"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Hola! Cómo están los increíbles fans del Harmony? Aquí les traigo un nuevo capítulo que espero disfruten muchísimo! Sé que ésta vez me tardé un poco más en actualizar, pero estuve algo ocupada últimamente y éste capítulo me resultó tan difícil de escribir que simplemente no podía terminarlo.

Como se darán cuenta, éste capítulo vuelve a mostrar la faceta de una Hermione herida y confundida- y que puede hacernos perder los estribos un poco- igual que un Harry algo frustrado que pagará caro el "error" del capítulo pasado. Pero considérenlo un despertar (POR FIN!) de nuestros personajes y una preparación para los siguientes capítulos que prometo nos llevarán por una montaña rusa de emociones fuertes y con mucho Harmony manifestado en todas las maneras posibles.

Así que si en algún momento quieren estrangular a alguno de estos dos lo entenderé perfectamente, solo sean piadosos ;)

Y sobre todo, disfruten!

Capítulo 12°: Realidades Bajo Lluvia

~Harry's POV~

Cuando por fin me di cuenta de lo que estaba pasando y pude reaccionar, empujé a Ginny lejos de mí y me limpié los labios mientras la miraba con ceño fruncido. Aunque yo mismo estaba sorprendido por mis reacciones, de algo estaba completamente seguro.

Aquél beso no había significado nada para mí. Absolutamente nada.

-Basta ya Ginny- le dije entre dientes y la tomé por los brazos- Déjate de jueguitos-

-No son jueguitos, Harry- me tomó el mentón con una mano- Estoy hablando completamente en serio-

Sin decir nada más, se acercó a mí lo suficiente para pasear descaradamente sus labios sobre los míos. Y yo seguía sin creer que aquella mujer había sido alguna vez mi esposa. ¿Cómo rayos había podido ser tan ciego?

-Pero igual creo que ahorita sigues emocionado con tu nueva amante, así que te daré tiempo-

-Hermione no es mi amante- dije casi rabioso- No te atrevas a llamarla así-

-Vaya ¿Ahora la defiendes? Sólo eso faltaba-

Con una sonrisa en el rostro, Ginny se zafó del amarre de mis manos y comenzó a alejarse muy lentamente de mí.

-Creo que lo mejor será que te deje solo- tomó la copa que se encontraba en la mesa y me miró seriamente- Nos vemos, Harry-

Dando media vuelta, comenzó a caminar de regreso al jardín en donde todos se encontraban disfrutando de la velada. Yo me quedé parado mirando cómo regresaba a su mesa mientras intentaba descifrar que rayos había pasado. Pero sobre todo, que rayos era lo que pretendía.

Me quedé unos instantes más en mi lugar mirando a la nada, hasta que pronto recordé que al otro lado del jardín se encontraban mis amigos y finalmente terminé por reaccionar. Meneando la cabeza de un lado a otro mientras arreglaba el cuello de mi camisa, atravesé la pista hasta que estuve en la mesa donde todos se encontraban sentados.

Todos menos Hermione.

Por un momento un sentimiento de ansiedad me inundó por completo. Tomando una larga bocanada de aire, me dije que eran puras tonterías y solté el aire contenido.

-¿En dónde está Hermione?- pregunté a Luna una vez me senté a su lado.

Como respuesta, mi amiga rubia me miró con ceño fruncido y una mirada de confusión pura.

-¿Qué no estaba…?-

Antes de que Luna pudiera terminar, Hermione apareció frente a la mesa con el maquillaje retocado y una sonrisa en el rostro. Al mirarla, el alivio que me inundó fue tan grande que no pude evitar soltar un suspiro.

-Herms! ¿En dónde estabas?- Luna fue la primera en hablar- ¿Qué no habías ido a…?-

Y de nuevo Luna se vio interrumpida por la suave voz de Hermione quien aún de pie y con sus manos en el respaldo de su silla, se encogió de hombros con una sonrisa despreocupada y sacó la silla para sentarse.

-¿Al tocador? - tomó su copa de whisky aún sin terminar- Sí, fui al baño a refrescarme, moría de calor!-

Despreocupada, tranquila, igual que como la había dejado diez minutos antes. Conteniendo otro gemido de sincero alivio al escucharla decir aquello, tomé un trago de mi bebida y la miré fijamente esperando que ella me devolviera la mirada.

Esperando que sus hermosos ojos castaños me dieran la paz que necesitaba en esos momentos y que solo ella podía brindarme.

Pero no me miró en ningún instante. Igual de animada como había estado toda la noche, no nos miró ni a Luna ni a mí y en cambio, giró su cabeza hacia la pista y siguió tomando de su copa mientras miraba a las parejas bailar.

A mi lado, no pude evitar darme cuenta del pronunciado ceño de Luna.

Con una mueca, mi amiga rubia se inclinó sobre la mesa lo suficiente para tocar el hombro de Hermione y llamar su atención. Pero antes de que Hermione pudiera voltear a verla, Seamus se acercó a la mesa y con una sonrisa de oreja a oreja la sacó a bailar mientras ella dejaba su copa en la mesa y se dejaba guiar hasta la pista.

En donde siguió bailando como lo había estado haciendo las últimas horas.

~o~

Mucho más tarde esa madrugada, cuando la mayoría de los invitados se había ido y en las pocas mesas solo quedábamos los familiares y amigos cercanos de Neville y Hannah, el pequeño grupo que quedaba en el jardín comenzaba a despedirse mientras deseaban a la pareja la mejor de las suertes y felicidad.

