La historia no me pertenece, es una adaptación del libro de la baronesa Orczy y los personajes son de Masashi Kishimoto.

Capítulo14: Sobre la pista

Sakura necesito algún tiempo para dominar sus desbordadas emociones. Cuando comprendió lo que había ocurrido, una mezcla de alegría y de sorpresa le inundó el corazón. Había sido una faena perfecta, ingeniosa.

Sasuke había salido, evidentemente, para tratar de reunirse con los fugitivos en la cabaña Père Blanchard. ¿Hasta dónde podría llegar con todos los caminos vigilados con esa ropa tan llamativa? En aquel momento oyó la voz de Kabuto que ordenaba hacer alto a sus hombres frente a la posada.

Chauvelin que ya se había recuperado trabajosamente, consiguió abrir la puerta y balbució entre estornudos:

— ¡El extranjero alto! ¡Aprisa! ¡Por esa puerta! ¡No hace ni cinco minutos!

— ¿Dónde ciudadano? No hemos visto nada. La luna no ha salido aún y…

—Y vos llegáis cinco minutos tarde—dijo Chauvelin con furia.

Kabuto palideció levemente.

—No podrá ir lejos. El capitán Orochimaru ha envido cuarenta hombres como refuerzo para el servicio de patrullas. Es imposible que nadie se acerque a un bote sin ser descubierto.

—Claro que en ningún caso detendrán a esta persona—dijo Chauvelin con vehemencia—. Hemos de dejar que Pimpinela Escarlata llegue a la cabaña del Père Blanchard; allí le capturaremos.

—Los hombres ya lo saben. Tengo más noticias para vos. Hace unos tres cuartos de hora, un inglés alto ha estado conversando con un judío llamado Reuben sobre el alquiler de un carro y un caballo, que debía tener preparados a las once.

—Ya pasa de esa hora. Mandad que averigüen si el desconocido ha emprendido el viaje en el carro de Reuben.

—Sí, ciudadano.

Pasados cinco minutos regresó Kabuto. Seguíale un judío viejo envuelto en un capote de gabardina raído y sucio. Llevaba la cara llena de mugre y el cabello, rojizo y algo canoso ya, recogido en tirabuzones a ambos lados del rostro. Andaba en pos de Kabuto, arrastrando los pies.

— ¿Es éste el hombre?—preguntó Chauvelin.

—No—replicó Kabuto—. No hemos podido encontrar a Reuben, pero este hombre sabe algo que estaría dispuesto a contar a cambio de una recompensa.

El judío permanecía algo apartado; su sombrero grasiento, de ala ancha, proyectaba una densa sombra sobre su rostro.

—El ciudadano me dice—empezó Chauvelin secamente—que sabéis algo del inglés alto a quien deseo encontrar.

—Sí, Excelencia—replicó el judío, que hablaba con ese ceceo peculiar que denotaba una procedencia oriental—; Reuben Goldstein y yo encontramos esta tarde, cerca de aquí, a un inglés muy alto. El hombre quería saber si podíamos alquilarle un caballo y un carro para ir a un sitio a donde quería llegar esta noche. Cuando me disponía a ofrecer mi caballo, Reuben, ese maldito traidor, me quitó las palabras de la boca y ofreció su jamelgo medio muerto de hambre y su carro desvencijado. Entonces el inglés le enseñó un puñado de oro y que sería suyo si el caballo y el carro estaban preparados a las once.

— ¿Sabéis por casualidad en qué dirección se ha marchado el inglés?

—El desconocido me ha ofrecido veinte francos para que cerrará el pico.

Chauvelin encogió los hombros con impaciencia, sacó del bolsillo un puñado de oro e hizo sonar el dinero en la palma de la mano.

— ¿Qué desea saber Vuestra Excelencia?

—Si vos podéis llevarme en pos del inglés.

—Mi caballo y mi carro están a diez pasos de esta puerta.

— ¿A un lugar llamado la cabaña del Père Blanchard?

— ¿Cómo la habéis adivinado?—preguntó el judío, atónito.

— ¿Conocéis el lugar? ¿Qué camino conduce hasta allí?

—El de Saint-Martin, y después un sendero que lleva a los acantilados. A menos de dos leguas de aquí, encontraremos a Reuben, con su jamelgo, su carro y el inglés alto.

