"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Hola a todos! Aquí me tienen con un nuevo capítulo =). Sé que esta vez tardé más en actualizar, pero con exámenes finales y trabajos por entregar no pude concentrarme en escribir hasta ahora, y aquí tienen el resultado. Las cosas comienzan a cambiar a partir de éste capítulo para Harry y Hermione, y prometo que los próximos serán tan torturantes como satisfactorios. ;)

Gracias a todos los que se molestan en dejarme un review, ya sea para felicitarme, para darme ánimos o incluso para decirles lo que no les gusta. Espero que éste capítulo les guste y esperen pronta actualización!

P.D.: No olviden dejar un review, por pequeñito que sea, y se los agradeceré montones!

Sin más que decir, me retiro y los dejo disfrutar =)

Enjoy!

Capítulo 8°: Compartiendo Dolor

~Hermione's POV~

Con un conjunto de falda y saco en color negro y una blusa de seda verde esmeralda, terminé de acomodar el moño en mi cabeza y me coloqué otra capa de maquillaje para desvanecer las ojeras.

Una vez satisfecha con el resultado, me miré al espejo y suspiré cansada. Y por el reflejo del espejo pude ver el desastre que tenía en mi recámara.

Había pasado una semana desde que mi vida se había convertido en esto.

Desde que me levantaba solo para comer, ir al baño y ducharme, desde que no salía de mi casa a menos que tuviera que comprar algo de comer, desde que toda mi casa era un completo desastre, desde que no tomaba ninguna llamada ni atendía a la puerta…

Desde que mi esposo yacía inerte en una tumba y no a mi lado en la cama, o entre mis piernas haciéndome el amor. Desde que había prácticamente echado a Harry de mi casa, quedándome totalmente sola.

Despertaba todas las mañanas con la idea de que todo había sido una simple pesadilla, para luego descubrir que en aquella enorme casa estaba completamente sola. Las lágrimas bajaban sin control por mis mejillas, y lo único que deseaba era volver a dormir y jamás despertar de nuevo.

Pero esa mañana había algo diferente.

Me había despertado con una rara sensación en el pecho, y como si una fuerza me jalara de la cama, me levanté y comencé a arreglarme para ir al trabajo.

Como si fuera un día de rutina normal. Común.

Con la única diferencia que ésta mañana mi esposo no se había escabullido en la regadera mientras me bañaba para acompañarme, y mucho menos me había visto vestirme, o leído El Profeta en la mesa mientras desayunábamos.

Soltando un suspiro, bajé lentamente las escaleras y me dirigí a la cocina para comer algo.

Había recibido infinidades de llamadas desde ese día, y sólo me había limitado a contestar en dos o tres ocasiones y todas a Luna, simplemente para dar señales de vida y decirle que "estaba bien".

De Harry no sabía absolutamente nada.

Me había llamado incontables ocasiones, mismas veces en las que me debatía entre contestarle o no y cuando finalmente me armaba de valor para hacerlo, el teléfono dejaba de sonar. Y yo agradecía al cielo que así fuera, porque sabía que si escuchaba su voz no podría resistir la tentación de pedirle que viniera a casa.

Que viniera a abrazarme, a consolarme, a decirme que todo estaba bien y que estaba conmigo. Y yo no podría detener las lágrimas y las ansias de pegarme a él y quedarme entre sus brazos para siempre.

Una vez que terminé de comer el último trozo de fruta, lavé el traste sucio y caminé entre el montón de ropa y cajas de comida hasta el recibidor, tomé mi bolso de trabajo de la mesita y me coloqué los zapatos negros de tacón de aguja.

Me miré en el espejo de la pequeña salita, acomodando mi cabello e intentando detener las lágrimas que amenazaban con salir de mis ojos.

-Bien Hermione, aquí vamos-

Con un último suspiro, abrí la puerta y salí de la casa por primera vez en siete días.

Solo para encontrarme con los intensos ojos azules de mí mejor amiga mirándome con asombro en el umbral de la puerta.


~Harry's POV~

Tendido sobre mi cama y con una simple sábana cubriendo mi cuerpo desnudo, quité el brazo que tenía sobre mis ojos y miré el techo de mi habitación.

A mi lado, Ginny se movió solo un poco mientras su cabello rojizo se esparcía por la almohada.

Una maldita semana había pasado.

Siete miserables días sin mi mejor amigo, sin poder tener una conversación tranquila con él en Las Tres Escobas, sin poder pisar Sortilegios Weasley o La Madriguera, sin sentarme en la cocina de su casa a tomar un buen desayuno antes de ir a trabajar.

Siete días en los que no sabía nada de Hermione.

Le había hablado una infinidad de veces y de mil maneras posibles, utilizando desde el móvil hasta patronus y lechuzas, sin obtener respuesta alguna. Solo tenía noticias de ella por medio de Luna, que me informaba lo poco que lograba saber cuando la veía. Solo a ella le había contestado en un par de ocasiones.

