"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Hola mis queridos fans del Harmony! Antes que nada, debo admitir que estoy más que consciente que ésta vez si me tardé SIGLOS en actualizar- más de un mes, por cierto- y lo siento. Pero por alguna extraña razón que desconozco, y a parte de las tareas y trabajos escolares, admito que tuve severos problemas de inspiración para terminar el capítulo y ésta no se dignó a volver hasta hace unos cuantos días cuando por fin pude ponerme a escribir algo decente y he aquí el resultado.

Pero como se podrán dar cuenta, éste capítulo es casi el doble de largo que los anteriores, así que como recompensa a la espera y a su paciencia, les traigo un capítulo largo, emotivo y sobre todo candente de nuestra parejita que definirá por fin el futuro que tendrán estos dos a partir de ahora!

Sin más que decir, consideren éste capítulo una recompensa a su larga espera, y por supuesto, dejen reviews!

Y sobre todo, enjoy!

Capítulo 13°: Cumpleaños

~Hermione's POV~

Tres Semanas Después

-Muchas gracias Rose- con una sonrisa, tomé los papeles que mi asistente me ofrecía- Ya puedes irte a descansar-

-Pero Herms…-

-Pero nada, es tarde y ya te tuve más de lo necesario aquí- sonreí aún más- Ve con tu familia-

Finalmente convencida, Rose compuso una sonrisa tímida y asintió con la cabeza.

-De acuerdo- me miró significativamente- Hasta mañana Herms-

-Hasta mañana-

Con una amplia sonrisa la miré caminar hasta la salida y cerrar la puerta detrás de ella. Entre cansada y satisfecha, solté un suspiro y acomodé los últimos papeles que tenía sobre el escritorio.

Cuando todo estuvo en su lugar, me estiré un poco y miré el atardecer que se colaba por el ventanal de mi despacho. Finalmente el largo día había terminado y por fin podía ir a casa.

Y sin poder evitarlo, sonreí de medio lado al recordar quien me esperaba.

Recordé aquél día cuando me había desmayado frente a la tumba de Ron casi un mes atrás. Después de aquello Harry no había hecho más que cuidarme y estar a mi lado todo el tiempo, a pesar de lo seca y distante que me había comportado con él antes.

Aún recordaba cómo había despertado en la Madriguera, recostada en la cama de Ginny y con la mano de Harry entrelazada a la mía mientras dormía con su cabeza recostada en mis piernas y sentado en aquella incómoda silla.

Y como aquél simple gesto y su mirada preocupada al despertarse habían hecho que mandara al demonio todos mis dilemas existenciales, permitiéndome disfrutar de sus atenciones y su compañía sin restricciones.

Sin embargo, y a pesar de los miles intentos que había hecho por destruirlos, seguían ahí. Latentes. Como un mudo recordatorio de una realidad innegable.

Una realidad que ya había vivido cinco años atrás y que me negaba a volver a vivir.

Y no podía evitar que cada vez que lo tocaba y lo abrazaba entre sueños, cada vez que soñaba con hacerle el amor, un sentimiento de culpa me llenara por completo, obligándome a mantener a raya aquellas emociones. A pesar de los sentimientos que bullían en mi interior pero incapaz de estar alejada de él por más tiempo, me había obligado a controlar aquello.

Me había obligado a reprimir ese amor que antes me había consumido y que ahora volvía a hacerlo.

Lo hacía por mi bien y por el de él. Porque lo necesitaba a mi lado.

Cansada de darle vueltas a lo mismo, suspiré largamente y di media vuelta de nuevo hacia el escritorio para tomar mis cosas. No me gustaba pensar demasiado en ello, y lo único que quería en aquellos momentos era llegar a casa.

Echando un vistazo al calendario de mi escritorio, alcé las cejas al percatarme de la fecha. 14 de Septiembre. Con una mueca algo inconforme al darme cuenta de mi terrible atención, salí de mi despacho cerrando con llave la puerta detrás de mí y salí del Ministerio en buscar de un callejón para aparecerme.

Faltaban cinco días para mi cumpleaños y apenas me daba cuenta.


~Harry's POV~

Cuando entré al recibidor y cerré la puerta detrás de mí pasaban de las once de la noche. Con mi cuerpo adolorido, me estiré cansado y me dirigí a la cocina para comer alguna sobra de la cena.

Fruncí el ceño extrañado al darme cuenta que la luz de la cocina estaba encendida. Hermione siempre apagaba todas las luces y solo me dejaba la luz del recibidor encendida cuando llegaba tarde.

Aún con ceño, entré a la cocina solo para darme cuenta que Hermione se encontraba sacando algo de la nevera. En cuanto la cerró y subió la mirada soltó un gritito asustado y yo reprimí una carcajada. Llevándose una mano al pecho, Hermione soltó un suspiro de alivio.

-Por Merlín Harry! Me asustaste!-

-Me doy cuenta- sonreí de medio lado- Lo siento Herms-

-No importa- dejó la jarra de leche en la mesa y me miró seria- ¿Por qué rayos llegaste tan tarde?-

Esperando respuesta, Hermione sacó de la nevera los platos con la cena de esa noche para comenzar a calentarlos. Yo solo atiné a soltar un suspiro cansado mientras me dejaba caer en una silla.

-Tuve asuntos que atender con los guardias de Azkaban. Rookwood sigue suelto- de espaldas a mí, Hermione reprimió un escalofrío- Cuando regresé al despacho me di cuenta del montón de papeleo que me quedaba pendiente y se me fue el tiempo organizándolo-

Una vez que mi cena estuvo lista, Hermione colocó el plato de comida frente a mí y se dirigió al lavabo para lavar los trates sucios mientras yo comenzaba a comer como si no lo hubiera hecho en días.

Una vez que terminé con la cena y quedé satisfecho, me estiré mientras escuchaba mis huesos tronar uno a uno, producto del estrés y el cansancio.

De brazos cruzados, Hermione se acercó a la mesa y se sentó en la silla frente a mí.

-Estoy muerto-

-Me doy cuenta!- comenzó a tomar los trastes sucios de la mesa- Ya sé!- con aquella mirada que delataba que había tenido una gran idea, juntó sus manos y me miró emocionada- Te prepararé una infusión que te hará sentir mejor-

Al escuchar la palabra infusión no pude evitar que un escalofrío me recorriera de pies a cabeza y tuve que reprimir una cara de asco. Todas las infusiones que había probado en mi vida sabían tan asquerosas que la mera idea de probar otra me ponía los nervios de punta.

-No es necesario Herms- dije mientras intentaba sin éxito tomar los cubiertos- No es nada que un poco de horas de sueño no quite-

-Ni hablar, te oyes terrible! Ahora ve a la cama mientras yo me encargo de los platos y te preparo tu infusión-

-No te preocupes Herms, en serio, además no puedo dejar que laves mis…-

-Ahora!-

Con una exclamación que no dejaba lugar a discusión, dio media vuelta con los platos en las manos e ignorándome de manera triunfal caminó hacia el lavabo.

Al parecer no me escaparía de tomar la asquerosa infusión.

Conteniendo un suspiro, subí las escaleras y entré a mi habitación mientras me ponía algo cómodo para dormir y me tiraba en la cama, esperando que a Hermione se le olvidara aquella magnífica idea de hacerme beber una asquerosa poción.

Cinco minutos más tarde Hermione entró en el cuarto con una bandeja y un montón de pequeñas botellitas de colores vivos sobre ella. Dejándola en la mesita a mi lado, me miró con una sonrisa.

-Siéntate en el borde de la cama-

Extrañado ante la petición, hice lo que me pedía mientras ella se descalzaba y tomando una de las botellitas se subía a la cama. Sin decir una palabra, la miré ponerse de rodillas sobre el colchón y moverse lo suficiente para quedar detrás de mí.

Mis sentidos se pusieron de alerta de inmediato. ¿Qué clase de infusión se administraba así?

-Quítate la camisa-

-¿Qué?- como si no hubiera escuchado bien, la miré sobre mi hombro con mis ojos abiertos de par en par.

-Que te quites la camisa, tonto- repitió sonriente- Necesito que te la quites para poderte aplicar la infusión-

Un momento ¿Aplicar?

Con desconfianza, hice lo que me pedía y tragué en seco mientras la escuchaba abrir la botellita detrás de mí. Fuera cual fuera el método, aquello me estaba poniendo terriblemente nervioso.

Y cuando Hermione se pegó a mi espalda y sus muslos desnudos se hincaron en mis costados, tuve que reprimir un gemido de puro placer al darme cuenta de lo que estaba haciendo.

Por Merlín bendito. Hermione iba a darme un masaje.

Antes de que pudiera asimilarlo y sin darme tiempo a reaccionar, colocó sus manos llenas de aceite sobre mi cuerpo y comenzó a masajear suavemente mi espalda mientras se inclinaba sobre mí.

Solté un respingo involuntario.

-Ahora simplemente relájate-

Susurró suavemente contra mi oído, y reprimiendo un escalofrío, llevé mis manos al colchón y me aferré con fuerza de los bordes para calmarme. Con un demonio ¿Cómo rayos esperaba que me relajara cuando hablaba tan sensualmente y me tocaba de aquella forma?

