"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Nuevo capítulo a la orden! No tengo idea como es que están saliendo tan rápido, pero al parecer la señorita inspiración se ha negado a abandonarme estos días. Debo admitir que tuve muuuchos problemas para no adelantarme en la trama y poner cosas de las que luego me iba a arrepentir, pero me gustó mucho como ha quedado, espero también les guste a ustedes!

Y muchas gracias por los reviews. Leer que les gusta, les intriga, les desespera y hasta les molesta lo que está pasando hasta el momento es más que útil para mí! Sé que muchas se preguntan mil cosas y espero irlas respondiendo al tiempo que se preguntan muchas más conforme la historia sigue su curso ;)

Sin más que decir por hoy les dejo el cap, enjoy!

Capítulo 4°: Mudanza Al Estilo Muggle

~Harry's POV~

Caminé lentamente por las tranquilas, calladas y sobre todo comunes aceras de la calle, mirando como las pocas personas que pasaban a mí alrededor comenzaban a cuchichear instantáneamente al verme.

Así que me recordaban después de todo.

Llegué en menos tiempo del que pensaba. Me quedé parado frente a la puerta, mirándola como si en algún momento fuera a comerme. No pensé que me sería tan difícil, pero comprobé al estar ahí que una vez más me había equivocado.

Miré un poco a mí alrededor y me sorprendí de encontrar todo casi como la última vez que lo había visto, excepto quizás por algunos árboles y los diseños de las casas, que ahora eran un poco más modernistas, de acuerdo a la época.

De acuerdo, aquí vamos. Pensé una vez que me di cuenta que no podía mover mis pies de donde estaban. Al parecer no había marcha atrás, y todo indicaba que eso era lo que tenía que hacer en aquel preciso momento.

Toqué la puerta dos veces de manera rápida, tal vez esperando que no me escucharan adentro. Pero no se necesitaron más que esos para que la puerta se abriera casi de inmediato. Y parada frente a mí y mirándome de manera curiosa, pude reconocer a la mujer mayor con la que había estado hablando por teléfono las últimas dos semanas.

-¿Señor Potter?- asentí, confirmándole-Lo estaba esperando, pase por favor-

Me limité a sonreír, sin lograr que mis pies me respondieran y se desprendieran del tapete de bienvenida que se encontraba en la entrada. Como lo supuse, la mujer me miró extrañada, tal vez pensando que estaba medio sordo o un poco retrasado.

Y como eso era lo que menos me convenía que pensara, inhalé profundamente y cerrando mis ojos puse un pie dentro de la casa. Después el otro. Y sin darme cuenta había entrado y ahora estaba ahí.

A pesar de aquella sensación familiar que me invadió al instante, pude darme cuenta que ya no sentía ese hueco en el pecho y ese vacío en el corazón que alguna vez había sentido en ese lugar. Y finalmente, después de días de analizarlo, tomé mi decisión.

-Bien, Señor…creo que si quiere puede empezar por ver…-

-No será necesario- dije sin pensarlo- La compro-

Mi respuesta la sorprendió tanto como a mí. Me miró como si estuviera desquiciado y de haber sabido practicar mejor la Legeremancia habría jurado que estaba sopesando seriamente la idea de correr al loco que acababa de entrar a su casa.

-Pero, señor…si ni siquiera la ha visto-

-Créame cuando le digo señora, y sin la menor intención de alterarla, que conozco esta casa como la palma de mi mano-

Tal vez fue mi sonrisa o la mirada sincera que le dirigí las que ayudaron, pero la mujer terminó por calmarse y reemplazó su mirada de desconfianza por una de intriga, y sonrió, aunque insegura, en respuesta a mi sonrisa.

-Y dígame ¿Cree que podría comenzar a mudarme mañana mismo?-

Como respuesta solo pude obtener una mirada vidriosa abriéndose de par en par.


~Hermione's POV~

-Un momento!-

Repetí la frase por tercera vez mientras bajaba las escaleras a toda prisa. Cubierta simplemente con mi fino camisón y mi bata de dormir sin terminar de anudar enfoqué la mirada para mirar la hora en el reloj de pared. Las ocho de la mañana.

