La historia no me pertenece, es una adaptación del libro de la baronesa Orczy y los personajes son de Masashi Kishimoto.

Capítulo 15: La cabaña del Père Blanchard

Sakura caminaba como en sueños. Miraba desesperada a su alrededor y se preguntaba dónde aparecería su marido para caer en la trampa mortal. Los pies le dolían. Las rodillas le temblaban. Llevaba tres noches sin descansar, y más de dos horas caminando, pero no vaciló en su determinación ni por un momento.

De pronto oyó que el carro se había detenido lo mismo que los soldados. Sakura, con cautela, a gatas, se encaminó a una zanja llena de yerbajos, desgarrándose en el acto el rostro y las manos con las ramas secas; estaba situada a menos de tres metros del punto en donde Chauvelin había dado órdenes a sus hombres. Lo único que podía hacer ya para ayudar a Sasuke era averiguar los planes del enemigo.

—A ver—decía Chauvelin—, ¿dónde está la cabaña del Père Blanchard?

—A unos ochocientos metros de aquí, siguiendo el sendero—dijo uno de los soldados.

—Muy bien. Guiadnos hasta allí. Ahora escuchad atentamente todos—prosiguió Chauvelin—: Los que se acerquen a la cabaña y si hay en ella un inglés alto junto a esos dos traidores, avisad con un silbido a vuestros camaradas. Entonces deberéis rodear la cabaña, penetrar en ella y capturar a los hombres allí reunidos; si alguno se resiste, disparadle a las piernas o a los brazos, pero bajo ningún concepto debéis matar al individuo alto; tal vez necesiten cinco hombres para dominarlo.

Hizo una breve pausa, y después prosiguió:

—Si los traidores realistas siguen solos, todos deberéis ocultaros cerca de la cabaña y esperar hasta que llegue el inglés. Sólo entonces capturaréis la cabaña. El que no obedezca mis órdenes será castigado bajo pena de muerte. Si ya se entendió todo entonces, marchaos, yo os seguiré.

— ¿Y el judío, ciudadano?—preguntó Kabuto.

— ¡Ah, sí!—dijo Chauvelin, volviéndose hacia el camino—.Eh vos…como quiera que os llaméis.

—Benjamín Rosembaum, si place a Vuestra Excelencia—replicó humildemente. A parte el judío parecía realmente asustado; temblaba de pies a cabeza. Chauvelin pensó que podría lanzar un chillido que alertase a Pimpinela Escarlata.

—Bueno, perezoso cobarde—dijo por fin—, avanzad detrás de nosotros. Oíd, Kabuto, amordazad bien con este pañuelo a este individuo.

Benjamín Rosembaum se dejó amordazar. Era evidente que prefería aquello que a quedarse solo en el oscuro camino de Saint-Martin.

Sakura se deslizó silenciosa por detrás del seto: se había quitado los zapatos y tenía las medias totalmente desgarradas. No sentía nada; la voluntad de reunirse con su marido apagaba en ella cualquier sensación de dolor físico. De pronto, la luna, que había estado oculta tras un cúmulo de nubes, surgió e iluminó el solitario paisaje así como el camino. Doce metros más abajo veíase el borde del acantilado; la mirada de Sakura se fijo en las plateadas olas y llenáronsele los ojos de ardientes lágrimas: a menos de doscientas millas esperaba una goleta. Era el Day Dream, el yate de Sasuke. Ella temía que tal vez nunca se subiría de nuevo a ella.

La visión de la goleta le infundió la fuerza de la desesperación. Allí estaba al borde del acantilado, y algo más abajo la cabaña donde, muy pronto, su esposo iba a hallar tan mal fin. Pero había salido la luna: ahora Sakura distinguía bien el camino; localizaría la cabaña, echaría a correr y advertiría a quienes en ella se albergaban.

Avanzó a trompicones. Debía haber adelantado a Chauvelin porque oyó pasos a su espalda. A su izquierda, vio una tosca construcción de madera; a través de sus paredes veía una diminuta luz rojiza. Sakura inició el descenso arrastrándose de roca en roca. Siguió adelante, dando traspiés, cuando, de pronto, una grieta o un pedazo resbaladizo de roca, la hizo caer violentamente. Con gran esfuerzo se puso de pie y reanudó la marcha. Al cabo de un momento, una mano la agarró de la falda y Sakura cayó de rodillas, en tanto que la amordazaban para evitar que lanzara un chillido.

