"La Fuerza del Destino"
Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.
Clasificación: NC-17
Pareja: Harry Potter/Hermione Granger
Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.
Notas de la autora: Otro capítulo listo! Este en particular me encantó escribir, sobre todo los POV's de Harry. En el pasado vimos la confusión de Hermione, y ahora veremos un poco de la que empieza a experimentar Harry. Espero les guste y no olviden dejar un pequeñito review, porque a esta autora y a esta historia todavía le falta mucho camino que recorrer.
Pero como bien he aprendido después de tantas historias leídas, lo más disfrutable de las mismas es el proceso antes de llegar al final, que espero que todos mis lectores estén disfrutando tanto como yo!
Y sin más que despedirme, les dejo el capítulo para que lo disfruten!
Un beso.
Capítulo 10°: Aprendiendo a Necesitarnos.
~Hermione's POV~
Dos semanas después
-Harry! ¿Por qué tardas tanto? Son solo palomitas por Dios!-
Grité a la cocina desde el sofá de la sala y oprimí el botón de pausa para la película. Desde la habitación de a lado, escuché la risa de mi mejor amigo y yo meneé la cabeza mientras entornaba los ojos.
Al parecer tanto uso de magia había entorpecido la habilidad de Harry para manejar aparatos electrodomésticos muggles.
-Listo!- exclamó mientras aparecía por la puerta de la cocina- Y me quedaron deliciosas, debo añadir-
Reí con ganas mientras Harry se sentaba a mi lado, en donde yo ya me encontraba muy bien acomodada, con mis piernas dobladas sobre él sofá y recargada en los mullidos almohadones.
-Parece que tus habilidades culinarias van en aumento, Harry-
Harry me miró con una mueca y se acomodó en su sitio mientras yo ponía la película de nuevo. Como ya se había hecho costumbre cada noche al llegar del trabajo.
El timbre del celular de Harry nos sobresaltó, y completamente extrañados de que alguien llamara a esas horas y por esos medios nos puso en alerta. Mirando la pantallita unos segundos, Harry abrió la tapa y contestó extrañado.
-¿George?-
Me enderecé en el sofá.
-¿Qué? Por Dios! Enhorabuena!- Harry se levantó del sofá con una radiante sonrisa- Voy para allá enseguida, y no te preocupes, yo le aviso a Hermione-
Dijo mirándome de manera cómplice, y unas cuantas palabras después cerró el celular y me miró con ojos brillantes.
-Angelina acaba de tener al bebé, están en San Mungo ahora-
Sonriendo de oreja a oreja ante aquella noticia, me levanté del sofá en un santiamén y comencé a caminar hacia las escaleras.
-Apaga el televisor y deja las palomitas en la cocina, me cambiaré por algo más decente y saldremos enseguida-
Sin dejarlo contestar, dejé a un sonriente Harry haciendo lo que le pedía y subí para cambiarme de ropa.
Conteniendo lágrimas de felicidad y tristeza a la vez.
~o~
Una vez en San Mungo, caminamos a la habitación por un colorido pasillo en tonos pasteles en donde se encontraban los cuneros. A través de los cristales, eché una mirada rápida a las pequeñas criaturas que dormían plácidamente envueltos en sus mantas y contuve un suspiro.
Fuera de la habitación se encontraban unos cuantos amigos de Hogwarts, entre ellos Neville, Parvati, Luna y Dean. También los padres de Angelina estaban ahí e incluso algunos familiares cercanos.
Cuando entramos al espacioso cuarto en donde sólo esperábamos ver a George, Angelina, el pequeño Fred, la bebé y los señores Weasley, tuvimos que hacer un esfuerzo por entrar a la abarrotada habitación en donde se encontraban todos los Weasley alrededor de la cama de Angelina quien sostenía a la bebé en brazos.
Nos acercamos a la cama entre un montón de saludos, y por el rabillo del ojo pude ver como Ginny arqueaba las cejas al vernos llegar juntos.
Era obvio que aquello no le agradaba en absoluto.
-Felicidades Angie- susurré mientras besaba su mejilla- Es una bebé hermosa-
-Gracias, Herms- me sonrió con ternura- ¿Quieres cargarla?-
-¿Yo? P-pero…-
-Vamos, no es nada difícil- me dijo mientras colocaba a la bebé en mis brazos- Sólo sostén su cabeza así- me indicó cómo hacerlo- Muy bien-
Sintiendo mis ojos algo acuosos, sonreí emocionada mientras miraba a la hermosa bebé pelirroja en mis brazos e inhalé profundamente.
Era lo más precioso que había visto en toda mi vida.
-Hola preciosa, yo soy tu tía Hermione- susurré sonriente al bulto en mis brazos- Eres la bebé más hermosa que jamás he visto, y tienes una familia que te adora-
Mecía a la niña en mis brazos mientras susurraba palabras de cariño, y cuando una de sus tiernas manitas tomó mi dedo y lo asió con fuerza, abrí mis ojos de par en par. Lo que sostenía en mis brazos era una nueva vida. Una vida que yo tantas veces había soñado con crear junto a él.
Y con él muerto, ese era otro sueño que se había ido al infierno.
Cuando por fin dejé a la bebita en brazos de Harry, volví a la realidad para darme cuenta que más de una decena de miradas estaban puestas en mí. Como esperando que en cualquier momento pasara algo grave.
Como esperando que en cualquier momento me derrumbara.
