"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Después de años! Otro capítulo más arriba. Debo admitir que aparte del poco tiempo que he tenido estas últimas semanas, también tuve algunos problemas para escribir el capítulo, pues la señorita inspiración me abandonó por unos días y no sabía qué hacer con la extensión del capítulo. Salió un poco largo, pero creo que ha quedado bien y espero que les guste. Es un capítulo complicado desde muchas perspectivas, pero prometo que el próximo lo será menos.

Sin nada más que decir, les dejo que disfruten. Y como siempre, muchísimas gracias a todos los que me leen y se toman la molestia de dejarme un pequeño review. Muchísimas gracias por decirme que les gusta y que no, y a los que me agregan a favoritos también mil gracias! Me da mucho gusto saber que mi historia está gustando, y me da ánimos para seguir escribiendo.

Espero próximamente subir un shot de Harry/Hermione, claro que con mucho picante para compensar la falta en este (les recomiendo leer mis dos shots de esta parejita), que llegará a su tiempo, pero necesito su paciencia ;).

Enjoy!

Capítulo 7°: Cumpliendo Promesas

~Harry's POV~

Todo lo que siguió después de esa noche fue muy caótico. Todo se convirtió en llamadas incesantes, lágrimas incontrolables y miradas de horror. Todo se volvió confuso, y después de maldecir a los cuatro vientos en las paredes del frío pasillo, tuve que aceptar que aquello era real.

Mi mejor amigo, mi hermano, mi única familia durante años, estaba muerto.

Se había ido. Como todo en mi vida. Simplemente había desaparecido.

Había muerto lejos de mí, lejos de su familia, lejos de sus amigos, lejos de su esposa.

Quien entre mis brazos, con su mirada perdida en el suelo del frío pasillo y sus manos aferradas a mis brazos con fuerza, seguía sin emitir sonido alguno mientras las lágrimas bajaban silenciosas sobre sus mejillas.

Y para mi sorpresa, seguía de pie.

-¿Has …- dije por fin cuando me di cuenta que podía hablar- ¿Has hablado con Arthur o Molly?-

Frente a mí, George levantó la mirada y me miró con sus ojos hinchados.

Lo había visto hacer un montón de llamadas a las que no había puesto atención, y supuse que alguna de ellas había tenido ese destino.

-Acabo de hacerlo- dijo en un nudo de voz, y miró a Hermione- Querían…mamá quería…- se le quebró la voz al mencionarla- Quería venir de inmediato, pero le dije que lo mejor será que comiencen a arreglar todo allá-

-Quiero verlo-

Fue la voz de Hermione, firme y seria, la que me sacó de mi ensueño y sin poder evitarlo, la aferré aún más a mí y la miré enderezarse hasta quedar completamente erguida.

-Hermione- comenzó George- No creo que sea buena idea, yo puedo hacerlo para que tu no…-

-Quiero verlo, George-

Volvió a decir firme y se alejó de mi hasta quedar en pie ella sola. Y su semblante cambió. Se volvió serio, impasible, sereno.

Como si una coraza se hubiera posado sobre ella y se hubiera cerrado al instante.

-Herms, ya escuchaste a George- susurré contra su oído, aferrándome más a ella- Lo mejor sería…-

-Es mi esposo- susurró a nadie en particular, mirando un punto fijo en la pared- Es mi esposo el que está ahí dentro- repitió mirándonos alternadamente a mí y a George.

Seria, impasible, y renuente a aceptar un "No" por respuesta, Hermione nos miro con firmeza durante unos segundos.

-Quiero verlo-

Y como única respuesta, solo pude deshacer el amarre de mis brazos mientras la miraba acercarse a la puerta que tenía en frente y abrirla de par en par.


~Hermione's POV~

¿Por qué? ¿Con qué derecho me hiciste esto?

¿Cómo llegué a esto?

¿Cómo rayos es que en lugar de estar contigo en nuestra casa y en nuestra cama, estoy parada en medio del jardín de la madriguera mirando lo que queda de ti?

Escuchando como todos lloran, se consuelan e incluso cuchichean a mí alrededor, mientras yo no escucho nada, no veo nada.

Todos se acercan a mí y me dan el pésame mientras sus fuertes abrazos me rodean, pero yo solo me limito a asentir con la cabeza. Los oigo pero no los escucho, los veo pero no los miro.

Solo quiero verte a ti. Quiero perderme en tus ojos azules mientras me susurras que me amas al oído con voz dulce, sentir tu cálido abrazo alrededor de mí, el olor de tu colonia impregnando mis sentidos, tus brazos fuertes aferrándome para no soltarme nunca.

Quiero perderme en la calidez de tu mirada mientras me haces el amor.

Y ante ese deseo, el único consuelo que me queda es mirar el ataúd color caoba y cerrado que tengo enfrente. Y no sé si reír o gritar ante la ironía. Ante la mala jugada que el destino me está jugando sin miramientos.

¿Por qué me hiciste esto?

Prometiste que regresarías, prometiste que jamás me lastimarías, prometiste que jamás me dejarías sola.

Y no cumpliste con ninguna de tus promesas.