Inhalando y exhalando profundamente para controlarme, sentí sus manos resbalosas vagar por mi espalda de una manera tan deliciosa que pronto toda la tensión de mis músculos desapareció y todo a mi alrededor dejó de importar. Solo importaban sus caricias sobre mí, acariciándome y excitándome con sus manos que recorrían mi espalda sin pudor alguno.

Aquello era tan deliciosamente erótico que luchaba por reprimir mis gemidos y juré que jamás en mi vida había tenido un masaje igual a ese. Luchando por controlarme, aspiré profundamente y dejé que continuara con su tarea. Pero cuando sus manos expertas bajaron por mi espina dorsal y sus senos cubiertos por la tela rozaron mi espalda perdí el control.

E incapaz de evitarlo, comencé a fantasear con las miles de posibilidades que aquél escenario me presentaba, todas y cada uno incluyendo a Hermione en la misma posición y haciendo exactamente lo mismo.

Pero completamente desnuda.

El simple pensamiento me excitó de manera inmediata, e incapaz de controlar mis pensamientos contuve una maldición y comencé a respirar profundamente mientras esperaba a que mi cuerpo se calmara y rezaba porque Hermione no se diera cuenta de la evidencia de mi excitación.

Cuando finalmente pude controlarme y cinco tortuosos minutos más tarde Hermione terminó de masajearme, secó sus manos con una toalla y se levantó para tomar la bandejita a su lado y mirarme con una enorme sonrisa de satisfacción.

-¿Qué tal? ¿Mejor?-

Mirándola como un reverendo idiota, asentí lentamente mientras tragaba en seco al darme cuenta que esa noche estaba estrenando un delicioso camisoncito en color verde.

Por Merlín ¿Cuándo terminaría la tortura?

-Sí, muchas gracias-

Aliviado, me estiré y me puse mi camiseta de nuevo mientras de la manera más natural del mundo, Hermione se acostaba en el otro lado de la cama y se acomodaba para dormir.

-No olvides apagar la lámpara antes de acostarte, siempre la dejas encendida- arrellanándose entre las sábanas, apagó la lámpara de su lado y se dejó caer sobre la almohada- Buenas noches, Harry-

Y soltando un largo suspiro, se quedó dormida en cuestión de instantes mientras yo la miraba con la mandíbula abierta. Normalmente era yo el que inventaba cualquier excusa para que durmiéramos juntos, pero que ella fuera la que tuviera la iniciativa me dejaba completamente sin habla.

Eso, aunado al hecho de que acababa de darme el masaje más erótico de mi vida y llevaba puesto un camisón que muy apenas cubría sus piernas, no ayudaba en nada a mis alborotados sentidos.

-Buenas noches, Herms-

Y soltando un largo suspiro ante la noche que me esperaba, apagué la luz de la mesita a mi lado y me metí entre las sábanas procurando quedar lo más alejado posible de ella.

Por mi bien y el de ella.

Recordando la deliciosa sensación de sus manos sobre mi piel, miré a la mujer que dormía plácidamente a mi lado y reprimí una maldición.

Demonios. Frustrado, llevé mi brazo a la frente y miré el techo de la habitación.

Y resignándome al hecho de que esa noche no podría dormir y sabiendo que por la mañana me arrepentiría de lo que estaba pensando, solté un suspiro mientras mi mente se perdía en la idea de cómo sería Hermione en la intimidad.

~o~

Esa mañana me desperté para descubrir que Hermione seguía completamente dormida, y sin poder evitarlo, me acomodé de lado para poder admirarla mientras mi mirada se perdía en las suaves facciones de su rostro.

Con una sonrisa de medio lado, la miré tallarse un ojo y soltar un largo bostezo para revolverse entre las sábanas para seguir durmiendo mientras yo disfrutaba de sus muecas matutinas.

Desde aquella vez cuando se había desmayado frente a la tumba de Ron, se me había vuelto una costumbre hacerlo.

Y aunque sabía que estaba mal, no podía evitarlo.

En realidad, la mayor parte de las cosas que había hecho respecto a Hermione en el último mes estaban completamente mal, pero por alguna razón mucho más fuerte que mi conciencia, alejarme de ella se había convertido en una tarea imposible.

Así como sacarla de mi mente y dejar de desearla como un animal en celo.

Eres un maldito enfermo, Potter. Me gritó mi conciencia, y soltando un bufido me dejé caer en la cama frustrado. Aquello estaba comenzando a consumirme poco a poco.

Quererla así me consumía poco a poco.

Diez minutos más tarde y fingiendo que aún dormía, escuché a Hermione levantarse más animada que de costumbre y en menos de dos segundos la tuve parada a mi lado, intentando mirar mis ojos por debajo del brazo que tenía encima de ellos.

-Arriba dormilón- sonriente, Hermione me dio unas palmaditas en la pierna- Se nos hace tarde para ir al Ministerio-

Incapaz de fingir más, sonreí divertido aún con el brazo sobre los ojos y meneé la cabeza negándome a salir de la cama.

-Harry! Vamos!-

Hermione jaló mi brazo y soltó una suave risa cuando yo me levanté por fin. Tomando una larga bocanada de aire, me preparé mentalmente para lo que venía y abrí los ojos para mirarla en su camisón con su bata a medio cerrar.

Y como siempre, reprimí un escalofrío al verla salir hacia su cuarto para arreglarse, dejándome parado en medio del cuarto y mirando la puerta como un reverendo idiota.

Aquello también ya era una costumbre.

Soltando un suspiro resignado, me metí al baño para arreglarme e ir a trabajar.


Dos Días Después

-Pero en serio ¿No planeas decirle nada?-

-Ya te dije que no, Luna, y necesito que tu tampoco le digas nada-

-¿Qué qué?-

Mirándome con sus ojos abiertos como platos, mi amiga rubia se arrellanó en el sillón frente a mí y se cruzó de brazos.

-Pe…pero es mi mejor amiga! No puedo simplemente fingir que olvidé su cumpleaños! Y tú tampoco!-

Divertido ante el evidente debate interno de Luna ante la idea de seguirme la corriente o no, solté una carcajada sincera y me relajé en la silla frente a ella.

-Vamos Luna! Yo sé que te agrada la idea- ella enarcó las cejas, yo reí con más fuerza- Además serán solo unas cuantas horas, después podrás felicitarla y pedirle perdón las veces que quieras-

Un poco más convencida, Luna me miró con una mueca algo traviesa y frunció los labios solo un poco.

-Conociendo a Hermione, no reclamará ni le recordará absolutamente nada a nadie- dijo después de un rato, divertida.

-Lo que lo hace más fácil- sonreí casi con malicia, y Luna me miró sorprendida- Además ya hablé con Molly, con George, con Neville y con cualquiera que pretenda felicitarla antes de que lleguemos a La Madriguera-

-¿En serio crees que funcione? Quiero decir…que todos pretendan no tener idea de que es su cumpleaños y todo eso, no sé-

-Por supuesto- dije seguro- Además…- me detuve un momento, y la miré suplicante- Todo está listo ya Luna, y te necesito para que salga bien. Por favor!-

Mirándola como sabía que podría convencerla, Luna suspiró y meneando la cabeza de par en par entornó los ojos.

-Ay está bien! Te ayudaré con tu grandiosa idea- levantó las manos al cielo y satisfecho, yo volví a recargarme en la silla- Pero tú serás quien tengas que lidiar con el remordimiento de verla! Yo no pienso ser la que lo haga-

Imaginé la agonía que pasaría al ver a Hermione ese día sin poder abrazarla hasta que llegáramos a la Madriguera y sonreí de medio lado. Si bien no iba a ser nada sencillo, la recompensa que obtendría después de eso me quitaba cualquier deseo de echarme atrás.

-Lo sé, pero creo que podré soportarlo-

Y ante mi ligera sonrisa maliciosa, Luna solo atinó a entornar los ojos.


~Hermione's POV~

Con un montón de pergaminos en las manos, caminaba por los pasillos del Ministerio a toda prisa mientras daba cientos de órdenes a diestra y siniestra. Aquél jueves la carga de trabajo era más de la habitual, y no podía esperar para llegar a casa.

En realidad, lo único que necesitaba era estar con él y olvidarme de todo.

Aunque últimamente eso había sido prácticamente imposible. Alegando que tenía montones de trabajo, Harry no se había siquiera acercado a mi departamento durante días y llegaba tarde a casa, en donde simplemente se metía a la cama y se acurrucaba a mi lado para dormir.

-Sí, déjalos en mi escritorio, Rose- con un asentimiento, Rose se alejó a toda prisa- No, necesito firmar los otros- volteé a mi izquierda y asomé la cabeza por una puerta abierta- Parvati! Necesito esos reportes para ayer!-

Se portaba misterioso y reservado, e incluso ayer que había ido a buscarlo y lo había encontrado conversando con George en su despacho, los dos se habían callado al mismo tiempo de golpe y me habían mirado con una sonrisa inocente.

Y hoy lo había hecho de nuevo solo para darme cuenta de parte de su asistente que había salido cinco minutos antes. Frustrada ante mi evidente mala suerte, me había resignado a comer cualquier chuchería mientras pensaba en Harry y su inconsciente abandono.

Y ante el evidente hecho de que parecía no recordar que en dos días cumplía años.

