"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Otro cap listo! Espero no dejarlos esperando mucho tiempo para el siguiente, que ya está prácticamente hecho en mi cabeza =). Sobre este solo puedo decir que fue extremadamente difícil de escribir, porque define lo que será básicamente la historia a partir de ahora y por muchos sentimientos encontrados que me produjo. No diré nada más, salvo que espero que lo disfruten y sigan con esta historia que fluye gracias a sus reviews!

Como siempre, saben que sus reviews son más que bien recibidos por esta autora y que la ayudan a saber cómo seguirá la historia o simplemente para inspirarla.

Gracias a Haruko Hinako, krasni, lecaosma, black, Frausto PotterHigurashiGranger, lavalu19, anita675, The darkness princess, Lilialh, Loony Potter por dejarlos! Y muchas gracias a los que me leen. Sin más les dejo disfrutar del capítulo, y espero sus reviews ;).

P.D: Los invito a leer mis otros dos shots de esta parejita y que los disfruten! Esperen algún otro muy pronto!

Enjoy!

Capítulo 6°: Giro del Destino

~Hermione's POV~

-Se trata de Ron, Hermione-

Aquello me cayó como un balde de agua helada. Durante unos cuantos segundos que me parecieron eternos, ninguno de los dos mencionó palabra. George solo guardó silencio, yo me limité a esperar algún sonido que parecía nunca llegaría.

-George…¿Qué pasó?- no contestó, y los ojos verdes de Harry me miraron confusos- George- repetí, sintiendo como mi voz se quebraba- Me estás asustando…-

Y el maldito presentimiento de la noche anterior volvió a mi pecho como una enredadera oprimiéndome por dentro.

-Tuvo…-comenzó, soltando un largo suspiro- Tuvo un accidente, Hermione. La camioneta en la que iba se volcó anoche-

Abrí mis ojos de par en par.

Todo se detuvo. Todo se borró de pronto, y los sonidos a mi alrededor comenzaron a desvanecerse. Habría dejado caer el teléfono de no ser porque mi mano parecía haberse pegado a él como si de eso dependiera mi vida.

Sin saber cómo me levanté de golpe, y mi mano aferró el aparato con tanta fuerza que sentí mis dedos entumecerse por el dolor. Intentaba asimilar lo que acababa de decirme, y estuve a punto de pellizcarme para asegurarme de que no estaba teniendo otra mis habituales pesadillas desde que Ron no dormía a mi lado.

-Estuve tratando de localizarte toda la mañana, pero no pude contactarte por ningún método mágico…-

Dejé de escucharlo. No podía entender nada, no quería saber nada más que no tuviera que ver con Ron. Con mi esposo.

Quien estaba a miles de kilómetros de distancia. Y yo ahí, en un local muggle, desayunando con Harry como si nada estuviera pasando.

-Cuándo…- intenté decir, solo para darme cuenta que la voz se me había ido- Dónde…-tomé aire- ¿Dónde está?-

Debí gritarlo, porque las personas cerca de nuestra mesa voltearon a verme de inmediato. Harry se levantó de golpe, mirándome con ojos desorbitados mientras rodeaba la mesa para acercarse a mí.

-¿Dónde está, George?- repetí con voz quebrada.

Sentí las lágrimas acumularse en mis ojos, y todo se volvió borroso e irreconocible.

-En Suiza- la respuesta llegó por fin- En un hospital cerca de donde ocurrió el accidente…- dijo sereno, y hubo otra pausa- Yo…estoy aquí…de alguna manera dieron con mi número y me avisaron…-

De nuevo volví a perderme en lo que decía. Sólo podía pensar en mi marido, yaciendo en una cama de hospital, lejos de su familia, lejos de su hogar. Lejos de mí.

-¿Cómo se llama el hospital?- lo interrumpí de golpe- ¿Cómo se llama, George?- no recibí respuesta.

A mi lado, solo pude sentir la mano de Harry tocar mi brazo, tratando de que lo mirara para tranquilizarme. Pero no lo miré. No podía hacerlo, no podía hacer nada más que intentar permanecer de pie.