¿Por qué me hiciste esto? ¿Por qué acabaste con mis sueños y mis esperanzas de golpe y sin consultarme?

Prometiste que tendríamos un hijo.

Y ahora no tengo ni siquiera el consuelo de saber que me dejas un pedacito de ti, ni lo tendré jamás. Simplemente te fuiste, desapareciste para siempre…

Y me dejaste sola.

-Hermione- me llama Neville en un susurro- Lo siento tanto-

Parado a mi lado y frente a ti, me rodea entre sus gigantes y cálidos brazos mientras me aprieta contra él, yo solo atino a devolverle el abrazo levemente. No sé cuantas veces he hecho lo mismo sin siquiera pensarlo.

Sin siquiera entenderlo.

No sé qué rayos ocurre a mí alrededor, Ron.

A lo lejos, mis padres lloran calladamente mientras charlan en voz baja con Arthur. Molly, desconsolada, se apoya del brazo de George mientras Ginny, con los ojos rojos e hinchados, le da ligeras caricias en la espalda para intentar calmarla.

Luna, a un lado de Neville, no se ha movido ni un centímetro de su lugar desde que yo estoy parada en el centro del jardín, como esperando que en cualquier momento haga algo inesperado.

Como si mi reacción en estos momentos no fuera normal.

-Gracias- susurro en respuesta una vez que Neville se separa de mí. Pero aquello lo digo por simple cortesía, por contestar cualquier cosa.

Y mirando de nuevo el ataúd de madera el piso parece moverse a mi alrededor y las piernas me flaquean. Y es en ese momento que me doy cuenta que llevo casi cuarenta horas sin dormir.

Sin comer, sin pensar, sin sentir.

Todo pasó tan rápido. Harry y George haciendo una llamada tras otra, yo solo dando mi consentimiento cuando era necesario, recargada en la pared color verde menta del pasillo mientras miraba los mosaicos gastados del suelo.

Y en menos de veinticuatro horas estaba de vuelta en Londres, contigo acompañándome en un ataúd. Y diez horas más tarde estábamos reunidos en el jardín de la madriguera, con todos nuestros familiares y amigos, todos y cada uno dándome el pésame.

El pésame por ti. Por tu muerte.

Decidí que este sería el mejor lugar para enterrarte. Éste fue tu hogar siempre. Después el mío. Aquí pasamos los momentos más felices desde que te conocí. Aquí me propusiste matrimonio, aquí me hiciste el amor por primera vez…

Aquí me convertí en tu esposa.

Decidimos enterrarte a un lado de tu hermano Fred una vez que termine el velatorio, sé que es lo que habrías querido. De todas maneras yo solo atiné a asentir con la cabeza cuando me lo preguntaron, y más que una decisión fue una manera de callarlos por fin a todos.

Porque después de todo a mi no me importa. Porque lo que está pasando no es cierto. No es más que otra simple jugarreta de mi cabeza, una simple pesadilla debido al tiempo que llevamos separados…

Y te imagino entrando en cualquier momento por la pequeña portezuela del jardín, con tus ojos azules mirándome, sonriendo juguetón mientras caminas hacía mi con tus brazos abiertos para envolverme en ellos.

Veo la caja frente a mí, y de nuevo, no sé si reír, llorar, o simplemente echarme a correr.

E ir a buscarte.


~Harry's POV~

Limpiando disimuladamente una pequeña lágrima que resbalaba por mi mejilla, tomé aire y salí al jardín para reunirme con todos los demás.

Sin poder evitarlo, miré la caja de caoba que se encontraba al centro del verde pasto, y sin poder entender como rayos era que la foto que se encontraba justo encima era la de mi mejor amigo.

Sin poderlo aceptar.

Y sin poder soportar verla a ella, parada frente al ataúd y con la mirada pérdida, aceptando los abrazos y los pésames que le daban al llegar. Ella simplemente los devolvía sin decir nada, sin cambiar su expresión. Sin derramar una sola lágrima.

Demonios.

Saludando a los que me encontraba en el trayecto, caminé hasta quedar en el círculo que conformaban Molly, Arthur, Billy, Fleur George, los padres de Hermione y Ginny por no quedarme solo en algún lugar y, sin más opción que esa, soporté la tortura de ver a Molly derramar una lágrima tras otra mientras Arthur intentaba reconfortarla.

Prefería eso que ver a Hermione con la mirada pérdida, como si estuviera en otro mundo del que no planeaba salir nunca más.

-Harry…- susurró la señora Granger una vez que estuve a su lado- Deberías, deberías dormir algo cielo- me miró compasiva, y supuse que me veía terrible- Llevas mucho tiempo despierto-

Desde que la conocía, la señora Granger siempre había sido cálida y cariñosa conmigo, tal vez por el hecho de ser una mujer muy maternal y saber por Hermione que había sido huérfano toda mi vida. De cualquier manera, se había convertido en una especie de hada madrina al igual que Molly.

Tienes una madre en cada mundo, me había dicho alguna vez Ron.

A quién nunca volvería a tener a mi lado.

