"La Fuerza del Destino"

Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.

Clasificación: NC-17

Pareja: Harry Potter/Hermione Granger

Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.

Notas de la autora: Hola mis queridos lectores!

Rompiendo por completo el patrón de los últimos capítulos en los que me tardaba años en actualizar y debido a un ataque repentino de inspiración divina, aquí les traigo un nuevo capítulo que espero les guste tanto como a mí me gusto escribirlo! Es algo más chico que el pasado, y de hecho más largo de lo que me hubiera gustado, pero simplemente me emocioné tanto al escribirlo que cuando menos me di cuenta ya llevaba casi el doble de lo planeado.

Sin más que decir, quiero aprovechar para agradecer los reviews que me dejan, ya más de cien! No saben el gusto que me da saber que la historia está gustando, ya sea con sus reviews o con sus simples clicks para leer los capítulos.

Ahora sí los dejo leer y disfrutar de éste candente capítulo que espero les guste, y como el título lo dice, creo que no necesitan más ;).

Capítulo 14°: La Culpa es del Alcohol

~Hermione's POV~

Fastidiada por la luz del sol que se colaba por las cortinas semiabiertas, abrí mis ojos con pesar y con una mueca me enderecé para mirar el reloj de mi mesita de noche. Las once de la mañana.

Solté un bufido de frustración y me dejé caer con fuerza sobre la cama para poner mi brazo sobre los ojos. A pesar de haber dormido casi doce horas seguidas, me sentía tan agotada que podría seguir durmiendo todo el día.

Lo que fuera con tal de olvidarme de lo que había pasado la noche anterior.

De la estupidez que había hecho la noche anterior.

Y del hecho de que Harry no se encontraba dormido a mi lado. Anoche, recargada contra la puerta y después de haberle rogado que me dejara sola, había escuchado perfectamente como había entrado al cuarto de huéspedes para empacar todo en un santiamén, así como el sonido de la puerta principal cerrándose.

Incapaz de evitarlo, había corrido para mirarlo caminar hasta la acera desde mi ventana, donde había desaparecido en menos de un pestañeo.

Por supuesto me había echado a llorar hasta no poder más hasta que finalmente me había quedado dormida, vencida por el cansancio de tantas lágrimas. Dormir era lo mejor que podía hacer para olvidarme de todas las emociones que me asaltaban, así como los sentimientos encontrados que libraban una batalla en mi interior.

Deseo, felicidad, emoción. Aquél beso había sido simplemente maravilloso, tan exquisito y delicioso que el solo hecho de recordar los labios de Harry sobre los míos, su lengua dentro de mi boca y sus manos acariciándome, me producía escalofríos.

Tristeza. Culpa. Remordimiento. Después de todo, mi esposo llevaba solo tres meses en su tumba.

Y como si el destino quisiera burlarse de mí, amaba a Harry con todo mí ser. De nuevo.

Ante aquella revelación, miré el techo de mi habitación con mirada perdida, pensando en aquella revelación tan obvia y estúpida.

¿De nuevo? ¿Acaso era así? ¿Acaso alguna vez había enterrado de verdad lo que sentía por él?

Sin tener que pensarlo más de dos segundos, llegué a la respuesta obvia. Tal vez solo se había mantenido oculto, opacado por el amor que sentía hacia Ron y la felicidad que él me hacía sentir. ¿Era posible?

¿Era posible amar a dos personas a la vez? La respuesta también llegó en un santiamén.

La única diferencia entre los dos, es que mi esposo estaba muerto.

Con los anegados en lágrimas, solté una maldición y golpeé la almohada a mi lado para ponerme boca abajo. En aquellos momentos lo único que quería era desaparecer o seguir durmiendo para dejar de pensar. Para dejar de recordar.

Para olvidar que estaba enamorada de Harry como una reverenda estúpida.

Pero como si alguien estuviera en mi contra, el sonido de mi celular timbrando inundó la habitación y de un sobresalto, me enderecé para tomarlo de la mesita de la noche. Miré el nombre del remitente en la tapita iluminada y solté un suspiro. Luna.

Durante unos segundos, me debatí la opción de contestarle y finalmente dejé que siguiera sonando hasta que dejó de timbrar. Sabía perfectamente que Luna me hablaba para preguntarme sobre la noche anterior, y sinceramente, lo menos que necesitaba en esos momentos era a mi mejor amiga enterada de lo que había pasado.

Había besado a Harry, y por más que quisiera no podía olvidarlo.

El celular sonó dos veces más y aún cuando me coloqué la almohada encima para amortiguar el sonido, el poco sueño que me quedaba desapareció por completo, dejándome completamente a merced de mis pensamientos torturándome.

Sabiendo que evidentemente no volvería a quedarme dormida, me levanté lentamente de la cama y salí de mi habitación rumbo a la cocina. Por un momento caminé despacio, como si temiera que mis pisadas fueran a despertarlo.

-Estúpida- susurré casi con furia y seguí bajando las escaleras al darme cuenta que estaba completamente sola.

Reprimiendo las ganas de llorar, terminé de bajar las escaleras y pasé por la sala hacia la cocina para darme cuenta que todo seguía exactamente igual que la noche anterior.

Con una larga inhalación, me detuve de golpe para mirar los restos de la velada. En la chimenea, el fuego se había consumido por completo y solo quedaban las cenizas, mientras en la mesita del centro las velas que habían dado un toque tan íntimo y romántico estaban casi completamente derretidas y los cojines aún se encontraban desperdigados por la habitación.

Y en el sofá a mi lado, las hermosas rosas rojas que me había regalado reposaban aún sobre el posa brazos, como un mudo recordatorio de que todo lo que había pasado anoche había sido real.

Tragando saliva con fuerza, caminé hasta el sofá y con cuidado, tomé una de las hermosas flores del montón y la miré hipnotizada. Cerrando mis ojos, paseé la rosa sobre mis labios con delicadeza, y el recuerdo del beso llegó tan fuerte que por un momento me pareció que aquél pétalo eran sus labios acariciando los míos, como la noche anterior.