Ansiaba verla, saber cómo estaba, cuidar de ella y asegurarme de que estuviera bien. La extrañaba.

Y a pesar de eso no me había atrevido a ir a buscarla.

Frustrado, me levanté y me puse los jeans que estaban más cerca. Completamente desnuda en la cama, Ginny se revolvió entre las sábanas y me miró somnolienta.

-¿Qué haces?-

-Iré a desayunar algo- contesté secamente- Ya regreso-

Sin siquiera mirarla, salí de la habitación y cerré la puerta de un portazo. Bajé las escaleras y entré a la cocina aplastando mis sienes con las manos, conteniendo las ganas de lanzar un grito y golpear la pared.

Desde aquella tarde que Ginny se había aparecido en mi sala, no habíamos hecho otra cosa más que hacer el amor en donde se nos ocurriera y cuando se nos antojara, sin compartir alguna charla más interesante que no fuera el clima de ese día o la decoración de la casa. A veces preferíamos no hablar y limitarnos a tener sexo. Sin hablar, sin pensar…

Sin sentir.

Sin sentir aquella emoción que alguna vez sentía al verla desnuda, ni aquella satisfacción al verla alcanzar el clímax en mis brazos, y mucho menos aquella calidez en mi pecho al verla acurrucarse junto a mí.

Aún cuando era perfectamente consciente de que estaba con la que había sido mi esposa, el amor de mi vida y la que en algún momento soñé como la madre de mis hijos, no sentía absolutamente nada.

Y no podía ser más perfecto porque eso era precisamente lo que quería. No quería recordar la razón por la que estaba haciendo aquello, no quería recordar que mi mejor amigo no estaba conmigo.

Y que Hermione no quería saber nada de mí.

-Demonios, Hermione-

Susurré entre dientes y miré el hermoso jardín que ella se había encargado de diseñar, las rosas que había plantado comenzaban a florecer y el pasto antes seco ahora era de un verde intenso, prueba de que sus hechizos habían funcionado.

Y como si viviera un recuerdo, la vi hincada sobre el pequeño jardín de flores, con sus manos cubiertas de tierra y su cabello recogido en un moño mal hecho, trabajando en la pequeña creación que decía era especialmente para mí.

-Crecerán hermosas, y esto por fin tendrá vida!-

Sonreí al recordar la emoción de sus gestos al decirme aquello, junto con una gigantesca sonrisa de satisfacción al ver su trabajo terminado. Aquella sonrisa tan Hermione.

Y aquello terminó por convencerme que la necesitaba, ahora más que nunca.

-¿Qué tanto miras?-

El suave susurro de Ginny en mi oído me sacó de mis cavilaciones, y sentí sus manos cerrarse sobre mi pecho mientras se pegaba a mi espalda y la seda de su bata rozaba mi piel.

-¿Por qué sigues aquí? Vuelve a la cama-

Aquella frase que antes me hubiera sacado una sonrisa, no significó absolutamente nada.

-No puedo-

Contesté carente de emoción, y sentí sus brazos aflojar la presión sobre mi pecho.

-¿Cómo?- escuché su tono contrariado, su voz algo rota.

-No puedo, Ginny-

Se alejó lentamente, dando unos cuantos pasos hacia atrás mientras yo daba media vuelta y la miraba a los ojos.

-¿Qué quieres decir?- replicó con voz aguda.

-No puedo seguir con esto- repetí, sin una pizca de emoción- No podemos seguir haciéndonos esto…-

-¿Hacernos esto?- preguntó al borde de la histeria- ¿Hacernos qué, Harry?-

-Fingir que nada ha cambiado!- contesté, levantando mis brazos al aire– Fingir que nada ha pasado, que tu hermano y mi mejor amigo no está muerto, qué aún estamos casados!-

Me acerqué hasta quedar a unos cuantos centímetros de su rostro, y la tomé suavemente por los hombros mientras la miraba y ella me regresaba una mirada vidriosa.

-Lo siento Ginny, pero tienes que irte a casa-

Abrió sus ojos de par en par, sin creer lo que acababa de decirle. Incluso yo mismo no terminaba de creerlo.

Y sin embargo, era lo que quería. Por más que me costara creerlo.

-Pero…pero…- balbuceó- No puedo, no podemos…- comenzó a decir sin sentido- No puedo estar…No quiero estar sola!-

-Pero yo no puedo seguir contigo- dije suavemente, tomando su rostro entre mis manos- No puedo seguir haciéndonos más daño del que ya nos hicimos-

-Tú querías estar conmigo- escupió- Tú no querías que nos divorciáramos, tú querías seguir conmigo!-

Y aunque sabía que tenía la razón, no podía entender a partir de cuándo aquello había cambiado y todo lo que alguna vez había deseado se había desvanecido para convertirse en un simple sueño enterrado.

Muerto.