Harry, percatándose de aquél incómodo momento igual que yo, jugó con la bebé entre sus brazos y miró a George.
-¿Ya saben el nombre que le pondrán a la pequeña?-
Todas las miradas se centraron en ello. Yo agradecí mentalmente que Harry desviara el tema y me salvara de aquél extraño momento.
-Roxanne, Roxanne Weasley-
Dijo George con orgullo mientras acariciaba la cabeza de la bebita.
Quince minutos más tarde, entre las pláticas alegres de los Weasley y de mis amigos en Hogwarts y aprovechando que nadie se fijaba en mí, di media vuelta y salí de la habitación.
Dispuesta a llorar todo lo necesario sin que nadie me viera.
~Harry's POV~
A pesar de que se escabulló sigilosa para que nadie la viera, fui totalmente consciente de la salida de Hermione del cuarto. Levantando la vista sobre las cabeza pelirrojas miré su indomable cabello castaño cruzar la habitación hasta que se perdió de vista detrás de la puerta.
Contuve un suspiro y dejando a la bebita en brazos de George, salí detrás de ella. Una vez en el pasillo tardé menos de dos segundos en decidir qué dirección tomar.
Estaba seguro que había salido del lugar.
Caminé hasta la salida y salí a la oscura noche, y una vez fuera ubicarla no fue difícil. De espaldas a mí, con los brazos cruzados y la cabeza algo gacha, Hermione se estremecía ligeramente mientras sorbía por la nariz.
Y estaba seguro que no era por el frío.
-Hermione…-
Acercándome a ella lo más posible, me pegué a su espalda y la tomé de la mano para obligarla a girarse. Y lo que miré frente a mí me encogió el corazón. Bajo un manto de gruesas lágrimas, Hermione me miró con labios temblorosos.
-Ay Hermione- la abracé contra mi pecho con fuerza- Hermione, Hermione- susurraba su nombre para calmarla.
Derrotada, Hermione escondió su cabeza ente mi pecho y siguió llorando con fuerza mientras sus brazos me rodeaban por la cintura. Pegué mi mejilla a su cabeza y acaricié su cabello con delicadeza mientras la dejaba desahogarse, susurrando palabras tranquilizadoras.
-Oh Harry, sé que no debería llorar- logró decir entre hipidos- Es solo que…no puedo evitarlo-
-Lo sé, lo sé- dije pegándola más a mí- No tienes porque hacerte la fuerte, Herms-
Cuando por fin se calmó, se separó solo un poco de mí y me miró a los ojos.
-Estoy feliz por ellos, en serio- se separó por completo y caminó unos pasos mientras se limpiaba las lágrimas- Es una bebé hermosa- dio media vuelta para mirarme- Es sólo que toda su felicidad, y la alegría de traer al mundo una nueva vida- se detuvo y llevó las manos a su pecho- Me recuerda a mí que yo no tengo nada de eso y que no lo tendré- sus ojos volvieron a humedecerse- Que la vida sigue y que mis deseos y mis sueños murieron el día que él murió, Harry-
Incapaz de contestar, me limité a mirarla con ternura mientras esperaba a que continuara.
-Ron…- dijo con dificultad- Ron y yo planeábamos tener un bebé después de que él regresara- se cruzó de brazos y sonrió con ironía mirando a la nada- Y ahora solo está muerto-
Sin poder soportar un momento más, me acerqué a ella y tomé su rostro entre mis manos.
-Pero tu vida sigue, Hermione- dije con firmeza- Eres una mujer joven, hermosa, fuerte- acaricié sus mejillas con ternura- Y estoy seguro que lo mismo que acabas de ver vendrá para ti- intentó negar con la cabeza pero se lo impedí- Tendrás tus propios hijos algún día, Hermione-
-Harry…no-
-Tienes veintisiete años- dije al punto de la frustración- Tu vida no se ha terminado ¿De acuerdo?-
Hermione soltó un suspiro y sin contestar nada se pegó a mi pecho mientras se dejaba abrazar por mí.
-Estoy cansada ¿Nos vamos a casa?- me miró anhelante.
Con aquello estaba dando el tema por zanjado y opté por no presionarla más al respecto. Haciendo caso a su petición, asentí con firmeza sin poder evitar que un sentimiento cálido se esparciera por mi cuerpo en cuanto hizo la pregunta.
Estupideces, Harry. Pensé y tomé la mano de Hermione para volver al hospital y despedirnos de todos.
Llegamos a casa unos cuantos minutos después, y sin ánimos de hablar pero tampoco con ganas de dormirnos, nos sentamos en el sofá y continuamos viendo la película que habíamos dejado empezada antes de salir rumbo al hospital.
Una hora más tarde apagué los dichosos aparatos y retiré el cuenco de palomitas vacío de los brazos laxos de Hermione, quien recostada sobre el sillón y con su cabeza en mi hombro dormía profundamente, respirando acompasadamente.
Me levanté mientras me estiraba y durante unos instantes que parecieron eternos la miré dormir. Incapaz de despertarla la cargué en mis brazos y subí las escaleras con ella mientras me debatía por decidir en qué habitación dejarla.
No tuve que pensarlo mucho antes de entrar con ella a la habitación de huéspedes.
Con cuidado, la deposité en la cama, le quité los zapatos y me cambié por algo más apropiado para dormir. Cuando me metí a la cama junto con ella y la abracé contra mi pecho, ella soltó una exhalación relajada y se acurrucó contra mí.