-Gracias, señora Granger, pero…- me aclaré la voz, que aún salía raposa- Pero sinceramente no creo que pueda dormir, y además- la miré e intenté sonreír- Creo que... Hermione lo necesita más que yo-

Miré la figura alta y esbelta de Hermione enfundada en negro y de espaldas a mí, y noté como sus piernas temblaban un poco. A mi lado, la señora Granger miró en la misma dirección y soltó un ligero hipido.

-Mi pobre niña- susurró con una mano sobre los labios- Mi pobre Mione…-

Sin poder evitarlo, rodeé su espalda con mi brazo y la conforté mientras dejaba que se desahogara de nuevo. Y por más bizarro que aquello sonara, por un momento quise que fuera Hermione y no su madre quien hiciera aquello. O que por lo menos derramara una lágrima.

Pero Hermione ni siquiera estaba ahí. Estaba en un trance, estaba en shock.

Y sabía que el sufrimiento que llegaría después de que eso pasará, sería imposible de soportar.

De alguna extraña manera y como si Luna estuviera escuchando dentro de mi cabeza, mi amiga rubia, quien no se había separado de Hermione en toda la tarde, giró la cabeza y me miró preocupada.

Y por primera vez en esas horas, se alejó de Hermione y comenzó a caminar en mi dirección con el claro propósito de hablar conmigo. Yo aproveché el momento y encontrando la excusa perfecta para no seguir soportando la tortura de ver a todos los que amaba sufriendo me acerqué a ella.

Con los ojos hinchados y la nariz roja, me miró con ternura e intentó sonreír.

-¿Cómo estás, Harry?- me preguntó tranquila- Debes estar muy cansado, con…- se detuvo, y una pequeña lágrima apareció en sus ojos- Con todo lo que ha pasado-

-Lo estoy, Luna- admití, y apreté mis ojos con mis dedos- Pero tendrá que esperar-

Dije en un susurro y sin poder evitarlo mi mirada se posó de nuevo en Hermione.

-Me preocupa, Harry-

El susurro cuidadoso y preocupado de Luna me sacó de mi ensueño y volteé a mirarla, solo para darme cuenta que estaba viendo en la misma dirección en la que yo veía unos segundos antes.

-No ha dicho absolutamente nada más que gracias a todos los que la saludan- continuó, y yo volví a mirar a Hermione- No ha comido, no ha tomado nada, mucho menos dormido…no ha llorado- me miró y mordió su labio inferior- No ha derramado una sola lágrima, Harry-

Yo lo sabía. Desde aquella vez en el hospital, cuando casi se había desmayado y se había quedado sin hablar, no la había visto llorar de nuevo en ningún momento. Y no me preocuparía de no ser porque sabía que Hermione no estaba consciente de lo que pasaba a su alrededor.

Estaba sumergida en una pequeña bola de cristal, en un mecanismo de defensa que había adoptado para no sentir.

Para no aceptar que aquello era real, que mi mejor amigo, que su esposo estaba muerto.

Y sin poder evitarlo, las lágrimas volvieron a rodar por mis mejillas.

-Lo sé- miré a Hermione de nuevo.

-Me asusta, Harry- confesó Luna nerviosa- No sé qué pasará con ella cuando entienda lo que está pasando-

Yo tampoco lo sabía. Y también me asustaba.

Dos horas más tarde, unos minutos antes de que el sol de la tarde se pusiera, nos trasladamos al pequeño lugarcito que los Weasley habían separado en una de las esquinas de la madriguera y en donde habían enterrado a Fred ya nueve años atrás.

Y esta tarde, a un lado de su lápida se encontraba otra hermosamente esculpida en mármol negro, y en donde se podía leer con letras finamente talladas:

Ronald Billius Weasley (1980-2007)

Amado hijo, hermano y esposo.

Contuve las ganas de vomitar.

Reunidos alrededor de la lápida de mármol, en donde dos hombres terminaban de hacer un hueco profundo y rectangular en la tierra, las casi cincuenta personas que ahí se encontraban dieron media vuelta en cuanto el ataúd color caoba fue colocado a un lado.

Entre Arthur, Bill, Percy, Charlie, George y yo, cargamos la caja durante todo el trayecto, mismo que me pareció casi irreal, como si estuviera dentro de una película de mal gusto en donde mi mejor amigo yacía en la caja que llevaba cargada sobre mi hombro derecho.

Y cuando me acomodé entre la señora Weasley y mi mejor amiga, quien miraba el ataúd con la misma mirada pérdida, supe que aquello era real.

Sin pensarlo, tomé la delicada mano de Hermione y la apreté solo un poco. Y como única respuesta recibí un roce suave en el dorso de mi mano, lo único que necesité para aferrarme al calor de aquella simple caricia.

Todo fue confuso, rápido, casi increíble. George mencionó unas rápidas y breves palabras y Molly, quien lloraba desconsolada, se acercó al ataúd lo suficiente para dejar una rosa blanca encima de la madera, mientras todos los Weasley la seguían y dejaban cada uno una rosa del mismo color encima.

Y finalmente, Hermione se soltó lentamente del amarre de mi mano y caminó lo suficiente para quedar frente al ataúd.