Incapaz de evitarlo, dirigí la mirada a la mujer castaña enfundada en color esmeralda que no me había vuelto a dirigir la palabra en toda la noche. La miré felicitar a Neville y darle un fuerte abrazo mientras sus ojos se ponían algo acuosos de la emoción, y no pude evitar sentir aquella calidez que siempre sentía cuando la tenía cerca.

Y aunque había querido hacerlo, no podía negar que en esos momentos lo único que quería hacer era irme a casa y tirarnos en la cama para dormir abrazados y entrepiernados.

Mi cuerpo palpitó de emoción.

Finalmente y después de miles de abrazos y despedidas, Luna, Hermione y yo nos dirigimos a un rincón del jardín y tomándonos de las manos nos aparecimos frente a la puerta de la casa de Luna.

-Buenas noches, Luna- le dije mientras le daba un pequeño abrazo y un beso en la frente- Cuídate y cualquier cosa que necesites no dudes en llamarnos-

-Lo haré, gracias Harry- me sonrió dulcemente- Buenas noches-

A mi lado, Hermione se adelantó para darle un abrazo a su amiga mientras Luna le devolvía un susurro al oído. A su lado, yo fingí entretenerme con los duraznos dirigibles frente a mí mientras aguzaba el oído.

-Hablamos mañana- susurró Luna- Te buscaré o te llamaré-

-De acuerdo-

Fue todo lo que escuché de Hermione antes de que se separara de ella. Con una expresión impasible, se alejó de ella y se colocó a mi lado mientras me ofrecía su mano para que la tomara. Y me sentí estúpido al emocionarme tanto.

Era la primera vez que tenía contacto conmigo desde hacía horas.

Sintiendo una descarga eléctrica recorrer mi cuerpo al tomar su mano, nos aparecimos frente a casa y en un extraño silencio caminamos hacia la puerta y entramos al lugar en penumbras.

-Al fin- susurré quedamente cerrando la puerta detrás de mí- Estoy muerto-

Dije aquello mientras soltaba un quejido cansado y me quitaba el saco para dejarlo en el perchero de la puerta. Sin voltear a verm, Hermione caminó hasta la sala y se sentó en el sofá para comenzar a quitarse los pendientes y el collar que llevaba puestos.

Completamente idiotizado, miré la curva de su largo y estilizado cuello mientras se estiraba un poco, y por un momento tuve que concentrar todas mis fuerzas en impedir llevar mis manos a su cuerpo y hacerla mía.

Demonios, de nuevo el alcohol se me había subido a la cabeza.

-Sí- susurró secamente y dejó las joyas en la mesita de la sala- Fue una noche agitada-

Ni siquiera me miró a los ojos. Concentrada en cualquier punto de la pared detrás de mí, llevó sus manos a su cabello para deshacer el delicado peinado mientras me ignoraba de manera triunfal. Y en ese momento no me quedó la menor duda de que algo extraño le pasaba a Hermione.

-¿Quieres…- comencé algo indeciso- ¿Quieres que vayamos a dormir?-

Sabía el tono sugestivo con el que había hecho la pregunta, pero en aquellos momentos no me importaba nada más que volver a tener su calor, su aroma y su cuerpo cerca de mí y llenarme de ellos hasta calmar un poco aquella ansiedad que me carcomía por dentro desde que la había visto desnuda esa tarde.

Desde que había confirmado que en efecto, Hermione era un paraíso encarnado que no podía tener.

-Sí, lo mejor será que vayamos a dormir-

Se levantó abruptamente de su asiento y comenzó a caminar hacia las escaleras con sus zapatos en la mano hasta que llegó al primer escalón. Como recordando algo, giró su cabeza lo suficiente para mirarme y me sonrió por primera vez después de varias horas. Una sonrisa hueca, falsa…

Triste.

-Buenas noches, Harry-

Sin mayor ceremonia, subió las escaleras hasta su habitación y escuché como la puerta se cerraba de un simple portazo mientras me quedaba helado en mi lugar.

Aún sin entender muy bien qué rayos había pasado, subí hasta mi habitación y cerré la puerta de igual manera. Me quité el incomodo traje que no aguantaba, me puse algo para dormir y me metí entre las sábanas para mirar el techo encima de mí.

Enfadado, recordé la actitud de Hermione en la boda y su seca despedida antes de acostarse. ¿O tal vez lo había imaginado? Decidido a esperar, miré el techo encima de mí durante casi media hora mientras estaba atento a cualquier indicio de que Hermione saliera de su cama para venir a la mía. Pero nunca sucedió.

Por un momento quise levantarme y ser yo el que fuera a su habitación y se metiera a su cama, pero su actitud seca y el hecho de que ese era la habitación que había compartido con Ron me detuvieron al instante.

No podía hacerlo, simplemente no podía entrar a esa habitación, meterme en esa cama y dormir con su mujer.

Una hora más tarde y con una sensación agridulce llenándome el pecho, cerré los ojos vencido por el sueño y contuve una maldición al darme cuenta que esa noche dormiría solo.


~Hermione's POV~

Hecha un ovillo en la cama, me acurruqué más entre las sábanas y cerré mis ojos con fuerza, obligándome por enésima vez a cerrar los ojos y dormir de una buena vez. Llevaba casi una hora dando vueltas en mi cama, luchando contra el inmenso deseo de escabullirme al cuarto de Harry para meterme entre sus sábanas y acurrucarme contra él.

