"La Fuerza del Destino"
Disclaimer: La Saga Harry Potter y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora J.K. Rowling.
Clasificación: NC-17
Pareja: Harry Potter/Hermione Granger
Summary: Harto de un matrimonio fallido, Harry está por divorciarse de Ginny, mientras Ron y Hermione se aman más que nunca. Pero la vida siempre tiene un plan en donde cada pieza tiene un lugar correspondiente en el universo, y la fuerza del destino puede venir a cambiarlo todo.
Notas de la autora: Hola mis lectores! Aquí les dejo por fin otro capítulo que como podrán ver tardo un poco más en llegar y es más corto que los anteriores. ¿Las razones? Solo dos:
La primera es que las vacaciones terminaron y otro semestre más ha llegado, y por lo poco que llevo de él, puedo predecir que será algo- sino es que muy- pesado. Pero no se preocupen! Les prometo que intentaré seguir actualizando seguido y en caso de no hacerlo pueden tener la certeza de que lo haré aunque no sea igual de seguido que en vacaciones. Como les he dicho, esta historia es muy muy importante para mí y no pienso dejarla sin terminar.
La segunda y tal vez algo más crítica, es que después del capítulo anterior y por lo que pueden ver del título de éste, aunado a otras razones, tuve un severo colapso inspiracional del que me costó muchísimo salir. Pero finalmente salí y de alguna manera hice más de la mitad del capítulo en un día, creo que muchos pueden entender cómo funciona esto :)
Sin más que decir, les dejo el capítulo que espero disfruten! Un beso!
Capítulo 18°: Tan Cerca y Tan Lejos
~Harry's POV~
Una semana después
Con más calma de la que realmente debería tener, caminaba por los pasillos del Ministerio sin prisa mientras pensaba en los acontecimientos de los últimos días.
Y en lo desesperante que aquella situación se había vuelto.
Desde que me había dado aquella fuerte bofetada y me había pedido que me alejara de ella, no había visto a Hermione ni siquiera por los pasillos del Ministerio, y aquello estaba comenzando a volverme loco en serio.
Pero ella había sido muy clara. Y cada vez que creía que no podría soportar más sin verla, pensaba en su actitud fría e indiferente de esa noche, calmando por completo mis ganas de buscarla y decirle lo mucho que la necesitaba.
Sin poder evitarlo, solté una exhalación desesperado y entré al elevador mientras las puertas se cerraban detrás de mí y quedaba completamente solo.
Con una mueca de fastidio, salí del elevador para seguir caminando por los pasillos de mi departamento sin dejar de pensar en mi nueva situación con Ginny, a quien veía casi a diario desde entonces.
Así como en la idea que había estado rondando en mi cabeza los últimos días. Era la única manera de asegurarme de que Ginny estuviera bien hasta el parto y de estar con ella para cualquier cosa, y sin embargo no podía hacerlo.
La idea de mudarme de nuevo con ella no me agradaba absolutamente nada.
-Hola Loretta- saludé por fin cuando estuve frente a mi asistente- ¿Hay alguna novedad?-
-Harry! Qué bueno que llegas- con una mirada de alivio, Loretta me entregó un pergamino doblado con mi nombre- Ginny estuvo hablando en la mañana, y una lechuza trajo esto hace unos diez minutos-
Frunciendo el ceño, tomé el pergamino y lo desdoblé para mirar la delicada caligrafía que reconocí al instante. Era de Fleur.
Harry:
Esta mañana Ginny tuvo algunas complicaciones pero no pudo localizarte y yo la acompañé a San Mungo. No te preocupes, no fue nada serio. Ginny me pidió que no te dijera nada para no preocuparte, pero preferí avisarte para que estés enterado. Estamos ahora en La Madriguera.
Besos, Fleur.
Sin poder evitarlo, mi mano se cerró nerviosa sobre el papel y lo arrugué sin notarlo.
-Volveré más tarde, Loretta-
Y sin darle tiempo a nada más, di media vuelta y salí disparado del Ministerio rumbo a La Madriguera mientras la idea que había estado pensando toda la mañana se instalaba en mi cabeza y se repetía como disco rayado en mi mente.