-Y así fue, Ginny, así fue por mucho tiempo- dije limpiando las pequeñas lágrimas que surcaban sus mejillas- No sabes lo que hubiera dado porque esto pasara antes, por Merlín que esperaba que así fuera- dije sinceramente- Como me hubiera gustado que nada hubiera cambiado…- solté una exhalación- Pero todo ha cambiado, Ginny, todo-

-Pero esto no, Harry- dijo desesperada y se aferró a mis hombros- Esto no tiene porque cambiar, no tiene porque terminar…-

Abrí mis ojos de par en par, sin poder creer lo que me estaba diciendo y sin entender el juego que estaba jugando. Ella misma había solicitado los papeles del divorcio, prácticamente empujándome a hacer algo con lo que yo estaba de acuerdo porque creía que aun tenía remedio.

Y ahora, olvidando la indiferencia que me había mostrado las semanas anteriores, trataba de enmendar aquello como si nada hubiera pasado.

-Lo siento, Ginny- la alejé de mí- Pero esto se terminó desde el momento en que decidiste firmar ese papel- le recordé incapaz de olvidar mi resentimiento- Y ni la muerte de Ron va a cambiar eso-

-Pero…-

-Y no pienso seguir con esta relación enferma solo para olvidar lo que ha pasado- dije sin lugar a discusión- Así que vuelve a casa, Ginny-

No contestó nada. Se limitó a mirarme con sus ojos, anegados en lágrimas, abiertos de par en par mientras se abrazaba a sí misma.

Incapaz de seguirla viendo, di media vuelta de nuevo hacia el jardín, escuchando simplemente como subía rápidamente las escaleras y abría la puerta de mi dormitorio, probablemente para buscar las pocas pertenencias que tenía ahí.

Después escuché sus pasos rápidos y torpes, ahora más claros debido a los altos tacones, bajar las escaleras de igual manera y detenerse solo unos instantes. Instantes en los que supuse ella me miraba desde el rellano de la puerta, tal vez esperando que volteara en algún momento.

No tuve el valor de hacerlo.

Unos segundos después escuché el sonido de la puerta abriéndose para después cerrarse de un portazo. Y contrario a lo que siempre hubiera deseado, me quedé completamente solo.

Y con Ginny fuera de mi vida, definitivamente.

Miré el hermoso jardín que comenzaba a florecer en mi patio durante unos minutos que parecieron eternos, y en algún momento todo pareció más claro y sencillo. Con el corazón latiéndome con fuerza y como si fuera cuestión de vida o muerte, subí a mi recámara a darme una ducha y cambiarme lo más rápido posible.

Estuve listo en menos de diez minutos y bajé rápidamente las escaleras, terminando de secarme el pelo aún húmedo mientras tomaba mi chaqueta y las llaves del perchero sin pensarlo, y salí de mi casa con solo un objetivo en mente.


-Hermione!-

Grité por quinta vez a la ventana con cortinas cerradas mientras tocaba la puerta con fuerza y recargaba mis brazos en las paredes a mi lado.

Llevaba quince minutos en el umbral sin obtener respuesta, sin alguna señal de que alguien detrás de la puerta fuera a abrirme en algún momento, y en aquél punto comenzaba a pasar de la impaciencia a la preocupación.

Parecía como si adentro no hubiera absolutamente nadie, lo cual era imposible. Temí lo peor.

Incapaz de contenerme más, me paré derecho sobre el pequeño tapete de bienvenida y tomé aire mientras sentía la conocida sensación del hueco en el estómago y en menos de un segundo estuve parado en el pequeño recibidor de la casa de mi mejor amiga.

Miré con atención el oscuro lugar, con ventanas y cortinas cerradas, y no pude evitar notar que no estaba en las mismas impecables condiciones de siempre.

Caminé por el estrecho pasillo entre las escaleras y el recibidor, sorteando unas cuantas camisetas con estampados de equipos de quidditch que inmediatamente reconocí como las de Ron, y entré a la pequeña salita en donde había varias envolturas de comida muggle en la mesita de centro y los sofás frente a la chimenea, la cual estaba llena de hollín y sin limpiar.

La cocina no estaba en mejores condiciones, con un montón de trastes sucios en el lavavajillas y otros tantos en la barra al centro, mientras los limpios parecían haberse quedado a mitad de camino antes de llegar al lugar que les correspondía.

El jardín tenía varios días sin regarse, y varias fotos de los estantes habían sido puestas boca abajo. No tuve que hacer un esfuerzo para imaginar quien era el protagonista de las mismas.

Con cuidado de no hacer ruido subí las escaleras hasta llegar a las habitaciones, solo para darme cuenta que la única que estaba hecha un desastre era la de huéspedes, con un montón de ropa, zapatos y bolsas de comida sobre la cama deshecha y el piso, mientras la principal era la única que permanecía limpia e intacta, con la cama hecha, los muebles sacudidos y el suelo brillante. Como si nadie hubiera dormido ahí por días.

No había rastros de Hermione en toda la casa.

¿A dónde rayos podría haber ido?