Extrañada bajé lo que quedaba de las escaleras mientras escuchaba el mismo toque rápido y eufórico en la puerta de entrada. No tenía idea de quién podría estar llamando a mi puerta un domingo a las ocho de la mañana, y sin Ron en la casa la idea de bajar ante tales golpes no me producía ninguna gracia.

Más vale que sea algo importante. Pensé mientras soltaba un largo suspiro.

-Ya voy!- grité al escuchar que tocaban de nuevo.

Llegué al rellano y sin más ceremonia abrí la puerta lo suficiente para toparme con unos ojos color esmeralda, un cabello azabache revuelto y una sonrisa que parecía no encajar con la versión que yo tenía de ese rostro.

Así como el brillo de sus hermosos ojos, que pude asegurar se hizo más intenso cuando se toparon con los míos.

-Harry!-

Sonreí al tiempo que abría la puerta en su totalidad para dejarlo pasar. Él solo sonrió aun más, parado en la entrada sin cruzar el umbral. Llevaba unos pantalones de mezclilla, una simple camiseta blanca y una a cuadros encima y abierta. Y en ese momento me pareció la persona más despreocupada del mundo. Sin penas, sin preocupaciones…

Sin dolor.

-Buenos días, Herms-

Dijo aquello en un tono poco usual, entre burlón y coqueto, al tiempo que me miraba de arriba abajo como un niño pequeño que admira un juguete. Mi sonrisa desapareció un poco al tiempo que llevaba mis manos a mi cabello, que seguramente estaba completamente revuelto y era el motivo de diversión de Harry.

Pero lo llevaba en un moño, como todas las noches y todas las mañanas.

-¿Qué…que pasa?- pregunté intrigada, él se limitó a colocar sus manos en los bolsillos de su pantalón y bajar un poco la mirada.

Sonrió travieso y con la cabeza baja subió la mirada a mi rostro.

-Nada nada…solo…- sonrió con ternura y su mirada se suavizó al instante- Estás en camisón Herms-

Me miró de nuevo y seguí su mirada para encontrarme cubierta con el simple camisón de seda azul que usaba para dormir, cubriendo menos de la mitad de mis muslos y dejando mucho más al descubierto de lo que un pronunciado escote dejaría.

-Ay! Harry!-

Reímos juntos al tiempo que cerraba mi bata lo más rápido que mis manos me dejaron. Sentí la sangre acumularse en mis mejillas y cerré los ojos avergonzada al tiempo que bajaba la cabeza. Y pude escuchar como la risa de mi mejor amigo se intensificaba hasta convertirse en una carcajada.

-Oh! Cállate y entra!-

Sin dejar de reír por lo bajo, obedeció y entró mientras cerraba la puerta detrás de él. Convencida de que aún estaba más roja que un tomate caminé hacia la sala para descubrir que mi amigo no me seguía. Se limitó a quedarse ahí parado, con aquella extraña sonrisa que no lo había abandonado desde que había llegado y que comenzaba a asustarme.

-¿Qué…- pregunté regresando al rellano de la entrada- qué pasa, Harry?-

-Necesito que te cambies de inmediato- me dijo sin rodeos- Y que me acompañes, ahora-

Lo miré extrañada y sin saber que responder. La actitud de Harry era muy diferente a la que le había visto unos días atrás, y que se apareciera en mi casa a las ocho de la mañana exigiéndome que me cambiara no estaba ayudando a normalizar la situación. Y mucho menos su actitud.

-Pero que…- ladeé la cabeza y me acerqué a él- Son las ocho de la mañana, Harry- le dije como si fuera un retrasado mental- No entiendo que….-

-Lo sé, y si sigues así no creo que nos dé el tiempo Herms…-

-¿Tiempo? ¿De qué…?-

-Bueno ¿Te quedarás ahí sin hacerme caso todo el día?- preguntó burlón y me tomó de los hombros para guiarme a las escaleras- ¿O planeas ayudarme a mudarme hoy?-

No contesté, me limité a mirarlo boquiabierta por encima del hombro mientras me dejaba guiar a las escaleras. Y sin más me dejó en el primer escalón y diciendo algo como un "Te espero afuera" salió de la casa.

