"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora:

Hola a todos! Aquí les tengo un nuevo capítulo que espero les guste tanto como a mí me gustó escribirlo ;). Es un capítulo en donde se ve algo de picante que creo que ya es necesario entre estos dos, pero sobre todo terapéutico después de tantos capítulos. Es solo una probadita de la chispa que estos dos tienen y que seguirán teniendo en los siguientes capítulos!

Y como siempre, dejen reviews! Cada review me inspira a seguir escribiendo, así que entra más reciba más rápido podré actualizar!

Bueno mis queridos lectores, sin más que decir les dejo el capítulo para que disfruten ;) Un beso.

Capítulo 11°: Boda

~Hermione's POV~

Semanas Después

Con una media sonrisa, sequé mis manos con el pañuelo que tenía a mi lado y miré el jardín a través de la ventana. Esa mañana de domingo habíamos terminado temprano con el desayuno, y ahora todos completamente satisfechos y felices, se relajaban en el jardín después del sustancioso almuerzo que habíamos tenido.

En el cual, por más que quería negarlo, agradecía que Ginny no se hubiera presentado.

Desperdigados sobre el pasto, tanto pequeños como adultos reían, jugaban o disfrutaban de una amena charla. Miré a George y Angelina, sentados con Arthur y Molly, mirar a Roxanne como si no hubiera ser más hermoso sobre la tierra, mientras Fleur, Luna y la esposa de Percy platicaban como si tuvieran los chismes más jugosos de la temporada.

A principios de Agosto, el verano se encontraba en su máximo esplendor y la vitalidad irradiaba por dondequiera.

Percy sentado en el pasto leía algo a sus hijas mientras Bill jugaba con los mayores y disfrutaban del sol junto a Charlie.

Y no muy alejado de ahí, el pequeño Fred reía como nunca mientras intentaba atrapar una snitch que volaba por los aires sentado en los hombros de su tío favorito.

De un igualmente sonriente y despeinado Harry.

Con las mangas de la camisa y del pantalón arremangados, Harry representaba en aquellos momentos el reflejo fiel de la felicidad. Solo con Fred podía tener aquella sonrisa tan sincera, y lo miré completamente absorta por aquella imagen tan única.

Idiotizada por aquél comportamiento tan dedicado, dulce y espontaneo, la idea de cómo sería Harry con un hijo propio me envolvió por completo y me hizo sonreír.

Harry como padre. La sola idea me resultó maravillosa.

Por un momento me dejé llevar por la imagen de Harry con sus propios hijos, unos hijos que estaba segura cualquier mujer estaría gustosa de darle. Como yo alguna vez había soñado hacerlo ya casi diez años atrás.

Cuando estaba loca y perdidamente enamorada de él.

Asustada, abrí mis ojos de par en par al darme cuenta del rumbo que estaban tomando mis traicioneros pensamientos y meneé la cabeza con fuerza.

-Basta Hermione, no seas idiota-

Furiosa conmigo misma, dejé el pañuelo en su lugar y me alejé de la ventana lo más rápido posible mientras me dirigía a la alacena para acomodar los manteles. Por mi salud mental era lo mejor que podía hacer.

Una vez parada en el precario banquito que estaba a un lado de la alacena, comencé a colocar los pesados manteles hasta que finalmente llegué al más pesado. Dudosa de mi equilibrio y del desconfiable banquito, me mordí el labio inferior mientras tomaba con cuidado el mantel de la mesa y me disponía a guardarlo.

Con un poco de esfuerzo, me elevé de puntillas encima del banco y empujé el mantel hacia atrás mientras rezaba por no caerme del tambaleante objeto.

-¿Luchando con manteles, Granger?-

El respingo que di al reconocer aquella voz tuvo el resultado que temía, y soltando un gritito de susto perdí el poco equilibrio que conservaba en el banco y sin más remedio que cerrar los ojos esperé el inminente golpe contra el suelo.

Pero unos brazos, fuertes y cálidos se ciñeron a mi cintura con fuerza y cuando abrí los ojos que tenía fuertemente cerrados la hermosa mirada verde de Harry quedó frente a mis ojos y su pecho rozando el mío.

Así como sus delgados labios a escasos centímetros de los míos.

-Cuidado, Herms-

Sonrío de manera encantadora mientras sus brazos se afianzaban más alrededor de mi cintura, y yo sentí como mi corazón comenzaba a latir acelerado mientras miraba distraída sus ojos mirarme con picardía.

-Harry! Me asustaste!-

Incapaz de seguir pegada a él por más tiempo, me alejé mientras colocaba el banquito en su lugar y rezaba porque él no hubiera notado mi nerviosismo.

Detrás de mí, Harry esperó a que terminara de acomodar las cosas y terminó de lanzar el mantel al final del último estante para después mirarme con una gran sonrisa. Al parecer no había notado nada extraño en mí, y por fin pude mirarlo de nuevo y sonreírle de vuelta.

-Te he dicho mil veces que no hagas estas cosas sola, un día de estos te darás un buen golpe-

-Lo tendré en cuenta-

-Bien- cerró las puertas de la alacena y me miró de nuevo- Ahora vendrás conmigo al jardín-

Entrelazando sus dedos con los míos de la manera más natural, comenzó a caminar conmigo hacia la salida de la casa.

-¿Qué? ¿Pero por qué?-

Con una sonrisa de oreja a oreja, Harry se detuvo y me miró con ojos brillantes y el cabello alborotado. Demonios, aquella visión resultaba tan chocantemente atractiva.

-Porque el pequeño Fred y yo queremos que juegues con nosotros-

Parado en el marco de la puerta detrás de él, el pequeño pelirrojo me miró con una sonrisa de oreja a oreja mientras asentía con fuerza.

