+ESTIGIA+
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07. Capítulo VII: Perdiendo el control
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Las palabras en cursivas son la otra personalidad dentro del Omnitrix.
Advertencias: Escenas algo violentas. Rating M.
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Disclaimer: Esta serie no me pertenece, fue creada por Man of Action y producida por Cartoon Network. Gracias a ustedes por esta espectacular idea, de la cual no espero obtener algún lucro, sólo tomar prestados los personajes para mis locas ideas.
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Despertó con el incesante sonido del despertador haciendo eco en la pequeña instancia del camper. Se removió inquieto acurrucándose más en su posición y negando bajo cualquier circunstancia levantarse a callar al pequeño aparato. Sintió entonces que su acompañante no pensaba lo mismo, pues se movió torpemente entre las sábanas para luego tropezar sus movimientos y caer pesadamente al suelo. Un quejido de dolor escapó de los labios de la chica mientras tomaba el dispositivo y acallara el ruidoso sonido.
Gwen permaneció un rato más sentada en la fría superficie en el centro de la pequeña habitación y luego por unos segundos fijó sus ojos verdes en la figura durmiente de su primo. Aunque eran muchos los interrogantes y los misterios que últimamente lo rodeaban decidió dejar para más tarde el hecho que debía enfrentarlo, pero no era el momento. Ahora era su turno de dedicarse a ella misma.
Tomó un baño corto, organizó sus pertenencias procurando no perturbar el sueño del otro chico y finalmente se preparó un desayuno sencillo con huevos, tostadas francesas y un jugo de naranja. Aun sentada en la pequeña mesa revisó en su portátil los mensajes pendientes y algunos documentos referentes a la extraña condición de su primo. Seguía buscando algún precedente similar o alguna información sobre el omnitrix, sin embargo, sabía que era inútil.
Se levantó cansada de su posición y se encaminó a despertar a su primo. Aunque este se valió de muchas excusas, finalmente se encontraron los dos sentados uno frente al otro en la mesa uno tomando el desayuno y el otro callado. Gwen observó que si bien no parecía tan delicado como la anterior vez, el rostro del castaño continuaba pálido y había cierta ausencia en sus acciones que le mantenían inquieta. Incluso la falta de alguna queja por estar mirándolo sin inhibiciones, no pasó desapercibida. Al parecer comía como autómata y simplemente era ajeno a lo que ocurría alrededor.
-¿Ben? –le llamó. No sabía que le diría pero debía intentarlo.
Los ojos verdes tardaron en mirarla, sin embargo cuando lo hizo sólo pudo observar cierta falta de brillo que los caracterizaba. -¿Qué? –le respondió la voz monótona.
Silencio. Ninguno de los dos cruzó palabra.
Los minutos pasaron hasta que fue Ben quién interrumpió. -¿Recuerdas a Sam?
Esta vez fue el turno de quedarse sin palabras. Deja vú.
-Ya te lo había dicho. Una amiga.
-…
-¿Dónde está ahora?
Dudó un momento en contestar. Parecía la cinta de una grabadora repitiendo las mismas cosas, una y otra vez. Pero siguió con el juego, tal vez, podría conseguir algo -Ocurrió un incendio ¿Recuerdas? No volví a saber nada de ella. Luego del incidente, simplemente desapareció de su casa.
-…
Y como en otras ocasiones el interrogatorio se detuvo en el mismo lugar –Ben –le llamó. Nuevamente se había sumido en sus pensamientos. Se levantó de su puesto para acomodarse a un lado del otro. Delicadamente posó una mano en la mejilla del castaño pero no hubo respuesta, estaba frío. –Deberías descansar, el abuelo regresará pronto. Encontraremos una forma de ayudarte ¿Entiendes? Estoy segura que aquel ser que está contigo, esa otra personalidad…podemos eliminarla, estoy segura. Todo estará b… ¡Ah! –gritó adolorida cuando su muñeca fue interceptada con fuerza.