Lo miró unos instantes que parecieron eternos. Después de unos segundos, llevó una mano al cuello, arrancó una pequeña cadena de oro con un colgante en color azul que pocas veces le había visto y la colocó encima del ataúd de madera entre las flores.

Sin decir nada, sin cambiar su expresión en ningún momento.

Y parada a un lado de la lápida, se quedó en esa misma posición cuando lentamente comenzaron a bajar la caja de madera por el hueco rectangular en el piso.

Y por más que intenté, no pude quitar la mirada de la escena que se desarrollaba frente a mí. Aquella verdad que poco a poco se materializaba hasta construirse en algo real.

Mi mejor amigo se había ido, y ahora lo único que quedaba de él era ese maldito hueco en el piso que terminaban de tapar.

Con los últimos rayos de sol acariciando el pequeño prado al final de la madriguera, me despedí de mi mejor amigo.

Y recordando la última promesa que le había hecho antes de partir, miré a la mujer de rebelde cabello castaño frente a mí.

Dispuesto a cumplirla.


Más tarde esa noche, desperdigados por el jardín de la madriguera, los pocos que quedábamos ahí intentábamos sin éxito alguno charlar sobre algo que nos hiciera olvidar lo que acababa de pasar.

Algo que nos hiciera entender. Algo que nos hiciera no pensar.

-Me parece increíble- susurró Dean a mi lado, y suspiró mirando a la distancia- No puedo creer que Ron este…-

No terminó. De todas maneras no planeaba escucharlo terminar aquella frase y me alejé de ellos para reunirme con el grupo conformado por los Weasley.

Y tan pronto como llegué, pude sentir la mirada profunda y acuosa que me dirigió Ginny una vez estuve frente a ella. Y solo por un instante, la nostalgia de saber que aquella mujer había sido mi esposa, y tendría que ser ella quien estuviera a mi lado me golpeó como si me hubieran dado un puñetazo en el estómago.

Porque ni ella ni su hermano, los únicos que habían sido mi familia, estaban ahora conmigo.

Ni lo estarían nunca.

Pero pronto otro pensamiento ocupó mi cabeza por completo en cuanto me di cuenta que Hermione no estaba en el jardín, y antes de decir algo volteé para todos lados buscando el cabello castaño de mi mejor amiga.

-¿En dónde...- comencé buscándola por todos lados- ¿En dónde está Hermione?-

-Está adentro con sus padres- susurró Luna a mi lado- Están tratando de convencerla que…- dudó un poco, mirando la casa- Que vaya a vivir una temporada con ellos- hizo una mueca de frustración.

No necesitó decir más. Conocía demasiado bien a Hermione para saber cuál sería el resultado de aquella discusión.

Antes de que pudiera contestarle a Luna, el padre de Hermione salió por la puerta trasera rápidamente, claramente preocupado por algo, y comenzó a dirigirse hacia nosotros con el semblante nervioso y claramente molesto. Aquello confirmó mis sospechas, y antes de que alguien más dijera algo, me alejé del grupo para dirigirme a la casa de nuevo.

Abrí la puerta de la cocina para toparme cara a cara con la señora Granger, quien con lágrimas en los ojos y una mirada suplicante, me miró para justo en el umbral de la puerta.

-Harry…-

Mirándola solo un instante, subí la mirada sobre su cabeza para detenerme en Hermione, quien apoyada en la mesa de la cocina y con la cabeza gacha, suspiraba lentamente mientras se tallaba los ojos con los dedos claramente cansada.

La señora Granger miró en la misma dirección que yo miraba para después voltear a verme de nuevo.

-Habla con ella, cielo- me dijo en un susurro suplicante- Trata de convencerla…-

No contesté. Me limité a asentir suavemente con la cabeza y pasando por mi lado, miré a la señora Granger salir en dirección al jardín.

Parado en el umbral de la puerta, me quedé durante un largo instante mirando a mi amiga, quien, masajeando sus sienes con los dedos y con los ojos cerrados, inhalaba y exhalaba profundamente, como intentando alejar algún pensamiento de su mente. Como intentando no pensar absolutamente en nada.

Y no supe si fue por algún ruido que hice o porque simplemente sintió mi presencia, pero unos segundos después levantó la vista y sus ojos castaños se toparon con los míos. Sin decir nada, me miró cansada y exhaló profundamente.

Yo me acerqué despacio y con cuidado, temiendo romper la poca tranquilidad que ella acababa de obtener minutos atrás.

-Si vas a tratar de convencerme para que acepte lo que mis padres me dicen…-

-No vengo a convencerte de nada- dije con firmeza mientras me paraba frente a ella- Vengo a ver cómo estás…-

Durante algunos segundos que parecieron eternos, ella no dijo una sola palabra. Solo me miró con ojos confusos, intentando descifrar mi expresión impasible hasta que finalmente soltó un suspiro y cerrando los ojos, se apretó la sien con los dedos.

-Solo quiero que esto se acabe…quiero irme de aquí-

-Vámonos entonces-

Abriendo sus ojos, levantó la vista para mirarme con expresión confusa y el ceño fruncido.