-Sí Tía Mione, ven con nosotros!-

Sin más, me tomó de la mano y comenzó a jalarme hacia el jardín dando saltitos de alegría, mientras un divertido Harry nos seguía y me miraba con las cejas alzadas.

Gesticulando un simple "Tramposo" mientras me dejaba arrastrar por el pequeño Fred, Harry soltó una carcajada refrescante y yo me limité a contener la respiración idiotizada.

Minutos después, mientras Harry nos buscaba por el enorme jardín y yo tomaba la mano de mi sobrino para caminar entre los arbustos y escondernos de él, un sentimiento de culpa me atacó y comenzó a carcomerme por dentro al darme cuenta que por primera vez en todo ese tiempo, el rostro de Ron no había aparecido en mi mente al pensar en hijos.

Miré la mirada brillante y la sonrisa de Harry y no pude evitar sentirme despreciable.

Aquello se estaba volviendo una costumbre.


~Harry's POV~

Cuando entré a la casa esa noche, cansado y hambriento, un delicioso olor a comida impregnó mis sentidos y completamente idiotizado por el aroma caminé hacia la cocina en donde una deliciosa cena para dos se encontraba servida.

De Hermione no había rastro.

-¿Herms?-

Grité a las escaleras, buscándola por todas partes.

-Enseguida bajo, Harry! Comienza a comer si quieres!-

Miré de nuevo hacia la mesa y reprimí un sonido de gozo al darme cuenta que Hermione había preparado la cena mientras yo seguía en el trabajo. Sin poder evitarlo, de nuevo aquella sensación cálida y familiar se apoderó de mí al darme cuenta del hecho.

Con una media sonrisa, abrí el refrigerador a unos pasos de mí y sacando una lata de refresco, la abrí en un santiamén y comencé a tomar el dulce líquido que me supo a gloria.

-¿Aún no empiezas a comer?-

Con la lata de refresco aún en mi boca, di media vuelta para mirar a Hermione parada en el umbral de la puerta, con un pequeño- muy pequeño- camisón rosa pastel cubriéndola y la larga bata a medio cerrar mientras se terminaba de secar el cabello con una toalla, dejando al descubierto sus torneadas piernas.

Conteniendo una maldición, me atraganté con el líquido y comencé a toser con fuerza para poder respirar de nuevo.

-Harry!- se acercó a mí- ¿Estás bien?-

Al hacerlo, el delicioso aroma a flores de su cabello impregnó mis sentidos y yo tuve que cerrar los ojos y contener otra maldición. Demonios. ¿Es que Hermione no entendía lo que esos malditos camisones provocaban?

-Sí- logré decir después de unos instantes- Sí, no te preocupes, estoy bien-

Lanzándome una mirada entre extrañada y divertida, Hermione se sentó a la mesa y con un simple movimiento de cabeza mientras se cerraba la bata me pidió que la acompañara. Agradeciendo a todos los magos de la historia la decisión de Hermione de cerrarla, la seguí y me senté en la mesa para comenzar a comer.

La cena estaba deliciosa.

Durante unos minutos, mandé a volar las reglas de etiqueta y me dediqué a devorar todo lo que veía frente a mí, mientras Hermione me miraba comer divertida y satisfecha. Cuando por fin pude comer de manera decente, nos dedicamos a charlar sobre el trabajo mientras comíamos la sustanciosa y deliciosa cena que Hermione había preparado, y por un momento me perdí en el hilo de mis pensamientos mientras la miraba reír.

Me di cuenta que en los cinco años de casado que había tenido con Ginny, jamás había tenido una cena así. Y no pude evitar notar que, como ya se estaba haciendo costumbre, las estaba comparando de nuevo. A mi mejor amiga y a mi ex esposa.

A la viuda de mi mejor amigo y a su hermana.

Asqueado conmigo mismo- eso también se estaba volviendo una costumbre- la miré reír y seguí comiendo mientras charlábamos hasta que terminamos.

-Esto…- me detuve un momento- Estuvo delicioso, Herms-

-Me alegra que te haya gustado- sonrío de manera encantadora y se levantó mientras tomaba los platos- Y falta el postre-

Dijo aquello mientras me guiñaba un ojo coqueta y se dirigía al lavamanos con los platos. Incapaz de evitar pensar en la doble connotación que esa última frase conllevaba, tragué en seco y en mi mente comenzaron a desfilar miles de imágenes sobre cómo sería probar una clase de postre diferente con Hermione incluida.

Pero pronto volví a la idea de quién era la mujer que en realidad tenía frente a mí, y queriendo sacar mi varita para aplicarme la maldición cruciatus en ese momento, meneé la cabeza con fuerza. Comenzaba a temer seriamente por mi salud mental.

Cuando Hermione volvió a la mesa con el pastel de calabaza y se sentó frente a mí, mi respiración había vuelto a la normalidad y pude mirarla casi indiferente.

-Por cierto- su dulce voz llamó mi atención antes de probar bocado- Recibimos la invitación para la boda de Neville ésta tarde, será el sábado dentro de dos semanas-

A pesar de que lo dijo con una sonrisa noté el titubeo en su voz. Sonriendo de vuelta, mi expresión se suavizó por completo y la miré con ternura.

-¿Quieres que vayamos? No es necesario si no te sientes…-

-No- me cortó de inmediato, aún sonriente- Es la boda de Neville, por supuesto que iremos-

Idiotizado con aquella sonrisa, le devolví una mientras probaba un bocado del delicioso pastel de calabaza que tenía frente a mí.

-Solo que…hay un problema-

Extrañado, la miré con las cejas alzadas mientras esperaba a que hablara.

-No tengo nada decente que ponerme-

Dijo aún con una sonrisa, e incapaz de evitarlo solté una carcajada mientras dejaba mi plato y cubiertos a un lado.