Frustrada conmigo misma, abrí los ojos y solté un largo suspiro mientras miraba la rosa en mis manos. Al parecer, no iba a poder dejar de pensar en Harry y sus deliciosos besos por más que lo intentara.

No mientras siguiera en esa casa.

Tenía que salir de ahí cuanto antes.

Con aquél pensamiento en mente, dejé la rosa en la mesita a mi lado y corrí escaleras arriba hacia mi habitación.

Era momento de ducharme y salirme de esa casa.


Ataviada en unos jeans oscuros, zapatos de gamuza negros con tacón de aguja, una blusa violeta de seda y un abrigo corto en color uva, caminaba por las calles de Hogsmeade sin tener mucha idea de a donde me dirigía.

Pero completamente segura de que cualquier lugar sería mejor que mi casa.

Llevaba más de una hora vagando por las hermosas calles del pequeño pueblo, pasando de tienda en tienda y saludando a cuanto conocido me topara. Deteniéndome en cada mostrador que llamaba mi atención, entraba a las pequeñas tiendas que tan bien conocía para comprar algo o simplemente para distraerme.

Después de todo, eso era lo que necesitaba.

Cuando salí de Honeydukes, cargada de una bolsa de dulces y con un dulce de regaliz en la boca, apenas pasaban de las dos de la tarde. Frustrada miré mi reloj e hice una mueca. Solo habían pasado dos horas desde que saliera de casa, y al parecer todas mis opciones se habían agotado.

Después de todo Hogsmeade era un pueblo pequeño, y no podía esperar que de un momento a otro se hiciera más grande por el simple hecho de que yo necesitaba más tiempo lejos de casa.

Pero lo necesitaba. La mera idea de volver y recordar lo ocurrido la noche anterior tirada en mi cama no me atraía en lo más mínimo.

La mera idea de volver a llorar por él, mucho menos.

Justo en aquél momento, recordé el único lugar que no había pisado en Hogsmeade por casi tres meses y al que acostumbraba ir todos los fines de semana, y con una sonrisa de alivio al darme cuenta que había encontrado un refugio de mi misma esa tarde, me dirigí a Las Tres Escobas a toda prisa.

Cuando entré por la puerta había tanta gente que nadie reparó en mi presencia. Era domingo, y la mayoría de la gente lo único que quería era relajarse y disfrutar antes de comenzar otra semana de trabajo.

Era perfecto.

Aliviada de pasar desapercibida y de que no hubiera nadie conocido en el lugar, caminé hasta la barra que se encontraba casi al fondo del pequeño local y dejando mi bolsa a un lado me senté en una de las butacas.

Soltando un suspiro algo cansado, miré al mesero frente a mí, quien me devolvió una sonrisa algo sorprendida al darse cuenta de quién era.

-Una cerveza de mantequilla, por favor-

Aún con una sonrisa, el encargado de la barra dio media vuelta para cumplir el pedido.

Que era justo lo que necesitaba.


~Harry's POV~

Cuando desperté y miré el reloj en mi mesita de noche, eran casi las once de la mañana.

Gruñendo por lo bajo al darme cuenta que no podría volver a dormirme, me había quedado casi media hora tumbado en mi cama, pensando en lo que había pasado la noche anterior.

Recordando a Hermione y el delicioso beso que habíamos compartido.

Recordando también el desagradable final de la noche, cuando ella se había encerrado en su habitación y de la manera más directa me había rogado que me fuera. Recordando lo mal que había pasado la noche, sin el calor de su cuerpo pegado al mío y la suavidad de su piel acariciando la mía.

Por supuesto, había soltado unas cuantas maldiciones al darme cuenta que esa mañana no la tenía a mi lado en la cama.

Por más que había querido evitarlo, no me había quedado más remedio que levantarme y buscar algo que hacer. Sin tener las agallas para ir a La Madriguera, y por supuesto, sin Hermione conmigo, aquél domingo pintaba ser de lo más miserable.

Ahora, dos horas más tarde y tirado en el sofá de mi sala, no hacía más que recordar lo ocurrido anoche.

No podía sacarme de la cabeza el sabor de sus labios, el sonido de sus gemidos callados y la calidez de su cuerpo pegado al mío, tembloroso y anhelante entre mis brazos mientras la besaba hasta la inconsciencia.

Ni tampoco su mirada asustada segundos después, cuando me había empujado al darse cuenta de lo que pasaba y dejarme solo en la sala para encerrarse en su habitación.

¿Cómo había podido ser tan idiota? ¿Cómo había pensado que podría salir bien parado de aquello?

Por supuesto, mi deseo por ella le había ganado la batalla a la razón, y ahora pagaría las consecuencias de eso a un precio muy alto.

-Imbécil- susurré entre dientes, golpeando el cojín a mi lado- Eres un imbécil-

Frustrado, me enderecé en el sofá y lleve mis manos al rostro en un intento por calmar el torbellino de ideas que vagaban por mi cabeza.

Y un maldito sentimiento que me carcomía por dentro desde que había pisado mi casa y que no me había dejado en paz desde entonces.

Culpa. Una maldita culpa.

Porque aún cuando lo quisiera evitar, tampoco había podido dejar de pensar en Ron y en la promesa que le había hecho de cuidar a su esposa en su tumba, tal y como él me lo había pedido antes de marcharse.

Y en cambio, lo único que había hecho era desearla de todas las maneras posibles.

Traicionando a mi mejor amigo, a mi hermano, al esposo de mi mejor amiga. Mi mejor amiga a la que ahora deseaba como jamás había deseado a una mujer.

Por un momento quise gritar de frustración, en un intento por liberarme de aquellos sentimientos que me asfixiaban y me torturaban. En cambio me limité a quedarme sentado, y durante unos minutos que parecieron eternos miré el piso de la habitación mientras dejaba que el remordimiento me carcomiera por dentro.

Y tan solo unos instantes después y convencido de que no podía quedarme un solo segundo más en esa casa, me levanté del sofá y subí hasta mi habitación para cambiarme en un santiamén.