~o~
Cuando entré a la cocina de La Madriguera, todo parecía demasiado en calma para mi gusto. En el reloj podían observarse las manecillas quietas, mientras las de Bill, George, Percy y Arthur apuntaban a la que decía "Trabajo", la de Molly apuntaba a la que decía "Hogsmeade" y las de mis sobrinos y cuñadas en sus respectivas casas, la primera planta de La Madriguera estaba desierta.
Solo las manecillas de Fleur y Ginny apuntaban a "Hogar".
Sin esperar un momento más, subí las escaleras de dos en dos rumbo a la habitación de Ginny y tropecé con Fleur quien salía del cuarto.
-Fleur! ¿Cómo está? ¿Le pasó algo al bebé?- tomé aire- Si…-
-Tranquilo, Harry!- Fleur negó suavemente con la cabeza y sonrió- Ginny está bien, solo se descompensó un poco, te dije que no te preocuparas!-
Sin poder evitarlo, solté un suspiro de alivio.
-¿Está adentro?- Fleur asintió- Pasaré a verla-
Sin esperar respuesta, abrí la puerta de la antigua habitación de Ginny mientras Fleur me seguía y cerraba la puerta detrás de mí. Acostada en la cama y con un brazo sobre su cabeza, una pálida Ginny se enderezó en la cama y abrió sus ojos de par en par en cuanto posó su vista en mí.
-¿Cómo estás?-
Con algo de prisa, caminé hasta su cama mientras ella me miraba con ceño fruncido y después a Fleur. Entornando los ojos se dejó caer en el montón de almohadas detrás de ella y soltó un bufido de frustración. Entornando los ojos, se recargó en el montón de almohadas detrás de ella y miró a Fleur con expresión compungida.
-¿Le dijiste?-
Como única respuesta, Fleur atinó a encogerse de hombros y cruzarse de brazos.
-Creí que era prudente avisarle, pero le dije que no era nada serio!-
-¿Qué pasó?- le pregunté una vez me senté en el borde de la cama frente a ella.
Frunciendo el ceño, Ginny se enderezó en el respaldo de la cama. Parecía débil y cansada, y no pude evitar sentir un ligero pinchazo de remordimiento al verla. Era la segunda vez esa semana que no me localizaba para algo, y aquella situación en serio comenzaba a molestarme.
-Algo de debilidad y esas cosas, nada serio, Harry- se encogió de hombros- El médico dijo que debía alimentarme mejor y me dio una dieta, es todo-
-¿Por qué no me avisaste?- sin poder evitarlo, la tomé de la mano y Ginny me miró algo sorprendida.
-Lo intenté pero estabas ocupado- dijo sonriendo serena- Además no fue nada-
La miré enderezarse en su lugar hasta quedar sentada y de nuevo la idea que me había estado rondando en la cabeza las últimas semanas me atacó de golpe, sonando cada vez menos descabellada.
-Eso no importa- la corté- Yo tendría que ayudarte en momentos así…-
-Harry, ya te dije que no…-
-Y por eso te mudarás conmigo-
Dije de golpe, y para cuando me percaté de lo que había dicho ya era demasiado tarde. Mirándome como si hubiera perdido la razón, Ginny frunció el ceño y desencajó la mandíbula.
-¿Qué has dicho?-
-Lo que has oído, tienes que mudarte conmigo- dije sin lugar a discusión- Por tu bien y por el del bebé-
Frente a mí, Ginny solo me miró con ojos desorbitados.
~Hermione's POV~
-Es que serás necia, Granger!-
Escuché de nuevo el grito chillón de mi mejor amiga y cansada, me cerré los ojos con los dedos y suspiré con fuerza. Caminando de un lado a otro en la sala de mi casa, Luna llevaba la misma cantaleta desde hacía más de media hora y parecía no se detendría nunca.
-Pues tal vez lo sea, pero tú me ganas y por mucho!-
-No me importa- dijo más tranquila, sentándose por fin- No puedo quedarme callada cuando veo que mi mejor amiga está siendo la idiota más idiota del mundo-
Era la misma cantaleta que me había repetido la última semana, y que por más que quería evitar siempre terminaba por decirme cada qué vez que hablábamos.