Y en aquél momento no pude sentir más asco de mí misma.

Deseaba estar en la cama de Harry mientras dormía en la que alguna vez había compartido con Ron. Con mi esposo.

Maldita sea, Hermione, duérmete de una buena vez. Me recriminó mi conciencia por enésima vez en la última media hora, y dispuesta a hacerlo di media vuelta y me acurruqué entre las sábanas.

Pero como si mi mente quisiera jugarme una broma, aquella imagen que se había negado a irse en las últimas horas se instaló de nuevo en los pliegues de mi memoria y volvió a atormentarme de nuevo.

Harry y Ginny besándose a unos metros de mí, sus cuerpos pegados, sus labios unidos, los brazos de ella alrededor de él mientras lo besaba casi salvajemente. La imagen comenzó a hacerse cada vez más nítida, y de nuevo aquella horrible sensación en el pecho me atacó tan de golpe que tuve que obligarme a respirar lentamente para serenarme.

Pero la sentía, estaba ahí, latente. Esa sensación de pesadez dentro de mí, como si mi corazón fuera una enorme roca que se había instalado en mi garganta, impidiéndome respirar. Esa sensación que había sentido por última vez hacía más de cuatro años, el día de su boda.

Y sin poder evitarlo, otra terrible sensación se instaló en mi pecho antes de que me dejara vencer por el sueño y cerrara los ojos hasta perderme en la inconsciencia.

Miedo.

~o~

El ligero e incesante sonidito de mi celular sonando a la distancia me despertó esa mañana. Aún algo adormilada y torpe, abrí los ojos y la luz del sol me pegó de lleno en el rostro mientras yo hacía un puchero de fastidio.

Cuando por fin pude deshacerme de las sábanas enredadas en mis piernas, salí de la cama dando traspiés y sin mirar el autor de la llamada tomé mi celular y levanté la tapa.

Después de todo ya sabía quién era.

-Bueno- contesté dando un bostezo mientras tallaba mi ojo.

-Tú! ¿Pero qué mosco fue el que te picó anoche?-

El grito chillón de mi mejor amiga al otro lado de la línea terminó por despertarme.

-Por Dios, baja la voz Luna! No estoy sorda!-

-No, lo que estás es loca- contraatacó- Tienes que explicarme porque rayos regresaste tan extraña anoche a la mesa, porque no entendí absolutamente nada-

-Luna…-

-Tienes que venir inmediatamente- dijo interrumpiéndome- ¿O quieres que yo vaya y…?-

-No!- corté de inmediato y tomé aire- Yo iré a tu casa, espérame ahí en quince minutos-

Aunque no planeaba ocultarle nada a Luna, la idea de que viniera a casa no ayudaba para nada si Harry estaba aquí. Y además, ir a la casa de Luna me daba la excusa perfecta para salirme y no ver a Harry en un buen rato.

Con todo lo que estaba pasando en mi cabeza en esos momentos, lo mejor era no estar cerca de él.

-De acuerdo, salgo para allá-

Una vez cerré la tapa del móvil, lo aventé a la cama y corrí a mi baño en donde me puse lo primero que encontré y bajé las escaleras con cuidado de no hacer ruido. Era domingo por las 8:00 y sabía que después de la noche anterior lo más seguro era que Harry aún estuviera durmiendo, pero de todos modos quise asegurarme y cuidando que mis pisadas no se escucharan miré la planta baja con algo de miedo.

Aliviada de no verlo por ningún lado, solté un largo suspiro y tomando las llaves de la mesita del recibidor salí de la casa y caminé hacia la esquina para aparecerme en casa de Luna.

~o~

-¿¡Qué has dicho!-

-Lo que oíste- contesté encogiéndome de hombros mientras tomaba un sorbo de mi taza.

-Pero es que…¡Besándose!- Luna abrió sus ojos de par en par- No entiendo que les pasa, firmaron el divorcio hace cuatro meses!-

-¿Y?- me encogí de hombros de nuevo- Eso tampoco les impidió revolcarse a sus anchas después de la muerte de…de Ron-

Me di cuenta del resentimiento con el que dije aquello, y por un momento quise morderme la lengua por bocona. Desde que había llegado a casa de Luna, había estado tomando fuerza de cualquier lugar para no estallar.

-Ay pero que coraje!- Luna se cruzó de brazos- Lamento decírtelo, pero estos últimos meses Ginny no ha hecho más que caerme peor-

-Yo no la culpo, en realidad- comencé distraída mirando mi taza- Cualquier mujer daría lo que fuera por estar con Harry, y lo más seguro es que Ginny haya empezado a entrar en razón y se dio cuenta lo estúpida que fue-

Cuando me di cuenta de lo que había dicho ya era muy tarde, sin embargo, Luna se hizo la desentendida y mirándome con burla cambió el tema.

-Y…entonces simplemente ¿Te fuiste de ahí? ¿No te anunciaste ni nada?-

Por un momento, la miré como si hubiera perdido la razón.

-¿Y por qué iba a hacerlo? En todo caso los estaba interrumpiendo-

-¿Cómo que por qué ibas a hacerlo?- Luna me miró histérica- Pues para separarlos! No debió haber sido nada agradable para ti verlos y…-

Se calló al instante en cuanto miró mis ojos abiertos de par en par, y claramente arrepentida de haber dicho aquello se mordió el labio y miró hacia otro lado.