-Hermione ¿Mando éste, o éste?- caminando junto a mí, Padma me mostró dos grandes pergaminos.

-El segundo, el primero es demasiado informal!-

-De acuerdo- pasó por mi lado y siguió su camino a toda prisa.

-Padma!- volteé a mirarla mientras seguía caminando- No olvides poner el sello azul, el morado no es adecuado para…-

Antes de poder siquiera terminar choqué contra alguien y uno de los montones de papeles que llevaba en las manos cayeron al suelo mientras frente a mí, los verdes ojos de Harry me miraban traviesos y su risa inundaba el pasillo.

-Harry!-

Nerviosa, miré al hombre que había estado consumiendo mis pensamientos toda la mañana y tragué en seco al darme cuenta de lo cerca que estábamos. Para impedir que cayera, Harry había rodeado mi cintura con su brazo y me tenía pegada contra su pecho mientras me dedicaba una sonrisa encantadora.

-Con cuidado, Herms-

-Supongo que tendría que fijarme mejor si algún Auror anda merodeando por mis pasillos-

Harry soltó una carcajada aún más fuerte y yo sentí que podría derretirme ante aquel sonido.

-En eso tienes razón- dejó de reír- Quería invitarte a comer, últimamente no hemos ido a hacerlo y muero de hambre ¿Ya comiste?-

Parpadeé unos instantes y miré a mis lados para darme cuenta de que todos los que se encontraban cerca nos miraban con atención, e incluso algunas mujeres tenían miradas soñadoras mientras contenían el aliento, como si aquella escena fuera un espectáculo romántico digno de admirar. Harry aún me tenía firmemente amarrada a su pecho, y era obvio que ante todos parecíamos más una pareja de enamorados que dos amigos de toda la vida.

-Hmm, no- mentí sonriente, separándome de él a regañadientes.

-Si estás muy ocupada…-

-No- dije más rápido de lo que hubiera querido- Además yo también muero de hambre- mentí de nuevo.

-De acuerdo- sonriente, Harry tomó los pergaminos que tenía en las manos y los dejo en un escritorio cercano para después ofrecerme su brazo- ¿Vamos entonces?-

Y sin importarme lo que pudieran decir los que nos miraban ensimismados, acepté su brazo con una sonrisa y me dejé guiar por el hasta el elevador.

~o~

El día siguiente no fue mucho más alentador. A pesar de ser viernes pasé toda la tarde en mi despacho sin tener noticias de Harry, y aquello terminó por agriarme el día. Eso, sumado al hecho de que mañana era diecinueve de Septiembre y él no parecía recordarlo, me habían puesto de un humor de los mil demonios.

Y no es que me gustara ser el centro de atención y mucho menos de las que anhelaban esa fecha en especial para serlo, en realidad, el día de mi cumpleaños siempre me había dado lo mismo. Pero aquello simplemente era el colmo.

Mañana cumplía años y nadie a mí alrededor parecía siquiera acordarse de ese insignificante hecho.

Frustrada de darle vueltas a lo mismo, me levanté de mi escritorio, tomé mis cosas y salí de mi despacho para acercarme al escritorio de Rose que estaba frente a mí puerta.

-Me voy a casa- distraída, cerré mi bolsa y me eché el saco en el brazo- Si llaman preguntando por mí pide recado-

-De acuerdo, Herms- asintió, y por un momento juré haberla visto sonreír traviesa- Hasta el lunes entonces, que tengas lindo fin de semana-

Y eso fue todo. Ni un simple "Feliz Cumpleaños", ni siquiera un indicio de que lo recordara. Si ni siquiera mi asistente, la mujer más noble que había conocido y la más atenta que en teoría debía estar al tanto de todo lo referente a mí, tenía idea de mi cumpleaños, no podía esperar mucho de nadie más.

-Gracias, igualmente-

Con una simple mueca, di media vuelta y caminé hasta el elevador con ganas de llegar a casa.

Cinco minutos después, entré a casa para darme cuenta que ese día Harry había salido temprano, y en aquél momento se encontraba cómodamente sentado en el sofá de la sala mientras miraba la televisión.

Y cualquier rastro de mal humor desapareció de manera inmediata.

En cuanto me miró, una sonrisa encantadora se plasmó en su rostro y extendió su brazo sobre el sofá invitándome a sentarme junto a él. Soltando un suspiro, me dejé caer a su lado y me acurruqué junto a él para seguir viendo tele.

-¿Cómo estuvo tu día?-

-Bastante aburrido en realidad- dije sin poder evitarlo- Nada nuevo, y nadie me invitó a comer- me sinceré, sacándole una sonrisa.

-Lo siento, Herms- me acercó a él- Estuve muy ocupado con…- se detuvo de inmediato.

-¿Con qué?-

-Nada, papeleos sin importancia- meneó la cabeza- ¿Me perdonas?-

-Hmm, de acuerdo- lo miré traviesa- Pero tendrás que compensarlo, Potter-

Harry soltó una carcajada que me erizó de pies a cabeza.

-Lo prometo preciosa-

Incapaz de reprimir otro escalofrío ante su tono inevitablemente seductor, sonreí al escuchar el calificativo y me acurruqué de nuevo para seguir mirando tele. Media hora después y una vez que la película se hubo terminado, Harry se levantó con pereza y se estiró mientras soltaba un suspiro cansado.

-Me iré a la cama, estoy muerto- se inclinó para darme un suave beso en la frente- Hasta mañana Herms-

Desorientada por la repentina despedida, parpadeé mientras me besaba y titubeé un poco. Harry siempre se dormía después que yo, o por lo menos lo hacía al mismo tiempo.

-Ha…Hasta mañana-

Y sin mencionar una sola palabra sobre el hecho de que mañana cumplía años, subió por las escaleras y cerró la puerta de la habitación dejándome sola en la sala.

Sin poder evitarlo, hice una mueca de desilusión mientras me dejaba caer en el sofá.


Ese día me desperté algo tarde. Al darme cuenta que Harry ya había salido de la cama, me quedé tirada unos minutos más mirando el techo de mi habitación.

Sin estar segura del día que era y pensando que lo había simplemente soñado, miré el calendario pegado a la pared para darme cuenta que no lo había hecho. Era diecinueve de Septiembre.

Con una nueva actitud, sonreí de medio lado y me levanté para cambiarme y bajar a desayunar. Tal vez todo lo que había pasado ayer habían sido alucinaciones mías.

Una vez presentable, me miré al espejo y le sonreí a mi reflejo casi sin ganas.

-Feliz Cumpleaños, Hermione-

Con una última mirada a mi reflejo, salí de la habitación y bajé las escaleras para encontrar a Harry terminando de lavar los trastes del desayuno.

-Buenos días Harry-

Soltando un respingo, Harry levantó la cabeza y me miró sobre su hombro con una sonrisa plasmada en su rostro.

-Buenos días Herms- dijo simplemente para después seguir con la tarea de lavar los trastes.

Sin decir nada más.

Como si me hubiera tirado un balde de agua fría, sentí una sensación helada que acabó con mis ilusiones de golpe.

-Te dejé un plato de fruta y unas tostadas con mermelada, están en la mesa-

Hablaba de la manera más natural y jovial del mundo, ignorando por completo que yo seguía parada bajo el umbral con mi mandíbula desencajada y mis brazos laxos.

Ni un abrazo, ni un beso, mucho menos un regalo. Ni siquiera un miserable "Feliz Cumpleaños".

-G…gracias-

Logré articular por fin y me senté en la mesa aún con expresión de confusión total. Imaginando que tal vez me había equivocado de día, volteé a la sala para mirar el calendario mágico sobre la mesita solo para comprobar que en efecto, era diecinueve de Septiembre.

No estaba loca. Era mi cumpleaños y mi mejor amigo, que lo había celebrado conmigo los últimos 17 años de mi vida, no tenía la menor idea.

-¿Quieres hacer algo hoy?- lo escuché preguntar mientras yo probaba mi fruta- Es el primer sábado que no trabajas desde hace tiempo-

Lo dijo de manera casual, como si lo estuviera preguntando más por compromiso que por otra cosa.

Al parecer, aquél iba a ser un día común y corriente.

-No- contesté secamente- Quedémonos aquí, no tengo muchas ganas de salir hoy-

Una vez que hubo terminado de secar los trastes recién lavados, Harry dio media vuelta y me sonrió de esa manera tan deliciosa que me derretía.

-Está bien- se acercó a la mesa y tomó el periódico que se encontraba encima- ¿Te parece si vemos una película? Vi que en la programación de hoy…-

-Claro, miremos una- respondí sin darle tiempo a terminar- No creo que haya mucho más interesante que hacer-

Aunque sabía que estaba siendo muy cortante, en aquél momento me tenía sin cuidado si él lo notaba.

-De acuerdo, haré las palomitas- sonriente dio media vuelta y comenzó a abrir los estantes- Tu ve y prende la televisión si quieres-

Sin decirme más, dio media vuelta para seguir con lo suyo. Reprimiendo las ganas de gritarle, tensé mi mandíbula y apreté los puños con furia para dar media vuelta y salir disparada a la sala. Si seguía ahí, estaba segura que le daría un buen golpe.

Una vez que todo quedó listo, nos limitamos a ver la película en el más absoluto silencio, y cuando menos lo supe la película había terminado y para entonces pasaban de las doce del mediodía.