Sorprendido ante aquél cálido gesto de aceptación, me quedé dormido casi al instante con una sonrisa en los labios.
~Hermione's POV~
-Sí, déjalos aquí Rose- le indiqué a mi asistente mientras le daba unos papeles- Y dale estos a Parvati por favor, dile que ya están revisados-
-De acuerdo Herms-
Con una suave inclinación de cabeza, Rose salió de mi despacho y cerró la puerta detrás de ella. Una vez sola, me crucé de brazos y miré por el ventanal las bulliciosas calles de Londres. El trabajo parecía irme sentando bien a diferencia de los primeros días.
Todas las mañanas Harry y yo llegábamos juntos al Ministerio, lo que había causado unas cuantas habladurías entre los empleados que solían vernos caminar por los pasillos. A pesar de ellos, habíamos decidido permanecer inmunes a los chismosos y nos separábamos antes de entrar a nuestros departamentos, tomando incluso diferentes ascensores.
No nos veíamos hasta regresar a casa, lo cual hacíamos de manera separada para evitar más comentarios. Yo siempre solía llegar un poco antes que Harry, quien llegaba muerto de tanto trabajo con los Aurores y lo único que pedía era relajarse frente al televisor que había comprado hace años para no olvidarme del todo de la tecnología muggle.
Aquello se había vuelto una costumbre. Mirar una película hasta quedarnos dormidos o después charlar hasta la madrugada, cuando finalmente nos íbamos a dormir.
También se había vuelto una costumbre que durmiéramos en la misma cama.
Trataba de no pensar mucho en ello. Aunque por la mañana sentía una culpa que me dejaba sin ánimos de nada, por las noches el miedo se apoderaba de mí, y la calidez y protección que Harry irradiaba me atraía como un imán. Sus brazos, fuertes y más musculosos de lo que había pensado, alrededor de mí y su respiración golpeando mi cuello era lo único que me hacía dormir. Era mi consuelo, mi refugio.
Mi tranquilidad.
Las pesadillas no se habían ido del todo, y me había encontrado gritando en las noches hasta que Harry me despertaba y me reconfortaba en sus brazos, para darme cuenta al despertar que me abrazaba con fuerza contra él. Él parecía no tener objeción alguna, y cada noche me envolvía en la calidez de su abrazo para seguir durmiendo.
E incluso cuando el sueño me ganaba y me quedaba dormida en el sofá, en la mañana despertaba de nuevo entre sus brazos, clara señal de que a Harry tampoco le desagradaba la idea de dormir juntos.
Como había ocurrido esa misma mañana.
-Ay Harry…- susurré desesperanzada.
El sonido de alguien tocando a la puerta me sacó de mis cavilaciones.
-Adelante-
Abriendo la puerta, Rose me miro con una sonrisa nerviosa.
-Herms, te busca alguien afuera- miró sobre su hombro- Es…es Ginny Weasley ¿La hago pasar?-
Por un momento me quedé sin saber que decir. Si unos meses antes me hubieran dicho lo mismo habría sonreído y dicho que la hiciera pasar de inmediato. Pero ahora no sentía las ganas de hacer eso en lo más mínimo.
-¿Ginny?- fruncí el ceño- Si, hazla pasar, Rose-
Antes de que Rose diera media vuelta, Ginny apareció bajo el umbral con una sonrisa radiante y la cabeza en alto. Le dio las gracias a Rose y entró a mi despacho mientras Rose me echaba una mirada y cerraba la puerta.
-Hola Herms, espero no interrumpirte-
Meneé mi cabeza para salir de la sorpresa y contestar coherentemente. Frente a mí, Ginny no esperó respuesta y se sentó en una de las sillas.
-No, para nada Ginny- me senté en mi silla- ¿A qué se debe la visita?-
Mordí mi lengua al darme cuenta del tono tan formal que había usado. La estaba tratando como si fuera una desconocida.
Como si sintiera culpa.
-Nada importante- se encogió de hombros y cruzó las piernas- En realidad vine a buscar a Harry y no estaba, así que decidí pasar a saludarte y de paso preguntarte si no sabes en donde está-
Aquello me extrañó aun más. Mi departamento y el de Harry eran los más distanciados del Ministerio, en distintos pisos y cada uno en una punta. Ginny sabía lo poco que visitaba esos pasillos, lo que me hacía la candidata menos acertada para saber su paradero.
-No tengo idea de donde pueda estar- sonreí- Lo veo muy poco por aquí- intenté parecer casual- Creo que soy la menos indicada para saberlo, de hecho-
-¿De veras? Me imaginé que podrías saberlo- sonrió inocente- Después de todo están viviendo juntos ¿O no?-
Aquello me cayó como un balde de agua helada.
-¿C…cómo dijiste?-
-Ay por favor, Herms- entornó los ojos- No es necesario que te hagas la inocente, mucho menos que lo niegues-
No era un tono casual o burlón entre amigas. Era irónico, hiriente, herido.
Cruel.