-Hermione, tranquilízate- escuché decir a George- No puedes aparecerte…- dijo lo obvio, yo estuve a punto de soltar una maldición- No conoces el lugar, y aparecerte por meras referencias podría resultar desastroso…necesitas…-

-Ya sé lo que necesito…-

Tomar un tren hasta Brighton, tocar el traslador. Eso podría llevar horas, mientras mi esposo convalecía en una cama de hospital.

-¿Cómo está?-

No hubo respuesta.

-Demonios, George- dije en un hilo de voz- ¿Cómo está?-

-Lograron estabilizarlo…- susurró -Pero su estado es delicado y…-

Sentí mis piernas flaquear, y de no ser por los brazos de Harry, que se ciñeron fuertes alrededor de mis brazos y mi cintura, habría caído al suelo sin remedio.

-Hermione…-

Susurró mientras su mano derecha intentaba levantar mi barbilla para mirarme. Me arrebató el teléfono de las manos, y sin más me arrastró lentamente hasta una de las sillas que había cerca y me sentó en ella. Sin darme tiempo a nada más colocó el teléfono en su oreja, y a pesar de mis vanos intentos por volverlo a tomar, Harry no lo soltó en ningún momento.

-¿Qué rayos pasó, George?-


~Harry's POV~

Tardé unos cuantos segundos en asimilar lo que George me estaba diciendo, y sin dejar de mirar a Hermione, quien con los ojos anegados en lágrimas me miraba esperando a que hablara, volví a escuchar lo que me decía.

-Estoy aquí desde hace varias horas- dijo cansado- Y no me han dejado verlo desde entonces-

No podía asimilar gran parte de lo que me decía. No cuando pensaba en lo que me acababa de decir momentos antes, no cuando pensaba en Ron apostado en una cama de hospital.

-No puede aparecerse, Harry- le oí decir con su voz en un hilo- Necesita las tres D…y definitivamente en estos momentos no las tiene…-

-Pero tu…- comencé a decir, sin tener idea de cómo rayos era que él se encontraba ahí.

-Yo conozco el lugar a la perfección- me cortó, dando el tema por zanjado- Tiene que venir cuanto antes Harry- volvió a decir y miré a mi derecha para toparme con la mirada perdida de Hermione- Pero no puede ni debe venir sola…-

De todas formas no planeo dejar que lo haga. Pensé mirándola de reojo. Era Ron el que estaba en esa cama de hospital. Mi mejor amigo, el esposo de mi mejor amiga, mi hermano, mi única familia durante años.

Estaba en un maldito hospital, y yo no tenía idea ni siquiera de cómo había llegado hasta ahí, mucho menos de cómo estaba.

Y fue en ese momento en que me percaté de lo que George me acababa de decir. Sentí una opresión en el pecho, y el nudo en mi estómago se incrementó de pronto.

"Tiene que venir cuanto antes" "No puede ni debe venir sola". Las frases dieron vueltas en mi cabeza durante unos segundos que parecieron eternos, y la idea de que George ocultaba algo se instaló en mi cerebro de inmediato.

-Toma el tren hasta Brighton, sale cada media hora de la estación de Londres- me dijo, sin darme tiempo a decir nada- Una vez ahí ve a la Taberna de Merlín, está a unas cuantas cuadras de la estación de Brighton- las instrucciones eran rápidas y precisas- Estando ahí pregunta por el Traslador hacia Suiza, el cantinero te dirá cómo llegar a él-

-De acuerdo- murmuré sin más, mirando de nuevo a Hermione.

Quién parecía que había reaccionado, y cambiando por completo la expresión de su rostro, antes asustada y frágil, por una máscara de completa serenidad, se paró a mi lado y me miró seria mientras intentaba tomar el teléfono de mi mano.

-Dame el teléfono, Harry-

Yo solo la miré en respuesta y meneando mi cabeza de un lado a otro, rodeé su espalda baja con mi brazo mientras seguía hablando con George.

Y por alguna extraña razón no me rechazó, y solo se limitó a mirarme mientras seguía hablando con George. Tal vez intentando descifrar algo en mi expresión, algo que le dijera que era lo que George me estaba diciendo.

Y fue su voz la que me trajo de nuevo a la realidad.

-Vengan de inmediato Harry…- murmuró George preocupado, su voz se quebró al instante- Ron…- lo escuché tomar aire- No me dicen nada sobre él, pero puedo jurar que no es nada bueno-

Si lo hubiera tenido enfrente, estaba más que seguro que habría visto alguna lágrima surcar su rostro. Y en ese momento la sensación que antes había sentido en mi pecho se volvió tan real que me cortó la respiración.