Desde esa tarde en su casa cuando le había dicho a Harry que se fuera y no había vuelto a saber de él.
-Seré lo que quieras, Luna, pero no me harás cambiar de opinión-
Entornando los ojos, Luna levantó sus brazos exasperada y pidiendo clemencia volvió a mirarme desesperada.
-Y ahí estás de nuevo, la misma necedad de siempre!-
-Y tú no has entendido que no es necedad, simplemente es elegir lo mejor para…-
-¿Para quién?- atacó mi amiga sin darme tiempo a continuar- Porque si me pides mi opinión, definitivamente no es lo mejor para ti o para Harry- se tranquilizó un poco- Al contrario, es la peor decisión que pudiste haber tomado-
-Luna…-
-Te estás sacrificando por todos y no piensas en Harry ni en ti, Hermione-
-Luna ¿Es que no lo ves? No es tan sencillo!- dije en un ataque de desesperación- Si estuviéramos juntos, ¿Te imaginas la situación? Llegaría a la primera plana de El Profeta!- sin dejarla responder, comencé sarcástica- "Harry Potter liada con nada más y nada menos que con su mejor amiga de la infancia Hermione Granger, viuda del mejor amigo de Potter, Ronald Weasley, que lamentablemente lleva escasos tres meses en su tumba"- Luna reprimió una risa mientras yo seguía con mi mala imitación de Rita Skeeter- "Y por supuesto no se puede dejar de lado a la despampanante ex esposa del mago más famoso y hermana del pobre difunto, Ginny Weasley, embarazada de El Elegido y futura madre de su primogénito. ¿Logrará sobrevivir nuestra adorable pareja de cuestionable honor?"-
Una vez terminé con mi lamentable imitación, Luna soltó una carcajada y llevándose la mano al estómago de tanto reír, me miró con lágrimas en los ojos.
-Eres pésima imitadora, Hermione-
-Ese no es el punto Luna- desesperada, me llevé una mano al cabello- Harry y yo juntos cuando mi esposo y su mejor amigo lleva meses en su tumba y su ex esposa espera un hijo de él. ¿Sabes lo retorcido que eso suena?-
Frente a mí, Luna se encogió de hombros despreocupada.
-De acuerdo, un poco, lo admito- dijo como si nada- ¿Pero eso qué? ¿Desde cuándo te importa lo que piense la gente?- incapaz de defenderme a ese punto, me limité a callar- Además ustedes dos se aman y…-
Sin poder evitarlo, recordé lo que había dicho Lavender ese día en la fiesta y no pude evitar enojarme.
-Corrección Luna- levanté mi mano para callarla- Yo lo amo, pero él hasta hace unos meses no podía vivir sin Ginny- me encogí de hombros- Puede incluso que lo que siente por mí sea simple admiración y deseo de protegerme-
Como si hubiera dicho una aberración, Luna me miró con ojos desorbitados y se golpeó el rostro con una mano.
-Eres insufrible Hermione, y no haces más que decir tonterías!- desesperada, Luna elevó sus manos al cielo- Que Harry no te ama! Por Dios!-
Incapaz de responder a su repentino ataque de furia, me limité a mirarla mientras me miraba con ojos desorbitados.
-¿Sabes que creo, Hermione?- se cruzó de brazos- Que tienes miedo- dijo segura, y yo solo atiné a fruncir el ceño- Y no de Harry, o de Ginny o de lo que piensen los demás, sino de ti misma-
-¿Qué?-
-Creo que te aterra estar con Harry porque tienes miedo de volver a sufrir lo que sufriste con Ron- incapaz de decir nada, yo solo abrí mis ojos de par en par- Te asusta arriesgarte a amarlo de nuevo y perderlo como lo hiciste cuando se caso con Ginny, o como perdiste a Ron cuando murió-
Aquella revelación, dicha de la manera más simple y sin tapujos, me dejó helada en mi lugar por unos segundos y sin saber qué rayos decir.
-Lo que sea, Luna-
Dicho esto, me recargué en mi asiento y miré hacia la ventana mientras me cruzaba de brazos.
-Ahhh!- una vez más, Luna levantó sus manos al cielo- Eres un caso perdido, Granger!-
Y cómo dándole la razón, yo solo atiné a sonreír de medio lado y encogerme de hombros para desesperación de mi amiga.