-Ginny, yo…-
-Harry no está viviendo en su casa muggle- me cortó- Lo busqué hace unos días y la casa estaba sola, inhabitada- sonrió con sorna- Y casualmente han llegado juntos a cualquier reunión de las últimas semanas-
-Eso no prueba que…-
-Por favor, Hermione- me cortó de nuevo, se levantó y comenzó a caminar- Fui a buscarte a tu casa está mañana solo para comprobarlo. Y me topé con una escena de lo más dulce- escupió aquello, dio media vuelta y me miró- Harry y tu saliendo juntos al trabajo, nada más y nada menos que de TU casa ¿Quieres alguna otra prueba para que trates de negarla?-
Aunque entendía el enojo de Ginny, su actitud ácida e irónica era algo que no estaba dispuesta a soportar. No tenía sentido seguir escondiendo algo que era cierto y más claro que el agua, y aunque no soportaba la actitud de Ginny los últimos días, ella había venido por respuestas.
Y yo estaba más que dispuesta a dárselas.
-No, no lo voy a negar-
Como si ahora fuera ella la que había recibido un baño de agua fría, me miró inmóvil en su lugar y dejó caer su mandíbula.
-¿Disculpa?- se cruzó de brazos, ofendida.
-Harry está viviendo conmigo, pero no es cómo tú crees-
-¿Cómo yo creo?- frunció el ceño- ¿Puedes ser más cínica, Hermione?-
No contesté. Me limité a mirarla desde mi lugar, incapaz de creer que aquella mujer que parecía escupir veneno era la hermanita menor de Ron, la ex esposa de Harry y una de mis mejores amigas.
-¿No te da vergüenza lo que estás haciendo?- continuó, yo tensé la mandíbula- ¿Viviendo con el mejor amigo de tu marido muerto? ¿En la casa de mi hermano? ¿De tu esposo?-
-No soy ninguna cínica Ginny- me defendí- Harry es mi amigo y lo único que está haciendo es hacerme compañía mientras…-
-Por favor! ¿Esperas que crea esa estupidez?-
Me quedé callada. Aunque Ginny no lo había dicho abiertamente, sabía perfectamente que era lo que se estaba imaginando.
Inhalé profundamente intentando serenarme, y levantándome de mi lugar la miré fijamente.
-Harry es mi mejor amigo, Ginevra. Y si estamos viviendo juntos fue porque él me lo propuso-
Como si le hubiera dado un puñetazo en el estómago, Ginny me miró con sus ojos abiertos de par en par. Yo sonreí para mis adentros, saboreando algo satisfecha aquella pequeña victoria.
-¿Que él te lo propuso?-
-Sí- acepté- Una semana después de…- me detuve, incapaz de decirlo- De lo que pasó-
-Vaya vaya…- susurró burlona y se cruzó de brazos- Ahora entiendo porque me corrió de su casa una vez que se aburrió de acostarse conmigo-
Dijo aquello más para ella que para mí, pero lo escuché perfectamente. Abrí mis ojos de par en par.
Como si me hubiera dado una bofetada con aquella declaración, la miré sin decir nada. Una sensación de enojo y desilusión me inundó por completo al escuchar lo último, y aunque intenté ignorarla, aquella sensación se negó a irse.
Ni siquiera tenía idea del porqué.
-Me imagino que quiso consolarse en otros brazos-
Había tenido suficiente. Con ganas de sacarla a gritos de mi oficina, inhalé profundamente y me armé de paciencia para hablar.
-Lo que haya pasado entre él y tu no es asunto mío ni me interesa, Ginny- escupí furiosa- Pero no pienso permitir que inventes cosas que no existen. Y aunque no tengo por qué darte explicaciones, dado que Harry y tú ya no son absolutamente nada, no pienso permitir que insinúes que entre él y yo existe algo, porque es mentira-
Dije segura a pesar de lo herida que me sentía.
-Si eso era todo lo que tenía que decir, será mejor que te vayas Ginny, tengo que seguir trabajando-
Frente a mí, Ginny alzó las cejas y sonrió aún más.
-Creo que será lo mejor- dijo sarcástica y tomó su bolso- Nos vemos, Hermione-
Me miró por encima del hombro, caminó hacia la salida y sin voltear atrás una sola vez desapareció cerrando la puerta detrás de ella.
Dejándome helada en mi lugar.
Soltando una exhalación incrédula, me dejé caer en mi silla sin ceremonia y miré al piso sin poder creer lo que acababa de pasar.
Pero con las palabras heladas de Ginny retumbándome en la cabeza y una frase repitiéndose como disco rayado en mi mente. Recordé esa mañana, despertando en mi cama y en brazos de Harry.
"¿No te da vergüenza lo que estás haciendo?"
~Harry's POV~
Caminé por los pasillos del Departamento de Leyes Mágicas, saludando a todos los que me topaba en el camino. Era evidente, por las sonrisas sorprendidas que me devolvían, que casi nunca me veían por ahí.
-Hola, Rose- saludé a la asistente de Hermione en cuanto estuve frente a su escritorio.
-Harry, que sorpresa!-
-¿Está Hermione en su despacho?- señalé con un movimiento de cabeza la puerta detrás de mí.
-Claro, déjame decirle que…-
-No te molestes, solo le diré algo rápido-
Sin darle tiempo a responder, entré al despacho de Hermione y cerrando la puerta con cuidado di media vuelta hacia el escritorio.
Sentada en la silla detrás de él y con mirada pérdida sobre los papeles frente a ella, Hermione levantó la cabeza y me miró con sorpresa solo unos segundos.
-Harry… ¿Qué haces aquí?-
Ignorando el cambio evidente de tono dulce a frío en un santiamén, me senté en una de las sillas frente a ella y sonreí.