Y solo me limité a subir las escaleras para hacer lo que acababa de pedirme.

Quince minutos más tarde había salido de la habitación con un simple pantalón de mezclilla, una blusa de algodón y zapatillas. Bajé rápidamente, para encontrarme a Harry esperando recargado en el umbral de la puerta, mirando distraído el pequeño pero florido jardín que había creado en los últimos meses.

Y pude ver, ahora que no se había percatado de mi presencia y pensaba que estaba completamente solo, la expresión de desolación en su rostro, sus ojos verdes sin el brillo habitual que tenían, cubiertos por un casi invisible manto de tristeza. Invisible para todos, menos para mí.

Carraspeé un poco para alertarlo de mi presencia, y pude notar cómo se sobresaltaba al tiempo que volteaba a mirarme. Cambió su expresión de inmediato, colocando esa máscara que ya conocía tan bien y que usaba para que nadie preguntara nada.

Para que nadie se diera cuenta de lo que en realidad pasaba.

-Estoy lista-

Levantó una ceja divertido, cruzándose de brazos mientras me miraba de arriba abajo, evaluando mi simple atuendo.

-¿Esperé quince minutos para eso?-

Preguntó con burla, y mi expresión de preocupación se convirtió en un puchero ofendido. Antes de poder decir algo, Harry se acercó a mi hasta tomarme de la mano y me sacó de la casa más rápido de lo que me hubiera tardado en pronunciar algo.

Sin darme tiempo a más, cerró la puerta de la casa con la llave de repuesto que escondíamos debajo del tapete de bienvenida y que solo Harry sabía en donde estaba y utilizaba. Me tomó de la mano y comenzó a caminar aprisa, sin hablar, concentrado en llegar a algún punto en específico.

-Harry, ¿Pero qué rayos…-

-Espera, solo necesitamos…-

Se detuvo en la acera y colocó su brazo en jarra para que lo tomara. Indecisa y un tanto desconfiada del repentino ataque de adrenalina de mi amigo, enganché mi brazo al suyo y tomé aire, esperando la horrible sensación en el estómago.

Nos aparecimos en un instante, en un barrio muy parecido al que estábamos antes. Miré a mi alrededor curiosa, con la extraña sensación de que conocía aquél lugar, como si lo viera visto en algún sueño o en algún recuerdo vago.

Las casas eran grandes pero simples, las aceras limpias y llenas de árboles que apenas crecían. Callado y tranquilo, parecía un típico barrio londinense, parecido a aquél en donde vivía de niña. Y supe de inmediato, por el estilo de las casas y el ambiente carente de chispa, que estábamos en un barrio muggle.

Miré la casa frente a la que nos habíamos aparecido, y me tomó solo una fracción de segundo más darme cuenta en donde estábamos.

-¿Little Whinging?-

El grito formulado como pregunta salió de mi boca tan pronto como me di cuenta de cuál era la casa que teníamos enfrente. Boquiabierta, miré a mi alrededor para descubrir que en efecto, estábamos en el lugar que alguna vez había sido la pesadilla de Harry, y donde había vivido los diecisiete años más miserables de su vida.

-De todos los lugares que hay…- miré de nuevo la casa frente a mí- ¿Y escogiste Little Whinging?-

Una ligera sonrisa apareció en sus labios y se limitó a asentir mientras se encogía de hombros.

-Era lo que necesitaba…-

-¿Recordar los años más miserables de tu vida?- le recordé lo obvio mientras miraba la casa atentamente.

-Alejarme de Ginny, Hermione- contestó entornando los ojos, y comenzó a caminar hacia la puerta de entrada.

Sin saber que más decir lo seguí de cerca, esperando que en cualquier momento recapacitara y dijera algo como que había perdido el juicio. Para mi sorpresa, se limitó a sacar la llave de la puerta del bolsillo de su pantalón mientras me miraba sereno.