-Demonios, Hermione-

Escupí entre dientes mientras bajaba las escaleras, intentando descifrar donde rayos podría estar en momentos como éste. Furioso conmigo mismo por haber esperado tanto, golpeé con fuerza la pared en cuanto estuve en la planta baja.

-¿Harry?-

Volteé de inmediato al escuchar aquella dulce voz hablarme desde la puerta principal. Bloqueando la luz que se colaba por la entrada y con la cabeza ladeada, Luna se encontraba mirándome con preocupación.

-Luna!- exclamé y me acerqué a ella rápidamente- ¿Dónde está Hermione?-

La tomé por los hombros delicadamente, viéndola como si quisiera sacarle las palabras con la mirada. No tenía idea de que hacía ahí, pero no podía ser más oportuna.

-Fue…- me miró extrañada- ¿Cómo entraste Harry?-

Ansioso por escuchar la respuesta a la pregunta que ella tan victoriosamente había ignorado, contesté rápidamente.

-Me aparecí, los encantamientos protectores de esta casa solo me dejan a mí y a los Weasley hacerlo- recordé la puerta abierta y fruncí el ceño- ¿Y tú cómo pudiste…?-

-Recordé que tenía una copia de las llaves de la casa, y quise entrar para ver si Hermione había regresado…-

Se calló de inmediato, claramente arrepentida de haber dicho aquello.

-¿Regresado? ¿De dónde? ¿Dónde está Hermione, Luna?-

Soltó un largo suspiro y me miró con sus brillantes ojos celestes.

-En el Ministerio- me miró compungida- Salió temprano esta mañana al trabajo, me la topé cuando iba saliendo-

-¿Qué has dicho?-

Soltando una maldición y el aire contenido, le planté un suave beso en la frente a Luna como despedida y salí disparado de la casa mientras mi amiga me seguía solo unos cuantos pasos y me gritaba que la regresara a casa de inmediato.

Yo solo atiné levantar la mano a manera de afirmación mientras cerraba la puertecita del jardín y caminaba a toda prisa por la acera.

Esa mujer iba a escucharme.


~Hermione's POV~

-Gracias, Rose. Terminaré de revisarlos en un rato-

Dejando los papeles en mi escritorio, Rose me miró con una mezcla de tristeza y comprensión y salió cerrando la puerta con cuidado.

Era la novena persona que lo hacía desde que había llegado. Y aunque entendía perfectamente los motivos, sinceramente empezaba a resultarme muy incómodo.

Todos en las oficinas del Departamento se habían quedado atónitos cuando me habían visto aparecer por los pasillos, y a pesar de que los murmullos no se habían hecho de esperar, todos se habían acercado de nuevo a darme el pésame y se habían mostrado muy considerados, dispuestos a ayudar en todo.

Había sido recibida cálidamente, con los suaves regaños de Parvati cada tanto, diciendo que no tenía que haber vuelto tan pronto y que Kingsley había dado claras instrucciones de que contaba con el tiempo que quisiera para volver.

-Estamos perfectamente, no era necesario que vinieras tan pronto!-

Había dicho en más de una ocasión, a lo que yo solo había contestado con un simple "Soy la jefa de Departamento, claro que tenía que venir".

Ante aquella contestación, a nadie le quedaba más remedio que conformarse y limitarse a mirarme con compasión mientras me informaban de las novedades.

Con mi cabeza a punto de explotar y creyendo que no podría soportar una muestra de lástima más, me levanté de mi asiento y miré por el inmenso ventanal que tenía detrás de mi escritorio hacia las calles de Londres. Intentaba con todas mis fuerzas no recordar nada, y temía que en cualquier momento comenzara a gritar con fuerza o las lágrimas volvieran a asomarse por mis ojos.

Justo en ese momento tocaron a la puerta y sin esperar respuesta abrieron con cuidado. Respiré profundamente, limpié las lágrimas que amenazaban con salir de mis ojos y volteé en dirección a la puerta.

-¿Qué pasa, Rose? ¿Ya llegaron los…-

Cerré la boca en cuanto vi a la persona que se encontraba parada en la entrada y abrí mis ojos de par en par. Frente a mí, los ojos verdes de Harry me miraron con severidad desde la puerta de caoba.

-¿Qué haces…- cobré compostura y module mi voz- ¿Qué haces aquí?-

-Debería hacerte la misma pregunta ¿No crees?-

Cruzó los brazos sin dejar de mirarme, yo tuve que tomar aire al ver su mirada intensa.

-Resulta que aquí trabajo…-

-Eso lo sé perfectamente- contestó sereno- Lo que quiero saber es qué haces aquí, ahora-

-No iba a quedarme encerrada de por vida- me encogí de hombros y me acerqué a mi escritorio- En algún momento tenía que salir de…ahí- por alguna razón, la palabra "casa" no me salía de los labios.

-Entiendo- comenzó a acercarse- Lo que no puedo entender es porque soy yo el último en enterarme de todo, Hermione-

Replicó subiendo su voz unas cuantas notas y se acercó tanto que ahora solo el escritorio se interponía entre nosotros.