Y no había recibido el menor indicio de que alguien se acordara de mi cumpleaños.

~o~

Casi dos horas más tarde, me encontraba sentada en el centro del verde jardín trasero mientras, con mis brazos rodeando mis piernas y mi cabeza apoyada en mis rodillas, miraba con melancolía los botones que apenas comenzaban a florecer.

¿Es que me había equivocado de día, o de pronto me había vuelto invisible ante todo el mundo? No era de las que esperaban ser alabadas y celebradas, pero tampoco podía entender como era que la gente que supuestamente me apreciaba ni siquiera se acordaba de aquél simple detalle.

Ni Luna, ni Neville, ni alguno de los Weasley.

Y lo que más me dolía, ni siquiera Harry.

De pronto, una terrible tristeza me invadió por completo al pensar lo último y solté un suspiro. Incapaz de evitarlo, el recuerdo de Ron me invadió de golpe y una sensación de pesadez se instaló en mi pecho mientras como en una película, todos aquellos cumpleaños compartidos con él desfilaron en mi mente.

Desde aquellos cumpleaños escandalosos con increíbles fiestas y miles de regalos, hasta aquellos tranquilos en donde solo me organizaba cenas románticas y hacíamos el amor desde el amanecer hasta el anochecer, todos y cada uno tan especial como los otros.

No pude evitar que las lágrimas se acumularan en mis ojos, y sonriendo tontamente, las limpié antes de que pudieran siquiera resbalar por mis mejillas.

-Tonta- susurré quedamente- Eres una ridícula sentimental, Hermione-

En aquél momento, el sonido de la puerta trasera abriéndose me sacó de mis cavilaciones y di media vuelta para mirar a Harry recargado contra el borde, con sus brazos cruzados y una sonrisa plasmada en su rostro.

Una sonrisa que podría jurar era hasta juguetona. Sarcástica. Como si estuviera disfrutando algo.

-¿Qué haces aquí, Herms?-

-Nada- me encogí de hombros sonriente- Solo necesitaba algo de aire, es todo-

Detrás de mí, pude sentir la presencia de Harry aún detrás de mí mientras yo permanecía inalterable. Por un momento quise decirle que no tenía ganas de verlo y que estaba molesta con él, pero tomando una larga bocanada de aire logré contenerme y seguí mirando al frente.

-¿Quieres ir a la Madriguera?-

Extrañada ante la pregunta, lo miré sobre mi hombro.

-¿A la Madriguera? Pero si es sábado…-

-Lo sé- titubeó un poco- Pero le prometí a Fred un partido de quidditch, y George acaba de hablarme para decirme que está ansioso-

Sonreí junto con él al escucharlo y me quedé mirando al frente sin decir nada. Instantes después solté un largo suspiro y volví a mirarlo. La idea de ir a La Madriguera no estaba mal, y de cualquier manera, cualquier cosa era mejor que quedarme ahí todo el día encerrada.

-De acuerdo- me levanté mientras me sacudía las piernas- Iré a cambiarme-

Sonriendo casi sin ganas, caminé hacia la puerta y pasé por su lado para ir a la recámara, pero antes de dar un paso más me tomó por el brazo y me obligó a mirarlo.

Como ya se había hecho costumbre, me pegó a él contra su pecho y yo tuve que contener el aire ante su cercanía. Incapaz de evitarlo, mordí mi labio inferior al darme cuenta de lo cerca que estaban sus labios de los míos, y por un momento eterno nos miramos fijamente sin decir nada.

Demonios, tenía sus labios tan cerca que en lo único que podía pensar en aquello momentos era en besarlo hasta la inconsciencia.

Cuando por fin habló lo hizo en un susurro, con su mirada recorriendo mi rostro hasta detenerse en mis labios.

-No tardes mucho-

Con una larga inhalación, miré sus labios de nuevo y asentí, sintiendo miles de descargas recorriendo mi espina dorsal. Cuando por fin me soltó, seguí mi camino hacia las escaleras, mientras un sonriente Harry se cruzaba de brazos y me miraba desde la puerta.

-Ponte el vestido verde que compraste cuando fuimos a Londres!-

Fue lo último que escuché antes de subir las escaleras hacia la habitación, y una vez dentro fruncí el ceño ante la petición. Aún cuando me parecía extraño que me pidiera ponerme aquél vestido para ir a La Madriguera, le hice caso y una vez lista me miré en el espejo satisfecha con el resultado.

Había puesto muchísimo empeño en arreglarme en un intento por sentirme mejor al verme, y sonriendo casi de mala gana, di una última mirada al espejo y salí del cuarto para reunirme con Harry.

Al llegar abajo, lo encontré sentado en la sala y con ropa algo más formal mientras miraba su reloj ansioso y golpeaba el suelo con uno de sus pies. Aún sin notar mi presencia, lo miré unos instantes y carraspeé para llamar su atención.

-Estoy lista-

En cuanto subió su mirada tragó saliva con fuerza y yo sonreí satisfecha para mis adentros. Harry se había quedado completamente mudo, limitándose a mirarme de arriba abajo con la mandíbula desencajada y sus ojos abiertos de par en par.

-¿Harry? ¿Nos vamos ya?-

Saliendo de su ensimismamiento, meneó su cabeza de un lado a otro y asintió con fuerza.

-Ah sí, claro, vamos-

Sin decir nada más, salimos de la casa y caminamos hasta la acera y nos tomamos de las manos para tomar aire y aparecernos en la Madriguera, y en menos de unos cuantos segundos estuvimos frente a la puerta de la precaria construcción que se alzaba sobre el jardín.

Todo parecía más callado y sereno que de costumbre, y miré a mi alrededor extrañada. Yo mejor que nadie era testigo del escándalo que reinaba en la casa los fines de semana, y por un momento me pregunté si habría alguien en ella.

-¿Dónde están todos?-

Caminé por el jardín delantero para después mirar a Harry, quien con una sonrisa que no podía descifrar, me miraba asomarme por las ventanas oscuras con los brazos cruzados. Por un momento lo miré atenta, intentando descifrar su expresión mientras él simplemente me sonreía de medio lado.

Todo parecía demasiado extraño, y sinceramente aquella actitud comenzaba a exasperarme.

-Seguramente están en el jardín trasero- dijo con más seguridad de la que aparentaba- Vamos-

Ansioso, tomó mi mano y comenzó a caminar con rapidez mientras rodeábamos la casa. Yo solo me limité a seguirlo sin chistar, incapaz de entender que rayos era lo que se traía entre manos.

Pero fuera lo que fuera, comenzaba a asustarme.

Justo antes de rodear la última esquina para llegar al jardín trasero, Harry se detuvo de golpe y sin poder evitarlo me estampé contra su espalda. Antes de poder decir algo, dio media vuelta y me tomó por los hombros mientras me miraba con una sonrisa encantadora.

-Bien, aquí estamos-

-¿Aquí estamos?- casi asustada, lo miré con ojos desorbitados- Si Harry, aquí estamos ¿Pero qué pasa?- sin contestar, Harry me arrastró y volvió a mirarme- Harry me estás asustando-

-Sólo dime algo, Herms- mirándome con ternura, Harry se acercó a mí aún más y me tomó de las manos- ¿De verdad pensaste que me iba a olvidar de tu cumpleaños?-

Antes de que pudiera contestar, me arrastró el último tramo que quedaba y mirándome solo una vez más, se hizo a un lado para desbloquear mi vista y la escena que tuve frente a mí me dejó boquiabierta.

Y ante el estruendoso grito de "Sorpresa" por parte de todos los presentes, yo solo atiné a abrir mis ojos de par en par.


~Harry's POV~

Después del intenso grito qué mezcló un "Sorpresa/Feliz Cumpleaños", miles de serpentinas y diamantinas de todos colores inundaron el jardín mientras los montones de aplausos y gritos no se hicieron esperar.

A mi lado, Hermione solo atinó a abrir los ojos de par en par mientras boquiabierta era recibida con miles de abrazos, besos y felicitaciones.

Yo solo podía mirarla atentamente, completamente idiotizado en su expresión confusa y feliz, mientras al borde de las lágrimas aceptaba los abrazos de todos y los correspondía con una enorme sonrisa de incredulidad.

Y en ese mismo instante comprobé que la desesperación que había sentido antes había valido la pena.

Por tener la satisfacción de ver esa expresión lo habría hecho de nuevo sin dudar.

Aún sin poder creer lo que pasaba, Hermione se dejaba abrazar por todos mientras me dirigía miradas furtivas e interrogantes. Entre la familia Weasley, amigos de Hogwarts, los compañeros del Ministerio y los padres de Hermione, en el jardín había aproximadamente unas cincuenta personas, todas ellas esperando felicitar a la cumpleañera después de fingir que habían olvidado aquella fecha y pidiendo disculpas por haberle hecho pasar mal rato.

Sin decir nada, yo solo sonreía de oreja a oreja mientras disfrutaba del espectáculo que terminó en cuanto Luna se acercó a Hermione y le dio el abrazo más fuerte y largo de la historia.