Miré por debajo de mí para encontrarme con la mirada de Hermione de nuevo y con sus labios abiertos, intentando decir algo que simplemente no salía de su boca.

Tomé aire antes de hablar para no delatarme y alterar a Hermione más de lo que ya estaba. La conocía lo suficiente para saber que cualquier cambio en mi voz la alertaría de inmediato, y no podría soportar verla en peor estado que en el que ahora estaba, por más que intentara disimularlo.

-De acuerdo - contesté, intentando aparentar la mayor calma posible- Dame el nombre y las referencias del hospital…-

Necesitaba tener la mayor parte de información posible para llegar cuanto antes. No podíamos perder tiempo.

Algo me decía que no debíamos perderlo.

-Bien- miré a Hermione de nuevo- Salimos para allá de inmediato-

Y mirando como Hermione tomaba su abrigo y salía disparada de la cafetería, colgué la llamada y cerré la tapa con fuerza para seguirla.


~Hermione's POV~

Parada en la ventanilla de la estación de King Cross, mis manos se aferraron con fuerza al mostrador mientras miraba al apático despachador regresarme una mirada de cansancio.

-Un boleto para ir a Brighton, por favor-

-Dos- me interrumpió Harry, y se adelantó mientras sacaba la cartera de su pantalón- Deme dos-

Di media vuelta al escucharlo y lo miré sacar el dinero para dárselo al hombre con prisa, mientras éste lo recibía y procesaba los dos boletos.

A mi lado, Harry metió la cartera de nuevo a su bolsillo y me regresó una mirada serena. Incapaz de negarme, lo miré hacer todo eso sin decir ni una sola palabra.

Por más que lo ocultara, no podría hacer eso sola. No en esos momentos.

Y él lo sabía.

-Aquí tiene- mirándonos curioso, el hombre le entregó a Harry los dos papelitos.

-Gracias-

Escupió Harry y, arrebatándole los boletos, tomó mi mano y corrimos hasta llegar al andén nueve, en donde solo se podían observar las vías del tren vacías y a unas cuantas personas más esperando a que el tren llegara. Ansiosa, mordí mi labio inferior mientras miraba hacia las vías del tren y sentí la mano de Harry apretar la mía con firmeza.

Tragando en seco, tuve que contener las enormes ganas de romper a llorar.

-El tren debe llegar en menos de diez minutos- me dijo mientras miraba su reloj de pulsera.

Yo solo atiné a asentir con la cabeza, chocando mi pie contra el suelo de manera desesperada mientras miraba las vías del tren hasta perderse a la distancia.

Y en ese momento volví a pensar en Ron. Lo último que había escuchado de boca de George antes de que Harry me arrebatara el teléfono aún retumbaba en mi mente, como un disco rayado que se repetía una y otra vez, diciéndome que mi esposo no se encontraba bien.

Y la sensación de opresión en mi pecho aún ahí, afirmándome lo que George me había dicho.

Pero lo peor de todo, como un mal presentimiento que no me dejaba respirar.

-Hermione…- susurró Harry a mi lado, yo lo miré solo una fracción de segundo- Deberías…-

-No- lo corté de inmediato, mirando de nuevo hacia las vías- No lo digas Harry-

Le dije sin darle oportunidad de terminar. Sabía perfectamente lo que quería pedirme, y no estaba dispuesta a hacer algo que simplemente no podría hacer en esos momentos. No cuando no tenía idea de que rayos le estarían haciendo a mi esposo en aquél momento.

-Herms…- insistió, yo seguí mirando en dirección a las vías- Solo creo que sería mejor que te sentaras, el tren aún no…-

-Sé muy bien que el tren aún no ha llegado, Harry-

Contesté en forma grosera y segundos después me mordí el labio inferior con culpa, arrepentida al instante de haberle contestado en aquella forma. Sabía que Harry solo intentaba tranquilizarme, pero sencillamente era algo imposible en esos momentos.