-No…no le avisé a nadie que venía y…- la idea me llegó de golpe- ¿Cómo supiste?-

-¿Acaso importa?-

Y no supe en qué momento estuvo parado frente a mí, con su rostro a escasos centímetros del mío y su mirada verde traspasándome entera.

-¿Por qué no has contestado mis llamadas? ¿Por qué me has ignorado por completo estos días?-

Su dulce aliento chocó contra el mío y me tomó de los hombros sin dejar de mirarme intensamente. Aquello no era una simple pregunta, era un reclamo.

-Te dije que necesitaba estar sola-

-Si claro, y eso era lo que creía hasta que me encuentro con que vienes a tu trabajo después de una semana!- gritó fuera de sí, y me zarandeo un poco en el proceso- Prácticamente me echaste de tu casa, como si me quisieras fuera de tu vida!-

Hablaba claramente herido, como si el hecho de haber ido a trabajar confirmara sus sospechas de que era a él a quién había estado evitando. Pero yo también me sentía herida, sin poder entender como me reclamaba tanto si no había tenido el valor de pararse en mi casa en esos días.

-No es como que tu hayas hecho mucho al respecto- dije incapaz de contenerme- Dijiste que no me dejarías pasar por aquello sola y que regresarías, y por alguna razón no lo hiciste-

Y como si le hubiera dado un golpe en la cabeza me miró con sus ojos abiertos de par en par, y durante unos segundos que parecieron eternos se limitó a mirarme sin articular una sola palabra.

Parecía como si hubiera dado en el clavo con algo, y realmente hubiera una razón por la que no había ido a mi casa esos días.

-Lo hice hoy. Fui a buscarte y me encuentro con que no estás en casa- suspiró- Además tu misma me dijiste que te diera tu espacio ¿Qué esperabas que hiciera?-

-…-

Sin tener idea de que contestar me quedé mirándolo por largo tiempo, luchando contra las enormes ganas de abrazarlo y refugiarme en la calidez de su pecho. Ahora que lo tenía frente a mí aquél sentimiento de calidez y protección que él irradiaba parecía haberse intensificado, y yo tuve que contenerme para no pegarme a él como una espora.

Pero lo que dijo a continuación ante mi evidente mutismo, no me lo esperé jamás.

-Irás a vivir conmigo-

Aquella simple oración dicha sin una sola nota de titubeo me dejó helada, y tuve que parpadear varias veces mientras fruncía el ceño.

-¿Qué has dicho?-

-Lo que escuchaste. Irás a vivir conmigo- el amarre de sus manos se hizo más fuerte- Necesito asegurarme de que…- se calló y dudó un poco- Que todo está bien-

-¿Qué todo está bien?- fruncí el ceño, casi ofendida.

-Me pediste que te diera tiempo y lo hice- replicó ignorando mi pregunta- Pero no pienso permitir que pases por esto sola, necesito saber que estás bien-

Y sin saber cómo terminé casi pegada a él, con sus ojos verdes mirándome con intensidad y sus manos ejerciendo presión sobre mis brazos de manera delicada. Y por más que quise decirle que lo necesitaba conmigo ahora más que nunca, solo lo miré seriamente mientras me zafaba de su amarre.

-Pues no es necesario que lo hagas- volteé la mirada- Estoy perfectamente bien y no tienes porque tomarte esas molestias por mí-

Caminé hacia mi escritorio y comencé a revolver los papeles que Rose me había dejado momentos antes, intentando detener las lágrimas que amenazaban con salir sin remedio.

-No estoy tan seguro de eso, Herms-

-¿Qué quieres decir?- giré de nuevo, y lo miré con ojos entrecerrados- Hablas como si pensaras que tengo algún problema o como si no pudiera soportar lo que está pasando-

-No he dicho eso- se defendió.

-Has dicho exactamente eso Harry- escupí, dejando que la rabia me llenara y opacara mi tristeza- Crees que en cualquier momento me voy a derrumbar! Pues mírame bien, aquí estoy!- extendí los brazos- Y perfectamente bien-

-¿Es que no lo entiendes?- se acercó de nuevo, pero no me tocó- Solo quiero saber que estás bien, además yo también necesito…- dudó y pareció buscar otras palabras- Le prometí a Ron que te cuidaría, Herms-

Sentí una punzada en el pecho al oírle decir su nombre. Él se calló mientras intentaba encontrar las palabras adecuadas para continuar, pero yo me adelanté, incapaz de tenerlo cerca un momento más.

-Te lo agradezco Harry, pero no necesito un niñero y tampoco que estés conmigo por mera compasión-

Sabía que aquello que había dicho era demasiado y que lo estaba lastimando, pero lo único que quería era que se fuera de ahí para llorar a mis anchas. No quería ser una carga para nadie, y mucho menos para Harry.