Los ojos ahora rojos de su primo la contemplaban con una mueca de enojo. Intentó resistirse pero era inútil, obviamente la superaba en fuerza bruta. Le estaba cortando la circulación y eso dolía. -¡Déjame!
-Qué ideas se te ocurren Gwendolyn… ¿Te gustaría que yo te hiciera desaparecer? – la amenaza en aquellas palabras hicieron mella en su confusión.
Cayó al suelo luego de verse liberada. La figura del menor se veía escalofriante y por primera vez, Gwen tuvo realmente miedo. Las intenciones asesinas la dejaron inmovilizada en el suelo.
Esta vez, él sí la lastimaría.
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Deambuló por las calles de aquella ciudad extraña. No tenía dinero y no podía recordar donde el abuelo había estacionado el camper. ¿Dónde estaba?
El impulso de escapar para liberarse de la cárcel donde lo tenían en las últimas semanas era un alivio, ahora con más lucidez, pensó que tal vez, había sido mala idea. Aunque quién era él para cuestionarse sobre las acciones que hacía, al cabo, que la mayoría ni las recordaba. ¿En dónde estaba Gwen? ¿Habría ido con él? ¿O se había escapado de verdad?
Sus pensamientos estaban divididos en miles de fragmentos, no recordaba quién era o la razón para aquella urgencia de matar. Sabía con certeza que tenía, además de su prima, un abuelo y una familia esperándolo, y también tenía una idea clara del nombre que poseía. Sin embargo, no se veía como Benjamín Tennyson. Algo faltaba y estaba seguro que alguien estaba bloqueando su intento de retomar su personalidad.
Había tantos recuerdos y emociones que no podía creer que todas le pertenecieran. Se sentía extraño, ajeno y desubicado. Sus manos estaban frías y temblaban bajo las ropas húmedas que lo cubrían. Llovía, no era como si se hubiera dado cuenta. Estaba perdiendo, incluso, la noción del tiempo.
-Chico, ¿Estás bien? – le preguntó una mujer con expresión preocupada colocándole un paraguas para cubrirlo de la llovizna.
Sus ojos verdes se elevaron para observar a la recién llegada. Parecía ordinaria, como cualquier otra. De su pecho reverberó la sensación de placer que sólo sentía cuando las ansias de asesinar crecían. Debía alejarse, sí.
No. Susurró un eco a lo lejos.
Un paso atrás y la mano firme de la extraña en su hombro le impidieron el avance.
Por favor.
El brillo en los ojos de la mujer y la creciente sonrisa oscura en la bonita cara, le alertaron.
Por favor, detente.
-Demasiado tarde –gritó la desconocida que con un poderoso golpe sobre el pecho del menor, lo envió a volar varios metros adelante.
Ya no puedo hacerlo, ¿No puedes entenderlo? Los mataré a todos.
La vibración de dolor se esparció como un rayo por sus fibras nerviosas, la falta de aire en sus pulmones y el área alrededor, dolía, dolía demasiado. Probablemente su atacante rompió sus costillas. No se movió de lugar, el temblor en su cuerpo había empeorado y la visión se tornaba cada vez más borrosa.
-Voy a morir en un lugar como este… yo aún…
Tosió. La sangre escurrió por su boca hasta la comisura de sus labios bajando en hilos por su barbilla y sus mejillas. Contempló una vez más el cielo cubierto de nueves grises, sintiendo el zumbido molesto en sus oídos y la sensación de mareo inminente.
-¿Eres idiota? –la pregunta brotó de sus labios sin que él realmente estuviera consciente de ellas. Por una fracción de segundo pareció meditarlo pero estaba tan agotado que lo olvidó. Y sólo pudo reírse a carcajadas acompañando al eco que reverberaba en alguna parte de su cerebro.