Sabía exactamente a donde tenía que ir.

~o~

Parado frente a la tumba de mi mejor amigo, miré la lápida a mis pies y sonreí de medio lado para después sentarme sobre el césped, donde me acomodé para seguir mirando la pieza de mármol en color negro y donde se podía ver su nombre grabado en la piedra.

-Hola, amigo-

Aun no entendía cómo es que había tenido las agallas para llegar ahí. Y sin embargo, en aquellos momentos no podía estar en ningún otro lugar.

No cuando aquél sentimiento de culpa y remordimiento no me dejaba en paz desde que había cometido la estupidez de besar a Hermione. A la esposa de mi mejor amigo muerto. De mi hermano.

No podía evitar sentirme como el traidor más bajo y repulsivo de todo el mundo.

Y a pesar de todo eso, no había otro lugar en el que quería estar. Después de todo, la única persona a la que habría acudido en aquellos momentos sería a él, el único al que podía contarle todo cuando me sentía confundido o preocupado, como había hecho tantas veces cuando mi matrimonio con su hermana comenzaba a desmoronarse sin remedio.

La única diferencia era que ahora él estaba muerto, y el motivo de mi confusión era nada más y nada menos que su esposa.

Sin poder evitarlo, el recuerdo de la noche anterior regresó a mi memoria y la imagen de Hermione pegada a mí, cálida y suave entre mis brazos mientras la besaba y ella me correspondía, se instaló en mi cerebro para torturarme de nuevo.

Pero ahora que estaba solo y frente a la tumba de mi mejor amigo, aquello se había convertido en un agridulce recuerdo.

-Con un demonio, Ron ¿Qué rayos estoy haciendo?-

Por supuesto, la respuesta a esa pregunta nunca llegó. Pero en aquellos momentos podía imaginarlo frente a mí, con sus puños cerrados y su mirada fría debido a la furia y a las inmensas ganas de golpearme por estarme metiendo con su mujer, sin importar que fuera su mejor amigo.

Pero por más que quería, no podía dejar de pensar en todo lo que ella me provocaba, sentimientos tan profundos e intensos que su simple ausencia me impedía respirar.

Porque hasta ahora que la sentía tan lejana me daba cuenta de cuánto la necesitaba, como necesitaba el aire para respirar. Era una sensación extraña, como si me hubieran quitado algo del pecho y en su lugar hubieran puesto una carga pesada, que me cortaba el aire y me dejaba sin ánimos de nada.

Sin poder evitarlo, comparé esa sensación con la que alguna vez sentí cuando estaba en el proceso de mi divorcio, y con asombro, descubrí que jamás había sentido por Ginny ni la mitad de lo que sentía por Hermione, ni aún después de cinco años de matrimonio.

Jamás había sentido aquella primaria necesidad de tenerla cerca de mí, para cuidarla, protegerla y hacerla sentir segura, solo por el simple hecho de verla feliz.

Jamás la había necesitado como necesitaba a Hermione, con una urgencia tal que en aquellos momentos me resultaba tan desconocida como aterradora. Después de todo, se trataba de mi mejor amiga, a la que había visto como mi hermana más de la mitad de mi vida y a la que ahora deseaba como un loco, en todos y cada uno de los aspectos.

A la que ahora no podía sacar de mi mente un solo instante sin extrañarla, a la que miraba como si fuera la única mujer en el planeta, a la que soñaba con hacerle el amor hasta perderme en ella, hasta conocer todos y cada uno de sus recovecos y saciarme de su ser.

Porque a ella la necesitaba simplemente para que mi vida tuviera sentido. La necesitaba para seguir vivo.

Con un demonio, la amaba con todo mí ser.

Aquella revelación, tan simple y tan complicada a la vez, me golpeó tan fuerte que me dejó completamente helado, incapaz de reaccionar.

Como si me hubieran dado una bofetada, me quedé estático en mi lugar, mirando a la nada mientras procesaba aquella nueva realidad que me aterraba más de lo que quería admitir. No sé cuanto tiempo estuve ahí

Unos minutos más tarde- tal vez diez, tal vez una hora- me levanté y me sacudí la tierra del pantalón, mirando el césped a mis pies y temeroso de levantar la vista, como si esperara que en cualquier momento mi amigo pelirrojo fuera a darme un buen puñetazo que me dejara noqueado en el piso.

Finalmente alcé la vista solo para toparme con la lápida de mármol negro frente a mí, como un mudo recordatorio de la promesa que alguna vez había hecho y la confianza que había traicionado, enamorándome de la esposa de mi mejor amigo.

Y que por más que había tratado, no había podido evitar.

-Lo siento tanto, Ron-

Limpiándome una lágrima rebelde que resbalaba por mi mejilla, miré por última vez la tumba de mi mejor amigo y di media vuelta para alejarme de ahí lo más rápido posible y aparecerme en cualquier otro lugar donde hubiera algo que me hiciera olvidar todo. Absolutamente todo.

En menos de dos segundos, supe exactamente el lugar al que me dirigía.

Lo único que necesitaba en aquellos momentos, era un maldito trago.


Una vez que estuve lo suficientemente lejos de la Madriguera, me aparecí en Hogsmeade en menos de dos segundos y en un santiamén estuve frente a la puerta de Las Tres Escobas.

Sin poder evitarlo, sonreí con alivio y aspiré con fuerza.

Con el familiar sonido de las risas y el olor a cerveza de mantequilla inundando mis sentidos, abrí la puerta del lugar dispuesto a olvidarme por completo de todo el maldito lío que era mi cabeza en aquellos momentos y a embriagarme si era necesario.

Una vez dentro, miré a mí alrededor a la gran cantidad de gente que se encontraba en el lugar y sin poder evitarlo solté un suspiro que fue casi de alivio. Aquello era simplemente perfecto, pues entre tanta gente seguramente podría pasar desapercibido y tomar un copa en la barra sin que nadie me molestara o me interrumpiera.