-¿Compasión? ¿Crees que quiero que te mudes conmigo por mera compasión?-

-Además- lo interrumpí, alzando la voz- No sería bien visto por nadie que fuera a vivir a tu casa, tú sigues siendo un hombre y yo una mujer, no creo que…-

-A mí no me importa lo que la gente diga-

-Pero a mí sí-

Lo callé al instante, y volví a mirar los papeles que tenía en el escritorio.

-Así que sí solo venías a eso ya puedes irte- comencé a acomodarlos, luchando contra mis ganas de abrazarlo- Ya comprobaste que estoy bien, además debo ponerme al corriente con el trabajo-

Durante unos segundos no escuché nada, salvo su lenta y acompasada respiración a mi espalda, tan cerca que me hacía cosquillas en el cuello. Y sin decir nada más, caminó lentamente hasta la puerta y sin hacer ruido salió de mi despacho cerrando la puerta con furia.

Por fin sola, dejé de revolver los papeles del escritorio y me deje caer en la silla detrás de mí, sin poder contener las lágrimas silenciosas que comenzaron a salir sin control.


~Harry's POV~

Saludé casi a regañadientes a los conocidos que me topaba por los pasillos, y salí del ministerio hecho una furia mientras buscaba un lugar decente para aparecerme.

No entendía la actitud de Hermione.

Si bien no esperaba verla destrozada, pues sabía de sobra que era una mujer fuerte, tampoco esperaba esa actitud fría y distante. Recordé sus palabras y la manera en la que me había pedido que la dejara sola, y sentí un hueco en el estómago que me dio náuseas.

Llegué a un pequeño callejón y una vez que me asegurara que no había nadie a los alrededores, me aparecí en un hermoso prado que colindaba con la Madriguera. Pero ese no era mi objetivo el día de hoy.

Tardé dos segundos en reconocer la casa que tenía frente a mí, y sin perder más tiempo me acerqué a la puerta que estaba a un lado de un montón de duraznos dirigibles.

-Luna!-

No pasó mucho tiempo antes de que la puerta se abriera, y del otro lado Luna me miró con una mezcla de confusión y ansiedad.

-¿Harry? ¿Qué pasó?-

Se hizo a un lado para que pudiera pasar, y una vez que estuve adentro me señaló una silla para que tomara asiento y se sentó frente a mí.

-¿Encontraste a Hermione?-

-Fui al Ministerio a buscarla- comencé- Pero no se alegró mucho con mi visita-

-¿Por qué dices eso?- abrió sus ojos de par en par.

-Se le metió la estúpida idea en la cabeza de que la busqué por lástima-

-¿Queee? ¿Pero porqué?-

-No tengo idea!- dije frustrado y me dejé caer en la silla sin delicadeza- Le dije que solo quería asegurarme que estuviera bien y…y después le propuse que se fuera a vivir conmigo-

-¿Qué hiciste qué?- abrió sus hermosos ojos de par en par- Vaya, Harry…- parpadeó atónita, y dudó un poco- Ahora entiendo porque no estaba muy contenta…-

-Se me ocurrió en ese momento, Luna- dije sin entender muy bien a qué se refería- Creo que es lo mejor ahora que está sola y yo podría…asegurarme de que estuviera bien ¿Por qué iba a enfadarse?-

-Tú sabes cómo es Hermione, Harry- me dijo conciliadora- Jamás aceptaría algo así, es demasiado orgullosa para ceder, y menos pensando que tu lo haces por obligación-

-Pero si no lo hago por obligación! ¿Cómo puede creer eso?-

-Es tu mejor amiga, Harry, pero también era la esposa de Ron, básicamente tu única familia!- dijo alzando un poco la voz- ¿No crees que es normal que Hermione piense que lo haces solo por él?-

Me quedé unos minutos pensando en la situación, y ahora no parecía tan extraña del todo. ¿Pero cómo podía Hermione pensar eso?

-Eso es una estupidez- dije rápidamente- Es cierto que le hice a Ron la promesa de cuidarla, y que en parte se lo debo a él, pero…-

-¿Pero? ¿Pero qué Harry?-

-Yo…yo necesito estar con ella, Luna- dije mirando a otro lado- Necesito su compañía, necesito olvidarme de lo que pasó, necesito no estar solo-

Y aunque no había estado solo esta última semana, no me atreví decirle a Luna que en realidad solo quería estar con Hermione.

-Harry…-

-Pero parece que ella se las está arreglando muy bien- me encogí de hombros.

Frente a mí, Luna se levantó de su asiento y estalló en gritos agudos.

-¿Qué se las está arreglando muy bien? Por Merlín, Harry! Sabía que eras despistado, pero no tanto!-

No pude evitar fruncir el ceño ante aquella acusación. ¿Luna llamándome despistado a mí? ¿En qué dimensión desconocida estábamos?

-Harry ¿Es qué no viste cómo estaba la casa? Es un completo desastre! ¿No te diste cuenta de que su calma es solo una máscara para que nadie se le acerque?-

Aún sentado en mi lugar, acaricié mi barbilla con mi mano mientras recordaba el desastre que había visto esa mañana y sus extrañas actitudes. Miré a Luna de nuevo.

