+ESTIGIA+

04. Capitulo IV: Malas impresiones

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No prometo nada de nuevo. A penas si he podido actualizar dentro de un plazo decente. Espero que lo disfruten de todas formas. Agradezco a las personas que aún lo leen y a las que dejan sus comentarios. Son muy bien recibidos.

Pronto será rating M, así que no se sorprendan.

N.D.A: Las frases largas en cursivas son de la voz en la cabeza de Ben. El resto son de pensamientos o para dar énfasis a una palabra.

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Disclaimer: Esta serie no me pertenece, fue creada por Man of Action y producida por Cartoon Network. Gracias a ustedes por esta espectacular idea, de la cual no espero obtener algún lucro, sólo tomar prestados los personajes para mis locas ideas.

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El impacto los hace volar contra las estanterías cercanas, mientras la sensación de vacío se apodera de sus estómagos. La panorámica se vuelve confusa y el estruendoso sonido del metal chocando contra el asfalto llena sus oídos. El vehículo se detiene finalmente contra el andén donde transeúntes preso del pánico huyen de la conmoción. La figura agresora se impulsa desde su ubicación y vuela hasta caer sobre el carro destrozado. Ríe descontroladamente levantando sus musculosos brazos en señal de victoria sin poder detener la creciente excitación que aquello le produce, por su cabeza solo pasan miles de ideas de cómo enfrentar a su némesis y hacerlo sufrir tan lentamente que al final desee estar muerto.

Dentro del vehículo, el primero en despertar de la confusión es Ben, quién adolorido enfoca su vista tratando de acomodarse a la nueva situación. Observa como todos los objetos se han saltado de su lugar y todo es un caos. Nota al incorporarse la punzada de dolor en la parte trasera de su cráneo, maldición, se queja de su suerte. Instintivamente pasea sus dedos por la zona lastimada, y la sensación de humedad le da a entender que tan grave es. El líquido rojizo resbala por su nuca hasta perderse debajo de su camisa. Se mueve apartando los objetos que han caído sobre su cuerpo; rápidamente y lo que sus piernas le permiten alcanza a su prima que unos pasos más allá yace inconsciente. La revisa atento pero no hay daños considerables, una pequeña contusión y una jaqueca más tarde no suena tan horrible. La mece suavemente para hacerla reaccionar pero no recibe una respuesta positiva alguna. Dejándola a un lado, busca con su mirada al otro hombre en el camper, sus ojos se detienen en la figura recostada incómodamente sobre la caja de cambios sin aparente señal de despertar pronto. Suspira, al menos están vivos, es lo que pasa por su mente.

Y entonces cuando cree que las cosas no pueden ser peores, un brusco estremecimiento y el golpeteo desesperado sobre la puerta de salida le hace alertar. Detalla cada rincón del camper y al finalizar el pasillo, una ventana echa trisas de su improvisada habitación le dan una idea. Antes que la única protección contra el intruso sea violentada y destrozada por el desesperado ente, atraviesa el pequeño tramo y cuidando de no cortarse en el proceso, se escabulle por el gran hoyo en el vidrio, sí, esa es la única manera de alejar al atacante y mantener a salvo a sus ocupantes. Se arrastra lejos de los fragmentos filosos de cristal jadeando aún por el esfuerzo. El asfalto caliente bajo su cuerpo y la cálida de la luz del sol le mandan dolorosos estímulos. Pronto una gran sombra lo cubre por completo y la presencia del sujeto atacante se posa a su espalda.

-¿A dónde crees que vas, Tennyson? –le sugiere una voz ronca y burlona que asume es el alien atacante y que para su desgracia, le es totalmente conocida.

-A ningún lado, Kevin –le responde aún de espaldas a este sentado en una posición incómoda, piernas dobladas a lado y lado de su cadera y su tronco flexionado hacia adelante con su vista clavada en el pavimento. Voltea a mirar de reojo al exhumano para asegurarse que este no se ha movido y no quiere embestirlo brutalmente.

Pero que tenemos aquí…un viejo enemigo ¿Me pregunto si te irá mejor con él que con Vulcano?