—Si tratáis de engañarme—dijo Chauvelin—, haré que os azoten dos de mis soldados más robustos hasta quitaros el resuello para siempre. Pero si encontramos al inglés alto, en la carreta o en la cabaña del Père Blanchard, tendréis otras diez monedas de oro. ¿Aceptáis el trato?

—Acepto—dijo con decisión el judío tras una pausa.

Chauvelin, si más, arrojó las monedas de oro a los pies del judío que se arrodilló a recogerlas. Luego Chauvelin dijo:

—Vos—dijo a Kabuto—, pedidle al capitán Orochimaru otra docena de hombres; llevadlos con vos por el camino de Saint-Martin. Con el judío iré yo. Estoy seguro que en la cabaña atraparemos a nuestra presa. Lucharemos cinco contra uno, por lo menos, pero al inglés no le mataremos en seguida.

Luego Chauvelin salía con su secretario.

SAKURA UCHIHA NO VACILÓ. Esperó un momento, después descendió sigilosamente la desvencijada escalera, se envolvió en su capa oscura y salió sin hacer ruido de la posada.

De este modo inició la última etapa de su viaje, sola, de noche y a pie. El aire era cortante y olía a salmuera; después de lo que había pasado en la posada, Sakura podría haber gozado de aquella noche otoñal, escuchando la distante y melancólica queja de las olas, pero no se lo permitía su anhelante y dolorido corazón. Las pocas luces de Calais quedaban ya muy atrás en la brumosa lejanía, y en el camino no se veía rastro de vida humana.

Delante de ella veía que el escuálido jamelgo del judío apenas si conseguía andar, y su conductor tenía que concederle frecuentes descansos.

— ¿Estamos aún muy lejos del sendero?—preguntó Chauvelin al cabo de un rato.

—No mucho, Señoría—fue la plácida respuesta— ¡Eh! ¿Qué es eso?—dijo de repente.

En el silencio reinante podía oírse ahora con claridad un rumor de cascos de caballo.

—Deteneos un momento; quiero escuchar—dijo Chauvelin.

También Chauvelin oyó el galope de unos caballos. ¿Había sido descubierto por fin el inglés? El carro se detuvo; oyó el saludo: "Liberté, Egalité, Fraternité"; después la rápida pregunta de Chauvelin:

— ¿Qué noticias hay?

Dos jinetes se detuvieron al lado del vehículo y Sakura a su espalda oyó el paso de un grupo de hombres: Kabuto y sus soldados.

—A un par de leguas de aquí hemos descubierto una cabaña de madera. No nos pareció sospechoso hasta que vimos salir humo de una abertura de la pared. Entonces desmonté y descendí hasta la cabaña. Estaba vacía, pero en un rincón había un fuego de carbón. Media hora más tarde dos hombres se acercaban por el acantilado. Uno era joven y el otro bastante viejo.

Cuando oyó aquello, a Sakura le dio un vuelco el corazón. Quizá el joven fuera Sasori y el viejo Tournay.

—Los dos hombres penetraron en la cabaña—prosiguió el soldado—. Me acerqué y oí que el viejo le preguntaba al joven si aquél era el sitio. "Desde luego que este es el sitio", contestó el otro, "Aquí está el plano que me dio antes de salir de Londres". Cuatro se quedaron vigilando la cabaña mientras mi camarada y yo regresábamos a informaros.

—No hay momento que perder—dijo Chauvelin con ferocidad—. Venid con nosotros. Id junto al carro e indicad el camino al judío.

Tras los arbustos del lado del camino, Sakura parecía haber perdido todas sus facultades, hasta el sufrimiento porque ahora no quedaba ni la menor esperanza. A menos de dos leguas de aquel punto, a los fugitivos y a su valeroso libertador los capturarían. Sasori le sería devuelto a Sakura de acuerdo con la palabra empeñada por Chauvelin, pero Sasuke caería en manos de su enemigo implacable.

Cuando llegaron Kabuto y sus hombres, emprendieron la marcha por el oscuro camino. Sakura esperó hasta que se alejaran; después, en la oscuridad, que de pronto parecía haberse hecho más intensa, también ella inició la marcha sigilosamente.

Ya está el capítulo; me gusta porque Sakura va tras Sasuke a avisarle, ya que no pudo hacerlo en la posada aunque me hubiera gustado que platicaran pero por lo menos lo vio. Ahora falta saber si Chauvelin lo atrapará.