-¿Estás segura, Luna?-

Pregunté aquello paseando mi mano por el pelo, delatando por fin el motivo de mi visita. Quería que Luna me ayudara por lo menos a descifrarla, a entenderla en aquellos momentos en los que se había cerrado completamente a mí.

-Harry- comenzó, y se sentó en el borde de mi silla- Jamás he estado más segura de algo en toda mi vida. Hermione también te necesita más que nunca- dijo dulcemente y me acarició el cabello- Pero si quieres que acepte debes exponerle tus sentimientos también, jamás aceptara si piensa que lo haces por obligación o compasión-

Incapaz de contenerme, me dejé abrazar por Luna mientras sus palabras me retumbaban en la cabeza.

Y juré que en aquél momento mi amiga rubia jamás me pareció más sabia.


~Hermione's POV~

Con la noche estrellada iluminando la calle, me aparecí en la acera frente a mí casa y abrí la portezuela para comenzar a caminar por el estrecho camino de loza mientras buscaba las llaves en mi bolso.

Lo único que quería hacer era entrar a casa y llegar a mi cama para dormir. Con ese pensamiento en mente, abrí la puerta distraída y miré el piso del pasillo completamente despejado y la luz de la sala encendida. Y como si me hubieran dado un golpe, puse mis sentidos en alerta de inmediato. Yo nunca dejaba prendidas las luces, y mucho menos había recogido el desorden que tenía.

Algo estaba diferente. Muy diferente.

Pasando de la distracción al pánico en menos de dos segundos, saqué mi varita rápidamente y susurrando un suave "Lumos" comencé a caminar por el oscuro pasillo hacia la sala, con el corazón latiéndome acelerado y el sudor bajando por mis manos.

Con un demonio, alguien había entrado a mi casa mientras no estaba.

-¿Quién…quién está ahí?-

No hubo respuesta, aunque no la esperaba pues mi pregunta salió como un susurro apagado.

Me quedé recargada un momento en la pared al final del pasillo, incapaz de imaginar quién podría estar en la sala de mi casa a esas horas de la noche. Tomando una larga bocanada de aire, salí de mi escondite con la varita en alto para mirar por fin al intruso y quedar cara a cara con él.

Y lo que vi no me lo esperé jamás.

-¿Harry?-

Helada en mi lugar, bajé la mano que sostenía mi varita y miré con los ojos abiertos de par en par a la persona que se encontraba en mi sala.

Frente a mí, sentado de manera despreocupada sobre el sillón de cuero rojo oscuro, Harry me miraba con la cabeza ladeada y recostada sobre su puño cerrado. Sonrió ligeramente al mirarme.

-Por fin llegas, Granger- susurró dulcemente- Estaba comenzando a preocuparme-

-¿Qué…- comencé a mirar en todas direcciones, para por fin detenerme en su mirada- ¿Qué haces aquí?-

-¿La misma pregunta dos veces en el mismo día?- preguntó mientras se enderezaba en el sillón- Estás perdiendo tu toque, Herms, sueles ser más hábil para sacar información-

Con una sonrisa simplemente arrebatadora, se levantó de su lugar y comenzó a caminar hacía mi lentamente.

Yo sentí que se me cortaba la respiración.

-Esa pregunta ya no pienso responderla- dijo algo serio, acercándose aún más- La contesté esta mañana, pero parece que tú no quieres o no puedes entenderlo-

Incapaz de emitir algún sonido, me limité a mirarlo parada sobre mi lugar. Y sin darme cuenta lo tuve dando sus últimos pasos hacia mí, con su suave mirada cruzándose con la mía.

-No quieres entender que quiero cuidar de ti-

-Ya te dije que…-

-Ya sé lo que dijiste-

Se detuvo solo cuando estuvo a unos cuantos centímetros de distancia, y en ese momento me di cuenta que aún con tacones él me sacaba unos cuantos centímetros de ventaja.

-Sé lo que dijiste, y lo entiendo- murmuró, y sentí su suave aliento contra mi mejilla- Pero no me dejaste terminar de hablar-

-No teníamos nada más que decir- lo miré entrecerrando los ojos, él sonrío de medio lado.

-Tú no tenías nada más que decir- corrigió, y me tomó de los hombros con delicadeza- Pero yo sí tengo, y me vas a escuchar-

Estaba decidido a que lo hiciera. Se había escabullido a mi casa en la noche aprovechando su inmunidad a los hechizos protectores, y me había esperado seguramente un largo rato hasta que llegara. No se iría sin decir lo que tenía que decir, y no me quedaba más remedio que escucharlo. Me limité a quedarme callada y mirarlo, en una señal de que estaba dispuesta a hacerlo.

Y por fin habló.

-Tú me necesitas…- dijo aquello con voz segura, una afirmación que no aceptaba negativa.