-No te preocupes por eso-

Mirándome con una ceja alzada, Hermione se cruzó de brazos y esperó a que hablara. Mientras ella se arrellanaba en su asiento, apoyé mi brazo en la mesa y la miré con el mentón recargado en mi mano.

-Tú y yo iremos de compras, Granger- dije con una sonrisa- Y no cualquier tipo de compras, me refiero a las de verdad-

Me levanté de mi asiento y le ofrecí mi mano para ayudarla a levantarse. Y cuando lo hizo me miró dubitativa mientras alzaba las cejas.

-Mañana iremos de compras al estilo Londres-

Con una sonrisa de oreja a oreja, Hermione se colgó de mi brazo cual niña pequeña y juntos caminamos hacia las escaleras para subir a dormir a nuestras habitaciones.

O mejor dicho, para dormir a nuestra habitación.

Y aunque me sentía miserable por ello, en el fondo sabía que dormir sin ella me haría sentir aun peor.


~Hermione's POV~

Estábamos en una tienda exclusiva de trajes para hombre y sentada en una butaca frente a los vestidores y con un montón de bolsas en mi mano, miré de nuevo hacia la cortina tras la cual estaba Harry.

-Harry, apúrate!-

Como única respuesta escuché el suave sonido de su risa y por fin descorrió la cortina para salir mientras se abrochaba los últimos botones de su camisa, dejándome ver parte de su pecho desnudo. A pesar de que lo veía todos los días, no pude evitar contener un suspiro.

-¿Y bien? ¿Te gusta?-

Mientras comenzaba anudarse la corbata en tono color jade y enfundado con un traje negro y camisa blanca, Harry se miró al espejo frente a él y yo me limité a mirarlo sin decir una sola palabra.

Con aquél traje, Harry representaba la pura tentación masculina e irradiaba un aura tan varonil que me dejó sin aliento. Sin más, me levanté y mientras le ayudaba a anudar la corbata encontré las palabras correctas para comenzar a hablar.

-Te queda excelente- dije con una sonrisa- Deberías llevarlo-

Me colgué de su brazo y recargué mi cabeza en su hombro, y sonreí al mirar la escena que ambos presentábamos frente al espejo. Mirándome a los ojos a través de nuestro reflejo, Harry también sonrió y se deshizo de mi brazo lentamente para volver a entrar al vestidor y quitarse el traje que había resultado ser el elegido.

Cuando salimos de las tiendas caminamos por las calles de Londres mientras charlábamos de trivialidades y reíamos sin parar. Y aunque sabía lo que todos que se cruzaban con nosotros en las calles podrían pensar sobre nosotros, aquello resultaba tan familiar y tan extrañamente correcto que no me importaba lo más mínimo.

En aquellos momentos, solo importaba lo bien que me sentía a su lado.

Muertos de hambre, entramos al pequeño y pintoresco restaurante al que solíamos ir muy seguido meses atrás y tomamos una de las mesas junto a la ventana mientras tirábamos las compras a un lado.

-No entiendo porque rayos compraste tantas cremas y perfumes- me dijo entornando los ojos y yo solté una suave risa.

-Porque te recuerdo que soy una mujer Harry, y soy una mujer a la que le encanta oler bien-

Cambiando su expresión por completo Harry me miró con ojos profundos y semblante serio, y pude jurar que lo vi reprimir un escalofrío.

Antes de que pudiera contestarme algo, la niña rubia que siempre nos atendía llegó corriendo hasta nuestro lugar y se detuvo entre nosotros. Emocionada, miró a Harry de manera soñadora como si no hubiera nadie más en el lugar y yo contuve la risa al mirar la expresión castigada de Harry.

-¿Qué desea ordenar, señor?-

Entorné los ojos al darme cuenta que efectivamente, para la niña yo seguía sin existir.

-Será el pastel de carne y las verduras al vapor-

-Y para mí lo mismo- dije en un intento por atraer su atención- Por si te interesaba…-

Susurré entre dientes fingiendo buscar algo en mi bolsa, y pude ver como Harry contenía una carcajada mientras seguía mirando atento a la niña.

-Ah sí…enseguida-

Algo titubeante la niña tomó los menús y roja como un tomate se alejó apenada hacia la cocina. Mirándonos de reojo después de mirarla cerrar la puerta, soltamos una sonora carcajada que resonó por el lugar.

-Eso fue algo directo, Herms-

-Lo siento, pero simplemente me parece una injusticia- sonreí juguetona- Sí, entiendo que seas el hombre más bello del planeta, pero no tengo la culpa de que ella esté enamorada de ti, señor-

Dije imitando la mirada soñadora de la chica, mientras Harry soltaba una carcajada aún más estruendosa para después mirarme juguetón. Por unos momentos pareció debatirse con algo, y finalmente se levantó de su asiento y cruzó la mesa para sentarse a mi lado.

Miró hacia atrás sobre el confortable sofá y cuando por fin se acomodó en el lugar, pasó su brazo por encima de mis hombros y cual niño haciendo una travesura me sonrió juguetón.

-Harry! ¿Pero qué crees que haces?-

-Shh! Sígueme el juego!-

Yo solo atiné a mirarlo sorprendida mientras sentía como mi pulso se aceleraba por su cercanía y lava ardiente comenzaba a correr por mis venas, calentándome la sangre.

-¿Cómo? ¿A qué te refieres? No entiendo!-

-Espera, deja que ella nos vea!-

-¿Qué?- casi ofendida, me alejé de él de un empujón- ¿Quieres darle celos a la pobre chica? No tienes vergüenza!-

-No seas tonta, Herms!- soltó una carcajada fresca- Solo quiero que lo piense para que deje de hacerse ilusiones y para que deje de tratarte tan mal!-

Aún cuando dijo aquello de forma sincera, algo me hacía pensar que esa no era la única razón por la que había decidido abrazarme contra su pecho, pero me quedaba claro que darle celos no era la otra.