-El Valle de Godric era el único que reconocía como mi hogar, y por obvias razones no creo que pueda seguir ahí-

Dijo eso mientras abría la puerta de entrada, y la casa que alguna vez me pareció fría ahora parecía más pintoresca y hasta acogedora. Recorrimos el primer piso vacío salvo por unas cuantas cajas de mudanza, que seguía estando tal cual lo recordaba. Nada había cambiado, las paredes, los pisos y las ventanas seguían siendo las mismas, y por esa razón menos entendía la decisión de Harry de mudarse a aquel lugar del que había querido escapar toda su vida.

-Esto fue lo más parecido que tuve a un hogar- murmuró como adivinando mis pensamientos y se detuvo a mi lado para admirar el bello jardín trasero- Y viéndola bien no está tan mal-

Nada mal. Pensé mientras admiraba los delicados botones que florecían al final del jardín. Tal vez Harry no se había vuelto loco después de todo.

Volteé mi cabeza a un lado, buscando las palabras precisas para contestarle. Y justo en ese instante el sonido de unas ruedas deteniéndose me distrajo por completo. Curiosa miré hacia afuera para darme cuenta que un camión de mudanza acababa de pararse justo frente a la cochera de la casa.

-¿Qué rayos?- pregunté sin esperar respuesta mientras me asomaba por la puerta de la casa.

Detrás de mí, solo podía escuchar la ligera risa de Harry, obviamente divertido con la situación. Sin mirarme, pasó por mi lado para dirigirse a la puerta de entrada donde lo esperaban para comenzar a bajar lo que contenía el camión.

Y yo solo me limité a quedarme en el rellano, mirando boquiabierta como Harry- el nuevo y mejorado Harry- esperaba a que se abrieran las puertas traseras para dejar ver un montón de muebles que jamás había visto.

Tomando una de las cajas que estaban más cerca, Harry se volvió para caminar hacia la entrada, y la sonrisa suave y despreocupada que me dirigió me produjo escalofríos, sintiendo como los vellos de mi nuca se erizaban.

Y reconocí aquella sensación que había dejado de sentir cuatro años atrás.

-¿Creíste que nos íbamos a mudar con un simple Encantamiento de Extensión?-

Sonriente dejó la caja en mis manos y se acercó a mi tanto que pude perderme en el brillo de sus ojos verdes.

-¿No querrás perderte la diversión o sí?- levantó las cejas burlón- ¿O te da miedo usar tus manos en vez de tu varita, Granger?-

A pesar de mi sorpresa no pude evitar sonreír ante el tono retador de la pregunta. Él más que nadie sabía que ante ese tono no me dejaba otra alternativa. Sin darle tiempo a más sostuve con fuerza la caja mientras daba media vuelta y entraba a la casa.

-Manos a la obra Potter-


~Harry's POV~

Acomodé la última silla del comedor mientras escuchaba como Hermione subía y bajaba las escaleras a toda prisa. Los pasos, rápidos y delicados, iban y venían una y otra vez, recorriendo las escaleras y los pisos de arriba.

-Deja de hacer eso o te quebrarás algo Granger!-

Grité hacia las escaleras, recibiendo a cambio una risa amortiguada al tiempo que se escuchaban golpes sordos en el techo, apoyando mi afirmación. Sonreí mientras me concentraba en abrir una de las pocas cajas que quedaban en la sala y que probablemente contenía la vajilla que había comprado apenas hace unos días. Al igual que la mayor parte de los muebles.

Como casi todo en mi vida, había sido muy precipitado. Tan precipitado como cuando me había casado con Ginny, tan precipitado como mi divorcio y mi partida del Valle de Godric.

Y sin embargo se sentía correcto.

Por un momento llegué a sentir como si no hubiera ningún problema en mi vida. Como si estar ahí, compartiendo eso con mi mejor amiga fuera suficiente por el momento. Como sí el dolor de haber perdido a la mujer que amaba me hubiera abandonado solo por unos instantes, dejándome respirar con tranquilidad.

Sonreí mientras miraba por la ventana, dándome cuenta que por primera vez en mucho tiempo me sentía satisfecho con algo.