Me di cuenta de lo mucho que la extrañaba cuando no la veía.
-Vengo a invitarte a cenar a nuestro restaurante muggle al que hace mucho no vamos- sonreí de medio lado y recargué mi brazo en el escritorio- Hoy saldré más temprano y podemos irnos juntos ¿Qué te parece?-
Contrario a lo que había esperado, Hermione se limitó a mirarme solo unos segundos antes de volver su mirada a los papeles.
-Tengo mucho trabajo hoy, Harry- dijo cortante- No creo que salga temprano para acompañarte…-
No dije nada. Su negativa no me molestaba, pero sí el tono tan frío con el que me hablaba. Parecía como si estuviera de mal humor o algo la perturbara, y aquello me inquietó en exceso.
-Además, no creo que sea conveniente que nos vean salir juntos, podrían empezar a hablar y…-
-Ya te dije que a mí no me interesa lo que diga la gente-
-Pero a mí sí-
Igual podría haberme dado una bofetada. Dijo aquello casi con enfado, y me miró solo unos instantes antes de seguir hablando.
-De hecho creo que…deberíamos guardar más distancia aquí para evitar habladurías y…-
-Pero si…-
Hermione ignoró mi interrupción y siguió hablando.
-Y no solo en el Ministerio-
Abrí mis ojos de par en par.
-¿Qué has dicho?-
-Creo que lo mejor sería no…no seguir durmiendo juntos, Harry- miró hacia abajo y pude notar el sonrojo en sus mejillas- No es correcto -
De una pieza en mi lugar, la miré sin saber que responder. ¿Qué rayos le pasaba a Hermione y cómo era posible que hubiera cambiado de actitud tan rápido? Algo había pasado, eso era seguro.
-¿Pero qué mosco te ha picado, Herms? A ti no te preocupaba que…-
-Pero ahora sí me preocupa- me cortó de nuevo, mirándome con severidad- No está bien lo que estamos haciendo, Harry-
Aquello fue la gota que derramó el vaso. Enfadado, me levanté de la silla y la miré con ceño. No entendía que rayos era lo que pasaba por su cabeza, pero sinceramente su actitud comenzaba a irritarme.
-¿Pero qué rayos es lo que no está bien?- pregunté en voz más alta de lo normal- ¿Dormir juntos?- no contestó, comencé a moverme por el lugar- Hasta dónde sé, no estamos quebrantando ninguna regla, además tienes pesadillas casi todas las noches- seguía sin respuesta- ¿Qué pretendes? ¿No dormir ahora?-
Solté sarcástico, pero ella seguía mirándome serena desde su lugar, lo que me hizo enojar aún más. De pronto parecía como si le molestara mi presencia, y tuve que aspirar profundo para no decir algo de lo que podría arrepentirme.
-En algún momento tendré que controlar esas pesadillas- dijo por fin- No puedo vivir con miedo toda mi vida, además…-
-Además por lo que veo te desagrada la idea de dormir conmigo-
-Ya te dije que…-
-Que no es correcto, lo entiendo Hermione, de acuerdo- le resté importancia con un ademán de la mano.
Aún serena en su lugar, me miró con expresión vacía y yo contuve las ganas de lanzar un puñetazo a la pared. Aquella indiferencia me estaba sacando de quicio.
-Harry, solo quiero que entiendas que…-
-Que a partir de ahora somos como dos extraños viviendo bajo el mismo techo-
Parado frente a ella, la miré con dureza y contuve una maldición por lo bajo, y antes de que Hermione pudiera contestar, el patronus de Kingsley apareció entre nosotros y la habitación se tiñó de azul.
-Seis prisioneros de máxima seguridad de Azkaban han escapado- la voz severa de Kingsley resonó por el lugar- Se requiere la atención inmediata al caso por parte del jefe de departamento de Aurores- miré la luz azul incrédulo- Los seis se han identificado como antiguos seguidores de Voldemort, Harry, tienes que salir de inmediato-
Aquél mensaje iba dirigido a mí.
Tan pronto como la fuerte voz dejó de escucharse, el patronus desapareció detrás de la puerta y todo volvió a la normalidad.
Parada detrás de su escritorio, Hermione me miró preocupada y su respiración comenzó a hacerse más profunda.
-Ya escuchaste- le dije cortante, mi orgullo herido era el que hablaba- No me esperes despierta-
Sin darle tiempo a decir nada, di media vuelta y salí del despacho cerrando la puerta de un portazo.
Nada me caería mejor en esos momentos que perseguir y atrapar a unos cuantos mortífagos.
~Hermione's POV~
-Ya debería estar aquí- miré el reloj a mi lado y luego hacia la puerta- Ya debería estar aquí Luna!-
-Herms ¿Quieres hacer el favor de calmarte? Ya llegará!-
Luna plantó dos tazas de café en la mesita de la sala y se sentó en el sofá frente a mí mientras me miraba con seguridad.
-Son casi las doce de la madrugada, Luna, ya debería haber vuelto-
Desde que Harry me había dejado en mi despacho esa tarde, no había tenido ninguna noticia de él. De nuevo recordé las palabras de Kingsley sobre la naturaleza de los prófugos de Azkaban y reprimí un escalofrío.
-Lo sé Herms, pero nada ganas con preocuparte-
Mordiendo mi labio inferior, bajé mi vista hasta posarla en la taza que tenía en mis manos.