~Harry's POV~
Una semana después
Dando media vuelta en mi cama por enésima vez, exhalé con fuerza mientras me acomodaba en otra posición para dormir. O para intentar seguir durmiendo.
Aunque en aquellos momentos, con tantas ideas dándome vueltas en la cabeza era prácticamente imposible. En realidad, desde que estaba viviendo de nuevo con Ginny, compartiendo la casa que alguna vez había sido de los dos, no había habido un día en el que pudiera dormir toda la noche.
Había pasado apenas una semana de eso, y yo no podía sentirme más frustrado. Aquella situación se estaba volviendo insostenible.
Después de arreglar unos cuantos detalles, Ginny me había propuesto que fuera yo quien me mudara de nuevo a nuestra casa, y desde entonces habíamos estado viviendo una extraña relación en donde vivíamos juntos, esperábamos un hijo, pero dormíamos en habitaciones separadas.
Como dos personas casi extrañas.
Desde entonces, Ginny había parecido experimentar una increíble transformación, volviendo a ser la mujer amable y cálida que era cuando estábamos casados.
Se comportaba de manera hasta cariñosa en ocasiones, y me incluía en cualquier evento que tuviera que ver con el bebé, desde comprar la ropa de maternidad y del bebé hasta la decisión de la cuna y la habitación que ocuparía.
Y aunque por un lado me alegraba al verla tan emocionada por la llegada del bebé, yo no podía evitar pensar en Hermione e imaginarla a ella en vez de a Ginny.
Embarazada de mi hijo.
Y por supuesto, podía evitar sentirme el ser más miserable del mundo al pensarlo.
-Harry! Harry!-
El ligero grito proveniente por parte de Ginny me devolvió de golpe a la realidad y asustado, me levanté de la cama de un salto para caminar a la puerta. Antes de poder siquiera de tomar el picaporte, Ginny entró a la habitación en un estado de euforia, con ambas manos en el vientre y una sonrisa radiante.
-Se…- inhaló algo agitada- Se mueve, Harry-
-¿Qué?-
Algo aturdido y emocionado por la noticia, la seguí hasta la cama donde se sentó y siguió palpando su abultado vientre de cuatro meses con delicadeza. Una vez sentado frente a ella, Ginny me miró con una sonrisa de oreja a oreja.
-Está pateando- tomó mi mano y la colocó sobre su vientre- Siente…-
Con cuidado, esperé unos momentos para sentir el ligero pero claro movimiento de mi hijo dentro de Ginny. Y sin poder evitarlo, una descarga de adrenalina me invadió por completo.
-Es…- meneé un poco la cabeza, sintiendo golpearlo un poco- Es increíble-
-¿Verdad que lo es?-
Preguntó con una gran sonrisa, y en aquél momento me di cuenta de lo extremadamente íntima que se había vuelto la situación, con Ginny casi pegada a mí mientras nuestras manos seguían en su vientre.
Carraspeé ligeramente y quité mi mano de inmediato, rompiendo por completo el momento mientras la miraba con una floja sonrisa.
Y de nuevo, la imagen de Hermione frente a mí y en la misma situación me atacó de nuevo. Y no pude evitar sentirme el ser más despreciable del mundo.
Una semana después
Mirando aburrido el indicador del elevador, esperé a que estuvo en mi piso y las puertas se abrieran para seguir caminando por el pasillo. Esa mañana había llegado demasiado temprano a comparación de lo que acostumbraba, así como lo había hecho las dos semanas anteriores.
Desde que vivía con Ginny, el Ministerio y el trabajo se habían convertido en una especie de refugio. Todos los días llegaba al Ministerio antes del amanecer y me iba cuando el sol ya se había metido, inventando cualquier excusa que me retuviera ahí aunque no hubiera trabajo que hacer.
-Buenos días, Harry!-
-Hola jefe!-
Con una sonrisa suave y simples "Hola", saludaba a todos los que trabajaban en el departamento de Aurores mientras caminaba rumbo a mi despacho al final del pasillo. Sin pensar mucho lo que hacía y sin ver el rumbo al que me dirigía, comencé a rebuscar la llave de mi despacho en el bolsillo de mi pantalón hasta que tropecé con alguien que caminaba rápidamente en dirección opuesta.