Sin decir nada más e intentando parecer lo más serena que la expresión seria de mi rostro me dejaba aparentar, seguí mirando hacia el frente sin atreverme a mirar a Harry. Pero que me cayera un rayo encima en ese momento si Harry no insistía. Lo conocía lo bastante bien como para saber que no se quedaría callado, no cuando se trataba de mí.

-Nada ganas con quedarte aquí parada- lo escuché decir- Deberías…-

-No me digas lo que tengo que hacer!-

Contesté de golpe y di media vuelta para dirigirle una mirada de reproche, con mis labios temblando y las lágrimas amenazando por salir de mis ojos. Harry se limitó a mirarme tranquilo, sin alejarse en ningún momento y sin decirme absolutamente nada.

A mi lado, escuché el sonido del tren deteniéndose sobre las vías.

E incapaz de mirar sus serenos ojos verdes un momento más, me dirigí a las escalerillas del tren que estaban a unos cuantos pasos de nosotros y subí sin mirar atrás en ningún momento.

Solo tuve que caminar unos cuantos pasos por el estrecho pasillo del vagón y oler el delicioso aroma de la colonia de Harry a mis espaldas para darme cuenta que me seguía.

Sintiéndome la mujer más despreciable del planeta, tomé la manija de uno de los compartimentos y jale la pequeña puerta de vidrio para entrar. Sin más me senté junto a la ventana y esperando que eso me librara de tener que decir algo durante el viaje, miré hacia afuera, incapaz de volver a mirarlo.

A mi lado, solo pude sentir su cálido cuerpo sentarse junto al mío mientras el tren se ponía en marcha.


Treinta minutos después, la bulliciosa ciudad de Londres que tenía como paisaje había desaparecido para dar paso a los verdes campos de Inglaterra, mientras el tren continuaba su camino hacia el sur y yo intentaba no perder la cordura.

Cuando solo podía pensar que aún a miles de kilómetros de distancia, mi marido se encontraba en una maldita cama de hospital.

Y yo no podía hacer nada por ayudarlo.

La sensación en mi pecho no había hecho más que incrementarse mientras, intentando distraerme con los hermosos paisajes de la ventana recordaba la llamada que George me había hecho hacía apenas una hora. Sin poder olvidar el tono ansioso de su voz que, por más que hubiera querido aparentarlo, había dicho mucho más que sus cortas y rápidas palabras.

Y sin poder olvidar la expresión preocupada en el rostro de Harry que, durante solo una fracción de segundo, me dijo que algo no andaba bien.

Que nada podía estar bien.

-En una hora debemos llegar a Brighton-

Escuché la suave y tranquila voz de Harry a mi lado, y tuve que contener las ganas de mirarlo. Sabía que si lo hacía no podría contenerme y romper a llorar sería algo que haría irremediablemente.

Solo asentí con la cabeza y segui mirando hacia afuera distraída, mientras apoyaba mi mentón en la mano derecha y mordía mi labio inferior, aún sintiéndome culpable por la manera en la que le había gritado antes de subirnos al tren.

-Hermione…-

Lo escuché murmurar lentamente, y antes de que pudiera decir algo más abrí mis labios para hablar.

-¿Cómo está?-

Lo interrumpí de golpe, adelantándome antes de que dijera algo que me pondría peor de lo que ya estaba. A mi lado, solo pude sentir como se removía en su asiento, pero la respuesta nunca llegó a mis oídos.

Y después de casi una hora sin dirigirle una mirada, di media vuelta para encontrarme con sus ojos verdes mirando los míos con intensidad.

La mirada serena que me había dirigido antes había desaparecido, ahora solo podía apreciar el brillo de preocupación en sus ojos y sus labios entre abiertos, queriendo decirme algo que simplemente no salía de su boca.

Y aquello fue peor que si me hubiera dado malas noticias.

-¿Cómo está mi esposo, Harry?-

Pregunté de nuevo, y me di cuenta del tono demandante y serio con el que le dije aquello a pesar de que por dentro sentía un nudo en la garganta que amenazaba con dejarme muda.

Pero no contestó.

Y el nudo en mi garganta pareció hacerse aún más grande.

-Sé que George te dijo algo más- proseguí al ver que no respondía- Por eso no querías pasarme el teléfono…-

-No quería pasarte el teléfono porque no quería que te alteraras aún más…- respondió simplemente, y esta vez fue su mirada la que se alejó de la mía mientras volteaba a ver su reloj de pulsera.