El robot alienígena que lo había emboscado lo observó con extrañez, siendo la risa la reacción menos esperada. Quiso acabarlo con un golpe final, estuviera riendo o llorando su misión era la misma. Pero ni él ni sus compañeros pudieron entrever el siguiente movimiento. Rápido y certero se desplazó hacia ellos y los fue despedazando uno por uno.
-¡Detente! ¡Detente! ¡Detente! -aullaron vanamente los enemigos. La sonrisa que atravesaba el rostro del pequeño humano y el aura asesina que iba expandiéndose fue lo último que presenciaron. No valía rogar, él ya no era Ben.
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Max Tennyson detuvo el carro justo para ver la horrible escena que se desarrollaba en aquella plaza en medio de personas heridas, aterrorizadas y cadáveres. Notó la figura causante del alboroto. Largos cabellos negros, de una altura aproximada a la de un chico de 17 años y la apariencia de un humano normal. Y aunque podría ser cualquier otro alienígena, el notorio símbolo del omnitrix en su pecho desmentía cualquier otra evidencia.
-¿Acaso otro desperfecto en el reloj? –cuestionó la pelinaranja a un lado del hombre mayor. Las vendas en su brazo derecho cubrían en su totalidad la extremidad y la frente permanecía cubierta también.
-Tal vez, la transformación no se ha completado aún, pero falta muy poco –declaró con frialdad antes de abrir uno de los compartimentos especiales de su máquina para extraer un arma.
-Abuelo, debemos detenerlo. Seguirá atacando a las personas.
-Lo sé. ¿Segura que puedes hacerlo? Estás muy malherida… -notó con preocupación el abuelo.
-Estaré bien. Debo agradecer que sea lo que haya pasado por su cabeza, él decidió dejarme con vida. Aún existe dentro de sí.
Avanzaron cautelosos y tratando de reducir la distancia sin que este lo notara. El chico continuaba entretenido con el último de los androides que gemía de dolor ante las atenciones que le propiciaba.
-Parece que no bastó con la advertencia Gwendolyn –la criatura se viró y dirigió su vista hacia la chica que lanzaba un ataque, el cual fue fácilmente rechazado.
-Te mataré –sentenció con emoción en su voz. De un salto aterrizó al lado de la maga quién retrocedió asustada, pero antes que pudiera alcanzarla un poderoso objeto se estrelló con brutalidad sobre la parte inferior del desquiciado alien. Este voló unos metros más allá.
-No olvides quién es el plomero aquí chico –le señaló Max Tennyson caminando lentamente hacia la figura que se retorcía.
-¡Eres un…! ¡Libérame! –gritó con furia al verse atado de piernas con una corriente eléctrica bastante molesta sobre su cuerpo.
-Eso no sucederá y lo sabes -observó el anciano con tristeza en su mirada.
-¡Te mataré y a todos en este maldito planeta! ¡Me vengaré! –aulló con dolor y rabia. Intentó incorporarse para derribar a su oponente, sin embargo, el siguiente rayo que atravesó su pecho y reactivó el sistema del Omnitrix, lo dejó paralizado.
Eso no servirá de nada. Sólo me ayudas a matarlo con rapidez.
La consciencia se desvanecía poco a poco y Benjamín gimió lastimeramente mientras el temblor aumentaba y las convulsiones se hacían más fuertes. Estaba tan alerta y sus sentidos al máximo como nunca los sintió en las semanas anteriores… ¿Qué era lo que estaba haciendo…?
-Abu…e…lo –intentó llamar la atención del hombre que se acercaba con el arma en su mano, quiso decirle que lo detuviera o lo matara de ser necesario, era muy tarde, lo poco que quedaban de sus recuerdos estaban siendo aniquilados, lo que siguiente que sabría sería nada.
Deseó poder disculparse con su prima, pero lo último que vio fue la figura borrosa de la chica de ojos carmesí con dos espadas en sus manos.
Adiós…Benjamín.
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