-Amiga! Perdóname, perdóname, perdóname! Soy lo peor ¿Verdad?- sin darle tiempo a contestar, Luna siguió histérica- Te juro que yo no quería, yo no estaba de acuerdo…- mirándome recelosa, me apuntó con dedo acusador- Él me obligó!-

Abriendo aún más sus hermosos ojos acuosos, Hermione volteó a mirarme incrédula mientras los presentes reían y cuchicheaban entre ellos.

Me miró casi como si quisiera traspasarme, intentando gesticular algo que simplemente no salía de sus labios.

-Hey! No es como que hayas opuesto mucha resistencia Lovegood!-

-Cállate Potter! Todo esto es por tu culpa!-

Sin más que decir, me limité a encogerme de hombros mientras me acercaba a ellas. Con la boca abierta y sus ojos brillantes, Hermione no apartaba su vista de mí, como si no pudiera creer que aquello había sido idea mía.

Y con una sensación cálida llenando mi pecho, me di cuenta que el brillo de sus ojos se debía a la emoción de saberlo.

-¿De verdad creíste que nos habíamos olvidado de tu cumpleaños, cariño?-

A mi lado, Molly se adelantó a una conmocionada Hermione, quien con las mejillas sonrojadas y los ojos acuosos se limpiaba discretamente las lágrimas que amenazaban con salir de ellos.

-Estaba…- se detuvo y tomó algo de aire- Estaba empezando a dudarlo-

Todos los presentes rieron con fuerza ante la sinceridad de Hermione, mientras Fred y Victoire la abrazaban con fuerza por las piernas.

-Claro que no nos olvidamos de tu cumpleaños Tía Mione! Es solo que el tío Harry nos pidió que no te dijéramos nada- Fred me apuntó y miró a Hermione con ojos arrepentidos- ¿Nos perdonas?-

Riendo con fuerza entre lágrimas, Hermione tomó a Fred en brazos y lo miró con una sonrisa.

-Por supuesto que sí cariño! ¿Cómo no los voy a perdonar?-

-Entonces ¿Te gustó tu sorpresa?- emocionado, Fred juntó sus manitas y miró a Hermione con los ojos abiertos de par en par.

-¿Gustarme? La verdad es que no…- observando la cara asustada de Fred, soltó una carcajada y pegó su frente a la de él- Me encanta!-

Con una sonrisa estúpida cruzando mi rostro de par en par, la observé unirse a su fiesta no sin antes voltearme a ver de manera significativa para después ser arrastrada por nuestro pequeño sobrino a una de las mesas. Era esa mirada que tantas veces había visto antes y que había aprendido a interpretar muy bien, esa mirada del "Después hablamos" que me ponía tan ansioso y a la vez me fascinaba.

Y como única respuesta, yo solo atiné a guiñarle un ojo coqueto.

-Vaya vaya, parece que después de todo las cosas te salieron a pedir de boca, Potter-

Incapaz de evitarlo, solté una carcajada mientras mi amiga rubia, con los brazos cruzados por la espalda y una mirada pícara se colocaba a mi lado para mirar la escena.

-Todo salió simplemente perfecto, y gracias a ti también Luna-

Con una sonrisa de satisfacción, Luna cerró los ojos y alzó la barbilla.

-¿Bromeas? Sin mí, George y tú no hubieran podido hacer absolutamente nada-dijo con su tono dulce de siempre, y después me miró con ojos como platos- Y…¿Planeas hacer lo de esta noche?-

No contesté. En cambio, miré de nuevo a la hermosa mujer que seguía siendo el centro de atención a unos cuantos metros y sonreí de medio lado.

-Luna, puedes apostar tu varita a que sí-

Ella solo atinó a devolverme una sonrisa cómplice antes de reunirnos con los demás y seguir con la fiesta que apenas comenzaba.

Tal como había esperado, la fiesta fue todo un éxito desde su comienzo y transcurrió de manera tranquila pero divertida, mientras todos los ahí presentes charlaban y reían animados mientras la fresca brisa del otoño ayudaba a conformar el día simplemente perfecto.

Tres horas más tarde y después de una sustanciosa comida que incluyó las mejores recetas de Molly y del brindis en honor a Hermione realizado por Luna, por George y que terminó conmigo, el ruido y los gritos de horas antes se había ido y ahora solo se escuchaba la charla tranquila de los invitados.

Atento a todas y cada una de sus reacciones, miraba a Hermione reír con fuerza mientras pasaba de grupo en grupo y charlaba con todo el mundo. El cambio de la Hermione triste y decaída había sido radical y ahora se mostraba emocionada y radiante, mucho más hermosa y atractiva de lo que jamás pensé podía ser.

No sé cuánto tiempo llevaba viéndola, pero seguramente si no hacía algo por evitarlo en algún momento la gente se iba a dar cuenta.

De todas maneras, no me importaba mucho.

No podía retirar mi mirada de aquella deliciosa figura que se paseaba frente a mí y me torturaba, enfundada en aquél vestido verde que delineaba a la perfección sus curvas y que en aquellos momentos quería arrancar para poder apreciar lo que guardaba de mi vista.

Y sin poder evitarlo, recordé la imagen de Hermione desnuda y empapada frente a mí, invitándome a saborear todos y cada uno de sus recovecos y a deleitarme con la idea de cómo sería hacerle el amor.

Reprimiendo una maldición ante el recuerdo, meneé mi cabeza rápidamente y comencé a servirme whisky de dragón que se encontraba en la mesa a mi lado.

-¿Te gustaría llenar mi vaso, querido?-

Alcé la mirada ante aquella pregunta para encontrarme con la Señora Granger frente a mí, sonriéndome de manera maternal mientras me extendía su vaso.

Con una simple sonrisa, llené su vaso y ella se colocó a mi lado en la mesa para mirar a la misma mujer que yo había estado mirando minutos atrás como un acosador experimentado.

Después de unos segundos de mirarla en silencio, la señora Granger fue la primera en hablar.

-Se ve…contenta- susurró quedamente- Es la primera vez que la veo sonreír en serio desde…-

-Lo sé- la corté antes de que lo dijera.

-Y todo gracias a ti, Harry- con una sonrisa, la señora Granger me miró con sus ojos acuosos.

Yo me limité a sonreír y me encogí de hombros, restándole importancia al asunto mientras la miraba.

-En realidad no lo hice todo solo- dije mirando al frente de nuevo- Los Weasley, Luna y Neville me ayudaron mucho-

-No me refiero a…- hizo una seña con la mano- Esto- sonriente, dio un sorbo de su vaso- Si no a lo que has hecho por ella estos últimos meses- la miró de nuevo- De no ser por ti, no quiero imaginar que habría pasado-

-Hermione es una mujer fuerte- dije convencido- Estoy seguro que se las habría arreglado de todas formas, además…- titubeé un poco, mirando mi vaso- Es ella quien me ha ayudado a mí, Señora Granger-

Sabía que estaba siendo demasiado sincero, pero por alguna extraña razón no podía fingir frente a la señora Granger. Mucho menos cuando se trataba de su hija, a quien ella conocía y amaba como a nadie más.

-De eso no tengo duda- admitió sonriente.

Sin saber que contestar, me limité a seguirla mirando mientras hablaba en susurros con Luna y ambas sonreían como si estuvieran compartiendo un secreto. La señora Granger hizo exactamente lo mismo, y después de unos minutos de absoluto silencio, soltó un largo suspiro.

-Mi Hermione…ay Harry- me miró de nuevo- ¿Sabes?Me gustaría que rehiciera su vida-

Aquella última oración, dicha con la más sincera inocencia por parte de una madre que procura a su única hija, la sentí como si me hubiera dado un puñetazo en el estómago. La mera idea de que Hermione volviera a casarse y se separara de mí me calentaba la cabeza y me producía una amarga sensación que no sabía cómo explicar.

-Pero se niega siquiera a que le toque el tema- continuó- Me ha dicho que no volverá a casarse, mucho menos piensa tener hijos-

-Ha pasado muy poco tiempo, Señora Granger- le dije con una sonrisa- Poco a poco ella…-

-La conozco muy bien Harry- me cortó- Y sé que cuando algo le entra a la cabeza nada la hace cambiar de opinión-

El recuerdo de aquella noche del nacimiento de Roxanne me atacó de pronto, y tuve que darle la razón a la señora Granger. Aunque era muy pronto, Hermione parecía decidida a no cambiar de parecer, y la conocía demasiado bien para saber que era tan cabeza dura que nada la haría entrar en razón.

-Pero a ti te escucha, Harry-

Sin decir nada más y con una expresión serena, se limitó a mirar a su hija de nuevo mientras bebía de su whisky de dragón. Había entendido perfectamente su mensaje, y después de unos cuantos segundos de mirar a Hermione también, solté un largo suspiro sin decir nada.

En realidad, no tenía idea de que contestarle.


Horas más tarde, en un jardín lateral de la Madriguera y escondido del mundo, bebía mi whisky de dragón y miraba el cielo oscurecerse poco a poco mientras las palabras de la señora Granger aún daban vueltas en mi mente.

"Me gustaría que rehiciera su vida", aquella frase se repitió por enésima vez en mi cabeza. Fastidiado, solté un largo suspiro mientras tomaba otro gran sorbo de mi bebida.

La mera idea de pensarlo me ponía de un humor de los mil demonios. Aunque sabía que la señora Granger tenía razón, no podía evitar que la idea me enfermara.