Antes de que la delicada figura cayera al suelo, tomé su mano en acto reflejo y en menos de dos segundos tuve sus hermosos ojos castaños frente a mí. Sin poder evitarlo, sentí un escalofrío al darme cuenta que no los había visto en más de tres semanas.
Y con la mandíbula desencajada, Hermione abrió sus ojos de par en par.
-Hermione…- susurré lentamente, creyendo que tal vez alucinaba- ¿Qué…-
Por un momento me pregunté si había entrado al departamento correcto. Desde que me había pedido que me alejara de ella Hermione no había puesto un solo pie en el mío, mandando a Parvati, a Padma o a cualquier otro en su lugar.
-Hola, Harry-
El tono que utilizó fue entre nervioso e indiferente, y sin poder evitarlo la discusión que tuvimos esa noche regresó a mi mente como un golpe en la cabeza. Sintiendo la rabia del momento atacarme por completo, me alejé solo un poco de ella y procuré mirarla de manera indiferente.
-¿Cómo estás?-
-Bastante bien gracias- dijo mirando el final del pasillo detrás de mí- Solo vine a entregarle unos papeles a Seamus, voy de salida-
No contesté. Ahora el hecho de verla ahí no me parecía tan extraño del todo. Hermione sabía la hora a la que yo acostumbraba llegar y seguramente al no encontrar a nadie que pudiera llevar los papeles había decidido ir por su cuenta temprano en un intento por no toparse conmigo. Parecía llevar mucha prisa y se había sorprendido al verme, clara señal de que esperaba salir de ahí antes de que yo llegara.
-Nos vemos después, Harry-
Y sin dirigirme una última mirada siquiera, pasó por mi lado hasta llegar al final del pasillo donde se topó con Susan y comenzó a conversar con ella algo nerviosa. Sin decir nada, abrí la puerta de mi despacho y con mi mano en el picaporte la miré unos cuantos segundos mientras intentaba controlar mis ganas de tomarla entre mis brazos y besarla.
O reclamarle por ser la mujer más necia del mundo.
Incapaz de evitarlo, Hermione me dirigió una mirada rápida y consciente de que la veía la alejó en menos de dos segundos. Y con una simple sonrisa, se despidió de Susan para caminar hacia el elevador.
Sin mirar un solo instante atrás, entró al elevador y las puertas se cerraron frente a ella mientras yo me quedaba estático en mi lugar.
Sin más remedio que contener una maldición, le gruñí a Loretta un saludo y pidiendo que nadie me molestara, me encerré en mi despacho las siguientes tres horas mientras contenía mis ganas de buscar a esa mujer tonta e insufrible y reclamarle lo que estaba haciendo.
-Maldición, Hermione-
Incapaz de soportar un momento más estar encerrado, tomé mi abrigo y sin decir nada a nadie salí del Ministerio con un solo objetivo en mente. En menos de dos minutos estuve en el callejón que siempre utilizaba para aparecerme y en un pestañeo estuve frente al único lugar en el que en ese momento quería estar.
Con la mayor calma que podía tener, entré al pequeño lugar y caminé hasta la barra en donde me senté sin mayor ceremonia.
-Una cerveza de mantequilla, Charlie-
Al parecer el alcohol era la única salida que tenía en esos momentos.
~o~
Cuando entré a la casa, el recibidor estaba completamente a oscuras y no se escuchaba sonido alguno. Algo confuso, miré el reloj de la mesita para darme cuenta que eran casi las once de la noche.
No tenía idea que me hubiera pasado toda la tarde y parte de la noche en Las Tres Escobas, pero en aquellos momentos no tenía idea de muchas cosas. Así como tampoco tenía idea de cuánto había bebido, pero podía intuir que no habían sido solo unas cuantas cervezas de mantequilla.
Con cuidado de no hacer ruido, caminé hasta la sala para dejar mi abrigo en el sofá y cenar cualquier cosa antes de acostarme. Cuando finalmente estuve en la cocina, abrí la nevera para sacar una jarra de leche y las luces de la cocina se prendieron al instante.