Intenta suprimir ese comentario que ha hecho eco en su cabeza. Su estómago se revuelve de solo recordarlo…la sangre parece invadir de nuevo sus manos goteando escandalosamente mientras pedazos de carne se escurren por sus antebrazos…olvídalo, olvídalo se dice a sí mismo. Definitivamente el destino jugaba de una manera poco ortodoxa y en su contra. ¿Cómo enfrentar a Kevin 11 sin que "eso" volviera a seducirlo, sin que volviera a tomar el control? ¿Cómo lo derrotaría sin el omnitrix…?

No puedes… ¿Cómo lo harás si el miedo está inmovilizando cada parte de tu cuerpo? –se burla la voz ante su creciente pánico.

¿Acaso no te gustó lo que hiciste con Vulcano?...Pero fue tan divertido…. ¿No es así, Benjamin?

Muerde con fuerza su labio inferior. Lleva con violencia sus manos a su cabeza y la oprimen sin consideración esperando amortiguar el caos de emociones en su alma. Está temblando, no, no podía. No volvería a caer en la trampa.

-¿Por qué tan callado, Tennyson? No me gustaría que dejaras de alardear como de costumbre…así no sería divertido cuando te cierre esa boca cuando te destroce…

La voz ríe bajito ante el comentario, ese híbrido le gustaba y mucho. Si, si, destrózalo… ¿No lo crees, Ben?

-¡Cállate! –grita el castaño. ¿Era acaso un complot en su contra? "Eso" y Kevin parecían estar de acuerdo para atormentarlo. Por dios, ¿Cuando se iban a callar todos de una vez por todas? Sin pensar realmente lo que sucederá, se levanta y corre lo más lejos posible, porque de algo está seguro, tiene miedo de usar el omnitrix y por lo tanto, sin este no va a derrotar a nadie. -¡Eso no será suficiente para escaparte! –escucha a lo lejos la advertencia del alien pero no duda, si lo hace la locura amenaza con reemplazar sus inseguridades y entonces, todo estaría perdido.

Kevin lo ve huir como un cobarde, algo que normalmente no haría, sin embargo, ese tipo de comportamiento lo trasporta a un juego, uno de cazador y presa que tanto adora. Se impulsa con sus poderosas piernas y avanza así varios metros cayendo muy cerca del joven. Un enorme cráter se forma en la mitad de la calle mientras unos despistados conductores evaden la depresión para chocar unos contra otros. Cristales verdes viajan por el aire, a la vez, y se incrustan fácilmente dejando un tramo de filosos diamantes a medida que Ben los evade y desaparece por un callejón.

-¡Maldita sea! –grita frustrado por su falta de puntería. Camina apartando a las personas que se atraviesan empujándolas toscamente a un lado.

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Permanece de pie observando con cuidado como el desesperado mocoso intenta romper el metal del vehículo para acceder. Se ríe cuando nota como el objetivo se le está escurriendo por una de las ventanas rotas sin que se haya dado cuenta de ello. De repente este deja de golpear el camper, al parecer se ha percatado del escape del otro pues se mueve hacia el extremo opuesto del vehículo.

Las dos figuras permanecen quietas, uno sentado en la mitad de la calle con la mirada clavada en el asfalto y el otro detrás del primero, evaluando la posibilidad de atacarlo. Escucha las palabras en un susurro, parece que han entablado una conversación.

Deja caer su vista en el castaño, en sus expresiones puede leer la confusión, el miedo y algo que desconoce…ni siquiera parece estar poniendo atención a la circunstancia en la que se encuentra. ¿Acaso es consciente de lo que el híbrido está por hacerle? Lo nota, está distraído, pero ¿Por qué?

Entrecierra sus ojos, el dueño del actual omnitrix es apenas un chiquillo de la raza más débil que pueda existir en el universo. Vaya contradicción, piensa negando con la cabeza. Y luego hace algo que lo dejo intrigado. El mocoso se levanta y huye veloz ante un atónito híbrido que no da crédito a lo que ve. Pobre Kevin, buscaba pelea y terminó convirtiéndose en un cazador.

Su larga cabellera se balancea en el aire antes de elevarse con agilidad hacia el edificio al otro lado de la avenida. Esta dispuesto a seguirlos hasta donde llegue la persecución e intervenir cuando lo considere necesario. Pero antes…como si fuera gelatina, su apariencia va cambiando para dar paso a un hombre de unos 35 años, tez pálida, cabellera rubia y ojos color ámbar; incluso su vestimenta se ha convertido en la de un mercenario. Camiseta ajustada y pantalones holgados negros, navajas guardadas en un pequeño compartimento en su pierna derecha ajustadas con correas y un largo abrigo que ondea bajo la suave brisa en aquel día caluroso.