-Le dije cosas tan…horribles, Luna- murmuré casi para mí misma- Me porté como una idiota-
Frente a mí, Luna me miró curvando sus labios en una mueca.
-Pues en eso no puedo discutirte amiga- cuando la miré con ojos entrecerrados, ella sonrió inocente- ¿Pues qué? Es la verdad! Fuiste muy cruel con Harry y lo sabes-
Completamente desesperanzada, solté un largo suspiro y tomé un sorbo de mi café, agradeciendo mentalmente que mi amiga estuviera ahí para apoyarme. Una vez que llegara a mi casa y esperara a Harry por horas sentada en el sofá de la sala y mirando el televisor sin prestar la más mínima atención, había llamado a Luna desesperada y ella no había dudado en ir a mi rescate.
Una vez que llegara, le había contado todo. Absolutamente todo. Después de todo ella era la única que sabía que Harry estaba viviendo conmigo, y sin dudarlo un solo instante y con ganas de desahogarme le había contado todo.
Desde mis noches durmiendo con Harry hasta mi discusión con Ginny en el Ministerio. Y mi actitud inmediatamente fría y alejada hacia Harry después de la misma.
-No me ayudes, Luna-
-Es que sinceramente no entiendo porque le hiciste caso a Ginny- me recriminó- Es obvio que está dolida con Harry y por eso te dijo esas cosas-
-Pero en el fondo tiene razón, Luna!- me defendí- Que Harry y yo durmamos juntos en las misma cama no está bien! No es correcto!-
-Y otra vez con lo mismo! ¿Y por qué dices que no está bien?- entornó los ojos- No han hecho más que dormir juntos ¿O no?-
Sin poder evitarlo, sentí como el calor se acumulaba en mis mejillas hasta sentirlas encendidas.
-Luna! Por supuesto que no!-
-¿Entonces? No debiste dejar que Ginny te hiciera sentir mal- se cruzó de brazos y se acomodó en el sofá- Tu lo necesitas, él te necesita, y sinceramente creo que no debiste haberlo tratado así-
Aunque sabía que Luna tenía razón, tenía que hacer por lo menos el intento de defenderme.
-Pues aunque no lo aceptes, Ginny tiene razón en decir que no estamos haciendo lo correcto-
Era obvio que Luna no me creía. No creía que esa fuera la única razón por la que yo había tratado a Harry con tal indiferencia, y la verdad es que yo tampoco me lo creía.
-Hermione…- alzó una ceja inquisitiva- ¿Estás segura que por eso trataste así a Harry? ¿No será que en realidad…- dudó un poco, divertida- estabas molesta con él por el otro asunto que Ginny te comentó?-
De manera inmediata, el recuerdo de esa otra parte de la conversación con Ginny me llegó a la cabeza. Aquella en la que mencionaba que ella y Harry habían vivido una especie de aventura después de la muerte de Ron.
Aquella noticia de labios de Ginny me había resultado de lo más chocante.
Y cuando había discutido con Harry, aquellas palabras no habían hecho más que repetirse una y otra vez en mi cabeza mientras hablaba, y sin importarme cuanto pudiera herirlo, le había dicho todo aquello dominada por un enojo que aún no podía explicar.
-Por supuesto que no- negué rotundamente- A mi no me interesa lo que haya pasado entre ellos, no es asunto mío y me tiene sin cuidado-
Pero el tono ácido que utilicé para decir aquellas palabras dijo todo lo contrario y me delató al instante.
-Sí, claro- entornando los ojos, Luna meneó la cabeza- Lo que digas, Herms-
Fingiendo no escuchar, tomé la bandeja con las tazas vacías y me dirigí a la cocina para no seguir escuchando algo que probablemente no me iba a gustar. Algo que podía ser de lo más cierto.
Entre pláticas triviales, desde la nueva fachada que había en el Ministerio hasta la boda de Neville y Hannah Abbott que sería en menos de un mes, pasaron casi dos horas. Finalmente, acompañé a Luna hasta el vestíbulo y se despidió de mí con un abrazo. Susurrándome que no me preocupara por Harry, desapareció en la noche y finalmente quedé sola.
Cerré la puerta y me recargué contra ella mientras miraba el reloj. Preocupada, mordí mi pulgar y solté un suspiro.
Eran casi las dos de la madrugada y Harry aun no llegaba.
Caminaba de un lado a otro en la sala, planteándome miles de alternativas diferentes. Lo había tratado tan indiferente esa tarde, que no dudaba que se hubiera ido a dormir a su casa muggle, o incluso que hubiera llegado a La Madriguera.
Me detuve en seco al pensar en la última. Recordé de nuevo la naturaleza de los prófugos, así como su evidente odio hacia Harry.
-Demonios, Harry-
Sin saber que más hacer y conteniendo mis ganas de llamar a la Madriguera o a Kingsley, me recosté en el sofá que quedaba frente a las escaleras mirando a la nada. Moría de sueño, pero no pensaba dormir en mi cama hasta que no viera que Harry entrara sano y salvo por esa puerta.
Quince minutos después me quedé completamente dormida.
~Harry's POV~
Cuando entré al vestíbulo de la casa eran las tres de la mañana. Una frágil luz proveniente de la sala iluminaba el pasillo, pero no presté atención al detalle. Seguramente Hermione había olvidado apagar la luz.