Que Hermione volviera a hacer su vida era mucho más de lo que podía soportar, y ahora me daba cuenta que en los últimos tres meses no me había puesto a pensar en esa posibilidad en lo más mínimo.

Porque no había contemplado la idea de alejarme de ella.

Pero la señora Granger tenía razón.

-Vaya, aquí estás-

Como si la hubiera invocado, Hermione apareció en el umbral de la puerta a mi lado con una sonrisa algo tímida y ojos brillantes, mientras cruzada de brazos me veía recargada contra el marco. Sin decir nada, la miré como un reverendo idiota mientras se acercaba, y en menos de un instante olvidé por completo aquello que me tenía de tan mal humor.

-Te estaba buscando-

Sonreí de medio lado al escucharla hablar tan tímida, y parado en mi lugar, me recargué contra la pared a mi lado y me crucé de brazos mientras la observaba acercarse.

Con un demonio, se veía tan exquisita que me provocaba besarla en ese mismo instante.

-Pues me has encontrado, Herms-

-Te vi platicando con mi madre y de pronto desapareciste- al ver que no contestaba, me miró con una ceja alzada- ¿Qué tanto te dijo?-

Tragué saliva nervioso, y fingiendo distraerme con una mosca que pasaba frente a mí, desvié la mirada.

-Platicábamos de todo un poco, nada importante-

A pesar de que lo dije con la mayor inocencia del mundo, Hermione no se tragó aquella simple explicación y recelosa, me miró con los ojos entrecerrados y los labios fruncidos pero no insistió. Y yo agradecí a todos los magos de la historia por eso.

No quería volver a pensar en eso mientras ella estuviera frente a mí, tan radiante y hermosa mientras me miraba cruzada de brazos y con una sonrisa en los labios.

-En realidad…- susurró mientras comenzaba a caminar hacía mi- Te estaba buscando por otra cosa…-

Sin decir nada, la miré caminar hacia mí lentamente mientras yo tragaba saliva nervioso y sentía mis nervios tensarse por completo. A pesar de eso, permanecí impasible en mi lugar mientras ella seguía acercándose lentamente, mirando sus pies y jugando con las piedras que se le cruzaban en el camino.

-Quería…quería agradecerte, Harry- finalmente subió la cabeza y me miró con ternura- Luna me dijo que…- miró a su lado- Que todo esto fue idea tuya- me miró de nuevo- Y quería darte las gracias-

Incapaz de decir algo coherente con ella estando tan cerca- demasiado cerca- me limité a mirarla mientras respiraba con fuerza. Por alguna extraña razón Hermione seguía acercándose, y yo no planeaba hacer nada por evitarlo.

No cuando en aquellos momentos me escocía la piel completa por la idea de tocarla.

Como si los cielos me hubieran escuchado o tal vez por el mero hecho de que la miraba con demasiada insistencia, Hermione tropezó con una piedra y antes de que cayera al suelo la sostuve entre mis brazos y la pegué contra mi pecho. Y de nuevo y como en tantas otras ocasiones la tuve de nuevo entre mis brazos…

Y por supuesto, con su rostro a unos cuantos centímetros de los míos y sus tentadores labios invitándome a saborearlos.

-De nada, Herms- susurré casi sin aliento contra su boca, paseando mi mirada por su rostro hasta posarlos en sus labios- Fue un placer-

Casi satisfecho de su reacción, la miré tragar en seco y pasear su mirada por mi rostro también hasta detenerse en mis labios y abrir los suyos solo un poco. Solo lo suficiente para volverme loco.

En aquél instante, me di cuenta que aquella era la tercera vez en una semana que estaba a punto de besarla.

Y que me moría de ganas por besarla.

-Pero…- logré decir por fin en un susurro suave, y sonreí de medio lado- Aún no has visto nada-

Ignorando el ceño fruncido de una confusa Hermione, miré el cielo estrellado solo unos instantes para volver mi mirada hacia abajo y sonreírle casi con malicia. Con las manos ardiendo en deseos de tocarla, la tomé por la cintura y de un simple movimiento la hice dar media vuelta en su lugar sin retirar mis manos de su posición.

Completamente consciente de lo que hacía, pegué su espalda contra mi pecho y casi imperceptiblemente, acaricié su costado con mi mano hasta posarla en su espalda mientras la sentía temblar en mis brazos.

Sonreí de medio lado al sentir aquella reacción, tan innata y a la vez tan sensual, y colocando mi mentón en su hombro, miré al cielo y esperé que la magia comenzara.

-Harry…-

-Sshh, espera un poco-

Antes de que ella pudiera reaccionar, fuegos artificiales de miles de colores comenzaron a iluminar el cielo estrellado mientras creaban formas diferentes y delicadas, desde la inicial "H" hasta las frases más elaboradas como "Feliz Cumpleaños" y una hermosa nutria corriendo grácilmente sobre el manto estrellado para después desaparecer a la distancia.

Todas y cada una en alusión a ella.

De espaldas a mí, Hermione soltó un gemido de sorpresa y abrió sus ojos de par en par mientras miraba el hermoso espectáculo que adornaba el cielo, sin moverse un solo centímetro.

Por el contrario, conforme pasaba el tiempo parecía pegarse más a mí poco a poco, y ahora la tenía tan cerca que podía sentir todas y cada una de sus curvas pegadas a mí mientras se dejaba envolver por mis brazos alrededor de su cintura. Sin poderlo evitar, reprimí un gemido de satisfacción.

Maldito si me movía en esos momentos.

Sumidos en la más apacible calma, y después de lo que pareció una eternidad admirando las luces en el cielo hasta que finalmente escuchamos los gritos de los demás que buscaban a Hermione y la magia que antes nos había envuelto se apagó al instante. Antes de que ella se separar de mí y aprovechando los últimos segundos en los que estaríamos solos, pegué mis labios a su oído y sonreí mientras la abrazaba con más fuerza.

-Feliz Cumpleaños, Hermione-

Como única respuesta, la sentí temblar de nuevo en mis brazos y reprimí una sonrisa de satisfacción antes de alejarme de ella.


~Hermione's POV~

Mucho más noche y aún sin poder creer del todo lo que estaba pasando, los pocos invitados que quedaban en la fiesta se iban yendo poco a poco mientras recibía sus abrazos efusivos y felicitaciones.

-Feliz cumpleaños de nuevo, Herms- Neville me abrazó con fuerza- Y perdón por no haberte felicitado antes, digamos que lo teníamos prohibido-

Neville miró con picardía a alguien por encima de mi cabeza y casi pude ver la sonrisa de medio lado en el rostro de Harry.

-No te preocupes, Neville- sonreí ampliamente- Me imagino el lío en el que te metieron-

-Espero haya valido la pena- me sonrió de manera encantadora.

-¿Bromeas? Fue increíble Neville!-

Como única respuesta, recibí otro caluroso abrazo y un beso en la frente, y deseándome otro feliz cumpleaños, Neville y Hannah se despidieron de los demás y se tomaron de las manos para desaparecer. Poco a poco y después de unos cuantos abrazos, risas y disculpas más, el jardín fue quedándose vacío hasta que solo quedamos los Weasley, Luna, Harry y yo.

-Cariño, espero hayas disfrutado de tu día- con una sonrisa, Molly me abrazó maternalmente- Y que nos perdones por haberles seguido el juego a estos tres-

Detrás de nosotras, solo pude escuchar las risas cómplices de Harry, George y Luna mientras los demás sonreían de oreja a oreja.

-Gracias por todo, Molly, fue increíble-

Después de recibir un montón de abrazos, besos y más felicitaciones de mis sobrinos, cuñados y cuñadas, Harry se acercó a mí discretamente y pegó sus labios a mi oído.

-Iré por nuestras cosas para irnos-

Reprimiendo un escalofrío al escuchar el suave susurro en mi oído, asentí con una suave sonrisa y Harry entró a la casa por la puerta de la cocina mientras yo seguía riendo por las bromas de George. Y de reojo, pude observar la inquisitiva mirada de Luna sobre nosotros para después sonreír de medio lado y alejarse del pequeño grupo en el que se encontraba.

Obviamente para dirigirse hacia mí.

-Feliz Cumpleaños de nuevo, Herms- con una sonrisa, Luna me abrazó con fuerza- ¿Me perdonarás por ser tan mala amiga?-

-Hmmm, tendré que pensarlo- soltando una carcajada al ver su puchero, la abracé con más fuerza- Por supuesto que sí grandísima despistada, no podría estar enojada contigo-

En ese momento, Harry salió de la casa mientras un emocionado Fred se lanzaba a sus brazos y Harry lo elevaba por los aires, haciéndolo reír con fuerza.

Como si algo se hubiera encendido en la cabeza de mi amiga rubia, me miró con los ojos como platos de la emoción y se mordió el labio inferior con fuerza mientras me tomaba de las manos.

-También espero que disfrutes tu sorpresa-

-¿Eh? ¿A qué te refieres?-

Antes de que pudiera responder, Harry se plantó a mi lado y enganchando mi brazo en el suyo, me miró con una sonrisa de medio lado.

-¿Lista para irnos?-

Como única respuesta, solo logré asentir mientras alternaba mi mirada de uno a otro.

Aquellas sonrisas cómplices no me gustaban nada.