-¿Qué?-

-Vámonos- repetí de nuevo, y tomé la delicada mano que antes apretaba su sien- Te llevaré a casa, Herms-

Como única respuesta, recibí un asentimiento de cabeza y una mirada anhelante.


En menos de unos cuantos segundos estuvimos parados en la acera de la tranquila calle en las afueras de Hogsmeade, y frente a la casa que alguna vez fuera de Ron y Hermione.

Y que ahora solo pertenecía a la mujer que estaba a mi lado.

Aguardé unos momentos, mirando la acogedora casa para después mirar a Hermione de reojo. Esperando alguna reacción, algo diferente en ella.

Pero ella solo miró la casa con detenimiento, y viéndola de arriba abajo, analizó y exploró todos los recovecos que se veían desde la portezuela del jardín. Como si no la conociera…

Como si no fuera suya.

-Hermione…-

Antes de que pudiera decirle algo más, ella se adelantó solo lo suficiente para abrir la puertita de madera y comenzó a caminar con pasos lentos y tambaleantes por el camino de concreto hacia la entrada.

Yo solo la seguí en silencio, caminando despacio y a muy pocos pasos de ella, temeroso de que en cualquier momento diera media vuelta y me ordenara que la dejara sola.

Llegamos al umbral de la casa que se encontraba completamente a oscuras, y deteniéndose solo para sacar las llaves de su bolsa, Hermione se adelantó hasta la puerta y metió la llave en la cerradura para hacerla girar.

Abrió la puerta despacio, hasta que por fin estuvo completamente abierta y la poca luz del exterior iluminó el recibidor de la casa.

Yo me acerqué solo un poco más, quedando a escasos centímetros de ella para poder observar sus facciones apenas iluminadas por el resplandor de la luz de la calle. Parado junto a ella en el umbral, la miré observar todo con detenimiento sin decir absolutamente nada, manteniendo la misma expresión seria e impasible.

Sin moverse un centímetro, miró desde el pequeño tapete color vino del suelo, hasta la mesita en la que se podían observar un montón de fotografías adornando el mueble.

Poco a poco, aquella expresión inmutable se fue borrando mientras su mirada vagaba por la casa a oscuras.

Sus labios se abrieron solo un poco, temblorosos, y sus ojos antes secos comenzaron a humedecerse mientras miraba las fotografías que adornaban su pequeña salita. Su expresión parecía ablandarse a cada segundo que pasaba, y se hacía más débil…más vulnerable.

Cuando llegó a la última foto, aquella que ocupaba el mayor espacio y en donde se podía ver a Ron y Hermione abrazados frente a la Madriguera, contuvo el aliento solo unos instantes y apoyó su hombro en el marco de la puerta, aferrando su mano a la madera.

Mareada, comenzó a mover su cabeza de un lado a otro lentamente mientras pequeñas lágrimas, reprimidas durante tantas horas, comenzaron a vagar por sus mejillas sin remedio.

-Ron…-

Y todo se vino abajo.

Completamente histérica, se dejó caer en el umbral de la puerta, y se arrastrándose lentamente contra el marco de madera comenzó a mover su cabeza de un lado a otro, con la mirada pérdida y las lágrimas saliendo sin control por sus ojos.

Entendiendo por fin que toda aquella pesadilla era real.

Y la golpeó sin remedio.

Cerré mis puños impotente, deseando con todas mis fuerzas que el dolor desapareciera.

Pero ella seguía ahí. El dolor era real. Llorando desconsolada, rodeó sus piernas con los brazos, escondió la cabeza entre las rodillas y comenzó a mecerse como una niña pequeña, susurrando un montón de incoherencias que pronto se convirtieron en un solo nombre susurrado en la oscuridad.

"Ron…Ron…Ron…"

Y mirándola a mis pies, contuve las ganas de soltar un puñetazo al marco de la puerta.

Porque ahora, la muerte de Ron era más real que nunca. Más dolorosa, como una llaga abierta y expuesta a cualquiera. Más insoportable.

Por ella.

Incapaz de soportar más, me incliné lentamente sobre el pequeño bulto que había hecho con su cuerpo y tomándola por la espalda y los muslos, la cargué en volandas y cerrando la puerta de entrada de una patada, comencé a subir por la corta y oscura escalera.

Con Hermione entre mis brazos.

-Tranquila preciosa… Estoy aquí…-

Susurraba suavemente contra su oído, besaba sus rizos y su coronilla, me aferraba a su cintura y sus piernas mientras la apretaba contra mi pecho en la oscuridad de la casa. Ella solo contestaba con hipidos, apretándose con fuerza contra mí mientras las lágrimas seguían bajando sin control.

Y yo la retenía contra mi cuerpo, aliviado de poder sentir su suave calor ante la oscuridad que se cernía sobre toda la casa.

La necesitaba tanto.

Llegué a la planta de arriba y consciente de que no podría soportar entrar a su habitación, me dirigí al cuarto de huéspedes que tantas veces había ocupado y empujé la puerta para entrar a la recámara iluminada solo por los tenues rayos de la luna.