Ahora si está listo.

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Levanta los basureros apilados a un lado del callejón en busca del pequeño insecto escondido que lo ha llevado de lado en lado. Su irritación es evidente, quiere terminar con aquel juego absurdo de una forma u otra. Por el rabillo del ojo alcanza a ver la sombra que se proyecta al otro extremo, entonces coge un recipiente metálico con desechos que ha rodado durante el caos y lo lanza con fuerza. Da en el blanco, la figura cae junto con el artefacto emitiendo un quejido de dolor.

-Con que la pequeña cucaracha ha sido aplastada ¿Eh? –le habla complacido retirando los objetos esparcidos sobre el cuerpo del menor.

Su pecho sube y baja con rapidez intentado recuperar el aire perdido. Siente como la mano de Kevin se ha cernido alrededor de su cuello y con fuerza se va cerrando cada vez más sobre su tráquea. Se retuerce en descontrol buscando la forma de liberarse, su visión se va volviendo borrosa y la sensación de dolor desaparece. El pánico sigue reverberando en su pecho pero no puede detenerlo. Poco a poco va cayendo en la oscuridad, esa donde las pesadillas se hacen realidad.

El sonido del seguro siendo liberado en un arma capta la atención del satisfecho alien torturando a su presa. A su lado un hombre sonriente le apunta con tecnología alienígena directo a su cabeza. Un mohín de fastidio surge en su expresión. Como se atrevía aquel sujeto a dañar su mayor momento de diversión. Justo cuando el enano estaba quedando inconsciente y a las puertas de la muerte.

-¡¿Qué quieres? –ladra con ira al notar que el otro no se ha movido ni un milímetro de su puesto.

-Libéralo y márchate de aquí, y entonces, no tendré que hacerte daño.

La estruendosa carcajada resuena con ímpetu a través de la pequeña calle haciendo eco entre los muros de los edificios –Inténtalo si puedes, anciano. –le sentencia antes de volver a clavar los ojos en la presa, la cual, ha abandonado cualquier intento de lucha.

-Insisto… -Vuelve a interrumpir el hombre quién ha cambiado su expresión.

-Y yo insisto de te larg… -el sonido del láser atravesando la carne seguido de un aullido de agonía resonó en el lugar. El híbrido cae pesadamente a un lado del chico desmayado haciendo presión en su brazo izquierdo que comienza a sangrar copiosamente. Voltea su mirada inyectada de furia hacia al agresor dispuesto a contraatacar, sin embargo, el sujeto levanta su arma, nuevamente, a la altura de su cabeza. Los ojos ámbar brillan fríamente. Y Kevin siente que su cuerpo se estremece.

-No lo intentes. Ambos sabemos que es inútil, y para la próxima no voy a ser tan amable.

Y hay compresión en los ojos del híbrido, aunque la humillación que experimenta nubla su razonamiento. De mala gana se incorpora con dificultad y sin decir algo más se marcha.

Sigma mira de reojo al poseedor del omnitrix y al comprobar que sigue con vida se mueve hacia uno de los grandes contenedores apilados a un lado de la vía. Toma asiento en uno de ellos para esperar a que despierte el pequeño humano.

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La escena que se desarrolla ante sus ojos parece irreal. Es una ciudad desconocida pero a la vez siente que algo no anda bien. Entonces se percata que está totalmente desierta. Las grotescas sombras de los edificios y el silencio avasallador le mandan escalofríos a través de la columna vertebral. No puede quitarse la molesta sensación de estar siendo observado. Huye y corre más lejos que nunca para hallar a alguien más. Nadie. Sólo queda él y algo se remueve en su interior. Sólo él y el omnitrix.

-Así es como será en un par de años –resuena la voz. Segura, clara pero lejana.

-¿Quién eres? ¿Qué es este lugar? –pregunta al viento mirando hacia todos los lados. Luego la escucha. -¿No la reconoces? Es la ciudad en donde naciste.

Los ojos verdes se abren de par en par. Ahora como detallando cada objeto a su alrededor nota la similitudes de ciertos lugares. -¿Qué sucedió? –cuestiona asustado temiendo por la respuesta.