Si alguien me hubiera dicho que llegando a casa me esperaba una sorpresa aún mayor, lo más seguro es que no lo hubiera creído.

Exhausta por el día con tantas emociones y aún sin poder encontrar las palabras para agradecerle a Harry lo suficiente por aquella magnífica sorpresa, me quité los zapatos y le sonreí para comenzar a caminar por el oscuro pasillo hasta la sala.

Pero cuando entré a la habitación, estirando mi cuello y masajeando mi hombro relajada, abrí los ojos de par en par y me quedé boquiabierta.

Al parecer la sorpresa no había terminado.

Frente a mí, lo que antes era mi sala parecía haber desaparecido. Los sillones habían sido movidos al fondo de la habitación mientras los arreglos de la mesita de centro habían desaparecido para ser sustituidos por manteles y cubiertos. Al centro, tres velas adornaban la mesa puesta y un montón de mullidos cojines rodeaban la mesita, dándole un aspecto tan confortable que invitaba a cualquiera a tirarse y relajarse.

Y frente a la mesita, la chimenea se encendió en el momento justo en el que posé mi vista en ella, alumbrando y llenando todo con su calor y dándole al lugar un toque tan íntimo y sensual que por un momento creí que aquello no era real.

A toda vista, aquél era el escenario de una velada romántica.

-Harry…pero qué…-

Sin poder terminar la pregunta y aún boquiabierta, di media vuelta para toparme con Harry sosteniendo un enorme ramo de rosas rojas mientras me miraba con una sonrisa suave y encantadora.

Tragué en seco al darme cuenta lo cerca que lo tenía.

-Feliz Cumpleaños, Herms-

-Oh Harry…-

Aún sorprendida, acepté el ramo de rosas que me ofrecía mientras sentía mi corazón latir a mil por hora. Todo aquél ambiente era tan íntimo y delicado que por un momento me sentí como una niña enamoradiza en su primera cita, y por un momento sentí un hueco en el estómago incapaz de controlar.

Sin entender muy bien aún lo que pasaba, miré de nuevo la mesita en el centro mientras las velas se encendían también mágicamente y aspiré profundamente mientras Harry dejaba nuestros abrigos en el sofá a su lado.

-Esto es increíble-

A mi lado, Harry bajó la mirada hasta mí y yo lo miré de vuelta, con los nervios a flor de piel ante su cercanía y embargada por la calidez del lugar y del momento. Casi de manera inconsciente, Harry se acercó a mí tanto que su aliento golpeó mi rostro y me tomó de la mejilla suavemente.

El corazón me dio un vuelco.

-No…- comencé mientras lo miraba- No tenías porque hacerlo-

-Es lo mínimo que te mereces- sonrío- Y lo mínimo que podía hacer para compensar lo de ésta mañana- tomó las flores que me había dado antes y las colocó al centro de la mesa- Ahora…¿Me harías el honor de acompañarme a cenar, Herms?-

Sin atinar a hacer más que sonreír, Harry me tomó de la mano y me invitó a sentarme sobre los mullidos cojines mientras, con un simple movimiento de su varita, un montón de platillos deliciosos aparecieron sobre la mesa y yo lo miré boquiabierta.

-Harry! Pero como…-

-Digamos que aprendí a usar tus hechizos de cocina- se encogió de hombros mientras abría una botella de whisky de dragón y servía dos copas- Además, tu siempre cocinas para mí, me parece justo que ésta vez sea yo quien haga la cena ¿No crees?-

Emocionada hasta lo más profundo, sentí mi piel erizarse y mi corazón latir con fuerza al darme cuenta que todo eso lo había planeado él pensando en mí. Que todo aquello lo había hecho por mí.

Por un momento, recordé la mirada emocionada de Luna antes de irnos de la Madriguera y sonreí para mis adentros.

Esa Ravenclaw me la iba a pagar caro.

-Se ve delicioso- admití mientras tomaba la copa que me ofrecía, y sonreí algo coqueta.

-Y espera a que lo pruebes- me guiñó el ojo- Te haré mirar las estrellas con mi postre de pastel de calabaza, Hermione Granger-

Susurró coquetamente y sin poder evitarlo, los dos soltamos una fuerte carcajada mientras comenzábamos a comer.

Completamente embriagados por el ambiente relajado y por el whisky de dragón, disfrutamos de la cena que en efecto había resultado simplemente deliciosa mientras charlábamos como los dos mejores amigos que habíamos sido desde hacía más de diez años.

Y entre risas, copas de whisky e historias recordadas, pasaron más de dos horas.

En algún momento, y una vez que cualquier resto de la deliciosa cena hubo desaparecido, Harry dejó su copa de whisky en la mesita y me miró sereno.

-¿Qué pasa?- extrañada, mi sonrisa desapareció y lo miré con una ceja alzada.

-Nada importante, es solo que…- dubitativo, Harry tomó su varita que estaba en la mesa y apuntó al fondo de la habitación- Hay una última cosa que quiero hacer hoy-

Con un simple movimiento, una suave y lenta música comenzó a inundar el lugar y no pude evitar sobresaltarme un poco. Sonriente, Harry se paró en su lugar y sin darme tiempo siquiera a decir algo, me ofreció la mano y me miró profundamente.

-Baila conmigo, Herms-

Con el corazón desbocado y creyendo que había escuchado mal, lo miré boquiabierta y acepté su mano algo insegura. De un simple tirón Harry me levantó de golpe y me pegó contra él mientras yo solo atinaba a verlo con los ojos abiertos de par en par.

Pero Harry hizo caso omiso, y rodeando mi cintura con sus brazos mientras me dedicaba una encantadora sonrisa, comenzó a balancearse suavemente al ritmo de la canción. Yo solo atiné a mirarlo, sin poder entender en qué momento Harry había tomado gusto por el baile.

Hasta donde yo sabía y como había comprobado las últimas dos veces, Harry odiaba bailar. Como si me hubiera leído el pensamiento, Harry sonrió aún más y dio un giro suave sin aflojar su amarre.

-Creí que era justo que ahora fuera yo el que te invitara a bailar- dijo- Tenías razón, se estaba volviendo una costumbre que tu lo hicieras-

Lo miré con las cejas alzadas y reprimí una carcajada.

-¿Quién eres y que has hecho con Harry Potter?-

Harry soltó una carcajada ronca y sensual, y yo tuve que morder mi labio inferior para reprimir un gemido de placer al escucharlo.

-Lo secuestré y lo obligué a vencer sus miedos para invitarte por fin un baile decente-

Aquella simple frase, dicha de la manera más simple, me emocionó tanto que por un momento quise soltar un grito de alegría. Que Harry hiciera una de las pocas cosas que más le desagradaban en el mundo solo por mí me brindaba una sensación de satisfacción increíble.

Reprimiendo escalofríos de emoción ante su profunda mirada, coloqué mis manos sobre su pecho y me dejé guiar por sus suaves vaivenes mientras disfrutaba de la sensación de sus brazos rodeándome con firmeza.

-Sorpréndeme entonces, Potter-

Como única respuesta, Harry alzó las cejas y sonrió de medio lado mientras seguía bailando.

Sin decir nada más, continuamos bailando lentamente frente al fuego en vaivenes lentos sin despegarnos, y en algún momento se convirtieron en un íntimo abrazo. Consciente de que era Harry el que tenía frente a mí, enlacé mis manos detrás de su cuello y me pegué a él aún más sin dejar de mirarlo un solo instante.

Él me miraba de igual manera, con sus hermosos ojos verdes brillando a la luz del fuego y sus manos acariciando discretamente mi cintura y mi espalda baja mientras me retenía contra su pecho.

Y no sabía si era por las copas o por el momento, o por el simple hecho de que era él quien me acariciaba y me miraba de esa forma, pero todo lo demás había desaparecido. No sabía cuánto tiempo llevábamos bailando, pero cada vez que reaccionaba escuchaba una canción diferente.

Podríamos llevar horas, y sinceramente me tenía sin cuidado.

En realidad, tampoco me importaba que sus labios estuvieran a escasos centímetros de los míos, tan cerca que podía sentir su dulce aliento golpeando mi rostro a cada exhalación. Tan cerca que no sabía cuánto más podría soportar sin besarlo.

Estúpido alcohol. Necesitaba hacer algo para evitarlo, y rápido.

Y justo en aquél momento, un recuerdo atacó mi mente y aliviada de tener algo en que distraerme, saqué el tema a colación.

-Harry…- lo llamé en un susurro, colocando mis manos en su pecho- ¿Qué fue lo que hablaste con mi madre?-

Como si lo hubiera dicho en voz alta, Harry se sobresaltó y me miró nervioso para después esquivar mi mirada.

-Nada Herms, ya te dije que platicamos de cualquier cosa- dijo mirando una mosca imaginaria que pasaba por mi lado.

-No te creo, cada que haces eso sé que me estás mintiendo- tomé su mentón para obligarlo a mirarme- Sé que algo te dijo, Harry, dímelo por favor-

Sabiendo que no tenía escapatoria de esa, soltó un largo suspiro y me miró de nuevo.

-Hablamos sobre ti- se detuvo, titubeante- Que le gustaría que rehicieras tu vida- su mirada se suavizó- Que tuvieras hijos-

-¿Te dijo eso?-

Entendiendo mi tono de sorpresa, Harry se limitó a encogerse de hombros y restarle importancia.