-Vaya, al parecer estás vivo después de todo-
Escuché la suave pero afilada voz de Ginny detrás de mí, y sin poder evitarlo, solté un suspiro y cerré los ojos cansado. Sin muchos ánimos, me enderecé y cerré la nevera para mirarla.
Esa noche no tenía ganas de aguantarla, y menos sus comentarios sarcásticos.
-¿Mucho trabajo en el Ministerio?-
De la manera más tranquila posible, Ginny se cruzó de brazos y caminó hasta mí con pasos lentos y seguros.
-Ahora no, Ginny- dije sin ganas- Muero de cansancio-
Con aire extrañado, Ginny frunció el ceño y me miró inquisitiva.
-¿Estuviste tomando?-
-En serio, Ginny, no tengo ganas de discutir-
Y con un simple "Buenas noches", pasé por su lado sin mirarla y subí las escaleras para encerrarme en mi cuarto, dejando a una boquiabierta Ginny estática en el centro de la cocina.
Sin mayor ceremonia, me dejé caer en mi cama sabiendo que me arrepentiría de eso. Pero en aquellos momentos, solo podía y quería pensar en Hermione.
Y en como su ausencia me mataba lentamente.
~Hermione's POV~
Una semana después
-Hola amor-
Componiendo una sonrisa algo torcida, dejé el pequeño ramo de flores sobre la tumba de mi esposo y me crucé de brazos titiritando. A principios de Noviembre, el frío se sentía cada vez con más fuerza y amenazaba con ser aún peor que los años anteriores.
De todas maneras, eso no importaba mucho ahora. No cuando por fin me había armado de valor para visitar la tumba de mi esposo desde mi cumpleaños y desde que Harry me besara.
Y yo le correspondiera, y él me besara de nuevo para volver a corresponderle. Desde que estuviéramos jugando con fuego y yo volviera a amarlo con toda mi alma.
Amar a Harry. El mejor amigo de mi esposo. A quién, por más que quería evitarlo, extrañaba como una estúpida, cuando debería estar extrañando solo a mi esposo.
-Lamento no haber venido antes- comencé a hablar en un susurro- Pero he tenido unas semanas algo difíciles ¿Sabes? Mucho trabajo en el Ministerio-
Me sentí estúpida al darme cuenta que con esa aseveración solo intentaba engañarme a mí.
-Todo es tan difícil Ron- acaricié su nombre tallado en el mármol- A veces creo que lo que pasa a mí alrededor no es cierto-
Y a casi cinco meses de la muerte de mi esposo, aún me seguía pareciendo que todo eso era simplemente un sueño. Pero después recordaba a Harry, y me daba cuenta que no lo era.
Sin importarme el helado clima de esa mañana, me quedé parada frente a la tumba y sin decir nada más la miré largo rato mientras intentaba calmar mi conciencia y contener mis ganas de llorar. Quince minutos más tarde y dándome cuenta que eso claro que había sido misión imposible, me limpié las lágrimas y tomé un larga bocanada de aire.
Molly me había pedido que me quedara ese día a tomar el té y el almuerzo con ella, y a pesar de que tenía semanas de no hacerlo porque no sabía como rayos verla a la cara desde el asunto de Harry, no pude negarme a sus suaves súplicas y su sonrisa maternal.
-Bueno, creo que es momento de que cumpla mis deberes de nuera que tanto te sacaban de quicio-
Con una media sonrisa saqué mi varita y con un simple conjuro una rosa roja apareció encima de la lápida. Con suavidad, toqué la suave rosa y sonreí con lágrimas en los ojos.
-Hasta luego amor-
Con una última mirada a la lápida, di media vuelta para comenzar a caminar hacia la Madriguera.
~o~
-Querida, me alegra tanto que estés aquí-
Después de un fuerte abrazo maternal, me senté en el viejo y descombinado comedor de la cocina y miré a Molly con una sonrisa suave y melancólica.
-Siento no haber venido antes, Molly- dije mientras ella servía el té en la cocina de espaldas a mí- He tenido tanto trabajo en el Ministerio que no tenía tiempo de pasar por aquí-
Volteándome a mirar con una pícara sonrisa que daba a entender que no me creía nada pero no preguntaría, Molly tomó la bandeja del té y las galletas y la dejó sobre la mesa para sentarse frente a mí.