Y yo sentí tanta rabia ante su arrogancia que solo pude entornar los ojos y soltar una exclamación irónica. Era tan cierto, pero me dolía que lo dijera como si tuviera que cumplir una tarea.

-Por favor, Harry- dije y lo miré nuevamente- No seas arrogante!-

Escupí aquello con rabia y quise zafarme de su amarre, pero él ejerció más presión sobre mis hombros.

-No, no, escucha!- dijo, zarandeándome un poco en el proceso- Le prometí a Ron que…-

-Que te harías cargo de mí, lo sé, lo sé, ya me lo dijiste- dije fastidiada, intentando que las lágrimas no se acumularan en mis ojos- Pero eso era cuando…- no pude decir su nombre-Cuando él estaba en Suiza, cuando él sabía que regresaría en menos de dos meses!- lo miré- No te pidió que me cuidaras toda la vida!-

-No, Hermione- me interrumpió- Le hice una promesa de cuidarte, y eso era antes y ahora, no pienso romperla-

-Pero no necesito que…-

-Déjame hablar- continuó sereno, y me pegó a él- Voy a estar a tu lado digas lo que digas ¿No lo entiendes?-

Sentía su pecho suave y cálido pegado al mío en un ligero abrazo, y en aquél momento sentí mis piernas flaquear. Quería abrazarme a él y no pensar en nada más, y sin embargo seguía mirándolo fijamente, incapaz de mostrarme vulnerable.

-Eres tú él que no entiende que no quiero ser una carga para nadie!-

-Maldita sea, Hermione!- me zarandeó de nuevo- No entiendo cómo puedes ser tan necia!-

-Y yo no entiendo cómo puedes ser tan insistente!- grité sin poder controlarme, y mi voz sonó quebrada y débil.

-Entiende que no voy a dejarte sola! No pienso hacerlo-

Y en aquél momento algo dentro de mí se quebró. Los días pasados, aún frescos en mi memoria, me herían como mil dagas atravesando mi cuerpo y me asfixiaban al punto de no poder respirar. Aquellos días en los que lo había necesitado tanto, y sin embargo me había limitado a quedarme sola.

-Basta, Harry- dije cansada, y las lágrimas comenzaron a rodar sin remedio por mis mejillas- ¿Por qué haces todo esto más difícil?-

Incapaz de contenerme, mis piernas flaquearon lo suficiente para que él lo sintiera, y cuando menos lo supe estuve enredada entre sus brazos, sumergidos en la penumbra a excepción por la tenue luz de la lámpara de la mesita.

Y aquello solo empeoró las cosas.

-No, Hermione- dijo en un susurro, y pegó su frente a la mía con dulzura- Eres tú la que lo hace todo más difícil, porque digas lo que digas no me vas a alejar de ti ¿Lo entiendes?-

No podía seguir fingiendo entereza, no cuando sus palabras, su mirada y sus brazos alrededor de los míos me invitaban a dejarme abrazar por él y llorar en su pecho hasta perder la conciencia.

-Harry…no puedo dejar que…-

Antes de poder decir algo más, sus manos se posaron en mis mejillas y acariciaron con delicadeza, con su frente aún pegada a la mía.

-Demonios…¿Es que no puedes entender que yo también te necesito?-

Y aquella simple pregunta hecha en un suave susurro fue lo último que pude soportar. Abrí mis ojos de par en par solo durante una fracción de segundo, miré sus ojos verdes y supe que aquella era la verdad.

La única verdad.

Sin poder aguantarlo más, bajé la mirada y dejé que las lágrimas siguieran bajando, rápidas y sin control por mis mejillas, y mis piernas flaquearon hasta que finalmente quedé atrapada por completo en sus brazos y me refugié en su pecho mientras lloraba con fuerza.

Harry también me necesitaba. Harry también sufría.

-Tranquila, Herms- susurró contra mi oído mientras me abrazaba con fuerza.

Me cargó con delicadeza y se sentó en el sillón conmigo en brazos, meciéndome lentamente mientras yo simplemente seguía llorando contra su pecho cálido. Aquello se podía volver una costumbre, pero no me importaba.

-También necesito estar contigo, Herms…no puedo con esto solo, y sé que tu tampoco- susurró en algún momento contra mi oído, acariciando mi cabello- Déjame estar contigo, sólo déjame estar contigo-

Incapaz de contestar, me aferré con más fuerza a su abrazo, pasando mis brazos sobre sus hombros y pegándolo a mí con fuerza.

Los minutos pasaron, y los hipidos que antes llenaban la sala se convirtieron en lentas y acompasadas respiraciones, cuando las lágrimas cesaron y solo quedamos él y yo sentados frente a la chimenea.

Y una simple pregunta hecha en un susurro rompió aquél agradable silencio.

-Entonces ¿Te mudarás conmigo?-

-No- volteé a mirarlo, con mis manos aún enlazadas detrás de sus hombros- Mejor quédate aquí-

Y después de eso, seguimos mirando la chimenea frente a nosotros sin decir una palabra más.


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