Aunque por el momento lo único que me importaba era esa cercanía que me estaba empezando a volver loca. Entre risas y discusiones tontas, Harry me había abrazado aún más contra él y ahora podía aspirar el varonil aroma de su colonia mientras su brazo me aferraba con fuerza.

-Ahora, deja de discutir ¿Sí? Sólo finge que me amas como a nadie en el mundo-

Y decidiendo que aquello no podía ser muy difícil, me limité a hacer lo que me pedía mientras la comida pasaba en un santiamén.


Dos Semanas Después. Sábado.

Caminando por los pasillos del Ministerio con bolso en mano y el celular en la otra, salí a las calles de Londres mientras entornaba los ojos al escuchar la voz de mi mejor amiga al otro lado de la línea.

-Sí Luna, pasaremos por ti! No te preocupes!- me callé y volví a entornar mis ojos- Lo sé pero llegaremos a tiempo, aún falta mucho, deja de gritarme!-

Maldita la hora en la que le había enseñado a Luna a usar el teléfono.

Contuve una risa y corté la comunicación en cuanto llegué al estrecho callejón que siempre utilizaba al salir del Ministerio. Sonriendo al recordar la histeria de mi amiga, tomé aire y en menos de dos segundos me aparecí frente a casa.

Cuando entré me percaté de que todas las luces estaban apagadas y extrañada caminé por la casa mirando en todas las habitaciones en busca de Harry. No recordaba que me hubiera dicho que saldría esa tarde, y no verlo en casa alistándose para la boda me parecía muy extraño.

-¿Harry?-

Con ceño fruncido al darme cuenta que no estaba en casa, subí las escaleras para darme un baño rápido y arreglarme para la boda de Neville que sería esa misma tarde.

Distraída, dejé la puerta entreabierta y la mitad de las luces apagadas mientras me desnudaba y soltando un largo suspiro me metí bajo la ducha. Había recibido una lechuza urgente del Ministerio esa mañana para solucionar un caso, y después de una agotadora jornada de trabajo imprevisto el baño me resultó revitalizante.

Quince minutos después descorrí la cortina de la ducha y salí completamente empapada, buscando mi toalla que había olvidado hasta localizarla en el estante a un lado de la puerta abierta, junto a unas piernas enfundadas en un pantalón de vestir negro que reconocí al instante. Y cuando levanté la vista me encontré con Harry de pie en el umbral, con la mandíbula abierta y con sus ojos abiertos de par en par.

Y con su mirada recorriéndome entera.

-Harry!-

Sintiendo el calor subir a mis mejillas y mis piernas temblar sin control, tragué saliva nerviosa y miré la toalla que en ese momento parecía más lejana que nunca.

Incapaz de reaccionar, lo miré con vergüenza pero no hice nada por cubrirme. Mis brazos al igual que mis piernas parecían no responder, y me limité a dejarlos colgando laxos a un lado de mi cuerpo mientras dejaba que la mirada de Harry recorriera de pies a cabeza mi cuerpo desnudo.

-No…no te escuché entrar-

-…-

Aún de pie frente a mí y con sus manos apretadas en puños, Harry no lograba articular sonido alguno y seguía mirándome de arriba abajo como si no creyera lo que tenía frente a él. Y cuando su boca se abrió aun más al momento que su vista llegó a mis senos, tuve que reprimir una sonrisa de satisfacción.

La expresión de Harry era del más puro deleite.

Halagada en extremo al ver que Harry parecía no reaccionar, me mordí el labio inferior nerviosa y reprimí un suspiro. Él simplemente estaba ahí con la más pura expresión de deleite y saciándose con la visión de mi cuerpo desnudo, y saber que yo era la que provocaba aquellas inusitadas reacciones me llenó de un sentimiento de emoción y satisfacción incapaz de controlar.

-¿Harry?- repetí por fin- ¿Me…me pasas mi toalla, por favor?-

Frente a mí, Harry siguió sin decir palabra y yo volví a morder mi labio inferior. Tenía que moverme, lo sabía. Pero por alguna razón que no alcancé a definir por completo fui incapaz de hacerlo.

En cambio, solo sentía un montón de escalofríos presa de la emoción.


~Harry's POV~

Hermione me había dicho algo, de eso estaba seguro. Pero yo era incapaz de escucharla, y con mi mirada y todos mis demás sentidos puestos en ella, me deleitaba con las suaves y deliciosas curvas de su cuerpo desnudo y empapado.

Que había resultado ser mejor que en mis sueños.

Había entrado distraído a la casa, y al mirar las luces completamente apagadas y no escuchar sonido alguno, supuse que Hermione aún no había regresado del Ministerio. Completamente sumergido en mis pensamientos y sin prestar atención, me dirigí al baño para acomodarme el traje y abrí la puerta distraído.

Y juré que jamás imaginé que al regresar de comprar aquellos simples dulces de regaliz que a Hermione tanto le gustaban, aquella hermosa e irreal visión iba a estar esperándome.

Con un demonio, es más hermosa de lo que había imaginado. Pensé mientras recorría su cuerpo entero, incapaz de privar a mi mirada de saciarse con aquella increíble visión. Es tan malditamente perfecta que podría hacerla mía en este preciso instante.

Quería quitar todas y cada una de las gotas de su cuerpo con mi lengua, quería tumbarla en el piso del baño y hacerle el amor ahí mismo, sin importar nada más. Me había vuelto completamente loco.

Dejé vagar mi mirada por las largas piernas, las suaves caderas, el plano vientre…

Cuando finalmente mi mirada se detuvo en sus senos abrí mi mandíbula por completo y reprimí un gemido al darme cuenta que aquellas curvas habían resultado ser todo y más de lo que imaginé aquella noche cuando me curaba. Eran simplemente perfectos.