-Harry!-

El golpe sordo que se escuchó después del grito me alertó de inmediato. Sin delicadeza alguna solté la caja que tenía en las manos y me precipité a las escaleras.

-Hermione!-

Subí las escaleras en un suspiro y antes de poder darme cuenta estaba en el piso de arriba mirando en todas direcciones, tratando pensar en donde rayos podía estar Hermione.

-¿Herms?-

-Aquí! En la recámara principal!-

Caminé deprisa por entre el montón de cajas y papel de periódico que había en el pasillo esperando encontrarme a Hermione en el suelo con alguna pierna rota o algún mueble encima. Llegué al umbral de la puerta y el escenario que apareció tuve ante mí fue totalmente distinto a lo que llegue a imaginarme.

Y tuve que parpadear para darme cuenta que era cierto.

La recámara principal estaba adornada en su totalidad. Cada mueble, desde la enorme cama hasta el sofá de la esquina estaba acomodado en el lugar preciso, encajando de manera perfecta en la inmensa habitación. Todo estaba acomodado de manera sencilla y natural, dándole a la recámara una amplitud que no recordaba tuviera cuando el enorme tío Vernon tenía su montón de chucherías adentro.

Y aquello fue nada comparado con la decoración del lugar. De alguna extraña manera, las paredes habían cambiado ese tono verdoso vomitivo que tanto odiaba por un color almendra que cerca del techo y el suelo tenían unas suaves y delicadas vetas en color vino y dorado que atravesaban toda la habitación.

Y encima de la pared pude distinguir la bandera del equipo de Gryffindor que alguna vez Hermione había agitado en los partidos de quidditch, en donde, sin importar la lluvia, la nieve o el intenso sol ella había estado para apoyarnos a Ron, a Ginny y a mí.

Las mesitas a lado de la cama estaban llenas de portarretratos con fotografías que había guardado en una pequeña caja y que las tenía casi en el olvido: la primera, aquella donde mis padres me cargaban siendo apenas un bebé, otra en donde bailaban alegremente frente a una fuente en el parque, otra de cuando había jugado mi primer partido de quidditch, una en las Tres Escobas con todos nuestros amigos y finalmente, una en el centro conmigo, Ron y Hermione en segundo año, riendo como si acabáramos de hacer algo indebido.

Y vi a Hermione ahí, parada de manera precaria en una vieja escalera que supuse había encontrado en el patio y que se balanceaba de manera peligrosa mientras ella intentaba acomodar un enorme cuadro con la fotografía de Hogwarts sobre el Lago Negro.

-Harry!- abrió sus ojos alegre en cuanto me miró parado en el umbral- ¿Podrías ayudarme a acomodar esto? Pesa horrores y…¿Harry?-

No contesté. Me limité a caminar hacia ella, mirando a mí alrededor sin poder creer lo que parecía haber pasado de ser mi pesadilla al lugar perfecto. Hermione se limitó a guardar silencio y a dejar el cuadro en el piso mientras yo miraba todo con atención.

Y finalmente llegué a hasta donde ella estaba. Con su blusa arremangada por las mangas, sus pantalones otro tanto, su expresión cansada y su cabello más alborotado de lo habitual, me pregunté cómo es que nunca me había fijado en el intenso brillo que se apoderaba de sus ojos cuando se emocionaba con algo.

-¿No te gusta?- preguntó preocupada, mordiendo su labio inferior- Si no te gusta puedes cambiarlo, es solo que pensé que…-

No terminó la frase. En un inútil intento por permanecer en equilibrio su pie resbaló del precario escalón de madera roída, demasiado alto para que cayera sin lastimarse aunque fuera un poco.

La atrapé justo a tiempo para evitar que cayera al suelo, y antes de darme cuenta la tenía entre mis brazos, y de alguna manera me pareció más pequeña y frágil de lo normal. Y ella seguía hablando, diciendo un montón de cosas que no podía entender y a las que les prestaba mucha menos atención que a la sensación de su diminuto y cálido cuerpo moviéndose en mis brazos conforme hablaba agitada.