— ¡Una mujer!—susurró Chauvelin—Me gustaría saber…—Después de unos segundos de silencio lanzó una risa queda, extraña; Sakura volvió a sentir en la cara los dedos de Chauvelin— ¡Válgame Dios!—mustió éste con fingida galantería—. Está es una agradable sorpresa—y cogiendo la mano de Sakura, se la llevó a sus burlones labios.

La situación habría sido grotesca, si no fuera al mismo tiempo tan trágica. Sakura sintió que la levantaban, y un par de fuertes brazos la condujeron hacia aquella luz rojiza. Durante unos instantes, Sakura perdió toda la noción del tiempo y espacio. Cuando volvió a la realidad se dio cuenta de que estaba con la espalda recostada en una roca. Oía rápidas preguntas y respuestas susurradas.

—Hay cuatro hombres ahí dentro; parecen estar esperando.

— ¿Qué hora es?

—Cerca de las dos.

— ¿La goleta?

—Sin duda es inglesa y debe estar a unas dos millas de distancia. Pero no vemos su chalupa.

— ¿Se han ocultado los hombres? ¿No cometerán ningún error?

—No se moverán hasta que llegue el inglés alto, y entonces dominarán a todos los hombres.

—Bien. ¿Y la dama?

—Supongo que continúa aturdida. Esta junto a vos, ciudadano.

— ¿Y el judío?

—Sigue amordazado y atado de pies y manos.

—Bien. Ahora acercaos a la cabaña y dejadme a mí con la dama.

Sakura oyó arrastrarse a Kabuto por el acantilado, y entonces sintió que un par de manos delgadas cogían las suyas con fuerza.

—Antes de que os quite ese pañuelo de vuestra adorable boca—le susurró Chauvelin al oído—, le haré una advertencia. Creo suponer que tan pronto como os quite esta mordaza sería para advertir a ese hombre que me ha costado acorralar.

Calló por un momento, apretándole con más fuerza las muñecas.

—Dentro de esa choza, si no me equivoco—prosiguió—, vuestro hermano Sasori Haruno Saint-Just, espera con el traidor de Tournay y otros dos hombres la llegada de Pimpinela Escarlata y si vos gritáis todo por lo que he luchado estará perdido. Lo que quiero que hagáis es que vos permanezcáis en este sitio, sin hacer ningún ruido, hasta que os de permiso de hablar. Si desobedecéis, mis hombres cogerán a Saint-Just, a Tournay y a sus dos amigos y los fusilarán ante vuestros propios ojos.

Sakura escuchó las palabras con creciente terror. Quería decir que estaba obligada a guardar silencio, permitiendo que el esposo a quien adoraba se dirigiese a la muerte sin saberlo, o bien si le advertía, provocaría la muerte de su hermano, así como de los otros tres hombres que estaban con él.

—Hermosa dama—añadió Chauvelin cortésmente—, no podéis sentir interés por nadie que no sea Haruno. Mis hombres tienen órdenes estrictas de respetarlo por encima de todo. En cuanto a Pimpinela Escarlata, ¿qué significa para vos? Ahora, permitidme quitaros esta mordaza. Estoy seguro de que vuestra elección será razonable.

Chauvelin retiró el pañuelo. Sakura no chilló, no tenía fuerzas para nada; apenas si pudo incorporarse. Transcurrían los minutos. Le parecía imposible que ella, Sakura Uchiha Blakeney, la reina de la sociedad londinense, estuviese en aquella costa solitaria. Y ¡ay!, no era posible que el ser que cada vez le era más querido se acercará confiado a su perdición.

¿Por qué no le avisaba a gritos para que retrocediese sobre sus pasos? No podía lanzar aquel aviso porque era débil y era mujer. Si lo hacía fusilarían a Sasori ante sus propios ojos. De pronto, en algún lugar no muy lejano, se oyó una voz alegre y sonora que cantaba "God save the King!"

Este capítulo se me hizo interesante, elegir entre no avisar a la persona que quieres o ver morir a tu hermano, creo que son de esas elecciones entre que hay que elegir una peor a otra más fea.

Tal vez Sakura por fin vuelva a ver a Sasuke, solo falta saber qué pasará con Sasori y los demás fugitivos =) espero que les haya gustado el capítulo.