-¿Qué quieres decir, Luna?-

-Nada, Herms…es solo que…- meneó la cabeza- Tu sufrías tanto al verlo con Ginny que…-

-Tú misma lo dijiste, Luna, sufría- mirándola con expresión inquebrantable, me levanté de la silla y caminé hasta la ventana, mirando el campo verde que se extendía frente a mí- Eso murió hace mucho tiempo-

De nuevo, la escena de Harry y Ginny besándose a sus anchas me atacó de nuevo y sentí un nudo en la garganta. ¿En serio había muerto?

-Pero es que lo querías tanto que, no sé…-

-Ya te lo dije, lo quería! Tiempo pasado!- algo desesperada, volteé a mirarla y subí el tono de voz- No sé porque insistes en esas insinuaciones sin sentido-

-¿Estás segura que son sin sentido, Herms?- me retó, cruzándose de brazos en su sofá.

Por un momento quise volver el tiempo atrás cinco años y haberme escondido mejor entre los arbustos esa tarde cuando había llorado por Harry. Luna no estaba ayudando en nada a calmar los malditos sentimientos que comenzaban a bullir en mi interior sin remedio.

-Por supuesto- dije por fin, suspirando- Si, es cierto que lo quise más que a mi vida y que sufrí muchísimo cuando se casó con Ginny- la miré desesperada- Pero todo eso cambió cuando Ron y yo nos casamos y lo sabes! Lo amé a él!-

Enderezándose sobre el sillón, Luna se sentó en el borde y apoyando sus codos en sus rodillas se adelantó hacia mí y me miró con ternura.

-Pero Ron ya no está, Hermione, y esa es otra realidad que tienes que ir aceptando-

Como si me hubiera aventado un cubetazo de agua fría, una sensación helada me recorrió el pecho y sentí que me quedaba sin aire al escucharla decir lo último. En ese momento me di cuenta que durante esos últimos dos meses había sido una idiota.

Una idiota que había pensado que estaría bien dejarse cuidar y querer por un hombre que no era mi esposo, pues aquello era algo temporal. Pero no lo era.

Era una realidad que tenía que ir aceptando.

Aquella verdad me pegó tan fuerte que me quedé callada en mi lugar, conteniendo las ganas de gritar, llorar y patalear como una niña pequeña a la que le han quitado su muñeca. A la que le han arrebatado todo.

-Bueno, será mejor que cambiemos el tema- dije por fin- No tengo ganas de tocar ese asunto por ahora-

Detrás de mí, escuché el suspiro de Luna mientras tomaba las tazas de té y se alejaba a la cocina por una nueva tanda.

Durante las dos horas siguientes hablamos sobre la boda, los vestidos, la novia, la familia y la música mientras tomábamos el té. Los nombres de Harry, Ron o Ginny no volvieron a mencionarse.

Cuando por fin me despedí de Luna y caminé un tramo del jardín para poder aparecerme, me mordí el labio inferior nerviosa al recordar quien me esperaba en casa y seguramente enfadado después de mi actitud la noche anterior.

De todas maneras creía que verlo de frente tal vez me ayudaría a aplacar mis dilemas existenciales, y armándome de valor, inspiré hondo y me aparecí frente a casa.

Una vez dentro, dejé las llaves en la mesita y caminé a la cocina para tomar un dulce de regaliz mientras me quitaba el ligero suéter que llevaba encima. Y cuando levanté la vista y mis ojos se encontraron con los esmeralda de Harry, contuve una maldición.

Y las malditas ganas de gritarle y golpearlo por hacerme sentir tanta rabia al verlo besarse con Ginny.

Demonios. Creo que regresar a casa no había sido buena idea después de todo.

-¿Dónde estuviste?-

Hasta entonces no me había percatado de lo serio que Harry estaba, con sus brazos cruzados y su cadera apoyada en la barra del centro, mirándome con una mezcla de enfado y desesperación.

-Fui…fui a ver a Luna- incapaz de mirarlo, pasé por su lado y tomé un dulce de regaliz del tarro que se encontraba a mi altura- Necesitaba platicar con ella-

Con la mirada gacha, pasé de nuevo por su lado rozando su brazo y me detuve en el marco de la puerta sin voltear a mirarlo.

-Iré a dormir un poco más, estoy muerta por lo de anoche-

Y sin más, me dirigí escaleras arriba rápidamente mientras intentaba serenar los fuertes latidos de mi corazón. Cerrando de un portazo, me tiré en la cama y solté un largo suspiro.

Solo esperaba que mañana todo fuera diferente.


~Harry's POV~

Si había pensado que la actitud seca y distante de Hermione se le pasaría estaba muy equivocado. Al contrario, tres días después con todo y sus noches durmiendo solo, la actitud de Hermione no había hecho más que empeorar.

Desde el día que había regresado de casa de Luna y se había encerrado en su cuarto toda la tarde, las únicas ocasiones en las que la había visto habían sido en el Ministerio, cuando por cualquier excusa la buscaba en su oficina e intentaba descifrar que rayos le pasaba.

Alegando trabajo, cansancio e incluso dolores de cabeza, había rechazado invitaciones a comer, a salir a pasear por el centro de Londres e incluso a ver una película después del trabajo, y simplemente se limitaba a cenar conmigo en silencio para después encerrarse en su cuarto.