-Si quieres cambiarlo hazlo, tal vez te parezca muy infantil pero pensé que como nunca tuviste un lugar así…-

-Herms…-

-Digo, te tenían encerrado en esa maldita alacena y sin nada más que una cama y luego en ese cuartucho que está horrible por cierto…-

-Hermione…-

-Y me dijiste que a Ginny no le gustaba que tuvieras estas cosas en su recámara y…-

-Hermione!-

El grito la calló al instante, y me miró con sus ojos castaños y brillantes abiertos de par en par. Parpadeó varias veces, con sus labios pegados y sin producir algún otro sonido, esperando que hablara.

-Es perfecto- dije simplemente, ella parpadeó más rápido.

-¿En…en serio?- se aventuró a preguntar- Porque si quieres puedes…-

-No- la corté- Es perfecto, en serio-volví a afirmar y ella abrió sus labios para decir algo- Así que puedes…por primera vez en la vida ¿Solo dejar de hablar y conformarte con mi respuesta?-

La miré dulcemente, y ella me miró como si acabara de regañarla por alguna travesura. Yo no pude evitar sonreír al ver su expresión, que se transformó en una mueca entre el reproche y la emoción.

-¿En serio te gusta?-

Preguntó de nuevo, y yo tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no entornar los ojos y gritarle que era perfecto. Que era lo más maravilloso que alguien había hecho por mí desde hacía mucho tiempo.

Que en realidad era el detalle más dulce que me habían hecho jamás.

Pero me limité a mirar de nuevo la habitación- mi habitación- y regresé a encontrar mi mirada con la suya de nuevo, expectante y dudosa. Y pensé que no podría tener mejor compañía en aquellos momentos que esa.

-Es maravillosa Herms- declaré sincero, y sonreí.

Me devolvió la sonrisa y supe que por fin la había convencido.

El silencio nos invadió al instante y nos envolvió en una extraña burbuja, y por un momento sentí como si todo a mí alrededor hubiera desaparecido. Una sensación extraña, incluso bizarra se apoderó de mí, una que no encajaba para nada con lo que sentía cuando miraba aquél rostro.

Hermione no se había dado cuenta que seguía capturada entre mis brazos, con su pequeño torso pegado al mío casi de manera descarada, sus manos aferrándose a mis antebrazos mientras sus pies flotaban, con las puntas intentando rozar el suelo.

Su mirada se suavizó de pronto, pasando de expectante a cálida en un instante. Pude ver sus labios, que antes tenían una sonrisa, abrirse ligeramente como intentando producir algún sonido que simplemente no salía. Su mirada comenzó a vagar confundida por mi rostro, como buscando algo.

Supuse que yo estaría haciendo exactamente lo mismo en aquellos momentos. Y sinceramente no tenía la menor idea de por qué.

Solo podía percatarme de las dulces facciones de su rostro. Me di cuenta que jamás me había puesto a pensar en lo exquisitas y suaves que eran, aún más cuando su cabello rebelde estaba suelto y las enmarcaba a la perfección. Como ahora.

Me miró de nuevo a los ojos sin decir nada, tal vez temiendo romper el denso y cargado ambiente que se había producido de pronto y sin motivo aparente.

Seguíamos en la misma posición, que de alguna extraña manera me hizo sentir tan bien que me olvidé por completo que no solo tenía entre mis brazos a mi mejor amiga, sino a la esposa de mi mejor amigo.

El pensamiento cayó como un bloque sobre mi cabeza, y me pegó de manera tan fuerte y tan rápida que la solté de inmediato. Ella hizo lo mismo, tal vez con el mismo pensamiento pasando por su cabeza en esos momentos.

-Me alegra que te guste entonces- dijo eufórica y sonrió despreocupada.

Yo no contesté, intentando entender que rayos había pasado en esos cinco segundos, probablemente los cinco segundos más bizarros de mi vida.

-Ahora…- se subió de nuevo a la escalera- ¿Podrías sostenerla Harry? Necesito terminar de poner esto aquí!-

Tomó el cuadro que estaba recargado en la pared y me miró sonriendo despreocupada, como si nada hubiera pasado, como si esos extraños segundos hubieran sido una simple alucinación.