-Eres tú. –le susurran casi a su oído. Y se aleja de la nueva figura que está en frente. La chica de ojos carmesí le contempla con malicia. -¿También preguntarás quién soy yo? Me extraña Benjamín, tu mala memoria no tiene precedentes. –ríe la chica paseando sus dedos entre sus finos cabellos blancos.

El castaño la observa y no puede dejar de preguntarse si realmente la conoce o está siendo timado por su mente. Pero entonces, una chispa de entendimiento acude a su cabeza y como si fuera una película en rápido movimiento, las imágenes transitan raudas por su memoria. –Eres tú…la chica de mis pesadillas, aunque no entiendo, tu apariencia ha cambiado… ¿Dónde está el largo cabello negro? ¿Y qué quieres decir con que soy yo? Te pregunté qué había pasado… -calla. La mueca de fastidio de la joven le hace temer.

-¿Ya te lo dije, no? Eres tú, quién hizo esto. Tal vez no hoy o en unos días, pero en unos meses será parte de la realidad. Todo se extinguirá. ¡¿Acaso perdiste la memoria? –le grita con rabia y apunta hacia el lado opuesto de la calle. Más allá, entre los tantos edificios que se ven a la vista, de pronto uno estalla con vehemencia elevando una gruesa columna de humo. -¡¿Lo recuerdas, Ben? ¡Soy yo!

Y no sabe cómo está corriendo hacia la mujer que llora arrodilla e indefensa, pero movido por el sentimiento de miedo le grita una y otra vez que la salvará -¡Samantha! ¡Samantha! –alcanza su mano hacia ella antes que la onda explosiva se dirija hacia ellos. Y no puede hacer nada porque el piso desaparece debajo de sus pies. Y cae como la última vez que durmió. Como aquel día en que la oscuridad lo rodeó y el olor a sangre se hizo insoportable.

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Despierta agitadamente moviendo sus ojos de un lado a otro. Tose sofocado por la punzada de dolor en su cuello. No pude quitarse el pánico que aquella visión le produjo. ¿Quién es Samantha? Piensa detenidamente pero no logra conectarla con aquella explosión. ¿Quién era ella…?

Y entonces recuerda todo. Kevin.

-Tranquilo, Kevin se ha marchado. –le calma el hombre observando cada una de las reacciones del castaño. El aludido dirige su mirada hasta posarse con los ojos ámbar. Se sorprende de la cercanía de ese sujeto. Intenta incorporarse pero su cuerpo está entumido.

-Calma, si fuera un enemigo ya te habría asesinado mientras dormías.

-¿Quién eres? –le exige al notar que ese individuo parece saber mucho más de su condición.

-Soy Sigma, es un placer conocerte Benjamín Tennyson.

Permanece en silencio detallando a su nuevo conocido. No le extrañaba para nada que conociera su nombre, después de todo el reloj había significado no sólo poderes increíbles sino un boleto de fama para los bandidos, caza recompensa, ejército y un sinfín de problemas.

-¿Son muy seguidas las pesadillas que experimentas? –se sorprende al oírlo de sus labios. ¿Acaso para él era tan evidente? -¿Cómo…?

-Acabas de tener una antes de despertar. Te movías demasiado para soñar algo alentador. –le resta importancia sacudiendo la mano con un deje de despreocupación. –Apropósito. ¿Quién es Samantha? –interroga con un brillo de curiosidad inocente. Los ojos verdes temblaron ante la mención del nombre y esquivaron la mirada directa.

-No te importa.

-Yo creo que sí. Todo lo que tiene que ver con el omnitrix me interesa.

-¿Y cómo sabes que tiene que ver con el omnitrix?

-Lo deduzco. No necesito ser un genio ¿Sabes?

Ben se levanta lentamente sintiendo como cada fibra de su ser grita de dolor. Lleva su mano a su adolorido cuello acariciándolo con cuidado. Aunque le cuesta pasar saliva, su respiración no es anormal. Por lo menos no tendría dificultades en esa área. El problema era…

-Ocultarlo del plomero y la chica va a ser complicado, ¿Eh? Aunque personalmente no esperé que todos los extraños movimientos sean traducidos en esto. ¿En verdad te aterroriza tanto la idea de emplear el omnitrix? –la pregunta es directa, tanto que por un momento cree que aquel extraño puede leer la mente.