-¿Y por qué iba a hacerlo?- contra ataqué ansiosa, en un intento porque me dijera lo que George le había dicho- ¿Qué fue lo que te dijo George, Harry? ¿Cómo está Ron?-

Pregunté rápidamente, acomodándome en el asiento mientras intentaba lograr que me mirara a los ojos de nuevo. Cuando por fin lo conseguí, su mirada antes preocupada volvió a tornarse seria, y los segundos antes de que dijera algo me parecieron eternos.

-No me dijo nada en específico, Herms- contestó por fin, y me di cuenta por el tono frustrado de su voz que no me estaba mintiendo- No le han dicho nada aún, llevaba poco tiempo de haber llegado…-

Pero aquella respuesta no fue suficiente. Necesitaba saber más, necesitaba tener algo que pudiera calmarme durante ese tiempo, cuando no podía hacer nada por ayudar a mi esposo. Cuando lo único que me podía limitar a hacer era esperar.

-¿Estás seguro?- pregunté de nuevo, instándolo a decir más- Necesito saber si te dijo algo más, Harry. No…- sentí mi voz quebrarse sin remedio, y solté un suspiro cansado- No puedo…necesito saber algo, lo que sea sobre él o si no…-

Sin poder evitarlo y por primera vez desde que me enterara de lo que había pasado, me quebré por completo.

Sentí como mi voz se quebraba poco a poco conforme seguía hablando hasta convertirse en un suspiro, y las lágrimas, que antes solo amenazaban con salir de mis ojos, brotaron sin remedio y resbalaron traicioneras por mis mejillas hasta cubrir mi rostro por completo.

-Hermione…-

Murmuró con calma y sus brazos, cálidos y fuertes, se cerraron alrededor de mí para acercarme a él, envolviéndome en su calor. Sin poder evitarlo, me acurruqué contra su pecho y cansada, solté un largo suspiro mientras lloraba sin parar.

-Tranquila…tranquila Herms…-

Susurraba tiernamente en mi oído mientras su mano derecha paseaba lentamente por mi cabeza, enredando sus dedos entre mi cabello mientras se recargaba en el asiento conmigo entre sus brazos.

No dije nada. Me limité a seguir descargando mi frustración mientras lloraba contra su pecho, refugiándome en su calor y en el familiar aroma de su camisa, que me brindaban un poco de paz en el torbellino de emociones que me asaltaban en aquél momento.

Y él solo me dejó hacerlo. Sin decir nada, sin intentar detenerme.

Los minutos pasaron, hasta que las frases tranquilizantes de Harry en mi oído y mis lágrimas se detuvieron al fin y me limité a quedarme acurrucada contra su pecho, mientras él paseaba su mano aún por mi cabello, sin dejar su abrazo sobre mi espalda.

-Lo siento- murmuré por fin contra su pecho, y lo sentí moverse solo un poco, tal vez para intentar mirarme- Lamento haberte gritado hace rato-

-Shh- me calmó, dándome suaves palmadas en la espalda- Tranquila preciosa, no pasa nada-

No dijimos nada más en lo que restó de camino.

En donde no pude pensar en nada más que, aún a miles de kilómetros de distancia, Ron me necesitaba a su lado. Así como yo lo necesitaba más que nunca.

Y la maldita sensación en mi pecho no hizo más que incrementarse poco a poco, hasta el punto de sentir la necesidad de llorar de nuevo. Hasta el punto de sentir que me quedaba sin aire.

A mi lado, Harry solo se limitó a tomar mi mano. Y aquella simple caricia me dio la fuerza que necesitaba.


~Harry's POV~

Bajando por las escalerillas rápidamente, Hermione y yo caminamos con prisa por la estación hasta salir a la avenida principal. Sin perder el tiempo y siguiendo las pocas instrucciones que George me había dado llegamos a la Taberna de Merlín, y el vago recuerdo que me trajo del Caldero Chorreante me aseguró la sospecha de que el lugar que tenía la clara imagen de un pub muggle era en realidad una Taberna de magos.

Con Hermione siempre a unos cuantos pasos delante de mí, entramos a la Taberna y sin más nos dirigimos a la barra, en donde un hombre con barba de varios días y un aspecto descuidado nos miró curioso detrás de su puesto.