Sacudí mi cabeza un poco, intentando olvidar el extraño instante que tal vez me había imaginado.

-Anda, ayúdame Harry!-

O que tal vez ni siquiera había ocurrido.

De espaldas a mí, Hermione terminaba de colocar el cuadro en la pared, mientras yo me concentraba en mirar sus pantorrillas que se movían frente a mí y que de la noche a la mañana habían pasado de ser flacas y sin chiste a torneadas, firmes y suaves.

Y tentadoras, sobre todo tentadoras.

Sin poder evitarlo, subí la mirada por el largo recorrido de sus piernas, y me pregunté cuando había sido que Hermione había hecho ejercicio para tenerlas así. Y finalmente, mi mirada se detuvo en la curva de su trasero sin remedio, y me limité a mirarlo como un reverendo idiota, cayendo en la cuenta después de quince años, que jamás me había fijado en las suaves y finas curvas del cuerpo de Hermione.

Porque es como tu hermana, enfermo! Así que haz el favor de dejar de mirarla como si quisieras desnudarla. Me recriminó mi conciencia al instante, y asqueado conmigo mismo, bajé la mirada mientras rezaba a Merlín y todos los magos de la historia porque aquello terminara rápido.

-Listo!- exclamó mi amiga al terminar, y sacándome de mi ensueño volteó a mirarme con sus ojos brillantes- ¿Quedó bien, no?-

Se bajó de un pequeño salto y miró el cuadro mientras yo asentía, fingiendo que había estado admirando el cuadro todo ese tiempo que ella había estado de espaldas a mí. Tuve que inhalar profundo al darme cuenta que había estado admirado todo lo que tenía frente a mí, menos el bendito cuadro.

La sentí acomodarse a mi lado y miramos la habitación terminada.

Hermione soltó un pequeño suspiro de satisfacción y yo la miré de reojo, fijándome en el mohín de superioridad que hacía desde que era una niña insoportable de once años, y que por azares del destino se había convertido en mi mejor amiga.

Y ante aquél pensamiento, fruncí el ceño y reprimí las enormes ganas de reír al recordar que era Hermione Granger, y no Ginny, la que estaba a mi lado.


~Hermione's POV~

-Entonces…¿Ya casi tienes listo el contrato?-

-Así es cariño. Hablé con el dueño y todo va de maravilla-

Escuché el grito de mi marido al otro lado de la línea y tuve que reprimir una carcajada al tiempo que alejaba el teléfono de mi oreja. Por más años que habían pasado y a pesar de que había obligado a Ron a aprender a usar el bendito teléfono, parecía haber sido totalmente en vano.

-Amor, comprendo que estés emocionado pero no tienes porque gritar-

-¿Cómo? ¿Se oye igual aún cuando estoy más lejos que de costumbre?-

Entorné los ojos y tuve que reprimir la risa colocando una mano en mi boca para amortiguar el deseo de hacerlo.

-Sí, cielo, ese es el punto- expliqué riendo y cambié el tema- Bueno pero no importa, lo que quiero es que termines con eso y regreses cuanto antes!-

Sentada en la cama, que me parecía gigantesca sin el cuerpo de mi esposo a mi lado, sostenía el teléfono contra mi oreja mientras hecha un ovillo me mordía el pulgar nerviosa.

Necesitaba que volviera.

-Regresaré en cuanto termine, te lo prometo- lo escuché decir tranquilo- ¿Por qué estás tan preocupada, Herms? He viajado antes-

Estoy asustada. Pensé, sin atreverme a decirle. Había estado asustada cuando lo había visto partir en el tren, pero ahora estaba mucho más asustada que ese día.

Y no por la misma razón.

-Ya te lo dije, nunca había sido tanto tiempo, y hace mucho que no lo hacías- dije tajante, sin ganas de volver a esa discusión- Esto de estar sola no…-

-Pero no estás sola, cariño- me recordó- Tienes a mi mamá y a Luna, y a Harry! Me dijo que pensaba decirte que lo ayudaras a mudarse! ¿No te ha dicho nada?-

Cerré los ojos al escuchar el nombre y reprimí un suspiro. Vaya que lo había hecho.