Me dirigí a la cama y quitando la manta que la cubría deposité mi preciosa carga en el suave colchón, y después de quitarle los zapatos de tacón negro con sumo cuidado, deshice su moño de un rápido movimiento y besé su frente con fuerza. Y cuando sentí su frente húmeda me di cuenta que yo también estaba llorando.

-Tranquila pequeña…Tranquila…-

Susurré incapaz de moverme del lugar en el que estaba. Ella solo seguía llorando, y abrazándose a sí misma se convirtió en un pequeño bulto en la inmensa cama.

No podía separarme de ella. No podía alejarme. La necesitaba cerca, la necesitaba a mi lado.

Y sobre todo, no podía dejarla sola en aquella oscura habitación. Sin detenerme a pensar un segundo más, me quité los zapatos de una patada, tomé un borde de la manta y me metí en la cama a su lado.

Incapaz de mantenerme alejado la abracé contra mí, pegando su cuerpo trémulo contra el mío y acunándola en mi pecho. Ella solo se aferró a mí con sus manos temblorosas, hipando ajetreada conforme las lágrimas seguían cayendo, derrotada, vulnerable…

Vencida.

Y aquello me dolió más que cualquier otra cosa.

-Shh, Tranquila- susurré contra sus rizos, y comencé a pasear mi mano por su cabello- Estoy aquí…-

-Ha…Harry…-

Logró mencionar entre hipidos, yo solo seguí acariciando su cabeza mientras la arrullaba entre mis brazos.

-Shh…shh. No iré a ningún lado- tragué saliva y la pegué más contra mí- Duerme…-

Poco a poco, los leves quejidos se fueron haciendo cada vez más suaves hasta convertirse en hipidos cortos mientras su cuerpo cansado se relajaba entre mis brazos. Yo la mecía lentamente, depositando besos cortos en su cabeza mientras le susurraba al oído frases tranquilizadoras.

-No te dejaré preciosa…Estoy aquí…-

Murmuré sin cansancio hasta que los quejidos leves se fueron apagando y su respiración se volvió lenta y acompasada. Hasta que finalmente se quedó dormida entre mis brazos.

-Estoy aquí…-

Y acostado en la cama de aquella habitación en completa oscuridad, yo también me entregué al mundo de los sueños. Con la promesa que le había hecho a Ron martilleándome la cabeza.

Y con su esposa dormida entre mis brazos.


~Hermione's POV~

Me desperté con los rayos de sol golpeándome la cara. Frunciendo el ceño, abrí solo un ojo para darme cuenta que la luz provenía de la ventana que tenía justo enfrente.

Sin tener idea de donde me encontraba, toqué el colchón debajo de mí que no parecía ni olía nada familiar. Tanteé con cuidado, intentando recordar que había pasado la noche anterior. Todos parecía tan confuso, y como una película, comenzaron a desfilar imágenes borrosas que se fueron uniendo poco a poco hasta que hicieron sentido.

Hasta que todo llegó a mi cabeza y se volvió real de nuevo. No había sido una pesadilla, no había sido una mala broma. Era real.

Mi esposo estaba muerto.

Quise gritar, quise golpear algo. Pero solo me limité a quedarme ahí tendida, dejando el tiempo pasar.

Abrí mis ojos por completo y miré la esquina de la habitación en un vano intento por vaciar mi cerebro, arrepentida por haberlo recordado todo. Queriendo entrar de nuevo a aquella bola de cristal que había sido mi refugio los días pasados.

Y que se había quebrado en un simple pestañeo anoche que había llegado a mi casa. Anoche cuando Harry me había tomado entre sus brazos, me había llevado a la cama y me había abrazado y susurrado al oído hasta que me había quedado dormida.

Harry.

Di media vuelta de inmediato al recordarlo, solo para darme cuenta que a mi lado la cama estaba vacía. Toqué el hueco algo dudosa y noté que aún estaba cálido, claro indicio de que había estado ahí hasta hace poco, y que muy probablemente seguía en la casa.

Como contestación, oí los sonidos de platos y cacerolas golpeando en la cocina, y el tenue pero delicioso aroma de waffles recién hechos llenó mi olfato como prueba de que en efecto, Harry aún se encontraba en la casa. Me enderecé poco a poco como autómata, dándome cuenta que me había quedado dormida con la ropa que había usado el día anterior. Ropa negra.

Cerré los ojos con fuerza, y suspirando profundamente para no derramar lágrimas, me levanté tambaleante de la cama y bajé las escaleras lentamente hasta llegar a la cocina.

Y la escena que contemplé frente a mí pareció algo irreal. De espaldas a mí, con una sartén en una mano y una pala de madera en la otra, Harry terminaba de preparar panques caseros. La barra del centro estaba repleta de fruta cortada, unas cuantas tostadas y vasos de leche y jugo para dos personas.

No dije nada. Me quedé parada en el umbral de la puerta con mis piernas temblando y mis ojos ardiendo, mirándolo de espaldas a mí.