Y por un momento imaginé como sería tocarlos con mis dedos, amoldarlos a mis manos, saborearlos en mi boca…

-Harry…mi toalla-

Aquello lo escuché. Como si me hubiera echado un cubetazo de agua fría, salí de mi ensueño y meneé mi cabeza de un lado a otro mientras tomaba la toalla a mi lado de un jalón. Se la entregué como pude y mientras se envolvía me acerqué a ella llevado por una fuerza incapaz de controlar.

Finalmente nuestras miradas se cruzaron, y por momentos que parecieron eternos nos limitamos a mirarnos fijamente sin decir una sola palabra.

El tiempo pareció no seguir corriendo.

Solo hasta que escuchamos el timbre de la puerta pudimos reaccionar, y la burbuja que parecía envolvernos se rompió tan rápido como llegó. Con una sonrisa entre inocente y juguetona, Hermione me lanzó una última mirada antes de pasar por mi lado y dando media vuelta entró a su cuarto cerrando la puerta tras sí.

Dejándome completamente solo, extasiado, y excitado.

-Con un demonio-

Con la mandíbula apretada y los puños cerrados con fuerza, bajé las escaleras en un santiamén y abrí la puerta para encontrarme con mi amiga rubia en la entrada, enfundada en un hermoso vestido azul marino y con su cabello recogido en un elegante moño.

-Harry!- me miró con ojos brillantes- Wow, estás guapísimo!-

No contesté. Era incapaz de emitir sonido alguno en aquellos momentos.

-¿Te pasa algo, Harry? Te ves…demasiado acalorado-

Excitado era la palabra correcta.

-No, no pasa nada Luna. Tu también estás guapísima- logré decir mientras soltaba el aire contenido- Pasa-

-Decidí venir a buscarlos, creo que sería más cómodo para los tres- me miró curiosa de nuevo- ¿Seguro que estás bien?-

-Sí, sí, claro. Siéntate si quieres, Hermione está en su cuarto…arreglándose- la imagen de su cuerpo desnudo me atacó de pronto- Estará lista enseguida-

Caminamos hasta la sala en donde Luna se dejó caer en el sofá con una sonrisa en el rostro.

-Perfecto, esperamos entonces- me miró sonriente mientras se cruzaba de piernas- Me muero por ver que vestido se pondrá Herms!-

Sonriéndole de vuelta y conteniendo una maldición, su imagen volvió a mi cabeza de pronto y yo también recé para ver a Hermione enfundada en un vestido por mi salud mental.

Pero sabía que después de haberla visto de aquella manera, podría ponerse hasta un traje de esquimal y la imagen de su cuerpo desnudo en mi mente no desaparecería por nada del mundo.


Cuando llegamos al hermoso jardín de la casa que alguna vez había pertenecido a los padres de Neville, me alejé de inmediato de Hermione y Luna y busqué con la mirada a cualquier conocido.

Agradeciendo a todos los cielos que Dean y George hubieran llegado temprano, caminé entre las mesas de la recepción hasta las sillas frente al altar que esperaba a los futuros esposos.

No podía estar cerca de Hermione en esos momentos sin pensar en hacer una estupidez colosal. Como si no hubiera sido suficiente con verla desnuda, el vestido esmeralda de Hermione, con un tajo en la pierna izquierda y un sensual escote, era más de lo que podía soportar.

¿Es que no podía haberse puesto un vestido más…conservador? Pensé frustrado mientras caminaba por el jardín.

-Hola George- saludé al pelirrojo con una palmada en la espalda- Hola enano-

Por un momento me olvidé de Hermione y mis incontrolables instintos y cargué a mi sobrino mientras plantaba un sonoro beso en su cabeza llena de cabellos rojos.

-Tío! Ya te dije que estoy grande para los besos! Eso es de niñas!-

Lo miré hacer un puchero y sin poder evitarlo, solté una gran carcajada al escucharlo, y aquello me ayudó a liberar un poco la tensión que había acumulado en la última hora. Por mi salud mental, decidí que lo mejor sería no dirigir mi mirada a la mujer de cabello castaño al otro lado del jardín en un buen tiempo.

-¿Vas a privarle a tu tío favorito la oportunidad de mimar a su sobrino favorito?-

Riendo con fuerza, le planté un fuerte beso en la mejilla y se pasó la mano por la zona con fuerza mientras hacía un mohín con la nariz.

-Tío, por favor!-

Juntos, Dean, George y yo reímos con fuerza hasta que una melodiosa y conocida voz nos interrumpió.

-Hola, Harry-

Contuve una maldición y dejé a Fred en el suelo para voltear a mirar a Ginny quien, enfundada en un provocativo vestido rojo, me devolvió una mirada coqueta.

-Hola, Ginny-

Nos miramos durante unos instantes hasta que detrás de mí, un incómodo Dean carraspeó para llamar la atención de Ginny.

-Hola hermanito! Hola Dean!- los besó a ambos y después miró a Fred- Hola sobrinito!-

-Hola tía Ginny!- contestó Fred emocionado mientras se abrazaba a la pierna de su tía.

Después de todo, Fred adoraba a Ginny y viceversa, y seríamos sus tíos favoritos sin importar nuestra situación.

Ahora que nadie me veía y aprovechando que Fred había captado la completa atención de Ginny, me giré en redondo y me alejé lo más rápido posible a un lugar seguro. Lo mejor era también alejarme de Ginny por mi salud mental.

Media hora más tarde y con todos los presentes acomodados en las sillas frente al altar, Neville hizo su entrada mientras yo me acomodaba a un lado de Dean junto con los demás padrinos. Frente a nosotros, un montón de amigas de Hannah y ex alumnas de Hufflepuff que no reconocía nos miraban con sonrisas algo fingidas pero emocionadas.