-Sí, de hecho en eso estamos ya…- dije, frustrada de que no captara-Cuando digo sola me refería a sin ti, Ron- dije de manera obvia, y lo escuché guardar silencio desde el otro lado de la línea.

-Lo sé- dijo simplemente- También te extraño. Te extraño tanto que me dan ganas de ir corriendo a hacerte el amor en este instante-

Sonreí entre enternecida y satisfecha, y sentí la sangre acumularse en mis mejillas y fluir por mi cuerpo mucho más rápido que antes. Y por un instante olvidé aquello que me había estado agobiando estas últimas horas.

-También a mí- contesté sin reserva, y lo escuché reír dulcemente al otro lado de la línea.

-Entonces ya sabes, el día que llegué te quiero más que dispuesta, porque será lo primero que haga apenas llegue allá-

Fue mi turno de soltar una carcajada, y pude escuchar como Ron parecía exhalar el aire contenido.

-Te quiero escuchar así- declaró aliviado- Prométeme que seguirás así mientras llegue ¿De acuerdo?-

-Lo prometo- dije en el tono más seguro que pude encontrar.

Escuché la voz de alguien a la distancia, y la voz de Ron contestando algo.

-Tengo que irme, cielo, necesito ir a checar unas cuantas cosas más-

-De acuerdo- dije sin convicción, queriendo retener la conversación lo más posible, queriendo tener algo de que hablar.

Algo que me hiciera olvidarme del maldito sentimiento de culpa que me carcomía.

-Te amo Hermione- me dijo como siempre, sin titubeos, sin rodeos.

-Yo también te amo- contesté sin más- Hablamos después-

-Saluda a todos de mi parte, y dile a Harry que más le vale que me diga a donde se mudó, porque al parecer a ti también te prohibió decirme-

Reí suavemente y mandándole un beso, colgué la llamada. Haciendo una mueca, tiré el teléfono al otro lado de la cama mientras me abrazaba más a mi misma para poder oler la colonia de Ron, impregnada en su enorme camiseta de los Chudley Cannons que me había puesto apenas había llegado a la casa.

Cerré mis ojos recordando mi día con Harry y suspiré frustrada. Frustrada al recordar aquella fracción de segundos en su nueva habitación, en donde, haciendo un esfuerzo sobrehumano, tuve que actuar como si nada hubiera pasado.

Como si no hubiera reaccionado ante aquél breve intercambio de miradas, ante aquél roce suave de sus manos sobre mi cintura.

Como si no hubiera sentido nada.

Me dejé caer frustrada entre las mantas, apagando la lámpara de la mesita de noche mientras me quedaba mirando a la nada, sin poder alejar aquella idea de mi mente, aquella que había querido reprimir.

Había sentido algo que había dejado de sentir hace más de cuatro años. Algo que había muerto desde el instante que él había elegido a otra. Algo que había muerto cuando me había enamorado de Ron.

¿Algo que creí que había muerto?

-Estás sola y vulnerable, Hermione- me dije, suspirando cansada- Eso es todo-

Pensé en Harry de nuevo, y en el agradable momento que habíamos compartido cuando habíamos cenado en el piso de su nueva e improvisada sala, charlando, recordando y brindando por los viejos y los nuevos tiempos. Y convencida de que aquello había sido un simple momento de debilidad y cansada de pensar en lo mismo me dejé arrastrar al mundo de los sueños.

Pero por alguna extraña razón esa sensación en el pecho no me abandonó en toda la noche.


Lento ¿Cierto?

Recuerden que aunque no nos agrade la idea, Ron es un santo, así que ser pesados desde ahora no me parece nada justo. Sé que queremos mucho maaas H/Hr, y lo tendrán, eso prometidisimo ;)

Gracias , The darkness princess, lecaosma, kotamae, Lilialh, Krasni, Smithback, Haruko Hinako y anita675 por sus reviews, así como a todos los demás que me leen ;)

¿Review?

Un beso. Chaoo!