Hasta que finalmente el dio media vuelta y sus ojos verdes se posaron en mí, y su mirada primero impresionada se suavizó de inmediato en cuanto sus ojos se toparon con los míos.

-Buenos días- sonrió levemente.

-Buenos…- mi voz salió rasposa y lastimera- Buenos días-

Aún temblando, me acerqué a la barra y tomé asiento en la silla que tenía más cerca, con la mirada atenta de Harry sobre mí todo el tiempo.

-Preparé el desayuno- dijo cuando estuve sentada- Puedes empezar con la fruta…- me acercó el plato- Enseguida saldrán los waffles-

No contesté de inmediato. Miré el plato de fruta frente a mí y sintiendo náuseas, contuve las ganas de vomitar.

-No…En realidad no tengo mucha hambre, Harry-

-Ni hablar- me calló al instante- No has comido nada en dos días, necesitar comerte eso-

-Pero es que…-

-Come, Hermione-

Me miró con sus ojos verdes algo hinchados y rojizos al igual que los míos, pero tan brillantes como siempre, y no pude negarme a aquella petición tan convincente. Sin muchos ánimos, tomé un pedazo de manzana que tenía a la vista y mordí levemente. Y en ese momento me di cuenta de que en efecto moría de hambre.

Desayunamos en silencio, taciturnos y cabizbajos, con el ambiente denso rondando el lugar y sobre nosotros como una sombra que se había cernido sobre nosotros y no planeaba alejarse en ningún momento.

Yo comía despacio, más por la mera necesidad fisiológica que por el hecho de querer disfrutar bocado. Sentía como cada trago se hacía más difícil hasta el punto de producirme nauseas, mientras mi garganta se cerraba poco a poco a causa del dolor que comenzaba a acumularse en mi pecho ante aquél silencio…

Ante el mudo recordatorio de que ahora en adelante, solo eso se escucharía en aquella casa. En la casa que había compartido con él, y que él simplemente había desaparecido.

Terminamos de desayunar, y sin decir nada, miré los ojos verdes del hombre que estaba enfrente de mí. Del hombre que no se había alejado de mi en ningún momento y que se había convertido en mi salvación.

Y al que no quería hundir en mi miseria.

-Harry…- lo llamé y el dejó de lavar el plato y volteó a verme.

Me miró esperando a que hablara. Inspiré profundo.

-Creo que…- dudé un poco- Que ahora necesito…- miré las baldosas del piso, y después subí la mirada para encontrarme con la suya- Necesito estar sola unos días…-

Soltando un suspiro algo resignado, Harry me miró suavemente mientras dejaba los platos. Y tuve la sensación de que no estaba para nada sorprendido, como si hubiera estado esperando que le dijera aquello en algún momento.

Miró sus zapatos solo un momento, como si estuviera buscando algo interesante en el piso, y después subió la mirada y me miró fijamente. Sin decir nada, se acercó lentamente rodeando la barra del centro de la cocina y se detuvo una vez que estuviera frente a mí.

Y me miró con sus enormes y tristes ojos verdes.

-¿Estás…- me miró fijamente- ¿Estás segura Hermione?-

-Yo…- bajé un poco la mirada, sintiéndome terrible por alejarlo- Sí-

Con renovado valor, levanté mi vista y lo miré fijamente, intentando evitar que el nudo en mi pecho se transformara en incesantes lágrimas. Por supuesto que no estaba segura. Al contrario, lo necesitaba como nunca a mi lado, pero no podía permitir que él se sumergiera conmigo en mi luto.

No podía tenerlo a mi lado sabiendo que no sería más que una carga, una simple compañía inerte que no le haría nada bien. Pero sobre todo…

No podría soportar verlo sufrir también.

-Necesito estar sola, Harry- lo miré con mis ojos llenos de lágrimas- Unos días para…- se me quebró la voz- Para entenderlo y para…-

No terminé. Miré el piso de nuevo y mordí mi labio inferior en un intento por impedir que las lágrimas salieran de mis ojos, y funcionó. Inhalando profundo, solté el aire contenido y lo miré de nuevo a los ojos.

-No tienes que hacerte la fuerte, Herms- susurró Harry con delicadeza- No frente a mí…-

Tomó una de mis manos con gentileza y la apresó entre las suyas para mirarme de nuevo. Yo lo miré igualmente, intentando mantenerme firme en mi decisión.

-Pero lo necesito- dije componiendo la voz- Unos días, Harry. Tengo que hacerlo sola-

Y sin arruinarle la vida. Harry estaba lo suficientemente destrozado como para soportar mi dolor, así como yo lo estaba como para soportar el suyo. No pretendía que fuéramos un apoyo mutuo, no quería que aquello lo arruinara junto conmigo.

No iba a funcionar.

-Hermione…-

-Por favor, Harry-

Tal vez fue el tono en el que dije aquello o la expresión seria que cruzó mi rostro, pero su mirada antes suave y cálida se puso seria también, y soltando un largo suspiro me miró a los ojos.

-De acuerdo- susurró débilmente- Tal vez tienes razón-

Mirándome con suavidad, colocó una mano en mi mejilla y acarició con ternura, solo un pequeño roce que me transmitió algo de tranquilidad entre el torbellino de emociones que me asaltaban.