-Sí, pero le dije que todo está muy reciente- dijo como cosa obvio- Es obvio que tú necesitas tiempo para…-

-¿Tiempo?- fruncí el ceño- Yo no necesito tiempo, Harry, y creo que lo he repetido lo suficiente- antes de que pudiera hablar, continúe- No pienso volver a pasar por lo mismo de nuevo, y mucho menos tener hijos, no si no puede ser con él-

-Por favor Hermione, no empieces de nuevo con eso…- Harry se detuvo y soltó un bufido- Ya hemos discutido bastante lo mismo-

-No, tú lo has discutido- dije, separándome un poco de él- Y no lo quieres entender-

-¿Entender?¿ Qué es lo que tengo que entender, Hermione? - deshizo su amarre- Tu madre tiene razón- me miró con profundidad- Estás negada a la sola idea de rehacer tu vida porque piensas que se ha terminado- desesperado, comenzó a caminar en círculos frente a mí hasta que finalmente se detuvo y me miró- Pero tú sigues aquí, Hermione!-

-Pero él no, Harry, y te dije que todos mis planes se acabaron para mí a partir de ese momento-

-Tienes veintiocho años! Por Merlín!- completamente desesperado, me tomó por los hombros y me zarandeó levemente- Eres demasiado joven para pensar eso, Hermione! Además de hermosa, inteligente…increíble- frustrado, pasó su mano por el cabello y soltó una larga exhalación- Cualquier hombre moriría por estar contigo ¿No lo entiendes?-

Dijo con fuerza mientras yo solo atinaba a soltar una fuerte carcajada y a mirarlo irónica.

-Por favor Harry, ¿Qué hombre moriría por estar conmigo?-

Con su mirada profunda recorriendo mis facciones, Harry me tomó de los brazos y me pegó contra él.

-Yo-

Y antes de poder decir algo, sus labios se unieron a los míos con fuerza en un beso.

Incapaz de reaccionar, me quedé estática en mi lugar y abrí mis ojos de par en par mientras los labios de Harry se cerraban desesperados sobre los míos. Soltando una larga exhalación de alivio al instante, Harry me envolvió de nuevo entre sus brazos, pegándome contra su pecho y rodeando mi cintura con firmeza mientras esperaba mi respuesta.

No era un simple roce de sus labios con los míos. Era un beso, firme y exigente sobre mi boca, esperando ser correspondido mientras su boca se amoldaba lentamente a la mía y paseaba por mis labios de manera experta. Apresándolos, sometiéndolos a su ritmo, mordiéndolos ligeramente mientras yo sentía una nebulosa envolverme poco a poco y disfrutaba su aliento cálido mezclándose con el mío y el sabor de sus labios.

Los labios de Harry.

Y en el preciso instante que me di cuenta de aquello, todo lo demás perdió sentido. Embriagada por completo en aquella realidad y deseosa de probar sus labios aún más, enrosqué mis brazos alrededor de su cuello y pegué mi cuerpo al suyo desesperada mientras me amoldaba a su ritmo, desesperada por más.

Exploré, conocí y probé el sabor de sus labios mientras yo lo dejaba hacer lo mismo, ansiosos por conocernos y deseosos de más. Y cuando abrí mis labios para dar paso a su lengua, gemí contra su boca y me aferré aún más a él, luchando por mantenerme en pie mientras él me apretaba más contra su cuerpo y exploraba mi boca sin descanso.

El beso se volvió exigente, desesperado e incluso algo salvaje. Incapaz de detenerme, gemía contra su boca sin separarme de él en ningún momento, mientras él exploraba y hacía suyo cada rincón de la mía y sus manos se aventuraban a acariciar mi espalda y mi cintura.

Nos separábamos solo para tomar aire, y completamente embriagada por su sabor, sentía su delicioso aliento chocar contra el mío cuando exhalábamos con fuerza. Y de nuevo volvíamos a aquella deliciosa danza mientras los gemidos callados comenzaban a inundar la habitación.

No importaba nada más. Solo él y yo en aquél momento, solo Harry y yo besándonos hasta la inconsciencia.

Aquél pensamiento me llenó por completo y un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Era él. Harry me estaba besando. Aquello con lo que tantas veces había soñado cuando era una niña, aquello que tantas veces había anhelado estaba pasando.

Y como si me hubieran tirado un balde de agua helada y tan rápido como aquél pensamiento inundó mi cabeza, puse fin al beso y me separé de Harry de golpe.

Con la respiración ajetreada y temblando de pies a cabeza, me llevé una mano a los labios con fuerza y lo miré con los ojos abiertos como platos.

¿Qué demonios estaba haciendo?

Durante unos cuantos segundos que parecieron eternos, Harry me miró desde su lugar sin decir absolutamente nada, solo limitarse a respirar con fuerza mientras me miraba. Y cuando por fin habló, lo hizo con cuidado, intentando acercarse lentamente.

-Hermione…-

Pero yo solo atinaba a mirarlo de hito en hito, incapaz de reaccionar.

Solo sabía que tenía que alejarme de él cuanto antes.

Incapaz de contestar, retrocedí un paso y sin decir absolutamente nada, di media vuelta y corrí hacia las escaleras para subir a mi habitación.

Sin saber muy bien lo que hacía, cerré de un portazo y me recargué contra la puerta con el corazón latiendo a mil por hora. Sintiendo mis piernas flaquear, me senté en el piso de mi habitación mientras respiraba ajetreada y miraba a la nada.

Aún sin poder asimilar lo que acababa de pasar, me llevé las manos al rostro y reprimí un gemido de frustración.

¿Qué demonios había hecho?


~Harry's POV~

No sabía cuánto tiempo llevaba sentado frente al fuego de la chimenea. Durante unos minutos me había limitado a ver el fuego crepitar todavía con fuerza, mientras frente a mí, los restos de la velada me recordaban que lo que había pasado había sido real.

A pesar del enorme esfuerzo que había hecho por evitarlo, había besado a Hermione.

Y justo como había imaginado, había sido la experiencia más placentera y deliciosa que había tenido jamás. También la estupidez más grande que había hecho en mi vida.

¿Cómo rayos había podido ser tan increíblemente idiota para arruinarlo de esa manera?

Reprimiendo una maldición, me levanté del sofá por enésima vez y de nuevo miré las escaleras, debatiéndome internamente entre subir o no. Lo había hecho los últimos quince minutos, solo para terminar quedándome parado ahí sin hacer absolutamente nada.

Suspiré. En algún momento tendría que hacerlo, y era ahora o nunca.

Lentamente, subí las escaleras hasta llegar frente a la puerta de Hermione donde me detuve un buen rato sin hacer absolutamente nada.

Cinco minutos después, solté un largo suspiro y armándome de valor, llamé a la puerta con un toque sin obtener respuesta. Frustrado conmigo mismo, apoyé mis manos en el marco y exhalé con fuerza para llamar de nuevo.

-¿Hermione?-

De nuevo me quedé sin respuesta, y solo unos segundos después volví a llamar. Aunque sabía que podría llevarme toda la noche, no pensaba irme de ahí hasta no obtener una respuesta por parte de Hermione, pues sabía perfectamente que ahí dentro, ella seguía despierta y pensando lo mismo que yo.

-Hermione- volví a tocar- Abre por favor-

Los pasos de Hermione sonaron inconfundibles detrás de la puerta, y segundos después su voz llegó amortiguada desde el otro lado, en un susurro apagado que como quiera entendí a la perfección.

-Vete Harry -

-Hermione…- soltando un suspiro, pegué mi frente contra la puerta- Tenemos que hablar, por favor-

-No- dijo claramente, y su voz sonó quebradiza- Lo mejor será que te vayas, Harry-

-Pero Hermione…-

-Por favor Harry, sólo…sólo vete-

Era una petición, simple, directa y sencilla. No quería hablar conmigo, mucho menos verme. En aquellos momentos Hermione me quería fuera de su vida, y por más que me costara, no podía hacer nada por evitarlo.

Resignado ante esa idea, solté un largo suspiro y pegando mi frente de nuevo a la puerta esperé a que mi respiración se tranquilizara.

-De acuerdo-

Me quedé ahí durante unos segundos, esperando una respuesta que al parecer no llegaría, y soltando un suspiro resignado me dirigí a mi habitación por unas cuantas prendas de ropa que empaqué sin cuidado en mi bolsillo con un encantamiento de extensión y salí de nuevo al pasillo para bajar por las escaleras, no sin antes mirar la puerta que permanecía cerrada y que seguiría así hasta que no saliera de ahí.

Reprimiendo de nueva cuenta una maldición, bajé las escaleras sin ánimos, tomé mi abrigo del sofá y dando una última mirada a mi alrededor, salí de la casa dando un simple portazo y caminé hacia la acera para aparecerme en mi casa.

Una vez dentro de mi casa muggle, que claramente lucía abandonada después de tres meses de no pisarla, me tiré en el sofá de la sala sin cuidado y me tapé el rostro con el brazo, con las palabras de Hermione aún rondando en mi cabeza.

E incapaz de evitarlo, recordé lo sucedido tan solo una hora atrás y solté una gemido de frustración.

¿Qué demonios había hecho?