Dispuesto a cumplir mis planes, me quité mi abrigo y comencé a caminar hacia la barra que muy apenas se veía, escondida detrás del montón de gente que en aquellos momentos disfrutaba de una copa.

Pero como si el destino me hubiera escuchado y quisiera deshacer todos mis planes, en aquél momento pude observar a Dean, Seamus y Neville apostados en una mesa cerca de la barra, y mirando hacia todos lados para darme cuenta que no podía escabullirme sin que me vieran, reprimí una maldición y me quedé estático en mi lugar.

Al parecer, ese día estaba destinado a no mejorar en lo más mínimo.

Como si alguien me hubiera escuchado, Neville volteó su mirada en el momento justo que planeaba la mejor manera de escaparme del lugar y llamando a Dean y a Seamus con un simple golpe en el hombro y haciéndoles una seña con la cabeza, los tres comenzaron a caminar y en menos de dos segundos los tuve frente a mí.

Los tres con la misma expresión de preocupación en sus rostros, mirándose nerviosos y abriendo sus bocas sin saber que decir.

-Harry…gracias a Merlín que estás aquí-

Aquella simple frase dicha por Neville con el más grande de los alivios, me puso en alerta de inmediato y cambiando del fastidio a la curiosidad en un santiamén, los miré con ceño fruncido.

-¿Qué es lo que ocurre?-

Sin obtener respuesta, mis tres amigos se miraron entre sí, como intentando decidir quién sería el próximo en hablar. Comenzando a preocuparme, los miré aún más insistentemente, intentando que alguno dijera algo en vez de solo limitarse a abrir sus bocas.

-Digamos que…hay una…- dudando, Seamus miró a Dean y a Neville- Situación-

Poniéndome aún más alerta ante el tono de Seamus, tensé mis músculos y mi mano fue a dar a mi varita de manera instintiva mientras miraba en todas direcciones.

-¿Situación?- frunciendo el ceño, me acerqué a ellos todavía más- ¿Qué pasa? ¿Hay algún mortífago? ¿Un prófugo de Azkaban?-

-No…no es eso- Dean miró a sus amigos de reojo- Se trata de…- incapaz de seguir, se calló de golpe.

-¿De qué, Dean? Me están preocupando-

-Tranquilo, no pasa nada malo, es solo que…bueno, mejor míralo tú-

Sin decir nada más, Neville se colocó a mi lado y con un simple movimiento de cabeza me indicó el lugar más lejano de la barra, donde nada extraño parecía pasar además de gente bebiendo de sus copas y disfrutando de la tarde. Fue entonces cuando una persona llamó mi atención inmediata.

Con un vaso de whisky de dragón en la mano y caminando de manera precaria por entre las sillas de la barra, una deliciosa mujer entallada en unos jeans de muerte y una coqueta blusa de color uva se paseaba de aquí para allá mientras reía con ganas con los magos y brujas a su lado, y cuando dio media vuelta para intentar sentarse en uno de los banquitos sin mucho éxito, contuve el aliento y abrí mis ojos de par en par.

Era Hermione.

Y estaba borracha como una cuba.

Durante unos instantes en los que no entendí absolutamente nada de lo que pasaba, me limité a mirarla a unos cuantos metros de distancia, observándola reír con ganas mientras terminaba su trago y golpeaba la barra con el vaso, demandando otro trago.

-Lleva haciendo lo mismo no sé cuánto tiempo- a mi lado, la voz de Neville me sacó de mi ensueño- He intentado llevarla a casa pero no se deja-

Yo solo escuchaba lo que decían sin ponerles atención en verdad. Con Hermione así frente a mí, lo único que podía hacer era pensar en la manera de acercarme para sacarla de ahí cuanto antes, sin recibir una bofetada o un grito en el proceso.

Esa mujer en serio quería sacarme de quicio.

-Todos lo hemos intentado- apuntó Seamus- Pero insiste en que está bien y no quiere irse-

-Sí, a mi me dijo lo mismo- continuó Dean- Estuvimos tratando de localizarte pero…-

Incapaz de seguir parado en mi lugar y dejando a Dean con la palabra en la boca, me acerqué hasta la barra donde Hermione se encontraba y me coloqué a su lado sin decir absolutamente nada. Frente a mí, Hermione apreció no enterarse del hecho y continuó mirando hacia el frente, mientras sonriendo de oreja a oreja e inclinada sobre la barra, le gritaba al camarero que atendía a otros clientes.

-Hey, Charlie! Necesito otro trago!- riendo con fuerza, se sentó de nuevo en el banquito para comenzar a rebuscar algo en su bolsa- Creo que por aquí traigo más galeones perdidos pero no sé donde…-

Hablando entre dientes consigo misma, siguió removiendo entre su bolsa hasta golpearme en un costado, mientras yo seguía parado a su lado sin inmutarme. Riendo con fuerza ante el simple hecho de haberme golpeado, finalmente dejó la exhaustiva búsqueda y se acomodó de nuevo para voltear a mirarme.

-Ay señor, lo siento mu…- y cuando su mirada subió y por fin se topó con la mía, sus hermosos ojos avellana se iluminaron y sonrió de oreja a oreja- Harry!-

-Hola, Herms-

Con aquél simple susurro, Hermione sonrió aún más y se alejó solo un poco para enfocarme mejor mientras yo esperaba paciente a que comenzaran los reproches o los gritos.

-Vaya vaya, pero mira nada más a quién tenemos aquí-

Pero contrario a todo lo que jamás hubiera pensado y como si quisiera volverme aún más loco, Hermione solo atinó a levantarse de su asiento de manera tambaleante y en un santiamén la tuve pegada a mi cuerpo de manera casi descarada, con sus brazos anclados a mi cuello y sus preciosos ojos mirándome soñadores.

Y con sus labios peligrosamente cerca de los míos.