-No te preocupes, cariño- me tomó de la mano sobre la mesa- Sé que nada ha sido fácil estos últimos meses-
Sin saber que responder a eso, tomé el té entre mis manos y sonreí para después dale un ligero sorbo. Molly solo volvió a mirarme con suavidad,
-Pero creo que nunca hemos podido hablar con calma de…- cerró los ojos e inhaló- De cómo has estado desde que mi hijo…ya no está-
Por un momento me quedé estática en mi lugar, sin saber cómo reaccionar ante aquella simple oración, dicha con la más sincera preocupación por la mujer que en incontables ocasiones había sido como una madre para mí. Ella tampoco dijo nada, y durante unos instantes que parecieron eternos, nos miramos con ojos acuosos.
-Ha sido…extraño, Molly- comencé, bajando la mirada a mi taza- Ron era el hombre de mi vida, era mi esposo, aún cuando pareciera que seguía siendo el niño de once años que me llamaba "pesada" e "insoportable sabelotodo"- la miré sonreír- Y ahora simplemente…- me encogí de hombros, algo irónica- No está-
-Lo sé, cariño- sonriendo suavemente, Molly miró los campos de la Madriguera a través de la ventana- También lo extraño terriblemente, y lamento que no hayamos conversado antes-
-También yo, Molly-
-Y ahora con todo lo que está pasando, todo es cada vez más difícil-
Por supuesto, yo me había enamorado de nuevo de su mejor amigo. El sentimiento de culpa me atacó sin remedio al instante.
-Y ahora Ginny embarazada de Harry, quien por obvias razones no puede estar muy contento-
Sorprendida en extremo por aquella revelación hecha de la manera más natural por Molly, abrí mis ojos de par en par y la miré sin saber que decir. Volteándome a ver con ternura, Molly se acomodó en su lugar y tomó mi mano de nuevo.
-Cariño- con aquél llamado me obligó a mirarla a los ojos- Sé que Harry y tu…-
Antes de que pudiera seguir hablando y como si alguien hubiera escuchado mis mudas plegarias, el sonido de mi celular sonando en mi bolsa la hizo callar y nos sacó por completo de la conversación que se estaba tornando cada vez más extraña y peligrosa.
Con una suave sonrisa, dejé la taza en el platito frente a mí y revolví dentro de mi bolsa hasta tener el dichoso aparatito vibrando entre mis manos y mirar la pantallita. El número era desconocido.
Extrañada, fruncí el ceño y contesté algo dubitativa.
-¿Hola?-
-¿Señora Weasley?-
La mención de mi nombre de casada me provocó un escalofrío, y una sensación extraña me invadió de inmediato al darme cuenta que tenía demasiado sin escuchar aquello. La voz femenina fue suave y delicada, y si no hubiera sido por la mención del apellido Weasley hubiera creído que se había equivocado.
-Ella…ella habla- dije algo recelosa- ¿Quién habla?-
-Soy Lía Morgan, de la Agencia de Viajes de Londres-
Mi ceño se volvió aún más pronunciado. ¿Agencia de Viajes? ¿Qué rayos quería una dulce asistente de viajes un domingo en la mañana y conmigo?
-¿Agencia?
-Lamento llamarla en domingo, pero es algo de carácter urgente- su voz sonó dubitativa- ¿Cree que podría pasar por las oficinas de la agencia del centro? ¿Necesita que le proporcione la dirección?-
-No no, sé exactamente donde quedan- dije enseguida- Lo que no sé es si esté hablando con la persona indicada-
-Bueno…- dudó un poco y escuché un movimiento de hojas- ¿Es usted Hermione Granger de soltera?-
-Sí, esa misma soy- dije aún más extrañada.
-Entonces estoy hablando con la persona indicada, señora Granger-
Parada en la banqueta de la tranquila calle del centro, miré el pequeño local frente a mí y aferré mi mano derecha a la bolsa que colgaba de mi hombro. Sinceramente no sabía ni porque rayos había ido a ese lugar, pero tenía que admitir que la curiosidad me estaba matando por dentro.