-Buenas…- no terminé el saludo, sintiendo que en aquellos momentos era más un acto idiota que cortés- El traslador a Suiza…- comencé serio, esperando una respuesta.

Que gracias a Merlín no tardó mucho en llegar.

-Claro, claro…- dijo de inmediato, y sus ojos se iluminaron al ver a Hermione detrás de mi- George me dijo que vendría su preciosa cuñada y el mismísimo Harry Potter- dijo con una sonrisa que desapareció al instante, tal vez recordando la otra parte del mensaje de George- Pasen por aquí, por favor-

Y desapareció detrás de la barra entre los estantes de bebidas.

Miré a Hermione solo un instante y con un simple asentimiento de cabeza comenzó a caminar hacia el lugar por donde el hombre acababa de entrar. La seguí de cerca y tomé su mano justo en el momento al que salíamos por la puerta trasera hacia el pequeño patio lleno de barro y cacharros inservibles.

Y finalmente nos detuvimos frente a una bolsa de mano de un color rojo brillante, lo suficientemente grande como para que destacara de entre todas las demás cosas del lugar.

El hombre, cuyo nombre ni siquiera me había molestado en preguntar, echó un pequeño vistazo al bolso para después subir su mirada hasta encontrarla con la nuestra.

-Lo preparé para que estuviera listo y no perdieran tiempo- dijo serio, mirando a Hermione con calidez- Lo único que tienen que hacer es tocarlo, creo que lo demás ya lo saben-

Y susurrando un "Mucha suerte", dio media vuelta y entró al local por la puerta del patio, desapareciendo en unos cuantos segundos.

Miré a Hermione a mi lado, y con un simple asentimiento de cabeza, tomé su mano izquierda y sin pensarlo más tocamos la bolsa.

Y sentí como caíamos en un tornado interminable mientras nos despegábamos del suelo.


Los presentimientos no siempre son una simple corazonada. Suelen ser un augurio, o en el peor de los escenarios una certeza. Y digo peor cuando se trata de malos presentimientos. Presagios de tragedia, presagios de tristeza.

Un presentimiento como el que en ese momento me apretaba el pecho, carcomiéndome por dentro mientras caminaba a toda prisa por las calles desconocidas de Suiza con Hermione a mi lado.

Mientras pensaba en mi mejor amigo, en mi única familia durante años, en mi único hermano. En el único que siempre había estado ahí para mí, y ahora yo no estaba ahí para él.

Cruzamos unas cuantas calles, que de no haber sido porque corríamos como si fuéramos centauros embravecidos habría admirado hasta cansarme. Pasamos por casas y locales pequeños y acogedores, que me hicieron recordar de inmediato al pintoresco pueblo de Hogsmeade al que iba cada fin de semana.

Pero nada de aquello llamó mi atención.

Solo hasta que llegamos a la pequeña calle que George me había descrito en su llamada y en la que justo al final se podía observar un edificio blanco con la distintiva cruz roja en el centro.

Durante un fugaz instante, Hermione y yo cruzamos nuestras miradas. Un instante que pareció eterno, un instante en el que me perdí en sus irritados ojos castaños y ella se perdió en los míos.

Tal vez pensando lo mismo, sintiendo lo mismo. Temiendo lo mismo.

-Vamos-

Le susurré, y mirando de nuevo el edificio, la tomé de la mano y nos dirigimos calle abajo hacia la entrada del hospital.

Las enormes puertas corredizas de la sala de emergencias se abrieron de par en par, y corriendo tan rápido como nuestros pies nos permitieron llegamos al mostrador en donde una mujer mayor de cabello rubio y ojos celestes nos miró entre curiosa y asustada.

-El cuarto de Ronald Weasley, por favor- dijo Hermione casi sin aliento mientras se recargaba en el mostrador, con ojos desorbitados y sus manos temblando.

La mujer la miró confundida, claramente sin entender lo que Hermione le había dicho.

-¿Bitte?-

-Demonios- farfulló llevando una mano a su cabello, soltando más mechones rebeldes fuera de su moño antes impecable.

Temeroso de perder más tiempo, me adelanté intentando darme entender con la enfermera en un pobre alemán que había aprendido en alguno de mis viajes a Alemania, donde la mayoría de los magos oscuros se había establecido después de la muerte de Voldemort.