-A nada más y nada menos que Harry Potter- sonriente, Hermione ladeó su cabeza y se restregó aún más contra mí- Tan hermoso y apetecible como siempre-

Abriendo mis ojos de par en par ante la descripción, miré a mi alrededor disimuladamente solo para darme cuenta que todos los que estaban a nuestro alrededor comenzaban a mirarnos curiosos y sonrientes, mientras mi cabeza intentaba hallar el modo más rápido de salir de ahí sin hacer mucho alarde.

Pero por el estado de Hermione y la indecorosa situación en la que ahora nos había metido, estaba seguro que las posibilidades de hacerlo serían casi nulas.

-¿Por qué me dejaste sola anoche, Harry?- incapaz de detenerse, Hermione se pegó aún más a mí y me miró con un puchero- Te extrañé mucho anoche…-

Sorprendido por aquella revelación tan sincera y que parecía esconder una invitación sexual, abrí mis ojos de par en par y tragué en seco.

A pesar de estar completamente ebria, Hermione hablaba apenas en susurros, y yo agradecí a todos los magos de la historia porque aún en aquellos momentos Hermione pudiera conservar algo de cordura.

Algo que yo comenzaba a perder cuando su cuerpo se restregaba al mío de aquella forma y sus labios se encontraban a escasos centímetros de los míos. Pegada a mí, Hermione me miraba aún con resentimiento mientras sus manos acariciaban mi cabello con una delicadeza tal que resultaba erótico, y reprimiendo una maldición, inhalé profundamente y me obligué a controlarme.

Por que por más que quisiera, no podía negar que aquella actitud de innata coquetería y sensualidad de Hermione debido al alcohol era de lo más excitante, tanto que me provocaba sacarla de ahí y llevarla a casa cuanto antes para hacerle el amor hasta perder la razón.

Reaccionando de manera inmediata, meneé mi cabeza y maldije por lo bajo.

Por todos los cielos. Hermione estaba borracha y lo único que hacía en aquellos momentos era excitarme.

-Herms, será mejor que te lleve a casa-

-No, no…- mirándome como una niña pequeña a la que le han quitado un dulce, Hermione se pegó aún más a mí y sonrió- No quiero irme a menos que vayamos los dos a casa, por favor Harry-

-Hermione…- mirando en todas direcciones nervioso, la miré de nuevo y me obligué a controlarme- La gente comienza a vernos-

-No me importa- con otro puchero, Hermione se aferró más a mi cuello- No me iré de aquí si no me prometes que irás a casa conmigo- mordiendo su labio inferior de la manera más sensual que jamás hubiera visto, me miró anhelante- Por favor Harry, no quiero seguir sin ti, promételo-

Conteniendo una exhalación ante aquella sincera declaración, la tomé por la cintura y tomando su bolsa y su abrigo de la silla la pegué con fuerza contra mí para evitar que cayera y la miré profundamente.

-Lo prometo- susurrando aquello contra su boca, me acerqué a sus labios más de lo que el decoro indicaba- Ahora vamos a casa, Herms-

Moverla entre la gente que ahora comenzaba a dispersarse y a meterse en sus asuntos- seguramente obligados por Neville, Dean y Seamus- resultó de lo más sencillo en aquél estado, y con una Hermione sonriente cual niña pequeña y tambaleante entre mis brazos, caminé hasta la salida del lugar para sacarla de ahí cuanto antes.

-Avísanos si necesitas cualquier cosa, Harry!-

Con un simple asentimiento de cabeza y una última mirada a mis amigos, salí de Las Tres Escobas con Hermione casi en brazos y caminé por las tranquilas calles de Hogsmeade con todas las posibilidades de lo que haría después cruzando por mi cabeza.

No podía dejar a Hermione sola en casa y en su estado, pues por lo que podía ver, no sería sino hasta mañana y después de un buen baño con agua fría- que no confiaba mucho en ayudarle a dárselo- que Hermione recobraría la cordura.

Por supuesto tampoco podía quedarme con ella en casa o llevarla a la mía, pues no podía confiar para nada en el hecho de ser inmune a sus caricias y a salir victorioso de mi lucha contra mis ganas de hacerle el amor. Además, sabía que en aquellos momentos la única razón por la que no me había gritado que la dejara en paz era por el efecto del alcohol, pero una vez sobria seguramente lo último que querría sería verme.

Por lo tanto, la última opción que me quedaba parecía ser la única.

Cuando por fin llegamos a un callejón y estuve seguro de que nadie nos veía, me separé de Hermione lo suficiente para tomar aire y tomándola por la cintura, la miré con profundidad.

-Hermione, necesito que te concentres en la casa de Luna para poder aparecernos ¿De acuerdo?-

-¿Qué?- meneando su cabeza, Hermione se restregó de nuevo contra mí y yo contuve una maldición- No, quiero que me lleves a casa, Harry-

-Hermione, no…-

Silenciándome con un delicioso beso que me dejó sin aliento durante unos segundos, Hermione enganchó de nuevo sus brazos a mi cuello y pegó su cuerpo al mío de manera tan descarada que por un momento quise olvidarme de todo y hacerle caso. Llevarla a casa y hacerle el amor como ella silenciosamente proponía, o simplemente hacerle el amor ahí y ahora, en aquél desolado callejón.

Pero como si me hubieran dado un golpe en la cabeza, me separé de ella y meneando mi cabeza de un lado a otro con fuerza, la tomé por la cintura y con un simple movimiento de varita nos desaparecí de aquél lugar en un santiamén.


Parado frente a la puerta de la casa de Luna, toqué el pedazo de madera por segunda vez y con Hermione riendo entre mis brazos como si estuviéramos haciendo una travesura, recé a todos los magos porque mi amiga rubia estuviera en casa.

-Luna, abre por favor!-

-Voy Harry, voy!- escuchando el grito amortiguado de Luna al otro lado, la puerta se abrió por fin- Por Merlín, Harry…no seas tan deses…-

Callando de golpe, Luna nos miró con los ojos abiertos de par en par mientras dejaba caer su mandíbula. A mi lado, Hermione soltó una risita traviesa y saludó con la mano a mi amiga rubia quien parecía seguir en estado de shock.