Pero ese día planeaba que todo fuera distinto.

Era 16 de Agosto y conmemoración del nacimiento de Merlín- el mago más importante de la historia- y por supuesto, un feriado muy importante en el mundo de los magos. Así que agradeciendo a todos los magos de la historia que ese día Hermione y yo lo teníamos totalmente libre de trabajo, sonreí para mis adentros al darme cuenta que no podría poner más excusas para huir de mi hoy.

Terminé de colocar el último plato en la mesa del desayuno y miré el reloj de la sala. Conociendo a Hermione, no tardaría más de diez minutos en bajar y esta vez no la iba a dejar escapar hasta que me dijera que rayos le pasaba.

Cinco minutos después, sentado a la mesa mientras leía El Profeta, escuché los suaves pasos resonar en la escalera y fruncí el ceño extrañado. Ese era el inconfundible sonido de unos tacones.

Y cuando la miré entrar en la cocina, ataviada con un pantalón de vestir casual, el cabello recogido en un moño y con su maletín del trabajo, me atraganté con el café y dejé la taza de golpe en la mesa.

-¿Qué haces vestida así?- pregunté sin miramientos, mirándola de arriba abajo con ceño fruncido.

-Iré al trabajo- encogiéndose de hombros, dejó el maletín en el suelo y abrió la nevera- Siento no poder desayunar contigo-

Mirándola como si estuviera completamente loca, me levanté rápidamente de mi lugar mientras ella cerraba la nevera, y por un momento contuve las ganas de gritarle.

Aquella situación había llegado al borde de mi paciencia.

Sin siquiera voltear a mirarme, Hermione pasó por mi lado y continuó su camino hacia la puerta de entrada. Pero esta vez no pensaba dejarlo así. Conteniendo una maldición, la tomé por el codo con fuerza y la obligué a voltearse de un simple tirón, pegándola completamente a mí.

-Es feriado, no veo porque tienes que ir al trabajo-

Mirándome algo nerviosa, Hermione titubeó unos instantes pero no bajó la mirada en ningún instante.

-Dejé algo de papeleo pendiente, quiero aprovechar para avanzarlo y dejarlo listo para mañana-

-Puedes hacerlo mañana- repliqué entre dientes- No creo que no puedo esperar-

-Es…- titubeante, bajó la mirada- Es algo urgente, además puedo aprovechar que no habrá nadie y no tendré interrupciones-

Subiendo la mirada de nuevo, intentó zafarse de mi amarre sin éxito y yo solo atiné a aferrar sus brazos aún con más fuerza mientras la miraba fijamente, intentando decirle sin palabras lo mucho que su actitud me estaba confundiendo y exasperando.

Devolviéndome una mirada interrogante, Hermione se alejó con más fuerza esta vez y yo no tuve más remedio que dejarla ir a regañadientes.

-Te veré más tarde Harry-

Y sin siquiera un beso de despedida o una última mirada, Hermione tomó su maletín del suelo y salió de la casa cerrando la puerta de un simple portazo.

Dejándome plantado en medio de la habitación por enésima vez esa semana.


~Hermione's POV~

Incapaz de seguir escribiendo y archivando, me levanté frustrada de mi silla y cruzándome de brazos me pegué al amplio ventanal mientras soltaba un suspiro. Afuera, Londres se veía cubierto con un montón de nubes oscuras que anunciaban la inevitable lluvia y eran un fiel reflejo de mi estado de ánimo.

Y de nuevo, tuve que reprimir mis ganas de gritar ante el torbellino de sentimientos que me acechaban en esos momentos y que no hacían más que atormentarme.

Encerrada en mi despacho desde hacía horas, no había hecho más que dar vueltas incansables mientras miraba el paisaje detrás de mi ventana, incapaz de salir de ese lugar que en esos momentos representaba mi única protección.

Mi única protección de él.

Inhalando con fuerza reprimí una maldición. Con un demonio, aquella situación se estaba volviendo insoportable.

Si había pensado que mirar a Harry por él iba a ser más fácil conforme los días pasaran, había sido una reverenda estúpida al hacerlo.

Desde esa noche, no podía mirarlo sin querer gritarle lo mucho que me enfurecía que siguiera besuqueándose con Ginny. Y por más que había intentado alejarme de él, Harry no había hecho más que buscarme de todas las maneras posibles, obligándome a buscar cualquier excusa para estar lejos de él aun cuando era lo que menos deseaba.

Y sin embargo, era lo único que podía hacer en aquellos momentos.

Pero ese día todo era diferente. Ese día no podía estar siquiera bajo el mismo techo que él y verlo sin sentir asco por mí misma, así que me había refugiado en mi despacho esperando que aquella sensación desapareciera mágicamente.

Por supuesto había fracasado por completo.

Solo sabía que ese día, solo ese día, no podía estar cerca de él. Ese día…

Miré el enorme calendario que se extendía frente a mí. 17 de Agosto. Dos meses después de ese día, ese maldito día en el que él se había ido, dejándome completamente indefensa y asustada.

Y con Harry de nuevo en mi vida, despertando todo aquello que creía completamente muerto.

Reprimí otra maldición y fijé la mirada de nuevo en el paisaje frente a mí, sintiendo vergüenza por lo cobarde que era, enclaustrada entre las paredes de mi despacho cuando debería estar con él.