Dejando las llaves sobre la mesita, hice una mueca de dolor y contuve el aliento. Me dolía todo el cuerpo y estaba muerto de cansancio, y lo único que quería hacer en esos momentos era meterme a la cama y dormir. Afortunadamente solo tenía un pequeño corte en el labio, con el cual podía sobrevivir perfectamente bien hasta el día siguiente.
Caminando casi dormido, subí el primer peldaño de la escalera y lo que parecía ser un bulto en el sofá llamó mi atención. Extrañado, di media vuelta para encontrarme con una imagen que me dejó helado.
Envuelta en su bata de dormir y recostada sobre el sofá, Hermione dormía profundamente.
Completamente pasmado, comencé a acercarme sigiloso. Me quedé mirándola sin tener idea que hacer y antes de poder decir algo ella abrió lentamente sus ojos y me miró. Enderezándose por completo se levantó del sofá de manera inmediata y me miró con una mezcla de preocupación y alivio.
Había estado esperándome.
Una sensación de calidez me invadió por completo y me hizo olvidar la discusión que habíamos tenido esa tarde en su oficina.
-Harry…estaba tan preocupada-
Caminó hasta mí rápidamente, pero entonces pareció recordar algo y se detuvo, mirándome con sus brazos cruzados sobre el pecho.
-Tardaste…- dudó un momento- Tardaste mucho…creí que…-
-Fueron más difíciles de lo que pensé- dije simplemente, recordando sus palabras hirientes de esa tarde- Pero todo salió bien, no te preocupes-
-Me alegro-
Sonrió de manera encantadora y sentí una punzada en el pecho. Verla en aquél estado, con su cabello revuelto, sus ojeras marcadas y su expresión preocupada y cansada me causaba una sensación cálida que no podía explicar ni controlar.
Y esa sensación se hizo más fuerte al recordar la razón por la que ella estaba así. Por mí.
Me acerqué un paso más hacia ella y sonreí de vuelta.
Pero la expresión de Hermione cambió de pronto, y su sonrisa desapareció para convertirse en una mirada sorprendida.
-¿Estás herido?-
Demonios. La luz de la sala había iluminado por completo mis facciones al acercarme, y Hermione se había percatado del pequeño pero profundo corte que tenía en el labio y que seguramente aún sangraba.
-No te preocupes- comencé a quitarme el saco- Estoy bien-
-Por supuesto que no- afirmó con voz algo chillona- Estás herido, Harry!-
-No es nada, Herms, en serio-
Cansada, comencé a subir los peldaños de la escalera, pero Hermione me detuvo por el brazo y me obligó a girarme.
-Ni hablar- me miró fijamente, segura- Voy a curarte esa herida, Harry-
Un tono que no dejaba lugar a discusión. Soltando un suspiro cansado, me dejé guiar por ella hasta el sofá que antes había ocupado, me sentó, y sin darme tiempo a decir nada se dirigió a la cocina. Regresó momentos después con un pequeño botiquín lleno de pociones, hierbas y aplicadores.
Tomó asiento frente a mí en la mesita de centro y una vez que preparó todo, comenzó a curarme.
-Tal vez esto te duela un poco-
De manera delicada, rozó con sus dedos la parte de mi labio cortado y comenzó a aplicar el ungüento sobre la herida. Pero el dolor que esperaba sentir fue sustituido por una sacudida de placer ante la sensación de sus dedos rozando mi piel.
Los dedos de Hermione.
Sentí un escalofrío al percatarme del hecho.
Sin decir absolutamente nada, Hermione se dedicó a limpiar aquél corte pequeño pero profundo sobre mis labios, concentrada en la labor. Se había inclinado sobre mí ligeramente para trabajar sin problemas, dándome a mí la oportunidad de admirar a la luz de la lámpara su rostro.
Incapaz de contenerme, dejé vagar mi mirada por sus facciones, tan delicadas y exquisitas que me parecía que estaba mirando a otra mujer que no era mi mejor amiga. Pero era Hermione, y hasta ese momento me daba cuenta que nunca me había puesto a pensar en lo hermosa que era.
Sus cejas delgadas y estilizadas, fruncidas en un ceño de concentración mientras me curaba, complementaban aquellos expresivos ojos almendrados y brillantes. Su nariz era pequeña y algo respingada, protagonista de los mohines más adorables cuando se enojaba o se reía, y que complementaba a la perfección su rostro en forma de corazón.
Completamente idiotizado finalmente detuve mi mirada en sus labios. Jamás me había fijado en lo suaves, carnosos y delicados que eran. Y sobre todo deliciosos. Tan deliciosos que me daban ganas de…
-Ow- me quejé al sentir un líquido caliente penetrar en la herida y me estremecí un poco.
-Lo siento-
Preocupada, Hermione continuó dando suaves toques a la herida con un pañuelo húmedo. Yo por mi parte agradecí a todos los cielos por las pociones curativas y el dolor que hacían sentir. Aunque no por mucho tiempo.
Al percatarse que no podía seguir limpiando la herida bien desde su lugar, Hermione se levantó frente a mí y se inclinó lo suficiente para que el escote de su bata quedará a la altura de mis ojos. Y a través de su bata entre abierta, pude apreciar la ligera curvatura de sus senos que el escote del camisón de encaje azul dejaba al descubierto.
Tensando todos y cada uno de mis músculos, tragué en seco y contuve un gemido de mero placer. Estaba seguro que aquellos ligeros contornos que tenía frente a mí ocultaban la premisa de unos senos suaves, redondos y abundantes, un paraíso encarnado que suponía todo un deleite para los sentidos de cualquier hombre.