-Hermione!- cuando por fin pudo hablar, su mirada pasó de uno a otro- Harry! ¿Pero qué rayos…-

-Necesito acostarla en algún lado- sin darle tiempo a reaccionar, entré a la casa con Hermione tambaleante entre mis brazos- ¿Dónde está el cuarto de huéspedes?-

Soltando una risa contagiosa, Hermione se aferró aún más a mi cuello y miró a Luna con una sonrisa de oreja a oreja. Frente a nosotros, Luna nos miró con ceño fruncido mientras examinaba a Hermione con detenimiento.

Segundos más tarde, Luna sonrió de manera pícara y cruzándose de brazos divertida, meneó la cabeza de un lado a otro con desaprobación.

-¿Está…-

-Totalmente ebria- completé, incapaz de contener una sonrisa.

-Como una cuba!- a mi lado una sonriente Hermione miró a Luna con los ojos abiertos de par en par- Aunque no sé qué significa eso…- me miró de nuevo soñadora- ¿Tú sabes porque dicen eso siempre que la gente está ebria? Aunque yo solo estoy pasada de copas y…-

Frente a nosotros e incapaz de contenerse por más tiempo Luna soltó una estruendosa carcajada.

-Luna! Por el amor de todos los magos! Dime a dónde la llevo!-

Con sus manos en el estómago y arqueada por el esfuerzo de tanto reír, Luna se limpió las lágrimas y señalando las escaleras comenzó a caminar hacia la cocina.

-La última habitación del pasillo a la derecha- con aquella simple indicación, le dio una última mirada a Hermione- Súbela, le prepararé una poción que le bajara el alcohol-

Y meneando su cabeza de par en par mientras reía con fuerza, desapareció detrás de la puerta mientras me dejaba con una sonriente Hermione colgada a mi cuello al pie de las escaleras mientras intentaba subirla sin éxito.

Dándome cuenta que el equilibrio de Hermione era tan precario- más con esos enormes zapatos de tacón- que apenas podía mantenerse en pie, la tomé entre mis brazos como si fuera una pluma y en menos de un santiamén subí las escaleras con ella cargada hasta la habitación de huéspedes.

Mientras entre mis brazos, con sus brazos enganchados y su respiración a unos milímetros de mi cuello, Hermione parecía dispuesta a torturarme de todas las maneras posibles.

Abriendo de una patada la maldita puerta que cedió en unos instantes, la dejé de nuevo en el piso y cerré la puerta detrás de mí para volverme hacía ella.

Y me besó de nuevo con furia.

Cuando de nuevo se pegó a mí de una manera tal que entre nosotros no cabría ni un alfiler y sus labios se pegaron a los míos en un beso desesperado, gemí con fuerza e incapaz de contenerme, le respondí el beso con furia.

Aquella mujer en serio quería volverme loco.

-Por favor, Harry…- separándose solo para tomar aire, Hermione susurró contra mi boca- Hazme el amor, por favor-

Y sin darme tiempo siquiera a reaccionar volvió a besarme con fuerza, restregándose contra mi cuerpo mientras sus manos acariciaban mi espalda y mis hombros y yo intentaba pensar de manera coherente.

Que Merlín y todos los magos de la historia me ayudaran. Hermione me estaba pidiendo que le hiciera el amor.

Aquella simple petición, dicha entre gemidos y susurros desesperados, me excitó tanto que por un momento pensé en mandar todo a volar y sin pensar, la seguí besando mientras acariciaba su cintura y su baja espalda.

Entre mis brazos, Hermione gimió quedamente y abriendo sus deliciosos labios para profundizar al beso, exploró a su antojo mientras nuestras lenguas danzaban en sorprendente armonía.

-Hermione, Hermione…- lograba decir entre besos- No puedo, Herms…no podemos-

Pero ella me seguía besando, dejándome sin defensa alguna y quebrando mi cordura poco a poco mientras sus manos ansiosas recorrían mi pecho y sus labios acariciaban los míos.

-Por favor, Harry- lograba decir entre besos- Hazme el amor-

Intentando mantenernos a ambos en equilibrio y de apagar la excitación que sentía, caminé con Hermione en brazos hasta la cama y separándome solo de ella un instante, la empujé hacia atrás con delicadeza para que se acostara. Pero sus brazos se quedaron enganchados a mi cuerpo y besándome aún con pasión, Hermione me arrastró con ella hasta que los dos estuvimos acostados en la cama.

Y tuve a Hermione tendida bajo mis brazos, besándome con descaro mientras se restregaba contra mí de manera deliciosa, en una suave pero clara invitación a hacerle el amor.

Con un demonio, no me lo estaba poniendo nada fácil.

-Anda Harry, vamos- separándose de nuevo solo un poco, sus manos ansiosas bajaron por mis costados hasta aferrarse a los bordes de mi camisa- Hazme el amor-

Gruñendo desesperado ante aquella petición que me taladraba la mente y me cortaba la respiración con el simple hecho de oírla de sus labios, finalmente reuní las fuerzas necesarias para entrar en razón y separándome de ella solo lo justo para mirarla a los ojos, tomé su mejilla con mi mano y la miré con ternura.

-No sabes cómo me encantaría, preciosa- susurré agitado contra sus labios, más sincero que nunca- Pero no puedo, porque desgraciadamente…- respirando con dificultad, pegué mi frente a la suya frustrado- Mañana ni siquiera te vas a acordar…-

Durante unos instantes que parecieron eternos, nos limitamos a mirarnos tumbados en la cama, con ella aún debajo de mí y su tibio cuerpo pegado al mío de manera deliciosa mientras nuestras respiraciones volvían a la normalidad.

Los minutos pasaron, hasta que finalmente Hermione tomó su rostro entre mis manos y mirándome con sus ojos acuosos, me habló con voz suave.