Algo nervioso pero feliz, Neville llegó hasta nuestro lado y momentos después Hannah hizo su entrada vestida con su hermoso vestido blanco. Mientras caminaba por el pasillo hasta el altar, escuché los suspiros de las mujeres entre la multitud, y sin poder evitarlo, mi mirada se posó en Hermione y mi corazón se encogió un poco.

Con los labios apretados con fuerza y su mandíbula algo temblorosa, parecía estar a punto de llorar. Y estaba seguro que aquella mirada no era de emoción.

Era de nostalgia. De melancolía. De tristeza. Estaba recordando.

Incapaz de seguir mirándola un momento más, me giré para mirar a los novios juntarse en el altar mientras el sacerdote nos pedía que tomáramos asiento para que la ceremonia comenzara.

Una hora más tarde, todavía la miraba a ella.

-…yo los declaro, marido y mujer-

La voz del sacerdote me sacó de mi ensueño y un montón de aplausos y vítores resonaron en el lugar mientras los novios se besaban dulcemente frente a nosotros. Yo también me uní a los aplausos, y miré a Hermione hacer lo mismo mientras me regresaba la mirada y una tierna sonrisa.

Y sin poder evitarlo, una sonrisa se plantó en mi cara y sonreímos juntos mientras seguíamos aplaudiendo.


~Hermione's POV~

Cuando la rítmica canción terminó George y yo nos separamos para aplaudir a la banda apostada al final de la pista, y con una exagerada reverencia al final mi cuñado- aún lo consideraba así- me tomó de la mano para regresar a las mesas mientras yo reía.

-Después de usted, hermosa dama-

-Muchísimas gracias señor- le seguí la corriente mientras tomaba su mano y me dejaba guiar hasta nuestra mesa- Es usted todo un caballero-

-Y tu una excelente bailarina- siguió con la adulación- Me dejaste molido, Herms!-

-No seas exagerado!- reí con fuerza- Tú también bailas muy bien!-

Una vez en nuestra mesa me senté en mi silla correspondiente mientras George tomaba la mano de su esposa y sin más la arrastraba hasta la pista para seguir bailando. Meneando la cabeza, entorné los ojos al tiempo que me acomodaba en la silla y miraba hacia el otro lado de la pista.

En donde Harry cumplía perfectamente con su labor de ignorarme totalmente.

Suspiré. Conocía a Harry lo suficientemente bien para saber que seguía regañándose y atormentándose por lo que había pasado esa mañana en el baño. Cuando me había visto totalmente desnuda.

Contuve un escalofrío al recordar su oscura y profunda mirada recorriéndome entera.

Soltando otro largo suspiro, me levanté de mi silla y me dirigí a la pequeña barra de bebidas mientras yo intentaba por mi parte ignorar a la mujer pelirroja que nos miraba alternadamente a Harry y a mí mientras platicaba con Lavender Brown.

Pero antes siquiera de poder tomar mi copa de whisky de dragón, mi mejor amiga se atravesó en mi camino y me ofreció una copa. Con un gesto de complicidad, Luna miró a la pista y se pegó a mí mientras comenzaba a hablar con suavidad para que nadie escuchara.

-¿Por qué no has bailado?-

-Acabo de bailar con George!-

-Eso no cuenta…- me cortó sagaz- Me refiero a Harry. Es tu acompañante, deberías bailar con él!-

-Luna, no seas ridícula! Harry no es mi acompañante, y además, sabes bien que él no baila-

-Bailo en Las Tres Escobas cuando fueron las Brujas de Macbeth- levantó una mano para impedir que hablara- Y desde el momento que viene contigo por supuesto que es tu acompañante-

-También viene contigo ¿Recuerdas?- intenté defenderme.

-Herms…- rio ligeramente- Yo vine con ustedes porque Rolf tuvo que irse de nuevo a Alemania unos días y lo sabes-

Incapaz de seguir mirando los inquisitivos ojos azules de mi mejor amiga, miré hacia la pista y fingí observar a los novios que bailaban al centro.

-De cualquier modo ¿Qué es lo que le pasa a Harry? Lo he notado muy extraño desde que llegué a tu casa-

Dijo aquello mientras miraba a Harry al otro lado de la pista, ladeando su cabeza para después dirigir su mirada inocente hacia mí.

-¿En serio? Yo lo veo igual que siempre - me encogí de hombros y tomé otro trago de mi whisky de dragón.

-A mí no me engañas Herms! Y menos tu! Ha estado muy extraño contigo o cuando está a tu alrededor-

Demonios. ¿Cómo es que Luna a veces podía ser tan…observadora?

-Fue una tontería- de un trago me acabé mi whisky- Algo sin importancia, en serio-

-Bueno, eso no importa, ya en serio- me miró curiosa- ¿Qué es lo que le pasa que está tan extraño?-

Sabiendo que Luna no me dejaría en paz hasta que le dijera, contuve el aliento y mordiendo mi labio me acerqué a ella para hablar en voz baja.

-Harry me vio saliendo de la ducha está mañana- solté el aliento y sonreí ligeramente mientras cerraba los ojos- Desnuda-

-¿Qué?-

El grito estridente acaparó varias miradas, y mientras yo intentaba con todas mis fuerzas no reír sintiendo mis mejillas arder, callé a una eufórica Luna colocando mis manos sobre su boca. Con los ojos brillantes, Luna aferró mis manos y soltó una risita traviesa.

-Ay por Merlín! Pero que nervios!-

-Cállate Luna!-

-Ahora entiendo porque lo encontré tan…acalorado cuando abrió la puerta ¿Acababa de pasar verdad?-

Sin poder evitar emocionarme al escuchar el término "acalorado", intenté no parecer igual de eufórica que ella y con una mirada serena asentí.