-Pero no podrás alejarme de ti, Hermione, quiero que ese quede claro- me dijo suavemente- No dejaré que pases por esto sola-

No contesté. Me limité a asentir con la cabeza, deseando que se fuera para poder llorar a mis anchas a gusto. No podía dejarlo verme así, no podía dejar que pasara lo de anoche.

No quería atarlo de ninguna manera posible.

Lo oí suspirar, claramente frustrado de que no hubiera respuesta.

-Está bien- retiró su mano de mi rostro- Creo que, será mejor que me vaya-

Tomó su saco que estaba en el respaldo de la silla y me miró de nuevo con una media sonrisa en los labios. Yo me levanté lentamente, y mirando el piso e incapaz de verlo a los ojos lo seguí hasta la puerta de entrada.

Nos quedamos ahí unos segundos que parecieron eternos, y soltando otra vez el aire contenido, Harry tomó la perilla de la puerta y me miró de nuevo.

Colocó su mano en mi mejilla de nuevo y acercándose lentamente, me plantó un suave pero firme beso en la frente al tiempo que me jalaba hacia a él.

-Vendré a verte pronto-

-De acuerdo-

Susurré mirando el suelo con lágrimas en los ojos, y por un momento quise abrazarlo y aferrarme a él para que no se fuera. Decirle que lo necesitaba a mi lado para soportar aquello, decirle que no quería que se fuera nunca.

Pero solo me limité a sostener la puerta mientras el salía de la casa y mirarlo alejarse lentamente por el camino de grava hacia la acera, en donde se detuvo solo unos instantes.

Incapaz de seguir viendo, cerré la puerta y me recargué contra ella, sintiendo como las lágrimas comenzaban a salir sin control y resbalaban traicioneras por mis mejillas. Y segundos después escuché el característico sonido de la aparición, y supe que se había ido.

En unos cuantos segundos estuve sola en aquél lugar. En una casa que ya no era mía, que ya no se sentía mía. Los recuerdos volvieron a asaltarme.

Y soltando un suspiro entrecortado me dejé caer lentamente al suelo mientras la soledad comenzaba a acecharme y las lágrimas se desbordaban de a poco.

Y con la idea de que Ron jamás regresaría martilleándome la cabeza.


~Harry's POV~

Entrando a la casa lentamente, cerré la puerta detrás de mí y aventé las llaves en la mesita del pequeño recibidor mientras me quitaba el saco y caminaba por el pequeño pasillo hasta la puerta de la cocina.

Entré y miré un poco hacia el jardín por el amplio ventanal mientras dejaba el saco en el respaldo de una de las sillas del pequeño comedorcito detrás de mí.

Y llevando mis manos al rostro mientras cubría mi nariz, solté el aire frustrado mientras sentía como las lágrimas amenazaban con salir de nuevo. Cerré los ojos frustrado, y soltando una maldición di media vuelta para dirigirme al sofá de la sala.

Y entonces la vi.

Recostada en el sillón de la sala, con sus ojos hinchados y su cara roja por el llanto, Ginny se enderezó lentamente de su lugar y me miró con ojos tristes.

-¿Qué…Qué haces aquí?-

Petrificado frente a la sala, miré a Ginny terminar de enderezarse mientras se tallaba un ojo y se desperezaba. Tenía semblante de haber estado dormida durante mucho tiempo.

-Te estuve esperando toda la noche…- susurró quedamente, como si fuera de lo más normal que estuviera ahí- Pero nunca llegaste-

No pude evitar escuchar aquél tono acusador en la última frase, y completamente confundido por el hecho de que estuviera ahí, ignoré lo que acababa de decir.

-¿Cómo entraste?-

-Me aparecí- contestó simplemente y comenzó a ponerse sus zapatos- Conocí la casa cuando era niña ¿Recuerdas? Y Parvati me dijo hace unos días que estabas viviendo en tu casa muggle-

Acomodándose un poco el desaliñado cabello, caminó hacia mí lentamente hasta que estuvimos frente a frente. Me miró fijamente, sus hinchados ojos castaños paseándose por mi rostro que seguramente tendría una expresión de total desconcierto.

-Y…¿Qué quieres?-

Pregunté a la defensiva, sin entender como rayos era que mi ex esposa estaba en mi casa alegando que me había esperado toda la noche mientras dormía en mi sofá. No entendía que rayos pasaba por su cabeza, y ciertamente tampoco entendía que pasaba ahora en la mía.

-Quería verte- susurró lentamente, y se acercó un paso más- Lo de Ron…- se le quebró la voz- No puedo soportarlo sola, Harry- me miró ansiosa, y se pegó a mi lentamente- Y sé que tu tampoco puedes…Te necesitaba-

Y sin darme tiempo a más, pegó sus labios a mí en un beso.

Me quedé estático, sin saber que pensar, sin saber qué hacer. Sin saber que sentir, que decididamente no era lo mismo a lo que había sentido la última vez que la había besado.

Pero a pesar de eso, no me alejé en ningún momento.


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