-Bien, aquí vamos-
Sin intentar imaginar de nuevo que rayos hacía ahí, tomé una larga bocanada de aire y por fin entré al dichoso local. Adentro, el ambiente acogedor inundaba todo el lugar, y noté de inmediato el cambio extremo de temperatura. Algo indecisa, busqué con la mirada a la mujer que podía coincidir con la voz que había escuchado al teléfono mientras caminaba por entre los silloncitos de espera.
-¿Señora Granger?-
Y antes de hacerlo, la mujer en cuestión- una rubia alta, delgada y de ojos brillantes- se levantó de su lugar y se acercó a mí con una sonrisa que de no haber sido porque no la conocía, podría jurar que era de tristeza.
-Así es-
-Soy Lía Morgan, hablamos por teléfono hace una hora-
-Sí, lo sé- dije algo recelosa- Y aquí me tiene- dudé un poco, sin saber cómo hablar sin parecer grosera- ¿Puede decirme para qué?-
-Tome asiento por favor-
Sin dejar esa sonrisa tristona que comenzaba a sacarme de quicio, la mujer me indicó la silla frente a su pequeño escritorio y se sentó en la suya mientras yo la seguía. Durante unos segundos, se limitó a mirarme sin decir nada, y al borde de la desesperación y del colapso por no saber de qué rayos se trataba todo eso, me encogí de hombros y me crucé de brazos y piernas.
-¿Y bien?-
Tomando una suave bocanada de aire, la mujer me miró aún sonriente y por fin comenzó a hablar.
-Hace algunos meses, un hombre vino a reservar un viaje para él y su esposa, por su aniversario de bodas-
Sin entender, me encogí de hombros y esperé que continuara.
-Era su esposo-
Aquello me dejó boquiabierta.
-Me dijo que quería que fuera una sorpresa para su esposa, y que por ningún motivo usted podría enterarse- su voz se quebró un poco- Así que me dio el número de su hermano George para comunicarme en caso de no poder hacerlo con él, y bueno, él fue quien me dio la noticia-
Incapaz de volver a cerrar mi mandíbula, miré a la mujer frente a mí quien me devolvió una mirada y una sonrisa acongojada.
-Lo siento mucho-
Una sensación extraña me invadió de pronto. Escuchar que me dieran el pésame por su muerte cinco meses después era de lo más extraño, y por un momento no pude decir nada.
-Gra…gracias- dije aún sin comprender del todo- Pero…no entiendo, mi esposo hizo ¿Qué?-
Algo divertida por mi expresión, Lía revolvió entre los papeles que tenía en el escritorio y tomando una carpeta que decía "Matrimonio Weasley" en la pestaña me la entregó sonriente.
Al borde de la frustración, abrí sin delicadeza la carpeta para observar un montón de folletos y papeles sobre un lugar turístico, todos con altas montañas nevadas, hermosos campos verdes y lagos azules, así como hoteles de lujo hasta cabañas hermosas y acogedoras. No me pasó desapercibido que todos eran sobre el mismo lugar: Suiza.
Después de hojear todo el contenido, pude observar una reservación en una cabaña hermosa y acogedora a un pie de altas montañas nevadas y diversos folletos sobre un pequeño pueblo cercano hasta que finalmente llegué a los últimos dos papeles.
Eran dos boletos de avión con destino Londres-Suiza, reservados para dentro de quince días. Con mi nombre y el de Ron. Boquiabierta, levanté la mirada y miré a la sonriente mujer.
-Es un viaje de tres semanas completamente pagado a Suiza, dentro de quince días-
Incapaz de evitarlo, mis ojos se llenaron de lágrimas de manera instantánea al darme cuenta que dentro de un mes cumplíamos cinco años de casados. Con la vista borrosa, cerré la carpeta y la aferré con ambas manos.
-Ron, maldito pelirrojo tramposo-
Al parecer mi esposo no había pensado dejarme nada fácil.
Lo sé, lo sé, yo tampoco se los estoy poniendo difícil, pero no desesperen mis queridos lectores! ;)
Por lo pronto les dejo uno de los dos títulos posibles del siguiente capítulo para que dejen echar a volar su imaginación: "Con ayuda de los amigos".
Hasta el siguiente cap!