-Sí, por eso ha estado evitándome todo este tiempo!-

-Es un reverendo idiota- Luna rio con ganas, yo la miré extrañada- Y tu también por no aclarar nada con él, el pobre debe estar apenadísimo!-

Hasta ese momento, aquella idea no me había cruzado la mente para nada.

-¿Qué? ¿Por qué iba a estarlo? Fue un accidente!-

-Pues ve y díselo tonta! Conociendo a Harry debe estar sufriendo un calvario pensando que estás molesta! Ve!-

Con un empujón para nada discreto, Luna me aventó a la pista y yo la miré con una mueca. Abriendo sus ojos de par en par a modo de regaño, Luna hizo señas con las manos para que siguiera caminando. Estaba dispuesta a lograr que hablara con Harry.

Y yo también. Soltando el aire contenido, caminé por la orilla de la pista hasta llegar a la sección del jardín donde Harry se encontraba de espaldas a mí.

Paciente, esperé al momento en el que el grupo dejó de charlar y finalmente todos se dispersaron mientras Harry se quedaba en su lugar con su copa en mano. Antes de que pudiera dar un solo paso, lo tomé por el brazo y lo obligué a mirarme.

-Hola-

-Ah…- sus mejillas se tiñeron de escarlata en cuanto me vio- Hola, Herms-

-No te he visto en toda la tarde- le dije sonriente- Y no has bailado conmigo-

Como si quisiera evitar mi mirada a toda costa, Harry pareció entretenerse con una mosca que pasaba sobre mi cabeza en ese momento.

-Sabes que bailo peor que un hipogrifo con mareo- miró mis pies calzados en los tacones de aguja- Además no quiero lastimarte los pies, suficiente con la vez pasada-

Sentía la tensión que emanaba cada parte de su cuerpo, y no pude evitar sonreír al observar su repentina timidez. Como lo más natural del mundo, tomé su brazo y comencé a arrastrarlo hasta la pista.

-No seas ridículo- dije sonriente mientras entrabamos al espacio abarrotado de gente- No lo hiciste tan mal la última vez, además soy yo la que te lo está pidiendo-

Una vez en el centro Harry se limitó a quedarse parado frente a mí con sus brazos laxos a cada lado de su cuerpo, mirándome sin tener la menor idea de que hacer. Conteniendo la risa, me pegué a él un poco más de lo que el decoro y la canción ameritaba y tomando su brazo lo enganché a mi cintura mientras mi mano se unía a la suya.

Como única respuesta, Harry reparó ante el contacto y conteniendo el aliento comenzó a moverse al ritmo lento y suave que había empezado a marcar.

-¿Ves? No es tan difícil- no contestó ni me miró a los ojos, yo sonreí- Creo que ya se está volviendo costumbre que sea yo quien te invite a bailar-

Pero ni el comentario ni la suave risa que le siguió lograron romper la tensión de Harry, que se limitaba a seguirme mientras miraba sobre mi cabeza a las demás parejas que nos acompañaban.

Suspiré, era el momento de ser directa.

-Harry, quiero decirte algo….-

-Dime-

-Mírame, Harry-

Al darme cuenta que seguía sin mirarme, tomé su rostro con mi mano y lo obligué a bajar la vista hasta que sus brillantes ojos jade se toparon con los míos.

-¿Estás apenado por lo que pasó está mañana?-

-Hermione, tienes que saber que no era mi intención…-

-Yo sé que no era tu intención Harry! Por lo mismo no tienes porque sentirte apenado conmigo…- no contestó pero por lo menos seguía mirándome- Vivimos juntos, en cualquier momento algo así podría pasar-

-Pero es que…-

-Fue un accidente- le dije sonriente- Y no es como si fuera la primera mujer desnuda que ves…-

Al decir aquello, Harry pareció reprimir un escalofrío e inconscientemente aferró su mano a mi baja espalda mientras me miraba.

-No, no lo eres-

Dijo aquello con una mueca mientras sus brazos se relajaban un poco alrededor de mí, y cuando me devolvió una amplia sonrisa supe que era de puro alivio. Incapaz de contenerme, coloqué mis brazos alrededor de su cuello y me abracé a él con fuerza mientras el ritmo de la música cambiaba y se convertía en uno acelerado.

Minutos después, yo solo podía reír ante los intentos en vano de Harry por bailar mientras la música seguía sonando. Él solo me daba vueltas en la pista para después pegarme a su pecho con fuerza y contagiado por mis risas, él me siguió poco después.

Y mientras bailábamos, las ligeras risas se convirtieron en carcajadas.


~Harry's POV~

-Buscaré algo de ponche del otro lado ¿Quieren algo?-

Exhaustas después de tanto baile y abanicándose con la mano, Hermione, Luna y Parvati negaron con la cabeza y sonrieron.

-Estamos bien- dijo Luna sonriente- Ahora ve y déjanos descansar-

Riendo junto a unos igualmente acalorados George, Seamus y Dean, asentí con la cabeza y me dirigí al extremo del oscuro jardín que se encontraba rodeando una de las esquinas de la casa y que en aquellos momentos se encontraba completamente solo.

Llegué a la mesa de bebidas y tomando un vaso de los tantos que se iban llenando solos de ponche, tomé un largo trago que me resultó revitalizador.

-Vaya vaya…miren a quien me encontré-

A punto de atragantarme con el líquido, di media vuelta para toparme con mi despampanante ex esposa envuelta en su sensual vestido rojo, sosteniendo una copa de whisky de dragón mientras me miraba con su cabeza ladeada.