Tenía que estar con él, sin importar el enorme miedo que la mera idea me provocaba. En esos momentos lo necesitaba más que nunca.

Decidida, tomé la ligera chaqueta que estaba en el respaldo de mi silla y salí de mi despacho dando un portazo mientras me dirigía a la salida del Ministerio. Una vez fuera y procurando que ningún muggle pasara por ahí, inhalé profundamente para después sentir la conocida sensación de hueco en el estómago mientras era arrastrada al vacío.

Cuando abrí los ojos, el paisaje frente a mí se había transformado y ahora tenía un campo verde lleno de matorrales mientras la Madriguera se alzaba imponente en el centro, algo alejada del lugar.

Pero ese día, La Madriguera era mi último objetivo.

Cerrando mis puños con fuerza, di media vuelta y bajé la mirada hasta posarla en la tumba frente a mí.

-Hola, cariño-

Reprimiendo una sonrisa irónica al saber que no obtendría respuesta alguna, leí el nombre de mi marido grabado en la lápida de mármol negro frente a mí.

Y la primera gota de lluvia me golpeó el rostro.


~Harry's POV~

Terminando de un trago la quinta cerveza de mantequilla, dejé el tarro sobre la mesa y miré por la ventana la espesa masa de nubes negras que se arremolinaban sobre Hogsmeade. En Las Tres Escobas, la gente brindaba y festejaba aquél importante día en el mundo de los magos.

-Por el más grande mago de toda la historia, por el mago que comenzó todo! Por Merlín!-

-Por Merlín!-

Echando una mirada resentida a mí alrededor al escuchar los gritos, me crucé de brazos y apoyándolos en la mesa volví a mirar hacia la ventana.

Para mí, aquél día no podía ser peor.

Hermione no había hecho más que alejarse aún más, y por lo visto, mi cercanía le resultaba tan desagradable que había preferido ir a trabajar en un día de asueto que estar conmigo.

Y a pesar de eso la había ido a buscar al Ministerio media hora antes, solo para darme cuenta por un intendente que la había visto pasar que se había ido desde hacía tiempo.

Frustrado, solté un bufido y miré como las primeras e intensas gotas de lluvia caían sobre el suelo mientras el cielo se tornaba de un gris oscuro. Aquella escena no podía ir más de acuerdo a mi estado de ánimo.

Perdido por completo en el paisaje frente a mí, reflexioné sobre la actitud de Hermione en los últimos días y de nuevo llegué a un callejón sin salida. Después de la boda de Neville, su actitud distante y apática me había llevado casi al extremo de la locura, mientras su renuencia a estar conmigo no solo me frustraba y me desesperaba.

Me hería.

Y la extrañaba, la extrañaba como un estúpido. Extrañaba su adorable sonrisa por las mañanas, nuestras pláticas en las noches y sus intensas carcajadas, el olor de su perfume cuando se inclinaba para decirme algo en secreto. Y también la extrañaba por las noches. La sensación de su cuerpo junto al mío, de sus exquisitas curvas pegadas a mí, alterando todos y cada uno de mis sentidos.

Extrañaba la calidez de su cuerpo, la inocencia de sus caricias inconscientes y la vulnerabilidad cuando se dormía entre mis brazos, arrullada por el calor de mi cuerpo.

Maldición, Hermione ¿Qué rayos pasa contigo? Pensé completamente frustrado, esperando que alguna voz omnipotente me contestara. Hasta ese momento, no me había dado cuenta de lo mucho que la necesitaba y la extrañaba.

-Vaya amigo, no sabes cuánto necesitaba esto-

Sacándome de mi ensimismamiento, escuché la elevada y ronca voz del hombre que se encontraba sentado a unos pasos de mí. A mi lado, una mesa llena de hombres corpulentos que no dejaban de ordenar cerveza de mantequilla, celebraba por todo lo alto aquella ocasión especial.

-Bendito sea el Ministro de Magia que decidió hacer asueto este día-

-Al diablo con eso- contestó otro más borracho que el primero- Qué viva el 17 de Agosto!-

Sintiendo como si me hubieran dado una bofetada, abrí mis ojos de par en par y me levanté de inmediato de mi silla, temiendo haber escuchado mal. ¿Había dicho 17 de Agosto?

-Qué viva Merlín!-

-Viva!-

Aún en shock di media vuelta hacia la mesa, acaparando las miradas de los cinco hombretones que me miraron con curiosidad la cicatriz de la frente, reconociéndome al instante.

-¿Qué has dicho?- pregunté al que parecía estar más borracho. Él me miró casi con miedo.

-¿Qué viva Merlín?-

-No, eso no- meneé la cabeza frustrado- El día…¿Qué día es hoy?- pregunté desesperado, acercándome a los hombres que me miraron con más renuencia aún.

-Dieci…- hipó un poco- Diecisiete de Agosto-

Aquello fue como un cubetazo de agua helada, e ignorando por completo las caras asustadas de los hombres, miré el cielo lleno de nubes negras que se cernía sobre Hogsmeade y reprimí una maldición al darme cuenta de lo estúpido que había sido.

Sabía perfectamente donde se encontraba Hermione.

-Demonios-

Di media vuelta y salí del lugar en menos de un santiamén.