-Wir suchen Ronald Weasleys Zimmer…- dije atropelladamente, y para mi fortuna la mujer pareció entender.

-Eine Momment, bitte-

Contestó mientras ingresaba los datos en la computadora, y a mi lado, Hermione se acercó aún más a mí mientras esperábamos a que hablara.

Durante segundos que parecieron horas, la mujer no dijo nada. Se limitó a mirar la pantalla de la computadora con cuidado, como sin entender lo que estaba mirando.

Y finalmente nos miró. No dijo nada, solamente se limitó a levantarse y con un movimiento de mano nos pidió que la siguiéramos. Yo agradecí el gesto, pues claramente la mujer se había dado cuenta de que no hablábamos el idioma.

Esperé que nos llevara por el pasillo del mismo piso en donde estaban la mayoría de los cuartos, pero para mi sorpresa nos detuvimos frente al elevador y una vez que hubiéramos entrado, presionó el botón del cuarto piso sin miramientos.

Yo solo pude mirar a mi lado para encontrarme con los ojos cansados de Hermione, su mirada perdida, sus cabellos revueltos y sus labios temblando.

Y finalmente llegamos. Las puertas del elevador se abrieron, y no tuve que hacer más que mirar al frente para darme cuenta porque estábamos ahí.

Al fondo del oscuro pasillo, pude distinguir la alta silueta de George recargada contra la pared. Cabizbajo y con los brazos cruzados, miraba el suelo como si no hubiera algo más interesante o importante que ver en aquél momento.

Pasando por mi lado rápidamente al salir el elevador, Hermione caminó a toda prisa por el largo pasillo en dirección a George.

Yo no hice más que seguirla de cerca, sin perder de vista al que fuera mi cuñado, parado al otro extremo del pasillo.

Y en menos de un instante estuvimos frente a él. Hermione se acercó despacio, y agachando un poco su cabeza intentó hacer contacto visual con George, quién seguía con la mirada perdida, escondida bajo sus mechones rojizos.

Yo unos cuantos metros más atrás, caminando aún, y por alguna razón sin querer acercarme demasiado.

-¿George?- la pregunta hecha en un susurro dio resultado, y finalmente George levantó la vista.

Para dejar ver su rostro bañado en gruesas lágrimas, lágrimas que seguían resbalando por sus pálidas mejillas.

Contuve el aliento.

Su mirada se fijó en Hermione, y tuvo que entrecerrar los ojos para enfocarla mejor. Y yo, a un escaso metro de distancia, pude darme cuenta que la miraba con algo más que tristeza, algo más que dolor.

La miraba con culpa.

-No…-

Escuché el susurro quebrado de Hermione, quien, con su mirada perdida caminó unos cuantos pasos hacia atrás. Hacía mí.

-No…-

Se llevó una mano a su mejilla, su cabeza moviéndose de un lado a otro mientras su mirada se perdía en cualquier lugar. Yo sentí una opresión dentro del pecho que me dejó sin aire mientras miraba a George casi con rabia, queriendo gritarle o golpearlo para que hablara.

Para que lo dijera de una vez.

-Maldita sea, George- dije entre dientes, y apreté mis puños con fuerza- Demonios…- susurré de nuevo y llevé mis manos a la nuca, jalándome el cabello desesperado mientras comenzaba a dar pasos desordenados por el pasillo.

Miré a Hermione menear su cabeza de un lado a otro, con las lágrimas acumuladas en sus enormes ojos castaños.

-Lo siento tanto, Hermione-

Y mis manos golpearon la pared del pasillo con fuerza mientras las lágrimas contenidas comenzaban a brotar por mis ojos sin control. Todo pareció perder sentido, todo pareció convertirse en una realidad paralela en donde el destino me hacía una mala jugada.

En donde el destino simplemente había decidido arrebatarme a lo poco bueno que me quedaba en la vida.

Y a mi lado, Hermione, con su mirada perdida y susurrando un montón de incoherencias mientras meneaba la cabeza de un lado a otro, perdió el control de sus piernas. Solo tuve conciencia de sus lágrimas saliendo sin control mientras reprimía un grito y perdía el equilibrio.

Y abrazándola contra mí, mis brazos la sostuvieron en el momento justo antes de que cayera al suelo.


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