-Hola…Ginny-

-Hola de nuevo, Harry- se acercó peligrosamente a mí- Me has ignorado toda la noche- sonrió con sorna- Y creí que habíamos quedado en ser amigos-

-No ha sido mi intención Ginny, estuve…-

-Bailando toda la noche con tu amante, claro, lo entiendo-

Como si me hubiera echado un cubetazo de agua fría, la miré con mis ojos abiertos de par en par mientras sentía el enojo adueñarse de mí.

-¿De qué estás hablando, Ginevra?- repliqué molesto mientras dejaba mi vaso a un lado- ¿De dónde has sacado esa estupidez?-

-No es ninguna estupidez, has estado revolcándote con la viuda de tu mejor amigo-

Dijo aquello como lo más natural del mundo y se acercó aún más a mí mientras dejaba su copa en la mesa que tenía atrás. Con una sonrisa casi descarada, se pegó a mi pecho y sus manos comenzaron a vagar lujuriosas sobre mi abdomen.

Contuve un escalofrío al darme cuenta que Ginny estaba aún consciente.

-Y dime…¿Es mejor que yo?- sonrió burlona- Porque me imagino que algunas manías debe tener para que tu hayas decidido correrme de tu casa e irte a vivir con ella inmediatamente-

Igual pudo darme una bofetada.

-¿Có…cómo lo sabes?-

-Ay por favor Harry, no es muy difícil percibirlo- subió sus manos hasta mi pecho y me miró- Y cuando sospecho algo lo compruebo-

No dije nada. Ella seguía acariciando sugestivamente por encima de la ropa, y me pregunté cómo es que nunca antes me había dado cuenta de lo caprichosa, frívola e inconsciente que Ginny podía llegar a ser.

Me dije que la única respuesta a eso era por lo mucho que la amaba.

-De todas formas ya fui a ponerla a ella en su lugar…aunque parece que no entendió-

Y como si me hubieran golpeado la cabeza, recordé perfectamente aquella tarde en el Ministerio cuando Hermione me había tratado tan indiferente y me había pedido que nos mantuviéramos alejados lo más posible.

Hacer aquella conexión con lo que Ginny me decía fue de lo más sencillo.

-¿Qué has dicho? ¿Qué le dijiste a Hermione, Ginny?-

-Ay relájate…- dijo con una sonrisa y me miró traviesa- No es como que me haya hecho mucho caso-

Sintiendo mi cabeza a punto de estallar por las actitudes tan extrañas y cambiantes de Ginny, la tomé por los hombros y la obligué a mirarme. No entendía que rayos pasaba por su cabeza, pero sin duda alguna la mujer de la que había estado perdidamente enamorado tanto tiempo parecía ser otra.

O parecía apenas estarla descubriendo. Y aunque no quería admitirlo, me dolía.

-No entiendo por qué haces esto- le dije, obligándola a mirarme a los ojos- Tú fuiste la que me pidió el divorcio, y te lo di- hablaba con desesperación- Te di la libertad que querías, y luego vuelves como si quisieras todo lo contrario-

-Por favor Harry, no seas tan melodramático-

Se acercó a mí lo suficiente mientras sus manos descendían de nuevo por mi abdomen, y yo detuve sus manos y agarré sus muñecas con fuerza.

-Sinceramente ya me estoy cansando de tu jueguito, Ginny- escupí, con su rostro a escasos centímetros de los míos- ¿Qué es lo que quieres?-

-A ti-

Y sin darme tiempo a reaccionar, Ginny unió sus labios a los míos en un salvaje beso mientras colgaba sus brazos alrededor de mi cuello. Con desesperación y casi con fiereza, Ginny me besaba y se pegaba a mí mientras yo intentaba entender que rayos estaba pasando.

Segundos después, aún no sabía qué rayos hacer para quitármela de encima.

Lo único que sí sabía era que quería hacerlo cuanto antes.


~Hermione's POV~

Después de varios minutos en los que Harry no había regresado, me levanté de mi silla y miré a Luna.

-Iré a buscar a Harry y de paso por un poco de whisky- dije sin darle tiempo a reírse- ¿Quieres algo?-

-No- sonriendo de medio lado, se arrellanó en su silla- Suerte buscando tu whisky-

Fingiendo no entender su sarcasmo, entorné los ojos y me dirigí a la mesa de bebidas que quedaba al otro lado de la enorme casa de los padres de Hannah para buscar mi whisky y a Harry.

Cuando di media vuelta en la esquina y llegué a la parte más oscura y alejada del jardín, me quedé de una pieza en mi lugar. Frente a mí y completamente sumergidos en su burbuja, Harry y Ginny se estaban besando.

Y no era cualquier beso.

De espaldas a mí, el cabello rojo de Ginny y el tono de su piel era inconfundible, y con sus brazos enganchados en el cuello de Harry, tenía su cuerpo pegado al suyo mientras lo besaba de manera casi salvaje.

Abriendo mis ojos de par en par y temiendo ser descubierta, me escondí detrás del muro a mi lado y seguí mirando la escena que me parecía casi irreal. O al menos eso quería.

No supe cuanto tiempo estuve ahí. Tal vez minutos, tal vez segundos, pero lo que sí sabía era que había visto suficiente. Lo suficiente para darme cuenta que Harry no hacía nada por retirarse.

Lo suficiente para saber que no podía seguir soportando verlos.

Tomando una larga bocanada de aire y apretando mi mandíbula, di media vuelta y me dirigí a mi mesa de nuevo con aquella imagen grabada en mi mente con fuego. Y por más que quise, no pude evitar sentir una opresión en el pecho y un nudo en la garganta al recordarlo.

Y un miedo inmenso al darme cuenta que esa sensación no la había vuelto a sentir desde hacía cinco años.

Demonios. Estaba en peligro de nuevo. En serio peligro.


¿Review?