~Hermione's POV~

La lluvia caía sobre mí pero no me importaba en lo absoluto. Lo único que podía hacer era ver la placa de granito negro frente a mí, como si no pudiera creer que en esa lápida se encontraba escrito su nombre.

Un recordatorio crudo y directo de que él estaba muerto. No estaba conmigo.

-No sé…no sé qué hacer Ron- seguí hablando a la nada- No sé cómo seguir…-

No ahora que me sentía tan confundida, completamente perdida en el mar de sentimientos y emociones que me acechaban. Con un demonio ¿Cómo rayos se había atrevido a dejarme así? Sin una maldita idea de cómo seguir.

-Te extraño tanto- susurré para mis adentros, sentada frente a la tumba que no había dejado de ver la última media hora- Te necesito tanto-

Sin dejarme una maldita idea de cómo controlar lo que sentía cuando estaba con él, de lo que me estaba haciendo sentir. De lo que me estaba haciendo volver a sentir.

Sin una idea de cómo controlar aquellos nervios estúpidos cuando lo veía, aquellas ganas de pegarme a él y no soltarlo nunca, de hacerle el amor como tantas veces había soñado y de tenerlo cerca para cuidarme y para protegerme.

De estar con él en todo momento. Porque a él también lo necesitaba a mi lado.

-Tengo que controlarlo- dije segura después de unos momentos, limpiando las lágrimas que me impedían la vista- Te juro que voy a hacerlo-

Lo había hecho durante más de cinco años, y ahora no había razón para que no fuera igual.

La lluvia seguía cayendo sobre mí con fuerza pero llevaba tanto tiempo bajo ella que ya no sentía el frío que antes me calaba hasta los huesos. Veía borroso, pero suponía que era debido a las gotas de lluvia o a las lágrimas, aunque por más que retiraba de mis ojos mi vista era la misma.

-Hermione!-

Escuché un grito amortiguado, un grito con su voz llamándome a la distancia. Demonios, ahora lo estaba alucinando.

Meneando la cabeza de un lado a otro, me levanté como pude del suelo lodoso, sintiendo como mis piernas flaqueaban y todo parecía hacerse más oscuro a mí alrededor.

-Hermione!-

Esta vez escuché el grito fuerte y claro, y cuando no me quedó duda que era Harry el que me llamaba, di media vuelta para encontrarme con sus ojos verdes mirándome con una expresión preocupada mientras gotas de agua escurrían de su cabello y de su ropa.

Con su respiración agitada, me tomó por los hombros mientras me zarandeaba ligeramente.

-¿Acaso estás loca?- me apretó con fuerza con sus manos y me pegó a él- ¿Quieres pescar una pulmonía?-

Mirándolo a través de un manto borroso, abrí mis labios para contestarle pero ningún sonido salió de mi boca, sintiendo como mis piernas dejaban de responderme mientras él me cargaba por la cintura y me miraba con preocupación.

-Hermione!-

Y después de ese grito todo se volvió negro.


~Harry's POV~

Cuando entre a la Madriguera con Hermione en brazos, ambos completamente empapados y ella totalmente inconsciente, los pocos presentes que estaban en la sala nos miraron con ojos como platos y se levantaron de golpe.

-Harry! Por Dios!- Molly fue la primera en correr hacía nosotros- Hermione! ¿Pero qué ha pasado?-

-Se desmayó- dije lo obvio y caminé con ella hacia las escaleras- Estuvo bajo la lluvia por no sé cuánto tiempo-

-¿Bajo la lluvia?- George comenzó a caminar detrás de mí- ¿Pero por qué rayos…?-

-Estaba en la tumba de tu hermano- solté de inmediato sin voltear a mirarlo- Necesita ropa seca y recostarse un rato-

Meneando la cabeza, Molly salió de su impresión inicial y comenzó a dar órdenes a diestra y siniestra.

-Llévala al cuarto de Ginny- me dijo y miró a Fleur- Querida, ve y busca ropa seca para Hermione y ayúdala a quitarse esa que lleva- asintiendo, Fleur subió la escaleras mientras yo la seguía- Y tu jovencito!-

Sin dar un paso más, di media vuelta con Hermione aún en brazos y miré a Molly ajetreado.

-Tampoco puedes quedarte con esa ropa- volteó a mirar a George a su lado- Dale una de tus viejas camisetas y pantalones, siguen en tu antiguo cuarto-

-Claro mamá-

-Iré a preparar algo de comer para ustedes-

Dicho esto desapareció en la cocina mientras yo seguía mi camino por las escaleras rumbo al cuarto de Ginny. De una ligera patada abrí la puerta con Hermione en brazos y la coloqué con cuidado sobre la cama mientras la miraba preocupado. Detrás de mí, Fleur se aclaró la garganta y salí de mi ensimismamiento para voltearla a ver.

Con una toalla en un brazo y unas prendas secas en la otra, me miró con una ligera sonrisa.

-Será mejor que vayas a cambiarte, estás empapado-

Sin contestar, miré de reojo a la mujer que se encontraba en la cama a mi lado y titubeé.

-No te preocupes, yo me encargo de ella- sonrió adivinando mis pensamientos- Despertará en cualquier momento, ahora ve con George-

Sin más remedio que obedecer, salí de la habitación y me encaminé a la que alguna vez había sido de los gemelos, procurando no mirar siquiera la puerta de la que había sido la de mi mejor amigo. Cuando entré a la habitación, George se encontraba de espaldas a mí y sacaba unas cuantas prendas de sus cajones.