Para el alíen, el gesto de molestia le indica que ha acertado en su deducción. Hay pánico en los ojos verdes. Detalla como el chico parece agotado y enfermo. Su ropa sucia y el cuello morado no son la mejor forma de presentarse ante él. Se ve tan vulnerable que hasta a él le parece que debe ayudarlo. Sin embargo, se contiene, esa clase de pensamientos no deben cruzar por su cabeza. Tiene su misión y punto. Su comportamiento amable debe acabarse ahora mismo.

-Sólo quiero el onmitrix, no te haré daño. Una vez lo retire, te dejaré marchar –se mueve a la altura del menor quién sorprendido retrocede amenazado. –No compliques las cosas.

Te lo dije, él quiere lo mismo que otros han venido buscando…Benjamín ¿Por qué nunca me haces caso? –le reprende la voz desde un rincón.

-No te daré nada. Ser considerado no cambia las cosas. ¡Aléjate o te patearé el trasero!

-Cómo, me pregunto. ¿Utilizarás el dispositivo? Es la única manera, según recuerdo. –le reta acercándose despacio. Sabe que aquel crío puede ser impredecible si es acorralado.

-¡De ser necesario, lo haré! –Y Sigma sabe que no miente.

Hazlo, destrózalo hasta que no quede nada…reduce una molestia más –le susurra la voz en ese tono de búsqueda de sangre y muerte que tanto detesta, aunque ahora cree poder darle la razón. –Sólo deja que yo lo haga.

-Eres valiente, pero no funcionará ese patético intento por detenerme.

-No hay que ser confiado Sigma, no todo lo conoce…-la mueca torcida de satisfacción ha borrado el anterior rostro inseguro del menor transformándolo en algo totalmente opuesto. Y antes de poder reaccionar ante el cambio de personalidad una luz verde invade todo y una poderosa bola de fuego lo arroja empujándolo con fuerza hacia el lado contrario estrellándose ruidosamente con uno de los edificios.

Una sonora carcajada proveniente del alíen de fuego, que a pesar de tener uno de sus brazos deforme, no deja de lanzar una y otra vez proyectiles de llamas hacia la ubicación de su oponente. -¡Te lo advertí! ¡Te voy a destrozar poco a poco hasta que pidas piedad! –se ufana de su hazaña enloquecido por la sensación de satisfacción que aquello le produce. No hay inseguridades, miedos o límites. Sólo él y la presa.

-Mala elección –afirmó la sombra que asió su muñeca con rudeza y asestó una rápida puñalada en su hombro.

No hubo movimiento de defensa, evidentemente Ben había sido sorprendido.

Y se retuerce ante la presión. Un grito de dolor araña sus tímpanos. Cae pesadamente mientras poco a poco la transformación se desvanece. La sangre resbala desde su hombro por todo el brazo izquierdo ensuciando su camisa y el suelo. Tiembla ante la pérdida de sangre y no puede evitar jadear ante el oxígeno que se escapa de sus pulmones.

-No se juega conmigo chico. –los pasos del atacante se detiene frente a él. No levanta su mirada, apenas si puede permanecer consciente, sólo espera la estocada final. Una que no llega.

Y aunque horas atrás puede controlarla, la sensación de pérdida inunda todo su ser, y sólo entonces, se abandona a las lágrimas que escapan de sus ojos, cálidas y saladas como torrentes por sus sonrosadas mejillas. No suplicará, no pedirá ayuda, no hará nada. –Sí que eres extraño –le escucha hablar antes de sentir como dos dedos se posan en su frente.

Ahora si lo mira, difuminado por la capa húmeda de las lágrimas. Una agradable sonrisa adorna el rostro pálido. En segundos, una corriente se expande por su cuerpo tan rápida que le deja un cosquilleo de placer. Jadea más fuerte y un sonido parecido a un gemido escapa de su boca. Ha dejado de llorar. –Sólo durará un tiempo. –Le dice –Con ello podrás llegar hasta la seguridad del camper. La próxima vez que nos veamos, no seré indulgente.

La figura del hombre alto desaparece.

Se deja caer agotado por efecto de la gravedad sobre su brazo derecho. Repentinamente, la ansiedad, el dolor y el miedo han desaparecido. El estado más parecido al que puede describirlo es a estar drogado.

Aunque desconoce lo que aquel jodido hombre le ha hecho, funcionó.

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Espero para el siguiente mes poder actualizar algo. Tengan paciencia y no dejen de leer el siguiente capítulo.

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