-Lo he deseado toda la vida, Harry- susurrando aquello contra mis labios, yo solo atiné a abrir mis ojos de par en par- Lo he deseado porque te he amado toda la vida, Harry, y tú jamás pudiste verlo-

Como si me hubiera dado un golpe, me quedé completamente helado en mi lugar.

Te he amado toda la vida. Aquellas palabras, tan simples y dichas con la mayor sinceridad, me golpearon con una fuerza tal que por un momento no pude decir nada. Solo atinar a mirarla con ojos desorbitados, mientras debajo de mí, ella seguía acariciando mi mejilla con delicadeza, inconsciente de lo que acababa de decir.

De lo que acababa de revelar.

-Y después llegó Ginny…- continuó hablando en un susurro- Y me dejaste sin esperanza alguna, pero te superé en cuanto Ron llegó a mi vida, y te olvidé, te lo aseguro- hablando más para con ella misma, Hermione seguía acariciando mi mejilla- Y ahora regresas después de tantos años para volver a atormentarme, para volver a enamorarme ¿Por qué me hiciste esto, Harry?- con sus ojos nublados por las lágrimas, Hermione me miró con reproche- ¿Por qué me haces esto?-

Con mi corazón latiendo a mil por hora y mi cerebro trabajando a una velocidad increíble, me limité a mirarla aún sin poder creer lo que acababa de escuchar. Intentando asimilarlo, sin tener idea si había escuchado bien todo lo que me había dicho.

Debajo de mí, Hermione me devolvió una mirada anhelante para después comenzarla a cerrar, vencida por el efecto del alcohol y el cansancio. Hasta que finalmente se quedó dormida.

Dejándome completamente sorprendido y fuera de lugar.

Y con sus palabras retumbando en mi cabeza sin cansancio.


Cuando bajé las escaleras, después de haberle quitado a Hermione su saco y sus zapatos y de arroparla entre las sábanas para que siguiera durmiendo, me quedé parado al pie del último escalón mientras miraba a la nada, con las últimas palabras de Hermione repitiéndose en mi mente y sin poder creer que aquello que había escuchado era cierto.

No podía ser cierto.

Casi sin pensar en lo que hacía y moviéndome de manera automática, caminé hasta la cocina en donde Luna se encontraba terminando de preparar la poción. Sin decir absolutamente nada, saqué una de las sillas del pequeño comedorcito y me dejé caer en ella con descuido, aún asimilando lo que acababa de escuchar.

Frente a mí, Luna dio un respingo y asustada, dio media vuelta para mirarme con la mano en el pecho.

-Por Merlín Harry! Me asustaste!- en el instante que me vio, su semblante cambió de enfadado a preocupado en un santiamén- Harry ¿Te encuentras bien?-

Segundos más tarde, meneé mi cabeza de un lado a otro y miré a Luna con una sonrisa de medio lado.

-Sí, sí…no te preocupes- hice un ademán con la mano para restarle importancia- Y no te preocupes por la poción, se quedó completamente dormida y dudo que despierte hasta mañana-

Frente a mí, Luna solo atinó a soltar un suspiro y limpiando sus manos con un trapo a su lado, me miró con severidad y comenzó a caminar hacia la mesa para sentarse en la silla frente a mí.

Una vez sentada, mi amiga rubia me miró fijamente durante unos instantes y cruzándose de brazos, se arrellanó en su silla para escucharme.

-¿Y bien?- Luna se encogió de hombros, intentando no sonreír con malicia- ¿Me puedes decir que fue lo que pasó para que nuestra intachable Hermione se pusiera así?-

Aquella era una pregunta que demandaba respuesta. Por un momento consideré la idea de inventarle cualquier cosa, de decirle cualquier estupidez que me hiciera salir vivo de aquella.

Pero Luna era una de mis mejores amigas, y me conocía demasiado bien para saber en un instante que estaba mintiendo. Además, ningún caso tenía prolongar una verdad que tarde que temprano ella descubriría, ya fuera obligándome a mí o a Hermione a decirla. Una verdad que yo no podía seguirme callando.

Mucho menos cuando sospechaba que Luna podría saber algo, más siendo la mejor amiga de Hermione durante años. Algo que ella tendría que decirme una vez que yo le revelara todo, algo que podría ayudarme a solucionar el lío que tenía en mi cabeza.

Soltando un largo suspiro mientras cerraba los ojos, me armé de valor y finalmente solté el aire contenido para mirar los ojos azules de Luna frente a mí.

-Besé a Hermione anoche -

-¡¿Qué qué?- abriendo sus ojos de par en par, Luna se levantó de su silla de golpe- ¿Qué hiciste qué?-

-Lo que estas escuchando…- frustrado, paseé mis manos por la cara y me cubrí la nariz con ellas- Anoche besé a Hermione…-

Frente a mí, Luna se sentó se nuevo en su lugar, mirándome con ojos desorbitados y su mandíbula desencajada.

-Y…- cuando finalmente pudo hablar, titubeó largo rato- Y ella…-

-Me correspondió- dije sin más, dejándome caer en la silla- Y es por eso que ahora está así…- me detuve un momento- La encontré por casualidad en Las Tres Escobas, yo también iba por un trago-

-Quieres decir que…¿Te fuiste?- aquello pareció sorprender más a Luna- La besaste, quiero decir, se besaron ¿Y te fuiste?-

-Por supuesto que sí, Luna! Ella ni siquiera quería verme después de lo que pasó!- soltando una maldición, mordí mis pulgares y miré el suelo- Y con toda razón-

Sin saber que contestar, Luna me miraba todavía con ojos desorbitados, intentando asimilar lo que acababa de decirle mientras abría su boca para intentar decir algo.

-Eso es…- hablando para ella misma, Luna se dejó caer en su silla- Eso es increíble-

Aquello me cayó peor que si me hubiera dado una bofetada o me hubiera gritado.

-¿Increíble?- siendo yo ahora el sorprendido, miré a Luna como si quisiera atravesarla con la mirada- ¿Increíble? Soy el más maldito traidor que existe en el mundo, eso es lo que soy- respirando con fuerza, me enderecé en mi lugar y la miré sobre la mesa- Besé a la esposa de mi mejor amigo muerto cuando él lleva tres meses en su tumba, y me dices que es increíble-

Frente a mí, Luna solo sonrió de oreja a oreja.