Dando media vuelta, extendió una camiseta del equipo de Bulgaria y unos pants algo viejos sobre la cama.

-Bien, creo que éstas te servirán- me miró con una sonrisa algo burlona- Ahora quítate eso amigo, sinceramente das lástima-

Le devolví la sonrisa y comencé a quitarme las prendas mientras George entraba al baño por una toalla. Una vez cambiado, George me extendió la prenda y yo me senté en una de las sillas cerca de la ventana mientras me secaba el cabello.

A mi lado, George se cruzó de brazos y piernas y se apoyó en la cajonera a mi lado para mirarme curioso.

-Ahora dime ¿Cómo rayos fue que Herms terminó así?-

-No lo sé- me encogí de hombros y seguí secándome el cabello- No le dijo nada a nadie, y la encontré solo porque intuí que ahí es donde podría estar…lo que sé es que estuvo bastante tiempo ahí sin importarle la lluvia-

Reprimí una maldición y miré por la ventana las oscuras nubes, la lluvia comenzaba a disiparse.

-Pero ¿Por qué no la acompañaste?-

Algo extrañado por la pregunta, terminé de secarme el cabello y dejé la toalla en el respaldo de la silla. Si aquella pregunta hubiera venido de Luna no me habría extrañado en lo más mínimo, después de todo ella era la única que sabía que estábamos viviendo juntos.

-No recordaba el día, George- admití con algo de vergüenza- Además, ésta mañana Hermione salió de casa tan…-

Dándome cuenta que había hablado de más, me callé al instante y lo miré fijamente. Frente a mí, George solo atinó a sonreír más abiertamente y me miró algo compasivo.

-No te preocupes, ya lo sé-

-¿Lo sabes?-

-Harry, todos lo sabemos- sin perder la sonrisa, George entornó los ojos- Era algo obvio que Hermione y tu están viviendo juntos, pero entendemos que quisieran ocultarlo- se encogió de hombros- La gente siempre imagina y dice cosas-

-George, te juro que nosotros no…-

-Hey- alzó la mano para detenerme- Eres parte de la familia, así que no necesitas dar explicaciones- sonrió- De todos modos lo entendemos a la perfección-

Dándome una palmada en la espalda, caminó hasta la puerta y antes de salir de la habitación me miró de nuevo.

-Además, Hermione te necesita-

Dijo aquello con una sonrisa y las cejas alzadas, y salió de la habitación cerrando la puerta detrás de él dejándome solo con mis pensamientos. Por un momento tuve que contener la risa al darme cuenta de lo ilusos que habíamos sido Hermione y yo al pensar que habíamos sido lo suficientemente prudentes para cubrir nuestro "secreto".

Hermione. Me recordó mi conciencia al instante, y una vez que reaccioné me levanté de la silla rápidamente y salí de la habitación rumbo a la de Ginny.

En el camino me topé con Fleur, quien con las prendas empapadas de Hermione en un brazo me miró con una sonrisa y ladeó la cabeza.

-Menos mal que te encontraron ropa seca-

-¿Cómo está Hermione?-

-Despertó pero volvió a dormirse, pescó un resfriado terrible y además por lo que entendí, no ha estado durmiendo nada estos últimos días-

De inmediato vinieron a mi mente las últimas noches en las que había dormido solo, y reprimí una maldición al imaginar a Hermione moviéndose de un lado a otro en la enorme cama, presa de pesadillas e insomnio.

-Mujer tonta- susurré entre dientes, logrando que Fleur sonriera aún más.

-Lo mejor será que le ayude a Molly- pasó por mi lado y me sonrío con ternura- Pasa, ya está cambiada-

Con una última sonrisa, bajó las escaleras y me dejó completamente solo frente a la puerta de madera de aquél cuarto que conocía tan bien y en el que ahora se encontraba una mujer tan diferente.

Cuidando de no hacer ruido, abrí lentamente la puerta y miré en dirección a la cama donde Hermione se encontraba recostada, con sus ojos cerrados y su respiración serena y acompasada. Una vez dentro, cerré la puerta a mis espaldas y caminé hacia la cama sin hacer un solo ruido, temiendo despertarla y recibir algún rechazo como los muchos que había recibido los últimos días.

Una vez sentado a su lado, la miré con detenimiento y recordé aquél sentimiento de preocupación que me llenó el pecho al verla sentada bajo la lluvia. Con un demonio ¿En qué momento se había vuelto tan…indispensable para mí?

¿Cómo rayos es que ahora no podía hacer otra cosa que pensar y fantasear con ella?

No entendía como, pero de alguna manera aquella necesidad de protegerla y de estar a su lado se había vuelto en mi contra, y ahora me daba cuenta de lo mucho que la necesitaba. De lo mucho que la deseaba. De todas las maneras posibles.

Aquella realidad me golpeó tan fuerte como si me hubieran dado una bofetada.

Incapaz de quitarle la vista de encima, me recargué en el respaldo de la silla y llevé mis manos al rostro mientras soltaba un gemido de frustración.

Con un demonio ¿Qué rayos estaba haciendo?


¿Eso es todo?

Sí, eso es todo por hoy, pero como única pista del siguiente capítulo les puedo decir que tiene que ver con un día muy especial que precisamente se celebra en uno o dos días más (Dependiendo del lugar del mundo en el que estén ))

Saludos!