
— ¡En efecto, un amigo!
—Espero que no sea una dama, Monsieur l'abbé—dijo riendo Sasuke—. Sin duda la Santa Iglesia no lo permite.
Chauvelin ya no podía dominar su impaciencia. Kabuto llevaba ausente cerca de un cuarto de hora y no parecía que llegase pronto.
—Decidme, os lo ruego, monsieur Chauvelin, ¿es bonita vuestra amiga? Pero eso no hace falta preguntarlo, estoy seguro.
Todos los sentidos de Chauvelin se concentraban en la puerta por la que aparecería Kabuto. Y el oído de Sakura había percibido de pronto el sonido de unos pasos acompasados, todavía bastante lejos.
Eran Kabuto y sus hombres. ¡Tres minutos más y estarían allí! Sakura no se atrevía a moverse; observaba todos los movimientos de Sasuke. Daba la espalda a Chauvelin y seguía charlando con su tono afectado, pero del bolsillo había sacado una cajita de rapé y vaciaba rápidamente en su interior el contenido del tarro de la pimienta. Luego se volvió hacia Chauvelin y dijo riendo:
— ¿Eh? ¿Decíais, señor?
Chauvelin había estado demasiado absorto escuchando el rumor de los pasos que no observo lo que hizo Sir Sasuke. En aquel momento reaccionó.
—Nada—dijo—. ¿Y qué decíais vos, Sir Sasuke?
—Decía—replicó el otro, acercándose a Chauvelin—que mi proveedor de Picadilly me ha enviado esta vez un rapé como no lo he probado en toda mi vida. ¿Me hacéis el honor monsieur l'abbé?
Y le ofreció la cajita de rapé a su mortal enemigo.
A chauvelin no se le habría ocurrido un truco como aquel. Con su ojo fijo en la puerta, falsamente confiado por los modales despreocupados de aquel inglés, cogió un pellizco del contenido de la cajita.
Sólo quien haya pasado por eso tendrá una leve idea del lastimoso estado que puede reducir a cualquier ser humano. Chauvelin sintió como si le estallase la cabeza; los estornudos, uno tras otro, amenazaban asfixiarle; por un momento quedó ciego, sordo y mudo, y Sasuke supo aprovechar la situación: sin mostrar prisa, recogió su elegante sombrero, dejó algún dinero en la mesa y salió tranquilamente de "Le Chat Gris".
Como prometí subí rápido este capítulo. Por fin Sakura ve a Sasuke pero no pudo hablar con él. Espero que les haya gustado ^^