Para mis sentidos.
Sin poder evitarlo, un estremecimiento de placer me sacudió por completo.
-Lo siento ¿Te lastimé de nuevo?-
La suave voz de Hermione preguntando aquello me sacó de mis cavilaciones. Para mí alivio, se sentó de nuevo y me miró preocupada, y yo pude respirar tranquilo al fin. Tomé aire con fuerza y esperé a que mis sentidos se recuperaran para poder hablar.
Demonios. Estaba tan cansado. Solo eso podía explicar mis acciones, mis reacciones y mis estúpidos pensamientos.
-No…no te preocupes- la voz me salió un poco ronca, y maldije para mis adentros.
Con cuidado, Hermione comenzó a poner una pequeña bandita sobre la herida.
-No…no entiendo cómo fue que…- se calló, tragando en seco.
-¿Cómo fue que salí vivo?- terminé la pregunta y ella reprimió un escalofrío- No con facilidad, créeme- sonreí un poco- Por lo pronto esos cinco malditos están en la cárcel-
Ella me miró sorprendida.
-¿Cinco? ¿Qué no eran…-
-Seis- la corté de inmediato, recordando que ella también había escuchado el mensaje- Rookwood escapó-
Hermione abrió sus ojos de par en par, y mirándome con aquella expresión de susto, su respiración se hizo más acelerada y profunda.
-Harry…eso quiere decir que…-
-Sí, lo sé- la corté, no quería que dijera lo que ambos sabíamos y causarle una preocupación innecesaria- Pero lo atraparé, te lo aseguro-
Sin decir nada, nos limitamos a mirarnos largamente. Ella me miraba con sus ojos suaves y algo acuosos, y aquella sensación de calidez me invadió todavía con más intensidad. Era la preocupación de Hermione, manifestada de todas las maneras posibles, la que me hacía sentir aquella sensación de pertenencia y cariño que hace tanto no sentía.
-Será mejor que duermas, Harry, te ves muy cansado y ya es tarde-
En cuanto mencionó aquello recordé la discusión que habíamos tenido esa tarde en su oficina, y sin poder evitarlo me tensé por completo. Enfadado, me levanté de mi lugar y esperé a que ella guardara las cosas en el botiquín e hiciera lo mismo. Aún me sentía algo herido por sus palabras y su mirada fría y distante…
Pero sobre todo, me molestaba en sobremanera la idea de ir a dormir sin ella a mi lado.
Diablos, Harry! En serio necesitas dormir, estás pensando puras estupideces. Me recriminó mi conciencia, y asqueado conmigo mismo me alejé de ella, intentando alejar de mi mente aquellas sensaciones que había sentido minutos antes al estarla mirando.
Al estarla admirando.
Era un maldito enfermo. Sí, eso era.
-Será mejor que subamos- le dije en un tono más frío del que quería- Tu también debes estar cansada-
Mirándome algo melancólica ante mi repentino cambio de actitud, Hermione asintió y sin más me siguió a la escalera para comenzar a subir.
Y de haber podido infligirme la maldición Cruciatus en ese momento, lo habría hecho.
Cuatro de la mañana y seguía despierto.
¿No que muy cansado? Me recriminó mi conciencia al instante y quise tapar mis oídos para dejar de escucharla.
Enojado conmigo mismo, di media vuelta en mi cama por enésima vez y golpeé la almohada frustrado. Era la primera noche después de varias que no tenía a mi lado el calor de Hermione.
Y la sensación era más insoportable de lo que imaginaba.
No entendía aquellas extrañas y malditas reacciones que había sentido al mirar a Hermione en la sala mientras me curaba, pero definitivamente tenía que deberse al hecho de que moría de sueño y cansancio.
A eso y a aquellos malditos camisones del demonio. Quemarlos todos era una opción que estaba empezando a considerar seriamente.
Pero estaba seguro que al día siguiente todo sería diferente. Sería como siempre.
-Como siempre…- susurré entre dientes.
Dispuesto a dormir de una vez por todas, solté un largo suspiro y me acomodé boca arriba mientras me relajaba. De todos modos seguí con mi vista fija en la pared el techo, incapaz de pegar los ojos.
Minutos después escuché el sonido de la puerta abriéndose y los suaves e inconfundibles pasos de Hermione cruzando mi habitación. Con el corazón desbocado, contuve el aliento y la miré con un ojo entrecerrado para percatarme que caminaba casi dormida.
Levantando la sábana que tenía encima, Hermione se deslizó junto a mí en la cama y sin más me abrazó con fuerza por la cintura. Acurrucándose contra mi pecho, soltó un largo suspiro con mi nombre y se relajó sobre mi pecho.
En cuestión de segundos se quedó completamente dormida de nuevo.
De haber podido, habría soltado la carcajada más estruendosa posible ante aquél inconsciente despliegue de inocencia y ternura.
Pero me tuve que conformar con sonreír de medio lado, y emocionado, me acomodé de lado para abrazarla y seguir durmiendo. Y la deliciosa sensación que experimenté al sentir sus suaves y cálidos contornos pegarse a mí me transportó a un sueño plácido, donde nada más importaba.
Y la discusión que tuvimos esa tarde quedó enterrada y olvidada en algún lugar de mi mente.