-Sí, lo es, Harry-

-Luna ¿Es que no estás escuchando? Te dije que…-

-Te oí claramente, Harry, y por más que te duela que no te trate como el bicho que al parecer quieres ser en este momento, no pienso hacerlo-

Sin poder entender la reacción de Luna ante aquella revelación, la miré con mi mandíbula desencajada desde mi lugar y como si fuera posible, aún más confundido que antes.

-¿Qué?-

No parecía molesta, ni decepcionada, mucho menos furiosa. Al contrario, parecía como si estuviera feliz, como alguien que obtiene una buena noticia después de tanto tiempo. Como alguien que por fin ha obtenido lo que quiere, después de tantos años.

Y como si me hubieran dado una bofetada, las palabras de Hermione en la habitación retumbaron de nuevo en mi cabeza.

Sin poder evitarlo, mi corazón volvió a latir con fuerza. Necesitaba comprobar que aquellas palabras no habían sido solo producto del alcohol. Necesitaba saber que eran ciertas, necesitaba terminar con aquella duda que me carcomía desde que había salido de esa habitación.

Y Luna parecía ser la única salida.

-Hermione me dijo algo, Luna, algo que…algo que necesito saber si solo fue producto del alcohol- paseando mi mano por el cabello, la miré ansioso- Algo que no podré sacarme de la cabeza jamás, no si no puedo descubrir si es cierto-

Frente a mí, mi amiga rubia comenzó a respirar algo agitada, casi temiendo que siguiera hablando. Como si supiera algo que no podía revelar, como si tuviera un secreto que no podía contar.

Como si supiera de lo que estaba hablando.

-Me dijo que siempre me ha amado - aún sin poder creerlo, pronuncié esas palabras en un susurro- Que siempre me amó, y que jamás pude verlo-

Sin obtener un solo indicio de sorpresa en su expresión, mi cabeza comenzó a trabajar a mil por hora y mis sentidos se alteraron de inmediato, gritándome una realidad que no podía creer que fuera cierta.

No podía haber sido tan estúpido, tan imbécil.

Tan ciego.

-¿Es cierto, Luna?-

Frente a mí, mi amiga rubia sonrió con ternura y ladeando la cabeza, me miró con sus ojos acuosos.

-¿En serio necesitas que te conteste, Harry?-

En aquél momento, bien podría haberme dado una bofetada y hubiera dado lo mismo.

Al parecer, había sido mucho más que eso.


~Hermione's POV~

Cuando abrí mis ojos y miré a mí alrededor, reconocí de inmediato aquella colorida y extraña habitación y en menos de un segundo supe exactamente en donde estaba. Con un maldito dolor de cabeza martilleándome las sienes con fuerza, cerré los ojos con fastidio y me llevó la mano a la frente, intentando que todo a mí alrededor dejara de dar vueltas.

De inmediato recordé la razón por la que me sentía así, con una nitidez tal que por un momento quise creí que era un simple sueño.

Aquello no era más y nada menos que síntomas de una terrible resaca.

Como si reviviera un sueño o una mala broma, las imágenes de la tarde anterior pasearon mi mente como si se trataran de una película, recordándome todo lo que había pasado el día anterior.

Las Tres Escobas, un montón de cervezas de mantequilla y whisky de dragón, y las risas inundando el lugar mientras el maldito alcohol hacía su efecto en mí, relajándome y desinhibiéndome por completo.

Haciéndome olvidar.

Y abriendo mis ojos de par en par, las últimas imágenes de lo ocurrido llegaron a mi mente de golpe, donde me besaba apasionadamente con alguien en un callejón, después en una habitación sola y oscura y finalmente en una confortable cama, en la misma en la que estaba ahora.

Un hombre que me acariciaba de una manera que debería ser prohibida, besándome con urgencia, mirándome con una pasión y deseo iluminando sus hermosos ojos brillantes. Sus hermosos ojos verdes.

Harry.

Al que le había dicho que lo necesitaba a mi lado, al que le había rogado que me hiciera el amor.

Al que le había dicho que lo amaba desde que tenía memoria.

Reprimiendo un grito de frustración, me enderecé en la cama de golpe sintiendo como todo a mi alrededor daba vueltas mientras llevaba mis manos al rostro, intentando controlar todas las emociones que me asaltaban en aquél momento.

-Buenos días, dormilona-

Como si hubiera hablado a través de un megáfono, la dulce voz de mi mejor amiga retumbó en mi cabeza con fuerza, y por un momento quise taparme los oídos para reprimir el ensordecedor sonido. Sin levantar la cabeza, apoyé mi frente en las manos y miré la sábana azul en mi regazo.

-¿Cuánto tiempo llevo aquí?-

-Desde ayer, dormiste toda la noche sin parar-

-¿Y Harry?- pregunté al grano, después de todo no tenía duda alguna- ¿Dónde está?-

-Se fue a su casa, me dijo que regresaría después-

Luna contestaba todo sin titubeos y sin rodeos, como si entendiera lo que en aquellos momentos pasaba por mi cabeza. Sin levantar la vista en ningún momento, la escuché caminar suavemente hacía mí hasta sentarse en el borde de la cama, esperando que siguiera con las preguntas.

-No hay ninguna posibilidad de que todo haya sido un sueño, ¿Verdad?-

-No-

-Todo lo que hice…- temerosa de escuchar la respuesta, dudé un poco- Todo lo que dije ¿Todo sucedió en verdad, no?-

Después de unos segundos de angustiosa espera, Luna por fin contestó.

-Sí, Herms, todo-

Soltando un gemido de desesperación, me dejé caer en la cama con fuerza y cubrí mi cabeza con una almohada mientras reprimía las ganas de llorar.

Y en aquel momento, solo pude culpar al maldito alcohol.

¿Cómo iba a salir de esa?